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¿SABÍA USTED…

… que en 1958, hace ya 60 años, se termina la construcción de la Casa de Italia en Caracas?

1. La Casa de Italia. Doménico Filippone, 1958. Vista exterior

La colonia de inmigrantes italianos que, a causa de las penurias que atravesaba esa región de Europa durante la posguerra, se residencia en Venezuela fue la más numerosa de cuantas optaron por venir al país.

Los datos más difundidos señalan que en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX casi 300.000 oriundos de Italia entraron por el puerto de La Guaira, 60% de ellos provenientes del sur de la península, acogidos en su mayoría a la política de “puertas abiertas” que se instaura a partir de 1952 durante la dictadura perezjimenista, la cual dejó de lado criterios aplicados desde el gobierno de Isaías Medina Angarita (1941-45) y luego hasta 1948, donde los organismos competentes asumieron la tarea de selección, recepción y ubicación de los extranjeros. Inicialmente, muchos de los inmigrantes italianos fueron enviados a las comunidades agrícolas, pero al abrirse y relajarse la puesta en práctica de normas racionales de distribución de la población migrante, la mayoría terminó trabajando en el comercio, industrias y servicios de las principales ciudades ubicadas en la región centro-norte costera, copando con bastante rapidez el ámbito correspondiente a la industria de la construcción, la segunda en importancia tras la petrolera.

De esta manera, el desbocado crecimiento demográfico y urbano que se manifestaba en Caracas colaboró enormemente a que la numerosa colonia italiana se fortaleciera gracias a su influyente intervención en la edificación de gran cantidad de inmuebles multifamiliares ubicados en diferentes sectores de la ciudad.

Por otro lado, la población ítala residenciada en la capital (cuantitativamente la mayor de todas las de esa nacionalidad presentes en el país), dada la natural coincidencia que suele darse con otras personas alejadas de su lugar de origen, busca establecer relaciones y pasar sus ratos de ocio en compañía de sus familiares y coterráneos en lugares adecuados para ello, lo cual derivará en la correspondiente organización estructurada en torno a inmuebles que las facilitaran.

Llegado el momento de decidir la construcción de una sede social de nueva planta que representara el estatus ya adquirido por los oriundos de Italia, que a su vez se constituyera en lugar de encuentro de tan floreciente colectividad, sus promotores compran un lote ubicado en la céntrica y multiétnica parroquia de La Candelaria -en la Av. Sur 17 (Av. Las Industrias) entre Av. Urdaneta y Av. Este 0- y encargan el proyecto al arquitecto napolitano residenciado en el país desde 1946 Doménico Filippone Maggio (1903-1970).

2. Doménico Filippone en su mesa de trabajo

De Filippone vale acotar que es junto a Gio Ponti el arquitecto italiano de mayor trayectoria de cuantos trabajan en nuestro país con la particularidad de que, a diferencia de Ponti quien desarrolla los proyectos que se le encargan a distancia, Filippone vivirá en Venezuela hasta su muerte.

De su etapa italiana de alrededor de 20 años, transcurridos entre su graduación de arquitecto en la recién establecida escuela de arquitectura de su ciudad natal en 1926 hasta su llegada a Venezuela en 1946, llamado por el gobierno a participar como consultor  de la redacción del plano regulador de Caracas, Filippone dirige inicialmente su actividad profesional hacia la construcción residencial, a la que luego se unió una carrera intensa y exitosa en planificación urbana y en el diseño de obras públicas, de donde destaca el primer premio otorgado por Marcello Piacentini al grupo en el que participó para el plano regulador de Bolonia (1938) por haber “tratado con realismo convincente las tres cuestiones fundamentales: viabilidad, ampliación, restauración y mejora de los monumentos”, tal y como señala Maristella Casciato en el Dizionario Biografico degli Italiani Volume 47 (1997) en “Filippone, Doménico” nota biográfica por ella preparada. También sobresale de su primera etapa el edificio de la Juventud Italiana del Littorio (GIL) en Campobasso, “una arquitectura que recibió un aprecio unánime por la claridad de la distribución y por la atención con que el diseñador había respondido a la coherencia efectiva del paisaje y del entorno arquitectónico”.

Desde su llegada a Venezuela, Filippone lleva adelante una intensa actividad en diversos frentes: “fue consultor y luego funcionario del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social; representó al gobierno en congresos nacionales e internacionales de arquitectura y planificación urbana; fue profesor de planificación urbana en la Universidad Central de Venezuela; colaboró regularmente en la página cultural de los principales periódicos; con su actuación como diseñador, difundió ideas que lograron generar un debate nacional sobre los temas de la arquitectura social y el renacimiento de las actividades productivas en la agricultura”, apuntará Maristella Casciato, para luego referirse a su decisiva labor dentro de la División de Vivienda Rural de la Dirección de Malariología del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS), cuyo Programa de Vivienda Rural, iniciado en abril de 1948, coordinará e impulsará decididamente desde 1958 (ver Contacto FAC nº 97 del 07-10-2018).

En Las Italias de Caracas (2012), catálogo de la exposición del mismo nombre montada en la Sala TAC del Paseo Las Mercedes, Caracas, Hannia Gómez al referirse a Filippone comentará: “Sus arquitecturas en toda Venezuela y en Caracas destacan por la inusitada imaginación, por la fluidez y el dinamismo de los espacios que desde sus años italianos caracterizaron su búsqueda arquitectónica, por su innovación formal, y por su amor a la ciudad, haciendo siempre una arquitectura urbana que transforma cada uno de los lugares donde fueron construidas…”.

3. La Casa de Italia. Doménico Filippone, 1958. Izquierda arriba: Plaza de entrada. Izquierda abajo: Altorrelieves de la fachada este del cuerpo alto. Derecha arriba: Planta baja. Derecha abajo: Fachada

De esta manera, al abordar el proyecto para la Casa de Italia, Filippone responde a las apremiantes solicitudes del contexto y a la responsabilidad de manejar valores asociados a la identidad del colectivo que disfrutará el edificio a través de una propuesta decididamente moderna, conformada por dos cuerpos articulados que incorporan la utilización de elementos expresivos que matizan su particular e impura racionalidad. El cuerpo alto, laminar, rematado en su fachada este con un mural alegórico realizado en mármol por el artista italiano Hugo Daini, contiene oficinas administrativas, mientras que en el bajo, recubierto de vidrio con perfiles metálicos, se ubican las áreas sociales rematado en el último piso por el restaurante, espacio referencial.

Sin duda, cierta dosis de teatralidad acompaña el comportamiento de la edificación hacia lo urbano, el tratamiento de las superficies que lo envuelven y el manejo de las relaciones espaciales, acentuada en su interior por un gran ventanal que a modo de terraza pública domina las visuales al norte de la ciudad.

4. La Casa de Italia. Doménico Filippone, 1958. Izquierda arriba: Escalera vista desde abajo. Izquierda abajo: Sala de fiestas. Derecha: Restaurante.

El esquema compositivo permite generar un proporcionado espacio público que da realce al acceso protagonizado por una potente escalinata. Sus diversas plantas libres, la equilibrada combinación de formas autónomas e incluso su consideración a las variables climáticas, resuelta a través de una piel de romanillas metálicas que confiere gran unidad al conjunto, reafirman la presencia de una modernidad atemperada por la caracterización que proveen lugar y uso pero a la vez atenta al vocabulario internacional en boga. La Casa de Italia, sin la rutilancia de muchas de las edificaciones que poblaron Caracas durante la década de los años 50 del siglo XX, no dejó de ser un punto de referencia y una oportunidad aprovechada al máximo por su arquitecto para manifestar que se encontraba en una ciudad y en una latitud del planeta que asimiló y lo asimiló y, por tanto, merecían una muy especial consideración.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 3 (izquierda abajo). González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

2. https://venezuelaehistoria.blogspot.com/2020/10/domenico-filippone-maggio.html

3 (Izquierda arriba y derecha arriba y abajo) y 4 (izquierda arriba). Las Italias de Caracas, Sala TAC, Caracas, 2012

4 (Izquierda abajo y derecha arriba y abajo). https://www.coleccioncisneros.org/editorial/cite-site-sights/caracas

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Chile, ganador del Concurso Alacero Internacional 2018

Por Nicolás Valencia

17 noviembre, 2018

Tomado de Plataforma arquitectura

Con la propuesta “Máquina Fitorremediadora de Relave Minero”, el equipo de Chile ganó el primer lugar del 11º Concurso Alacero de Diseño en Acero para estudiantes de Arquitectura 2018 organizado esta vez en Colombia.

El equipo integrado por los estudiantes de la Universidad Finis Terrae -Diego Concha, Tomás Aguirre y Trinidad Hermosilla- presentó un proyecto que busca «recuperar y reutilizar los residuos mineros a través del uso de plantas de alta resistencia a los minerales para la reducción y futura mitigación de los riesgos ambientales del terreno», según explican los autores en la memoria, cuyos tutores fueron los profesores Andrés Echeverría y Cristián Lecaros.

El jurado internacional otorgó el segundo lugar al equipo representante de Brasil, integrado por João Pedro Sommacal de Mello, Felipe Fachini Maia, Camilla Duarte Gubeissi y Kelly da Rocha Comparsi (Universidade Presbiteriana Mackenzie), cuyo profesor guía fue Renato Carrieri. Mientras la mención honrosa recayó en Colombia, cuyo equipo estuvo integrado por los alumnos de la Universidad de la Salle: Salomón Puentes Hernández, Juan Camilo Vásquez Cardona, Oscar Javier Gutiérrez Peña y Andrés Felipe Morales Gómez. Sus tutores fueron Helmuth Ramos Calonge, Carlos Manrique y Freddy Díaz.

La edición internacional del concurso Alacero reúne anualmente a una serie de proyectos ganadores a escala nacional en todo Latinoamérica. En el caso del equipo ganador, estos se habían adjudicado anteriormente el XXXII Concurso CAP Chile.

El jurado del certamen internacional estuvo compuesto por los arquitectos Sebastián Colle (Argentina), Carolina Fonseca (Brasil), Álvaro Donoso (Chile), Felipe Vejarano (Colombia), Luis Enrique López Cardiel (México) y Juan Mubarak (República Dominicana).

ACA

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

GUÍA

Obras de arte de la Ciudad Universitaria de Caracas

Antonio Granados Valdés

Rectorado Universidad Central de Venezuela (UCV)

Asociación de Profesores de la UCV (APUCV)

Instituto de Previsión de los Profesores (IPP) de la UCV

1974

Quizás uno de los puntos culminantes dentro de la destacada labor que realizó Antonio Granados Valdés (1917) como director de la División de Extensión Cultural de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), desde 1957 a 1978, lo constituyó la publicación en 1974 de la GUÍA. Obras de arte de la Ciudad Universitaria de Caracas.

Admirador como pocos de la figura de Villanueva y fiel a su vocación de pintor y dibujante, Granados encontró tras la tarea de registrar tanto la presencia como el inmenso y trascendental aporte del arte dentro del recinto creado por el Maestro, la manera de dejar constancia de tal veneración (logrando que ello ocurriese aún en vida a un año del fallecimiento de nuestro más importante arquitecto), y la oportunidad de producir un primer y necesario documento que plasmara todas y cada una de dichas presencias.

El libro, de un formato fácil de manejar en virtud de su condición de guía, aparece durante la gestión del Dr. Rafael José Neri como rector de la UCV, cuyo despacho también auspició la salida de la edición conjuntamente con la Asociación de Profesores de la UCV (APUCV) y el Instituto de Previsión de los Profesores (IPP). El tiraje fue de 50.000 ejemplares, 10.000 de ellos en inglés.

La publicación ofrece concisas anotaciones sobre cada artista, reproduce casi todos los murales y se complementa con un plano desplegable con la ubicación de las obras de arte en la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC).

Realizada con el único propósito de orientar a quienes visitan la Ciudad Universitaria y también a cuantos participan en la vida activa de esta casa de estudios, la Guía … se constituye en una herramienta fundamental para determinar el significado de las múltiples obras de arte pertenecientes al patrimonio cultural de la institución. Cabe acotar que, pese a la baja calidad de su impresión, descuido que dejó en minusvalía este loable e importante esfuerzo, gracias a su alto tiraje, se convirtió durante casi tres décadas en el principal documento para quienes buscaban adentrarse en el acervo artístico de la CUC.

La publicación preparada por Granados, tal vez sin proponérselo, sentó parte de las bases que dieron inicio a un proceso creciente de toma de conciencia sobre el valor que empezaba a tener la CUC dentro del concierto patrimonial. De esta manera, no está de más recordar que en 1975 (el 14 de julio) el Consejo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, se pronuncia para salvaguardar la CUC y sus obras de arte y efectúa un llamado de atención sobre los efectos negativos que ha sufrido por la intensidad de uso de sus edificaciones y servicios, lo que condujo a encomendarle al Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE) la elaboración de una evaluación con el objetivo de elevar sus conclusiones al Consejo Universitario la cual, posteriormente, es publicada por Leszek Zawisza (1977) en la revista Punto nº 59 (monográfico dedicado justamente a La Ciudad Universitaria de Caracas), donde se plasman un conjunto de recomendaciones dentro de las cuales está tramitar ante los organismos pertinentes el reconocimiento oficial de Conjunto Artístico de Interés Nacional.

Posteriormente, el 15 de septiembre de 1982 se creará, contando con la asesoría de Miguel Arroyo, la Unidad de Conservación de Obras de Arte de la CUC (dependiendo directamente del Rectorado) a raíz de la mutilación de un mural de Francisco Narváez, ubicado en el Comedor Universitario, como consecuencia de la ampliación del mismo, lo que constituirá un importante paso para acometer coordinadamente tareas de restauración de pinturas, esculturas y murales.

Como colofón, tampoco sobraría agregar que gracias a los aciertos y deficiencias que presentaba la Guía…, en 1991 se publica, a cargo de Marina Gasparini Lagrange y Paolo Gasparini (con escritos de Marina Gasparini, Enrique Larrañaga, Juan Pedro Posani, Miguel Arroyo y Eliseo Sierra), Obras de Arte de la Ciudad Universitaria de Caracas (libro de gran formato y muy bien ilustrado coeditado entre la UCV, Monte Ávila Editores y el Consejo Nacional de la Cultura -CONAC-), donde, además de una serie de artículos referidos a los valores de conjunto tanto desde el punto de vista arquitectónico como artístico, se reseña por primera vez el listado de obras pertenecientes a la Colección “Síntesis de las Artes”. De aquí a la declaratoria de la Ciudad Universitaria como Patrimonio Mundial (que como se sabe, se dio el año 2000 coincidiendo con el centenario del nacimiento de Villanueva), todavía faltaría un importante trecho pero ya las necesarias bases de sensibilización y concientización estaban echadas.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 140

Cuando la ciudad de Caracas comienza a expandirse, ya se detecta en el plano elaborado por Ricardo Razetti en 1906, al sur del río Guaire, en tierras de lo que era la hacienda Echezuría, la aparición de la primera zona hacia donde la burguesía comenzó a encontrar la oportunidad de demostrar, no sólo su pujanza económica y social sino también de poner en práctica, gracias a la siempre notoria  capacidad de imitar modelos procedentes de otras latitudes, una nueva manera de vivir.

Así, la urbanización El Paraíso, cuya verdadera importancia como tal la alcanzará después de 1908, mostrará la aparición de una tipología que dejaba atrás la vieja casa urbana encerrada entre medianeras, y en su incipiente trazado ya empezaba a detectarse la aparición de edificaciones que presentaban otro aspecto, casi todas de más de un piso, colocadas de manera aislada dentro de cada parcela de las que se podían apreciar sus cuatro fachadas abiertas sobre jardines.

El plano de Razetti también da cuenta de la existencia para entonces de un total de hasta 38 viviendas, distribuidas entre las avenidas Castro y El Paraíso, que se debaten entre asumir nombres propios (“Villa Elisa”, “Santa Marta”, “Santa Catalina”, “Monte Elena”, “Las Mercedes”, “El Carmen”, “Dolores”, “Villa Trina”), o denotar el de sus propietarios (Señor Rivas, Señor Eraso, Dr. N. Zuloaga, Señor Pacanins, Señor Boulton, Señor Francia, Señor Capriles, General Castro), pero que en todo caso permiten a Juan Pedro Posani hablar en la segunda parte de Caracas a través de su arquitectura (1969) de la “casa-quinta” como denominación de esa nueva tipología que esconde la “pretensión de alcanzar los modelos europeos del ‘chalet’, de la ‘mansión’ o de la ‘villa’”.

Por otra parte cabe señalar que el vocablo “quinta”, referido a la arquitectura y el urbanismo (o incluso al ámbito inmobiliario), ofrece distintos significados dependiendo del país donde se utilice, remitiendo su origen a «la quinta parte de la producción» que el arrendatario (llamado quintero) entregaba al dueño de una finca, aplicándose más tarde la denominación de quinta a esa misma finca rústica, incluyendo sus palacios o casas solariegas, parques y granjas. El DRAE sintetiza su significado como “Casa de campo, cuyos colonos solían pagar como renta la quinta parte de los frutos” y especifica para Colombia, México y Venezuela: “Casa con antejardín, o rodeada de jardines.”

En nuestro país la “quinta” se asocia al término vivienda unifamiliar aislada y, adicionalmente, a un cierto estatus vinculado a sus primeras apariciones en El Paraíso. También su estudio permite constatar el desarrollo de un modelo que en manos de sagaces urbanizadores protagoniza en buena medida el frenético crecimiento de la ciudad, el territorio donde se entrenarán los arquitectos poniendo en práctica una formación de talante funcionalista y la oportunidad de develar los más variados estilos y el más prolífico eclecticismo ligado siempre a las aspiraciones de cada propietario. “En este proceso (del Paraíso a la California) la quinta, como residencia unifamiliar, sufre una reducción cuantitativa: los jardines se vuelven recortes de verde y las mansiones pequeños aglomerados de cuarticos. Pero el esquema básico sigue siendo el mismo, sustentado por una idéntica idea: la de liberarse de la condición urbana”, afirmará Posani, y más adelante, “… la quinta y la urbanización parecían las soluciones lógicas para la expansión de una ciudad tradicionalmente de un solo piso, cuyos habitantes aceptaban con dificultad las escaleras del edificio, la ‘jaula’ del apartamento, la mecanización del ascensor. Como es lógico, antes de aceptar el apartamento se substituye a la vieja casa urbana por la quinta”.

Con el tiempo la urbanización El Paraíso fue perdiendo el talante que originalmente la caracterizó y, gracias a cambios de zonificación que se produjeron en algunos de sus sectores, se fue poblando, una vez promulgada en 1958 la Ley de Propiedad Horizontal, de edificios multifamiliares. De entre los primeros inmuebles que se desarrollaron, quizás el más emblemático tanto por su configuración como por la peculiar manera como fue trabajada la idea que le da forma es el que se conoce como “las Quintas Aéreas”. Tras su inteligente denominación coloquial (formalmente se conoce como edificio “Las Torres”) se encierra, sin duda, el deseo de ofrecer a la clase media emergente una solución que reinterpreta la idea de lo que en su momento fue el modelo de expansión primigenio de la ciudad, pero en esta ocasión trabajado como parte de una construcción vertical. Aunque no se ofrece literalmente el jardín y aislamiento que toda quinta posee, este interesante edificio ofrece la oportunidad de contar con todas las comodidades que su correlato ofrecía y le daba a sus propietarios, aunque sólo fuese en el papel, un estatus que quien compraba en otro edificio no poseía.

Proyectado en 1957 por el ingeniero civil Natalio Yunis (egresado de la UCV en 1948), ubicado en una parcela en esquina con frente hacia la Av. José Antonio Páez, la avenida B y la calle Junín de la urbanización La Paz, su planta asimétrica en forma de Y (dos brazos de igual longitud, el tercero más corto), está acompañada por el diseño racional y a la vez atrevido de un planteamiento estructural de concreto armado que apela a grandes volados, los cuales permiten generar terrazas, corredores y balcones que emulan «en el aire» las áreas libres perimetrales (jardines) propias de las casas-quintas convencionales y permiten separar cada una de las unidades de dos plantas que lo conforman.

Las «quintas» se distribuyen en número de ocho en cada uno de los cinco pisos inferiores que poseen la misma superficie, la cual disminuye al escalonarse el volumen del edificio hacia los extremos en la medida que gana altura. En total se lograron proponer 50 apartamentos dúplex que, aunque permiten hablar de una edificación de 14 pisos en su parte central, sus ascensores tienen paradas sólo en 7 niveles.

Los veintiún apartamentos-quintas ubicados en los extremos de las plantas tienen mayor área que los demás. Cada uno contiene en su planta baja: sala-comedor, cocina, lavandero y una habitación con baño incluido. En su planta alta se encuentran: la habitación principal con vestier y baño incorporado, 3 habitaciones provistas de closets que comparten un baño entre ellas y una habitación sin closet.

Cuentan las Quintas Aéreas además con sótano y una planta baja a doble altura con doce locales comerciales de igual superficie, otro de mayor área, la conserjería, escalera común y hall de tres ascensores.

La descripción que lo acompaña en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) permite apreciar cómo «la losa de planta baja se encuentra elevada medio nivel con relación a la avenida definiéndose así un gran espacio que rodea el edificio a modo de plaza con jardines perimetrales».  También resalta el hecho de encontrarnos ante una “ingeniosa tipología arquitectónica de usos mixtos”, y un muy interesante resultado formal y espacial que “… se enriquece con novedosos sistemas de cerramientos en las fachadas, permitiendo un juego entre llenos y vacíos, donde diversos elementos componen diseños alegóricos vinculados a la arquitectura neoplasticista de Mondrian, Van Doesburg y Rietveld.”

ACA

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Todas. Colección Crono Arquitectura Venezuela

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 139

Los expresivos dibujos recogidos en nuestra postal del día de hoy, elaborados por Domingo Acosta (Arquitecto, UCV, 1979; Master of Architecture, University of California Berkeley, 1982; Ph.D. in Architecture, University of California Berkeley, 1986; y profesor titular en la FAU UCV), como diseñador del hotel Stauffer (cuya construcción se culmina en 1995), nos podrían permitir rescatar y valorar el papel de acompañante en la concepción y desarrollo de un proyecto que cobra el croquis para algunos profesionales, y la vida propia que ellos empiezan a adquirir dentro de la aproximación que a su obra se pretenda hacer. Sobre este tema ha escrito con propiedad Frank Marcano Requena quien en su ensayo “El croquis como instrumento de diseño” (incluido en el libro Croquis. Plan Rector. Ciudad Universitaria de Caracas de Gorka Dorronsoro -2000-, reseñado en Contacto FAC nº 65 del 25-02-2018), precisa cómo este tipo de dibujos no sólo dan cuenta del proceso creativo que puede acompañar a determinada obra sino también acerca de los temas y preocupaciones que van de la mano de su autor como parte de su devenir intelectual.

Así, podríamos descubrir tras los bocetos de Acosta, por un lado, su utilización como recurso para explicar desde lo puntual varios de los aspectos fundamentales que develan el énfasis dado a la concepción de esta edificación y, a su vez, la manera como puede explicarse, a partir del diseño de algunos de sus elementos constructivos, la forma como se pensó en su caracterización y la ambientación que se buscaba dar a algunos de sus espacios más importantes.

Pero lo que esta aparente representación parcial denota es la presencia de una visión que sobre la arquitectura se tiene y que gira en torno a lo que se ha denominado el “desarrollo sostenible”, línea de trabajo que Acosta ha desplegado y puesto en práctica tanto en sus proyectos profesionales como en su actividad como investigador dentro del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) de la FAU UCV, buscando demostrar permanentemente cómo ambas actividades pueden alimentase mutuamente en pro de una arquitectura “ecológica y socialmente responsable”. Estrategias tendientes a lograr una arquitectura y construcción sostenibles pueden encontrarse, entre otras, tras el diseño bioclimático, la reducción del consumo energético, la reducción del consumo de recursos y desechos, y la creación de lugares sostenibles, tal y como se señala en la página http://www.domingoacosta.com/site/.

De esta manera, cuando Stambul Ingeniería, Procura y Construcción le llama para proyectar el hotel Stauffer, Acosta (quien contó con la colaboración del arquitecto Carlos Gambino) encuentra una excelente oportunidad de poner en evidencia las preocupaciones que ya venía desarrollando con relación a los temas apuntados. Al describirlo, tal vez por lo temprano de la fecha, se hace mención no tanto a “desarrollo sostenible” sino más bien a “el clima como tema fundamental en el diseño”, condiciones ambas que sin duda siempre deben ir de la mano.

Para concebir la propuesta se apela a la valoración de su localización en los verdes llanos de Monagas (al norte de la ciudad de Maturín) a los que “hasta pareciera que la sequía no lo afecta” y a la voluntad de captar la infinitud que ofrece el paisaje, resumida en la consideración de un poderoso medio ambiente donde la lluvia, la humedad, el calor y la inmensidad de «un horizonte multiverde» conforman un inmejorable marco natural al que había de escuchar.

Según podemos extraer de la página ya mencionada: “El conjunto arquitectónico consiste en un anillo de edificaciones bajas que abrazan un gran patio central, como en las grandes haciendas y casas coloniales venezolanas. Los propietarios estuvieron de acuerdo en que hubiera sido un exabrupto construir una torre en medio del llano; además, apreciaron que el esquema adoptado permitiera proyectar y construir simultáneamente e inaugurar por etapas, como forma de disminuir los costos financieros”.

En un terreno de más de 3 hectáreas, con un área de construcción de cerca de 20.000 m2, un total de 230 habitaciones y el apoyo de todos los servicios que han permitido catalogarlo como un hotel cinco estrellas, su bien logrado diseño ofreció a los redactores del Arquitectura HOY la ocasión de presentarlo en las páginas centrales de su nº 64 (4 de junio de 1994) acompañándolo, entre otros, del siguiente comentario: “…la proposición ha trascendido la creación de un microclima; es un microcosmos en el cual galerías, balcones, aleros, pérgolas y vegetación conforman espacios intermedios de sombras que protegen y generan nuevos ámbitos, en donde los rigores del clima se apaciguan y se domestican, con una arquitectura que parece estar tejiendo sobre la urdimbre de la naturaleza presente. El conjunto hotelero expone sus adhesiones a las condiciones del sitio, a los materiales y los detalles que son familiares -como una Casa Grande- atendiendo también con naturalidad, a las disponibilidades técnicas contemporáneas y la racionalidad constructiva, como si la decisión de diseñar con el clima estuviera liberada de cualquier hábito formal o técnico”. Quizás valga la pena observar de nuevo la postal para confirmar lo expresado en el semanario.

Constituye el Stauffer una clara excepción dentro de los hoteles de reciente data que, basado de sus valores, ha salido al relevo de algunos de los pertenecientes a la emblemática cadena de la CONAHOTU construidos en los años 50 del siglo XX, y servido para dar una nueva oportunidad de mostrar de manera renovada cómo deben enfrentarse aspectos constructivos, ambientales y de caracterización ligados ahora al desarrollo sostenible. Pese al tiempo que los separa, podría sumarse perfectamente a la saga conformada por los hoteles Moruco, Prado Río y muy particularmente el Llano Alto dada su localización, materiales, lógica constructiva empleada y acento dado a las variables ambientales.

Afortunadamente al día de hoy el hotel Stauffer aún se encuentra bien mantenido y sigue siendo referencia se primer orden para quienes quieran visitar el oriente del país. Los operadores turísticos, sin escatimar en elogios, no dudan en promocionarlo en virtud de que “ofrece un armónico y placentero contraste con un paisaje en condiciones prácticamente vírgenes, además, brinda la cómoda cercanía de los principales y más variados encantos naturales de la región, como la Cueva del Guácharo, un imponente monumento natural y uno de los pocos santuarios de esta ave a nivel mundial, ubicado en el macizo oriental, importante reducto de bosques y fuentes de agua para la región”.

ACA

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Todas. http://www.domingoacosta.com/site/

Visitas memorables

Iñaki Ábalos (San Sebastián,1956)

La visita que realizó Iñaki Ábalos a Venezuela el año 2010 obedeció, como la de muchas otras personalidades que se han acercado a nuestras tierras, a la invitación que se le cursara para formar parte del jurado de un importante concurso nacional promovido en este caso por la CAF (entonces Corporación Andina de Fomento) y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv): el destinado a seleccionar la mejor propuesta para el “Nuevo Complejo Musical de Caracas” (o “Complejo de Acción Social por la Música Simón Bolívar” como también se le conoce), a ser localizado en el Bulevar Amador Bendayán, Sector Santa Rosa, que fuese ganado por los arquitectos Khristian Ceballos, Alejandro Méndez, Mawari Núñez, Daniel Otero, Jean-Marc Río y colaboradores (ADJKM), cuyo veredicto se dio a conocer el 2 de julio.

Para aquel momento Ábalos, quien se tituló de arquitecto en 1978 y de Doctor en Arquitectura en 1991 en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (de la que fue profesor del Departamento de Construcción entre los años 1984 y 1988), y destacaba como uno de los arquitectos españoles más reconocidos de su generación, ya había roto su sociedad (2006) con Juan Herreros con quien fundó en 1985 el prestigioso estudio Herrero & Ábalos y creado (desde el propio 2006) la firma Ábalos+Sentkiewicz arquitectos junto a Renata Sentkiewicz, la cual se mantiene activa hasta ahora.

El mismo año en que nos visita (2010), Ábalos, tras ser en 2009 RIBA International Fellowship, es invitado por la Universidad de Harvard como Visiting Critic in Architecture and Urban Design, pasando luego a ser Professor in Residence (2012-2013), para luego asumir el cargo de Chair of the Department of Architecture (2013-2016).

Ábalos, cuya obra en sociedad con Herreros ya había sido objeto de diversas monografías, y empezaba también a despuntar como crítico a través del ensayo Natural-Artificial (1999, aparecido en el libro de Autores Varios del mismo nombre), comenzó a dejar constancia de su peso como pensador y teórico de la arquitectura a partir de la publicación de La buena vida. Visita guiada a las casas de la modernidad (2000), obra de gran impacto y trascendencia en los medios académicos.

Así, a punto de iniciar su experiencia en Harvard y luego de cuatro años de su filiación profesional con Renata Sentkiewicz, Ábalos se presenta el 6 de mayo de 2010 en el Auditorio Carlos Raúl Villanueva de la FAU UCV, donde dictó la conferencia “La belleza termodinámica. Obras y proyectos”, oportunidad que aprovechó para mostrar la línea de trabajo que en ese momento lo caracterizaba que a su vez había generado un claro eje de investigación proyectual, cuyos principales planteamiento ya habían sido recogidos en La belleza termodinámica (2008) publicación que puede consultarse en http://www.mansilla-tunon.com/circo/epoca7/pdf/2009_157.pdf.

En dicho texto (base indudable de la conferencia dictada), luego de realizar una interesante introducción, que vale a la vez como diagnóstico del estado en que se encuentra el tema de la sostenibilidad a nivel internacional y sus repercusiones en la arquitectura, Ábalos, quien reivindica la preponderancia que debe retomar la forma arquitectónica como génesis y soporte en el proceso de toma de decisiones (o, en otras palabras, una idea de belleza que debe esconderse tras la idea de sostenibilidad), plantea lo siguiente:

“Si atendemos ahora exclusivamente a las nuevas técnicas proyectuales desplegadas por las diferentes aproximaciones hasta aquí descritas, parece fácil identificar dos modelos proyectuales para la estética de la sostenibilidad o, en otras palabras, la belleza termodinámica -dos modos de operar que parecen ligados a dos climas diferentes y también unidos a dos prototipos primigenios-: un modelo basado en la construcción de un ambiente tecnificado, parametrizado y artificial, promovido desde el ámbito anglosajón, basado en gestionar el confort  artificialmente y con medios maquínicos, de duración estacional; y el promovido desde el cinturón tropical y subtropical (incluyendo el mediterráneo), es decir, desde la geografía del sol, basado en una gestión hábil y sensualista de medios diversos más elementales (“bricolagista” en términos de Levi-Strauss), con ciclo más diario que estacional. Estos dos modos de operar, obviamente admiten todo tipo de gradientes de aproximación entre sí (…), pero sobre todo su caracterización (o caricatura) permite identificar dos tipos originales a los que se remiten en última instancia: el invernadero y el umbráculo”.

Más adelante, luego de explicar la manera como puede producirse la necesaria aproximación anunciada entre ambos modelos, concluye:

“La belleza termodinámica más creíble será aquella que sepa poner en relación de forma emotiva y directa la intensificación de la experiencia somática individual con el control científico de los elementos naturales y artificiales como instrumentos de construcción del ambiente. (…) Para avanzar en este cambio de paradigma desde el modelo tectónico y mecánico de la modernidad al modelo termodinámico contemporáneo, parece necesario construir una nueva cartografía que nos oriente en torno a las nuevas técnicas proyectuales, a la organización de los sistemas constructivo-tipológicos y a las filiaciones estéticas, adoptando como hipótesis de partida la convención o consenso en la necesidad de una integración entre arquitectura, paisaje y técnicas medioambientales”.

Esta postura, propia de la cultura arquitectónica contemporánea, sugerente, realista y de avanzada en su momento, sirvió para observar lo que, a modo de adelanto, Ábalos mostró entonces al presentar su obra en la FAU UCV y quizás también para especular acerca de si el proyecto ganador del concurso para el “Nuevo Complejo Musical de Caracas” de ADJKM se ubica en la senda de la “belleza termodinámica”. Además, contextualiza la importante invitación que se le cursara con la que inició su experiencia en Harvard, señal inequívoca de que dicha universidad intuía la presencia de un nuevo paradigma que merecía la oportunidad de ser puesto a prueba, y que en Caracas tuvimos el privilegio de escuchar prácticamente de primera mano (luego se Ábalos lo presentaría en julio de 2011 en la PUC de Chile) y cuyo impacto aún está por sentirse de forma notoria en nuestra enseñanza de la arquitectura. También vale para evaluar, transcurridos 8 años, la prolífica obra que Ábalos+Sentkiewicz ha podido realizar desde entonces y para emprender la lectura de su más reciente libro Textos críticos (2018), reseñado el pasado 9 de septiembre en el Contacto FAC nº 93.

ACA