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TEXTOS FUNDAMENTALES

La cosa humana por excelencia.

Controversias sobre la ciudad

Marco Negrón

Fundación para la Cultura Urbana

2004

Desde hace muchos años y hasta la actualidad Marco Negrón (1938), arquitecto graduado en la UCV (1961), con estudios de postgrado en Planificación del Desarrollo Regional en el CENDES, Universidad Central de Venezuela (1961-1963) y Profesor Titular desde 1991 en una actividad que inició en 1969 hasta su jubilación en 1996, no ha dejado de manera sistemática de tener presencia como articulista y formador de opinión en la prensa nacional y en entrevistas y foros en medios de comunicación escritos y audiovisuales.

Como bien expresó Alfredo Cilento en el “Discurso de presentación” en el acto de incorporación como Miembro Honorario de la Academia de la Ingeniería y el Hábitat del 24 de noviembre de 2016: “Marco Negrón es nuestro más reconocido investigador en el campo del desarrollo urbano y sobre el tema de la ciudad venezolana. Es uno de los más duros críticos a las políticas anti urbanas que, desde hace décadas satanizan a la ciudad, especialmente la metropolización, que en todas partes ha sido un factor de desarrollo. Ha escrito y ha insistido en múltiples foros y declaraciones, denunciando los mitos que se han construido en relación a Caracas: 1. El mito del tamaño exagerado de Caracas, que en realidad es una pequeña metrópolis que apenas supera los 3,5 millones de habitantes y al 15 % de la población del país, y cuya congestión no se debe a superpoblación sino a las malas políticas públicas y deficiencias de los servicios y sistemas urbanos; 2. El mito de la ingobernabilidad de Caracas, que se confunde con un centralismo incompetente e ineficiente y con el desconocimiento del rol y competencias de los gobiernos metropolitano y municipales; 3. El mito de la macrocefalia en una ciudad que apenas duplica la población de Maracaibo, Valencia o Maracay; 4. El mito de la ciudad obstáculo al desarrollo nacional y de la mudanza de la capital, que reafirman las manías anti-ciudad; y que desconoce el rol que las ciudades, centros del conocimiento, han jugado y juegan en el desarrollo de los países”.

Esta actitud que define el eje de un pensamiento que vive permanentemente actualizándose y que acumula según Cilento “más de 130 libros, capítulos de libros, artículos y ponencias en revistas técnicas especializadas, foros y congresos nacionales e internacionales”, tiene en la antología de ensayos breves y artículos aparecidos entre 1999 y 2003 en los diarios El Universal, El Mundo y TalCual, titulada La cosa humana por excelencia, tomo 17 de las ediciones de la veinteañera Fundación para la Cultura Urbana, una importante parada dentro de la línea que ya nos mostrara Cilento más arriba.

En su prólogo, en este caso escrito por Manuel Caballero, éste señala que quizás la idea más novedosa de estas páginas sea que el más importante insumo para el desarrollo económico, social y cultural de un país no es el petróleo, ni el hierro, ni otros productos del suelo y el subsuelo “sino sus ciudades”.

Escritos tocando asuntos que oscilan entre lo humano y lo urbano, Negrón se dedicó desde muy temprano a denunciar la política hostil hacia lo urbano que ha caracterizado a “la revolución bolivariana”, que tuvo en el lapso abarcado por los artículos que componen el libro un período particularmente álgido en cuanto al estudio del tema. La compilación, diversa en cuanto a temas, amena en su lectura e insistente en la denuncia, rescata con agudeza en un claro ejercicio de pensamiento crítico la idea de entender la ciudad como una realidad compleja, potente, donde se concentra la más alta densidad del capital humano y a la que hay que entender como eje de la sociedad del conocimiento.

El título y el espíritu del libro remiten a una ciudad de la que Claude Lévi-Strauss había escrito premonitoriamente en Tristes trópicos (1955) cuando las aglomeraciones urbanas no constituían un objeto de atención prioritaria de la antropología y las demás ciencias humanas, como tampoco lo era la cultura en el sentido político-estratégico que el término ha adquirido en el presente. Así, decía Lévi-Strauss que tenemos derecho a comparar la ciudad con “una sinfonía o un poema”, y no sólo “de manera metafórica” pues, a su juicio, “son dos objetos de la misma naturaleza. Quizá más preciosa aún, la ciudad se sitúa en la confluencia de la naturaleza y el artificio. Congregación de animales que encierran su historia biológica dentro de sus límites y que al mismo tiempo la moldean con todas sus intenciones de seres pensantes, la ciudad, por su génesis y por su forma, depende simultáneamente de la procreación biológica, de la evolución orgánica y de la creación estética. Es a la vez objeto de la naturaleza y sujeto de cultura; es individuo y grupo; es vivida e imaginada: la cosa humana por excelencia.”

Rescatando la última frase del texto del célebre antropólogo, filósofo y etnólogo francés, Negrón se aproxima a una vertiente complementaria que trasciende el urbanismo entendido como mera planificación ubicándose, como diría William Niño Araque, “a mitad de camino entre el pensamiento matemático, de modelos y el pensamiento contemporáneo relativo a la forma de la ciudad” o, en otras palabras, entre lo cualitativo que prioriza lo espacial, y lo cuantitativo que valora los estudios estadísticos y mira hacia aspectos normativos.

Negrón, quien no deja de insistir “que vivimos en un mundo eminentemente urbano y que según las estadísticas ya la mitad de la población vive en ciudades”, tradujo en 1969 Proyecto y Destino (Ediciones de la Biblioteca de la UCV) de Giulio Carlo Argan a quien conoció en su estadía en Italia entre 1965 y 1968. Finalizado el conflicto de la Renovación Académica de la UCV en 1971 se incorporó al CENDES-UCV donde permaneció hasta inicios de los 80, y donde también ejerció como Director de la Sociedad Venezolana de Planificación entre 1973 y 1977 y de Coordinador de Estudios para Graduados entre 1974 y 1977 para luego, a comienzo de los 80, incorporarse de lleno al Instituto de Urbanismo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV donde, desde entonces, desarrolla sus actividades de investigación y docencia de postgrado como profesor titular en los cursos de la Maestría en Planificación Urbana y profesor de la Cátedra de Teorías Urbanas (fundador) en el Doctorado en Ciencias Mención Urbanismo, de dicho Instituto.

Coordinador de Investigación del Instituto de Urbanismo (1985-1990), Coordinador del Sector de Estudios Urbanos de la Escuela de Arquitectura de la FAU-UCV (1988-1990) y miembro principal del Consejo de Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV entre 1984 y 1990, Negrón es electo Decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo durante dos períodos consecutivos: 1990-1993 y 1993-1996.

Presidente de la Fundación Fondo Andrés Bello para el Desarrollo Científico de la UCV entre 1997 y 2003; y, desde 2008 hasta que es eliminado en 2017, Asesor Principal del Instituto Metropolitano de Urbanismo, Taller Caracas, ejerce también como consultor independiente sobre temas urbanísticos.

Recibió la Orden José María Vargas de la UCV en su primera clase en1996; la Orden Francisco De Venanzi (UCV, 1998) y la Orden Diego de Losada en primera clase del Concejo Municipal del Municipio Libertador (1998).

Distinguido con el Doctorado Honoris Causa de la UCV en 2009 y, como ya dijimos, Miembro Honorario de la Academia de la Ingeniería y el Hábitat desde 2016, Negrón obtiene el Premio de la XI Bienal de Arquitectura (2014) en la categoría Publicaciones por el libro que hoy nos ocupa: La cosa humana por excelencia: controversia sobre la ciudad.

Su actividad en el diario TalCual en su versión digital como columnista semanal, lúcido, crítico y atento a la realidad nacional e internacional que nos ha tocado vivir, no ha cesado encontrándose a la espera de una nueva recopilación editorial.
De entre los textos que más recientemente ha publicado se encuentran: “Ciudad e innovación tecnológica (mayo 1, 2018), “Renovación urbana” (agosto 7, 2018), “La ciudad después del apagón (marzo 19, 2019), “Campo y ciudad” (mayo 14, 2019), “El odio y la ciudad” (julio 9, 2019), “La ciudad de Pasquali” (octubre 15, 2019) y, más recientemente, “¿Cómo salir del laberinto?” (abril 28, 2020), “De la ciudad socialista” (junio 9, 2020), “Pobres alcaldías” (junio 23, 2020) y “¿Demasiado tarde?” (julio 7, 2020), dedicado al desplome del pasillo cubierto que bordea la “tierra de nadie” en la UCV. Material hay de sobra y puede consultarse en https://talcualdigital.com/author/marco-negron/

ACA

TEXTOS FUNDAMENTALES

Planes, planos y proyectos para Venezuela: 1908-1958

(Apuntes para una historia de la construcción del país)

Juan José Martín Frechilla

Universidad Central de Venezuela

Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico

Fondo Editorial Acta Científica Venezolana

Colección Estudios

1994

Planes, planos y proyectos para Venezuela: 1908-1958 (Apuntes para una historia de la construcción del país), aparece en abril de 1994 como resultado de una larga y exhaustiva investigación realizada por el arquitecto, profesor e investigador Juan José Martín Frechilla (FAU UCV, Promoción 19G / 1972) enmarcada dentro de una trayectoria que ha hecho de la «Historia social de la construcción territorial y urbana de Venezuela, siglos XIX y XX» una sólida línea de trabajo desarrollada a lo largo de más de 40 años dentro del Sector de Estudios Urbanos de la Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV.

El libro, prologado por Manuel Beroes, contiene en sus 446 páginas material documental inédito incorporado a la investigación, proveniente del arqueo del autor llevado a cabo directamente en el Archivo Histórico de Miraflores, el Archivo del Concejo Municipal del Distrito Federal, el Concejo Municipal de Distrito Sucre y en el Archivo Privado del Dr. Pedro Pablo Azpúrua (donado poco antes de la edición del libro por el Dr. Azpúrua al Sector de Estudios Urbanos de la Escuela de Arquitectura de la FAU UCV y que forma parte de la Unidad de Documentación INFODOC BD/JJMF/SEU-FAU-UCV identificado en su portal web como “Fondo Pedro Pablo Azpúrua).

Con carátula diseñada por Blanca Strepponi, composición y paginación electrónica a cargo de Servicios Gráficos Led, C.A. e impreso en los Talleres de Anauco Ediciones C.A., Planes, planos y proyectos para Venezuela: 1908-1958 (Apuntes para una historia de la construcción del país), da cuenta de cincuenta años que median entre la subida al poder del General Juan Vicente Gómez y la caída del General Marcos Pérez Jiménez fundamentales en el proceso de construcción institucional, social, económico y físico de la nación venezolana, en su impulso modernizador, en los intentos acertados o fallidos, por consolidar una compleja y efectiva implantación espacial sobre su territorio y sus ciudades. En él se sostiene cómo aún y a pesar de las significativas rupturas políticas, se asiste sin solución de continuidad a un proceso, fundamentalmente liderizado por el Estado, para cuyo análisis, el nefasto y simplificador antagonismo “democracia y dictadura” poco ayuda en una valoración menos sesgada ideológicamente.

Además del Prólogo de Beroes y la Introducción del autor titulada “Historias por una sola razón”, el libro está compuesto de tres partes en las que se barre, según el énfasis que se le da a cada una, por completo el período 1908-1958. En la primera se presentan y desarrollan ampliamente los argumentos que hacen al autor afirmar que durante el lapso estudiado Venezuela era “Un país vulnerable” (recogido en dos capítulos: “USA y nosotros: Las restricciones de la debilidad” y “Nosotros solos: Las razones para la debilidad”); la segunda titulada “Todo por hacer” se ocupa de los programas y acciones que se pusieron en marcha para lograr su transformación (dividida en dos partes “Discursos y programas para establecer el orden y alcanzar el progreso” y “El Estado se transforma, planifica e interviene”); y en la tercera, dedicada justamente a “La construcción del país” (separada en dos secciones: “Para integrar el territorio nacional” y “Caracas entre la renovación y el ensanche”), se dedica a mostrar los hechos que evidencian el desarrollo territorial y urbano como expresión morfológica concreta del proceso. Cierra la edición con un epígrafe titulado “…Nuestra historia”, un “Apéndice bibliográfico y documental”, la “Bibliografía” y los “Índices” (de cuadros, de gráficos y general) que aportan un valioso material, equiparable al propio contenido de la publicación, fundamental para la tarea de emprender futuras investigaciones.


Del Prólogo  podemos extraer varias ideas que ayudarán a entender por qué estamos ante un texto fundamental dentro de la historiografía venezolana. Así, apunta Manuel Veroes: “Este es un trabajo de investigación histórica. Y lo es, apreciado desde la corriente más avanzada que dicha investigación muestra hoy en Venezuela. Me refiero a aquella que conceptúa y ejerce la tarea investigativa histórica como vehículo para en conocimiento, la comprensión y la explicación de los procesos sociales vistos dentro de sus expresiones temporal y espacial, en base esencialmente al amplio manejo de fuentes directas o primarias (documentales, hemerográficas y también testimoniales, gráficas, auditivas, audiovisuales), al análisis exhaustivo y riguroso y objetivo de tales fuentes y a su interpretación. Cabe acotar que la mencionada corriente, de vieja presencia en el país pero hasta hace poco limitada a pocos seguidores, avanza en oposición a otras concepciones y/o prácticas de la investigación histórica que prevalecieron durante muchos años o, al menos, tuvieron mucho peso en algunos lapsos. Entre esas otras concepciones y/o prácticas, aún vigentes aunque en declive, destacan la del acopio de datos con fines meramente descriptivos, la del trabajo realizado sólo o principalmente con bibliografía secundaria, la del ‘relleno’ de esquemas preconcebidos con datos ‘ajustables’ a ellos y la de la especulación o la generalización a partir de uno o de muy pocos datos”. Palabras que hablan muy bien del investigador y del trabajo realizado más aún si se considera que se trata de un arquitecto que se podría considerar como un egresado universitario no formado específicamente en historia, lo cual lo convierte en referencia de cómo el enfoque asumido se abre en otros campos disciplinares.

Sustenta Veroes su apreciación por una parte en el hecho de que “J.J. Martín aprehende y aplica los dos principios básicos del método que orienta la actividad de la corriente histórica que he destacado: el de totalidad y el de proceso. (…) … el arquitecto se coloca plenamente en la perspectiva histórica, y la maneja con el cabal sentido de que lo histórico es concurrencia de múltiples factores dialécticamente vinculados, los cuales se desarrollan en el tiempo y en el espacio (…) (donde cada uno tiene su importancia), variable según las situaciones y los momentos y, por ende, no hay ninguno que predomine permanentemente. (…) En consecuencia, hay que analizar cada hecho y reflexionar el conjunto”.

En segundo término reconoce Veroes que si bien J.J. Martín aborda la temática desde su “sistema de prejuicios” sabiéndose que nunca “se parte de cero”, lo utiliza “como una referencia inicial y va a fondo en las fuentes documentales, testimoniales y gráficas especialmente para desentrañar al máximo los diversos aspectos de su estudio. No acepta de buenas a primeras lo que se le dice; busca confirmarlo o establecer su inexactitud en las fuentes. Descubre corrige, desecha elementos, apreciaciones o ideas al contacto con las fuentes. (…) pero … además el apego de J.J. Martín a las fuentes no es acrítico.”

Y, finalmente señala Veroes como otra virtud del investigador el hecho de que “entra de lleno en la historia contemporánea de Venezuela, a despecho de quienes aún predican la abstención (o abstinencia) por considerar imposible o inconveniente el estudio de lo reciente. Y lo hace, además, con la disposición de romper tabúes, de deslastrarse de prejuicios y de contrariar ‘verdades consagradas’ en tanto que su información y su reflexión lo llevan a ello”.

En resumen, Planes, planos y proyectos para Venezuela: 1908-1958 (Apuntes para una historia de la construcción del país) tras 25 años de su publicación es sin duda referencial. No en vano obtuvo el Premio Municipal de Literatura «Investigación social» 1995 del Concejo Municipal del Departamento Libertador y Premio Anual al Mejor Trabajo Científico en el área de Ciencias Sociales y Humanidades 1995 otorgado por el CONICIT.

Por otro lado J.J. Martín tiene en su haber, incluido el que nos ocupa, al menos cinco libros de autor, siete como coautor y más de cincuenta artículos aparecidos en publicaciones tanto especializadas como de divulgación, a lo que se suma el haber impulsado en 1975 la creación de la ya citada Unidad de Documentación INFODOC BD/JJMF/SEU-FAU-UCV, convirtiéndose hoy en día en una autoridad en el área en la que ha trabajado durante años.Planes, planos y proyectos para Venezuela: 1908-1958 (Apuntes para una historia de la construcción del país), que se ubica en primera fila dentro de aquellos textos que suman su valía al conocimiento y comprensión del proceso de construcción institucional, social, económico y físico de nuestro país, bien merece una reimpresión más cuidada que la originalmente aparecida en 1994, con una mejor diagramación y con un trabajo más acucioso de limpieza y edición del valioso material gráfico y fotográfico que la acompaña.

ACA

TEXTOS FUNDAMENTALES

Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista

Ciro Caraballo Perichi

Corporación de Turismo de Venezuela

1993

Editorial Ex Libris

Prólogo de Pedro Cunill Grau

Cuando en 1993 aparece Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista se llena otro importante vacío sobre un tema que nuestra historiografía había dejado de lado hasta ese momento.

Concebido como un ambicioso proyecto, auspiciado por la Corporación de Turismo de Venezuela, que a su vez originó una minuciosa investigación acompañada de un denso acopio documental, este libro “tapa dura” de 378 páginas, con formato tamaño carta y características de “coffee table”, permite a su autor, el profesor Ciro Caraballo Perichi, dejarnos en las manos una sustanciosa obra fácil de leer que además se convierte en referencia por su manera de repasar tanto la historia del tópico que aborda como los avatares asociados a sus temas fundamentales.

Prologada por el reconocido geógrafo Pedro Cunill Grau, quien, al adentrarse en las profundidades de la investigación resalta, “sin desconocer las innegables virtudes que tiene esta obra para la arquitectura y la historia”, su “aporte básico para la geohistoria del brutal cambio de la Venezuela prepetrolera a la Venezuela petrolera”, la publicación desarrolla una extensa “Introducción” necesaria para colocar a la hotelería y al turismo en contexto, tanto en cuanto al origen y evolución de ellos como protagonistas de la historia que se narra como en el  momento histórico que interesó escudriñar: la Venezuela gomecista.

La “Introducción” está integrada por tres partes: ADel albergue para viajeros al gran hotel”, compuesta a su vez por “Revolución Industrial: Revolución de la hotelería”, y “De la terma de salud a la terma de placer”; BDel viaje de salud al viaje de aventura”, contando como oportunidad para explayarse a través de “Las elegantes ciudades-balnearios a orillas del mar”, “El contacto con la prístina naturaleza salvaje”, “Comercio y aventura en los enclaves coloniales”, y “Los hoteles de veraneo en América Latina”; y CTurismo, un fenómeno del siglo XX”, desarrollado mediante “Organizando el fenómeno turístico”, “Teoría y práctica de la ciencia turística” y “América Latina: ¿un exótico destino alternativo?”.

Al enjundioso texto introductorio se añadirán para conformar el cuerpo central de la obra seis grandes capítulos:

el I Venezuela: El Hotel Comercial Republicano”, subdividido a su vez en otros dos subcapítulos, el A “Comercio y hotelería: un binomio del siglo XIX” y el B “Caracas: del ‘León de Oro’ al ‘Gran Hotel Klindt’ ”;

el IISalud y alojamiento: Venezuela siglo XIX”, conformado por A “Sitios de temperar: el ferrocarril como medio”, B “Balnearios de mar y río”, y C “Baños hidroterapéuticos y sitios termales”;

el IIIEl turismo y la empresa privada”, compuesto por A “Venezuela, un destino en los circuitos turísticos”, y B “La respuesta de la hotelería”;

el IVHotelería oficial: un ambiguo nacimiento”, integrado por A “El hotel termal: primogénito de los hoteles nacionales”, y B “El Miramar: inicio de la política oficial de turismo”;

el VMaracay, corazón turístico de Venezuela”, completado por A “Maracay, refulgente capital del gomecismo”, B “Maracay,: principal polo de atracción turística”, y C “Las instalaciones hoteleras en Maracay”;

y el VIEl Turismo: una política oficial”, complementado por A “El gobierno gomecista como promotor del turismo”, B “Los hoteles nacionales: promoción y funcionamiento”, y C “Turismo y gomecismo: ideas y proyectos inconclusos”.

Cierra el libro con un “Epílogo” que reflexiona sobre “Permanencia, decadencia y mutación” y se complementa con “A modo de conclusión”; exponiendo finalmente las “Fuentes” y un apetitoso “Anexo documental”, todos ellos material de consulta obligada sobre el tema.

Ya de por sí la lectura del índice transcrito creemos que genera la curiosidad necesaria y ofrece toda la amplitud que el tema tratado permite, por lo que no añadiremos comentarios adicionales más allá de reiterar la ligera y amena lectura que el libro comporta lo cual acrecienta su valor formativo e informativo. Sin embargo, si creemos importante señalar el fundamental apoyo y el valor instrumental que para quienes laboramos desde esta página tendrá la publicación con la finalidad de abrir a posteriori (a modo de Star Wars) un necesario preámbulo al viaje que emprendiéramos a través de la Red Hotelera Nacional, impulsada a mediados de los años 50 del siglo XX por la dictadura perezjimenista, que nos permitió mostrar, visitar y comentar las 12 piezas que la conformaron y que terminásemos de cubrir en el Contacto FAC nº 133 con el tercer texto dedicado al hotel Humboldt. Con ello queremos decir que Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista nos servirá para abrir desde ahora otra serie de notas que nos permitirán sentar las bases de lo que aquella experiencia significó, su vinculación con ésta última, si es que ello existió, y mostrar poco a poco las edificaciones que formarían parte de esta nueva saga.

ACA

textos fundamentales

Contribución al estudio de los planos de Caracas

La ciudad y la provincia 1567-1967

Irma De Sola Ricardo

Ediciones del Cuatricentenario de Caracas.

Dirección de Cartografía Nacional

1967

Contribución al estudio de los planos de Caracas: La ciudad y la provincia 1567-1967, publicado por el Comité de Obras Culturales del Cuatricentenario de Caracas, es una voluminosa edición que selecciona y recoge los mas importantes planos que han representado a la ciudad a lo largo de su historia. No resulta casual que su titulo sea “Contribución”, tal cual y como lo declara su autora, pues persigue ayudar al estudio de la urbe al abrir un capitulo inicial en la exploración de su cartografía, así como de otras ciudades del interior del país que formaron parte de la Provincia de Caracas. Los 114 planos y mapas, las 20 fotocopias y las 165 fichas de planos que presenta De Sola, cuya tarea de recopilación y curaduría comenzó cuando se le encomendó la catalogación de los planos que se ofrecieron en la Segunda Exposición Bibliográfica sobre Caracas de 1957, abren un infinito mundo de posibilidades para la comprensión de la historia a través de la representación de momentos históricos específicos.  

Este libro es una “rara avis” dentro de la prolífica producción intelectual de la escritora venezolana Irma De Sola Ricardo nacida en 1916, hija de padres oriundos de Curazao, pues ella es más conocida por poemarios, ensayos, e investigaciones relacionados con la lucha por los derechos de la mujer y el niño. Obras como “Balbuceos” – poemas (1938), “El americanismo y la colaboración de la mujer y de las juventudes en el acercamiento de los pueblos del nuevo continente» – ensayo (1938), “Síntesis” – cuentos (1940) o “Teresa de la Parra semblanza de una escritora” – ensayo (1982), evidencian un universo literario muy distinto al gran “libro gris” que publicó en 1967.  

El ensayo inicial que precede a los planos muestra las infinitas posibilidades que ofrece el rico mundo cartográfico y su vinculación con la historia, donde De Sola se pasea por diversos temas y episodios de la ciudad haciendo referencia a los valores urbanos de la capital y la importancia de su conservación y rescate. No faltan menciones que van desde aspectos de memoria e identidad, a otros de carácter legal, normativo, arquitectónico, histórico, ilustrativo, didáctico, pintoresco y turístico, pasando por sugerencias prácticas sobre la importancia de la nomenclatura caraqueña, y que evidencian la complejidad de la construcción urbana de una ciudad que se ha venido gestando por más de cuatro siglos.

El libro, de gran formato, horizontal (59×39 cms. en cartoné), de 281 páginas, pensado para mostrar los planos a escala adecuada, posibilita según las ideas de Karl Schlogel “leer el espacio en el tiempo”. Armar este relato le tomó a De Sola 9 años de investigación y peregrinaje. Es quizás el único compendio cartográfico extenso de la capital venezolana y una pieza de gran valor investigativo, hoy difícil de conseguir. La portada diseño de Mateo Manaure, lo hace aún mas especial. El formato permite hurgar en detalle sobre los planos y escudriñar en episodios cartográficos, para visualizar hechos del urbanismo y la arquitectura de la ciudad gracias a que su encuadernación permite desprender independientemente cada una de las hojas que lo conforman.

Desde un punto de vista investigativo De Sola más que proporcionar respuestas, es hábil en generar preguntas a través de los planos, que hablan por si solos, y van construyendo, a medida que se avanza, una compleja y rica lectura de la historia de la ciudad, invitando al lector a pensar en el lenguaje y finalidad de cada mapa, como una forma de conocimiento.

La reproducción de los planos en el libro no fue un tema menor. De Sola ilustra de forma cronológica la evolución de la historia, el proceso de creación y desarrollo de la capital, que requirió un manejo por parte de expertos en impresión en los talleres de la Cartografía Nacional, para poder manipular y reproducir cada plano en blanco y negro, conservando los atributos propios de cada uno, por la perdida del color.

Desde planos antiguos del siglo XVI, que nos muestran como nos veían los conquistadores y cuyo encanto radica en su muy personal forma de representación que se acerca al manuscrito, pasando por los maravillosos planos de reconocidos ingenieros y cartógrafos Venezolanos como Eduardo Röhl o Ricardo Razetti, hasta complejos planos técnicos elaborados por la Dirección de Cartografía Nacional, a mediados del siglo XX, De Sola muestra un mundo infinito de historias y episodios que se transforman en nítidas representaciones que congelan la ciudad en momentos específicos. El libro es en realidad una compilación informativa de documentos, a ratos fresca y a ratos obsesiva, llena de transcripciones exactas de los textos de los planos y de útiles anotaciones propias de la autora, que deja abiertas múltiples interrogantes sobre la época histórica contenida en cada mapa y las razones que detonaron profundos cambios en su fisonomía.

La aproximación de la autora no persigue ser académica ni rigurosa. En efecto, De Sola es absolutamente honesta al declarar que el ensayo no pretende ser una cátedra. Su mérito, más bien, está en haber reunido una colección de planos de la ciudad de distinta índole y procedencia: desde algunos que reposan en el Archivo General de Indias de Sevilla y el Histórico Militar de Madrid, hasta los elaborados por Cartografía Nacional o que forman parte de archivos particulares, entre otros.

La compilación realizada por De Sola formó parte de una serie de monografías cuyo objeto fue acopiar material sobre diversos aspectos actuales e históricos de la vida de la capital, con motivo de cumplirse cuatrocientos años de su fundación. Estas monografías estuvieron a cargo de la Comisión Nacional para el Cuatricentenario de Caracas dirigida por el Presidente del Comité de Obras Culturales, Don Alfredo Boulton actuando Pedro Grases como secretario.  Por otra parte, la Comisión Nacional, de carácter multidisciplinar, que abarcaba distintos ámbitos para la difusión de los valores de la ciudad en aniversario, estaba integrada por el Gobernador de Caracas, Raúl Valera, Augusto Márquez (Comisionado especial de la Presidencia); Tomás Carrillo Batalla (Presidente del Comité de Obras Económicas); Julián Ferris (Presidente del Comité de Obras Públicas) y Carlos Eduardo Frías (Presidente del Comité de Obras Cívicas). Dentro de las publicaciones con fines conmemorativos que formaron parte de esta serie, se encuentran: “Caracas en tres tiempos” de Carlos Raúl Villanueva (1966); “El Área Metropolitana de Caracas” de Marco Aurelio Vila (1965); y la “Fundación y la conquista de Caracas” de el Hermano Nectario María (1966).

IGV

textos fundamentales

Fervor de Caracas

Una antología literaria de la ciudad

VV.AA

Prólogo y selección: Ana Teresa Torres

Fundavag Ediciones

2015

Cuando el año 2015 aparece Fervor de Caracas ya la ciudad que tantos amamos y odiamos, disfrutamos y sufrimos, valoramos y denigramos había entrado en un proceso creciente de deterioro del cual lejos de recuperarse ha mostrado signos preocupantes de empeoramiento en cuanto a la calidad de vida que ofrece. Cifras estadísticas llegan a diario a nuestras manos que dan cuenta de los innumerables problemas relacionados con la inseguridad, las fallas en los servicios públicos, el maltrato a los espacios públicos, el desgaste por falta de mantenimiento de sus edificaciones, el desmoronamiento de sus calles y avenidas y, como no, la paulatina disminución de su población a causa de una crisis económica y política que aún no cesa.

Sin embargo, aunque latente, la recopilación de textos sobre Caracas que realiza Ana Teresa Torres nos lleva por otros derroteros distintos a los de la cruda objetividad del técnico o el especialista que sabemos la ha estudiado desde su particular atalaya sea esta sociológica, estadística, antropológica, política o urbanística. El esfuerzo realizado por Ana Teresa Torres, psicóloga de profesión, dedicada a escribir y bien desde hace muchos años, esconde su particular pasión por la ciudad capital a través de sus vivencias acumuladas como habitante de ella plasmadas en un hermoso “Prólogo” salpicado de notas que a modo de pistas permiten recorrer su producción narrativa (titulado “Caracas: itinerario sentimental”), pasión que luego la extiende cuando, explorando exhaustivamente el universo de la creación literaria, nos permite, aunque sea por un momento, incursionar en el terreno de la subjetividad y la imaginación de la mano de piezas y autores que abarcan desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

Se trata éste, pues, de un trabajo basado en una meticulosa investigación signada por la acuciosidad que brinda el rigor de quien se aproxima a un objeto de estudio  complejo, contradictorio y cambiante. El producto, dio como resultado un volumen de 597 páginas donde se dan cita 91 autores de todas las épocas cuyos textos fueron seleccionados siguiendo dos hilos conductores: la calidad literaria y el fervor por la ciudad. Los doce capítulos en los que fueron agrupados dan cuenta no tanto del peso de lo cronológico como de temas que, como bien dijo Elías Pino Iturrieta al momento de presentar el libro en la Feria del Libro del Caribe en marzo de 2016, están cargados de sensibilidad, permitiendo repasar las cercanías y alejamientos, frustraciones y regocijos, luces y oscuridades que a sus autores transmite una ciudad que “les da cobijo o los aprisiona, o no les da lo que necesitan, o les hace falta”, abriéndonos la puerta a una riquísima experiencia estética que recuerda indefectiblemente desde su título el Fervor de Buenos Aires de Jorge Luis Borges.

Aproximación al valle; La ciudad de la memoria; El paisaje, el mar, la montaña; Los barrios, las urbanizaciones, las esquinas; Calles, caminos y autopistas; Casas y mudanzas; Libros, ritos y conversaciones; Visiones y nocturnidades; Distancias, exilios y nostalgias; Estallidos, catástrofes y otras destrucciones; La ciudad dolida; y La ciudad imaginada, son los temas que a modo de excusas le sirven a Ana Teresa Torres para agrupar un diverso grupo de manifestaciones que van desde lo epistolar a lo anecdótico pasando por la poesía o el cuento breve. De más está decir que el libro ofrece tras su estructura la oportunidad al lector de entrar libremente a disfrutar de su amplio recorrido.

Leonardo Padrón al presentar por primera vez el libro el 24 de octubre de 2015 afirmaba sobre nuestra ciudad: “Caracas, la reina de la injuria y la lujuria, la entrañable y violenta, la del pasado demolido y el presente en vértigo, posee una no oficializada legión de devotos. Algunos más enfáticos que otros, más furiosos o esquivos. La hemos escrito desde el apego, la nostalgia, la desazón. La hemos inventado en crónicas, celebrado en poemas, desfragmentado en cuentos y novelas, procurado en ensayos. A Caracas también se le pinta, se le detiene en fotos, se le convierte en documental y película. Se le canta. Se le hiere y desgobierna. Caracas se derrumba un poco todos los días. Se reinventa de mes en mes. Es una mutante escenografía de cinco millones de personas que conviven en su asfalto hirviente y roto. (…) La indiferencia es su documento prohibido. Parece imposible vivirla y desechar la experiencia. Todo lo contrario. Se inmiscuye en el blanco de la página…”

Si la visión cruda de Padrón sobre Caracas puede dejarnos con un inevitable sabor a dura realidad, el monumental trabajo de Ana Teresa Torres nos transporta por sendas diferentes que, sin eludirla, bien podrían servir de sustento a su necesaria reconstrucción física y espiritual en tiempos donde la esperanza y el optimismo vuelven a formar parte de nuestra cotidianidad ante la proximidad del fin de una pesadilla que dura ya 20 años.

Por ello la interpretación que hace Rafael Castillo Zapata de Fervor de Caracas, publicada en fechas también próximas a su lanzamiento titulada “Un arca contra el diluvio”, donde relaciona la antología elaborada por Ana Teresa Torres con el libro Personajes alemanes de Walter Benjamin, puede llenarnos las alforjas del empuje y la inspiración que necesitamos en momentos como los actuales. Castillo se atreve a decir que Fervor de Caracas, y con ello cerramos esta nota: “… pertenece a esos raros libros (…) que pueden considerarse como arcas: en ellos están contenidos materiales que, tras el diluvio, pueden contribuir a restituir a la vida a una cultura arrasada por el caos provocado por los desatinos de la historia. Hace tiempo, visto el volumen del libro, su tapa dura, su longitud, pensé en él como en una tabla de salvación, un madero que podría servirnos para flotar en medio del mar enrarecido y embravecido en el que nos movemos y en el que, a juzgar por todos los indicios, seguiremos moviéndonos durante cierto tiempo aún. Pero la imagen del arca es, sin duda más hermosa y, sin duda, más justa. En el momento de peligro que hoy vivimos, el libro que Ana Teresa Torres ha compilado, puede cumplir el papel que Scholem, emocionado, le asignaba al libro de Benjamin, su amigo, cuando escribía: ‘El autor habría recogido en un libro construido como un arca, aquello que ha de ser capaz de resistir al diluvio’. Las connotaciones judías de esta imagen son más que evidentes y remiten, sin duda, al significado particular de las Escrituras sagradas. Por eso digo que, guardando todas las distancias, Fervor de Caracas puede cumplir, ahora, en este preciso instante de nuestra vivencia política contemporánea, un papel similar al que jugó el arca escrita por Benjamim, en aquel momento crucial para Alemania frente a la amenaza fascista, es decir el papel de dique de resistencia o de un instrumento de flotación. Fervor de Caracas está armado, en efecto, como un arca hecha para resistir al diluvio presente, inclemente, y al diluvio venidero, que sabemos que vendrá, pues siempre inevitablemente viene, aunque no sepamos cómo, ni cuándo ni hasta cuándo, ni de dónde ni por qué”.

ACA

TEXTOS FUNDAMENTALES

Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX

Leszek Zawisza

Ediciones de la Presidencia de la República

1988-89

La aparición en tres tomos, editados entre 1988 y 1989 por la Presidencia de la República, de Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX, significó para Leszek Zawisza (1920-2014) la culminación de un proceso que como docente e investigador activo dentro del Sector de Historia y Crítica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, lo llevó a ocupar un relevante nicho de dentro de la historiografía de la arquitectura venezolana.

Con esta obra Zawisza no sólo completó y organizó una valiosa información para entonces dispersa que dificultaba ver en su conjunto la arquitectura del siglo XIX venezolano, sino que afianzó un línea de trabajo que, como señala Alfonso Arellano en “Historiografía de la arquitectura venezolana. Arquitectura como arte” (revista Portafolio nº18, 2008), lo alejaba de posturas que valoraban la inspiración del arquitecto como artista que se revela tras la presencia de la idea de lo bello en el pasado construido que se examina, o de consideraciones históricas que buscaban transformar la realidad a partir del pasado o de una mítica autenticidad (o identidad) en la arquitectura venezolana, personificadas en las figuras de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, respectivamente. Por el contrario, afirma Arellano, “en la historia de Zawisza la noción de mímesis domina casi todas las descripciones de las edificaciones, tanto como considera la actuación de los arquitectos que las erigieron, progresando en la reproducción. No es casualidad, por tanto, que Zawisza examine el siglo XIX, la época del historicismo,

la era de la racionalización de la mímesis en la teoría y en la práctica de la arquitectura.”

Así, su visualización de la arquitectura como “arte realista”, su interés por “testimoniar y documentar la obra arquitectónica evitando toda crítica”, el acudir a la revisión de las fuentes documentales ya no “para examinar y aprehender los cambios sociales, políticos y económicos” o para “establecer o discutir sobre su significación”, sino para “reproducir las vicisitudes que condujeron hasta el objeto arquitectónico”, hacen de la tarea emprendida por Zawisza una labor que evade cualquier interpretación subjetiva y aspira a la neutralidad que ofrece la presentación pura y simple de los datos visibles encontrados.

Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX, a lo largo de sus tres tomos, es, según Arellano, “el resultado de una rigurosa investigación histórica, basada en una metodología filologista, derivada genéricamente del positivismo del siglo XIX”, donde se “demuestra un minucioso trabajo de rescate, atribución y datación de información documental, gráfica y fotográfica sobre la arquitectura y la ingeniería del siglo XIX, así como de los eventos sociopolíticos que las rodean. Cubre una amplia gama de fuentes hemerográficas y bibliográficas localizada en diversos archivos, la cual traslada al escrito histórico ampliándola en forma de comentario, adecuadamente relacionándola o entrelazándola, pero dejando claro que ella debe hablar por si sola.”

La valorización del material auscultado revela a través de la publicación su ordenación secuencial por períodos históricos, comenzando en los últimos años del siglo XVIII hasta 1830, o período de transición (recogidos en el tomo 1 de 329 páginas), continuando con los años que van entre 1830 y 1869, desde Páez hasta la Guerra Federal (tomo 2, 379 páginas), hasta llegar, finalmente, al período de Guzmán Blanco (tomo 3, el más voluminoso, 461 páginas).

También recoge Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX los frutos que Zawisza  sembró desde su incorporación a la planta profesoral de la FAU UCV en 1968 y de su trabajo entre 1979 y 1984 como Director del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas -CIHE-, en sustitución de Graziano Gasparini, período en que dicho Centro “emprendió las importantísimas investigaciones ‘Vivienda Rural en Venezuela’, ‘Arquitectura y Obras Públicas en Venezuela, 1908-1935’ y el ‘Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Venezuela’, todas bajo su coordinación junto con el profesor Ciro Caraballo y un valioso grupo de jóvenes investigadores, formados bajo su guía académica”, tal y como apunta Juan José Pérez Rancel en la nota aparecida en el portal la revista Entrerayas el 6 de julio de 2014, dos días después del fallecimiento de Zawisza, quien se había residenciado en Italia desde 1989.

Tampoco es de menor monta el hecho de que Zawisza haya publicado, previamente a Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX , como parte de una incesante calistenia: Alberto Lutowski: contribución al conocimiento de la ingeniería venezolana del siglo XIX (1980); La Academia de Matemáticas de Caracas (1980); y Colonia Tovar, tierra venezolana (1980) y, posteriormente, León Achiel Hoet, un ingeniero de la vieja Maracaibo (1989); y Breve historia de los jardines en Venezuela (1990), para cerrar con otra obra clave y absolutamente complementaria al texto que hoy nos ocupa: La crítica de la arquitectura en Venezuela durante el s. XIX (1998). También es importante el aporte realizado a través de los artículos que publicó en el Boletín del CIHE, la revista CAV y la editorial FUNDARTE pero resalta, particularmente, la edición del nº 59 de la revista Punto dedicada la “La Ciudad Universitaria de Caracas” donde bajo su coordinación se llevó a cabo un riguroso e impactante registro de la situación de deterioro de la Ciudad Universitaria, veinte años antes de que fuese declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Dominada en su gran mayoría por ingenieros-arquitectos, para Zawisza las obras  realizadas durante el siglo XIX en Venezuela “… no tienen ningún soporte teórico y en su base ninguna corriente cultural propia”, subrayando el hecho, resaltado por Arellano, de no encontrar ideas en el objeto. Se asume así una polémica postura (propia de la ideología del progreso, la ciencia y la técnica positivista) según la cual dichos objetos son lo que son “sin que haya que buscar significados más allá de su obvio y específico papel instrumental para la imagen del régimen de turno”, quedando despojados de la poética propia de los arquitectos, quienes además para Zawisza “no lograron lo que podría llamarse una escuela o corriente”, quedando reducidas las obras “tan sólo a una reproducción pragmática de modelos a partir de determinadas condiciones financieras, promotoras y técnicas, pero sobre todo políticas”. La ausencia de una poética en la arquitectura venezolana del siglo XIX, tesis desarrollada por Zawisza en La crítica de la arquitectura en Venezuela durante el s. XIX (1998), nos permite toparnos, no sólo con una justificación de la postura historiográfica asumida en Arquitectura y obras públicas en Venezuela. Siglo XIX, sino con la oportunidad de problematizar la tendencia superficial e imitativa que siempre nos ha acompañado y de preguntarnos si la carencia de una base teórica y de un trasfondo cultural, también presentes en lo que construía por aquel entonces, aún perdura.

ACA