ELEMENTAL, la monografía más completa de Alejandro Aravena
Tomado de Plataforma Arquitectura
Phaidon ha publicado recientemente Elemental, una monografía que evidencia de forma completa el compromiso social y los métodos de Alejandro Aravena y sus compañeros de trabajo.
El libro presenta imágenes inéditas del enfoque, los procesos y prácticas de la oficina de arquitectura ELEMENTAL, reconocida por promover una obra responsable por el interés público con proyectos de grandes y pequeñas escalas en Chile, Estados Unidos, México, Suiza y China.
Esto en conjunto con los bocetos y dibujos de los cuadernos personales de Aravena, quien lidera la oficina, ganador del Premio Pritzker en el 2016. Además de detallar la historia formativa y experiencia del estudio, cada proyecto publicado se encuentra acompañado por textos escritos de Aravena, abordando su comprensión de la sociedad civil y el contexto construido, pertinente para los arquitectos y quienes estén interesados en los aspectos críticos de las necesidades del futuro.
Cómo vivir con la memoria. Actitudes artísticas ante arquitectura y franquismo
Manuel Olveira
Puente Editores
2018
Tomado de Plataforma Arquitectura
Libro de Manuel Olveira, motivo de la exposición “Cómo vivir con la memoria. Actitudes artísticas ante arquitectura y franquismo”, que se realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), España, entre el 17 de febrero y el 3 de junio de 2018. Incluye imágenes de obras expuestas y textos a cargo de Manuel Olveira, Alberto Tellería y Alejandro S. Garrido. Se muestra como los diecisiete artistas seleccionados miran la arquitectura del franquismo y de la transición para, analizar de esta manera, la herencia de la dictadura.
Las voces que opinan que hablar de la dictadura y de sus tremendas consecuencias solo sirve para “abrir heridas” son precisamente las mismas que tienen interés en que no se hable de ello, y justamente esta coincidencia es lo que las hace aún más sospechosas, pues para ellas remover el pasado solo sirve para “reavivar revanchas”. Pero no hablar de nuestro pasado reciente nos impide avanzar y provoca que siga siendo una asignatura pendiente.
Este libro acompaña a la exposición «Cómo vivir con la memoria. Actitudes artísticas ante arquitectura y franquismo» que presenta una serie de obras de artistas españoles que lanzan una mirada a la arquitectura y al franquismo, a la historia y a la memoria de lo que nos constituye y de lo que aparentamos ser y a lo que pudo dejar de ser y, aún hoy, sigue estando pendiente. Sus miradas son oportunas para que podamos hacer que -a base de dosis de justicia, reparación, respeto y conocimiento- el pasado por fin se vaya convirtiendo en historia; y también para generar un difuso imaginario en relación con la arquitectura franquista que la resitúe desde el punto de vista conceptual, icónico, emocional y político.
El Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) anuncia, a través de un séptimo llamado, que a petición de los participantes, ha extendido el período de inscripciones y recepción de trabajos participantes en la XIII Bienal Nacional de Arquitectura, cuyo tema es “Arquitectura en Venezuela y su diáspora”, hasta el 13 de noviembre de 2018.
El arquitecto indio Charles Correa visita Caracas en octubre de 1999 invitado por la Fundación Museo de Arquitectura y, en particular, gracias a las gestiones que logra encaminar uno de sus fundadores y muy activo miembro: Jorge Rigamonti (1940-2008). Para entonces, la Fundación ya había cumplido 11 años de haber sido creada (nace el 26 de enero de 1988 en la sede del Museo de Bellas Artes, a propósito de la celebración de los 50 años de dicha institución), y tenía en sus alforjas el haber liderado importantes iniciativas que dieron como resultado la divulgación de la arquitectura venezolana a través de publicaciones y exposiciones memorables. Sus directores-fundadores Celina Bentata, Helene de Garay, William Niño, Martín Padrón, Juan Pedro Posani, Jorge Rigamonti, José Miguel Roig, Leszek Zawisza y Fernando Tábora, todos arquitectos, estuvieron acompañados al momento de la creación por Tomás José Sanabria, Fruto Vivas, José Miguel Galia y Sofía Imber como directores-fundadores-honorarios y contaron con la coordinación administrativa de Helena Correa de Rigamonti.
La visita de Charles Correa se sumaba entonces a la realización y montaje de exposiciones tales como “La casa como tema” (1989, MBA), “Alvar Aalto en Venezuela” (1989, MBA), “Alessandro Anselmi. Dibujos y Proyectos” (1990, MACCSI), “Arquitectos venezolanos en la Bienal de Quito ‘90” (1990, BAQ), «Las Escalas del Espacio. Arquitectos Italianos Contemporáneos» (1991, MACCSI), “Venezuela arquitectura y trópico. 1980-1992” (1993, MAVAO), “Carlos Raúl Villanueva. Un moderno en Sudamérica” (2000, GAN), las cuales estuvieron casi siempre acompañadas de cuidados catálogos, seminarios y ciclos de discusión, donde la Fundación asumía o bien un rol protagonista o acompañaba a otras entidades en los esfuerzos que se realizaban.
A diferencia de la llegada al país de otros arquitectos célebres, la de Charles Correa no vino relacionada con un encargo determinado ni tampoco, al dejarnos, se fue con algún proyecto que pudiera haberle sido encomendado. Su venida respondió a la necesidad que había en aquel momento de señalar una referencia para la arquitectura que se estaba haciendo en la “periferia”, dentro de la cual se encuentran América Latina en general y Venezuela en particular, sin que ello implicase recurrir a la presencia de arquitectos “del patio”. Se miraba con atención así la posibilidad de entablar un diálogo sur-sur teniendo como excusa la experiencia acumulada y el interesante sesgo que caracterizaba la obra del arquitecto nacido en Hyderabad, provincia de Goa (ex colonia portuguesa), India, formado en la Universidad de Michigan y el MIT, instalado en Bombay desde 1958, que ya para entonces era reconocido como uno de los más importantes de su país (junto a Balkrishna Doshi -Premio Pritzker 2018- y Raj Rewal), destacando por llevar a cabo realizaciones adaptadas a la condición multicultural de su populosa tierra de origen, en las que había puesto un especial énfasis en conservar los recursos, la energía y el clima como los principales factores a la hora de ordenar el espacio, y buscaba a través de soluciones no convencionales fusionar lo moderno con las tradiciones propias del lugar donde su arquitectura se erige.
1 Arriba: Gandhi Memorial Museum & House (Sabarmati Ashram), 1963. Centro: Jawahar Kala Kendra, Jaipur, India, 1992. Abajo: Bhopal State Assembly, Gujarat, India, 1993
Dos fueron las oportunidades que se dio la prensa local para promocionar y dar relevancia a la visita de Correa. Por un lado, Arquitectura HOY publicó una nota en el nº 317 del 15-10-1999, que resume su ya divulgada y premiada trayectoria, de donde podemos destacar obras como el planeamiento de Navi Mumbai dedicado a viviendas de bajo costo, el memorial de Mahatma Gandhi en el Sabarmati Ashram (Ahmedabad) o la Asamblea del Estado para Madhya Pradresh; la monografía a cargo de Kenneth Frampton editada por Thames & Hudson (1996); su amplia experiencia docente en Harvard, Pennsylvania, Tulane y Washington (habiendo sido Profesor en la Universidad de Londres, el MIT y Cambridge), y entre los galardones la obtención en 1984 de la Medalla de Oro de la RIBA, en 1988 del Premio Aga Khan para la arquitectura, en 1990 de la Medalla de Oro de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) y en 1994 el Praemium Imperiale (Japón).
Por otra parte, El Diario de Caracas le dedica a Correa toda su página de arquitectura del mismo 15-10-1999, a cargo de Oscar Tenreiro, titulándola “INDIA. Charles Correa en Caracas”. Allí se recoge un texto firmado por el propio Tenreiro y Jorge Rigamonti en el que por una parte se resume lo acumulado por el arquitecto indio en su vida profesional y, por la otra, se amplían las razones que permitieron entender por qué fue el personaje elegido para venir a Venezuela en aquel momento. De aquí, y en tal sentido, es conveniente rescatar lo siguiente: “En un fin de siglo turbulento caracterizado por la globalización económica y cultural, donde arquitectos famosos realizan frecuentemente experimentos gramaticales sin pensamiento olvidando el compromiso ético-estético del Movimiento Moderno y el valor social de la arquitectura, Charles Correa realiza acciones leves y disciplinadas que califican lo urbano como expresión colectiva en un mundo caótico y desigual que debemos contribuir a mejorar (…) Aquí en Venezuela, país privilegiado por un amplio mestizaje, lleno de problemas, sí, pero definitivamente más acotables y solucionables que los de la India, debemos creer en la oportunidad de alcanzar una arquitectura legitimada y actuar creativamente en el proceso de cambios, descubriendo las oportunidades que se presentan en las fisuras, deseos y necesidades de la Sociedad Civil. ‘El pensar en relaciones es más difícil que el simple contar cosas’ aseveró el sociólogo N. Luhmann. ¿Podrán Charles Correa y esta última frase enriquecer nuestras actuaciones futuras?”, cita que al día de hoy aún cuenta con total vigencia.
Correa dictó una Conferencia Magistral en el auditorio de la Torre Corp Banca (hoy BOD) el sábado 16 de octubre de 1999 a las 5:00 p.m. en la que expresó su manera de entender la arquitectura a través de la extensa obra que tenía acumulada a los 69 años de edad. Todavía logró sumar posteriormente una experiencia de casi 15 años y publicó en 2010 A Place in the Shade: The New Landscape and Other Essays, resumen de su pensamiento arquitectónico, hechos que permiten en su conjunto catalogarlo como “el más grande arquitecto de India” y una de las figuras fundamentales del panorama mundial de la arquitectura contemporánea.
En el “Plano de Caracas y sus alrededores” de 1954, el tradicional encuadre cartográfico que se venía utilizando, que sitúa la mancha urbana de la capital al centro del plano, se desplaza ampliando la visión de la ciudad hacia los valles del sureste, suprimiendo la presencia del Ávila como referencia. El encuadre abarca desde Petare hasta Antímano, y al sur hasta Sartenejas y el pueblo de El Hatillo, centrando la mirada sobre esta zona como futura área de desarrollo y expansión de la ciudad.
Según se explicita en la leyenda, el plano, realizado a color por la Dirección de Cartas Geográficas de la Dirección de Cartografía Nacional a escala 1:20.000 y conformado por 2 hojas de 86 x 62 cm. cada una, está confeccionado tomando como referencia diversas fuentes: la Carta de Caracas a escala 1:25.000 (Cartografía Nacional); la Carta de Caracas a escala 1:10.000 (Cartografía Nacional); la fotografía aérea de febrero de 1954; e información suministrada por la Comisión Nacional de Urbanismo y por la Dirección de Ingeniería Municipal. Ello da cuenta del grado de complejidad que la capital va adquiriendo, al sobrepasar el millón de habitantes.
El plano pone de relieve el contexto geográfico al que deberá enfrentarse el crecimiento de la urbe, y sus limites geográficos naturales y la divide en dos entidades: de un lado la ciudad construida en el valle principal, y del otro sus alrededores, sin establecer limites de crecimiento.
Si lo comparamos con el plano de 1936, elaborado por Eduardo Röhl, notamos que la diferencia entre el valle y el sistema de montañas y colinas ya no es tan notoria, tan visible gráficamente. En este nuevo plano la ciudad se vislumbra tras la ocupación de todo el sistema de colinas al sureste del gran valle: si en el plano de 1936 la ciudad ha dejado de urbanizarse siguiendo la receta histórica del damero, para comenzar a adaptarse a la geografía con formas más o menos uniformes y simétricas, en este plano de 1954 la geografía deja de ser guía y referencia y se convierte en simple contexto de un urbanismo avasallante que avanza ejerciendo importantes modificaciones topográficas y sin pretender crear formas urbanas legibles. Se trata de una red vial que se extiende obteniendo de la topografía el máximo beneficio y la mayor rentabilidad. “El símbolo de esta nueva posibilidad será el Hotel Humboldt, torre solitaria ubicada en la cima del Ávila, revelando la presencia de la ciudad hasta en los lugares más inaccesibles”, acotarán Federico Vegas e Iván González Viso en “Historia de Caracas a través de sus planos” (ensayo introductorio de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015).
Nótese como casi todos los urbanismos del sureste que aparecen en este plano, se encuentran en etapa de desarrollo, con las calles apenas planteadas; otros están simplemente esbozados. Se trata, sin embargo, de un territorio equivalente al que ocupaba la ciudad en los años 20. Esta expansión que arranca en Las Mercedes y termina en Baruta, y más tarde en El Hatillo, comprende el futuro Chuao, Prados del Este, El Cafetal, Charallavito, Club Hípico, La Trinidad. En ellos, gradualmente, se ha ido abandonado tanto la trama como criterios de uniformidad.
El plano, en resumen, muestra una gran masa construida en el valle central, que luce ocupado en su totalidad, con la única posibilidad de expandirse al sur, conquistando la geografía. La ciudad se extiende a partir de la vialidad como forma característica de crecimiento, como es posible apreciar en la ruta que conecta a Las Mayas, o a Antímano permitiendo nuevos desarrollos de vivienda social en el eje hacia El Valle, donde se aprecia la Urbanización Carlos Delgado Chalbaud, que emerge de forma aislada con una lógica propia. Los cascos urbanos de los tradicionales pueblos de Baruta y El Hatillo, aún parecen lejanos y accesibles solo por caminos rurales, a la espera de un modelo de desarrollo centrado en las posibilidades y restricciones de la topografía. En el plano comienzan a aparecer una redes viales que simplemente se expanden sin ningún criterio formal, modificando la lógica de crecimiento original de Caracas. Ello producirá una transformación profunda en la conceptualización de la forma de ocupación, representación y desarrollo de la ciudad: de la pura trama, representada por el damero, se pasará a la pura red, representada por la vialidad.
… que el 19 de mayo de 1968, hace ya 50 años, el entonces Presidente de la República, Dr. Raúl Leoni, y el Director Fundador César Quintini Rosales, inauguran la sede del Instituto Politécnico, ubicado en Barquisimeto, estado Lara?
1. Gustavo Legórburu. Instituto Politécnico de Barquisimeto, 1968. Vista General
Esta importante obra, diseñada por el arquitecto venezolano Gustavo Legórburu (1930-2013), surge como resultado del decreto de creación del Institutoel 22 de septiembre de 1962, firmado por el Presidente de la República Rómulo Betancourt. La organización académico-administrativa se inicia en abril del año siguiente, al igual que la planificación, diseño del campus y anteproyecto de las edificaciones por parte de Legórburu, quien culmina el proyecto en 1964.
La instalación en el país de Institutos Tecnológicos empieza en los albores de la democracia gracias al interés demostrado por la UNESCO en darle cabida a la formación de ese tipo dentro de la educación superior venezolana, correspondiéndole a Barquisimeto (en competencia con Caracas y Valencia), apoyada en la campaña realizada por la Sociedad de Amigos de esa ciudad (SAB) con Don Raúl Azparren a la cabeza, ser seleccionada como asiento principal de lo que posteriormente sería la implantación de una red que buscaba abarcar todo el territorio nacional. También fue Barquisimeto y la planificación de su campus quienes se vieron beneficiadas por la asistencia técnica y económica (1.500.000$) que ofreció la UNESCO para impulsar el proyecto de lo que inicialmente se denominó como Instituto Politécnico Superior (IPS), pasando luego a designarse en 1972 como Instituto Universitario Politécnico (IUP), nombre que ya se le había dado el año anterior a la sede de Caracas y que asume dos años después la de Puerto Ordaz. Posteriormente, en 1979, mediante Decreto Ejecutivo se crea la Universidad Nacional Experimental Politécnica “Antonio José de Sucre” (UNEXPO) pasando a estar integrada por los Instituto Universitarios Politécnicos de Barquisimeto, Caracas y Puerto Ordaz a nivel de Vice Rectorados, con núcleos en diversas localidades. Superado el trance que llevó en abril de ese mismo año a derogar su conversión en universidad, la UNEXPO (como hoy se le conoce) recobra dicha categoría en 1991, condición que mantiene hasta nuestros días.
Con la creación del Instituto nace la educación politécnica en Venezuela y en tal sentido es considerado como el punto de partida para reanudar la docencia universitaria en la región, bajo el enfoque de una concepción experimental, para el ensayo de nuevos métodos y estructuras académicas y administrativas, que permitieron abrir nuevas vías de formación superior. De allí la trascendencia que cobraba el que ello estuviese acompañado de un proyecto que cumpliese con tan altas expectativas, cosa que gracias a la participación de Legórburu ocurrió, pasando a ser toda una lección de arquitectura donde lo funcional, lo espacial y lo ambiental van totalmente de la mano, dentro de una clara proyección a futuro que aún hoy mantiene plena vigencia.
Para ello también fue fundamental el cuidado que se tuvo en la especificación y adquisición de equipos para los talleres y laboratorios que abarcaban la mayor parte del novedoso programa formativo. Cabe acotar que aunque la inauguración formal del campus se llevó a cabo en 1968, ya en enero de 1966, luego de ser llamados a inscripción y completado el proceso de selección, los primeros jóvenes escogidos inician sus actividades de capacitación y formación.
2. Gustavo Legórburu. Arriba: Quinta en la Urb. Los Palos Grandes, Caracas, 1964. Centro: Conjunto Residencial Veracruz, Las Mercedes, Caracas, 1965. Abajo: Quinta en la Urb. Caurimare, Caracas, 1965
Por su parte, Gustavo Legórburu, egresado de la FAU UCV en 1957 en la promoción número 6, Premio Nacional de Arquitectura 1989, con una amplia experiencia docente y una vasta práctica profesional, contaba para el momento en que se le encomienda el proyecto para el Politécnico de Barquisimeto, a pesar de su juventud, con una considerable cartera de estudios y proyectos, destacando el Estudio de Planificación de la Universidad de Carabobo (1959-63), en colaboración con su compañero de estudios Américo Faillace; el conjunto residencial Veracruz en Las Mercedes, Caracas (1965) también en compañía de Faillace; el edificio IASA en La Floresta, Caracas (1966) y varias residencias unifamiliares ubicadas en diversas urbanizaciones del este de la capital. Posteriormente participará en la Comisión creada por el rector Ernesto Mayz Vallenilla para desarrollar el proyecto para la Carrera de Arquitectura de la Universidad Simón Bolívar, el cual presenta en diciembre de 1970 y es aprobado con modificaciones en enero de 1971. También proyectará entre otros: las Estaciones Chacaíto y Altamira de la Línea 2 del Metro de Caracas (1973-1977), el edificio Sede del Ateneo de Caracas (1975), el Monumento a la Agricultura “La Espiga” (Portuguesa, 1981-82), el edificio Banco del Orinoco (Caracas, 1984), la Biblioteca del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas -IVIC- (afueras de Caracas, 1987), y el Centro de Atención Nutricional Infantil de Antímano -CANIA- (1995).
3. 1. Gustavo Legórburu. Instituto Politécnico de Barquisimeto, 1968. Vistas
Sin embargo, el Politécnico de Barquisimeto significará para Legórburu un punto de inflexión en su carrera, particularmente cuando estaba dando sus primeros pasos como profesional, habiendo confesado que durante su construcción “aprendió aún más” de lo que la universidad le había dado. Ahí conoció a Héctor Silva, ingeniero experto en climatología, quien le enseñó la importancia de los factores climáticos en la construcción y cómo debe ser la arquitectura en el trópico, idea que terminaría siendo un pilar en su propia obra y un aspecto importantísimo en su rol como profesor.
Se trataba, la suya, de una arquitectura lineal y coherente, “sobria y ausente de vanidad”, impregnada de una comprometida vocación de servicio, que prescindía del protagonismo de los detalles, demostraba la importancia del saber construir para controlar el costo de lo que se hacía, dominaba a la perfección el confort procedente del adecuado acondicionamiento ambiental y apelaba a la nobleza de los materiales para brindar el carácter definitivo a las obras, asemejándose en todo ello a la actitud asumida por Carlos Raúl Villanueva quien fuera su maestro durante su etapa formativa. A sus 81 años sentenció: “El arquitecto debe darse cuenta del lugar donde vive y su arquitectura debe actuar, en consecuencia, en respuesta a ese lugar”. Esa vinculación al medio y esa toma de consciencia del pedazo de mundo en que se está, tienen en el Politécnico de Barquisimeto y la obra de Legórburu un libro abierto del cual se puede aprender día a día.
ACA
Procedencia de las imágenes.
Fotos en blanco y negro. Ravista PUNTO, nº 37, enero-febrero 1969