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El Pritzker de Kéré

Burkina Faso, Gando. Grundschule. Arch. Francis Kere. Primary school. Foto: Erik-Jan Ouwerkerk

Espero cambiar el paradigma, empujar a la gente a soñar y arriesgarse. No es porque seas rico que debas desperdiciar material. No es porque seas pobre que no debes intentar crear calidad, […] Todos merecen calidad, todos merecen lujo y todos merecen comodidad. Estamos interrelacionados y las preocupaciones sobre el clima, la democracia y la escasez son preocupaciones para todos nosotros.

Francis Kéré

Desde el mismo momento en que el pasado 15 de marzo se conoció  de boca de Tom Pritzker, presidente de la Fundación Hyatt, el nombre del arquitecto ganador del Premio Pritzker 2022, las agencias noticiosas se dieron a la tarea de divulgar a lo largo y ancho del planeta titulares de lo que, a su juicio, valía la pena destacar o más llamaba la atención: “Francis Keré, primer premio Pritzker africano”, “Arquitecto burkinés gana el premio Pritzker” o “Diébédo Francis Kéré, voz de la arquitectura social africana, gana el Premio Pritzker 2022”, fueron algunos de ellos. Otros como “El nuevo Premio Pritzker atiende los retos de África” o “Francis Kéré, un premio Pritzker entre la utopía y el pragmatismo” intentarán subrayar aspectos más precisos.

Pero lo que es un hecho irrefutable es que la escogencia de Francis Kéré, apunta en dirección contraria a la arquitectura por la que el jurado de estos galardones tradicionalmente se ha decantado. Hay quienes señalan, con gran tino, que cuando su primera obra, la Escuela Primara de Gando, comenzaba a construirse en 1999 ese año ganaba el premio Pritzker Norman Foster, autor del HSBC de Hong Kong, que fue el edificio más costoso de la historia cuando se concluyó en 1986. También señalan que entonces se transitaban tiempos de esplendor para la arquitectura espectáculo y los arquitectos estrella que perduraron mientras se construía la modesta escuela de Kéré en su pueblo natal, hecha con tierra y ladrillos bajo una estructura separada de la cubierta que sirve como sombrilla, sin sistemas mecánicos de ningún tipo y levantada por los vecinos que se terminará en 2001, correspondiéndole el Pritzker de entonces a Rem Koolhaas en 2000 y Herzog & de Meuron en 2001.

Ese sintomático viraje que ha venido experimentando el premio durante las últimas entregas marca un verdadero cambio de paradigma según el cual, al menos, ya no se distinguen aparatosos despilfarros arquitectónicos. Con Francis Kéré se da una nueva vuelta de tuerca en este caso hacia el reconocimiento de un nuevo tipo de profesional que trabaja con tierra y palos, en lugares de extrema pobreza, y hace obras con presupuestos microscópicos, pero mantiene puentes con Europa y Norteamérica, y da visibilidad a un trabajo riguroso y exigente, volando a menudo entre el Primer Mundo en el que tiene su estudio, y el Tercer mundo en el que realiza las obras.

Hoy hemos querido, de entre la cantidad enorme de notas de prensa que abordan la biografía del Kéré o artículos que se adentran algo más a desmenuzar las características fundamentales de su obra, transcribir dos textos que pensamos ilustran debidamente la dimensión del arquitecto. El primero es la «Declaración» emitida por el jurado del Premio Pritzker sustentando su decisión y el segundo es el artículo de Anatxu Zabalbeascoa publicado en El País, convencidos de que dan una visión panorámica y precisa de los aspectos que vale la pena conocer de la vida, obra y pensamiento de quien hoy ocupa los titulares de las páginas culturales de la prensa.

Clínica en Léo (Burkina Faso), 2014.

VALE LA PENA LEER

Kéré gana el Pritzker y se convierte en el primer africano en recibir el premio más importante de la arquitectura mundial

La elección del proyectista burkinés marca un cambio de paradigma en la historia del galardón al reconocer el papel del arquitecto como un guía capaz de cambiar la suerte de una comunidad y la ambición de su disciplina

Anatxu Zabalbeascoa

15 de marzo de 2022

Tomado de elpais.com

“No se trata de hacer, sino de enseñar a hacer”. El primer arquitecto africano en ganar el premio Pritzker marca un cambio de paradigma en la historia de este galardón al celebrar a un profesional que consigue actualizar la tradición y reunir dinero para construir por encima de reconocer al que mejor construye con medios menos limitados. Diébédo Francis Kéré (Gando, Burkina Faso, 56 años) representa al arquitecto como guía para el cambio hacia una construcción más sostenible ―con medios locales y más lógica que tecnología― colaborativa y compartida. También la esperanza de que la arquitectura ayude más a mejorar la suerte de mucha gente que la fortuna de unos pocos.

No es la primera vez que un proyectista se convierte en promotor ―muchos españoles lo hicieron durante décadas en el siglo XX―. Tampoco la autoconstrucción es extraña, sino más bien la norma en buena parte del mundo. En Europa, era habitual que las catedrales las levantaran entre ciudadanos. Y hasta mediados del siglo pasado fueron los propios habitantes quienes construyeron las viviendas españolas más pobres. Lo que sí se cuenta con los dedos de una mano son los promotores que no han sido inversores, es decir: que han querido cambiar la suerte de una población antes que la de su cuenta bancaria. Es el caso del Pritzker 2022. La historia de Kéré parece una mezcla entre un cuento de hadas y un lavado de conciencia del mundo occidental. Que resulte increíble da una idea de la dureza del mundo en el que ha conseguido construir, primero, y cambiar esquemas, después. Que el jurado no haya querido que quede como una anécdota pintoresca y excepcional denota que el Pritzker quiere volver a ser un referente.

Escuela primaria en Gando (Burkina Faso), 2001.

Hijo primogénito del jefe de un poblado en Gando (Burkina Faso), a Kéré le tocó estudiar y odió hacerlo. Tenía siete años. Pasó de ocuparse de llevar agua y jugar con sus 12 hermanos a caminar solo 20 kilómetros al día para aprender a leer y escribir en una escuela de Tenkodogo. Aquel colegio estaba construido con bloques de hormigón y muy mal ventilado. Kéré no olvidó el calor que pasó en ese edificio. Por eso, cuando, becado para convertirse en carpintero en Berlín, prolongó sus estudios hasta graduarse como arquitecto en 2004, tuvo una idea fija en la cabeza: que los hijos de sus amigos tuvieran sus oportunidades y que pasaran menos calor.

Fue entonces, estudiando arquitectura, cuando se convirtió en promotor. Reunió dinero para levantar la Escuela Primaria de Gando. Sabía cómo construirla: ventilada. Los hombres harían el barro y los ladrillos, mientras que las mujeres alisarían el suelo. La cubierta quedaría elevada sobre el muro para dejar pasar el aire y evitar parte del calor. Para 2001, Gando seguía sin electricidad y sin agua corriente, pero tenía escuela. “Con la gente implicada, los diseños prosperan. El mejor mantenimiento es el entusiasmo”, explicó a El País en 2015.

Hoy en Gando esa escuela ha crecido. Los 120 niños iniciales son ahora 700 alumnos. Hay una residencia para los profesores y, no lejos, una clínica equipada para poder operar. Todas las cubiertas dejan pasar el aire, el marco de las ventanas se extiende hasta la calle para frenar el soleamiento. Todo lo han construido Kéré y su equipo. A medio camino entre Berlín y Gando, ahora el burkinés tiene doble nacionalidad, el reconocimiento del planeta ―da clases en Harvard y en Yale y la AIA o el RIBA lo hicieron arquitecto honorífico― y, habiendo cambiado la escala de valores de la arquitectura, le queda por demostrar hasta dónde puede llegar como proyectista.

Campus del Lions Club (Kenia), 2021.

El año pasado, Keré culminó en Kenia el Campus del Lions Club, una residencia para estudiantes de tecnología de la información. El proyecto es clave en su trayectoria. Aunque ya había salido a construir una comunidad en Mozambique y aunque ya había mejorado el aislamiento de los edificios empleando una pantalla de lamas de madera (Escuela Secundaria Schorge en Koudougou), aquí la escala es otra. La protección de la calima es mejor. El entendimiento de la topografía es orgánico.

Serpentine Pavilion (Londres) 2017.

La historia de Kéré es tan valiosa como pintoresca. Tal vez por eso, el arquitecto corrió el riesgo de ahogarse en su propio éxito. Sucedió cuando comenzaron a pedirle intervenciones temporales en museos como la Royal Academy (2013) o el pabellón temporal de la Serpentine en Londres (2017). Kéré explicó entonces a El País que esas intervenciones aumentaban su fama, informaban de otra manera de construir y le permitían reunir fondos para seguir construyendo en África. La doble lista ―oculta en tantos arquitectos conocidos― o pública en Francis Ford Coppola ―que hacía Padrinos para producir películas más arriesgadas― había llegado a la arquitectura. Solo que, en el caso de Kéré, dejar de construir es un riesgo para mucha más gente que él. ¿Lo tiene todo hecho, entonces? ¿Qué premia el Pritzker?

Aunque acumule reconocimientos, que este galardón corona, y aunque ya haya hecho historia como arquitecto ―transformando la figura del proyectista en guía para la construcción de comunidades y edificios―, la escala metropolitana será el nuevo reto de Kéré. En Porto-Novo, la capital de Benín, construye un parlamento que se ha adelantado al que también ha proyectado para la capital de su país: Uagadugú. El tamaño y la ambición de estos edificios decidirán el futuro de este arquitecto que ya es histórico.

Proyecto del Parlamento de Benín (Porto-Novo), 2021.

No será la primera vez que el Pritzker tiene la oportunidad de redoblar la reputación del premio con quien ya ha recibido el galardón. Sucedió con los suizos Herzog & de Meuron. Tras hacerse con él en 2001, los autores del Caixaforum de Madrid reinventaron su propia arquitectura con el Estadio Olímpico de Pekín, el Rascacielos en Leonard Street de Nueva York, el Museo De Young en San Francisco o la Elbphilarmonie de Hamburgo. Los de Basilea se renovaron ampliando su registro y el de la arquitectura. Se hicieron, además, previsibles en calidad e imprevisibles en las formas, las soluciones y los materiales. Ese es ahora el paso que le queda por dar a Kéré, un proyectista de nueva generación que ha conseguido que su arquitectura “involucre a la gente y abandone el egocentrismo”. “Para mí la arquitectura es un reto. Una vía para solucionar problemas y aportar algo a la sociedad”, explicó en su conversación con El País en 2015. Eso lo tiene hecho. El siguiente paso lo anunció también en aquella entrevista: “Si empiezas bien, solo puedes continuar cambiando”.

Pabellón Fishtail (Estados Unidos), 2019.

«Dibujo sobre papel, pero prefiero diseñar sobre el suelo».
«No es porque tengas recursos limitados por lo que debes
aceptar la mediocridad».
«La arquitectura es ensuciarse y empujar todos juntos”.


Francis Kéré

ACA

VALE LA PENA LEER

El fin de los editores: la nueva práctica del arquitecto que se promueve a sí mismo

Escrito por Duo Dickinson

The Titanic, 1978 Stanley Tigerman

Traducido por Piedad Rojas

27/11/2021
Tomado de Plataforma Arquitectura

Cuando la Gran Recesión de 2008 destruyó los ingresos publicitarios de todas las editoriales y limitó el dinero que los arquitectos tenían para las relaciones públicas y fotografías de sus proyectos, la forma establecida de promoverlos a ellos y a su arquitectura se vio brutalmente comprometida. Ese momento fue la instancia perfecta para aprovechar la disponibilidad instantánea de los teléfonos inteligentes con cámaras increíblemente buenas, gran memoria y pronto a una transmisión 5G. Esas revoluciones tecnológicas convirtieron a los idiotas gráficos en artistas. Ahora cualquiera podría fotografiar, filmar y narrar cualquier percepción en cualquier lugar, al instante, gratis y para compartir de forma universal. El cliché de decir que Internet «todo lo cambió» es cierto en la forma en que el mundo ve la arquitectura.

Este doble golpe de devastación fiscal y revolución tecnológica ha impulsado una Nueva Práctica: el Arquitecto Autopromocionante, independiente de la Máquina de Definir Cool en arquitectura.

En la era del papel, los arquitectos podían curar sus obras, pulir las palabras descriptivas, perfeccionar los dibujos y esquemas y obsesionarse con las fotografías tomadas por un profesional, todo en un esfuerzo por complacer al editor de una revista, a un jurado de diseño, o una convocatoria de presentaciones para una exposición en una galería. Los encargados revisaban el trabajo, lo juzgaban y determinaban si merecía reconocimiento. Las firmas más grandes (o los arquitectos más adinerados) podían permitirse que publicistas que «conocían a la gente» tuvieran acceso a quienes controlaban la exposición del trabajo en la era del «Rolodex».

El antiguo sistema no tenía criterios explícitos para estar «en», ningún deseo de representación de todo el estado de toda una profesión. En otras palabras, no había diversidad estética más allá de las elaboraciones sobre lo que los controladores de accesos pensaban que era legítimo.

La próxima forma en que los arquitectos promoverán su trabajo es contraria a los métodos de control impuestos por las élites editoriales o culturales. Esta Nueva Práctica permite a los arquitectos ser sus propios defensores, exponiendo directamente su trabajo a todos y cada uno. Los sitios web abiertos como Houzz, The Entre Architect Community y Modernism exponen el trabajo a millones más allá de los sitios web individuales. Además, Constant Contact, los podcasts, los blogs y los foros de Zoom son de bajo costo o gratuitos y accesibles para cualquier persona.

La aprehensión directa y personal de la exposición íntima a Internet cambiará la forma en que percibimos la arquitectura. El juicio del mundo periodístico, institucional y académico significará menos. El «Estilo» se dejará para describir el barniz de los edificios porque Internet pone toda la arquitectura en un plano común, sin editar, juzgar o describir más allá del Rorschach la prueba del interés visual.

Creo que este cambio radical de cómo podemos percibir la arquitectura tiene un precedente. La forma en que nuestra cultura percibía la arquitectura cambió por completo a principios del siglo XX con la adopción de la nueva tecnología de la fotografía que creó una claridad destilada y convincente de imagen separada. Esas imágenes de edificios a menudo eliminaban el contexto, la escala y la humanidad que ayudaron a crear el «estilo» del modernismo. Creo que Internet y las tecnologías de realidad virtual reinventarán de manera similar el sistema de entrega que comparte la arquitectura. Su disponibilidad, variedad y vitalidad infinitas conectarán la percepción esencial de la belleza sin la aplicación de un «Estilo» definitorio que haga innecesario a quienes editan lo que vemos.

En lugar de reforzar o crear cualquier «Estilo» en el fanatismo religioso, la nueva tecnología universal pasará por alto el sistema que fue creado para ordenar, categorizar, juzgar y editar la arquitectura fuera de nuestra experiencia inmediata.

En lugar de reforzar o crear cualquier «Estilo» en el fanatismo religioso, la nueva tecnología universal pasará por alto el sistema que fue creado para ordenar, categorizar, juzgar y editar la arquitectura fuera de nuestra experiencia inmediata.

Esta evolución significa que las «iglesias» de la academia – las instituciones profesionales y su Canon estarán en plena Reforma Intelectual. Antes de la Reforma Cristiana Protestante hace 500 años, la iglesia era la editora de la relación de la civilización occidental con Dios. Martín Luther demostró que los humanos son solo eso, humanos, y la conexión con algo más allá de nuestra humanidad no está limitada por esa humanidad. La relación directa transforma la comprensión, en fe y arquitectura. Como la Reforma, el poder de la ortodoxia se ha vuelto irrelevante. El Internet de la experiencia personal en arquitectura pasa por alto la interpretación intelectual y el control de élite. Habrá menos Sumos Sacerdotes del Gusto – reemplazados por una Nueva Práctica de la forma en que los arquitectos pueden comunicarse, sin ser filtrados a través de la lente de los juicios de los demás.

ACA

LIBROS

Ecléctico sentido común
Cano Lasso, a monograph

Eduardo Prieto

30 de diciembre 2021
Tomado de arquitecturaviva.com

Algunos arquitectos pretenden construir desde la nada, levantando objetos sobre el cómodo suelo sin atributos de la tabula rasa; otros, por el contrario, prefieren transformar lo que ya existe para hacerlo visible de un modo distinto y fértil. Julio Cano Lasso está, sin duda, entre estos últimos.
La sensibilidad por las preexistencias humanas y naturales explica acaso que Cano —uno de los arquitectos más brillantes del siglo XX en España— no tuviera durante años la fortuna crítica que ahora sopla a su favor. Su modernidad ajena al dogmatismo, hecha de acuerdos con los problemas reales y que incorporó de un modo personal la tradición, no encajaba bien con el rigorismo geométrico de las vanguardias secas, de igual modo que su conservadurismo —por mucho que supiera convivir con la voluntad plástica de ‘ser moderno’— no acababa de sintonizar con los discursos rupturistas que fueron dominantes durante buena parte del tiempo que le tocó vivir.
Es cierto que esta personalidad de Cano, refractaria a los eslóganes y las ‘corrientes’, dificultó el entendimiento correcto de su obra. Pero no lo es menos que, precisamente, el compromiso con las complejidades de lo real —su en el fondo venturiana fobia al puritanismo de los modernos— fue el que acabó dotando a su obra de un interés perenne. Y todo ello pese a — o mejor, debido a— el eclecticismo de Cano, que fue detectado pronto por los críticos y se dio de maneras diversas, complejas y fructíferas.
Se dio, en primer lugar, como un eclecticismo en el que se fundieron el poderoso lenguaje de formas elementales de raíz moderna y la materialidad organicista que si unas veces tuvo que ver con Aalto —al que Cano profesaba la mayor de las admiraciones— otras se explicó por la economía de medios y el tono vernáculo. También se dio como un eclecticismo de los valores, donde el discurso de la racionalidad moderna supo incardinarse en el crisol de la tradición española, que un Cano amante de la historia no se cansó de vindicar. Y finalmente se manifestó como un eclecticismo del estilo, rayano con el manierismo en al menos dos de los sentidos que cabe adjudicar al término: el manierismo en cuanto poética personal, hecha con guiños sofisticados que ponen de manifiesto un gran dominio de la disciplina y su tradición; y el manierismo como capacidad de adaptarse a las demandas de la vida real —paisajes, ciudades, programas, clientes—, es decir, el flexible y paradójico manierismo del sentido común.
Son manierismos que, en el caso de Cano, tienen que ver también con su actitud pintoresquista de trabajar con los escorzos afortunados, los volúmenes cilíndricos, las asimetrías inteligentes, los claroscuros pictóricos, la afinidades atmosféricas, la riqueza de texturas y el diálogo con el paisaje. No extraña que Cano —como el Gropius fascinado por el castillo de Coca— encontrara en las fortalezas castellanas la evidencia de una racionalidad poderosa, monumental y susceptible de fecunda interpretación.
Son muchas las claves de la obra de Cano Lasso. Y para dar cuenta de ellas Inmaculada Maluenda y Enrique Encabo han optado por recurrir a la polisemia del término ‘naturalezas’. El resultado es un volumen exquisito que, al calor del centenario del arquitecto, vierte luz sobre toda una carrera, cuenta con las aportaciones de críticos de renombre, se sostiene visualmente en el diálogo entre la bellísima documentación original y las fotos de Iwan Baan, y por ello puede considerarse la mejor monografía publicada sobre un maestro de la arquitectura ecléctica y humana.

Julio Cano Lasso
Naturalezas

Enrique Encabo/Inmaculada Esteban Maluenda
 
Ministerio de Transportes
 
2021

ACA

LIBROS

Naciones en conflicto
The Geopolitics of Energy

Luis Fernández-Galiano

27 de enero 2022
Tomado de arquitecturaviva.com

La crisis de Ucrania pide luces largas. Esto es precisamente lo que hace Daniel Yergin en The New Map, un libro que lleva como subtítulo ‘Energy, Climate, and the Clash of Nations’, porque el enfrentamiento entre naciones se explica desde sus fundamentos energéticos y climáticos. El país que hoy ocupa las portadas del mundo recibe nada menos que diez entradas en el índice alfabético, y a través de ellas se desgrana su relación con los desafíos geopolíticos actuales, la estrategia rusa tras el colapso de la Unión Soviética, así como su aislamiento político tras la anexión de Crimea, y la forma en que todo ello se vincula con las exportaciones rusas de gas y la modificación del paisaje energético por la revolución del fracking en Estados Unidos. De hecho, la explotación del petróleo de esquisto a través de la fracturación hidráulica es el contenido de su primera parte, donde relata la transformación de Estados Unidos en un exportador neto de energía a través del transporte marítimo de LNG (liquefied natural gas), y el nuevo mapa geopolítico creado por esta técnica.
En secciones sucesivas, el nuevo mapa de Rusia, dibujado por el gran proyecto nacional de Putin que sostienen el petróleo y el gas, el nuevo mapa de China, basado en la cristalización del G2 y extendido mediante la nueva Ruta de la Seda, y los nuevos mapas de Oriente Medio, donde los alineamientos tradicionales se desdibujan como líneas trazadas en la arena, componen las otras tres patas de esta admirable mesa cartográfica que nos permite entender los conflictos y mudanzas del planeta desde su fundamento energético y material. Yergin, un gran experto en temas energéticos que recibió el Pulitzer por The Prize: The Epic Quest for Oil, Money and Power, culmina su relato con una evaluación técnica y política de la transición hacia las fuentes renovables, la metamorfosis de la industria del automóvil, el esfuerzo por desarrollar la captura de carbono y las esperanzas depositadas en el hidrógeno.
El nuevo mapa de la energía dibuja promesas, pero también amenazas, y quizá ninguna tan estratégica como la que se cierne sobre el mar de la China Meridional, al que el libro dedica un apéndice, y donde entran en conflicto la reclamación china de soberanía y el derecho a la libre navegación de los países colindantes: algo singularmente crítico, porque por sus aguas y el estrecho de Malaca circula la mitad del volumen de transporte energético del mundo, con destino a China, pero también a Japón y Corea del Sur. El temor a que una crisis con Taiwán pudiera conducir a un corte estadounidense de ese crítico cordón umbilical —como sucedió inmediatamente antes de Pearl Harbor— hace de esa zona la más caliente del planeta, porque enfrenta directamente a las dos superpotencias. Ucrania le roba hoy los focos, y también aquí las exigencias rusas de un glacis protector se trenzan con las necesidades energéticas de Europa, que pese a la multiplicación de centrales de gasificación para dar servicio a los barcos metaneros se apoya en buena medida en la red de gaseoductos, una circunstancia que ha convertido en un un símbolo el Nord Stream 2, la gran infraestructura terminada pero aún no en servicio que incrementaría la dependencia europea de Rusia. De Ucrania y de Taiwán nos hemos ocupado en diferentes momentos (‘Ucrania en Eurasia’ y ‘Tucídides en Taiwán’, Arquitectura Viva 161 y 237), y ojalá el desenlace de la actual crisis no nos obligue a volver a hacerlo.

The New Map
Energy, Climate and the clash of nations
 
Daniel Yergin
 
Penguin
(Winner of the Pulitzer Prize)
 
2021
 
Idioma: inglés

ACA

VALE LA PENA LEER

Círculos de café
Learning from Vienna

Luis Fernández-Galiano


31 de diciembre 2021
Tomado de arquitecturaviva.com

En los cafés de la Viena finisecular surgieron un centenar de círculos intelectuales. Dos libros recientes documentan la historia de la Escuela Austriaca y el Círculo de Viena, dos representantes ilustres de un crisol burbujeante de ideas cuyas ondas expansivas llegan hasta nuestros días. La ciudad de Otto Wagner, Adolf Loos, Gustav Klimt, Karl Kraus, Gustav Mahler o Sigmund Freud fue también la de los economistas de la Escuela Austriaca, desde Carl Menger hasta Ludwig von Mises, Joseph Schumpeter o Friedrich Hayek, y la de los filósofos del Círculo de Viena, fundado por Moritz Schlick y del que formaron parte Rudolf Carnap, Otto Neurath o Kurt Gödel. Si los economistas promovieron una teoría subjetiva del valor enfrentada al concepto marxista que asociaba el valor al trabajo necesario para producir un bien, los filósofos pusieron las bases del empirismo lógico, defendiendo el pensamiento científico que también subyacía al enfoque de Ludwig Wittgenstein y Karl Popper frente a la metafísica que permea la tradición secular de su disciplina, y que hallaban quintaesenciada en su contemporáneo Martin Heidegger.
El libro de Janek Wasserman, probablemente la mejor historia de la Escuela Austriaca, inicia su relato con los Principios de Economía de Menger, un libro de 1871 que trasladó el énfasis del estudio del estado y la economía nacional a los individuos y sus demandas subjetivas, proponiéndose como un enfoque científico difícil de conciliar con la centralidad de la historia en la dominante Escuela Alemana y en el Austromarxismo. Con su introducción de la utilidad marginal, una revolución en el pensamiento económico coincidente con las aportaciones simultáneas del británico William Stanley Jevons y el francés Léon Walras, esta incipiente Escuela Austriaca llegaría a su momento más dulce en la Viena dorada del cambio de siglo, pero la Gran Guerra acabó con el «mundo de ayer» del Imperio austrohúngaro, y la polarización política posterior dejó poco espacio a los defensores de la democracia liberal y la libre empresa, muchos de los cuales acabaron gravitando hacia el mundo anglosajón. Los líderes entonces de la Escuela Austriaca —Von Mises y Schumpeter — acabarían teniendo gran influencia en Estados Unidos con libros como El gobierno omnipotente del primero o Capitalismo, socialismo y democracia del segundo, y esta presencia se haría caudalosa con Camino de servidumbre, la obra de Von Hayek —galardonado con el Nobel en 1974—que le definió como el mayor crítico de las tesis keynesianas y le colocó junto a Ayn Rand en el santoral de la nueva derecha americana. Pero las bases de esta batalla intelectual se pusieron hace siglo y medio, y es significativo que el recientemente desaparecido Antonio Escohotado situara en la lectura de Menger el estímulo para la redacción de su monumental trilogía Los enemigos del comercio.
Por su parte, David Edmonds narra el ascenso y caída del Círculo de Viena —engendrado como la Escuela Austriaca en el respeto por la ciencia y el debate ideológico en los cenáculos y cafés de la capital del Imperio— bajo la referencia ominosa al asesinato de Schlick en 1936 por un estudiante que había perdido la razón, y que señaló el declive de un movimiento filosófico defensor de la objetividad científica en un entorno político y social crecientemente degradado por la catástrofe económica y el ascenso del fascismo y el antisemitismo. Además del fundador del Círculo, en la dramatis personae del relato aparecen figuras como el pintoresco y radical Neurath, involucrado también en los debates y proyectos urbanísticos de la Viena roja; el muy dotado Carnap, que acabaría trasladando las ideas del positivismo lógico a los Estados Unidos; el genial y frágil Gödel, el más importante lógico del siglo XX y autor de los teoremas de la incompletitud; y el inevitable Wittgenstein, autor del Tractatus que inspiró al círculo, cumbre contradictoria de la filosofía del siglo, y arquitecto también de una casa mítica en su Viena natal: todos ellos desfilan por un volumen de prosa elegante que describe con amenidad el empeño en la claridad y la razón de un grupo de pensadores a los que les tocó vivir en tiempos confusos y dementes. Muchos años después, y en momentos también de trastornos y fracturas, estas historias de economistas y filósofos prueban que aún podemos seguir aprendiendo de Viena.

ACA

VALE LA PENA LEER

Para cerrar temporalmente el debate que ha podido suscitarse alrededor del texto publicado la semana pasada, hemos decidido incluir como lectura navideña y despedida del 2021, las reflexiones actualizadas que la misma autora ha llevado al cabo a un año de presentado el tema en cuestión.

Reexaminando la ciudad de los 15 minutos

El crono-urbanismo es una alternativa esperanzadora ante el futuro desolador post-pandemia, pero ¿cómo responde a los problemas sociales actuales?

Alexandra Paty

1 de Noviembre de 2021

Tomado de transecto.com

El crono-urbanismo, o la ciudad de los 15 minutos, ganó popularidad durante la pandemia por predicar la accesibilidad como elemento fundamental de una buena calidad de vida urbana. Cuando Carlos Moreno presentó el modelo en el 2015 durante la conferencia COP21, la propuesta fue desechada ya que no se veía posible conseguir dicho cambio dado los valores sociales y económicos del momento. Cinco años después, luego de una pandemia que hizo evidente la necesidad de asegurar el acceso a bienes y servicios básicos a escasos minutos, el concepto es pilar de C40 Cities Mayor’s agenda for a Green and Just Recovery.

El crono-urbanismo ganó muchos fanáticos y defensores en los gobiernos locales de ciudades alrededor del mundo ya que brindó una aparente alternativa al futuro de cómo trabajamos, con una vida urbana más simple y sin carros. Se presentó como una alternativa esperanzadora, hacia un futuro diferente y optimista, en medio de una crisis mundial desoladora.

Sin embargo, las primeras críticas destacaron cómo el modelo desincentiva el movimiento alrededor de la ciudad. Algunos relacionaron la anti-metrópoli con la exacerbación de la inequidad social. Muchos otros nos hemos preguntado, con respecto a las propuestas establecidas, dónde está el espacio para la participación ciudadana. A pesar de las críticas, muchas ciudades han continuado con su implementación y otras se han sumado a esta visión para transformarse, mientras otros se están aventurando en utilizar su filosofía para diseñar ciudades desde cero. 

Nos preguntamos entonces ¿dónde están las oportunidades para mejorar el modelo de la ciudad de los 15-20 minutos? ¿Cuáles son las cuentas pendientes que las ciudades tienen con sus ciudadanos? ¿Es este modelo sólo una nueva forma de mercadeo para las nociones básicas del buen diseño urbano?

Falta de innovación en la participación ciudadana 

Una de las críticas principales es que el modelo no incorpora nuevos métodos de participación, no propone novedosas maneras de involucrar a los ciudadanos en la toma de decisiones, y que los planes vienen propuestos desde los gobiernos locales. Cuando leemos sobre cómo fueron elaboradas las estrategias, no hay indicio de información que venga de procesos de participación ciudadana sino de análisis de bases de datos y/o promesas hechas durante campañas políticas. Hasta ahora, sólo Melbourne y Londres abren camino a que la selección e implementación de las estrategias sea a cargo de los residentes, no sin antes contar con un menú preparado de opciones y financiamiento a escoger. Quizás el caso más avanzado en este sentido es Suecia que, junto a su modelo de ciudad de un minuto, da el control a sus ciudadanos de cómo diseñar sus calles, con la meta de ser implementado en todo el país.

Este modelo busca mejorar el sentido de comunidad, incentivar encuentros sociales locales y generar confianza y cooperación entre ciudadanos y agencias de gobierno. Empoderar a los ciudadanos a que organicen un block-party o una guardería comunitaria, como es el caso de Londres y Melbourne, no tiene las mismas implicaciones que diseñar y construir una nueva ciclovía o viviendas asequibles en la ciudad. Usualmente, los ciudadanos pueden dar su opinión en proyectos de transformación urbana cuando la Ciudad organiza una asamblea de vecinos, en un tiempo y espacio físico determinado, o cuando se abre un proceso de consulta pública.

Muchas quejas a estos procesos argumentan que son poco accesibles y no diseñados para facilitar la recolección de datos. Sin embargo, no hacer ninguna consulta pública puede conllevar a que las intervenciones puedan ser vistas como prácticas “colonizadoras” y/o impuestas para generar gentrificación. Por eso extraña que un modelo que busca potenciar las dinámicas urbanas locales no innove en cómo involucrar a los ciudadanos en su diseño y planificación.

Evento comunitario en Coney Island relativo al Plan de Resiliencia ante Inundaciones.

La innecesaria y excesiva vigilancia policial

París propuso la utilización de 5.000 policías – con igual cantidad de mujeres que hombres – para asegurar la implementación de las estrategias para lograr la ciudad de los 15 minutos. No hay argumento o descripción alguna que justifique por qué el uso y la presencia de la fuerza policial es necesaria. Dicha práctica parece contradictoria al espíritu del modelo que promueve que las personas mejoren su calidad de vida estrechando sus lazos comunitarios. 

El uso de la fuerza policial debe verse con cautela y contexto cultural. No es recomendable utilizar una misma estrategia exactamente en una locación que en otra, las políticas públicas deben adaptarse basadas en la historia, cultura y costumbres de sus habitantes. París podría tener una sociedad donde la supervisión policial pueda ser bienvenida sin mayor resistencia pero, por ejemplo, este no es el caso de ciudades estadounidenses, donde la presencia policial y el exceso de su fuerza ha generado traumas irreparables en grandes sectores de la población. Siendo el modelo de ciudad de los 15 minutos un modelo europeo, por estrategias como la utilización de la fuerza policial, refuerza la perpetuación de conflictos locales en otros contextos. Por ello, muchos llegan a catalogar la réplica literal de este modelo como colonizador y conquistador que, sin la apropiada adaptación cultural, llega a ser presuntuoso e imponente.

Un concepto espacial que puede exacerbar las inequidades sociales

Edward Glaeser argumenta que el modelo no promueve a la ciudad como un todo sino se enfoca en promover a las comunidades como autosuficientes. Esto puede sonar tentador para habitantes de ciudades donde la segregación basada en usos del suelo es tan severa que, para poder satisfacer cualquier necesidad o buscar una actividad, se ven en la obligación de pasar horas en el carro u otros medios de transporte, impactando negativamente la calidad de vida.

El concepto de ciudad se basa en comunidades entrelazadas que se complementan en un movimiento circular donde sus debilidades están cubiertas por las fortalezas de otras, es un modelo económico que gira alrededor de la noción de metropolitanidad. Uno de los beneficios más importantes de las ciudades es la noción que asegura que los recursos y servicios de las zonas acaudaladas puedan ser disfrutados por los ciudadanos de otros sectores, ayudando a quebrar el círculo de la pobreza y la distribución de riqueza.

Alrededor del mundo, los ciudadanos están pidiendo soluciones a la falta de equidad racial, al irrespeto a los derechos de la mujer y de la comunidad LGBTIQ+, los efectos  devastadores del cambio climático y la falta de prosperidad económica para todos los estratos. Si bien el modelo busca una justa e igual distribución de uso de suelo en todas las comunidades, no solventa los grandes problemas sociales. De hecho, muchos argumentan que el modelo es peligroso ya que puede llegar a exacerbarlos – tanto por su práctica como por su metodología de implementación.

Petare Norte, Caracas.

La pequeña escala, ¿estrategia u objetivo?

La infraestructura existente de las ciudades juega un papel fundamental en la implementación del modelo. La propuesta es utilizada por ciudades occidentales para contrarrestar el dominio del carro a diferencia de las ciudades europeas, antiguas y densas, donde la proximidad para solventar necesidades diarias ha sido la regla. Muchas de las intervenciones físicas del modelo, como las nuevas plazas y la doble utilización de los edificios públicos y privados, están narrados a ser implementados en toda la ciudad. Sin embargo, no se exponen con qué criterios los espacios son elegidos, diseñados e intervenidos. Esto da a entender que las intervenciones pueden pasar en cualquier parte o momento, sin una visión estratégica de crear una red de espacios interconectados o que busquen solventar otros problemas sociales más allá de los espaciales. Sin embargo, para muchas ciudades el solo hecho de hacer unas intervenciones es en sí un progreso significativo.

Otro punto a considerar es cómo se decide por dónde empezar. Ciudades como Melbourne y Barcelona han creado metodologías que determinan las comunidades específicas donde se enfocan estos esfuerzos, lo que da a pensar que la proximidad no solo es una prueba piloto en escala controlada sino también una nueva variable a tomar en cuenta en la priorización de las inversiones locales. Adicionalmente, Barcelona siempre aplica una política de rehabilitación física en toda la ciudad donde primero se realiza en una zona específica, para luego ser replicada en la ciudad. No queda claro cómo las intervenciones estarán interconectadas o si es incluso una meta. Lo que sí deja claro la estrategia catalana es la sabiduría de que antes de implementar una estrategia urbana en mayor escala, es necesario su implementación local que permita testear, aprender y ajustar para garantizar su éxito en otras escalas.

Supermanzana de Pobleneu, Barcelona.

Los 15 minutos como bandera para atender la salud pública urbana

Parte de los servicios que deben asegurarse en la burbuja de los 15 minutos son aquellos relativos a la salud ambulatoria, dispensarios, farmacias y espacios públicos abiertos. El modelo busca asegurar el fácil y rápido acceso a los bienes y servicios, incluyendo aquellos que forman parte de la salud pública. Al asegurar que las personas solo deben invertir 15 o 20 minutos, contribuye también al acceso de servicios médicos e implícitamente -por ejemplo- a la reducción de la transmisión del coronavirus. París atribuye su expansión de ciclovías como una de las razones que ha contribuido a la disminución de casos de coronavirus. Salud pública es también viviendas asequibles de calidad, buenas oportunidades de empleo y acceso a comida fresca. En Portland, la iniciativa de las “Comunidades Completas”, una variación de la ciudad de los 15 minutos, busca ubicar más supermercados en comunidades de bajos recursos, o la localización de nuevos empleos locales.

Comercios de las aceras de Hanoi, Vietnam.

¿Cómo ha sido implementada la ciudad de los 15 minutos?

París ha logrado avanzar el modelo en la Ciudad de la Luz luego de la exitosa campaña de reelección de Anne Hidalgo donde lo introdujo y ha nombrado un Comisionado para la Ciudad de los 15 minutos. Hasta el momento, se han incorporado más ciclovías y viviendas sociales en las zonas afluentes, los patios de escuelas han sido habilitados para servir como parques comunitarios, y se ha visto el surgimiento de espacios de co-working comunitarios. Sin embargo, se han incorporado tantas ciclovías en tan corto tiempo que la ciudad ahora está sufriendo muchos conflictos de transporte, especialmente con peatones.

Bogotá ha incorporado el modelo de Ciudad de los 30 minutos en su desarrollo urbano (Proximity City Urban Development Model) para lograr comunidades con bajas emisiones de carbono. Por su parte, Suecia está implementando un plan para lograr la ciudad de un minuto a través del diseño participativo de sus calles. Madrid anunció planes para dividir sus supercuadras en supercuadras autosuficientes, Milán está utilizando el modelo en el marco de la recuperación post-covid y Edimburgo utiliza el modelo para intervenir su casco histórico.

Telosa, con un costo estimado de $400 billones de dólares y financiado por el millonario Marc Lore, estará a cargo de BIG y será basada en el modelo de ciudad de los 15 minutos, buscando crear una urbe donde norme la arquitectura amigable con el ambiente y la producción de energía sostenible, que cuente con un sistema de agua a prueba de sequías, vehículos autónomos que no dependen de combustibles fósiles y edificios cubiertos de terrazas verdes habitables, incluyendo cultivos hidropónicos. Estas son algunas de las propuestas que están planteadas para lograr la ciudad utópica.

Refrito del buen diseño urbano

Para nosotros, los diseñadores y planificadores urbanos, leer sobre crono-urbanismo genera un déjà vu hacia el salón de clase donde aprendimos sobre las teorías de Kevin Lynch o Jane Jacobs. El buen diseño urbano se fundamenta en proveer un acceso justo de los bienes y servicios a todos los ciudadanos. Nos preguntamos entonces: ¿es este movimiento una nueva estrategia de marketing para el buen diseño y planificación urbana, o de verdad incorpora nuevas variables de análisis que oriente la creación e implementación de nuevas políticas urbanas?

Atardecer de París desde el Centro Pompidou.

Si medimos el impacto de este nuevo movimiento con lo ‘vivo’ que se encuentra en el léxico o la organización de las ciudades, pareciera que no tiene el impacto de la ciudad jardín, la ciudad moderna o, la más pertinente, la ciudad ecológica. Una victoria innegable es que el crono-urbanismo finalmente conquistó a los diseñadores de políticas públicas y agentes gubernamentales para atender la calidad de vida urbana en minutos, auspiciada y deseada por los planificadores urbanos, sin asegurar que los cambios sean permanentes o reales.

ACA