Los arquitectos y académicos Rodrigo Pérez de Arce y Emilio De la Cerda presentaron recientemente (diciembre 2023) un libro imprescindible para cualquier ciudadano que se interese en temas patrimoniales, arquitectónicos, urbanos e históricos.
Las vidas de San Francisco. Arquitectura, patrimonio y ciudad es una publicación que indaga en profundidad sobre de la importancia del convento e iglesia de San Francisco en Santiago de Chile, así como en otras capitales latinoamericanas (Caracas, Bogotá, Montevideo, Rio de Janeiro, La Paz, Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima) donde la orden franciscana ha dejado un legado que perdura por más de cuatro siglos.
Pérez de Arce y De la Cerda, en su labor como editores, develan en el libro una trama de temas arquitectónicos, urbanos, patrimoniales alrededor de esta franquicia en Santiago de Chile, que se extendió a toda Latinoamérica. Dedican un capítulo a cargo de especialistas que analizan 10 enclaves franciscanos en las principales capitales de América del Sur y como han sobrevivido en el tiempo, a pesar de complejos desafíos urbanos y sociales, revelando las cambiantes fisonomías e interfaces urbanas en cada uno de ellos.
La investigación según Umberto Bonomo es “un atlas de la memoria franciscana en el continente”, que incluye a más de 20 colaboradores, locales e internacionales, entre los cuales se encuentra Silvia Arango, Felipe Correa, Paulo Dam, Juan Pablo Pekarek, Elvira Pérez, Inés del Pino, Alberto Quintela e Iván González Viso, entre otros, que fueron invitados a participar en el texto, así como cientos de planos, fotografías históricas y reconstrucciones planimétricas.
El libro es un aporte inédito, que enriquece y sitúa la comprensión de la iglesia y el Convento de San Francisco en Santiago en un contexto histórico y geográfico mayor poniendo de relieve las transformaciones que han sufrido, por la llegada del metro en el caso de Quito, por su cambio de uso y condición de microcosmos de transformaciones urbanas en el caso de Caracas, la pérdida de hitos importantes como el convento en el caso de Bogotá, la supremacía de la arquitectura moderna en la visión urbana en Río de Janeiro, por el plan regulador que divide en dos el conjunto en Lima, por la demolición del claustro en La Paz, por profundos cambios al estilo arquitectónico de la fachada en Buenos Aires o la ausencia de franciscanos en la iglesia en el caso de Montevideo.
Emilio de la Cerda y Rodrigo Pérez de Arce, además de ser los editores, escriben una buena parte de las más de 400 páginas del texto, que analiza las múltiples facetas de este hito patrimonial, su historia, su importancia patrimonial y urbana, reflejadas en una gran cantidad de planos, fotos y valiosa información visual producida en el taller del Magíster de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El texto nos permite conocer, la larga y extensa sucesión de proyectos y propuestas que tuvo el enclave franciscano de Santiago durante la segunda mitad del siglo XX y principios de este siglo donde participaron arquitectos como Juan Benavides, León Rodríguez, Rodrigo Márquez de La Plata, José María Peña, Raúl Irarrázabal, Hernán Rodríguez, Montserrat Palmer, Ernesto Labbé, Raimundo Lira y Patricio Schmidt quienes plantan diversas posturas asumidas en el siglo pasado respecto de cómo enfrentar el espacio patrimonial en términos doctrinarios y proyectuales.
En el caso de Caracas, el capítulo, a cargo de Iván González Viso, plantea que la manzana del convento de San Francisco es un microcosmos, una pieza capaz de explicar las tensiones urbanas que han ocurrido históricamente en el centro de la ciudad, pues su morfología actual es el resultado de las fricciones a partir de intervenciones arquitectónicas que se efectuaron en todos periodos de la arquitectura venezolana, cada uno con una visión distinta. Allí se descubre que en la manzana están presentes a partir de la Iglesia a cargo del Maestro Alarife Antonio Ruíz Ullán, obras o intervenciones de personajes como Olegario Meneses, Hurtado Manrique, Alejandro Chataing, Ricardo Razetti, Luis Malaussena, Rafael Bergamín y Carlos Raúl Villanueva.
Con una impresionante cantidad de información visual y representaciones arquitectónicas, en Las vidas de San Francisco también se plasman ocho propuestas contemporáneas para pensar en el futuro o simplemente en las posibilidades que ofrece este hito de Santiago de Chile producto de las investigaciones académicas proyectuales que se realizaron en el taller del Magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile dirigido por Pérez de Arce y De la Cerda.
Las vidas de San Francisco, es un libro que invita a la reflexión crítica y al debate en torno al patrimonio y su importancia en la sociedad a partir de los edificios de la orden franciscana, congregando un collage de piezas y ofreciendo valiosas visiones sobre cómo este proyecto continental cuyas trazas datan de hace más de 400 años se han desarrollado y transformado en el tiempo.
El libro es el séptimo volumen de la colección patrimonios, un aporte de Ediciones UC y el Centro del Patrimonio Cultural UC al reconocimiento del patrimonio y puesta en valor de sus manifestaciones en la sociedad, el territorio, la historia y las identidades.
A casi 40 años de su primera versión en Buenos Aires, el seminario de arquitectura más importante del continente vuelve a activarse tras la pandemia y en su 18va versión desembarca en el archipiélago Chiloé.
Gracias a una alianza entre la Delegación Chiloé del Colegio de Arquitectos de Chile, la Corporación de Estudios Urbanos y Arquitectónicos de Chiloé (CEUACH) , la Universidad de Los Lagos y la Universidad del Bío Bío, este mítico archipiélago será la próxima sede del Seminario de Arquitectura Latinoamericana, SAL y queremos invitarte a que seas parte de él.
Reserva la fecha y participa entre el 3 y 7 de diciembre del 2024 de este evento en el que desde el sur nos encontraremos en torno a las arquitecturas que nos conectan como continente.
…que en 1929 se inicia el desarrollo de la urbanización La Florida en Caracas?
1. La Florida. Avenida las Acacias. Postal (c.1940)
Luego del éxito obtenido a mediados de los años 1920 por Juan Bernardo Arismendi (1887-1982), asociado con Juan M. Benzo, Luis Roche y Santiago Alfonzo Rivas, en la construcción de San Agustín del Norte (la primera expansión de Caracas hacia el sureste) y más tarde, con Benzo y Tomás Sarmiento, en el desarrollo de urbanización El Conde (prolongación del trazado vial de la anterior), Arismendi junto a Roche (1888-1965) contratan en 1928, bajo la figura ampliada de una Asociación Civil (o “Sindicato”), al arquitecto Manuel Mujica Millán (1897-1963) para que diseñe, en terrenos de la Estancia Ávila (antigua hacienda cafetalera Los Bueno) y la Granja de los Chapellín, el plan de la urbanización La Florida, considerada el primer suburbio-jardín construido en la capital.
2. Manuel Mujica Millán. Izquierda: Plano de urbanización de la Florida en Santa Perpètua de Mogoda, Cataluña, en el que puede apreciarse el sistema de plazas que constituyen el sistema de centros y subcentros de la estructura urbana de la ciudad-jardín. Derecha: Dibujo de proyecto del trazado de la urbanización la Florida en Caracas caracterizada por los mismos rasgos.
El nuevo desarrollo, que contó con la participación del ingeniero-arquitecto Carlos Delgado Sarmiento y para el que se sumaron en la etapa constructiva Carlos Morales y la firma Miranda-Velutini, fue concebido por Mujica (llegado a Venezuela en 1927 contratado para corregir las fundaciones del hotel Majestic), apoyado en la formación recibida en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, la influencia del movimiento de la ciudad jardín en Barcelona conformado en 1912 y su órgano de divulgación (la revista Civitas, publicada a partir de 1914 durante una década) y su experiencia acumulada desde 1917, como parte de quienes dan continuidad al urbanismo novecentista catalán. De hecho, en 1925 (el mismo año en que se recibe de arquitecto), Mujica proyecta en Santa Perpètua de Mogoda, en las cercanías de Barcelona, otro desarrollo también denominado “La Florida” (muy bien documentado por Vicente Casals Costa en “Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña, 1917-1927”, https://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm), que muestra, pese a su carácter más modesto, los mismos rasgos propios de la ciudad jardín presentes en la urbanización caraqueña, constituyéndose ambas experiencias en referenciales dentro de su trayectoria así como fundamento para el diseño posterior, también en Caracas, de la urbanización Campo Alegre (1929-1932).
3. Luis Roche (izquierda) y Juan Bernardo Arismendi (derecha) fotografiados en San Agustín (1933)
El proyecto de Mujica para La Florida, analizado al detalle por Izaskun Landa en “Transferencias del modelo de urbanismo jardín europeo: el caso del primer suburbio jardín de Manuel Mujica en Caracas” (http://www-etsav.upc.es/personals/iphs2004/pdf/111_p.pdf), muestra “su experiencia en el lenguaje académico, destreza en la proyectación y desarrollo de conjuntos urbanísticos, pero en particular el dominio y conocimientos profundos sobre el urbanismo jardín en los términos funcionales, simbólicos y morfológicos planteados por (Raymond) Unwín y (Barry) Parker” en 1904 mediante la propuesta ganadora del concurso de Letcworth Garden City y en 1906 cuando proyectaron el suburbio londinense de Hampstead Garden siguiendo buena parte de los planteamientos formulados con anterioridad por Ebenezer Howard.
4. Situación de La Florida con relación al casco central de Caracas, registrada por primera vez en el «Plano de Caracas y sus alrededores» de Eduardo Rohl de 1934
Los predios agrícolas en los que se ubica La Florida están “separados del casco tradicional por otros cultivos, en un sector atravesado por una quebrada con abundante vegetación que generaría la atmósfera ideal para lograr el concepto del urbanismo jardín, además, estaba muy bien conectado al casco urbano mediante la ampliada Carretera del Este y el ferrocarril Caracas-Petare a través de la estación Sabana Grande”, explicará Landa.
5. Dos representaciones de La Florida. Izquierda: detalle del plano de Rohl de 1934. Derecha: Plano del parcelamiento donde se notan las diferencias en tamaño de los predios y se indican: con el número 1, la avenida Las Acacias; con el 2, la avenida Los Samanes; con el 3, la avenida Los Jabillos; con el 4, la avenida Los Manolos; con el 5, la avenida Los Pinos; con el 6, la avenida Los Mangos; y con el 7, el Club Florida.
La urbanización, cuyas fotografías rápidamente se convirtieron en ilustraciones de numerosas postales de la época, constaba de más de doscientas parcelas y en su desarrollo se marcó con toda claridad la diferencia entre dos zonas: una baja, al sur, (objeto del proyecto inicial elaborado por Mujica) que se estructuraba con base en una retícula que presenta una combinación de trazado regular e irregular (primer ejemplo de este tipo en la ciudad), donde destacan grandes avenidas arboladas jerarquizadas en función al ancho de la calle y diferenciadas por los nombres de las especies que les dieron nombre (acacias, samanes, jabillos, naranjos, almendros y manolos), con islas anchas, paseos peatonales y doble hilera de árboles, bancos y ornamentos, así como amplias aceras y variedad de redomas y plazoletas ajardinadas de diversas formas y tamaños propuestas en las intersecciones viales, todo lo cual serviría de marco a la aparición lujosas quintas unifamiliares aisladas con amplios jardines, caldo de cultivo de una arquitectura de variados lenguajes estilísticos.
6. Postal de la urbanización La Florida mostrando una de sus avenidas (c.1940)7. Diversas tipologías y estilos de quintas que se ubican en terrenos de diferentes tamaños caracterizan el desarrollo de La Florida.
La zona alta, al norte, con mayor pendiente dada su proximidad al Ávila, fue desarrollada combinando parcelas de mediano tamaño con otras destinadas a ofrecer en venta soluciones dirigidas a la clase media y profesional, muy acordes a la manera cómo Arismendi solía enfrentar sus emprendimientos. Así, aunque las avenidas procurarán mantener nombres de especies de árboles (en este caso mangos, chaguaramos, pinos o pomagás), disminuirán su sección, las parcelas su metraje y las quintas (de menor tamaño) adoptarán otros rasgos más anónimos e incluso aceptarán la presencia de modelos repetitivos, sin dejar de mirar o recrear los estilos de las soluciones que prevalecían al sur. Si en el plan de venta inicial se pueden encontrar parcelas de hasta 3000 m2 de terreno que albergan mansiones de 1000 m2 de construcción, el posterior desarrollo registra la presencia de casas cuya área de construcción oscila entre los 100 y los 200 m2 en terrenos que rondan los 1000 m2.
8. Postal de una de las avenidas de La Florida (c.1940)9. Avenida Los Manolos entre las avenidas Las Acacias y Los Samanes (c.1930). A la izquierda puede apreciarse la «torre» del Club Florida.
Cuando La Florida empieza a promoverse como “un jardín en Caracas”, varios aspectos son resaltados en el folleto publicitario impreso para tal fin (toda una novedad para la época) por quienes tienen a su cargo convencer a los futuros compradores de terrenos. De entre ellos el énfasis en el uso del automóvil para desplazarse y conectarse con el resto de la ciudad, síntoma inequívoco de modernidad y de “evolución constante de las condiciones de vida”, surge como paradójico anhelo contrapuesto a la “búsqueda de aire y tranquilidad” que se enarbola como argumento para vender la “superioridad de la casa de campo sobre la casa de la ciudad”, y más aún cuando se plantea “el auto con sus ruidos y sus gases (como) destructor de nervios y de salud”. Al exponerse: “Si el trabajar en la ciudad es inevitable, el vivir fuera también lo es” y se añade “Hemos llegado, pues, a la conclusión de que en bien de nuestros hijos… debemos dejar la ciudad al comercio… y debemos buscar en medio de la naturaleza, oxígeno para los pulmones y sedativo para los nervios”, no deja de sorprender que también se subraye la “proximidad a Caracas” y el asegurar que “se está en plena ciudad: a siete minutos en auto de la Plaza Bolívar”.
10. Acceso a La Florida desde la Carretera del Este por la avenida Las Acacias.
El encuentro de la avenida Las Acacias con la Carretera del Este marcará el acceso vehicular a la urbanización y estará enfatizado con la presencia de una plaza ajardinada. Pensada como un bulevar y a la vez vía principal, Las Acacias fue diseñada inicialmente con una anchura de 52 metros y “presenta un trazado en sentido norte-sur adaptado al recorrido y pendientes de la quebrada mediante líneas curvas amplias y muy suaves” que finaliza en las estribaciones de la Silla de Caracas. “Así mismo, en el cruce de esta avenida con la línea del ferrocarril se conforma otra plaza (…) (suerte de) nodo del trazado vial a partir de la cual se originan dos bulevares de menor jerarquía en el mismo sentido norte-sur (las avenidas Los Samanes y Los Jabillos), diseñados también con un trazado sinuoso y suave e integrados mediante calles transversales de menor jerarquía (…), algunas de las cuales finalizan en calles ciegas que rematan en redomas o plazas que presentan una gran riqueza de formas geométricas, tal como los ejemplos ingleses”, puntualizará Landa. El más importante bulevar transversal será la avenida Los Manolos cuya posterior prolongación hacia el oeste hasta San Bernardino dará origen a la avenida Andrés Bello cuyo impacto, sin duda, alterará significativamente las condiciones iniciales deseadas para la urbanización.
11. Fachada principal y postal de los espacios interiores del Club Florida (c.1935), atribuido a Manuel Mujica Millán.
Sobre Los Manolos entre las avenidas Los Samanes y Los Jabillos se ubicará el Club Florida, de carácter privado, referencia para la Caracas de entonces y centro institucional, social y simbólico de la urbanización, que incluyó parques, jardines y canchas deportivas pero ningún espacio público. Esta particularidad hará que el desarrollo, pese a sus evidentes similitudes formales con el urbanismo jardín, al no escoger a la iglesia o la escuela para asumir el rol de nodo cívico permita afirmar a Landa que “…La Florida podría ser considerada como el primer ejemplo de suburbio jardín en Caracas únicamente en los términos conceptuales, funcionales y morfológicos planteados por Unwin y Parker, debido a que dos de los conceptos esenciales del urbanismo jardín planteados por Howard nunca fueron aplicados en Caracas”. La inexistencia de espacios públicos notables en La Florida no se producirá ni siquiera cuando el terreno del club, una vez demolido, sea destinado a la construcción de la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá y el colegio San Antonio.
12. Izquierda: Quinta Guari, construida por el matrimonio Planchart-Braun como su residencia en la avenida Los Pinos (demolida) de donde luego se mudarían a «El Cerrito». Derecha: Quinta Casa Blanca (1937), ubicada en el cruce de las avenidas Los Naranjos con Los Samanes proyectada por Manuel Mujica Millán (1897-1963) a solicitud del general José María García (demolida).13. Casas encargadas para ser vendidas por Juan Bernardo Arismendi en La Florida a Manuel Mujica Millán (izquierda) y a Carlos Raúl Villanueva (derecha) durante los años 1930.14. Las dos quintas de rasgos modernos que Villanueva diseñara como viviendas familiares propias ubicadas ambas en La Florida. La nº36 de la avenida Los Manolos (1934, demolida) (izquierda) y Caoma (1953) en la avenida Los Jabillos (derecha).
Vale la pena recordar que Carlos Raúl Villanueva llega a Venezuela justamente en 1928 en pleno proceso de gestación de La Florida y que contraerá nupcias con Margot Arismendi Amengual (hija del promotor del urbanismo) en 1933. Este hecho le permitirá diseñar en la urbanización sus dos primeras viviendas familiares: la casa nº36 de la avenida Los Manolos cruce con Los Samanes (frente al club) en 1934 (demolida en 1979), y luego Caoma en la avenida Los Jabillos de 1953 (que habitará hasta su fallecimiento en 1975), construida tras derribar la quinta propiedad de su esposa que ocupaba la parcela donde se habían mudado a finales de la década de 1930 de la que sólo se conservará el nombre. También le dará la oportunidad de colaborar con su suegro proyectando numerosos modelos de quintas dentro de la urbanización que se repetirán y estarán al alcance de un mayor número de personas, las cuales han sido estudiadas por Luis Polito en “Las quintas de Manuel Mujica Millán y Carlos Raúl Villanueva alrededor de los años ’30”, Trabajo Final presentado para obtener el título de Magister Scientiarum en Historia de la Arquitectura de la FAU UCV en 1996.
“Debido a su inmediato éxito inmobiliario entre la creciente clase media alta, que no solamente exigía un urbanismo de calidad sino que también requería identificarse a través de los nuevos códigos y valores estéticos nacientes en los países centrales, La Florida se constituyó como el modelo de urbanización a seguir y por lo tanto se convirtió en arquetipo de los promotores inmobiliarios a partir de los años treinta. Así, San Bosco, San Bernardino, Los Caobos, Altamira, La Castellana, Colinas de Bello Monte y otras urbanizaciones ubicadas en el sur-este de Caracas serían a su vez, trasplantes, reinterpretaciones y adaptaciones -con mayor profusión o menor utilización de elementos comunes, según el caso- del lenguaje formal de La Florida y por lo tanto de los códigos funcionales y morfológicos del urbanismo jardín europeo”, concluirá Landa.
15. Vistas aéreas de La Florida hoy. Izquierda: diluida dentro de la trama urbana aún pueden distinguirse sus principales calles arboladas. Derecha: Esquina entre la avenida Andrés Bello y la avenida Los Jabillos con la iglesia de La Chiquinquirá y el colegio San Antonio ocupando el espacio donde estuvo el Club Florida e insinuando un conjunto urbano con potenciales espacios públicos que no existen.
Afectada como ya señalamos por su apertura franca a la ciudad, por cambios en su zonificación y por la aparición cada vez más extendida de usos comerciales, La Florida con el tiempo ha sufrido un proceso de creciente deterioro que ha derivado en la desmejora de su calidad ambiental pese a que conserva el verdor en sus avenidas y la frondosidad de los árboles que aún dan nombre a muchas de sus calles.
ACA
Procedencia de las imágenes
Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2. Casals Costa, Vicente. «Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña, 1917-1927», Biblio 3W, Vol. XVI, nº 925, 2011 (https://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm); y Di Pasquo, Carlos. Caracas 1925-1935. Iniciativa privada y crecimiento urbano, Universidad Central de Venezuela, 1985.
3. Roche, Marcel. La sonrisa de Luis Roche, Ediciones Arte, 1967
4. De Sola Ricardo, Irma. Contribución al Estudio de los Planos de Caracas 1567 – 1967, Ediciones del Comité de Obras Culturales del Cuatricentenario de Caracas, 1967
5. De Sola Ricardo, Irma. Contribución al Estudio de los Planos de Caracas 1567 – 1967, Ediciones del Comité de Obras Culturales del Cuatricentenario de Caracas, 1967; y Polito, Luis. Las quintas de Manuel Mujica Millán y Carlos Raúl Villanueva alrededor de los años ’30, Trabajo Final presentado para obtener el título de Magister Scientiarum en Historia de la Arquitectura, FAU UCV, 1996.
12. Gómez, Hannia. El Cerrito: la obra maestra de Gio Ponti en Caracas, ULTREYA/Fundación Planchart, 2009; y Gasparini, Graziano y Posani, Juan Pedro. Caracas a través de su arquitectura, Armitano Editores/Fundación Fina Gómez, 1969.
Con la apertura el día 17 de julio de 2015 de la exposición “Suite IBERIA. La arquitectura de influencia española en Caracas” en la Sala Trasnocho Arte Contacto (TAC), ubicada en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, Docomomo Venezuela logró dar un segundo paso en su interés por documentar y registrar la importante huella dejada por las migraciones que durante el siglo XX se produjeron desde Europa y, particularmente, su impacto en la trama urbana caraqueña. Se sumaba esta muestra a “Las Italias de Caracas”, abierta en 2012 en el mismo espacio, centrándose ambas en ofrecer al público ejemplos de arquitecturas, espacios urbanos y obras de arte urbano y aplicadas a la arquitectura por una población diversa de profesionales que encontraron la oportunidad de insertarse en una ciudad que deseaba modernizarse.
1. Suite IBERIA. Sala 1 con la maqueta de Las Guaycas en el centro (f. Rafael Santana, 2015)2. Vista general de la exposición (f. Rafael Santana, 2015)
La exhibiciónque abarca un rango temporal que va desde 1900 a 1970, producto de dos años de investigación, contó con una minuciosa y cuidada curaduría realizada por Hannia Gómez (quien también elaboró los textos) junto a Valeria Ragonne y el apoyo de Isabella Santander, un correcto montaje museográfico y un hermoso catálogo a cargo de Bettina Bottome y Antonio Huizi, responsables también del diseño de los paneles de sala, de entre los cuales destaca un vasto mosaico logrado mediante la recreación gráfica de imágenes captadas durante el proceso de elaboración del trabajo. Así mismo, estuvo acompañada por una serie de impecables maquetas realizadas por un equipo de estudiantes de la Pasantía Académica FAU UCV-Docomomo, guiados por el profesor arquitecto Víctor Sánchez Taffur. El no menos importante registro fotográfico del valioso material recopilado fue realizado por varios de los miembros de Docomomo Venezuela: Frank Alcock, Sandra Carrillo, Marylee Coll, Adriana Garcia Bruzual, Elías González, Sara Maneiro, Rafael Márquez Gil, Alfredo Mata, Valeria Ragonne, Gregory Vertullo y Rossella Consolini.
En la organización también participó la Embajada de España en Venezuela y se contó con el patrocinio del Fondo de Valores Inmobiliarios, Belfort, Banco Exterior y Repsol.
Enmarcadadentro de la celebración del aniversario 448 de la fundación de Caracas, la muestra estuvo compuesta de 25 capítulos, encabezados por frases provenientes de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, escrito entre 1605-1615 por Miguel de Cervantes y Saavedra y cuya segunda parte celebraba los 400 años de su publicación.
3. Algunos de los paneles y dos de las maquetas (f. Rafael Santana, 2015)4. Izquierda: Salas 2 y 3 . Derecha: Sala 2 con la maqueta de las obras de Velutini & Bergamín en el Centro Histórico de Caracas (f. Rafael Santana, 2015)
Así, el proyecto abordó y plasmó mediante obras, fotografías, textos, documentos y maquetas, el trabajo de 27 arquitectos, urbanistas, ingenieros, constructores, artesanos, técnicos y artistas de origen español que desarrollaron una fructífera y apasionada obra en el país. Entre ellos destacanen el renglón de arquitectos José Abásolo, Valentín Beato Téllez, Rafael Bergamín, Félix Candela Outeriño, Juan Capdevila Elías, Francisco Iñiguez de Luis, Amós Salvador Carreras y Logroño, Urbano de Manchobas Careaga, José Mimó Mena, Isidro Monzón Ortiz de Urriola, Manuel Mujica Millán, Eduardo Robles Piquer, Miguel Salvador Cordón, Fernando Salvador Carreras, Miguel Salvador Díaz, Eduardo Torroja Miret, José Lino Vaamonde y Javier Yárnoz Larrosa. Igualmente figura la obra monumental concebida para espacios públicos o de menor escala de artistas como Ángel Cabré i Magrinyà, José Chicharro Gamo, Pablo Emilio Gargallo, Emilio Laiz Campos, Baltasar Lobo, Victorio Macho, Ernesto Maragall i Noble, Andrés Martínez Abelenda y Abel Vallmitjana i Vallés. De las maquetas expuestas tres corresponden a la Quinta las Guaycas de Manuel Mujica Millán en Campo Alegre, una a las obras de Velutini y Bergamín en las cuadras de los alrededores de la Plaza Bolívar, y otra al edificio Donosti de Miguel Salvador Cordón en Las Mercedes.
5. Mosaico.
Hannia Gómez, autora del texto central del catálogo de la exposición titulado “Suite Iberia”, dividido en cinco partes: Trabajos capitalinos, Solares, Evocaciones, Arte nuevo y Mosaico, mediante los cuales contextualiza la exhibición, señala en la primera de ellas: “En el siglo veinte la migración española terminó convirtiéndose en la colonia europea más cuantiosa de la capital. Su presencia cultural, unida a la prolongada influencia de España, ya era algo natural, casi propio, que estaba allí desde tiempo inmemorial, es decir, desde 1567, y que por lo tanto encontramos prácticamente fundido con lo caraqueño. Esta es una situación que hace un tanto más difícil al observador común de la arquitectura moderna la diferenciación entre lo caraqueño y lo español. Y es que esas arquitecturas, obras de arte, ingenierías y urbanismos ahora ya no son, como cuando fueron construidas, obras de influencia española. Ahora, son Caracas”.
6. Portada y algunas de las páginas interiores del catálogo de la exposición.
Allí mismo, acerca de la llegada de mano de obra calificada facilitada por los gobiernos venezolanos en la primera mitad del siglo XX y el impacto transformador generado por la diversa gama de profesionales que inspiraron y protagonizaron la exhibición Gómez apunta: “influenciaron la manera de hacer arquitectura, dieron un vuelco a la calidad de la construcción, permitieron que se acometieran proyectos más complejos y más atrevidos, multiplicaron sus lenguajes arquitectónicos, ampliaron sus repertorios formales y urbanos. Pero, sobre todo, llenaron a Caracas de experticia, de arquitectura de formación académica, de arquitectura urbana, y también, de arquitectura popular y rural rica en lenguajes ornamentales y regionalismos”.
Y cierra: “La modernidad española prendió con fuerza en nuestra ciudad. Sentaba bien monumentalizando un Centro Histórico trazado como un damero lleno de esquinas; los neohispanismos fueron una exitosa expresión de continuidad para la arquitectura colonial, muy tropicalizable, y las vanguardias de la modernidad española encontraron un territorio más que propicio para renovar la invención. Los españoles, fundadores de ciudades, tuvieron en el valle de Caracas una América en miniatura que sembraron de urbanismos. (…) Porque la ciudad es la empresa más formidable para los españoles”.
7. Izquierda: Encuentro de Docomomo Venezuela con el profesor Víctor Sánchez Taffur y los estudiantes de la Pasantía FAU UCV/Docomomo VE . Derecha: Charla «Rafael Bergamín: la renovación conceptual de la arquitectura» dictada por Nikolajs Sidorkovs
La exitosa muestra que estuvo acompañada de un interesante ciclo de charlas (continuación dela serie de conferencias itinerantes «Las Ciudades Invisibles de Caracas» realizadas con el CENTRO de la Ciudad desde 2004),clausuró el día 30 de agosto de 2015 dejando un memorable recuerdo y un listón difícil de superar por este tipo de eventos.
Para finalizar el año hemos querido recordar que también en este 2023, dos libros fundamentales han celebrado aniversarios redondos contados desde su aparición.
Se trata de obras contrapuestas que dan cuenta de manera nítida las diferencias existentes entre dos maneras de entender la estética.
De lo recopilado desde diferentes fuentes hemos elaborado dos notas que retrotraen el interés y la vigencia que cada texto mantiene invitando con ello a revisarlos de nuevo.
1. Portada de la edición japonesa de 1939 de In’ei raisan (El elogio de la sombra) impresa por Sogensha.
El primero es EL ELOGIO DE LA SOMBRA de Junichirō Tanizaki (1886-1965), que ha llegado a los 90 años.
Publicado en 1933 en japonés como In’ei raisan (陰翳礼讃) por Chaukoron-Sha, Inc., El elogio de la sombra es un manifiesto sobre la estética japonesa. En él se argumenta que en Occidente la belleza siempre ha estado ligada a la luz, a lo brillante y a lo blanco, y que lo oscuro, lo opaco y lo negro siempre han tenido una connotación negativa. Sin embargo, Tanizaki argumenta que en Japón la sombra no tiene una connotación negativa y es considerada como parte de la belleza.
A lo largo del libro su autor explora la relación entre la sombra, lo tenue, el contraluz, en la cerámica japonesa, los tokonomas, la construcción de las viviendas, de las lámparas, de la tinta china y del vestuario del Nō, entre otros aspectos, y cómo la semipenumbra enaltece la belleza de los diseños japoneses.
2. Junichirō Tanizaki (1886-1965) y las portadas de las primeras ediciones en inglés (1977) y en español (1994) de El elogio de la sombra.
La obra, un libro de apenas 96 páginas en pequeño formato sin ilustraciones, fue traducida al inglés por vez primera en 1977 como Praise of shadows y editada por Leete’s Island Books. En 1994 sería lanzada como primicia en español por la editorial Siruela como número 1 de la serie menor (105 x 150 mm) de la Biblioteca de Ensayo con base en la traducción hecha por Julia Escobar del francés (Éloge de l’ombre, René Sieffert, 1977). Este año que termina se ha reeditado por vez numero 45 lo cual habla por sí solo del interés que para los lectores de habla hispana ha generado desde su primera aparición.
3. Templos Nishi Hongan-ji (本願寺), Kyoto (Japón), 1234.4. Sección de un edificio tradicional japonés con algunos de sus componentes.
Una interesante reseña del libro titulada “Tanizaki, el hombre y la sombra” de Luis Caldeiro, publicada en 2017 en https://akimonogatari.es/tanizaki-el-hombre-y-la-sombra, que recomendamos leer, recoge lo siguiente: “Nacido en 1886, cuando aparece El elogio de la sombra su autor tiene ya, por tanto, casi cincuenta años. Desde la atalaya que le proporciona la edad, y tras haber abrazado en su juventud, no sólo la literatura, sino también la moda y los modos occidentales, Tanizaki se ve en una posición inmejorable para volverse hacia su propio país y acometer la tarea de analizar su cultura, identidad y estética. Como dice Luis Antonio De Villena, ‘con la modernidad -o esa modernidad- aprendida’, se sintió tentado ‘por la propia y rica tradición nipona’, que supo ‘renovar de modo muy singular y significativo’, junto a los dos escritores que, según suele afirmarse -‘pero los tópicos salen de una verdad’, señala el poeta- forman la tríada más importante de la literatura japonesa del siglo XX: Yasunari Kawabata y el siempre controvertido Yukio Mishima”.
5. Aleros y galería de una vivienda japonesa.6. Shoji y tatami en una vivienda japonesa.
Y añade Caldeiro: “Que Occidente ha forjado un constructo llamado Oriente –un conjunto tan enorme y dispar que abarca desde el Canal de Suez hasta el remoto Japón– y que en él ha depositado todo lo que identifica como ‘El Otro’ o ‘la Alteridad’, es cosa bien sabida. Que al reflejarse en ese espejo obtiene, por contraposición, su propia imagen, es algo que se palpa en cada página de este delicioso libro. Conforme avanza la lectura, saboreamos las cualidades que siempre hemos adjudicado a nuestro reverso oriental y de las que, por contra, carecemos. Una de ellas es el extremo refinamiento -síntoma de una sensibilidad fuera de lo común-, aplicado, además, a aquellos aspectos de la vida que nuestra mirada considera ‘más modestos’ o incluso ‘sórdidos’».
7. Tokonoma en una vivienda japonesa.
Y para cerrar: “En Occidente, la belleza no se entiende sin la luz, su más poderosa aliada. La luz revela lo que es bello, lo muestra y lo exalta. De la mano de la luz, la belleza es en nuestra cultura siempre pública, evidente, ostensible. ¡Cuán distinta es la estética japonesa! En el Japón tradicional, lo bello va indisolublemente unido al juego de la penumbra, el claroscuro, la sombra. ‘La vista de un objeto brillante nos produce cierto malestar’, señala en cierto momento el autor”.
Nota
Del trabajo titulado “La arquitectura de ‘El Elogio de la Sombra’. Un acercamiento a la sombra en la arquitectura y cultura japonesa” presentado por Pablo Quiles Moreno como Trabajo Final de Grado en el ámbito de Teoría y Proyecto en la ETSAB, hemos recogido la serie de imágenes de las cuales nos hemos valido para ilustrar esta reseña.
8. Primera (1948) y quinta (1956) ediciones italianas de Saper vedere l’architettura impresas por Einaudi.
El segundo libro, más conocido dentro del mundo académico, es SABER VER LA ARQUITECTURA de Bruno Zevi (1918-2000), cuya primera edición en italiano titulada Saper vedere l’architettura fue lanzada por Einaudi en 1948, por lo que este 2023 ha cumplido 75 años.
La primera versión en castellano será de 1951 gracias a traducción hecha por Cino Calcaprina y Jesús Bermejo Goday para la editorial argentina Poseidon. Al sol de hoy se ha reeditado en nuestro idioma, que sepamos, hasta en 12 ocasiones: desde 1951 a 1991 por Poseidon, Buenos Aires; y desde 1991 hasta 2019 por Apóstrofe-Poseidon, Barcelona. En italiano se ha reimpreso al menos 21 veces hasta 2009.
9. Izquierda: Frank Lloyd Wright y Bruno Zevi en 1951, año en que aparece la primera edición en castellano de Saber ver la arquitectura (derecha)10. Ediciones de 1971 (izquierda) y 2019 (derecha) del libro de Zevi.
Saber ver la arquitectura, cuyo subtítulo Ensayo sobre la interpretación espacial de la arquitectura resume la esencia de la publicación, pretende acercar al ciudadano común a la contemplación de la arquitectura desde sus propias características y no desde otras en principio ajenas a ella, como la escultura o la historia, partiendo del hecho de que para Zevi la característica fundamental de la arquitectura es que posea espacialidad interior.
Así, el libro gira en torno al concepto de espacio como elemento sin el cual no existe la arquitectura. El ejemplo emblemático que Zevi esgrime para diferenciar aquello que es de lo que no es arquitectura lo constituye el Partenón, del que afirma que al no poseer espacio interno, ya que sólo se pensó en la envolvente, se convierte en un elemento con valor escultural y urbanístico, pero no propiamente arquitectónico.
11. Las dos primeras ediciones de Verso un’architettura organica (1945) libro fundacional del pensamiento de Bruno Zevi.
Cuando Zevi escribe en 1948 Saber ver la arquitectura contaba con treinta años, ya impartía docencia en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia y había publicado buena parte de su corpus teórico del cual destaca el libro fundacional de su pensamiento: Verso un’architettura organica: saggio sullo sviluppo del pensiero architettonico degli ultimi cinquant’anni (1945), el cual únicamente será traducido al inglés. En realidad, su contenido se verá ampliado en Storia dell’architettura moderna, cuya versión en castellano llegará a Latinoamérica, a través de Emecé, pocos años más tarde (1954).
Sin duda, la formación de la línea de trabajo y pensamiento de Zevi, desde la cual emprende Saber ver la arquitectura, está absolutamente ligada al hecho de que, como resaltan sus biógrafos, en 1938 a la edad de 20 años, tuvo que abandonar Italia, viajando a Londres donde se matriculó en la Architectural Association School of Architecture y después a los Estados Unidos donde se doctora en la escuela superior de diseño de la Universidad de Harvard con Walter Gropius. Allí dirige la publicación Quaderni Italiani del movimiento «Giustizia e Libertà». En ese periodo descubre la obra de Frank Lloyd Wright, la cual estudia constituyéndose desde entonces como un firme partidario de la arquitectura orgánica el resto de su vida.
De vuelta en Europa en 1943, toma parte en la lucha anti-fascista en las filas del Partido Acción. En 1944 promueve la Asociación de Arquitectura Orgánica (APAO) y al año siguiente funda la revista Metron, convirtiéndose en una de las mentes teóricas más importantes del Racionalismo italiano de la posguerra.
12. Páginas interiores de la edición castellana de 1971 de Saber ver la arquitectura.
Saber ver la arquitectura se estructura con base en seis capítulos.
En el primero, “La ignorancia de la arquitectura”, el autor habla de cómo la arquitectura es maltratada tanto por la historia del arte, que elabora historias de la arquitectura donde las características propias arquitectónicas son anacrónicas, como por parte del público, que no se interesa por ella como por otras artes.
En el segundo, “El espacio, protagonista de la arquitectura”, propone el estudio espacial de los edificios como método válido para escribir una historia de la arquitectura.
En el tercero, “La representación del espacio”, analiza diversas maneras históricas de trazado simple de planos y explica en qué circunstancias son útiles, añadiendo que casi nunca se utilizan los dibujos adecuados para ilustrar los textos de los edificios que se tratan en la mayoría de los libros sobre historia de la arquitectura.
13. Páginas interiores de la edición castellana de 1971 de Saber ver la arquitectura.
En el cuarto, “Las diversas edades del espacio”, desarrolla un resumido análisis histórico de la arquitectura en función de la variable espacio, que engloba todas las demás (sociales, económicas, políticas, etc).
En el quinto, “Las interpretaciones de la arquitectura”, analiza cómo la arquitectura ha sido vista desde diversos puntos de vista, y de qué modo éstos fallan y se acercan más o menos a un conocimiento profundo de los edificios.
En el sexto y último, “Para una historia moderna de la arquitectura”, vuelve a criticar la historiografía de su tiempo y habla sobre los profundos cambios arquitectónicos de su contemporaneidad, enmarcados en el Movimiento Moderno.
El valor de la obra, consiste no sólo en haber formulado de una manera radical la idea de la arquitectura como espacio, sino el haberlo hecho en un lenguaje directo y siempre con la vista puesta en las obras ejemplares de la historia de la arquitectura.
Lejos del impacto inicial, el texto forma parte de las referencias obligatorias en los estudios de la Teoría de la Arquitectura para comprender la etapa de formación y consolidación de la Arquitectura Moderna.
Este libro recorre la historia de la Fundación Suiza desde las primeras iniciativas para la creación de una “casa suiza” en la Ciudad Universitaria en los años 1920 hasta la actualidad. El autor relata el optimismo del padre fundador de la Fundación, Rudolf Fueter, la elección de su arquitecto (Le Corbusier) y los primeros pasos del director Pierre Courthion. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la casa cerró sus puertas, pero su historia continuó con su reapertura en otoño de 1945: faltaba dinero, pero “los residentes vivían con relativa comodidad y el agua caliente funcionaba los sábados y domingos”, como lo describe el segundo director Jean Rychner. Sin embargo, alrededor de 1968 la situación se volvió menos cómoda, especialmente para el director. Al salir de esta nueva crisis, la Fundación Suiza entró en aguas más tranquilas a partir de los años 1970: una financiación estable, un buen ambiente y una programación cultural dinámica caracterizaron las últimas décadas.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.