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LA IMPORTANCIA DEL BALCÓN (y 2)

1. Reurbanización de El Silencio. Carlos Raúl Villanueva (1945)

Desde la primera nota que publicáramos en estas páginas el pasado 10 de mayo en el Contacto FAC nº 174 resaltando su importancia, el balcón, ese elemento que se constituye en un espacio intermedio entre el exterior y el interior, a veces techado y otras no, de dimensiones si se quiere reducidas que lo diferencian de la terraza, ha seguido siendo objeto de elogio y reivindicación en tiempos de cuarentena en la medida que ha asumido el rol de desahogo, contacto con el aire libre y lugar de comunicación aunque sea distante con personas que a veces ni siquiera reparábamos que eran nuestros vecinos.

También se ha convertido en tema para el análisis desde diferentes frentes que van desde el histórico al ambiental, del urbano al arquitectónico, del antropológico al sociológico, o del económico al normativo, lo cual ha conducido a indagar el por qué de su paulatina desaparición para llegar a la conclusión de su necesaria recuperación como espacio de relevancia para el habitar.

Justamente, ahondando en ello, Víctor Artís nos ha hecho ver en la comunicación que nos enviara y publicáramos el 31 de mayo (Contacto FAC nº 177) el papel que como funcionario le tocó desempeñar desde 1958, cuando fue promulgada la primera ordenanza de zonificación caraqueña “redactada por Luis Lander y Antonio Cruz Fernández” (siendo el joven Artís quien editó el plano), hasta la aprobación en 1962 de la que, a proposición suya, abrió la posibilidad de contar con el balcón como un área que no sólo pasó a descontarse del porcentaje de construcción como parte de las “medidas de estímulo”, sino que le aportó además de respiro, diversidad al tratamiento de las fachadas de la vivienda multifamiliar caraqueña.

2. Izquierda: Edificio Progreso, Avenida Victoria. José Miguel Galia (1963). Derecha: Residencias Dálmata, Los Palos Grandes. Federico Beckhoff (1962)

Sumadas a la anterior promulgación en 1958 de la Ley de Propiedad Horizontal, los efectos que aquellas “medidas” produjeron tal vez están aún por estudiarse a fondo pero, sin duda, dieron pie a la generación de toda una serie de respuestas de parte de arquitectos y constructores buscando la mejor manera de aprovecharse de ellas que bien podrían dar pie a análisis de orden tipológico. Allí están para corroborarlo los cerca de setenta edificios realizados por José Miguel Galia, con pericia interpretativa y apego a las ordenanzas, desde 1960 hasta 1976 prestos a ser abordados en cuanto al manejo dado a los 6 m2 del balcón como parte de un diseño que adecuándose a las exigencias del mercado sumaba confort espacial y climático. O la más de una decena que, diseñados por Federico Beckhoff, los aprovecharon para pasar del balcón a la terraza como elemento distintivo de su arquitectura que dirigía su mirada hacia un segmento socio-económico muy distinto a la clase media a la que Galia ofrecía sus racionales y a veces sutiles variaciones.

3. Izquierda: Un tramo de la Avenida Victoria (años 1945-1955). Derecha: Hotel Residencias Montserrat, Altamira Sur. Guinand, Benacerraf y Vestuti (1951)
4. Izquierda: Residencias Capri, Los Palos Grandes. H. Ferrato (1957). Derecha: Edificio Élite, Los Palos Grandes. Athos Albertoni (1958)

Sin embargo, el balcón no aparece en los edificios multifamiliares caraqueños sólo a partir de 1962. Ya mucho antes, cuando esa tipología se destinaba en su gran mayoría como vivienda de alquiler, sectores como Bello Monte, Las Acacias, Los Chaguaramos, Los Rosales, El Bosque, La Carlota, Bello Campo o Chacao se poblaron de edificaciones que por lo general no excedían los cuatro pisos, no necesariamente diseñadas por arquitectos, que fueron ofreciendo, quizás a modo de reminiscencia nostálgica del lugar de procedencia de sus constructores, una vasta diversidad de balcones que llaman a buscar antecedentes particularmente mediterráneos. Lo interesante, también, sería corroborar dentro de avenidas como la Victoria, la principal de La Carlota o la Miguel Ángel de Colinas de Bello Monte qué ocurrió cuando primero se pasa al régimen de propiedad horizontal y posteriormente entran el vigencia las “medidas de estímulo a la construcción” en el 62. Para un trabajo de este tipo, sin duda, no incursionar en Los Palos Grandes, Chuao, el bulevar de El Cafetal o en los alrededores de la Plaza Altamira sería imperdonable, así como el pasar de la apología del asomarse que se da en los bloques de El Silencio a la manera como es tratado el asunto en los conjuntos carentes de balcones diseñados por el TABO.

5. Izquierda: Edificio Amazonas, Chuao. Fruto Vivas (1962). Derecha: Edificio Venezia, Chacao. Antonio Montini (1956)

Dicho todo lo anterior, quizás valga la pena detenerse como verdadera pieza excepcional, proyectada en el límite temporal que establecía la diferencia entre la nueva ordenanza y la anterior, en un edificio como el Amazonas proyectado por Fruto Vivas, realizado en Chuao, que sin duda apuntaba a mostrar otro tipo intereses alejados de la escrupulosidad por cumplir la norma y más próximos a la riqueza espacial y la experimentación estructural. También el Amazonas abre la oportunidad de acercarse a otro asunto que bien podríamos calificar como “el irrespeto por el balcón” que se ha producido bien sea por su incorporación al interior al cerrarse con todo tipo de dispositivos y su correspondiente desnaturalización como elemento de transición, uno de los reclamos más importantes que en tiempos de cuarentena se han podido recoger en medio de las elogiosas voces que claman por su recuperación. Mirar a Caracas a través de la manera cómo se presentan los balcones en toda su amplísima variedad pero a la vez con el lente de quien quiere averiguar si ha sido usado como originalmente se previó o, por el contrario, para develar las maneras como ha sido cerrado o maltratado convirtiéndolo en depósito sería, por obvio, digno del mayor interés.

Para concluir, sin aventurarnos a decir categóricamente que el balcón haya sido en Caracas el espacio más elegido durante la cuarentena o la válvula de escape para sobrevivir al confinamiento, la verdad es que su consideración ha abierto la puerta a toda la serie de asuntos que someramente hemos repasado dignos algunos de profundización. Los 6 m2 de “regalía” que establece la ordenanza con relación a este espacio mucho tendrían que ver en la corroboración de lo anterior bajo la premisa de que es muy distinto contar con uno de 6 mts. x 1 mt. que con otro de 3 x 2 o de 2.45 x 2.45. También por detrás se encuentra el hecho de cuán fácil o difícil se lo hemos puesto los arquitectos a los usuarios para preservarlos en su condición original.

6. Un libro y dos películas de referencia. Mario Vargas Llosa El loco de los balcones (1993). El hombre de al lado (2009), dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat y Otra recomendación sería ver la película argentina El hombre de al lado (2009), dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat y La ventana indiscreta (1954) de Alfred Hitchcock,

Así como cerramos el anterior artículo con una recomendación a revisar dos trabajos académicos, invitaríamos ahora a disfrutar en primer término la obra teatral de Mario Vargas Llosa El loco de los balcones (1993), cuyo quijotesco protagonista, un profesor italiano de historia del arte italiano (viudo por demás), va recogiendo junto a su hija todos los balcones coloniales de las casas viejas que serán demolidas en Lima, y los va depositando en su modesta vivienda, lo que hace de ello una empresa insostenible y condenada al fracaso, como demostración, a través del tratamiento tragicómico del tema que nos ocupa y su asunción como punto de honor, de la pugna entre materialismo e idealismo; arte y utilitarismo; pasado y presente; antiguo y moderno; arte y tecnología; y derrota y éxito.

Otra recomendación sería ver la película argentina El hombre de al lado (2009), dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, cuyo drama y tensión entre dos mundos totalmente opuestos empieza al momento de tratar de integrar interior y exterior en una vivienda carente de ventanas de parte de alguien que, sin reparar en consecuencias, termina haciéndolo hacia el patio interior de la casa Curutchet proyectada por Le Corbusier en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Y, finalmente, sería interesante ver con ojos de cuarentena, un clásico del suspenso, La ventana indiscreta (1954), de Alfred Hitchcock, que se desarrolla en el patio interior de un pequeño edificio de grandes ventanas y suficiente amplitud de balcones donde prácticamente todos pueden verse unos a otros si lo desean.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 2, 3 y 5 izquierda. Colección Crono Arquitectura Venezuela

4 y 5 derecha. https://www.picuki.com/tag/italianosenchacao

BALCONES

Como un reconocimiento a quienes leen lo que semanalmente publicamos e interactúan positivamente con nosotros, hemos decidido transcribir el mensaje que nos enviara el pasado 14 de mayo el arquitecto Víctor Artís a raíz de la nota titulada “La importancia del balcón” que publicáramos el domingo 10 de mayo (Contacto FAC nº 174), que posteriormente convertido en artículo bajo el título de “Balcones” apareciera el sábado 23 de mayo en El Universal.

APRECIADOS AMIGOS

Ha sido grato recorrer la edición 174 del Contacto FAC que con tanto mérito mantienen viva y actual, como el interés sobre los efectos que el coronavirus causará en las ciudades y en la arquitectura.  Con  mucho acierto destacan el rol de los balcones como un espacio adicional en las viviendas y ello me ha llevado a redactar lo que sigue, para dar a conocer el origen de la diversidad de balcones actual en Venezuela y de paso comentar algo sobre las ordenanzas de zonificación.
La primera ordenanza de zonificación caraqueña reglamentaba el Distrito Federal y fue promulgada antes de 1958.  Por un tiempo el Distrito Sucre tuvo un Plano de Zonificación enorme, expuesto tras un cristal en la Ingeniería Municipal, que en 1958 adquirió condición legal con la Ordenanza redactada por Luis Lander y Antonio Cruz Fernández; Aristóbulo Astorga asumió el trabajo diario y yo, funcionario municipal, me ocupé de editar el Mapa.

En ambas Ordenanzas el cómputo del área de construcción incluía toda superficie construida adicional al área de viviendas, locales u oficinas, vale decir toda área común no enajenable, como escaleras, pasillos, corredores, conserjerías y otros.  En 1961, con la construcción todavía en crisis por la incertidumbre derivada del cambio de gobierno, propuse excluir del área de construcción a todo lo no vendible y agregar como bono adicional lo dedicado a balcones más un pent house. Transcurrió un tiempo para que esta propuesta fuera aprobada por una comisión Ad-Hoc, que limitó los balcones a 6 m2, la circulación al 10 % del área de ubicación y agregó un descuento de 3,5 m2 si el área de cocina más lavadero superaba los 13,5 m2. Estas decisiones conformaron lo que fue conocido como “medidas de estímulo a la construcción” que sin duda contribuyeron a animar el sector procurando comodidad  a los usuarios, dieron inicio a casi infinitos tipos de balcones que caracterizan nuestras viviendas multifamiliares.  Participé en la redacción de la Ordenanza de Ciudad Guayana con Rosaura Pardo, Tomás Polanco y Miguel Angel Pietri y redacté la de Valencia en 1966 y una vez aprobada la LOOU, junto con Graciela de Gabaldón, María Elena Arcia y Juan Garrido redactamos las Ordenanzas prototipo.

Desde su publicación estos estímulos fueron motivo de rechazo por algunos profesionales del ramo, en especial Carmelita Rodríguez y Lindolfo Grimaldi, quienes durante décadas han mantenido esa posición. En el proyecto original de rezonificación de El Rosal propusieron eliminar los descuentos, pero permanecieron tras argumentar en su favor el Concejal Eduardo Pérez Alfonzo y han permanecido hasta nuestros días cuando se intenta eliminarlos mediante la figura de una envolvente, que mal entendida por quienes la promocionan, ha sido incorporada en la zonificación de Los Chorros. Puedo ser tildado de injusto, pero siempre me ha parecido que los esfuerzos para eliminar los estímulos, anteponen el facilitar el trabajo de los revisores a la comodidad de los usuarios.

La pandemia que nos afecta genera reflexiones sobre los efectos que pueda tener sobre las ciudades y las viviendas. En las primeras es interesante la propuesta parisina de la ciudad a 15 minutos, una forma de volver al vecindario inmediato provisto de lo esencial donde pueda ser preferible caminar o moverse en bicicleta que hacerlo en automóvil. En las viviendas se anticipa disponer espacios flexibles, donde además de las funciones básicas de comer, dormir, aseo y entretenimiento, sea posible trabajar con algo de confort, colectivo a distancia o individual. También como bien reseña el número 174 del Contacto FAC de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, debe proporcionar contacto con el aire fresco que nos rodea y con los vecinos, función a cargo de los balcones, aun los barceloneses incluidos en el boletín. De niño recuerdo el apartamento (piso) de mi abuelo, a media cuadra del Gran Teatro del Liceo en Barcelona, donde un balcón era en realidad una ventana abrible de piso a techo confinada por una baranda ornamentada con geranios, estupenda solución en días estivales, nada comparable con nuestra diversidad balconil.

La mayor parte de la población venezolana vive próxima a 10 grados al norte del ecuador y por lo tanto, tanto la fachada norte como la sur reciben sol todo el año lo que genera juegos de luces y sombras incorporables a la arquitectura como bien se puede apreciar en muchos edificios residenciales.  Ojalá un futuro boletín de la FAU destaque otra vez el aporte de los balcones al bien vivir, su actualidad derivada de la pandemia y el rol de pioneros que nos podemos atribuir desde 1962.

Repito mi gratitud por la promoción del respeto a la buena arquitectura que mantienen lo cual espero sea permanente.

Atentamente les saludo

Víctor Artis

Queda pendiente de nuestra parte intentar elaborar una segunda nota sobre “La importancia del balcón” recogiendo en este caso como dice Artís “nuestra diversidad balconil” y la manera como ese importante espacio ha sido interpretado y tratado por arquitectos y usuarios en nuestro país.

(La foto que encabeza esta nota fue realizada por Franco Micucci)

ACA

A PROPÓSITO DE LOS 60 AÑOS DE BRASILIA

1. Brasilia. Explanada de los Ministerios en construcción, 1958

El pasado 24 de abril, hace justo un mes, Brasilia, la flamante capital de Brasil, celebró su 60 aniversario. Desde su inauguración en 1960, copó la atención mundial por la proeza de haber sido construida en sólo 41 meses de trabajo (las obras se habían iniciado el 23 de octubre de 1956 y quedaron registradas por el fotógrafo franco-brasileño Marcel Gautherot a través de unas extraordinarias imágenes), y por el hecho de que se trataba de una propuesta que recogía buena parte de los postulados urbanísticos impulsados por la Carta de Atenas (1933) que lograban cobrar vida tras la decisión trascendental de fundar la capital de una nación en pleno siglo XX comenzando desde cero.

Planteada ya en 1823 por José Bonifácio de Andrada e Silva quien además propone Brasila como denominación, la creación de una nueva capital en el interior del país buscaba equilibrar la distribución poblacional y el desarrollo urbano que se concentraba fundamentalmente en la costa. Esta idea de larga data comenzó a concretarse a partir del 30 de septiembre de 1956, con la publicación del aviso público en la Gaceta Oficial Federal, firmado el 19 de ese mismo mes, para el «Concurso Nacional del Plan Piloto para la Nueva Capital de Brasil», según lo determinado por el presidente Juscelino Kubitschek, pieza fundamental en que este sueño se llevara a cabo, quien gobernó su país entre 1956 y 1961.

2. Juscelino Kubitschek (izq.) y Lúcio Costa (der.) en Brasília, 1957

Kubitschek, electo presidente en los comicios celebrados el 3 de octubre de 1955 y juramentado el 31 de enero de 1956, casi sin perder tiempo (sólo el necesario para que su equipo de profesionales y asesores determinara la localización definitiva de la ciudad en la meseta central y preparara toda la información de apoyo que debía entregarse a los participantes), nombra al licenciado en Ciencias y Letras, médico y oficial del ejército Ernesto Silva como Presidente de la Compañía Urbanizadora da Nova Capital do Brasil, quien firma el aviso-convocatoria y a la vez se encarga de coordinar la elaboración de las bases del concurso. En ellas se exponía toda la información necesaria para llevar a cabo las propuestas de la nueva ciudad así como los requisitos y condiciones de entrega, los cuales fueron complementados por otro documento firmado por Oscar Niemeyer, a la sazón Director del Departamento de Urbanismo y Arquitectura de la Compañía Urbanizadora, que daba respuesta a las consultas formuladas por los competidores en aspectos claves como: vientos dominantes, conexión a través de vías férreas y autopistas, número de ministerios, densidad (máximo 500.000 habitantes), escalas de presentación (reafirmando que el Plano Piloto debería entregarse a escala 1:25.000, pudiendo estar acompañado de detalles del mismo a la escala que los concursantes consideren), y libertad en la presentación de los trabajos donde se podrá “usar color”.

Abiertas las inscripciones diez días después de publicado el aviso, dado un lapso de quince días para la inscripción de los participantes a partir de ese momento y de 120 días para presentar las propuestas desde la fecha de apertura de las inscripciones, finalmente se presentaron 26 trabajos. El jurado, encabezado por Ernesto Silva (Presidente de la Compañía Urbanizadora da Nova Capital do Brasil), compuesto por: dos representantes de la mencionada Compañía, uno del Instituto de Arquitectura de Brasil, uno del Club de Ingeniería y dos urbanistas extranjeros (traducidos en las figuras de Luiz Hildebrando Horta Barbosa, Oscar Niemeyer, André Sive, William Holford y Stamo Papadaki), luego de escuchar de forma oral los planteamientos de los equipos concursantes, de un grupo de cuatro finalistas, elige el 15 de marzo de 1957 como ganadora la propuesta presentada por el arquitecto y urbanista Lúcio Costa, quien posteriormente eligió como sus colaboradores principales a Oscar Niemeyer para todo lo relacionado con la arquitectura y Roberto Burle Marx para el diseño de las áreas verdes exteriores y el paisajismo. Como se verá entre el inicio de los trabajos fechado el 23 de octubre de 1956 y el día en que se da el veredicto transcurrieron 5 meses en que la ciudad aparentemente se había empezado a construir sin un proyecto preciso.

3. Propuesta ganadora del concurso para el Plan Piloto de Brasilia, Lúcio Csta, 1956

Los entretelones del concurso dejan ver a las claras los criterios de selección y las características fundamentales del trabajo ganador y, en consecuencia, el origen de gran parte de los problemas que a través de los años ha enfrentado el desarrollo y poblamiento de Brasilia.

Para empezar, el jurado guió sus deliberaciones con base en la consideración de que “una CAPITAL FEDERAL, diseñada para expresar la grandeza de una voluntad nacional, DEBE SER DIFERENTE DE CUALQUIER CIUDAD DE QUINIENTOS MIL HABITANTES”. La Capital debe ser una ciudad funcional y “también debe tener su propia expresión arquitectónica. Su característica principal es la función de gobierno. Todas las demás funciones se agrupan a su alrededor y, para ello, todo converge. Las unidades de vivienda, las unidades de trabajo, los centros de comercio y descanso están integrados en todas las ciudades, de manera racional entre ellos.  En una capital, tales elementos deben estar orientados, ‘además, hacia el propio destino de la ciudad: la función gubernamental’ ”, clara declaración de que los trabajos serían observados teniendo los planteamientos provenientes de la Carta de Atenas como lentes de aumento. Así, “El jurado trató de examinar los proyectos; inicialmente, bajo el plan funcional, y luego, desde el punto de vista de la síntesis arquitectónica”. Más adelante se aclarará más aún qué se buscaba al argumentarse que, terminado el examen, “el jurado intentó encontrar una concepción que presentara unidad y diera grandeza a la ciudad, debido a la claridad y jerarquía de los elementos. En opinión de sus miembros, el proyecto que mejor integra los elementos monumentales en la vida cotidiana de la ciudad, como Capital Federal, que presenta una composición coherente, racional y de esencia urbana, una obra de arte”, lo cual encontraron “en el proyecto número 22 (veintidós) del Sr. LÚCIO COSTA”.

En cuanto a la propuesta ganadora, Costa confiesa en su exposición hecha ante el jurado que: “No tenía la intención de competir … Asisto, no como un técnico debidamente equipado, ya que ni siquiera tengo una oficina, sino como un simple ‘maquis’ del urbanismo, que no tiene la intención de continuar desarrollando la idea presentada, si no eventualmente, como un simple consultor. (…) La liberación del acceso al concurso redujo la consulta a lo que realmente importa, es decir, al diseño urbano de la ciudad misma, (que) no será … el resultado de la planificación regional, sino la causa: su fundación dará lugar a un mayor desarrollo planificado de la región. Es un acto deliberado de posesión, un gesto de significado aún pionero, en la línea de la tradición colonial. Y lo que se pregunta es cómo … se debe concebir una ciudad así”.

Esta confesión de Costa se traduce justamente en la manera como explica el nacimiento de la propuesta, su definición y su resolución, redactada a través de 23 puntos acompañados de esquemas y gráficos sencillos, siendo el primero el que se ha publicitado con tanta frecuencia: la solución “nació del gesto principal de alguien que marca un lugar o lo toma: dos ejes que se cruzan en ángulo recto, es decir, el mismo signo de la cruz”, que abre el camino a asuntos tales como: la adaptación a la topografía; las consideraciones viales en las que se eliminan los cruces y se jerarquizan las vías siempre teniendo el automóvil como protagonista; la segregación funcional de acuerdo a los dos ejes principales de ordenamiento de la ciudad; la determinación de los espacios públicos fundamentales personificados por el peso que cobra la Plaza de los Tres Poderes; el abordaje al problema residencial y la aparición de las “supercuadras” y su disminución de tamaño de acuerdo a la gradación social; la proposición de los límites de la ciudad utilizándose el recurso de construir un lago artificial; para finalmente lanzar una propuesta acerca de cómo deben parcelarse y venderse los terrenos.

4. Bocetos conceptuales presentados por Lúcio Costa como parte de la entrega de la propuesta ganadora del Plan Piloto de Brasilia, 1956

“En resumen -dirá Costa-, la solución presentada es fácil de entender, ya que se caracteriza por la simplicidad y claridad del riesgo original, que no excluye, como hemos visto, la variedad en el tratamiento de las partes, cada una concebida de acuerdo con la naturaleza peculiar de la función respectiva, lo que deriva en la armonía de requisitos de aspecto contradictorio. Y así, siendo monumental, también es cómoda, eficiente, acogedora e íntima. Y, al mismo tiempo, dispersa y concisa, bucólica y urbana, lírica y funcional. El tráfico de automóviles continúa sin intersecciones, y el terreno se restaura, en una medida justa, a los peatones. (…)  Brasilia, capital del aire y la carretera; ciudad parque. Sueño secular del patriarca”.

Para no pasar por alto este importante onomástico nos ha parecido procedente, además de recordar la manera como se seleccionó y desarrolló el Plan Piloto de Brasilia, rescatar dos textos elaborados en dos momentos muy distintos y con miradas bastante diferentes por dos jóvenes arquitectos.
El primero corresponde a Oscar Tenreiro quien recién egresado en 1960 de la Escuela de Arquitectura de la UCV y a sólo un año de su inauguración, en mayo de 1961, visita Brasilia desde Santiago de Chile, donde era becario, cursaba estudios de postgrado, se casa por primera vez y está a la espera de su primer hijo.

Ya dos años antes Tenreiro había estado en Santiago junto a Gonzalo Castellanos como delegados estudiantiles en el II Congreso Panamericano de Estudiantes de Arquitectura (que comenzaría el 20 de Septiembre de 1958) y de este viaje, que le sirvió para visitar además Buenos Aires, Montevideo, Porto Alegre, Santa María y Río de Janeiro (muy bien relatado en la entrega nº 6 de “Todo llega al mar” aparecida en el blog Entre lo cierto y lo verdadero del 8 de septiembre de 2008), rescata su “contagio” con la actitud intelectual de Castellanos y la adquisición (al igual que él) de una máquina de escribir Olivetti, que lo acompañaría en su segundo traslado a Santiago y le permitiría recoger sus impresiones del viaje que realizara a Brasilia, cuando despertaba su otra vocación firme: la escritura.

5. Dos de las páginas del artículo «Reflexiones sobre Brasilia» publicado por Oscar Tenreiro en la revista Punto nº 4, noviembre 1961

Justamente es en Santiago y con su Olivetti donde Tenreiro escribe no sólo cartas, sino también «Reflexiones sobre Brasilia» su “primer ensayo corto para enviarlo a Caracas con el fin de publicarlo en la revista Punto que se editaba en mi Escuela”. Episodio que, recogido en este caso en el nº 10 de “Todo llega al mar”, aparecido en el blog ya señalado el 6 de octubre de 2018, hoy ve como importante porque con veintidós años “por primera vez traté de expresar con mis palabras, que se referían a mis puntos de vista, imperfectos y adolescentes como podían ser, lo que la vivencia de la arquitectura y la ciudad me sugería. Y ahora cuando releo lo escrito, que apareció en el número (4) de Noviembre de ese mismo año, me resulta interesante ver cómo el deseo de expresar una inquietud, de preguntarse en voz alta ante otros –en parte la razón para escribir– produjo líneas que si bien hoy redactaría de otra forma diciendo mis razones con menos dudas, puedo sin embargo suscribir sin ruborizarme:

…Pero el aspecto “Brasilia Realización” es diferente al “Brasilia Espíritu”. Si podemos dudar de los principios que le dieron origen, no podemos negarle valor a una obra que ha tomado forma gracias al esfuerzo común…Brasilia siempre permanecerá como una respuesta concreta a una necesidad concreta…La arquitectura de Niemeyer es lo que le da un sentido especial a Brasilia…me inclino a creer que Brasilia perdurará en la Historia, más como una realización de nuestro siglo, como un ensayo, que como un ejemplo que inicie caminos nuevos. Y si hay algo que impedirá que el tiempo la opaque demasiado, será la arquitectura de Niemeyer, que ha conseguido darle unidad y coherencia a una estructura urbanística que desconcierta, entusiasma y a veces decepciona.

A la interesante dualidad “Brasilia Espíritu-Brasilia Realización” que separa con nitidez lo cuestionable de su urbanismo de su rescatable arquitectura, quisiéramos sumar otra: “Brasilia Proyectada-Brasilia Habitada”, que otro bisoño arquitecto, en este caso el argentino Mauricio Waisman (quien hoy ejerce en la ciudad de Mendoza como director del estudio Síntesis), construyó cuando aún era estudiante a través de un excelente ensayo fotográfico dando pie a la publicación digital titulada BRASILIA: La Fallida Tierra de Nunca Jamás donde “se intenta reflexionar -haciendo uso del modelo literario de ‘introducción, nudo y desenlace’- acerca de la relación que existe entre las maravillas arquitectónicas de la ciudad y la realidad social de quienes la habitan.”

6. Portada de la publicación digital BRASILIA: La Fallida Tierra de Nunca Jamás de Mauricio Waisman
7. Imágenes de la publicación digital BRASILIA: La Fallida Tierra de Nunca Jamás de Mauricio Waisman

Tal y como Waisman expresa en https://ar.linkedin.com/in/mauriciowaisman, “El libro está dividido en dos partes: la CIUDAD PROYECTADA y la CIUDAD HABITADA. Cada una está precedida de un prólogo escrito por la Dr. Arq. Zaida Muxí Martinez. Ninguna tiene jerarquía sobre la otra. No hay ciudad sin habitantes, ni habitantes sin ciudad. El libro busca reflejar esto: hay dos posibles lecturas de la historia. No hay tapa y contratapa. Hay dos comienzos. Dos realidades. Dos Brasilias (…). El proyecto comenzó en Octubre de 2010 con la documentación de la ciudad, para luego convertirse en la muestra homónima inaugurada en Setiembre de 2011 en el Espacio Contemporáneo de Arte de Mendoza y en ANÓNIMOS, inaugurada en Setiembre de 2012 en el Ministerio de Cultura de la Provincia en el marco de la semana de Brasil en Mendoza”. El libro puede ser consultado y descargado en https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-262852/brasilia-la-fallida-tierra-de-nunca-jamas.

Los problemas enfrentados por Brasilia desde su creación son harto conocidos: el carácter exageradamente abstracto del trazado; la poca consideración de la escala humana privilegiando la monumentalidad de sus espacios y acento plástico de los edificios más emblemáticos; el predominio de criterios de índole funcional donde el énfasis en lo vehicular a nivel individual terminó colocándolo por sobre lo colectivo, dificultando el desplazamiento peatonal y el adecuado funcionamiento del transporte público; y la poca previsión en cuanto a su crecimiento más allá de lo contemplado por el Plano Piloto que desbordó cualquier estimación inicial alcanzando hoy su área metropolitana más de tres millones de habitantes (seis veces más que los 500.000 establecidos por las bases del concurso), ubicados en su gran mayoría en suburbios y zonas no planificadas, pasándose de una estimación inicial de 100 habitantes por kilómetro cuadrado a la actual de 520. Se trataba de una ciudad ideada como una maqueta perfecta para ser vista desde el aire a la que, luego de ser habitada por hombres de carne y huesos, el tiempo le ha inyectado una dosis de realismo para la cual no estaba preparada. O como diría Zaida Muxí: “En esta ciudad desaparece el ser humano sobrepasado por la dimensión espacial y temporal de la máquina. Una apuesta por una modernidad que ambiciona la igualdad y que, tal vez sin darse cuenta, construye la segregación y desigualdad.” O, en otro momento, “La ciudad es habitada diariamente de una manera diferente a como fue proyectada. Las regiones que circundan el plan piloto forman un todo sin solución de continuidad, son barrios hechos a mano en los que la gente se ha construido, como en tantas otras ciudades, su hábitat”, citas que permiten ubicar en su justo sitio la ciudad que ha sido distinguida en 1987 como la única urbe del siglo XX que es Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.archdaily.com/303639/the-construction-of-brasilia-photos-by-marcel-gautherot?ad_medium=gallery

2. https://saopaulosao.com.br/conteudos/colunistas/4972-bras%C3%ADlia,-60-anos-a-urbanidade-e-o-caminhar-na-capital-brasileira-2.html

3 y 4. https://concursosdeprojeto.org/2010/04/21/plano-piloto-de-brasilia-lucio-costa/

5. Revista Punto, nº 4, noviembre 1961

6 y 7. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-262852/brasilia-la-fallida-tierra-de-nunca-jamas

LA IMPORTANCIA DEL BALCÓN

1. Fachada continua típica del centro de cualquier ciudad italiana
2. Calle del centro de Barcelona durante los primeros días de la pandemia

En estos días de cuarentena hay dos espacios que han mostrado una contrafaz bastante alejada del interés que tradicionalmente ha suscitado para arquitectos y urbanistas: la calle y el balcón. La primera, al verse desprovista de todo aquello que la anima ha lucido desolada, carente de vida, alejada de su rol integrador, del protagonismo que suele asumir como lugar de encuentro. El segundo ha sufrido una suerte de reivindicación potenciada por los medios de comunicación, convirtiéndose en lugar privilegiado para recuperar el contacto perdido con el exterior y con el resto de los que nos rodean. Los videos que revelan tomas de personas que se asoman para conversar con el vecino, para aplaudir a una hora determinada a los trabajadores de la salud, para compartir su música o sus dotes como artistas, o que los aprovechan para tomar el sol, leer o hacer ejercicio, han permitido redescubrir recintos que han demostrado su condición liberadora a modo de válvula de escape, su versatilidad, su importancia como vínculos entre el interior y el exterior, entre lo privado y lo público, y también su degradación asociada a su falta de cuidado y sus precarias dimensiones cuando no su desaparición paulatina del paisaje de las ciudades. Se podría decir que el balcón, al menos en Europa y en medio de esta pandemia, ha dejado aparcado momentáneamente su condición de lugar lleno de tiestos, trastos, bicicletas o donde salir a fumar un cigarrillo para convertirse en nave salvadora, en lugar para socializar, y para, mediante la comunicación, no cortar de tajo la convivencia urbana.

3. Detalle de la fachada del centro de una ciudad europea los primeros días de la pandemia

Balcón, del italiano balcone, es definido por el Diccionario de la Real Academia Española, como “ventana abierta hasta el suelo de la habitación, generalmente con prolongación voladiza, con barandilla”. Dejando de lado que para nosotros el término también está asociado al segundo piso de un teatro o cine, su enunciado lo ubica con toda claridad en un rango que lo aleja de la ventana (aunque podamos decir que se trata de una ventana sin paredes o como señala Lluís Clotet “una puerta abierta al exterior, con una barandilla para no caerse”), y lo aproxima a otro espacio con el cual presenta similitudes y con el que a veces se le confunde: la terraza, “sitio abierto de una casa desde el cual se puede explayar la vista”. En todo caso se trata el balcón, en principio, de una superficie destechada (o no) pensada para asomarse y tener contacto con el aire libre. Esa condición de ser espacio de desahogo pensado para contemplar el entorno, para mirar al otro y ser visto, también permite discurrir acerca de si está entre sus condiciones esenciales la de permanecer o su uso apunta más bien a lo efímero ya que por lo general, a diferencia de la terraza, no alberga actividades. Salir, romper con la condición que impone el vivir entre cuatro paredes, estar en la calle pero a distancia, sentirse afuera pero a la vez adentro, disponer de la oportunidad de flotar en el aire y ampliar el horizonte visual a ciento ochenta grados, son condiciones intrínsecas de todo buen balcón.

Santiago De Molina en “El balcón saturado”, texto de 2018 publicado en https://www.santiagodemolina.com/2018/05/el-balcon-saturado.html permite complementar algunas de las ideas que hemos expresado cuando nos revela: “En teoría los balcones, o son extensiones de las habitaciones o prolongación de las ventanas, (a veces de la calle misma). Pero está claro que son espacios incompletos, porque no se sabe si crecen de dentro a fuera, o al revés, y necesitan entenderse como prolongación de algo. A veces son como hernias que les salen a las casas y otras como escenarios donde la calle se mete por ellos. (…) El balcón es el lugar del pregón, de la recogida de los trofeos deportivos y del lucimiento de banderas en los edificios públicos, pero los de las casas son tan distintos que puede decirse que no pertenecen a la misma categoría de objetos. Porque los balcones en las casas no son símbolos de casi nada.”

4. Izquierda: Detalle Balcón, Edificio 1501, avenida Baralt, Caracas. Derecha: Interpretaciones del balcón. Villa Stein, Le Cobusier, 1927

Considerada la fachada como esa delgada piel que separa el interior del exterior, ventanas y balcones tradicionalmente han sido sus principales protagonistas siendo estos últimos relegados a un segundo plano cuando las paredes de carga dejaron de ser las que garantizaban el sostén de la edificación. El balcón, entendido como apertura puntual en el plano vertical, asociado a la arquitectura que ocupó durante siglos el centro de las ciudades, fue el principal perjudicado tras la irrupción del Movimiento Moderno y sus propuestas de liberar la fachada de responsabilidad estructural y así abrirle paso a su pariente rica: la terraza que, dotada de una condición lineal, se asienta más bien en el plano horizontal acentuando dicha propiedad. También el balcón ha sufrido el acoso de las normativas urbanas que los han dejado fuera de sus prebendas, el cuestionamiento proveniente de su utilidad ante los rigores del clima o su insignificante tamaño y su fragilidad frente la hostilidad creciente en todo entorno urbano, a lo que se suma su condición de foco captador de polución e insalubridad por el estrecho contacto que establece con un medio contaminado, lo cual conlleva en la mayoría de los casos a su cierre con rejas u otro tipo de dispositivo buscando convertirlo en ocasiones en otro espacio interior.

En un reciente artículo titulado “El día en que Barcelona renegó de los balcones”, firmado por Clara Blanchar, aparecido en El País el pasado 3 de mayo en el marco de la crisis del coronavirus, se hace un repaso de las diversas circunstancias que han llevado a los arquitectos a ir eliminando este importante espacio intermedio preguntándose “¿por qué hay edificios de Barcelona que tienen balcones (o terrazas) y otros no?”.

5. El Edificio Meridiana o Casa Meridiana (Barcelona), edificio de viviendas de la década de los 60 obra de Oriol Bohigas
6. Portada del libro Balcons de Barcelona. Un espai privat obert al públic de
Anton M. Espadaler (Texto), Ramon Manent (Fotografía), 2008

Consultados diversos profesionales, se apunta a una serie de razones: “Es más barato construir sin balcones. Para algunos es una cuestión estética. En la ciudad moderna, con los vecinos todo el día fuera de casa y un espacio público cada día más hostil, perdieron valor. Muchas familias los convirtieron en trasteros y los taparon. Y perdieron valor comercial: los promotores dejaron de hacerlos, los arquitectos quizás no supieron hacerlos valer, ni los clientes los exigieron”. Blanchar cita el libro Balcons de Barcelona (2007) como referencia sobre el tema, donde se hace un repaso de la proliferación de balcones “a caballo de los siglos XVI y XVII cuando ‘las casas más distinguidas’ comenzaron a ampliar ventanales góticos. Recuerda cómo Joan Amades relató la polémica por el intento de los consejeros de la ciudad de implantar un ‘tributo al sol’; explica que en el Eixample se buscó un tono regular y armónico; subraya el despliegue ornamental del Modernismo… y cita la desaparición de los balcones durante el racionalismo”.

Por otra parte, al interrogar a la decana del COAC, Assumpció Puig, ésta apunta “que ‘la presencia 24 horas en nuestros hogares’ durante el confinamiento ‘ha revelado carencias de algunas viviendas, como la falta de sol, una salida como un balcón, ventilación cruzada o azoteas accesibles’. Pero también mira al pasado y apunta que ‘al ser las viviendas un activo económico y no de bienestar, el máximo de espacio se dio a la vivienda interior, de manera que balcones y terrazas perdieron valor’ ”.

Cierra el artículo de Blanchar con la apreciación de Lluís Clotet para quien entre los culpables de la pérdida de protagonismo de los balcones y las terrazas en Barcelona se encuentra “la aparición del aire acondicionado” en las casas. “Ha hecho perder, por inútil, la capacidad de saber ver el levante, el poniente, las corrientes de aires… para saber abrir y cerrar ventanas, balcones, persianas, contraventanas, cortinas, para saber entender la vivienda como un velero que es preciso conocer para convertir la travesía en lo más agradable posible (…) Seguramente [el aire acondicionado] también ha hecho perder las ganas de disfrutar de una buena cena al fresco, aunque llegará un día que tanta energía no la podremos pagar”.

El hecho es que para la gente confinada y aburrida por la emergencia tener un balcón se ha convertido en una gran ventaja. Con sus bondades y sus miserias los balcones, tal y como comenta el urbanista Thierry Paquot en un reciente artículo aparecido en Le Figaro, a raíz de su renacimiento durante la cuarentena actual, “son un brazo extendido hacia los demás sin peligro ni riesgo; permiten salir del aislamiento y el enclaustramiento; son manifestación de una comunión física y un respaldo moral, un medio de pertenecer a una cadena colectiva: podemos oírnos y vernos, hay participación directa, se piensa en los demás…”.

7. Fachada continua típica del centro de Madrid. Foto tomada en los primeros días de confinamiento por motivo de la pandemia
8. Izquierda: Detalle de un balcón del edificio de la Compañia Guipozcoana en La Guaira. Derecha: Balcones de un edificio de propiedad horizontal en Caracas

No sabemos si al salir de este confinamiento obligado la reivindicación de que ha sido objeto el balcón hará que autoridades y arquitectos europeos y de todo el mundo recapaciten en torno a su importancia y valor como dispositivo de control ambiental y calidad espacial. Tampoco sabemos si comparativamente con la terraza sus ventajas se equipararán entre sí y los balcones dejen de ser “… un lugar convertido mayoritariamente en un armario sin trasera, y en un desecho hacia la calle”, como afirma Santiago De Molina, para, por el contrario, dar cabida a lo que afirma Ángel Pérez Mora en “Elogio del balcón”, quien el 29 de enero en https://www.diariosur.es/opinion/elogio-balcon-20200129002022-ntvo.html expresaba: “Sólo el que ha sido obligado habitante de un interior sabe lo extraordinario que puede llegar a ser ese mínimo espacio. Esa repisa en la fachada es un máximo que permite salir fuera un instante al que se siente enjaulado en un piso. Veo desde una serie de televisión, como en el centro de París, un balcón significa oro para el fumador. Solo por esos momentos de ensoñación o complicidad merece la pena que se construyan balcones en los nuevos edificios. (…) Mientras nuevas fachadas rompen su monotonía de ventanas con terrazas que, al poco de abrirse, serán cerradas, yo vuelvo la mirada con gusto a los balcones que resisten su cierre. En ellos está más cerca el cielo de sus habitantes. Desde ellos han entrado en diálogo moradores y paseantes y se han contado historias solo con la mirada. Construyen parte de ese lugar que nos permite sobrevivir en medio del mundo de todos, como una cápsula en el cosmos de la polis, como espacio frontera que hace único al ser urbano, por un instante”.

9. Carlos Raúl Villanueva. Elementos plásticos utilizados en defensa contra los elementos (sol y lluvia)
10. Calle Bolívar de Puerto Cabello, estado Carabobo
11. Detalle de balcones de un edificio de propiedad horizontal en Caracas en tiempos de pandemia

Venezuela en general y Caracas en particular, cuyas condiciones climáticas permiten el disfrute del balcón como espacio de desahogo, perfectamente podría convertirse en objeto de estudio del destino que con el tiempo han sufrido dentro de sus edificaciones residenciales. De hacerlo, seguramente encontraremos buena parte de las razones que han hecho perder sentido a los balcones barceloneses. Para ello quizás el Trabajo de Grado entregado en septiembre de 2012 con el cual la profesora María Elena Hernández obtuvo el Magister Scientiarum en Diseño Arquitectónico, titulado “La ventana en la arquitectura residencial caraqueña: Aproximación a la comprensión de la relación interior exterior en edificaciones residenciales multifamiliares” podría, desde el punto de vista metodológico, ser de gran ayuda. Y como complemento, no estaría de más consultar otro trabajo entregado dentro del mismo curso de postgrado en 2014 por Marjorie Suárez, titulado “Los espacios intermedios como tema y estrategia de proyecto en la arquitectura moderna”.

ACA

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  1. https://www.latercera.com/mundo/noticia/gobierno-italiano-descarta-nuevo-confinamiento-por-el-covid-19-mientras-el-pais-registra-mas-de-mil-nuevos-contagios/L2Q52V5DZBFKJM676OWLOJTAPQ/

2, 3, 8, 10 y 11. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

4. Izquierda: https://www.pinterest.es/pin/701013498220348698/. Derecha: https://www.pinterest.cl/pin/379357968591992559/

5. https://elpais.com/espana/catalunya/2020-05-03/el-dia-en-que-barcelona-renego-de-los-balcones.html

6. https://ajuntament.barcelona.cat/barcelonallibres/es/publicacions/balcons-de-barcelona

7. http://ideaspanal.org/el-fenomeno-de-los-balcones/

9. Carlos Raúl Villanueva, Caracas en tres tiempos, 1966

AMAYUR, EREAGA Y… MENDI EDER

1. Arriba izquierda: Edificio Amayur. Arriba derecha: Edificio Ereaga. Abajo: Edificio Mendi Eder

Los nombres en euskera que encabezan esta nota corresponden a tres edificios hermanados no sólo por el origen de las denominaciones que los identifican sino por otra serie de circunstancias. En primer lugar forman parte de una saga que permite detectar la evolución de una manera de enfrentar el tema de la vivienda en alquiler que cobró un importante auge durante los años 50 del siglo XX. En segundo lugar porque están caracterizados por la selección de materiales similares cuyo resultado son tres soluciones que utilizan códigos afines en cuanto a la resolución racional de sus plantas, la composición de sus fachadas y el uso del revestimiento en ladrillo obra limpia utilizado para sus cerramientos exteriores combinado con detalles complementarios de herrería. Y en tercer lugar porque de todo lo anterior se puede derivar la presencia de la mano de un mismo proyectista, oculto tras la firma de los ingenieros que firmaron los planos introducidos para obtener los respectivos permisos de construcción ante la Ingeniería Municipal. Hablamos del delineante o arquitecto técnico vasco José Abásolo, uno de muchos exiliados políticos de la Guerra Civil Española que echaron raíces en nuestro país y lograron incorporarse al febril apogeo de la construcción en la Caracas de la década de 1950.

2. Edificio Amayur. Vistas exteriores

El Amayur (1953), cronológicamente el primero de ellos, ubicado en la parcela nº 57 de la calle La Cinta de Las Mercedes, vía tristemente célebre por haberse cometido en 1950, en una de las casas que allí existían, el magnicidio del presidente de la Junta Militar de Gobierno, Carlos Delgado Chalbaud, único hecho de este tipo registrado en la historia de Venezuela, deriva su denominación de una palabra cuya traducción significa “el fin” y que a su vez tiene un importante significado en la historia del reino de Navarra. Se suma así a otros tantos edificios que llevan nombres de origen vasco, la mayoría identificados con un estilo que asemeja los caseríos que pueblan el campo de aquel país, imperante en ese sector de la ciudad, del cual el Amayur pasa a ser una excepción dados sus rasgos definitivamente modernos.

Se trata de un pequeño edificio de tres pisos (con dos apartamentos en cada uno), semi-sótano y seis cocheras, construido por la empresa Zalútregui y Cía. (Adrián Zalútregui, Pedro Zabala y José Ignacio Landa) para ser habitado fundamentalmente por sus propietarios o famiiares (otro hecho que lo hace excepcional), proyectado por Abásolo y “permisado” por el ingeniero Luis Balliache F. Una mirada más atenta permite detectar cómo la edificación se adapta a las condiciones topográficas y geométricas de un terreno que ofrece poco frente urbano, mediante el desarrollo de un esquema simétrico que lleva a utilizar uno de los retiros laterales como su fachada principal. De ello se deriva que no ofrezca hacia la calle La Cinta mayor atractivo que el de presentarnos el costado de un bloque de apartamentos antecedido por un jardín, lo que convierte el descubrimiento de su acceso en una grata sorpresa para quien transita por la zona. El recubrimiento de sus fachadas con baldosas de ladrillo, el reborde de concreto (pintado de blanco) en ventanas y balcones y el uso de pasamanos metálicos en estos últimos, el empleo del bloque de vidrio de 20 x 20 cms como recurso para iluminar de día y expresar hacia el exterior la circulación vertical, y la elegante marquesina en volado con la que se marca la entrada, son señales que denotan el manejo correcto de los códigos de un racionalismo no necesariamente canónico.

Es la presencia de las características señaladas, que se pueden detectar por igual en el Ereaga (1954) y el Mendi Eder (1955), lo que permite colocar al Amayur como puerta de entrada a la lectura que hoy estamos intentando presentar desde aquí.

3. Edificio Ereaga. Vistas exteriores

Con relación al edificio Ereaga (1954), segunda etapa de nuestro recorrido, constituye junto al Mendi Eder una de las dos piezas mejor logradas dentro del armonioso y diverso paisaje urbano que conforma la avenida Miguel Ángel, localizada en la “Tercera sección”, parte baja y más plana de Colinas de Bello Monte, conformada por edificaciones residenciales de entre 4 y 8 pisos con comercios en la planta baja. La composición étnica de sus habitantes y el carácter vecinal que con el tiempo fue alcanzando, hacen ver esta avenida como el trozo de un barrio mediterráneo insertado en Caracas.

El Ereaga (nombre que significa “sembrar” y a la vez recuerda una hermosa playa vizcaína ubicada en Getxo), propiedad de la firma “Abásolo, Lizarralde y Cia.”, diseñado por Abásolo con la colaboración del ingeniero Rafael A. Palma, por ser de las primeras obras que se levantaron en la avenida, habría servido como eslabón en el desarrollo de una tipología que tiene en el Mendi Eder, construido posteriormente, su manifestación más acabada. Referencias aparte, sí parece que la temprana aparición del primero influyó en que fuera de los pocos inmuebles de la Miguel Ángel con vocación eminentemente residencial, hecho que ha perdurado obligándolo a defenderse de la presión a que el uso comercial circundante hoy lo somete.

El edificio, un bloque alargado de cuatro pisos recubierto en ladrillo, orientado norte-sur, se divide en cinco módulos verticales con accesos independientes de un apartamento por planta. Tres de dichos accesos se ofrecen hacia la fachada principal y los otros dos se ubican en los extremos del volumen a modo de remate como respuesta a las esquinas con las calles laterales que lo limitan: la Caujaro al este y la Bucare al oeste. Todos los apartamentos, con doble fachada que favorece la ventilación cruzada, vuelcan sus ambientes principales hacia la Miguel Ángel viéndose expresados a través de un sistema homogéneo de balcones y ventanas, remarcadas por bandas en concreto pintado de blanco, lo cual acentúa la horizontalidad del bloque. El volumen se eleva medio nivel para evitar los registros visuales de los ambientes ubicados en planta baja, definiéndose así los accesos y generándose un semisótano de uso común.

4. Edificio Mendi Eder. Vistas exteriores y planta

El último capítulo de este repaso lo dedicaremos al edificio Mendi Eder (“monte hermoso” traducido del euskera), terminado de construir en 1955. Atribuido por muchos años a Félix Losada, ocupa como ya asomamos, el lugar más alto en el orden evolutivo de las tres edificaciones a las que nos hemos ocupado, siendo la solución más refinada y mejor lograda tanto como arquitectura como por su respuesta urbana. Ubicado en una parcela de forma irregular, en la esquina formada entre la Miguel Ángel y la calle Casiquiare, está organizado a partir de cuatro cuerpos dispuestos ortogonalmente que conforman una limpia planta en «U» y crean dos patios hacia el sur que permiten la ventilación e iluminación de los apartamentos, especialmente para sus áreas de servicio. Cada uno de los cuatro cuerpos, con dos apartamentos por piso, cuenta a su vez con dos accesos ubicados en sus extremos, que conducen a un núcleo de circulación vertical y a un hall independiente para cada unidad de vivienda.

Tiene el Mendi Eder siete pisos: la planta baja comercial, seis plantas de apartamentos y un nivel pent-house. Adicionalmente cuenta con un sótano para estacionamiento. Cada apartamento posee tres habitaciones, un baño, sala-comedor y cocina-lavandero. Tal y como se recoge del libro-catálogo de la exposición 1950. El Espíritu Moderno (1998), particularmente del capitulo titulado “El estilismo anónimo”, el Mendi Eder “se instaló cómodamente en la avenida Miguel Ángel de Bello Monte al activar la vida urbana de sus comercios en planta baja. La roja pantalla de su volumetría se vuelca hacia la avenida dando cuerpo al sector. Los apartamentos ventilan eficientemente, debido a su doble fachada y permiten la organización de los servicios al interior del espacio central, logrando así mantener el orden externo del edificio”. Su bien logrado efecto de bandas horizontales, que recurren a la utilización del mismo lenguaje observado en el Amayur y el Ereaga, se ve complementado por el espacio público creado en planta baja frente a los locales comerciales que respalda y refuerza el disfrute urbano del sector.

Para cerrar y a la vez aclarar el por qué en el título de la nota aparecen los puntos suspensivos que preceden al Mendi Eder, diremos que ello no tiene otro objeto que dejar abierta la puerta a la duda que aún guardamos con respecto a su autoría. Si el Amayur y el Ereaga cuentan con respaldo firme para asegurar que hayan sido proyectados por José Abásolo, el Mendi Eder aún encierra cierta dosis del misterio que otorga el no haber dado con la información certera (más allá de los evidentes lazos señalados que lo unen a los otros dos evidentes a través de las imágenes) que, sin embargo, no evitan el sospechar que Félix Losada fue simplemente el encargado de firmar los planos “permisados”.

Nota

Del blog de la Fundación de la Memoria Urbana hemos podido saber que el Amayur y el Ereaga fueron registrados por dicha entidad para el Instituto del Patrimonio Cultural y el CONAC en el Preinventario Arquitectónico, Urbano y Ambiental Moderno de Caracas 2005/2006 de acuerdo al Convenio de Financiamiento Cultural 2003, No. 293 de fecha 30 de septiembre de 2003, suscrito entre la Fundación de la Memoria Urbana y el CONAC, como Bien Preinventariado, y consignado ante la Alcaldía de Baruta el día 22 de noviembre de 2007. Por su parte el Mendi Eder fue declarado por el Instituto del Patrimonio Cultural como Bien de Interés Cultural de la Nación, publicado en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N. 38.234 de fecha 22 de julio de 2005 como una de las manifestaciones tangibles registradas en el I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2005, y por la Alcaldía del Municipio Baruta como Edificación vertical de uso comercial y residencial multifamiliar Bien de Interés Municipal según Decreto N. 181, publicado en Gaceta Municipal extraordinaria N. 128-04/2005 de fecha 14 de abril de 2005.

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Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

DÍA DEL ArQUITECTO

1. Acta de creación de la Sociedad Venezolana de Arquitectos

El pasado miércoles 4 de julio se celebró en nuestro país el Día del Arquitecto. En tiempos de redes sociales sorprende la cantidad de mensajes de todo tipo, felicitaciones o recordatorios que traducidos en imágenes, textos o animaciones, unos más convencionales y otros más creativos, se pusieron a circular dando cuenta de una efemérides que por pura casualidad coincide con el aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos de América hecho que, en ocasiones, también ha traído a colación otra clase de remembranzas y asociaciones no muy afortunadas.

2. Los siete miembros fundadores de la Sociedad Venezolana de Arquitectos en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela. De izquierda a derecha, de pie: Enrique García Maldonado, Carlos Raúl Villanueva y Rafael Bergamín; sentados: Heriberto González Méndez, Cipriano Domínguez, Luis Eduardo Chataing y Roberto Henríquez.

Sin embargo, aunque ya se haya registrado por diferentes medios, artículos o escritos, consideramos conveniente, a raíz de la decisión tomada aquel 4 de julio de 1945 por Rafael Bergamín (1891-1970), Luis Eduardo Chataing (1906-1971), Cipriano Domínguez (1904-1995), Enrique García Maldonado (1905-1990), Heriberto González Méndez (1906-1992), Roberto Henríquez (1905-1990) y Carlos Raúl Villanueva (1900-1975) de fundar la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) en acto celebrado en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela, volver a repasar algunas de las circunstancias que han acompañado la aparición y consolidación de un gremio al cual se le ha hecho muy difícil posicionarse de forma sólida dentro de la estructura socio-político-cultural venezolana. Para ello no hemos encontrado mejor punto de apoyo que el artículo introductorio de la edición dedicada a los “65 años de la creación de la SVA”, publicado en la revista entre rayas nº 84, meses julio-agosto 2010 escrito por Lorenzo González Casas y Henry Vicente (http://entrerayas.com/2011/07/la-sociedad-venezolana-de-arquitectos/), cuya vigencia tras casi una década es plena, así como también lo es el interés permanente por dicha publicación y su director Jesús Yépez en no olvidar año a año la importancia del acontecimiento.

Tal y como relatan González Casas y Vicente, la conformación de gremios profesionales, cuyo origen se remonta a épocas tan remotas como el siglo XI, arropados más recientemente bajo el concepto de “capital social”, tiene en la creación de la SVA la oportunidad de ser puesta en evidencia a raíz de un hecho muy significativo: buscar “el reconocimiento de una profesión poco conocida en el país y una demostración -observando en retrospectiva la magnitud de sus logros- de la importancia de la actuación colectiva; del valor del asociacionismo”.
La arquitectura ya había comenzado a dar señales de buscar agremiarse desde el siglo XIX, particularmente en Francia conformándose primero sociedades (como la pionera Societé Centrale des Architectes, creada en 1840) y transformándose poco a poco en Colegios profesionales, hecho que en España, por ejemplo, acontece entre 1929 y 1931.

En Venezuela, la más importante referencia a la iniciativa impulsada por los siete fundadores de la SVA, no es otra que la constitución del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1861, el cual fue “concebido como órgano de consulta al servicio del Estado, y recibió un impulso notable con la creación del Ministerio de Obras Públicas, en 1874, lo que le permitió consolidar su rol de asesor de las obras ejecutadas por ese Ministerio” y su poder e influencia sobre todas aquellas profesiones “afines” que como la del arquitecto aún no contaban con espacio dentro de la enseñanza universitaria formal, hecho que redundará en el tiempo y explicará muchas de las vicisitudes acaecidas cuando la decisión de agremiarse independientemente se toma. Como otro dato de importancia se registra que la Escuela de Ingeniería es creada en 1895 y la autorización de otorgar el título de arquitecto se asocia a ella a partir de 1897 como complemento obligatorio a los estudios que ya se realizaban para entonces en la Academia de Bellas Artes. Por otro lado la Sociedad Venezolana de Ingenieros Civiles se funda en 1891 y la Sociedad Venezolana de Arquitectura y Construcción (claro precedente de la SVA) en 1895.

En 1925 apareció la Ley del Ejercicio de las Profesiones de Ingeniero, Arquitecto y Agrimensor y posteriormente, en 1936, debido a “la llegada de arquitectos extranjeros y el regreso de profesionales venezolanos formados en el exterior, se produjeron decisiones del Colegio de Ingenieros de Venezuela para facilitar el proceso de acreditación de los estudios de estos profesionales”, derivando en la definitiva diferenciación disciplinar con la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV en 1941, que inicialmente se limitó a la organización de programas de estudio y a la tramitación de títulos obtenidos por arquitectos en universidades extranjeras, para luego, “degradada” a Departamento de la Escuela de Ingeniería, iniciar en 1944 las labores docentes funcionando así durante dos años. Ante tanto vaivén, Arquitectura lograr adquirir en octubre de 1946 nuevamente el estatus de Escuela, esta vez adscrita (a la par que la de Ingeniería) a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. En 1948 egresa la primera promoción de 11 profesionales y en 1953 se crea la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) que nace con la de arquitectura como única escuela.

3. Los asistentes a la primera reunión de la SVA. De izquierda a derecha, de pie: Guillermo Pardo Soublette, Manuel Mujica Millán, Gustavo Guinand, Carlos Raúl Villanueva, Heriberto González Méndez, Luis Eduardo Chataing y Roberto Henríquez; sentados: Enrique García Maldonado, Cipriano Domínguez, Rafael Seijas Cook, Rafael Bergamín y Gustavo Wallis.

1945, año que marca el fin de la Segunda Guerra Mundial y registra grandes cambios tanto a nivel nacional como internacional, ve cómo son recogidos en unas pocas líneas los fundamentos de la asociación gremial que da origen a la celebración del 4 de julio. En un alarde de magistral síntesis, los fundadores de la SVA suscriben un breve documento manuscrito que plasma los fines totalmente vigentes del organismo recién creado: “Dar impulso al estudio y desarrollo de la Arquitectura; cultivar la ética profesional; establecer vínculos de unión entre sus miembros y propender a la defensa y mejoramiento de la profesión”. La primera Junta Directiva de la Sociedad estuvo compuesta por Carlos Raúl Villanueva (Presidente), Luis Eduardo Chataing (Vicepresidente) y Heriberto González Méndez (Secretario). El año siguiente se realizó la constitución formal de la SVA en la Oficina de Registro Público. La Junta Directiva, que sustituyó a la Junta original, estaba compuesta por Carlos Guinand Sandoz como Presidente, Cipriano Domínguez como Vicepresidente y Heriberto González Méndez, una vez más como Secretario. A lo largo del tiempo, “los siete”, con la excepción de Bergamín (el único arquitecto extranjero de entre ellos) y García Maldonado, ocuparon puestos en la Directiva de la Sociedad.

La febril y a la vez eficiente actividad desarrollada por los miembros fundadores y primeros agremiados dentro de la SVA puede resumirse en “el crecimiento del número de afiliados a la Sociedad y la ampliación de sus esferas de actuación” pasando de “204 miembros de número, 31 miembros afiliados y 3 miembros honorarios” en 1959 a 375 miembros en 1964. También lo atestigua la ampliación de su estructura organizativa, el empeño puesto en la regularización y fortalecimiento de los estudios de arquitectura (que, como ya se dijo, despegan definitivamente en 1946 gracias a su empuje), la participación en numerosos eventos internacionales, la incorporación a organizaciones de carácter mundial y regional, la activa participación en la organización de concursos, el lanzamiento en 1958 de la revista SVA (alcanzando 20 números hasta 1965) y la realización en 1963 de la primera Bienal Nacional de Arquitectura y el otorgamiento en su marco del primer Premio Nacional a Carlos Raúl Villanueva por el conjunto de su obra.

En 1966, con la meta fundamental de darle sentido a lo que ya en 1959 Heriberto González Méndez proponía en la Primera Convención Nacional de Arquitectos como una necesaria colegiación, la SVA se transforma en el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) y en homenaje a aquellos siete fundadores, se decide decretar el 4 de julio como el Día del Arquitecto en el país.

La historia del CAV está aún por escribirse. Ella recogería con toda seguridad momentos de gran entusiasmo, otros de palpable decadencia y, como constante, la inercia de lo adelantado durante 21 años por la SVA y el desinterés de sus agremiados por las actividades por él desarrolladas, arropadas en exceso de énfasis en lo gremial y lo social y mucho menos en lo cultural, lo intelectual y lo disciplinar. La frustrante posibilidad de lograr la verdadera colegiación todavía se mueve en terrenos pantanosos e inciertos donde los intereses de la ingeniería aún predominan, pese a que la Ley del Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines promulgada en 1958, se tornó en instrumento auspicioso sobre el cual, sin embargo, se han dado pocos pasos en firme a favor de la autonomía de las competencias propiamente arquitectónicas.

Como testimonio de los altibajos de 52 años de vida del CAV surgen datos como los siguientes: las Bienales Nacionales (12 hasta la fecha) se han espaciado en el tiempo perdiéndose el sentido de su denominación; la revista CAV registra la aparición desde 1966 hasta la fecha de 60 números con baches notables de continuidad; el empeño (también espasmódico) en lograr que el concurso se convierta en la vía más expedita para lograr la contratación de proyectos públicos no se ha consolidado; y la sede del Colegio ha continuado el “nomadismo” que ya aquejaba a la SVA sumando cuatro mudanzas más sin contar aún con asiento propio.

Esfuerzos los ha habido que han intentado paliar tales problemas e intentar navegar en tiempos de crisis que se traducen en la actividad desplegada a través de la realización de eventos, la amplificación de las relaciones con organizaciones de otros países o la incorporación a las redes sociales sin que ello aún el CAV logre motivar a un colectivo e incentive su participación hasta el punto que para octubre de 2016 de 5.440 agremiados inscritos, solo 144 estaban solventes.

Hoy, luego del hecho inédito que derivó en el bloqueo de las elecciones convocadas el 30 de octubre de 2016 a causa de un recurso contencioso interpuesto ante el TSJ por la actual Junta Directiva (claramente enfrentada con la Comisión Electoral Principal del CAV), pareciera que, tras la sentencia del pasado 18 de junio, se podrá convocar a la realización de comicios que permitirán la siempre deseable renovación.

Esperamos sinceramente que a pesar de las adversidades el CAV sea capaz de revisarse una vez más y se enrumbe hacia objetivos claros, de manera tal de generalizar la sensación de que el 4 de julio es un día que vale la pena celebrar.

ACA

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Lorenzo González Casas y Henry Vicente ,“65 años de la creación de la SVA”, revista entre rayas nº 84, julio-agosto 2010. (http://entrerayas.com/2011/07/la-sociedad-venezolana-de-arquitectos/)