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LA NOTICIA DE LA SEMANA

El MOMA se adentra en los archivos de Frank Lloyd Wright en el 150 aniversario de su nacimiento

Mª Ángeles Domínguez

Tomado de http://graffica.info/moma-frank-lloyd-wright-150-aniversario/

3 de junio 2017

Con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Frank Lloyd Wright, el 8 de junio de 1867, el MOMA de Nueva York dedica al arquitecto estadounidense la mayor exposición realizada hasta el momento. Quienes se acerquen hasta el museo neoyorquino entre el 12 de junio y el 1 de octubre de 2017, podrán disfrutar de la muestra Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive. Ésta ambiciosa exhibición incluye 400 obras entre las que se encuentran bocetos y dibujos arquitectónicos, maquetas, fragmentos de edificios, películas, emisiones de televisión, textiles, pinturas, fotografías y libros de recuerdos, junto con una serie de obras que rara vez o nunca han sido públicamente expuestas.

Frank Lloyd Wright (Wisconsin, 1867- Phoenix, Arizona, 1959) fue uno de los arquitectos más prolíficos y renombrados del siglo XX. Diseñador radical e intelectual, Wright abrazó las nuevas tecnologías y materiales, fue pionero en utilizar los sistemas de construcción del DIY (hágalo usted mismo), de la experimentación y la vanguardia. Desarrolló teorías originales avanzadas para su época con respecto a la naturaleza, el planeamiento urbano y la política social.
Con motivo del 150 aniversario del nacimiento del arquitecto estadounidense, el 8 de junio de 1867, el MOMA de Nueva York ha realizado un amplio trabajo de archivo e investigación para rendirle homenaje en la exposición Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive. Se trata de una extensa muestra que abarca cerca de 400 obras realizadas entre los 1890 y los años cincuenta. En la misma se incluyen dibujos y bocetos arquitectónicos, maquetas, fragmentos de edificios, películas, emisiones de televisión, piezas textiles, pinturas, fotografías y libros de recuerdos, junto con una serie de obras que rara vez o nunca han sido públicamente expuestas.
A lo largo de su extensa carrera de siete décadas, Frank Lloyd Wright diseñó más de 1.000 edificios y realizó más de 500. Siempre preocupado por la posteridad, Wright conservó la mayor parte de sus dibujos –a pesar de que algunos se perdieron trágicamente en varios incendios– para formar un archivo con el que esperaba perpetuar su filosofía arquitectónica. Este archivo pretendía ser primero una herramienta en la producción de arquitectura en la Taliesin Fellowship, un programa de aprendizaje que Wright fundó en la década de 1930 en sus dos estudios-residencia en Wisconsin y Arizona. Así mismo, su intención era que sirviera a posteriori como un recurso académico para investigadores externos. Catalogado progresivamente y abierto a especialistas por la Fundación Frank Lloyd Wright, el archivo fue adquirido conjuntamente por el MOMA y Avery Architectural & Fine Arts Library en la Universidad de Columbia en 2012. Esta exposición celebra esta colaboración pionera y la nueva accesibilidad de la colección tanto para los estudiosos como para el público.
Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive se refiere a la monumental tarea de mover 55.000 dibujos, 300.000 hojas de correspondencia, 125.000 fotografías y 2.700 manuscritos, así como maquetas, películas, fragmentos de construcción y otros materiales. También se refiere al trabajo de interpretación y al examen minucioso de proyectos que en algunos casos han recibido poca atención.
Para esta exposición, cuyo comisario es Barry Bergdoll, un grupo de académicos y un conservador de museos fueron invitados a ‘desembalar’ –contextualizar, hacer preguntas y explorar de otro modo– un objeto o grupo de objetos de su elección.
Sus procesos de descubrimiento han quedado registrados en una serie de cortometrajes que introducen las secciones temáticas de la exposición. Las preguntas planteadas iluminan los complejos períodos históricos a través de los cuales Wright vivió, a partir de finales del siglo XIX, marcado por el optimismo, a través de la Gran Depresión de los 30 hasta las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos experimentó un gran crecimiento demográfico y económico. Cada investigación académica ofrece ideas a la vez históricas y contemporáneas de amplia repercusión, que tocan cuestiones sobre el paisaje y las preocupaciones ambientales, la relación de la industria con la vida cotidiana, las cuestiones de raza, clase y socialdemocracia y el poder creciente de los medios de comunicación para forjar una reputación y generar una corriente de opinión.
Esta retrospectiva de los 150 años Frank Lloyd Wright está organizada en torno a un eje central destacando muchos de los grandes proyectos de Wright, que se ilustran con algunos de sus mejores dibujos e incluyen obras clave como Unity Temple (1905-08), Fallingwater (1934-37), el Johnson Wax Administration Building (1936-39), y el Marin County Civic Center (1957-70). Este eje central se despliega en 12 subsecciones que cubren temas tanto familiares como otros aspectos sobre el arquitecto estadounidense.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 67

La noción de umbráculo, tal vez poco conocida y aún menos utilizada (o usada sin saberlo) entre nuestros arquitectos, ofrece la oportunidad de adentrarnos en una serie de aspectos en torno a los cuales gira nuestra la postal del día de hoy.
Para empezar, no está de más señalar que la palabra “umbráculo” proviene del latín umbraculum y que ya muestra en su raíz (umbra) su vinculación con ese elemento fundamental a ser considerado en el diseño de espacios en el trópico como lo es la sombra. Lugar de sombra, espacio sombreado o como sintetiza el Diccionario de la Real Academia Española: “Sitio cubierto de ramaje o de otra cosa que da paso al aire, para resguardar las plantas de la fuerza del sol”, son sus principales acepciones.
De su definición más amplia asomada por el DRAE son cuatro los puntos a destacar: uno, la presencia de una cubierta que lo protege; dos, la importancia de dar paso al aire y también al agua, es decir de considerar como prioritario la buena ventilación sin importar que lo techado se moje; tres, la condición material de lo que sombrea (ramajes, madera u otras cosas); y cuatro, su carácter de elemento pensado para proteger (en principio plantas) del sol inclemente. Enramada, sombrajo, cobertizo o pérgola son algunos de los sinónimos que no llegan ni por asomo a alcanzar el sugestivo acento de la palabra original.
Tampoco está de más el advertir algunas diferencias con otro término vinculado a la preservación de plantas: invernadero, el cual aunque también se caracteriza por su utilización en el control ambiental lo hace, por lo general, incorporando medios artificiales y una mayor dosis de tecnología. Si el umbráculo está más ligado al verano el invernadero (como su raíz delata) lo está al invierno. Si el segundo en buena parte nos es ajeno el primero nos es muy afín.
De aquí que, cuando Roberto Burle Marx (1909-1994) y sus colaboradores (Fernando Tábora, John Godfrey Stoddart, Julio César Pessolani y Mauricio Monte) enfrentan el diseño y construcción del Parque de Este en Caracas entre 1959 y 1961 (claramente explicado en el libro Dos parque. Un equipo -2007- de Fernando Tábora), no duden en incorporar la presencia de un espacio de gran escala, visitable, en el que resguardar de la incidencia directa del sol una importante cantidad de especies y lo identifiquen como “El Umbráculo”.
Este atractivo lugar, no construido y cuya localización dentro del Plan Maestro del Parque nos ha sido difícil precisar con exactitud pese a que según Tábora “existe hasta hoy el área reservada”, pertenece a lo que los proyectistas denominaron “el tercer espacio”: “aquel que circundaba el área de bosque y en el cual se desarrollarían las actividades recreacionales más complejas. En ellos se incluirían aspectos contemplativos, los juegos infantiles, los espacios para picnic y las mayores oportunidades para la observación del paisaje y el ejercicio, libre del aspecto formal de canchas deportivas y en contacto con la naturaleza. En este espacio se ubicarían también algunos elementos que cubrirían los objetivos didácticos que se proponían para el Parque, tales como el Planetarium (…), el jardín xerofítico y el umbráculo… Dentro e este espacio se ubicarían los dos lagos más importantes, al norte el de las colecciones de plantas acuáticas y al sur el recreativo destinado a los paseos en embarcaciones ligeras”.
Quizás convenga recordar que, excluyendo el área de acceso, el primer espacio “estaba destinado a establecer la relación del Parque con sus linderos” buscándose, conceptualmente, “integrar visualmente, por todos los medios posibles, el área al gran paisaje que constituyen el Ávila y las serranías del sur del valle de Caracas” albergando, escondidos con medios naturales, “los elementos que impactaban negativamente las visuales de los usuarios” que no son otra cosa que los servicios de apoyo. El segundo “correspondió al desarrollo de las actividades deportivas formales pero sin el establecimiento de canchas, para lo cual eran necesarias extensas áreas de grama, planas y rodeadas de vegetación”. Y al tercero ya descrito se suma el cuarto que corresponde «a la zona del bosque, principalmente de bucares (Erythrina poeppigiana) que en un tiempo pasado sombrearon la plantación de café de la Hacienda San José” conformada por áreas de interés didáctico tales como las “colecciones de plantas y las instalaciones para las exhibiciones de fauna”. Los cuatro espacios están bordeados y se interconectan mediante un estudiado sistema de circulación de peatones y vehículos que facilita la contemplación, el mantenimiento y la vigilancia del Parque.
Según la imagen que hemos extraído del libro ya mencionado (un dibujo en perspectiva realizado en tinta sobre papel blanco) y que preside nuestra postal de hoy, “El Umbráculo” se trata de un lugar diseñado siguiendo buena parte de los patrones que caracterizan el Sector «Los Patios» (ubicado al norte del Parque y al este de la entrada principal). El tratamiento dado a los pisos y la presencia de muros envolventes y de separación con diferentes texturas, elementos todos que acompañan a la vegetación objeto de protección, nos hacen pensar que podría tratarse, incluso, de un patio cubierto, concepto que aunque encierra cierta contradicción bien podría caber perfectamente dentro de la manera como fueron concebidos estos apacibles espacios en el Sector mencionado. Por otra parte, la fuerza y protagonismo que adquiere el ligero techo prefigurado evoca el ambiente sombreado producido por las copas de los árboles de una selva tropical.

1. Umbráculo del parque de la Ciutadella, Barcelona. Josep Fontseré, 1883

Sin poder comprobarlo, no quisiéramos dejar de mencionar un claro referente que pudo haber influido en la visión que tuvo el equipo de arquitectos del Parque del Este a la hora de vislumbrar el espacio que nos ocupa: el umbráculo del Parque de la Ciudadela (Josep Fontseré, 1883), en Barcelona. Lugar mágico, diseñado, ciertamente, para un clima más bien templado que lo obliga a encerrarse, pero que genera toda una serie de sensaciones  hermanadas, sin duda, con la comprensión del medio ambiente que algunos de nuestros arquitectos de la modernidad han sabido manejar de forma magistral y que ilustra la noción de espacio intermedio: aquel que trasciende su función de filtro climático para constituirse, como diría Glenda Kapstein, “en elemento significativo para una arquitectura determinada, para un determinado lugar.”

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Tábora F. Dos parques. Un equipo, 2007

1. http://fotosdebarcelona.com/historiagrafica/picture.php?/698

NotiFAC (Contacto nº 32)

La Fundación Arquitectura y Ciudad (FAC) y Ediciones Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (Ediciones FAU UCV) llaman a participar a autores de cualquier parte del mundo en el

CONCURSO DE ENSAYOS

CARACAS

1567-2017

Caracas al llegar a su 450 aniversario luce agotada, descuidada, olvidada, deteriorada, desarticulada y agredida, y a la vez preservada por su inmejorable clima, su inigualable paisaje y el calor de su gente. Por ende, ofrece la oportunidad única de mirarla sin dejar de pensarla, sentirla, mimarla, reivindicarla, desearla, soñarla, recordarla, imaginarla, proyectarla…

El concurso de ensayos Caracas 1567-2017 se convoca con la intención de dejar plasmadas las múltiples lecturas de que puede ser objeto esta ciudad que es eje de nuestros pensamientos, motivo de nuestras angustias y territorio de nuestros pesares, objeto de amor y de odio, siempre verde como la esperanza.

La convocatoria estará vigente desde el viernes 17 de febrero de 2017 hasta el jueves 31 de agosto de 2017.

Se otorgarán 2 premios en efectivo y tantas menciones como el jurado considere pertinentes. Para conocer las bases completas ir a www.edicionesfau.com

ALGO… CURIOSO

Nota elaborada con información tomada de la página web de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España

El magazine ALGO, que llevaba por subtítulo el de “semanario ilustrado enciclopédico y de buen humor”, aparece en Barcelona (España) a partir del 30 de marzo de 1929, bajo la dirección del periodista, crítico teatral y dramaturgo guipuzcoano Manuel Jiménez Moya, con la única pretensión de agradar y entretener de las “mil preocupaciones” al público, tanto español como hispanoamericano.
ALGO, cuya cubierta la ocupa siempre un dibujo a color y su interior está estructurado en varias secciones, será una revista ajena completamente a la política o a los asuntos conflictivos, bélicos o sociales. Ni su grafismo humorístico, ni sus textos ni fotografías traspasarán en lo más mínimo la barrera de lo enciclopédico, divulgativo, curioso y ameno. Nunca se verá perturbado este carácter ni por la dictadura, ni la dictablanda ni la instauración republicana, ni la propia guerra civil consiguiente.
Pues bien, en su entrega nº 39 del 21 de diciembre de 1929, cuando en Barcelona se podía contemplar el despliegue de la Exposición Internacional donde Alemania es representada por el pabellón diseñado por Mies van der Rohe, la publicación que hoy nos ocupa, influenciada e impactada sin duda por el talante innovador que la arquitectura del maestro alemán mostraba, dedica su portada al “Rascacielos de cristal” que Mies “ha concebido y está en vías de realizarlo”.

No sólo llama la atención la imagen “nocturna” que a modo de ilustración se nos presenta de este proyecto y la certeza con que se afirmaba la posible construcción del edificio, sino la manera como es presentada la noticia al asiduo lector del magazine que no es otro que el típico ciudadano de a pie.
Así, al adentrarnos en las páginas centrales notamos que el tema abordado pasa a ser algo más general: “Edificios de cristal”, evidenciándose un claro interés por mostrar las bondades de un material que aunque ya llevaba casi un siglo de moderna utilización sorprende por otra clase de ventajas que lo acompañan. El otro edificio reseñado como complemento al rascacielos de Mies es una “casa campestre de cristal” “en forma de estrella” de Peter Behrens (pionero del Movimiento Moderno con quien, como sabemos, Mies trabajó en sus años mozos), de la cual aparece un boceto (que no nos permite ubicarla con claridad cronológicamente) y cuya descripción resalta las variadas posibilidades que el vidrio ofrece.
En el marco de la crisis que se vive a causa de la Guerra Civil, ALGO, el 27 de febrero de 1937 cambia completamente su formato y edición y «se publicará en tanto no podamos resolver las dificultades que hoy nos resultan insolubles”.
El último número, registrado en la Biblioteca Nacional de España es el 428, edición especial de 1938, ya por cumplir su décimo año en circulación. Estaba a cargo de la Sociedad General de Publicaciones, empresa en ese momento “colectivizada”.

ACA

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TAL DÍA COMO HOY…

… el 11 de junio de 1994 aparece en las páginas centrales del nº 64 de Arquitectura HOY el veredicto y las imágenes del proyecto ganador del Concurso Nacional de Ideas para Sede de la Junta Parroquial de la Parroquia Catedral y Centro Deportivo del Liceo Fermín Toro, realizado por el arquitecto Joel Sanz Pino (1947-2013).

Sanz, egresado de la FAU UCV en 1970, Premio Nacional de Arquitectura en el año 2000, insigne profesor de proyectos, admirador de la obra de James Stirling y de la labor pedagógica de Ramón González Almeida, se caracterizó por ser un sempiterno concursante quizás siguiendo los pasos de su compañero y amigo Pablo Lasala. En esas lides, ya Sanz había logrado previamente alzarse victorioso en el Concurso de Ideas para la Nueva Sede del Centro Italiano Venezolano de Oriente, Barcelona (1989) y del Centro Comercial City Garden, Maracay (1993), acompañado en este caso por sus socios Juan Carlos Parilli y Francisco Arocha con quienes durante años conformó la firma S+P+A Arquitectos C.A. Más adelante también ganará junto a Juan Carlos Parilli, Claudia Hernández, Omar Ladera y Roberto Castillo, el Concurso Nacional de Ideas “La Cultura Libera al San Carlos” para la Transformación del Cuartel San Carlos en Centro Nacional de Culturas, promovido por el Instituto de Patrimonio Cultural  (IPC), el Consejo Nacional de la Cultura y el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes el año 2000.
El certamen que hoy nos ocupa, promovido por la Alcaldía del Municipio Libertador, cuyo veredicto fue dado a conocer el 2 de junio de 1994 en la sede del Concejo Municipal de Caracas, se proponía para dar respuesta a dos programas disímiles a los que debía preverse su construcción separada, a ser localizados en un terreno en esquina ubicado en el sector Caño Amarillo con frente hacia la Avenida Sucre en su acera oeste, muy próximo al Liceo Fermín Toro, al Arco de la Federación y a la escalinata del Parque el Calvario.
La propuesta, realizada en colaboración con Juan Carlos Parilli, Francisco Arocha, María Inés Gómez, Omar Ladera, Roberto Castillo, Aleisa Mondolfi, Elizabeth Bernys, María Patricia Sabas y Ricardo Sanz, se destacó entre las 71 ideas presentadas porque, según palabras del jurado, se escoge “una implantación y una organización volumétrica que separa y hace identificables, en un espacio que les es propio y que a la vez se vincula claramente con la ciudad, a la junta parroquial y al centro deportivo, permite su fácil construcción por etapas y controla sus magnitudes, con un adecuado sentido de la escala de la intervención”. Así mismo, “el jurado valoriza el espacio arbolado entre las dos instituciones, que constituye el corazón interno del proyecto, conectando los sectores alto y bajo, dando así una respuesta contundente a una de las exigencias esenciales de las bases. Igualmente considera acertada la forma de enfrentar volumétricamente la avenida Sucre, y el hecho de que la central eléctrica de algún modo se integra a la volumetría del proyecto sin ser negada”.
La claridad con que es expuesto el veredicto sin lugar a dudas tiene que ver con la composición de un calificado jurado presidido por Oscar Tenreiro que contó con el acompañamiento de Fernando Pérez Oyarzún (Chile) y Luigi Snozzi (Suiza) como invitados internacionales y Frank Marcano, Lucas Pou, Edwing Otero, José Manuel Rodríguez e Isabel Sánchez como representantes nacionales.
Con este concurso se abrió de nuevo otra expectativa en la que se buscaba esperanzadoramente “que la construcción del proyecto ganador sea el primer paso de una serie de operaciones similares, generada igualmente de concursos, dirigida a convertir la arquitectura de las instituciones en tema esencial de la cultura urbana de nuestro país”.
Lamentablemente tan loables intenciones no se cumplieron y finalmente el proyecto ganador del Concurso Nacional de Ideas para Sede de la Junta Parroquial de la Parroquia Catedral y Centro Deportivo del Liceo Fermín Toro no se construyó, pasando a engrosar la larga lista de iniciativas de este tipo que en nuestro país han tenido el mismo destino.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 66

Cuando la Escuela de Arquitectura de la UCV transitaba sus primeros años de vida, sin lugar a dudas ocupan un lugar destacado en la atención de quienes enseñan y aprenden, el seguir los pasos, vida y obra de lo grandes maestros de la arquitectura moderna. Con la aparición de las primeras publicaciones periódicas y del montaje de exposiciones de fotografías o dibujos que llegan al país por los contactos que el Departamento de Extensión Cultural establece con las agregadurías de las embajadas, la divulgación de lo más resaltante de sus trayectorias no sólo se incrementa sino que denota preferencias y desata niveles importantes de idolatría.
A poco que uno se asome en la colección de la revista Punto, por ejemplo, notará que Walter Gropius, Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, seguidos de Alvar Aalto y Mies van der Rohe, son objeto de una marcada atención por la cantidad de veces en que aparecen sus escritos, son reseñados sus edificios o es comentada su obra. En ello tuvo mucho que ver la asesoría que recibía Antonio Granados Valdés de parte de algunos profesores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (C. R. Villanueva a la cabeza) y la habilidad que desarrolló para transcribir textos provenientes de otras publicaciones a nivel internacional.
El caso de Frank Lloyd Wright (1867-1959), de quien hoy nos ocuparemos, es altamente significativo. Así, el nº 8 de la Colección Espacio y Forma de septiembre de 1960, está dedicado a mostrar un trabajo de Ricardo Porro (1925-2014), el reconocido arquitecto cubano quien entre 1957 y 1960 se residenció en Venezuela, colaboró con Villanueva en el Banco Obrero y formó parte del cuerpo docente de la Escuela de Arquitectura, titulado “Forma y contenido en Wright”.
Por otro lado, desde en el mismo nº 1 de Punto (enero 1961), tras la estela del fallecimiento dos años antes del maestro norteamericano y de la apertura post mortem del emblemático Museo Guggenheim de Nueva York, aparecen “Arte de hoy, museo del mañana” de M.T. Magis y “El museo de F.L. Wright” de Bruno Zevi, autor este último que, como se sabe, estudió su obra y contribuyó a divulgarla a lo largo de toda su vida. El trabajo de Wright forma parte importante de la “Muestra fotográfica de arquitectura norteamericana” que se presenta en los espacios de la FAU UCV y es reseñada también en Punto nº 6 de marzo de 1962.
Pero es en 1963 cuando finalmente llega el momento de copar por primera vez la sala de exposiciones de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo con la obra de un importante arquitecto extranjero y le corresponde a Wright ese privilegio. La muestra, también fotográfica, a la que está dedicada nuestra postal del día de hoy, produjo de parte de la redacción de Punto (nº 11, febrero 1963), a objeto de generar entusiasmo y expectativa, el llamado a un concurso escrito para estudiantes sobre la obra del arquitecto estadounidense cuyo premio sería su publicación en la revista. Si bien de sus resultados no nos hemos podido enterar porque la publicación ofrecida no se llevó a cabo, este hecho no deja de ser altamente significativo.
También, en el lapso en que estuvo abierta la exhibición (14 de febrero al 15 de marzo de 1963), como era costumbre cada vez que se realizaba un evento de importancia, se dictó una conferencia en el Auditorio que estuvo a cargo de Juan Pedro Posani en la que analizó “la personalidad del gran arquitecto americano desde un ángulo polémico”, complementada la semana siguiente por una Mesa Redonda en la que participaron, además de Posani, los profesores Augusto Tobito y Jorge Castillo junto al bachiller Rafael Iribarren, ampliamente reseñada en el nº 14 de Punto (septiembre 1963). Cabe resaltar que participaron con sendas intervenciones dentro del encendido debate suscitado los profesores Oscar Tenreiro, Armando Córdova y Henrique Hernández y los bachilleres David Roncayolo, Francisco Bermúdez y Alejandro Galbe. En este mismo número de la revista se incluyó como complemento el texto “La arquitectura y la música” del propio Frank Lloyd Wright.
Dentro de la efervescencia que produjo la exposición coincide (no creemos que por casualidad) el lanzamiento (julio 1963) del nº 1 de la revista estudiantil Taller “una publicación del taller de arquitectura `Taliesin La Floresta´, Caracas”, cuyo Comité de Redacción estaba conformado por los bachilleres Jorge Soto Nones, Nunzio Sassano, Luis Quirós Badell, Alfredo Vera y José Mena y que recoge el artículo “Frank Lloyd Wright: El titán de Taliesin” del propio Soto Nones, claro indicio de la veneración que este grupo le profesaba.
Luego de ese año marcadamente wrightiano, su sombra no desaparece del todo. Se anuncia (Punto, números 22 y 23, marzo y mayo-junio 1965, respectivamente) otra exposición (en este caso de dibujos) organizada por profesores y estudiantes de la Escuela denominada “Diseños de F.L. Wright”, que finalmente se abre entre el 30 de julio y el 18 de agosto y se reseña en Punto nº 24 (julio-agosto 1965).
También, se publican en la misma revista: “La Herencia de Wright” de Vincent J. Scully (nº 18, junio 1964), “Los arquitectos americanos buscan el espacio perdido” de Bruno Zevi (nº 28, agosto-septiembre 1966), “Frank Lloyd Wright ¿Mito o realidad?” de Leonardo Benevolo (nº 32, julio-agoto 1967) y “Wright: un genio solitario” de Michel Ragón” (nº 36, junio 1968).
Posteriormente, llegan al ámbito académico tiempos de cuestionamiento de ídolos y modelos del pasado con la correspondiente sustitución por otros que sin duda repercuten en la radical desaparición de ellos como referencia dentro de nuestras publicaciones.
Sobre la efectiva influencia de Wright dentro de la arquitectura venezolana e internacional y las dificultades de ser «copiado» es posible encontrar un interesante debate años más tarde (1994) en las páginas Arquitectura HOY (entregas nº 64 y 67 del 4 y 25 de junio, respectivamente), cuando se montó una importantísima exposición retrospectiva dedicada a su obra en los espacios del MOMA.
La referencia a Wright, de quien se están preparando justamente este año una serie de eventos relacionados con la celebración de los 150 años de su nacimiento, invita a realizar un repaso similar con Le Corbusier, Gropius, Aalto y Mies, que en algún momento será conveniente hacer, y que, con diferentes matices, seguramente dará el mismo resultado. Quizás sea el maestro suizo el que salga mejor parado a la hora de evaluar su permanencia como referencia a través del tiempo en nuestra academia, pero de ello se puede hablar en otra ocasión.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Revista Punto. nº 11, febrero 1963