La Fundación Arquitectura y Ciudad (FAC) y Ediciones Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (Ediciones FAU UCV) llaman a participar a autores de cualquier parte del mundo en el
CONCURSO DE ENSAYOS
CARACAS
1567-2017
Caracas al llegar a su 450 aniversario luce agotada, descuidada, olvidada, deteriorada, desarticulada y agredida, y a la vez preservada por su inmejorable clima, su inigualable paisaje y el calor de su gente. Por ende, ofrece la oportunidad única de mirarla sin dejar de pensarla, sentirla, mimarla, reivindicarla, desearla, soñarla, recordarla, imaginarla, proyectarla…
El concurso de ensayos Caracas 1567-2017 se convoca con la intención de dejar plasmadas las múltiples lecturas de que puede ser objeto esta ciudad que es eje de nuestros pensamientos, motivo de nuestras angustias y territorio de nuestros pesares, objeto de amor y de odio, siempre verde como la esperanza.
La convocatoria estará vigente desde el viernes 17 de febrero de 2017 hasta el jueves 31 de agosto de 2017.
Se otorgarán 2 premios en efectivo y tantas menciones como el jurado considere pertinentes. Para conocer las bases completas ir a www.edicionesfau.com
La Colección Espacio y Forma, primera publicación periódica de carácter institucional de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, nace, como reza en la presentación de su primer número, como consecuencia de una preocupación “por la ampliación cultural del alumnado”, con la intención de ir “publicando, periódicamente, las conferencias pronunciadas en el Auditorium de esta Facultad”, tras el anhelo de las autoridades de “dotar a los futuros profesionales de la Arquitectura de una sensibilidad predispuesta para todo lo que es consustancial con los goces del espíritu, como son: la música, la pintura, la escultura, la literatura, etc, etc.”. La materialización de este proyecto se debe a Antonio Granados Valdés (1917) durante la gestión (1958-1962) del decano Julián Ferris (1921-2009), cuando ya se respiraban aires democráticos en el país. Aunque ambos figuran como directores de la Colección del nº 1 al 10 (momento en que Granados la asume en solitario), bien sabemos que fue gracias al tesón del profesor de origen español que se logró la periodicidad adecuada durante el tiempo que estuvo al frente del Departamento de Extensión Cultural (1959-1978), lapso en que aparecieron 19 de los 23 números. Tiene el privilegio de inaugurar la colección el texto “Los primitivos italianos y su mundo espiritual” de Edgardo Giorgi Alberti (Director para entonces del Instituto Venezolano-Italiano de Caracas), conferencia dictada en el Auditorio de la FAU UCV el 23 de mayo de 1957. Sin entrar a analizar el por qué de este privilegio ni a describir el contenido de la disertación, sí nos interesa subrayar la intensa actividad desplegada a lo largo de 1957 (cuando aún era decano Willy Ossott en los estertores de la dictadura), lo que le permitió a Granados acumular material suficiente para cubrir la salida de los 5 primeros números aparecidos todos durante 1958. También cabe destacar cómo a partir del nº 2 la publicación adopta el formato cuadrado que la caracterizó, quedando el nº 1 como un hecho excepcional dentro del conjunto. Lo recogido como producto de diferentes intervenciones realizadas siempre en el mismo recinto, llenó de contenido a Espacio y Forma hasta el nº 10 (mayo de 1962) donde aparece “La imagen del hombre en el arte contemporáneo” de Arturo Uslar Pietri. A partir de número 11 -abril 1963- (coincidiendo con la llegada al decanato de Víctor Fossi), la publicación comienza a espaciar su periodicidad y a dar cabida a diferentes escritos y ensayos convirtiéndose en termómetro de los diversos intereses académicos que se movían en la Facultad y en acompañante menor de la revista Punto, proyecto al que Granados le empezó a dedicar una mayor atención. No debe, sin embargo, dejarse de señalar la importancia ya histórica que tienen los números 13 (agosto 1965) y 16 (julio 1972) en que se recogen los «Escritos» y los «Dibujos» de C.R. Villanueva, respectivamente, fruto de la inocultable veneración que Granados sentía por el Maestro. Pasada la Renovación, también tiene pleno significado el hecho de que el último número (el 19, octubre 1977) editado por la gestión de Granados durante el decanato de Américo Faillace, haya contenido el texto “Historia de la arquitectura y lucha de clases” de Manuel López y el primero de la gestión de Henrique Vera al frente del nuevo Centro de Información y Documentación (con Eduardo Castillo como decano de la FAU), “La Unidad Docente: premisas e implementación de José Miguel Menéndez (el 20, febrero 1980). Tres números y diez años después, cuando se llega al 23, en diciembre de 1990, Espacio y Forma se detiene. La colección completa de esta publicación referencial se encuentra montada en el portal de Ediciones FAU UCV (www.edicionesfau.com) y puede ser descargada libremente por quienes estén interesados en adentrarse en los temas que constituyen su variado contenido.
… que el año 1967, en el marco de la III Bienal Nacional de Arquitectura, Tomás José Sanabria (1922-2008) obtiene el Premio Nacional por el Edificio Sede del Banco Central de Venezuela?
1. Vista del edificio sede del Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967
El premio otorgado a este emblemático edificio hace ya 50 años, obliga a matizar varios aspectos vinculados por un lado a la historia de la institución que alberga y, por el otro, a su consideración de punto más alto dentro de la producción arquitectónica de su autor. Así, bueno es recodar que el Banco Central de Venezuela (BCV) se creó mediante una ley promulgada el 8 de septiembre de 1939, durante la presidencia de Eleazar López Contreras. Su primera sede, ubicada entre las esquinas de Veroes y Jesuitas abrió sus puertas al público el 15 de Octubre de 1940 y allí se inició el proceso de unificación que conllevó el canje de billetes emitidos con anterioridad por los bancos comerciales autorizados, por los nuevos billetes emitidos desde la nueva entidad. La inauguración del BCV la lleva a cabo López Contreras el 1° de enero de 1941 siendo aún Presidente de la República.
2. Vista de la segunda sede (primera sede propia) del Banco Central de Venezuela (demolida). Gustavo Wallis L. 1946
El 19 de octubre de 1943, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita, se colocó la primera piedra para la construcción de un edificio propio, de sólida presencia urbana, sobria volumetría y claros rasgos academicistas, proyectado el año anterior por el arquitecto Gustavo Wallis L., ubicado en la avenida Urdaneta, esquina de Carmelitas entre las calles Norte 2 y Oeste 1, el cual se concluye en 1946. La expansión de las actividades provenientes del rápido crecimiento económico del país, demandaron una mayor capacidad de las bóvedas del edificio proyectado por Wallis y óptimas condiciones de seguridad de las que carecía, lo cual obliga hacia la mitad de la década de los cincuenta a planificar una nueva sede, cuyo proyecto se le asigna, una vez caída la dictadura de Pérez Jiménez, a Tomás José Sanabria. El propio arquitecto (a través de lo recogido en tomasjosesanabria.com, página que construye con esmero su hija Lolita Sanabria) así nos revela el inicio del proceso de concepción del edificio: “En 1958 fui llamado por el Presidente del Banco Central de Venezuela (BCV) para considerar el proyecto de su nueva Sede. Esta organización veía con preocupación su rol funcional frente a una economía creciente y en extremo exigente. El reto era inmenso y afortunadamente por la gran presión que se cernía sobre ese organismo, pasó un buen tiempo en el cual no hubo más contacto, lapso que aproveché para dedicarme a especular frente a dos realidades ¿Qué hacer con un centro de ciudad tan abandonado? ¿Cómo responder a una demanda tan significativa, carente de programa? Pasado un año me volvieron a contactar y en ese momento ya tenía presente alternativas y proposiciones que presentar. Se elaboró un Programa que nos orientó, tanto para la época como para las futuras expansiones, para la toma de conciencia en un eventual rescate ambiental del Centro Tradicional capitalino”.
3. Boceto de la relación entre la iglesia de Altagracia y el edificio sede del Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967
Así, Sanabria, inicia en 1961 el estudio que conllevó la elaboración el plan de diseño urbano para la zona y un “programa base” por etapas, concibiendo la primera (la que se conoce como “sede” del BCV, ubicada sobre el terreno ocupado por el anterior edificio -el cual sería demolido en 1960-), como un cuerpo bajo que fungiría para contener los más altos niveles de decisión del Banco y también parte de las bóvedas de seguridad y otros servicios específicos de la Institución. El edificio, cuya ejecución se inició en el mes de septiembre de 1963, es inaugurado en 1965 por el entonces Presidente de la República Raúl Leoni y finalizado en marzo de 1966. Tiene aproximadamente 27.000 metros cuadrados de construcción que comprenden cinco sótanos en la zona de estacionamiento, tres en la zona seguridad y de oficinas, la planta baja, la mezzanina, tres pisos generales para oficinas y un cuarto piso para comedores y sala de asambleas. Para la realización del proyecto de arquitectura Sanabria contó con la colaboración de su hermano Eduardo (con quien estuvo asociado entre 1963 y 1989) y de José María Freire. El joven y a la vez experimentado Sanabria tuvo la oportunidad de mostrar en esta pieza cómo había evolucionado su comprensión de las edificaciones entendidas como elementos necesariamente vinculados al desarrollo urbano de la ciudad (“la arquitectura sin diseño urbano… no existe” será una frase que repetía con frecuencia), adaptadas al ambiente que las rodea y construidas con altos índices de calidad.
4. Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967. Vista de los jardines perimetrales5. Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967. Vista del acceso
En efecto, cuando el jurado de la III Bienal Nacional de Arquitectura decidió otorgarle el Premio Nacional al edificio sede el BCV, lo hizo reconociendo los valores que esta obra llevaba asociadas al manejo de la escala urbana, del concreto armado como material clave en una tectónica que alcanza niveles de filigrana poniéndolo a trabajar a favor de una impecable racionalidad estructural y de su cuidadosa adecuación a las variables del medio. Podría decirse que junto a Villanueva, Sanabria marca, y la sede del BCV lo confirma, el desarrollo de una arquitectura “bien climatizada” que tiene en el concepto de environment (como diría Juan Pedro Posani) su más cabal síntesis. Es curioso detectar, además, como ambos maestros de nuestra arquitectura alcanzan puntos culminantes de su trayectoria recién cumplidos los 40 años, el primero al concebir el Centro Directivo y Cultural de la Ciudad Universitaria de Caracas y el segundo el edificio que aquí nos ocupa.
6. Segunda etapa de la sede del Banco Central de Venezuela (inaugurada en 1973). Tomás José Sanabria
Sobre la segunda etapa del conjunto BCV, la cual abarca lo que se denomina como la “torre financiera” de 26 pisos, inaugurada en 1973 por Rafael Caldera, valga decir que, sin alcanzar los niveles de calidad espacial y de escala que tiene la obra premiada (manteniendo, eso sí, altos estándares constructivos y ambientales), originalmente estuvo destinada a ser compartida con otros organismos afines al banco, tales como la Bolsa de Valores de Caracas, la Comisión Nacional de Valores y el Fondo de Inversiones de Venezuela y que está interconectada con el edificio sede con el cual forma una sola unidad arquitectónica y funcional, conformando entre ambos un efecto de demostración de la preocupación de Sanabria por dar luces en el desarrollo urbano del centro de Caracas.
La Fundación Arquitectura y Ciudad (FAC) y Ediciones Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (Ediciones FAU UCV) llaman a participar a autores de cualquier parte del mundo en el
CONCURSO DE ENSAYOS
CARACAS
1567-2017
Caracas al llegar a su 450 aniversario luce agotada, descuidada, olvidada, deteriorada, desarticulada y agredida, y a la vez preservada por su inmejorable clima, su inigualable paisaje y el calor de su gente. Por ende, ofrece la oportunidad única de mirarla sin dejar de pensarla, sentirla, mimarla, reivindicarla, desearla, soñarla, recordarla, imaginarla, proyectarla…
El concurso de ensayos Caracas 1567-2017 se convoca con la intención de dejar plasmadas las múltiples lecturas de que puede ser objeto esta ciudad que es eje de nuestros pensamientos, motivo de nuestras angustias y territorio de nuestros pesares, objeto de amor y de odio, siempre verde como la esperanza.
La convocatoria estará vigente desde el viernes 17 de febrero de 2017 hasta el viernes 30 de junio de 2017.
Se otorgarán 2 premios en efectivo y tantas menciones como el jurado considere pertinentes. Para conocer las bases completas ir a www.edicionesfau.com
El BOLETÍN del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) de la FAU UCV¡Ha sido digitalizado!
La que por años fue considerada la revista académica de arquitectura hecha en Venezuela de mayor proyección internacional, el BOLETÍN del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, ha sido objeto de un minucioso trabajo de digitalización y sus 31 números (1964-1997) ya se encuentran a la disposición de los interesados, con descarga libre, en el portal de Ediciones FAU UCV (www.edicionesfau.com). El trabajo implicó el escaneo de 4852 páginas de un valioso material que permitirá visitar más de 30 años llenos de una copiosa documentación que acompaña a una importante labor investigativa centrada en temas relacionados principalmente con la conservación y restauración de monumentos y sitios históricos en América Latina, patrimonio edificado y análisis histórico-crítico, aparecidos bajo la firma de conocidos autores entre los cuales encontramos a: Sibyl Moholy-Nagy, George Kubler, Graziano Gasparini, Carlos Raúl Villanueva, Santiago Sebastián, Fernando Chueca Goitia, Paolo Portoghesi, Leonardo Benevolo, Roberto Pane, Juan Pedro Posani, Erwin W. Palm, Germán Téllez, Damian Bayón, José Mesa, Teresa Gisbert, Leszek Zawisza, Antonio Bonet Correa , Silvia Hernández de Lasala, Ciro Caraballo, Beatriz Meza S., Manuel López, Jorge E. Hardoy y Luise Margolies. El Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) fue dirigido desde su fundación en enero de 1963 hasta julio de 1979 por su fundador Graziano Gasparini, quien a su vez estuvo a la cabeza del BOLETÍN desde el nº 1 (enero 1964) hasta el nº 25 (noviembre 1983). A partir de ese momento pasa a dirigir el CIHE Leszek Zawisza y a redactar el BOLETÍN Ilmar Lucks hasta que en diciembre de 1986 se registra en el nº 27 a Ilmar Lucks como Director tanto del Centro como del BOLETÍN. Tras un vacío de 7 años, en julio de 1994, reaparece la revista (nº 28) bajo la dirección de Alberto Sato quien logra publicar 4 números hasta octubre de 1997 (nº 31) cuando deja de circular. La noticia que compartimos refleja otro esfuerzo, silente pero constante, inscrito dentro del programa de divulgación de la hemerografía nacional que lleva adelante la Fundación Arquitectura y Ciudad conjuntamente con Ediciones FAU UCV en pro de preservar y difundir la memoria atesorada en nuestras publicaciones periódicas. Disfrutemos de este pequeño bálsamo que aparece en medio de la agitación y la crisis que conmueven al país en general y afectan a nuestra universidad en particular.
Desde que por iniciativa del empresario local Luis Rodríguez Caso se empieza a gestar la idea de organizar una “Exposición Hispano-Ultramarina”, “Exposición Internacional España en Sevilla” o “Exposición Internacional Hispano-Americana” (1909), hasta su apertura con el rótulo definitivo de “Exposición Iberoamericana” el 9 de mayo de 1929 en el Parque María Luisa de la capital andaluza, siguiendo el plan general del arquitecto Aníbal González, transcurren 20 años salpicados de numerosas vicisitudes que permiten contextualizar en cierta medida la presencia venezolana en este evento. Ideada en un comienzo para promocionar a Sevilla como destino de invierno para una clase social alta centrando su actividad más en la historia, el arte, las fiestas y el folclore que en exponer logros técnicos o industriales (objetivo que sí constituyó el tema central de la Exposición Internacional de Barcelona organizada en las mismas fechas), para resolver los acuciantes problemas de la ciudad y modernizar las infraestructuras urbanas, es, sin embargo, el componente ideológico oculto tras el debate sobre la relación histórica entre España y la América Hispana lo que se fue poco a poco posicionando como eje central de un debate que salpicó la actitud de buena parte de los países participantes en la Exposición con respecto al papel del anfitrión, personificado desde 1923 por la dictadura de Primo de Rivera cuyo régimen aprovecha para convertirla en logro al otorgarle el apoyo definitivo que, traducido en intervención del ente organizador, terminará permitiendo su realización. Amparo Graciani García en “Presencia, valores, visiones y representaciones del hispanismo latinoamericano en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929” (2013) señala al respecto: “La aceleración definitiva se produjo tras la inclusión de la Exposición Iberoamericana como elemento del programa político de la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), quien en su ideario político -basado en el Hispanoamericanismo y la Hispanidad– diseñó un nuevo imaginario españolista en torno a la raza (hispana) como principal elemento identitario del espíritu nacional. Mientras abogó por la hegemonía de la raza hispana, sus declaraciones acerca de las culturas y etnias regionales eran cada vez más restrictivas. Así pues, la raza pasó a ser el eje principal del discurso ideológico de la Exposición”. Recordemos como condimento adicional que la denominación “Día de la raza” pensada como celebración que “uniese” a España e Iberoamérica se gesta en 1913 y la oficializa el gobierno peninsular el año 1918 eligiéndose para ello el 12 de octubre. De esta manera el objetivo inicial de “promover los valores hispanoamericanos, potenciar un armónico fraternalismo entre las repúblicas americanas y la metrópoli, y recuperar el prestigio español -perdido tras la Paz de París-”, trocó en un tenso clima que permitió a políticos, arquitectos y artistas exhibir, además de sus tradicionales productos, “su particular visión y misión de la raza, su raza nacional, a través de los pabellones representativos”, asuntos en su mayoría ajenos al desprevenido visitante del evento.
Así, la participación de los diferentes países latinoamericanos en la Exposición Iberoamericana podría clasificarse entre aquellos que asumieron el predominio de la raza hispana (en sintonía con los lineamientos oficiales del régimen de Primo de Rivera), como es el caso de Argentina, y aquellos que reaccionaron a tal premisa siguiendo la ruta de la exacerbación de los valores de sus particulares nacionalidades oscilando “entre el indigenismo y la exaltación del mestizaje” como son los casos de México, Bolivia, Colombia, Perú y Chile. También, bajo este patrón se puede desentrañar el compromiso adquirido por unos países u otros en cuanto al control del diseño de sus respectivos pabellones, pudiéndose hablar en definitiva de “pabellones nacionales” versus “pabellones nacionalistas” proyectados o bien por arquitectos nativos de los países representados o bien asumidos por el Comité Organizador asignando el encargo a arquitectos españoles. Acudieron al certamen un total de dieciocho estados americanos, además de Portugal, Marruecos, Guinea y las diferentes regiones españolas y provincias andaluzas. La actitud asumida por Venezuela a la hora de determinar la manera como debía hacer su aparición en la Exposición Iberoamericana de Sevilla con un edificio propio, si bien pareciera revelar la presencia de un “pabellón nacional”, luce alejada al debate de fondo que hemos intentado ilustrar. El haber finalmente encargado el diseño al arquitecto gaditano Germán de Falla y Matéu (1889-1959), sumado a su provisionalidad derivada del hecho de haber sido uno de los pocos demolidos al no ser firmado un contrato de cesión con el ayuntamiento sevillano, nos dejan de nuevo una desazón que luce difícil de explicar, a sabiendas, gracias a la investigación hecha por Orlando Marín -recogida en La nación representada: La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX (2006)-, de que fueron evaluadas “tres propuestas recogidas por la Comisión designada por el gobierno de Juan Vicente Gómez en Sevilla para contratar el proyecto del pabellón venezolano”, una de ellas elaborada en Venezuela. En todo caso, la que en definitiva resultó ser nuestra representación nacional en Sevilla “cuyo costo ascendió a Bs. 179.303,38, constaba de tres salas de exposición organizadas simétricamente alrededor de un patio central rodeado de corredores. La fachada principal, más bien austera y de líneas simplificadas, muestra en el volumen de acceso el empaque de un arco del triunfo apenas intervenido por cornisas molduradas y listones pintados. La puerta de entrada está flanqueada por dos grandes lámparas de pared y la remata una inscripción con el nombre del país. Un poco más al fondo, sobre la puerta de entrada, también se ha pintado el escudo nacional”, tal y como señala el documentado estudio de Marín. El haber seleccionado Germán de Falla un austero neocolonial como estilo que debía representarnos en Sevilla permite detectar no sólo la manera como un arquitecto europeo interpretaba nuestro pasado, sino también recordar que ya para la época los rasgos propios de dicha manera ecléctica de rescatar nuestros ancestros hispanos de la “leyenda negra” que los arropó luego de la gesta independentista, se empezaban a imponer en buena parte de la arquitectura residencial caraqueña, donde la impronta de rasgos modernistas aún no se reconocía con claridad. El tránsito entre un país predominantemente rural y otro de carácter más urbano o de una economía agraria a la petrolera ya se encontraba plenamente encaminado signado por una bonanza que contrastaba con el crac que en octubre de ese mismo año de 1929 sufría la bolsa de Nueva York dando inicio a la «gran depresión».