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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 112

Venezuela, a pocos meses del derrocamiento de la dictadura perezjimenista, participa en Bruselas (Bélgica) como parte de los 43 países extranjeros que, junto al anfitrión, 2 colonias y 8 organizaciones internacionales, se mostraron en la primera Exposición Universal organizada después de la Segunda Guerra Mundial lo cual marcó la reanudación de eventos de esta categoría, suspendidos desde Nueva York 1939.

1. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Posters elaborados para promocionar el evento

Expo Bruselas 58 al situarse en plena posguerra sirvió para que los gobiernos de los aliados de Europa Occidental aprovechasen para demostrar sus éxitos y prosperidad posbélicos, mientras que los países del Eje -Alemania, Japón e Italia- vieron en ella una oportunidad de lavar su imagen internacional. Sin embargo, lo más destacado entre la general exuberancia de la feria fue la tensión evidente entre Estados Unidos y la Unión Soviética quienes, como protagonistas de lo que se conoció como la Guerra Fría ya desatada para entonces, utilizaron sus respectivos pabellones para promover su antagonismo político, mostrar sus avances científicos y tecnológicos y hacer pulso en cuanto a su poderío armamentista e influencia internacional. Muchos recuerdan esta situación como similar a la que se presentó en la Exposición Internacional de París (1937) entre la Unión Soviética y la Alemania nazi de la cual sus respectivos pabellones representativos fueron también un claro reflejo de la crispación política e ideológica existente en el momento.

2. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Plano general de la feria

Propuesta originalmente para 1947 y aplazada inicialmente para 1955, la exposición se convirtió en un lugar para exaltar las posibilidades de la convivencia humana a la sombra de la amenazante destrucción nuclear. Identificada con el lema “Por un mundo más humano”, símbolo en sí mismo del mensaje pacifista que se quería colocar en el corazón del evento, la feria belga, abierta entre el 17 de abril y el 19 de octubre, se ubicó en un recinto de 200 hectáreas en la meseta de Heysel, a 7 kilómetros del centro de Bruselas. Muchos de los edificios utilizados fueron construidos originalmente para la exposición internacional de 1935 pero su extensión se amplió en un 50% debido a la incorporación del Parque Real de Leaken que dio cabida a un número importante de nuevas edificaciones. Su costo total, según las autoridades de la Expo, fue de 43.4 millones de dólares y recibió la visita de cerca de 42 millones de personas a lo largo de los 185 días que duró su apertura.

3. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Atomium. Arquitectos: A. y J. Polak. Creador: André Waterkeyn
4. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Izquierda: Pabellón Philips, Le Corbusier. Derecha: Pabellón de España, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún

En términos generales, la Expo 58 ofreció un verdadero rango de las múltiples tendencias del paisaje arquitectónico de los años cincuenta. Sin embargo, el debate se ha centrado en precisar si lo allí mostrado no fue sino una vuelta de tuerca más para comprobar el ya decadente uso indiscriminado y tergiversado de los códigos propios del “estilo internacional” como sustituto del “modernismo” (caracterizados ahora por la transparencia, la dinámica de las superficies curvas y las construcciones suspendidas), sumados a la permanente búsqueda de efectos asociados a muchas “acrobacias neo-expresionistas” y a la superficialidad propia que toda feria impone. Por otro lado, ofrece una clara oportunidad para valorar posibilidades técnicas ilimitadas y, por lo tanto, los esfuerzos para dar la impresión de entrar en una nueva era donde el “progreso” vuelve a ser el protagonista. En este marco, quizás valga la pena recordar dos piezas como claras excepciones que confirman la regla: el pabellón de España (obra  de José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún), que ocupa un lugar muy destacado dentro de la arquitectura del siglo XX de ese país y el Pabellón Philips, donde Le Corbusier manifiesta su particular interpretación de la integración de las artes bajo el ropaje de una inusual utilización de la tecnología constructiva. Caso emblemático pasó a ser con el tiempo el Atomium, símbolo de la Expo, diseñado por André Waterkeyn cuya presencia aún hoy llama la atención en la ciudad.

Paradójicamente, en Bruselas también se colocó de nuevo sobre el tapete la cuestión de si una exposición universal podría seguir siendo un medio de comunicación adaptado a nuestros tiempos. Algunas partes de la muestra, así como otras contribuciones, trajeron a la mente enfoques del siglo XIX. La presentación de las colonias belgas en un período de descolonización (el Congo se independizó dos años más tarde), así como los modelos de eventos arquitectónicos de una pequeña ciudad belga o la «Pequeña Holanda» del Pabellón holandés con reconstrucciones diques, faros y la simulación del oleaje, revivieron una puesta en escena que se creía superada.

En lo concerniente a la representación venezolana, lo primero que salta a la vista es la cercanía de las fechas entre la caída de Pérez Jiménez y el inicio de la Expo, lo cual nos hace presumir que la decisión de participar ya venía siendo manejada por el régimen defenestrado y que pudo lograrse gracias a una curiosa demostración de continuidad y tino político de parte de una administración que, apostando a la democracia como forma de gobierno, buscaba dar una imagen fresca y novedosa alejada de la tiranía que la precedió.

El pabellón nacional será diseñado por Dante Savino, formado en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela quien, a causa del cierre de la Universidad en 1952, concluye el último año de estudios en Firenze, Italia, donde obtiene el título en 1954. Nos encontramos pues, en presencia de un criterio de selección que, precedido por las actuaciones de Villanueva y Malaussena en París (1937), y de Alejandro Pietri (Santo Domingo -1955-) y Guido Bermúdez (Berlín -1957-), prevalecerá hasta hoy en día dejando atrás la costumbre instaurada desde la época de Guzmán Blanco de encargar a arquitectos foráneos el diseño de nuestros pabellones representativos.

5. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Ubicación del Pabellón de Venezuela (cercano a los de México y Brasil)

La propuesta de Savino, ubicada en un lugar privilegiado dentro del conjunto de la feria, alejado a la vez de su zona más densa, bulliciosa y llamativa, nos permite apreciar una edificación horizontal, extendida, sin estridencias, de proporciones si se quiere modestas, conformada por una serie de piezas articuladas que se adaptan a la topografía y borde curvo del solar, logrando su mayor desarrollo por debajo del nivel de la calle permitiendo así la definición del acceso principal a través de un puente (que puede observarse en la fotografía que acompaña la postal del día de hoy) para dar así inicio a un recorrido en medio de patios sembrados con orquídeas que conducirán luego a un gran espacio de usos múltiples, integrado mediante una pérgola con una terraza que le sirve de expansión.

6. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Arriba: perspectiva. Abajo: planta nivel acceso
7. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Cortes y fachadas

La muy bien lograda espacialidad se suma a un atinado criterio en cuanto al aprovechamiento de la luz, lo que permite valorar una ambientación vinculada a la tropicalidad del país que se representa, donde la utilización de las cubiertas destinadas a los dos espacios más importantes y las pieles tramadas que los envuelven juegan un papel fundamental, aspectos todos que hemos podido apreciar gracias a la información que nos suministrara Víctor Sánchez Taffur, a quien se le encomendó la realización de una maqueta que mostró el pabellón venezolano de Bruselas en la Exposición “Horta & after” montada en la FAU UCV el año 2005 (ver Contacto FAC, nº 39, 06-08-2017).

8. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Diversas fotos del exterior y el interior tomadas durante la celebración de la feria
9. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Maqueta elaborada en el taller de Víctor Sánchez Taffur en ocasión del montaje de la exposición «Horta & after. 25 maestros de la arquitectura moderna en Bélgica» realizada en la FAU UCV el año 2005

Los organizadores de la Expo, se refieren en el catálogo del evento (Guía oficial Exposition Universelle de Bruselas 1958 – Desclée & Co) al contenido del pabellón como una muestra de lo que el país puede ofrecer: “su arquitectura, la belleza de sus ciudades, el esplendor de su vegetación tropical y sus vastas riquezas industriales, minerales y agrícolas”. También remiten al “alto grado de industrialización que este país ha alcanzado (que) sin duda sorprenderá al visitante” y a la posibilidad de saber “que la refinación del petróleo (…) principal actividad industrial de Venezuela (…) sirvió como un trampolín para el desarrollo de otras industrias… (…) la mecanización agrícola y el aumento y racionalización de la cría, ayudados por la construcción de presas y sistemas de riego, han transformado este sector en uno de los principales activos del país”. Con respecto a la incorporación del arte y en busca de su no siempre lograda integración con la arquitectura, es bueno destacar que el pabellón incorporó en su recorrido, para así mostrarse a plenitud, obras de Soto, Narváez, Carreño, Leufert, Gego, Otero, Cruz-Diez, Pardo y Barrios. Ello permitió a la organización de evento declarar, no sin un cierto grado de ingenuidad y algo de verdad que: “El arte ha encontrado una nueva forma de expresión en este país donde, con la ayuda del clima, todo florece. Algo de la calidez y afecto de Caracas, la capital que se conoce como la ‘Ciudad de la Eterna Primavera’, ha sido infundida en este pabellón”.

ACA

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Postal y 8. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. http://jdpecon.com/expo/wfbrussels1958.html

2. https://www.urbipedia.org/hoja/Exposici%C3%B3n_Internacional_de_Bruselas_de_1958

3 y 4. https://www.worldfairs.info/expolistepavillons.php?expo_id=14

5. Alayón J.J. «Naturalezas bajo cubierta. Los pabellones de Brasil, México y Venezuela en Bruselas 1958», Zarch, 2019

6, 7 y 9. Archivo de Víctor Sánchez Taffur

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 104

De entre los pabellones que podrían considerarse “menores” por el hecho de haber representado al país en exposiciones de carácter regional o temático que no tenían aspiraciones “universales”, vale la pena destacar la experiencia realizada en la década de los años 50 del siglo XX por el talentoso arquitecto venezolano Alejandro Pietri (1924-1992), quien, al menos en tres ocasiones, fue designado para diseñar edificaciones de ese tipo. La Feria Internacional de Bogotá (Colombia, 1955), la Feria de la Confraternidad y el Mundo Libre en Santo Domingo (República Dominicana, 1955) y la Feria Internacional de Damasco (Siria, 1957) le ofrecieron a Pietri la oportunidad de poner a prueba y manifestar su visión acerca del tema.

Formado entre la Universidad de Oklahoma y la Central de Venezuela, Pietri, como resultado de su estadía en Norteamérica fue discípulo de Frank Lloyd Wright y seguidor de Bruce Goff. También, como todos los arquitectos de su generación, se vio impactado por la posibilidades plásticas que ofrecía el concreto armado a través del laboratorio que Carlos Raúl Villanueva puso en marcha mediante la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas. Quizás por esta razón, Pietri adopta para los proyectos de los tres pabellones mencionados lo que Silvia Hernández de Lasala, estudiosa de su obra (ver Alejandro Pietri. Arquitecto, 1995, en colaboración con Alfredo Brillembourg), ha denominado como la “Estética estructural”, grupo de edificios en los que a modo experimental aprovecha la ductilidad del concreto armado en la resolución de cubiertas ligeras autoportantes, cuyo punto culminante podría considerarse la construcción de las Estaciones de Maripérez y El Cojo (cerca de Macuto) del Teleférico que conecta Caracas con el Litoral Central (1956). Con estas referencias en mente, sin duda, es el pabellón proyectado y construido para la Feria de la Confraternidad y el Mundo Libre en Santo Domingo el que ha tenido una mayor trascendencia dentro de esta tipología en la que Pietri incursiona.

1. Carteles conmemorativos de la Feria

Convocada con motivo de la celebración de los 25 años de la subida al poder del Rafael Leónidas Trujillo, el evento realizado en República Dominicana entre el 20 de diciembre de 1955 y el 31 de diciembre de 1956, cuyo engañoso nombre intentaba maquillar el talante de una de las más cruentas dictaduras vividas en Latinoamérica que ya se encontraba en plena decadencia, buscó mostrar al mundo el progreso alcanzado en el país desde que el mandatario, coincidiendo con el desastre producido en 1930 por el huracán Zenón, emprendió la reconstrucción de la capital (a la cual cambia de nombre por Ciudad Trujillo) y con ello aprovecha para reforzar la imagen representativa del poder político (actitud propia de todo régimen autoritario) dándole cabida a las primeras manifestaciones de arquitectura moderna.

2. Izquierda: Vista aérea general de la Feria. Derecha: Vista de la avenida principal y eje central del conjunto

Ubicada al oeste de la ciudad, en un área aproximada de 80 hectáreas, visualizada como complemento demostrativo de su pujanza y camino firme hacia el progreso, la feria se organizó con Marian Ogando al frente de la Comisión Organizadora y la participación de 42 países. El diseño del recinto fue encargado al arquitecto dominicano Guillermo González Sánchez, graduado en la Universidad de Yale, quien luego de su formación de post-grado en Europa, se radicó definitivamente en el país a mediados de 1946 y de inmediato emprendió estudios dirigidos a transformar la fisonomía de la urbe donde también dejó para la posteridad piezas de valía como el Hotel Jaragua.

3. Dos perspectivas de la propuesta preliminar

El pabellón representativo de Venezuela, permitió a Pietri poner en evidencia sus influencias, la destreza en el manejo de la geometría y la novedosa utilización del material que lo constituye. Ya la forma en “S” de la planta, que le permite colocar en su centro un cono truncado contentivo del espacio jerárquicamente más importante, denota la presencia de un claro y a la vez peculiar organicismo influido por la bizarra arquitectura de Bruce Goff, patente también en la expresividad dada al edificio mediante el uso del concreto armado a modo de elementos asociables a figuras naturales claramente geometrizadas. Tal es el caso de la estética de los tetraedros del cuerpo ubicado al este (llamados por Pietri “hojas de grama”) o de los soportes del cono truncado en los que da rienda suelta a una “controlada” imaginación que no descuida la fluidez espacial, el manejo de la luz y la ventilación natural como variables importantes a ser tomadas en cuenta.

4. Arriba: Vista aérea del pabellón. Abajo izquierda: Planta. Abajo derecha: Vista exterior recién inaugurado

Valga destacar que el cálculo estructural de la obra estuvo a cargo de los reconocidos ingenieros venezolanos Juan Otaola y Oscar Benedetti quienes lo acompañaron también en la materialización de las mencionadas estaciones del Teleférico y cuya impronta es altamente significativa dentro del laboratorio de la Ciudad Universitaria de Caracas.

Varios de los edificios que formaron parte de la Feria, cuya arquitectura de avanzada permitió expresar en tono anecdótico y claramente exagerado al arquitecto dominicano Emilio José Brea García que cuando el presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek, la visitó se entusiasmó tanto que se marchó raudo y veloz a su país pues la Feria lo inspiró a construir Brasilia, fueron entregados una vez concluida para su uso como oficinas de gobierno. De los que han sobrevivido sobresalen como obras notables el Ayuntamiento y el Congreso Nacional, ambos por Guillermo González Sánchez, y el Teatro Agua y Luz de Carles Buigas.

A ellas debe sumarse el Pabellón de Venezuela el cual, destinado inicialmente al Senado de la República, pasó a convertirse en depósito de los bienes descartados por esa institución a partir de no haber prosperado la realización en sus predios del proyecto destinado a ser el anexo de sus oficinas.

5. Estado actual en que se encuentra el edificio

Posteriormente asignado en 1995 y luego, mediante documento oficial, desde 2005 como sede de la Sociedad de Arquitectos de República Dominicana (SARD, constituida en 1994) y del Grupo Nuevarquitectura (GNA, cuyo nacimiento data de comienzos de la década de los 80), al día de hoy la edificación se encuentra en medio de un litigio donde el Senado, desconociendo la cesión, ha impedido el acceso lo cual ha derivado por un lado en la imposibilidad de proceder a su ocupación y por el otro en la aceleración de un progresivo y preocupante deterioro, ameritándose por su deplorable estado actual una considerable inversión en su restauración. Valga apuntar, como uno de los múltiples llamados de atención  de concientización al respecto, la intervención que el artista dominicano Engel Leonardo llevó a cabo en sus espacios titulada Ranchos, planchas y gallinas (2016) (http://artishockrevista.com/2016/04/12/ranchos-planchas-gallinas-conversacion-engel-leonardo-pablo-leon-la-barra/). Otro excelente testimonio que aboga por su recuperación es el video «Sublime legado»  de 3:51 minutos de duración dirigido por Karen Dicló (https://vimeo.com/123378143), el cual forma parte de la publicación digital STATU QUO: Arquitectura Moderna Dominicana (Vol. 1) (UNIBE, Alex Martínez -Editor-, 2017). El Pabellón de Venezuela en Santo Domingo tiene el privilegio de ser uno de los tres edificios representativos del país que aún se mantienen en pie y uno de dos que se conserva en su emplazamiento original sumándose al Pabellón de Venecia (Carlo Scarpa, 1954). El tercero es el Pabellón de Hannover (Fruto Vivas, 2000) que fue desarmado, reubicado y puesto de nuevo en funcionamiento en la ciudad de Barquisimeto. Su valor patrimonial no ofrece la menor discusión así como tampoco la urgencia en resolver el limbo jurídico que rodea su destino.

ACA

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Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. https://www.todocoleccion.net/postales-publicitarias/feria-paz-confraternidad-mundo-libre-ciudad-trujillo-1955-1956~x114220387

2. https://aaamag.com.do/tienda/aaa054 y https://www.pinterest.com/pin/406168460129643094/

3 y 4. https://issuu.com/teoriadelaarquitecturaunibe/docs/statu_quo_arquitectura_moderna_domi

5. https://zona-arquitectura.blogspot.com/2015/07/alejandro-pietri-pietri-arquitecto.html

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 96

La Expo de Montreal 1967 cuyo lema era «El hombre y su mundo», de la cual acaban de cumplirse 50 años de su apertura, podría decirse que conserva intacto el espíritu de New York 64: la parodia estilística y el abigarramiento formal vuelven a ser las notas sobresalientes. En Montreal, además, se sentirá como en ninguna otra Exposición el rol protagónico de quienes durante el siglo XIX ocupaban el papel secundario: los pabellones nacionales. No es casual que la Expo-67 se recuerde por la presencia casi emblemática del enorme domo que Buckminster Fuller diseñó como Pabellón para los Estados Unidos. Junto a él también brillarán el «habitat» de Moshe Shafdie y las «estructuras tensadas» de Frei Otto representativas de la República Federal de Alemania, mientras las innovaciones tecnológicas y los alardes comunicacionales, por reiterativos, dejan ya de tener interés.

1. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Planta y elevación del anteproyecto final. Disposición final de los cubos junto con la descripción funcional al interior de cada espacio, incluidos los “milagros” asociados con el proyecto de Obra de Arte Total

También la Expo de Montreal le ofrece a Carlos Raúl Villanueva la oportunidad de reaparecer con una importante obra luego del ostracismo oficial al que se le sometió una vez caída la Dictadura. En efecto, gracias a los buenos oficios de Eduardo Trujillo, uno de sus tantos discípulos, el Colegio de Arquitectos de Venezuela selecciona a Villanueva como proyectista del Pabellón venezolano para Montreal y el Gobierno nacional procede a su contratación. En otras coordenadas se repite el relato Gasparini-Scarpa de Venecia.

2. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Bocetos

Villanueva intuyendo las características del entorno que la Feria generaría (recargado y exhibicionista hasta el cansancio), opta por hacer una propuesta contrastante con el mismo. Es así como vislumbra una respuesta formal que, independientemente del programa que el edificio fuese a albergar e intentando responderse la pregunta de ¿cómo representar a Venezuela en la Expo?, deje en el visitante una marca indeleble. Se recurre entonces, recordando un viejo croquis de Le Corbusier que éste usaba para definir la escala y su valor, a la utilización del sólido platónico por excelencia: el cubo. De esta manera se daría respuesta al problema de la representatividad arquitectónica del país no por lo que lo diferencia sino por lo que esencialmente lo asemeja al resto, revirtiéndose luego ello mismo hacia lo primero.

Juan Pedro Posani, siempre próximo a Villanueva, relata en «Expo 67. Villanueva, Soto. Un cubo, dos cubos tres cubos» texto aparecido en el Boletín del CIHE, nº 8 (1967), algunos de los dilemas que tuvo que sortear el Maestro en la gestación de la idea: “Representar un país: problema dificilísimo, particularmente cuando en ese país se superponen diferentes estructuras profundamente contradictorias. Dificilísimo porque también está en juego el conocido dilema de la expresividad de la arquitectura: ¿arquitectura como escenografía o arquitectura como solución? Y si una exposición es una escenografía ¿cuáles serán los mejores medios de representación?. Villanueva llegado a este punto decide dejar a los medios audiovisuales la tarea representativa. Separa el contenido del continente como en dos regiones independientes: asume para sí el problema del segundo, deja para otros (¿el Ministerio, una comisión, etc.?) el problema del primero.”

3. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Arriba: planta nivel acceso. Abajo: fachada
4. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Sección

La aparición a posteriori del programa diferenciando tres tipos de actividades en otras tantas zonas dará la clave en la formalización y resolución definitivas: “Tres cubos de 13 metros de lado en acero y aluminio, unidos entre sí por una zona de circulación y acceso más baja, policromados de fuertes colores y pulidos como una maquinaria, rojo, azul, amarillo, naranja, negro y verde levantados sobre una ligera plataforma de concreto acabado en obra limpia que permite destacar con mayor fuerza las líneas puras de los cubos”, tal y como expresara el propio Maestro en «Pabellón de Venezuela para la Expo 67 en Montreal”, Revista CAV, nº 23, quien tuvo siempre en mente la posibilidad de que el edificio fuese fácilmente desmontado y posteriormente trasladado a Venezuela.

5. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. La escultura de Soto expuesta en el interior del Cubo Nro. 2

Villanueva logra dar una respuesta clara, contundente y sencilla que se traduce en calma y tranquilidad contrastantes con el bullicio del gran parque de diversiones en que se transformó la Expo. Su localización privilegiada en la Isla de Notre Dame frente al Río San Lorenzo, en un sitio despejado y rodeado de jardines, dentro de un parcela amplia (1.512 metros cuadrados ocupados en un porcentaje del 43 %, tal y como lo muestra la fotografía seleccionada que ilustra la postal del día de hoy), permiten contemplarlo fácilmente a distancia y desde diversos puntos. El acceso a través de rampas al espacio articulador de los tres cubos acrecienta el control del factor sorpresa que el atractivo hermetismo exterior del Pabellón propicia. Un cubo se destinó a la representación de un programa audiovisual (Venezuela hoy) que se proyectaba sobre pantallas ubicadas en cada una de sus caras; otro se convirtió en recipiente y escenario para apreciar una impactante escultura cinética y giratoria de Jesús Soto la cual se fusionó con la obra «Cromovibrafonía » que Antonio Estévez (quien en aquel entonces incursionaba en la música electrónica) compuso para la ocasión; el tercero de tres niveles albergaba las áreas administrativas y de servicios (segundo nivel), depósitos, equipos y máquinas (primer nivel) y espacio de animación y vida acompañado con un restaurant-cafetín donde se servían comidas típicas en la planta baja.

6. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Vista exterior

Sobre los valores plásticos de esta enorme escultura concebida por Villanueva, enigmática y difícil de precisar en cuanto a su escala que ni siquiera es adivinable a través de la grafía del letrero «Venezuela» que se superpone a cada uno de sus componentes, se ha escrito mucho. Se ha hablado de reminiscencias neoplásticas en la fusión de las letras y los planos de la fachada y la misma combinación cromática utilizada. También se le han atribuido similitudes a ciertas esculturas de Robert Morris, a las esculturas del «Cool Art» e incluso al espíritu «pop» por el uso de la policromía. Más lo cierto es que si alguna coincidencia se aprecia en esta obra es la innata sensibilidad formal de Villanueva y su sentido primordial del color (presentes ya en la Ciudad Universitaria) con el «minimal art» en lo cual se basa Posani para afirmar que “si este Pabellón, como parece suponer Philip Johnson, es un ejemplo auténtico de ‘minimal art’ entonces Carlos Raúl Villanueva, a su edad, podrá estar orgulloso de seguir siendo vanguardia”.

7. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Vista exterior

Desde París 1937 a Montreal 1967 han transcurrido exactamente treinta años en los que a través de una importante obra construida se puede detectar la evolución y disgresiones del principal arquitecto venezolano del siglo XX. En tal sentido podríamos decir que tal vez ningún otro edificio logra mostrarnos mejor que el Pabellón de la Expo el tránsito de Villanueva de lo figurativo a lo abstracto, así como las dificultades intrínsecas que conlleva el asunto de la representatividad nacional. Al final el rechazo de la solución folklórica, historicista, ecléctica y específica ubica el problema en las coordenadas de lo esencial, lo universal, lo compartido por cualquier ser humano, refrendando en parte las posturas ya planteadas por algunos de sus discípulos. También refrenda una concepción artístico-tradicional de la arquitectura que Villanueva nunca abandona.

La implícita visualización de la arquitectura como invención del programa y de la forma preconcebida como medio de representación sin importar el contenido, permitirían considerar este Pabellón como excepcional dentro del comportamiento de Villanueva. Sin embargo, ha sido el propio Maestro quien ha tomado la decisión de enfatizar en esta edificación efímera uno de los polos entre los que siempre ha oscilado su proceso creativo, logrando plasmar un resultado personal y a la vez memorable que la colocan en el pináculo de nuestras representaciones en feria internacional alguna.

ACA

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Postal. https://twitter.com/jorgeruizboluda/status/559429322050912256

1 y 5. Archivo Fundación Villanueva

2 y 6. Boletín del CIHE, nº 8, 1967

3 y 4. Alayón J. J. «De la boîte de Le Corbusier al cubo de Villanueva.
El Pabellón de Venezuela, Montreal» en revista DPA, nº 29, 2013

7. Colección Centre Canadien d’Architecture / Canadian Centre for Architecture, Montreal.

¿SABÍA USTED…

… que entre 1929 (Exposición Iberoamericana de Sevilla) -ver Contacto FAC nº 29 del 28-05-2017- y 1937 (Exposición Internacional de las Artes y Técnicas de la Vida Moderna en París) -ver Contacto FAC nº 14 del 12-02-2017-, Venezuela participa en dos eventos internacionales simultáneos organizados en 1930 por el Reino de Bélgica con pabellones diseñados, una vez más, por un arquitecto extranjero?

1. Carteles de las dos exposiciones con las que se celebraba el centenario de la independencia de Bélgica en 1930

Con motivo de la celebración en 1930 del centenario de la independencia de Bélgica de lo que se conoció como el Reino Unido de los Países Bajos, el gobierno de ese país organizó dos eventos casi simultáneos, uno en Amberes y otro en Lieja, dedicados a temas si se quiere bastante diferentes, que dieron pie a que se produjera la presencia de numerosos países a través de sendos edificios representativos.

Así, el 26 de abril abre sus puertas en Amberes, inaugurada por el Rey Alberto y la Reina Isabel junto al Duque y Duquesa de Brabante, la Exposición Internacional Colonial, Marítima y de Arte Flamenco (que duraría hasta el 5 de noviembre), y del 3 de mayo al 3 de noviembre le correspondió a Lieja organizar la que se conoció como Exposición Internacional de la Gran Industria, Ciencias y Aplicaciones, en la que tendría especial cabida el Antiguo Arte Valón. Como podrá notarse, el hecho mismo de dar pie a la realización al unísono de dos eventos en dos ciudades de gran importancia pertenecientes a regiones distintas del Reino, habla de las dificultades históricas que ha tenido Bélgica para concebirse como un país unido, problema que arrastra hasta nuestros días.

La magna celebración fue concebida, entonces, como una feria dual construyéndose dos impactantes recintos, que empujaron a Bruselas en 1935 a albergar una Exposición General de primera categoría, con la que debutaría como entidad oficial reguladora de este tipo de eventos la Oficina Internacional de Exposiciones (Bureau International des Expositions -BIE-).

2. Plano general de la Exposición Internacional Colonial, Marítima y de Arte Flamenco, Ambreres, 1930
3. Exposición Internacional Colonial, Marítima y de Arte Flamenco, Ambreres, 1930. Arriba izquierda: Pabellón de Brasil. Arriba derecha: Pabellón de los Países Bajos. Abajo izquierda: Pabellón de Dinamarca. Abajo derecha: Pabellón de Italia

Dentro de la competencia desplegada por ambas ciudades, algunas cuentas indican que la exposición de Amberes fue más grande y exitosa. Como una oda si se quiere desmedida y extemporánea al colonialismo europeo, aprovechando además su condición portuaria, se construyeron en esta feria llamativos pabellones a lo largo de la Avenida de la Colonie para las naciones y colonias tanto del país anfitrión como de Gran Bretaña, Francia, Holanda, Italia y Portugal. Finlandia y Noruega, en otra tónica, también contribuyeron con destacados edificios expositivos a los que se sumaron Austria, Brasil, Canadá, Dinamarca, España, Hungría, Japón, Letonia, Luxemburgo, Países Bajos, Persia, Polonia, Suecia, Yugoslavia y Venezuela. En total se registró la participación de 27 países, 18 de Europa y 9 del resto del mundo. Hubo también un Palacio de Artes Decorativas, un Pabellón de Amberes y el Edificio de Electricidad así como Salones de Navegación y Transporte, Feestpaleis, el Centennial Palace, un Salón de la Agricultura y una gran sección de entretenimiento. Aunque significativa, la presencia internacional no contó con Alemania y los Estados Unidos de América quienes declinaron su participación debido a la crisis económica de 1929. Alemania, sin embargo, estuvo representada sin rango oficial a través de las ciudades Hansa de Bremen, Hamburgo y Lübeck.

4. Exposición Internacional de la Gran Industria, Ciencias y Aplicaciones, Lieja, 1930. Plano de ubicación

Lieja, por su parte, centró su atención en la Ciencia, Industria, Economía Social, Agricultura y Música. La feria, ubicada en el Parque de Boverie (que había albergado la exposición de 1905), atrajo durante los seis meses que estuvo abierta al público a seis millones de visitantes, cifra muy por debajo de los doce millones que se registraron en Amberes, motivo por el cual se ha relativizado su éxito, achacándose ello al mal tiempo y la situación económica desatada a raíz del crash del 29. Su principal legado consistió en la realización de importantes proyectos de obras públicas para la ciudad entre las que destaca el puente-presa de Monsin.

5. Exposición Internacional de la Gran Industria, Ciencias y Aplicaciones, Lieja, 1930. Arriba izquierda: Pabellón de Francia. Arriba derecha: Pabellón de Italia. Abajo izquierda: Pabellón de la Electricidad. Abajo derecha: Pabellón de Polonia

En Lieja se levantaron más de veinte grandes palacios de exposiciones construidos a lo largo del río Mosa. Las naciones con edificios propios incluían Francia, Italia, España, Egipto, Checoslovaquia, Bélgica, Alemania (no oficial), España, Gran Bretaña (no oficial), Grecia, Japón, Luxemburgo, Países Bajos, Polonia, Suecia, Suiza, Checoslovaquia, Uruguay, Venezuela, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Noruega. Adicionalmente había hasta cien pequeños pabellones para firmas individuales. La feria, que buscó recrear una ciudad moderna, incluyó hoteles flotantes a lo largo el río así como un Palacio de Vidrio y Cerámica, Selvicultura, una granja modelo, Palacio de Bellas Artes, un Edificio de Electricidad y un nuevo aeródromo. Además se incorporó como parte de los servicios de apoyo un estadio para 15.000 personas y un parque de diversiones.

En lo que concierne a la curiosa participación de Venezuela en ambas exposiciones, Orlando Marín en La nación representada: La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX (2006) registra (con apoyo en las fuentes oficiales por él manejadas) cómo, tras recibir la invitación del Reino de Bélgica, el régimen gomecista la atiende y nombra una “comisión integrada por el Embajador Carlos Aristimuño Coll, Salvador Itriago Chacín y Víctor V. Maldonado, quien también es nombrado Comisario General de Venezuela en la Exposición, junto con el Cónsul en Amberes, Melquíades Parra Márquez”, contratándose el diseño y construcción de los dos pabellones al arquitecto belga Camille Daman.

El estilo que se impuso en la mayoría de las edificaciones de ambas ferias y que Daman asume para la representación nacional, alejándose de los estilos históricos que habían prevalecido en eventos anteriores, es el Art Déco: “un estilo de filiación académica pero de ornamentación simplificada, desarrollado particularmente en Alemania y Estados Unidos desde la década de 1920, en el que se actualiza la imagen del país, aún más moderna y progresista”.

6. Pabellón de Venezuela en la Exposición Internacional Colonial, Marítima y de Arte Flamenco, Ambreres, 1930. Arquitecto Camille Daman
7. Pabellón de Venezuela en la Exposición Internacional de la Gran Industria, Ciencias y Aplicaciones, Lieja, 1930. Arquitecto Camille Daman

Tal y como relata Marín apoyado en sus fuentes: “El edificio más grande y complejo construido para Venezuela fue el de Lieja: un bloque simétrico y cerrado de una sola planta, con 500 metros cuadrados de superficie, cuya fachada se amenizaba por una gran cantidad de altorrelieves y escalonamientos; por su parte, el stand de Amberes consta apenas de un pequeño salón flanqueado por dos terrazas apergoladas de uso ceremonial, rodeadas de pinturas murales que representaban algunos puertos del país; junto a ‘Venezuela’, las inscripciones ‘Pax’ y ‘Labor’ (una traducción al latín de las divisas del régimen gomecista) coronan la fachada y marcan los accesos del espacio central. Bajo el ‘nuevo rostro’ que había asumido ahora el país, fueron recibidos 18 Grandes Premios individuales y 353 colectivos; 45 Diplomas de Honor individuales y 146 colectivos; 119 Medallas de Oro, 126 de Plata, 65 de Bronce y otras recompensas, que totalizaron 904 preseas”.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. http://jdpecon.com/expo/wfantwerpliege1930.html

2. https://www.todocoleccion.net/folletos-turismo/belgica-amberes-exposicion-internacional-maritima-1930-8-pl-iilustado-color-ft-2-_01~x62210408

3. http://www.fabrice-muller.be/liege/documents/cartes-postales/cartes-expo1930.html

4 y 5. http://www.fabrice-muller.be/liege/expo1930/expo1930.html#top

6 y 7. Marín O. La nación representada: La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX, 2006

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 88

El pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia (evento que se realiza desde 1895), diseñado por Carlo Scarpa (1906-1978) en 1954 y terminado de construir en 1956, se convierte en el penúltimo en que durante el siglo XX se recurre a un arquitecto extranjero para elaborar un edificio representativo del país y quizás el de mayor relevancia de cuantos se encargaron por esa vía constituyéndose, por tanto, en un caso interesante de repasar.

1. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Boceto, 1954

El encargo que el Gobierno venezolano le hace a Scarpa, coincide con dos circunstancias iniciales: por un lado el arte nacional pasaba en aquel entonces por un excelente momento y no tenía lugar donde mostrarse en la Bienal y, por el otro, Graziano Gasparini, arquitecto y artista plástico, discípulo de Scarpa residenciado en el país (a la postre el más importante investigador sobre arquitectura colonial venezolana) y comisario de la Bienal, ante la disyuntiva, logra contactar al Maestro para que realice el proyecto y a la vez convence al Estado para que lo financie en medio de la bonanza económica que en aquel entonces atravesaba el país. De esta manera se le ofrece a Scarpa la oportunidad de realizar su primer proyecto en Venecia (ciudad donde nació) cuando vivía un período en el que se acentuaban en su obra las influencias wrightianas. Además, se le exigía premura en la ejecución, pensar en la permanencia del edificio y se le daba un privilegiado lugar dentro los Giardini di Castello. Sus vecinos serían los Pabellones de Suiza y la Unión Soviética dentro de un conjunto que ya contaba con obras de Joseph Hoffman y Gerrit Rietveld y que se vería ese mismo año de 1956 enriquecido por el Pabellón de Alvar Aalto para Finlandia.

2. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Sala mayor y apertura hacia la sala menor, 1956

Scarpa, pese a las limitaciones que ofrecía lo reducido del programa, hace una propuesta que sorprende e incita a la contemplación: por un lado le permite manifestar su universo expresivo a través de una sobria volumetría que resalta dentro del contexto existente, y, por el otro, privilegia la relación espacial y luminosidad de las tres salas que lo componen: dos para pinturas y esculturas y una para dibujos. Se trata de un edificio de 308 metros cuadrados de superficie multiplicados por la sabia articulación de dos sencillos volúmenes dispuestos asimétricamente que buscan la luz a través de “claraboyas pared-techo”, donde la fragmentación correctamente manejada refuerza la búsqueda de un delicado equilibrio entre la horizontalidad y la verticalidad, cumpliéndose así los designios del maestro veneciano: «el cielo y la naturaleza circundante se harán visibles desde adentro», como bien señala en la memoria descriptiva del proyecto. Las referencias a Wright son en todo momento muy claras pero es la particular poética de Scarpa centrada en la valoración del detalle arquitectónico, la que se convierte en otro de los protagonistas de la obra acentuada con la nobleza de los materiales utilizados.

3. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Acceso a las dos salas, 1956

Aunque Scarpa no renuncia a colocar en el acceso un pequeño mapa de Venezuela, no hay duda de que en este caso nos encontramos con una apuesta totalmente diferente, por ejemplo, a la que originó el encargo del Pabellón de 1939 para la Feria de Nueva York (ver Contacto FAC 21, 02-04-2017). Lo efímero y lo permanente, la novedad y la perpetuidad, categorías que sólo el tiempo es capaz de juzgar y valorar, ofrecen en ambos casos comportamientos muy disímiles. Lo efímero, lo temporal y lo nuevo se colocarían más cerca de lo venezolano y su pabellón neoyorquino y lo permanente, lo atemporal y lo perpetuo más próximos a las aspiraciones de Scarpa.

4. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Planta, 1956

Tal y como ha sido reconocido por críticos de la talla de Francesco Dal Co, Manfredo Tafuri, Bruno Zevi o Joseph Rykwert, este modesto pabellón ocupa un lugar privilegiado y crucial entre las obras realizadas por Scarpa dentro de una notable trayectoria dedicada fundamentalmente al restauro en la que tuvo escasas ocasiones para inventar espacios propios.

5. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Galería abierta con obras de Alejandro Otero y Francisco Narváez, 1956

Desde su apertura, cuando se mostró la obra de Armando Barrios, Graziano Gasparini, Luis Guevara Moreno, Mateo Manaure, Rafael Monasterios, Héctor Poleo, Alejandro Otero, Manuel Quintana Castillo y Francisco Narváez (en su mayoría integrantes del grupo “Los Disidentes”), la finalidad del Pabellón de Venecia siempre ha sido albergar arte venezolano convirtiéndose en vitrina para sucesivas generaciones de creadores nacionales. Más recientemente, también, se ha convertido en lugar para abrirle paso a muestras relacionadas con las Bienales de Arquitectura que la ciudad alterna con las de plástica. Sin embargo, no pecaríamos de exagerados si afirmáramos que transcurrido el tiempo ha predominado el peso específico del arquitecto y la calidad tangible del edificio como imán para quienes lo visitan mucho más de lo que eventualmente puede contener.

6. Carlo Scarpa, Pabellón de Venezuela para la XXVIII Bienal de Venecia. Vista exterior, 2017

Habiendo contado el Pabellón de Venecia con la fortuna de perdurar en el tiempo sin ser demolido o desmontado, y adquirido un indudable valor patrimonial reconocido por las autoridades italianas en la materia, ha debido sufrir, por un lado, de la desidia a que lo han sometido los gobiernos venezolanos de turno cayendo a veces en situaciones de casi total abandono y, por el otro, la intervención de manos no precisamente expertas al momento de llevarse a cabo sucesivos trabajos de restauración los cuales han despertado tanta polémica como las exhibiciones que ha debido albergar. En la actualidad, a 61 años de su apertura, se anuncia que está a punto de concluirse una nueva puesta al día del edificio con miras a hospedar la representación nacional para la Bienal Internacional de Arquitectura que se realizará el próximo año 2018. Su “longevidad”, por otro lado, lo convierte en primero de una corta lista de dos representaciones venezolanas que han permanecido más allá de la breve duración del evento que las originó en el sitio donde se construyeron, siendo el segundo el diseñado por Alejandro Pietri para la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, Ciudad Trujillo, República Dominicana (1955), hoy en día sumido en un estado deplorable de deterioro. En resumen, el de Venecia se trata de un pabellón de autor, espejo de sí mismo, en que la representatividad se ha logrado con buena arquitectura. Venezuela, ha pasado así a un segundo plano, y, casi sin proponérselo, ha rendido de esta manera un homenaje a la ciudad italiana a la que le debe su nombre.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal y 1. https://arqueoarquitectural.blogspot.com/2019/01/carlo-scarpa-un-recorrido-arquitectural.html

2, 3, 4 y 5. Marcianó A. F. Carlo Scarpa, Gustavo Gili-estudio paperback, 1985

6. https://albaciudad.org/2017/04/pabellon-de-venezuela-en-venecia-es-restaurado-para-su-61-aniversario-podcast/

¿SABÍA USTED…

… que entre la frustrada asistencia a la Exposición Universal de París (1900) -ver Contacto FAC 43 del 03-09-2017- y la materializada en la Iberoamericana de Sevilla (1929) -ver Contacto FAC 29 del 28-05-2017-, Venezuela no participó con pabellón propio en las ferias internacionales convocadas durante ese período?

1. Cipriano Castro (izquierda ) y Juan Vicente Gómez (derecha), 31 de diciembre de 1905

La entrada del siglo XX encuentra a nuestro país sometido desde 1899 al régimen de Cipriano Castro quien, como se sabe, con ocasión de un viaje que realizara a Alemania por problemas de salud, será desplazado del poder por su compadre y entonces Vicepresidente Juan Vicente Gómez en 1908, iniciándose así una aún más larga dictadura que terminará con su muerte en 1935.

El traumático período que preside Castro estará signado por interminables conflictos tanto internos como externos y por un deterioro creciente de las relaciones internacionales. El primero de ellos se origina a raíz de la negativa del gobierno a reconocer los reclamos de sus acreedores y la subsiguiente suspensión de los pagos de la deuda externa, razón por la que Alemania e Inglaterra resuelven bloquear las costas venezolanas a partir del 9 de diciembre de 1902, iniciativa a la que se unen Italia y, poco después, Francia, Holanda, Bélgica, Estados Unidos, España y México, países que también presentan sus reclamos para que sean considerados junto con los de los países agresores. Levantado el bloqueo en 1903, firmados los Protocolos de Washington que redujeron la deuda a más de la mitad, la política internacional del régimen de Castro continúa desenvolviéndose entre enfrentamientos y conflictos, presentándose ahora pleitos con las empresas trasnacionales que participaron en la Revolución Libertadora (guerra civil desarrollada entre 1901 y 1903 que intentó derrocarlo conformada por una coalición de caudillos encabezados por el banquero Manuel Antonio Matos del Monte), lo cual desencadenará una nueva ruptura de relaciones diplomáticas con Francia, Holanda y muy particularmente con Estados Unidos en 1908, preámbulo, sin duda, de su destitución.

Al asumir Gómez el poder tiene ante sí, por tanto, el enorme reto de recomponer los vínculos rotos entre la nación y las potencias extranjeras. Para ello ofrece garantías a los inversionistas y cuenta con la «fortuna» de que, junto al descubrimiento y explotación de importantes yacimientos, el país define su perfil fundamentalmente petrolero.

Ante este sucinto panorama se puede detectar cómo tímidamente Venezuela empieza a reaparecer en la ferias internacionales, enviando algunos productos a la Exposición Internacional de las Industrias y del Trabajo de Turín de 1911, último evento europeo previo al estallido de la Primera Guerra Mundial.

2. Vista general de la Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915

Por otro lado, recogiendo una vez más lo documentado por Orlando Marín en el Epílogo “La persistencia del tutelaje” de su texto La nación representada: La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX (2006), “el gobierno gomecista realiza preparativos para seleccionar el proyecto del pabellón que representaría al país en la Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915 (2), exhibición con la cual se celebrarían tanto la reciente apertura del Canal de Panamá como el promisorio desarrollo que, a partir de entonces, se auguraba a las ciudades de la Costa Oeste de los Estados Unidos, país que aún se mantenía al margen del violento enfrentamiento que entonces se sucedía en el viejo continente y que ya asumía el rol de primera potencia económica mundial”.

3. Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915. Propuesta para el pabellón venezolano. Willis Polk

Marín logra detectar, sumergiéndose en el Archivo del Ministerio de Obras Públicas (incorporado vía comodato al Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional) hasta cuatro propuestas realizadas por los profesionales norteamericanos Willis Polk, Albert Farr, Edward Mc Manus y M. A. Singer, remitidas desde San Francisco, de entre las cuales se podría haber seleccionado el edificio que nos representaría, cosa que finalmente no ocurrió.

Más allá de revelarse otra ocasión en la que el encargo de un pabellón nacional se deja en manos de profesionales extranjeros, tal y como se ha evidenciado a través diferentes manifestaciones tratadas en este espacio, todas las alternativas “presentan en común la filiación a un lenguaje arquitectónico que entonces cobraba fuerza en los nuevos desarrollos urbanos de California: el llamado ‘Mission Style’, ‘Neo-colonial’ o ‘Neo-hispano’, nuevo estilo del eclecticismo de entonces en el que se revalorizan elementos arquitectónicos autóctonos provenientes de la cultura de raíz ibérica que caracterizaba el territorio californiano antes de la ocupación angloamericana”, señalará acertadamente Marín.

4. Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915. Propuesta para el pabellón venezolano. Albert Farr

El cambio de mirada en la actitud ecléctica de quienes interpretaban lo que debe representarnos como país es lo que dejan como comprobación los ejercicios proyectuales remitidos desde California. Por un lado se reconstruye una visión romántica de un pasado que no fue y por el otro se asocian de forma análoga a todo un subcontinente códigos vaciados de significado inexistentes en muchas de sus regiones, dejando entrever un cambio de paradigma en cuanto la sustitución del modelo cultural europeo por el norteamericano.

5. Panama Pacific International Exposition de San Francisco de 1915. Propuesta para el pabellón venezolano. Edward Mc Manus

Así, el anteproyecto de Polk (3) (con el acompañamiento de John Galen, uno de los teóricos más importantes del “nuevo estilo”), hace destacar en su fachada “una elaborada portada plateresca de dos cuerpos, similar a la de algunos templos mexicanos (como los de Acolman o de Yuriria)…”. El enviado por Albert Farr (4) “parece reproducir los esquemas compositivos del llamado Alcazar de Diego Colón en Santo Domingo, República Dominicana y de la Villa de Cortés en Cuernavaca, México, dos de las edificaciones hispánicas más antiguas del continente y que probablemente reproducen el modelo de algunas villas renacentistas italianas”.  Edward Mc Manus (5), por su parte, “desarrolla un esquema más identificado con el eclecticismo neo-barroco francés, destacando el volumen cilíndrico de la esquina (donde se produce el acceso) coronado con una estatua ecuestre del Libertador, y el sistema neo-barroco de escaleras que comunica los diferentes niveles”. Aunque el “Neo-colonial” se impondrá definitivamente en la década de 1930, una vez superada la leyenda negra que ideológicamente acompañó la ocupación española por más de 3 siglos desde los años posteriores a la Independencia, no deja de ser aleccionador ver en estos ejemplos provenientes de arquitectos que nos miran desde afuera, una demostración más de cómo poco a poco la penetración cultural y la sustitución de patrones se ha ido dando en nuestros países, acompañando la búsqueda permanente de la caracterización arquitectónica de “lo nacional”.

ACA

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1. https://www.pinterest.com/pin/384917099387060219/

2. https://www.pinterest.com/pin/143481938109456353/ (Library of Congress)

3, 4 y 5. Marín O. La nación representada: La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX, 2006.