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45 AÑOS DE UN LIBRO DE REFERENCIA

1. Portadas de las primeras ediciones en francés y castellano de La condition postmoderne: Rapport sur le savoir (La condición posmoderna. Informe sobre el saber) de Jean-François Lyotard.

La condition postmoderne: Rapport sur le savoir.

Jean-François Lyotard

Éditions de Minuit

Paris

1979

Para quienes aún hoy se preguntan sobre las características de la sociedad en que vivimos y del debate filosófico generado durante el último cuarto del siglo XX tendiente a interpretarla, nada más esclarecedor que la lectura de un libro que a finales de la década de 1970 apareció bajo el título de La condition postmoderne: Rapport sur le savoir (traducido al español como La condición posmoderna. Informe sobre el saber), escrito por el filósofo, sociólogo y teórico literario francés Jean-François Lyotard (1924-1998).

La primera consideración acerca de la obra es que fue escrita originalmente como un informe dirigido al Conseil des universités du Québec, Canadá, lo cual contribuye a que no se trate, pese a su enorme influencia, de un texto extenso ni complejo, sino más bien fácil de entender en cuanto a los planteamientos fundamentales que en él se manejan.

2. Jean-François Lyotard.

Una segunda consideración, muy relacionada con la primera, tiene que ver con la claridad con la que se expone el discurso que el libro encierra y su importancia para comprender el estado del conocimiento en sociedades que continúan progresando y transfigurándose debido al desarrollo tecnológico. En otras palabras, más allá de las simplificaciones que posteriormente han podido surgir y las esquemáticas explicaciones que se han elaborado, el libro, buscando dar una explicación objetiva a lo que acontece en el mundo actual, desmonta el andamiaje sobre el que se sustenta el relato moderno, lo critica y explica cómo se ha ido gestando y manifestado una “condición” que ha ido adquiriendo vida propia: la posmodernidad.

El texto es el primero que introduce el término “posmodernismo” en filosofía, hasta entonces solo utilizado en crítica del arte, por lo que se le considera pieza clave dentro del movimiento calificado como tal. Sin embargo, más allá de las etiquetas, la obra de Lyotard, como bien señala Juan Fernando Piñeres en el artículo “La Condición Postmoderna vs la No-modernidad”, aparecido en Discusiones Filosóficas, Año 20 Nº 34, enero-junio 2019, contiene en sus páginas “una sólida defensa de la pluralidad constitutiva de la realidad y una marcada crítica a toda concepción del mundo que perciba a esta última como un cosmos unificado”. Es así como, la argumentación convincente y seductora de Lyotard analiza “la crisis de los grandes relatos, para proponer la legitimidad de lo discontinuo, de las localidades precisas o de lo fragmentario”. Dicho con sus propias palabras, “Simplificando hasta el extremo, defino lo postmoderno como una incredulidad hacia las metanarrativas», subrayando el escepticismo acerca de las teorías universalizadoras.

3. La obra de Lyotard publicada antes de la aparición de La condición posmoderna.

En La condición posmoderna Lyotard intenta desmitificar fundamentalmente tres narrativas: la que concibe la historia como un relato único; la que fundamenta el ideal de orden y progreso; y la que soporta la promesa del bienestar de hombre a través del desarrollo científico e industrial. Según el autor “ninguna de ellas logra abordar, de manera completa, el constructo social, y simplemente reiteran el ideal moderno que distancia la verdad del conocimiento”.

El libro de 120 páginas fue traducido al castellano por Mariano Antolín Rato para su primera edición por parte de Ediciones Cátedra C.A. en 1987.

Está estructurado con base en una “Introducción”, 14 capítulos y “Notas”. La transcripción de los capítulos puede darnos pistas de los caminos que Lyotard recorre para estructurar su discurso: 1. El campo: el saber de las sociedades informatizadas; 2. El problema: la legitimación; 3. El método: los juegos de lenguaje; 4. La naturaleza del lazo social: la alternativa moderna; 5. La naturaleza del lazo social: la perspectiva postmoderna; 6. Pragmática del saber narrativo; 7. Pragmática del saber científico; 8. La función narrativa y la legitimación del saber; 9. Los relatos de la legitimación del saber; 10. La deslegitimación; 11. La investigación y su legitimación por la performatividad; 12. La enseñanza y su legitimación por la performatividad; 13. La ciencia postmoderna como investigación de inestabilidades; y 14. La legitimación por la paralogía.

4. Parte de la obra de Lyotard publicada después de 1979.

Apoyado en el análisis llevado a cabo por diferentes autores, varias pueden ser las conclusiones que se desprenden de la lectura del libro que quedan como parte importante de su mensaje:

  • Las pequeñas narrativas se han convertido en la manera adecuada de explicar las transformaciones sociales y los problemas políticos siendo para Lyotard la fuerza impulsora detrás de la ciencia posmoderna.
  • A medida que las metanarrativas globalizadoras se desvanecen, la ciencia sufre una pérdida de fe en su búsqueda de la verdad y por tanto debe encontrar otras formas de legitimar sus esfuerzos. Conectada a esta legitimidad científica está el creciente dominio de las máquinas de información.
  • La razón (gran fundadora de varios metarrelatos) es solo una narración igual que muchas otras. Todo relato lleva implícita la concepción de lenguaje, y por eso, Lyotard no tiene ningún inconveniente en afirmar que el mundo está constituido por juegos de lenguaje, que en este caso también vendrían siendo luchas de poder.
  • Si la modernidad a través del lazo social concebía una realidad estática y plana, para el posmodernismo la verdad está permeada por la incertidumbre y por diferentes tipos de juegos. Por ende, la sociedad debe ser vista como “una masa compuesta por átomos individuales” que luchan entre sí, forjando así la imposibilidad de comprender la existencia desde una única mirada.
  • En la sociedad se dan diferentes luchas y no una en particular El posmodernismo, en consecuencia, busca llegar al saber de la humanidad y no al saber por el saber que el pensamiento ilustrado defendía.
  • Lyotard, consciente de que el saber se ha constituido como el valor de cambio por excelencia de la sociedad afirma que hoy día quien controla la información tiene el poder. En consecuencia, saber y poder son las dos caras de una misma moneda.
  • Para Lyotard los datos y variables son esenciales para que pueda haber una mayor performatividad, y por ende se necesita de un sistema abierto que pueda estructurar las inestabilidades o incertidumbres al transformarlas en posibles variables.
  • Hay un lazo de similitud entre el tipo de lenguaje que llamamos ciencia y ese otro que llamamos ética y política: ambos proceden de la misma tradición occidental.
5. Otra parte de la obra de Lyotard publicada después de 1979.

Tildada de antropocéntrica por insistir en que el mundo es aquello que los individuos interpretan que es y no partiendo de lo que es realmente, decidiendo qué es real y que no y, arbitrariamente, ubicándose en un plano superior, la teoría de Lyotard se suma a la de otros pensadores importantes como Jean Baudrillard, Gilles Lipovestky, Gianni Vattimo, Jacques Derrida, Cornelius Castoriadis, Gilles Deleuze y Michel Foucault para conformar el cuerpo de lo que se ha llamado del movimiento filosófico posmodernista.

6. Portadas de las ediciones en inglés y español del libro de Hal Foster.

A lo expuesto por Lyotard en La condición posmoderna, replicó el filósofo alemán Jürgen Habermas, quien le respondió, primero, en una conferencia, “La modernidad: un proyecto incompleto” (1980) y, posteriormente, en un libro: El discurso filosófico de la modernidad (1985), originándose a partir de allí un importante debate que copó el interés de muchos estudiosos en la década de los 80, recogido de manera amplia en la recopilación hecha por Hal Foster que tituló The Anti-Aesthetic: Essays on Postmodern Culture (1983), traducido al español como La posmodernidad y publicado por Editorial Kairós en 1985, de particular interés para entender un fenómeno que tuvo importantes repercusiones en el mundo de la arquitectura. En tal sentido, de la edición de Foster, además de “La modernidad: un proyecto incompleto”, destaca el importante texto escrito por Kenneth Frampton «Hacia un regionalismo crítico: Seis puntos para una arquitectura de resistencia»

7. Primera y tercera ediciones en español del best-seller de Charles Jencks.

Acerca de si le correspondió a Lyotard acuñar el nombre de posmodernismo, como ya señalamos, existen claras evidencias de que ello no fue así. De hecho, el propio Lyotard ha manifestado haber tomado el término de la crítica arquitectónica para aplicarlo la condición contemporánea del saber. En tal sentido, no olvidemos que el best-seller The Lenguage of Post-Modern Architecture (traducido al español como El lenguaje de la Arquitectura posmoderna) de Charles Jencks ya había aparecido dos años antes que La condición posmoderna para recoger claras manifestaciones que decretaban, según su autor, la muerte definitiva del Movimiento Moderno convirtiéndose en puntas de lanza de un nuevo estilo y de otro planteamiento que le reabría las puertas a lo popular y a la historia, y que fue Jenks quien señaló que la palabra posmoderno empezó a utilizarse ampliamente en mundo del arte en 1976, siendo Nikolaus Pevsner en 1966 quien en “su ataque a los Antipioneros” utilizó el término por primera vez.

8. Dos textos fundamentales publicados en 1966 que remiten a los inicios de la posmodernidad en arquitectura.

Otros han convenido que en obras como Complejidad y contradicción en la arquitectura (Robert Venturi, 1966) y La arquitectura de la ciudad (Aldo Rossi, 1966) y un poco antes en la figura de Louis Kahn, se ubican tres referentes claros para detectar, particularmente en las dos primeras, cómo “Por primera vez vemos el proyecto de revisar el Movimiento Moderno desde una perspectiva que ya no está dentro del propio Movimiento Moderno”, en palabras de Alan Colquhoun, sin que por ello podamos tildarlas de posmodernas.

El tiempo ha demostrado que el pensamiento posmoderno ha tenido un calado mucho más profundo que el lenguaje promovido por Jencks, sin dejar por ello de reconocer que las perspectivas de la arquitectura se ampliaron y se diversificaron propiciándose a la vez un clima de creciente confusión donde «todo vale».

ACA

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VALE LA PENA VOLVER A LEER

1. Las dos primeras páginas de De Stijl, Vol. 2, nº 1, noviembre de 1918, donde apareció publicado en cuatro idiomas el Manifiesto I.

Manifiesto I

De Stijl

1918

En octubre de 1917, cuando estaba a punto de estallar la Revolución Bolchevique y la Gran Guerra comenzaba a transitar su último año, aparece en Delft (Holanda) el primer número de la revista De Stijl y, con ella, el movimiento del mismo nombre (conocido también como neoplasticismo), que tendrá en la figura del pintor, arquitecto, diseñador y teórico Theo van Doesburg (1883-1931) su fundador y guía espiritual, quien compartirá ese rol con el también pintor Piet Mondrian (1872-1944). Casi de inmediato se sumarán Robert Van’t Hoff, Wilmos Huszar, Antony Kok, Georges Vantongerloo y Jan Wils quienes, junto a Van Doesburg y Mondrian, firmarán el célebre Manifiesto I que aparecería publicado en holandés, francés, inglés y alemán en las páginas 2 a la 5 del Vol. 2, nº 1, noviembre de 1918, de la revista.

2. Theo van Doesburg (izquierda) y Piet Mondrian (derecha)

Van Doesburg y Mondrian, quienes se habían conocido en Laren (Holanda) donde el segundo residía luego de haber regresado de París tras el estallido de la Gran Guerra, gestan el movimiento y la revista en Leyden. El propósito de la publicación “que recogió en un tiempo breve las mejores energías pictóricas europeas orientadas en sentido abstracto”, tal y como se señala en el texto “De Stijl contra el capricho” publicado en en masdearte.com (https://masdearte.com/especiales/de-stijl-neoplasticismo-mondrian-van-doesburg/), fue promover el nuevo ideal que proponían como grupo, contribuyendo al desarrollo de una nueva belleza plástica ya no desde un punto de vista individual sino a partir de lo universal, descartando toda subjetividad. En ella publicaron críticas, teorías, manifiestos y obras originales, por lo que este medio jugó un rol crucial en la difusión de los nuevos pensamientos. De Stijl, que circuló entre 1917 y 1932, fue, por tanto, la primera publicación periódica de vanguardia dedicada a la causa de la abstracción en el arte y la arquitectura.

Si bien “buena parte del mérito de la difusión de las ideas de De Stijl se debe a un Van Doesburg infatigable que en 1920 hizo un viaje de propaganda a la capital francesa y a las principales ciudades de Europa Central, pronunciando conferencias y manteniendo contactos con artistas y arquitectos”, siendo el auténtico organizador del movimiento, es gracias a Mondrian que alcanza su formulación ideal que ya se asoma desde el primer número de la revista. Allí aparece la primera entrega (“Introducción” o “Inleiding”) de un largo ensayo titulado “Sobre la nueva plástica de la pintura” (“De nieuwe beelding in de schilderkunst”), cuyas ideas Mondrian continuó desarrollando en números posteriores, destacando el aparecido en el número dos (diciembre de 1917) subtitulado “La nueva imagen como estilo” (“De Nieuwe Beelding als Stijl”) en el que el artista definiría uno de los conceptos más importantes del lenguaje neoplástico y que daría nombre a su órgano de prensa: el estilo.

3. Portada y primera página del nº 1 de De Stijl fechado el 1 de octubre de 1917.

Aquel primer número de De Stijl fechado el 1 de octubre de 1917, vino acompañado con un texto en su portada (diseñada por Vilmos Huszár) que decía: “De Stijl, revista de las artes visuales modernas, edición Theo van Doesburg con la participación de colaboradores nacionales y extranjeros. Edición Harms Tiepen en Delft en 1917”. Será el propio Van Doesburg quien escribirá la editorial titulada “A modo de introducción” (“Ter inleiding”), fechada en Leyden el 16 de junio, en cuyas primeras líneas se anunciaba que “Esta revista quiere ser una contribución al desarrollo de una nueva conciencia estética”. También colaborarán Bart van der Leck, Antony Kok y Jacobus Johannes Pieter Oud.

4. Theo van Doesburg. Serie: La vaca , 1918.

Es así como tras la estela de Van Doesburg y Mondrian y habiendo éste último aclarado que con el término “stijl” los artistas “no se referían un conjunto de características formales, sino a una voluntad de forma que iba más allá del arte mismo” y que “la lucha de estilo que propugnaban no buscaba imponer unas determinadas formas, teniendo como objetivo el lograr expresar lo intemporal (universal), lo eterno y aquello que convierte a cada estilo en estilo”, transcurrirá un poco más de un año y habrán aparecido 12 números de la revista hasta que se publica el ya citado Manifiesto I.

5. Georges Vantongerloo. Interrelation of Volumes, 1919.

En concordancia con aquello que define a un manifiesto como “una declaración pública de principios e intenciones” o como “un escrito en el que una persona o un grupo de ellas declaran públicamente sus ideas o propósitos”, el texto que hoy reproducimos, constituye junto con los dos Prefacios, publicados en junio de 1917 y octubre de 1919, respectivamente, y otros dos manifiestos más, el 2 dedicado a la literatura, que apareció en el número 3 de De Stijl, en 1920 y el 3 (“Hacia la formación de un mundo nuevo”) publicado en el número 4 de De Stijl, en 1921, la base ideológica del movimiento. Las tres declaraciones, en su conjunto, sostienen una tesis fundamental: el individualismo, en el arte y en la vida, es causa de toda ruina y desviación del gusto; es necesario oponerle la claridad serena del espíritu, la única que puede crear el equilibrio entre lo universal y lo individual.

6. Piet Mondrian. Composition II in Red, Blue and Yellow, 1930

Estudiosos del tema han detectado la existencia de hasta seis manifiestos elaborados por el grupo en el lapso de entreguerras en que apareció publicada la revista, lo cual termina de configurar un amplio marco que reafirma, tal y como ha publicado Ana Moreno en el blog Fragmentos del cosmos. Arte y arquitectura el 28 de febrero de 2011 (http://fragmentosdelcosmos.blogspot.com/2011/02/la-revista-de-stijl-1917-1932.html), cómo la “tarea ética y estética que había emprendido De Stijl estaría encaminada a renovar los lazos que unían el arte con la vida y los artistas neoplásticos pensaban que con la creación de un nuevo estilo visual estarían fundando también un nuevo estilo de vida. Si la capacidad creativa del hombre se aplicaba a todo lo que lo rodeaba −los objetos de la vida cotidiana, los productos de la industria y el entorno urbano− entre el arte y la vida se volvería a restablecer esa unidad que se nunca se debería haber quebrado. En palabras de Mondrian, ‘cuando el arte se transforme en la vida real llegará el fin del arte de hoy día’”.

7. Piet Mondrian. Composición nº 11, 1913.

MANIFIESTO I por “De Stijl”, 1918

  1.  Hay una vieja conciencia del tiempo, y hay otra nueva. La primera tiende al individualismo. La nueva tiende hacia lo universal. La batalla del individualismo contra lo universal se revela tanto en la guerra mundial como en el arte de nuestra época.
  2. La guerra destruye el viejo mundo con su contenido: la dominación universal en todos los campos.
  3. El arte nuevo ha puesto en evidencia el contenido de la nueva conciencia del tiempo: proporciones equilibradas entre lo universal y lo individual.
  4. La nueva conciencia del tiempo está preparada para realizarse en todo, incluso en la vida externa.
  5. Las tradiciones, los dogmas y las prerrogativas del individuo (lo «natural») se oponen a esta realización.
  6.  El fin de los fundadores del nuevo arte plástico es hacer un llamamiento a todos los que creen en la reforma del arte y de la cultura para aniquilar tales obstáculos, del mismo modo que ellos mismos aniquilaron en su arte la forma natural que obstaculiza una auténtica expresión del arte, última consecuencia de toda cognición artística.
  7.  Los artistas de hoy, movidos en todo el mundo por la misma conciencia, han participado, en el campo espiritual, en la guerra contra la dominación del individualismo, el capricho. Simpatizan con todos los que combaten espiritual y materialmente por la formación de una unidad internacional en la Vida, en el Arte, en la Cultura.
  8.  El órgano De Stijl, fundado con este propósito, se esfuerza en sacar a la luz la nueva conciencia de la vida. La colaboración de todos es posible:
  9.  I. Enviando a la redacción, como prueba de aprobación, su nombre, dirección y profesión.

II. Haciendo una aportación a la revista, crítica, filosófica, arquitectónica, científica, literaria, musical, etc., o mediante reproducciones.

III. Traduciendo a todas las lenguas las ideas enunciadas por De Stijl y difundiéndolas.

THEO VAN DOESBURG, Pintor.  ROBERT VAN ’THOFF, Arquitecto. VILMOS HUSZAR, Pintor. ANTONY KOK, Poeta. PIET MONDRIAAN, Pintor. G. VANTONGERLOO, Escultor. JAN WILS, Arquitecto

8. Gerrit Rietveld. Casa Schröder, 1924

Nota

En 1923 con el título de “Hacia una arquitectura colectiva” se publicó en París el quinto manifiesto del grupo De Stijl, el cual fue transcrito por Ulrich Conrads en su libro Programas y Manifiestos de La Arquitectura Del Siglo XX (edición original de 1966 y en español de 1973). Como muestra de la visión que desde el movimiento se tenía en torno a la arquitectura y lo que supone hacer una arquitectura colectiva: “una colaboración constructiva de arquitectos, escultores y pintores en una obra en el espacio y el tiempo”, donde “todos trabajan de acuerdo con las leyes elementales de su materia específica dando como resultado una unidad inconsútil de las artes, de la que se han eliminado todas las emociones individuales”, nos ha parecido pertinente incluirlo por los efectos que trajo en años posteriores y por la vigencia que aún puede tener.

De Stijl

MANIFIESTO V

1923

  1. En estrecha colaboración hemos examinado la arquitectura como una unidad plástica formada por todas las artes, la industria y la técnica y hemos establecido que el resultado será un nuevo estilo.
  2. Hemos examinado las leyes del espacio y sus infinitas relaciones (o sea, contrastes espaciales, disonancias espaciales, integración espacial) y hemos establecido que todas esas variaciones pueden reunirse en una unidad equilibrada.
  3. Hemos examinado las leyes del color en el espacio y el tiempo y hemos establecido que de las relaciones concordantes de estos elementos resulta, en definitiva, una unidad nueva y positiva.
  4. Hemos examinado las relaciones entre espacio y tiempo y hemos encontrado que con el proceso de hacer visibles estos dos elementos mediante el color se produce una nueva dimensión.
  5. Hemos examinado las interrelaciones entre medida, proporción, espacio, tiempo y material y hemos descubierto un método definitivo para construir una unidad a partir de ellos.
  6. Hemos eliminado la dualidad entre interior y exterior mediante la supresión de los elementos de cierre (paredes, etc.).
  7. Hemos dado al color el lugar que le corresponde dentro de la arquitectura y afirmamos que la pintura separada de la construcción arquitectónica (es decir, el cuadro) no tiene ninguna razón de ser.
  8. La época de la destrucción toca su fin. Se abre una nueva época: la época de la construcción.

Van Eesteren/ Theo van Doesburg/G. Rietveld.

ACA

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1 y 3. University Libraries Home Page/International Dada Archive Main Page/Dada Documents/De Stijl (http://sdrc.lib.uiowa.edu/dada/de_stijl/index.htm)

2. CASIOPEA. Silvana Sarrocchi, Caso de Estudio: De Stijl (https://www.wiki.ead.pucv.cl/Silvana_Sarrocchi,_Caso_de_Estudio:_De_Stijl)

4. De Stijl (https://pt.frwiki.wiki/wiki/De_Stijl#Premier_manifeste_de_De_Stijl,_1918)

5 y 6. MASDEARTE.COM (https://masdearte.com/especiales/de-stijl-neoplasticismo-mondrian-van-doesburg/)

7. Wikipedia (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Mondriaan_-_No._11.jpg)

8. Cosas de Arquitectos (https://www.cosasdearquitectos.com/2014/04/arquitectura-la-casa-schroder-de-gerrit-rietveld/) ; y Tecne. Casa Schröder Rietveld (https://tecnne.com/arquitectura/casa-schroder-rietveld/)

45 AÑOS DE UN LIBRO DE REFERENCIA

1. Carátula de la primera edición en inglés de Architecture: form, space and order, Van Nostrand Reinhold, 1979

Architecture: form, space and order

(Arquitectura: forma, espacio y orden)

Francis D. K. Ching

Van Nostrand Reinhold

1979

Seguirle los pasos a la trayectoria de Frank (Francis D. K.) Ching, nacido en Honolulú, Hawái, en 1943, permite encontrar a través de la literatura ligada a la arquitectura y el diseño un interesantísimo filón, donde la vocación y capacidad de enseñar van de la mano con la apropiada y talentosa utilización de la expresión gráfica, para hacer de los contenidos algo que puede ser amable, atractivo y fácil de digerir.

2. Francis D. K. Ching y sus libros publicados en inglés entre 1983 y 2007.

Quienes han escrito sobre este reconocido profesor emérito del College of Built Environments de la University of Washington (Seattle), destacan que recibió el título Bachelor of Architecture en la Universidad de Notre Dame en 1966 y que tras varios años de práctica, en 1972 se unió a la Universidad de Ohio para enseñar dibujo. Fue entonces cuando, aprovechando su indudable habilidad para expresarse gráficamente, Ching comenzó a elaborar notas y dibujos a mano que le servirían como material pedagógico de apoyo para dictar sus clases.

3. Portada y tabla de contenidos de la primera edición de Architectural graphics, Van Nostrand Reinhold, 1974.
4. Algunas de las páginas interiores de Architectural graphics.

Se dice que las notas docentes elaboradas por Ching llegaron “casualmente” a manos de la editorial Van Nostrand Reinhold, publicándose en 1974 en una versión titulada Architectural graphics (traducida al castellano por Gustavo Gili en 1976 como como Manual de dibujo arquitectónico), la cual, habiendo llegado ya a su séptima edición convertida en un clásico de la enseñanza del dibujo, marcó el inicio de una secuela que hoy alcanza 12 libros caracterizados siempre por la impronta del buen diseño gráfico, la frescura y la sensación de lo “hecho a mano”, lo cual derivó, por ejemplo, en que Adobe tomara su caligrafía como modelo para diseñar su familia de tipografías Tekton.

Ching, quien durante un tiempo fue profesor en la University de Wisconsin-Milwaukee, a fines de 1980 comenzó a enseñar en el Departamento de Arquitectura de la Universidad de Washington donde se convirtió en profesor oficialmente en 1991. Los siguientes quince años, enseñó introducción a la arquitectura y al dibujo arquitectónico. Se retiró en el 2006 y actualmente trabaja a media jornada como profesor emérito.

5. Portada y tabla de contenidos de la primera edición de Building Construction lllustrated , Van Nostrand Reinhold, 1975.

Sin embargo, es de su experiencia iniciada en la Universidad de Ohio de donde aparecerá a continuación de Architectural graphics, en 1975, Building Construction lllustrated otra cuidada edición orientada en este caso a introducir al estudiante en el dibujo relacionado al universo constructivo, mano derecha de toda formación arquitectónica y, cuatro años después, en 1979, Architecture: form, space and order (Arquitectura: forma, espacio y orden) de cuya primera edición se cumplen 45 años y al cual dedicamos esta nota.

6. Páginas que contienen el índice de la primera edición en español de Arquitectura: forma, espacio y orden.

A diferencia de sus predecesores, sin dejar de lado el valor que posee para enseñar arquitectura el acompañarla de las imágenes (en este caso de nuevo realizadas a mano), Architecture: form, space and order se trata fundamentalmente de un texto iniciático que contribuye a que todo estudiante comprenda paso a paso cuáles son los elementos que permiten generar, componer y organizar cualquier edificación dotándolo del vocabulario fundamental que debe manejar todo diseñador. Como en alguna parte se ha escrito, el libro “destila conceptos complejos de diseño en un enfoque claro y da vida a abstracciones difíciles”.

7. Páginas interiores de la primera edición en español de Arquitectura: forma, espacio y orden.

Apelando desde su título a presentar la arquitectura, siguiendo la estela de Vitruvio, resumida en tres de sus componentes esenciales, Ching complementa la tríada del maestro romano (utilitas, firmitas y venustas) con otras tres nociones atemporales sin las cuales tampoco la arquitectura puede llegar a ser: la forma, el espacio y el orden.

8. Páginas interiores de la primera edición en español de Arquitectura: forma, espacio y orden.

Ching, aprovecha parte del material elaborado en sus libros anteriores complementándolo con creces, y analiza de manera sistemática y exhaustiva los fundamentos de la forma, el espacio y el orden arquitectónicos a partir de prototipos y de ejemplos históricos de todas las épocas, culturas y ámbitos geográficos.

9. Páginas interiores de la primera edición en español de Arquitectura: forma, espacio y orden.

Begoña Uribe, al elaborar una nota sobre la cuarta edición ampliada en español del libro publicada en www.archdaily.cl en diciembre de 2015,  además de apuntar que incluye ilustraciones de más de 400 obras de cerca de 150 arquitectos y diseñadores, y está complementada con un breve glosario de vocabulario básico, comentará lo siguiente: “Partiendo de los elementos primarios hasta llegar a las composiciones arquitectónicas más complejas, el libro examina la cadena secuencial que va desde el punto, la línea, el plano y el volumen hasta la forma, el espacio, la organización, la circulación, la proporción, la escala y los principios ordenadores. Esta exploración se realiza por medio de las célebres ilustraciones de Francis D. K. Ching que, gracias a su rigor técnico y unidad estilística, homogenizan el discurso gráfico para subrayar los valores atemporales de los modelos y de los ejemplos concretos expuestos. (…) Lejos de reducirse a una presentación teórica de los fundamentos de la arquitectura, este tratado se ha convertido en un manual de extraordinario valor gracias al perfecto equilibrio existente entre los esquemas, prototipos y modelos arquitectónicos establecidos y el extensísimo catálogo de casos reales que los materializan y ejemplifican: desde el teatro de Epidauro, la catedral de Reims o el templo Horyu-Ji en Nara (Japón), pasando por la villa Rotonda de Andrea Palladio, la Ciudad Prohibida de Pekín o la mezquita de Beyazid II en Bursa (Turquía), hasta llegar a las obras de los grandes maestros de la arquitectura moderna, como Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe o Le Corbusier”.

10. Carátulas de la segunda, tercera, cuarta y quinta ediciones en inglés de Architecture: form, space and order.

Los éxitos en ventas acompañados de múltiples ediciones y la traducción a más de dieciocho idiomas, han llevado a las editoriales a convertir en libros “rústicos” las primeras y muy cuidadas ediciones de lo publicado por Ching para la editorial Van Nostrand Reinhold elaboradas prácticamente a mano y en tapa dura. En el caso de Architecture: form, space and order, su cambio del formato apaisado a otro más convencional comienzó a darse a partir de la segunda edición de 1996 cuando la editorial fundada por David Van Nostrand (adquirida en 1981 por International Thomson Publishing) es de nuevo vendida en 1997 a la multinacional Wiley (John Wiley & Sons) centrada como las anteriores en la publicación académica y de materiales didácticos. Desde entonces el libro ha sido reeditado en inglés en 2007 (tercera edición que incorporó un CD-ROM), 2016 y 2023.

Los cambios incorporados a esta clásica introducción a los principios de la arquitectura también han redundado, con relación a la primera edición, en mayor nitidez tanto en los textos como en las ilustraciones, la incorporación de nuevos dibujos (siempre elaborados a mano), ampliación de las secciones dedicadas a “aberturas” y “escala” y del capítulo sobre “principios de diseño”, así como un nuevo glosario e índice categorizados por el autor.

11. Portadas de las cuatro ediciones en español publicadas por Gustavo Gili de Arquitectura: forma, espacio y orden.

La primera versión en castellano de Arquitectura: forma, espacio y orden (que en las escuelas es mejor conocido con «el Ching») se realizó en 1982 (3000 ejemplares) en formato apaisado y así se reeditó hasta en 6 ocasiones hasta 1989. Estuvo a cargo del arquitecto Santiago Castán, la revisión bibliográfica la realizó Xavier Guell y el diseño de la cubierta lo hizo Eulália Coma. Desde entonces y en sus reediciones en nuevo formato (21 x 30 cm) de 1998, 2010 y 2015 la editorial siempre ha sido Gustavo Gili en las que, con los lógicos cambios de carátula, se ha respetado la traducción original hecha por Castán.

ACA

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VALE LA PENA CONOCER

Beira Railway Station, Mozambique.

Redescubriendo el modernismo en África: de la nostalgia al optimismo

Escrito por Mohieldin Gamal

Publicado el 17 de septiembre 2024

Tomado de www.archdaily.com

La mitad del siglo XX marcó un período transformador para África, ya que 29 países lograron la independencia entre 1956 y 1964, señalando los albores del estado-nación en todo el continente. Esta era resonó con un espíritu de liberación y progreso, paralelo a los movimientos globales de la época, como el establecimiento de organizaciones internacionales como las Naciones Unidas (1945) y la Organización de la Unidad Africana (1963). En este contexto, la arquitectura modernista surgió como un poderoso símbolo de la identidad nacional, acompañando la ambición y la aspiración colectiva de un futuro más brillante. Como las naciones recién independizadas trataron de definirse alejadas de sus pasados coloniales, la adopción de principios del Movimiento Moderno facilitó la construcción de infraestructuras clave, como centros de convenciones, edificios parlamentarios y hoteles, así como el desarrollo de la educación arquitectónica, dando como resultado el que los arquitectos nativos comenzaran a reemplazar o cooperar con profesionales nacidos en el extranjero.

Este artículo inaugura una nueva serie titulada Redescubriendo el Modernismo en África, con el objetivo de explorar el legado arquitectónico del Movimiento Moderno en África, destacando su papel en la construcción de la nación y la evolución de la educación arquitectónica, al tiempo que arroja luz sobre los arquitectos y movimientos que dieron forma a esta era transformadora.

La Pyramide, Abidjan, Côte d’Ivoire.

El estado de ánimo de liberación en el continente podría compararse con la euforia al final de la Segunda Guerra Mundial que condujo a la creación de las Naciones Unidas y la arquitectura modernista de su sede. Como se señala en el sitio web de las Naciones Unidas, «el edificio no tiene referencias históricas y pretende simbolizar el futuro brillante y pacífico que nos espera y que no se queda anclado en el pasado». Esta ruptura con el pasado es un aspecto del Movimiento Moderno adoptado por los países africanos de reciente independencia, y marca un alejamiento de las tradiciones arquitectónicas del pasado colonial.

El término modernismo puede tener una definición amplia y quizás intercambiable. Para el propósito de este tema, se entiende como la arquitectura del Movimiento Moderno iniciada por arquitectos como Le Corbusier y Walter Gropius en la Europa continental a principios del siglo XX. Junto con el rechazo de la historia, se caracterizó por un enfoque en la función, la destitución del ornamento y el uso innovador de nuevos materiales y capacidades estructurales. Estos hicieron del Modernismo un enfoque fácilmente transferible para el diseño de edificios, y sus ideas se extendieron gradualmente por todo el mundo. Su énfasis en la destreza técnica también lo hizo sinónimo de progreso y, por lo tanto, era atractivo para los Estados nacientes que deseaban participar en un rápido desarrollo.

TAP-Montepio Mozambique, Maputo, Mozambique.

Inicialmente, con casi toda África colonizada, el Modernismo llegó al continente a través de arquitectos europeos. El Modernismo Tropical, por ejemplo, fue un estilo desarrollado por Gran Bretaña en África Occidental. En las décadas de 1940 y 1950, preocupados por el aumento de los sentimientos independentistas, la potencia colonial buscaba contrarrestarlos a través de proyectos educativos y de infraestructura. Los arquitectos británicos Maxwell Fry y Jane Drew, pioneros en el Modernismo Tropical y involucrados en el establecimiento de la Escuela Tropical de Arquitectura en Londres, diseñaron numerosos edificios en Ghana. El Modernismo Tropical fue una adaptación de la arquitectura del Movimiento Moderno para adaptarse a los climas cálidos y húmedos. A pesar de estas raíces coloniales, este estilo de arquitectura fue adoptado por el líder de la Ghana independiente, Kwame Nkrumah.

El Ikhwa Building, Khartoum, Sudan.

A mediados de siglo, cuando la independencia se extendió por África, más gobiernos adoptaron el modernismo. Se mantuvieron estrechos vínculos con las antiguas potencias coloniales, cuyos arquitectos siguieron ejerciendo después de la independencia, mientras que los estudiantes nativos eran enviados al extranjero para estudiar y formarse. Las primeras escuelas de arquitectura se establecieron muy poco después de la independencia: por ejemplo, en Kumasi (Ghana), con estrechos vínculos con la AA de Londres, y en Jartum (Sudán), donde un profesor británico fue designado fundador de la escuela.El trabajo de los arquitectos africanos que regresaron y se formaron en el extranjero, junto con la nueva generación de arquitectos formados localmente, recién se está reconociendo. Sin embargo, curiosamente, los arquitectos nacidos en el extranjero también procedían de terceros países que no tenían ninguna relación previa con el continente, en particular de Escandinavia y Europa del Este. El libro de Łukasz Stanek, «La arquitectura en el socialismo global», detalla algunas de estas relaciones y atribuye algunas de ellas al Movimiento de Países No Alineados, del que eran miembros muchas naciones africanas.

Baxter Theatre, Cape Town, South Africa.

Naturalmente, los países africanos tienen historias complejas y diversas y relaciones con el Modernismo. No necesariamente siguen esta narrativa exacta que ilustran los pocos ejemplos. Los países de la costa mediterránea (excepto Argelia) obtuvieron la independencia mucho antes que los del sur del Sahara. Los países lusófonos ganaron la independencia más tarde y la mayoría de sus edificios modernos ocurrieron bajo el colonialismo. Etiopía se mantuvo en gran medida independiente durante todo el período de los imperios europeos y Sudáfrica siguió otra relación histórica distinta con el colonialismo. También hay diferencias culturales y climáticas en todo el continente que dan como resultado diferentes arquitecturas. El Modernismo Tropical adecuado al clima cálido y húmedo se asumiría para adaptarse al clima cálido y seco de otros lugares.

Kariakoo Market, Dar es Salaam, Tanzania.

Documentar el modernismo en África es importante por varias razones. La documentación en sí es un acto de conservación. Manuel Herz en «El Modernismo Africano: La Arquitectura de la Independencia» (2015) lamenta la ausencia de ejemplos de Modernismo en África en los libros de historia, citando grandes obras como el Foire Internationale de Dakar y el Centro Internacional de Convenciones de Kenyatta como ejemplos de obras omitida pero relevantes. Además de su importancia histórica al marcar la construcción de una nación, aboga por su inclusión en historias más amplias de la arquitectura debido a sus cualidades y su centralidad en la historia del Modernismo.

Tit Mellil Rehabilitation Centre, Morocco.

En la actualidad, el movimiento moderno en el continente africano está cobrando cada vez más importancia en el campo de la arquitectura. Ocho años después de la publicación del libro de Manuel Hertz, se presentó una exposición sobre el Modernismo Tropical en la Bienal de Venecia centrada en la arquitectura africana. En el momento de escribir estas líneas, está a punto de concluir una exposición sobre el Modernismo Tropical en el Victoria & Albert Museum de Londres. Sin embargo, los edificios modernistas africanos no son inmunes al deterioro, la demolición o incluso la destrucción en la guerra, como se vio en la exposición «Mogadiscio Lost Moderns» en 2014. Incluso los edificios bien conservados corren el riesgo de sufrir reparaciones y ampliaciones insensibles. La esperanza es que documentar y celebrar estos elementos del patrimonio construido pueda fomentar su conservación para la posteridad.

ACA

VALE LA PENA VOLVER A LEER

1. Philip Johnson, Ludwig Mies van der Rohe, y Phyllis Lambert frente a una imagen de la Torre Seagram, Nueva York, 1955.

Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), uno de los más importantes arquitectos del siglo XX, como se sabe, desarrolló su carrera en dos períodos: el que transcurre en Europa desde que comienza su etapa de aprendizaje e inicios del ejercicio de la profesión (en fecha tan temprana como 1907), y continúa con su crecimiento y madurez como parte de la Escuela de Berlín y como último director de la Bauhaus (1930-1933); y el segundo que se inicia tras emigrar a los Estados Unidos en 1937 donde arranca lo que se conoce como su etapa americana.

2. Número 1 (julio de 1923) de la revista G: Material zur elementaren Gestaltung. Los dos primeros números de G consistieron en una gran hoja doblada con solo cuatro páginas.

De su ciclo europeo, para muchos el más rico e interesante en lo que a nivel intelectual, experimental y propositivo se refiere, si algo destaca es la intensidad con que Mies vivió el período de entreguerras y las diversas facetas que entonces mostró. Una de ellas, poco resaltada, fue la que desplegó, una vez incorporado al Novembergruppe en 1922, como parte del consejo editorial de la revista G: Material zur elementaren Gestaltung, publicación de vanguardia editada e impresa en Berlín por Hans Richter de la que se produjeron cinco números en alemán entre 1923 y 26. Si El Lissitzky y Werner Graeff formaron parte del consejo editorial del primer número, Mies y Frederick Kiesler se unieron a Richter como editores a partir del segundo. Entre los colaboradores se encontraban Theo van Doesburg, Ludwig Hilberseimer, Raoul Hausmann, El Lissitzky, Hans Arp, Kurt Schwitters, Piet Mondriaan, Viking Eggeling, Naum Gabo, Antoine Pevsner, Ernst Schön, George Grosz, John Heartfield, Tristan Tzara y Man Ray.

Ubicados en este contexto es donde se puede reconocer, también, a un Mies vehemente que expresa a través de escritos breves y concisos, que algunos han clasificado dentro de la categoría de manifiestos, su visión de la arquitectura en un momento en el que era importante tomar partido ante una época de cambios donde la disciplina debía mirar hacia el futuro e identificarse a través de un lenguaje que fuera reflejo de una sociedad postindustrial y que reclamaba nuevas organizaciones urbanas, funciones, formas, materiales y técnicas, sumándose a lo que es considerado como el período heroico dentro de la evolución del Movimiento Moderno.

3. Los dos textos en los que se recogen los escritos de Mies van der Rohe.

De los textos rescatados de manera integral por Fritz Neumeyer en Mies van der Rohe. La palabra sin artificio. Reflexiones sobre arquitectura. 1922-1968 (1986, traducido al español en 1995), de los cuales 5 de ellos ya habían formado parte de Programas y manifiestos de la arquitectura del siglo XX de Ulrich Conrads (1964, traducido al español en 1973), nos interesa resaltar los publicados en revistas entre 1922 y 1930, en los que se ve con claridad tanto las constantes como la evolución de su pensamiento en torno a la arquitectura.

4. Portada y páginas interiores del nº 4 (1922) de la revista Frühlicht editada por Bruno Taut donde Mies publicó el artículo titulado “Rascacielos” (“Wolkenkratzer”).
5. Izquierda: Páginas interiores del número 1 ( julio de 1923) de la revista G donde aparece el texto “Edificio de oficinas” (“Bürohaus”) firmado por Mies van der Rohe. Derecha: Páginas exteriores del número 2 (septiembre 1923) de la revista G donde aparece el texto “Construir” (“Bauen”) firmado por Mies.

Así, formando parte de esta saga, encontramos que Mies aparece primero en el nº 4 (1922) de Frühlicht (revista editada por Bruno Taut) firmando un artículo titulado “Rascacielos” (“Wolkenkratzer”); luego, ya como colaborador y editor de G, redacta los textos “Edificio de oficinas” (“Bürohaus”) en el nº 1 (julio 1923), “Construir” (“Bauen”) en el nº 2 (septiembre 1923) y “Construcción industrial” (“Industriebau”) en el nº 3 (junio 1924); más adelante “¡Arquitectura y voluntad de época!” (“Baukunst und Zeitwille!”) en Der Querschnitt (nº 1, 1924); y, por último, en Die Form se publicarán “Sobre la forma en arquitectura” (“Über die Form in der Architektur”), nº 2, 1927; y dos veces “Los nuevos tiempos” (“Die neue Zeit”) en el nº 15, agosto de 1930 y luego en el nº 10 octubre de 1932.

Dentro de ese grupo de escritos, con mayor énfasis en unos y otros, se evidencian temas como la importancia de lo constructivo junto a su claridad a la hora de manifestarse a través de la estructura portante, así como su interés por los materiales, sus orígenes y limitaciones técnicas. Suya es la cita “La arquitectura empieza en el momento en que dos ladrillos se ponen con esmero uno junto al otro”. También aparece la idea de flexibilidad espacial y la relevancia de diferenciar la piel (envolvente) de los huesos (sistema estructural) llevando la primera a su mínima expresión encontrando en el vidrio su mejor aliado y en la tipología del edificio en altura su cabal representación. Hormigón, acero y vidrio, los materiales más emblemáticos de la modernidad, son los que Mies utiliza colocando especial cuidado en la resolución de los detalles.

Resalta, además, su postura crítica con la deriva personalista en la que se encontraba gran parte de la arquitectura más representativa de su tiempo ya que consideraba que la arquitectura pertenecía a una época y no a un individuo.

6. Izquierda: Detalle de la página con el artículo Bürohaus escrito por Mies para el nº 1 de la revista G. Derecha: Original del dibujo del Edificio de oficinas, 1923 (carboncillo y lápiz, 138×289 cm) que acompañó el artículo.

“Rechazamos: toda especulación estética, toda doctrina y todo formalismo. La arquitectura es la voluntad de la época expresada espacialmente. Viva, cambiante, nueva. Ni al pasado, ni al futuro, sólo puede dársele forma al presente. Sólo esta arquitectura puede crear. Crear la forma con los medios de nuestro tiempo, a partir de la esencia de la tarea. Este es nuestro trabajo”, dirá Mies al iniciar el artículo “Edificio de oficinas” (“Bürohaus”).

Justamente en ocasión de comentar el texto mencionado, Juan Calduch Cervera (http://www.mindeguia.com/dibex/Mies_Calduch.htm) devela un interesante paralelismo entre los textos escritos por Mies y los proyectos vanguardistas que los acompañan los cuales “se representan ajustados a las convenciones gráficas vigentes en su entorno”, pero se realizan experimentalmente “sin voluntad de hacerse realidad”, abriéndose y cerrándose un ciclo en el que “el arquitecto nunca más volvería a hacer dibujos de arquitectura que no respondiesen a un encargo o a unas condiciones concretas”.

“En estos textos y dibujos Mies va aislando y analizando, casi como si se tratase de ensayos de laboratorio, distintos problemas disciplinares que le preocupaban. Es como si antes de poner en práctica sus ideas, quisiera concretarlas y aclararlas mediante dibujos y escritos. Hacia 1925 con obras como el monumento a Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht (cementerio de Berlin-Friedrichsfelde, 1926) esa fase experimental y esa doble vía profesional tienden a fundirse abriendo la etapa más fructífera de su etapa europea”.

Es así como hemos tomado la decisión de ofrecerles, como muestra de la actitud y pensamiento de Mies en aquel rico período, donde un grupo textos programáticos nos lo muestran “agresivo, polémico, rabiosamente moderno y provocador”, el escrito “La nueva era” o “Los nuevos tiempos (“Die neue Zeit”) que como ya indicamos apareció en la revista Die Form (La forma) primero en el nº 15, agosto de 1930 y luego en el nº 10, octubre de 1932, en el que muestra si se quiere una faceta diferente, menos vehemente, y a la vez complementaria a la que caracterizó lo publicado entre 1922 y 1927.

7. Portada y página de créditos de la revista Die Form donde se publicó por primera vez “Los nuevos tiempos” (“Die neue Zeit”) .

Se trata de la transcripción de las palabras finales de la ponencia que Mies presentara en el congreso del Deutscher Werkbund celebrado en Viena en 1930. La traducción, proveniente del libro de Ulrich Conrads ya citado, está antecedida por un comentario que señala cómo el arquitecto alemán en “Die neue Zeit” “se erige en defensor decidido de lo ‘espiritual en la arquitectura’. Considera el camino hacia la arquitectura industrial, que había propuesto en 1924, bloqueado por malentendidos. El pregonador se ha convertido en amonestador. Con anticipación profética prevé que el progreso técnico acarreará una pérdida del significado de la arquitectura. (…) … habla del desarrollo de las cosas ‘ciegas a todo valor’, que conduce a la pérdida de significación y, con ello, a la pérdida de criterio y al caos de los valores”.

A continuación, el breve pero sustancioso texto que esperamos puedan disfrutar.

8. Portada de la revista Die Form dedicada a conmemorar los 25 años del Deutscher Werkbund, donde se publicó por segunda vez vez “Los nuevos tiempos” (“Die neue Zeit”) .

La nueva era

La nueva época es un hecho; existe independientemente de que la aceptemos o la rechacemos. Pero no es mejor ni peor que cualquier otra época. Es un puro dato y como tal indiferente a toda valoración. Por ello, no me entretendré mucho intentando explicar la nueva época, señalando sus relaciones y poniendo al descubierto la estructura que la sostiene.

No sobrevaloraremos tampoco el tema de la mecanización, de la estandarización y la normalización.

Y aceptemos como un hecho el cambio de las relaciones económicas y sociales.

Todas estas cosas siguen su evolución predeterminada y ciega de valores.

Lo único decisivo será cómo nos revalorizamos bajo estas circunstancias dadas. Ahí es donde comienzan los problemas espirituales.

No de trata de “qué” sino de “cómo”.

El hecho de que produzcamos bienes y los medios que empleamos para fabricarlos, no significa nada en el plano espiritual.

El hecho de que construyamos vertical u horizontalmente, con acero y vidrio, no dice nada sobre el valor de esa arquitectura.

El hecho de que en urbanismos se busque una centralización o una descentralización es un problema práctico, no valorativo.

Pero precisamente el problema del valor es decisivo.

Debemos establecer nuevos valores, señalar los objetivos últimos, para recuperar el criterio.

El sentido y la razón de ser de toda época, y por tanto también de la nueva, radica única y exclusivamente en el hecho de que proporcione al espíritu las condiciones previas, la posibilidad de existir”.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. 20 cosas que no sabías de Mies van der Rohe (https://www.archdaily.co/co/784292/20-cosas-que-no-sabias-de-mies-van-der-rohe?ad_medium=gallery)

2 y 5. VEREDES. Arquitectura y divulgación. Colección completa de la revista G: Material zur elementaren Gestaltung (https://veredes.es/blog/coleccion-completa-de-la-revista-g-material-zur-elementaren-gestaltung/)

3. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

4. BIBLIO (https://biblio.es/libro/fruhlicht-taut-bruno-ed/1385112084)

6. VEREDES. Arquitectura y divulgación. Colección completa de la revista G: Material zur elementaren Gestaltung (https://veredes.es/blog/coleccion-completa-de-la-revista-g-material-zur-elementaren-gestaltung/); y Dibujos ejemplares de arquitectura (http://www.mindeguia.com/dibex/Mies_Calduch.htm)

7. VEREDES. Colección completa de la Revista Die Form (La Forma) (https://veredes.es/blog/coleccion-completa-de-revista-die-form-la-forma/); y booklooker (https://www.booklooker.de/B%C3%BCcher/Die-Form-1930-Heft-15/id/A01YupzL01ZZ1)

8. plakatkontor.de (https://www.plakatkontor.de/plakatkatalog-15/nr-1—6/index.html

175 AÑOS DE UN LIBRO DE REFERENCIA

1. Primera edición de The Seven Lamps of Architecture (1849)

The Seven Lamps of Architecture

(Las siete lámparas de la arquitectura)

John Ruskin

Smith, Elder, and Co.

London

1849

John Ruskin (1819-1900), escritor, crítico de arte, sociólogo, artista y reformador social inglés, nacido en Londres, fue uno de los pensadores más influyentes en la sociedad de su tiempo y en particular del período victoriano (1837-1901).

Sus biógrafos señalan que, en su condición de hijo único, su padre, un hombre próspero que se hizo a sí mismo, cofundador junto a Pedro Domecq de las bodegas de Jerez y que coleccionaba arte, alentó sus actividades literarias, mientras su madre, protestante evangélica devota, lo orientó al servicio de Dios deseando que se convirtiera en un obispo anglicano. Criado en el ambiente familiar hasta los doce años ya a los seis acompañó a sus padres al primero de sus viajes por el continente europeo, costumbre que se repetirá a lo largo de su vida.

2. John Ruskin en dos momentos de su vida. 1870 (izquierda) y 1882 (derecha)

En 1836, Ruskin se matriculó como caballero plebeyo en Christ Church, Oxford, donde empezó a desarrollar su habilidad de escritor polemista, y redactará un panfleto (no publicado) defendiendo al pintor Joseph Turner frente a los críticos periodísticos. En Oxford, Ruskin continuó publicando poesía y crítica, “y en 1839, ganó el premio Oxford Newdigate de poesía. Al año siguiente, sin embargo, una supuesta tuberculosis le indujo a interrumpir sus estudios y sus viajes”. Será finalmente en 1842 cuando recibirá su título de maestría en las artes y abandonará la idea de hacerse sacerdote.

3. Los cinco tomos de Modern Painters (Pintores modernos) en su edición de 1873.

También en 1842 Ruskin comenzó a escribir el primer volumen de Pintores modernos publicado en 1843 (obra que abarcará cinco tomos y que terminará en 1860), “después de que los revisores de la exhibición de la Academia real anual hubieran tratado salvajemente a las obras de Turner”. En 1846, tras hacer su primer viaje al extranjero sin sus padres, publicó el segundo volumen, “en el que discute sus teorías sobre la belleza y la imaginación dentro del contexto de la pintura figurativa así como paisajística”, señalando un nuevo punto de partida en su pensamiento en el que dará particular valor a la pintura realizada en los albores de Renacimiento antes de la aparición de Rafael Sanzio, abriéndole así al puerta a la constitución del grupo de los prerrafaelistas ingleses (1848-1853) para quienes el arte era puro, espiritual, sencillo y lleno de devoción.

4. Dos de los dibujos de Ruskin que ilustran Las siete lámparas de la arquitectura. Izquierda: Tracerías del Campanile de Giotto, Florencia. Derecha: Ornamentos de las catedrales de Rouen, Saint Lo y Venecia.

Será en el marco de esa primera etapa que marca el inicio de su desarrollo como crítico de arte y de los postulados fundamentales de su teoría estética, basada en la convicción de que la humanidad había desviado su camino y de que solamente a través de la práctica de la belleza era posible retornar a la armonía con la Naturaleza, cuando con apenas 30 años, Ruskin publicó en mayo de 1849 The Seven Lamps of Architecture hecho del cual se cumplen 175 años. Allí dará rienda suelta a su ya declarada predilección por lo medieval (en particular las obras del gótico temprano) y con ello impulsará, junto a Augustus Pugin, una corriente orientada a juzgar la obra de arte desde el punto de vista de la moralidad de su creador y la convicción en la necesidad de que los elementos esenciales de las construcciones deben estar claramente expresados en la arquitectura.

5. Dos de los dibujos de Ruskin que ilustran Las siete lámparas de la arquitectura. Izquierda: Goblete de la catedral de Sain Lo, Normandía. Derecha: Tracerías de Caen, Bayeux, Rouen y Beavais.

Las siete lámparas… podría decirse que en esencia se trata de un ensayo que parte de la consideración de la arquitectura no sólo como técnica de construcción sino fundamentalmente como un arte. Ruskin utiliza la palabra lámpara acompañada de una serie de nociones con las que pretende iluminar una senda orientadora del actuar del arquitecto y que más tarde ampliará en los tres volúmenes de Las piedras de Venecia (1851-1853). En ellos formula algunos de los conceptos que todo artista, a modo de leyes, debe obedecer al crear, avalando con ello el resurgimiento del gótico y el cultivo de una actitud que colocaba la belleza, enriquecida en su doble naturaleza espiritual y material, como centro de una teoría que ve en la arquitectura el bastión más importante de las bellas artes cuyo comportamiento el resto debía seguir en forma y método.

6. Dos de los dibujos de Ruskin que ilustran Las siete lámparas de la arquitectura. Izquierda: Intersecciones de molduras. Derecha: Capitel de la arcada inferior del Palacio Ducal de Venecia.

La obra, que muchos han entendido como un homenaje y a la vez una ofrenda a los sentimientos, emociones, deberes y virtudes que surgen del arte de la construcción, se encuentra dividida en siete partes, tantas como lámparas “enciende” Ruskin.

La primera está dedicada a la Lámpara del Sacrificio y es en sus primeras líneas donde el autor, sin cortapisas, expresa directamente: “La arquitectura es el arte de erigir y de decorar los edificios construidos por el hombre, cualquiera sea su destino, en forma tal que su aspecto incida sobre la salud, sobre la fuerza y sobre el placer del espíritu”, para continuar de seguidas: “Antes de comenzar este estudio es indispensable establecer una cuidadosa distinción entre la Arquitectura y la Edificación o Construcción”, dejando abierto el persistente dilema entre lo útil y lo bello y el del juicio que determina cuándo una obra puede ser o no considerada arquitectura que desde entonces ha perdurado hasta nuestros días. En tal sentido, también añadirá en tono polémico: “El nombre de arquitectura debe reservarse para el arte que, comprendiendo y admitiendo como condiciones de su funcionamiento las exigencias y necesidades corrientes del edificio, imprime a su forma ciertos caracteres venerables y bellos, aunque inútiles desde otros puntos de vista”. También incluirá, a tono con su particular visión, una división de la arquitectura en cinco clases: religiosa, conmemorativa, civil, militar y doméstica.

7. Dos de los dibujos de Ruskin que ilustran Las siete lámparas de la arquitectura. Izquierda: Arco de la fachada de la iglesia de San Miguel de Luca. Derecha: Ornamentos calados de Lisieux, Bayeux, Verona y Padua.

Una vez dicho lo anterior, el Sacrificio, para Ruskin, estará asociado al esfuerzo en erigir un monumento y a la dedicación del oficio del hombre a Dios, pruebas visibles de su amor y obediencia. También, a la capacidad de renunciar para tomar las decisiones correctas siempre aunado al desprendimiento de raíz cristiana y teniendo lo bello como norte. Y, como demostración de su innegable don de elaborar sentencias, frases o aforismos, en algún momento del capítulo, Ruskin afirmará: “No se trata de saber cuánto debemos hacer sino cómo se debe esto hacer; no se trata de hacer más, sino de hacer mejor”.

8. Dos de los dibujos de Ruskin que ilustran Las siete lámparas de la arquitectura. Izquierda: Ventana del Palacio Foscari de Venecia. Derecha: Tracerías y molduras de las catedrales de Rouen y Salisbury.

El segundo capítulo está dedicado a la Lámpara de la Verdad. Es aquí donde se aborda el importante tema de la autenticidad en arquitectura, valorándose de manera relevante el peso del trabajo artesano, la exhibición sincera de materiales y estructura y su exhibición honesta en toda construcción así como el reflejo de la función que las edificaciones albergan. En dicha línea de raíces profundamente éticas rescatamos de Ruskin lo siguiente: “Tal vez no podamos recomendar una arquitectura buena, o bella u original; pero podemos exigir una arquitectura honrada. Se puede perdonar a la pobreza su debilidad, a la utilidad su imperio, pero la mezquindad o la mentira no deben encontrar más que desprecio”.

La Lámpara de la Fuerza es desarrollada en la tercera parte del libro como excusa para hablar de la monumentalidad como socia indefectible de la imagen al poder que ciertas edificaciones deben mostrar. Es aquí donde Ruskin manifiesta que los edificios deben pensarse también en términos de su volumen y alcance hacia la sublimidad de la naturaleza por la acción de la mente humana sobre ellos. La Naturaleza garantizará la aparición en forma armónica de lo bello y lo sublime como “justa y humilde veneración de Dios sobre la tierra”, cuya fuerza se verá reflejada hasta en los detalles. En resumen, “El valor de la arquitectura está subordinado a dos caracteres distintos: el uno, el efecto que le comunica la fuerza humana; el otro la imagen que ella lleva en sí de la creación natural”.

9. Dos de los dibujos de Ruskin que ilustran Las siete lámparas de la arquitectura. Izquierda: Balcón de Campo San Benedeto, Venecia. Derecha: Fragmentos de las iglesias de Abberville, Luca, Venecia y Pisa.

La cuarta lámpara a la que se refiere Ruskin es la de la Belleza. Aquí recurre a orígenes platónicos ya que se trata de un arquetipo preexistente en la naturaleza que el ser humano debe imitar. La Belleza se logra abstrayéndose de la realidad, pero sobre todo conservando las proporciones armónicas que utiliza la Naturaleza para expresarse acompañada de la aspiración de alcanzar a Dios traducida en la ornamentación extraída desde ella misma.

Cuando Ruskin le abre la puerta a la Lámpara de la Vida remite a la durabilidad de un edificio (del hecho construido, del hecho plasmado) como elemento natural que nace se desarrolla, envejece y muere. Los edificios, además, deben ser hechos por manos humanas, de modo que la alegría de los albañiles y canteros se asocie con la libertad expresiva que se les otorga.

10. Dibujo de Ruskin que ilustra Las siete lámparas de la arquitectura. Fragmentos de las arcadas del lado sur de la catedral de Ferrara.

La Lámpara del Recuerdo apunta a la capacidad que tiene todo monumento de ser fiel testigo del sentir de una época y de respetar la cultura en la que se han desarrollado. Cuando Ruskin plantea que “la arquitectura es como el hogar y la protección de esta influencia sagrada, y a título de ello debemos consagrarle nuestras más graves meditaciones. Podemos vivir si ella, pero no podemos sin ella recordar”, cerrando con que “no hay más que dos conquistadores del olvido de los hombres: la poesía y la arquitectura”, refirmando así su convicción en el papel de la Historia y la memoria como fuerzas que deben habitar en el corazón de todo creador.

Es en el capítulo dedicado al Recuerdo, donde Ruskin manifiesta con toda claridad su conocida postura con relación a la restauración de monumentos y su toma de partido por la importancia del mantenimiento. Allí dirá: “el verdadero sentido de la palabra restauración no lo comprende el público ni los que tienen el cuidado de velar por nuestros monumentos públicos. Significa la destrucción más completa que pueda sufrir un edificio, destrucción de la que no podrá salvarse la menor parcela, destrucción acompañada de una falsa descripción del monumento destruido. (…) …es imposible, tan imposible como resucitar a los muertos, restaurar lo que fue grande y bello en arquitectura. (…) … tened cuidado de vuestros monumentos y no tendréis luego la necesidad de repararlos”. En otro momento también postulará que “debemos permitir que el tiempo acaricie y destruya las obras de arte”, manifestándose en contra de la furia restauracionista del siglo XIX, la mayoría de las veces, reconstrucciones fantasiosas que para Ruskin desvirtuaban la obra original, encarnadas por Viollet-le-Duc. Según sus teorías, el monumento, al igual que el ser humano tiene una trayectoria vital. Es preferible una ruina, por su autenticidad, que una restauración que crea una falsedad. Solo se restaura la materia, no la idea del que fue su creador, para evitar la manipulación y la invención, y no dar lugar a lo falso.

11. Dibujo de Ruskin que ilustra Las siete lámparas de la arquitectura. Esculturas de la catedral de Rouen.

La Lámpara de la Obediencia, último de los principios expuestos por Ruskin, debe asociarse, por un lado, al rigor y la severidad y, por el otro, a la humildad y a la fidelidad, cualidades imperantes cuando de hablar de estilos se trate. Reitera su convicción en que se debe, a la hora de estudiar una edificación, ser consecuente con su autor siguiendo sus criterios originales de diseño en busca de consolidar una escuela nacional. Moviéndose entre originalidad y respeto a las tradiciones, Ruskin manifestará su predilección por lo permanente en contra de lo cambiante: “Lo que importa esencialmente es que tengamos un código y que este código sea aceptado y puesto en vigor desde un extremo a otro de la isla y que la ley que dicte un juez sea lo mismo en York que en Exeter. Igualmente, no importa apenas que la arquitectura sea antigua o moderna, lo que importa saber es si será una arquitectura digna de ese nombre, una arquitectura cuyas leyes se puedan luego enseñar en las escuelas desde Cornouailles hasta Northumberland, como se enseña la ortografía y la gramática inglesa, o una arquitectura que ha de ser inventada de nuevo cada vez que se construya un hospicio o una sala de escuela”. Y remata: “No es preciso buscar la originalidad y los cambios por ellos mismos, por buenos que sean. No se podrá obtener ni la una ni los otros por una lucha o una revolución contra las leyes ordinarias. Las formas ya conocidas de la arquitectura son suficientemente buenas para nosotros y aún para otros mejores que nosotros; ya habrá tiempo de investigar y de perfeccionarlas cuando las sepamos emplear tal y como ellas son”.

Ruskin no sólo manifestó ser una persona brillante en su expresión escrita y oral, sino que mostró desde muy temprano grandes dotes para el dibujo y la acuarela producto de su aguda capacidad para observar. No es casual, por tanto, que sean representaciones salidas de su mano, realizadas durante sus visitas a las catedrales de Rouen, Sain Lo, Ferrara, Salibury, Abbreville, Pisa y Venecia, así como a Florencia, Luca, Verona, Padua, Caen, Bayeux, Beauvais y Lisieux, las que ilustren Las siete lámparas de la arquitectura.

12. Acuarelas y dibujos realizados por John Ruskin en diferentes etapas de su vida.

La influencia ejercida por Ruskin en el arte y la arquitectura a lo largo de buena parte del siglo XIX, como ya se ha señalado, tuvo mucho que ver con el renacer del estilo gótico, perfecta unión entre arquitectura, religión y sociedad. Su postura de raigambre romántica y con un sesgo claramente conservador se ve ejemplarizada en su acérrima oposición a los efectos producidos por la Revolución Industrial, visibles en la degradación ambiental de numerosas ciudades inglesas y la explotación del trabajador, lo que lo llevó a auspiciar, como ya se ha dicho, una revalorización del trabajo artesanal opuesto a la producción en serie y a rechazar el uso de muchos de los productos y máquinas originados dentro de la idea de progreso que por aquellos años comenzaba a imponerse. Por ello allanó el camino para el movimiento Arts & Crafts en Gran Bretaña y Estados Unidos que liderizó William Morris.

13. Cuatro diferentes ediciones en castellano de Las siete lámparas de la arquitectura.
14. Cuatro diferentes ediciones en inglés de Las siete lámparas de la arquitectura.

Ruskin dejó un legado de más de 250 publicaciones de diferente tenor de entre las cuales tal vez sea Las siete lámparas de la arquitectura la que tuvo mayor acogida a nivel general.

15. Las dos primeras ediciones de Las siete lámparas… aparecidas en castellano.

Traducida a diferentes idiomas y objeto de múltiples ediciones, según hemos podido indagar sus primeras dos apariciones en castellano corresponden a la Editorial La España Moderna , Madrid, de 1910 y, con traducción de Carmen de Burgos, a F. Sempere y Compañía, Editores, C.A., Valencia en 1912.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. ebay (https://www.ebay.com/itm/375089589601); y John Ruskin. Las siete lámparas de la arquitectura. Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/The_Seven_Lamps_of_Architecture)

2. WikiArt (https://www.wikiart.org/es/john-ruskin); y John Ruskin. Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/John_Ruskin)

4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 11. John Ruskin. Las siete lámparas de la arquitectura. Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/The_Seven_Lamps_of_Architecture)

3, 12, 13, 14 y 15. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.