Ante el anuncio hecho por el gobierno interino de convertir El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) y sitio de reclusión de presos políticos sometidos a diferentes abusos durante 25 años, en un centro social, cultural y deportivo, un grupo de profesores y exautoridades de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), ha tomado la iniciativa de elaborar un documento donde se solicita preservar el edificio como testimonio ignominioso de los atropellos que en él se perpetraron y que no deberían volverse a repetir.
Por su relevancia, a continuación, transcribimos íntegramente el texto que, además, ha sido respaldado por el Consejo de la FAU y por el Consejo Universitario de la UCV.
PRESERVAR EL HELICOIDE
Robben Island, el siniestro recinto carcelario donde Nelson Mandela y muchos otros luchadores sudafricanos contra el apartheid pagaron largas penas y sufrieron toda clase de torturas y maltratos, fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1999, ordenando en consecuencia su preservación integral. Tal decisión se fundamentó en el hecho de que sus edificios, además de dar testimonio elocuente de su sombría historia, simbolizan el triunfo del espíritu humano, de la libertad y de la democracia sobre la opresión.
Entre nosotros el Helicoide de la Roca Tarpeya, celebrado mundialmente en la década de 1950 como obra arquitectónica de vanguardia, terminó, con el sedicente Socialismo del siglo XXI, convertido en tétrica prisión para disidentes políticos, testigo de los abusos más horrendos e incluso de muertes bajo custodia. Pero ahora, sorpresivamente, las autoridades de turno, que en más de un cuarto de siglo de dominio apenas han construido algún hospital y quizá ninguna escuela, ordenan su acelerada remodelación para transformarlo en “centro cultural y recreativo”.
Por supuesto, no hay que ser muy sagaz para entender que lo que está por detrás de tanto entusiasmo es, en realidad, la necesidad perentoria de borrar las huellas del delito: quienes controlan hoy las palancas del poder son exactamente los mismos que decidieron convertir en lugar de todos los horrores, de la aplicación de los métodos más viles para acallar las voces de la disidencia, al esqueleto del edificio que no llegó a ser.
En Argentina, la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), otro teatro del horror, quiso ser demolida en 1999 por orden del presidente Carlos Menem para crear “un monumento para la reconciliación y la unión nacional”, pero madres y familiares de las víctimas lo impidieron recurriendo a amparos judiciales; en 2004 fue declarada monumento nacional y en 2023, por las mismas razones que Robben Island, la UNESCO la incorporó al Patrimonio Mundial como Museo y Sitio de la Memoria.
Al igual que en Sudáfrica y Argentina, el Helicoide no es el único lugar donde el venezolano de estos oscuros años ha sido torturado y humillado hasta los extremos más inverosímiles, pero es, sin duda, el más emblemático. Preservarlo servirá no sólo para custodiar las pruebas de los graves delitos cometidos; como museo de la memoria servirá también de advertencia a las futuras generaciones sobre las consecuencias que comporta el abandono de los principios más básicos de la democracia. Por ello quienes suscribimos, exdecanos y profesores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, exhortamos a las universidades y a las instituciones de la sociedad civil a movilizarse para impedir la manipulación de un testimonio histórico de alto valor, alertando a la vez a los colegas para que no se dejen involucrar en una operación que conspira contra las aspiraciones de reconciliación entre los venezolanos: ella debe basarse en la reconstrucción rigurosa de los hechos y la identificación de los responsables, jamás en un olvido que nunca será capaz de aplacar el comprensible resentimiento de las víctimas y sus allegados.
Arq. Guillermo Barrios, Decano 2008-2014
Arq. Azier Calvo, Decano 2002-2008
Arq. Alfredo Cilento, Decano 1984-1987
Arq. Américo Faillace, Decano 1975-1978
Arq. Gustavo Izaguirre, Decano 2014-2023
Arq. Marco Negrón, Decano 1990-1996
Arq. María Isabel Peña, Directora IU 2006-2014
Arq. Leopoldo Provenzali, profesor EACRV, Presidente IPC 1999
Arq. Álvaro Rodríguez Muir, Director EACRV 1987-1990
Arq. Henrique Vera, Director EACRV 1984-1987
En Caracas, a los 28 días del mes de febrero de 2026
Esta declaración fue sometida por el Decano a la consideración del Consejo de Facultad de la FAU UCV en su sesión del 3 de marzo de 2026, el cual, por unanimidad, acordó respaldarla. Posteriormente, el Rector la sometió a la consideración del Consejo Universitario en su sesión del 4 de marzo de 2026, el cual también acordó respaldarla con el voto negativo del Lic. Ciro León, representante del MPPES.
En los días previos al arribo el pasado 15 de febrero del número 450 de este boletín semanal, solicitamos a un diverso grupo de colaboradores, amigos y asiduos lectores que nos manifestaran, libremente y sin compromiso, sus pareceres acerca de este significativo logro. Varios de los testimonios enviados fueron publicados justamente en el Contacto FAC de aquella fecha, pero quisimos reservarnos uno de ellos para que ocupara un espacio diferente en virtud de sus características y extensión.
Se trata del ensayo, revisado y actualizado, que nos hiciera llegar el apreciado Henry Rueda (Director del Departamento de Arquitectura. Associate Teaching Professor. Florida International University), elaborado con motivo del montaje de la exposición “A Fascination with Forms: The Architecture of Jesús & Ana Tenreiro” (“Una Fascinación por las Formas: La Arquitectura de Jesús & Ana Tenreiro”), importante reflexión crítica sobre dicho evento llevado a cabo entre diciembre de 2024 y febrero de 2025 .
Con nuestro agradecimiento a Henry, les transcribimos a continuación el texto que esperamos sepan apreciar como lo hemos hecho nosotros.
“A Fascination with Forms: The Architecture of Jesús & Ana Tenreiro”
Reescribir una autoría compartida: archivo, edición y exposición en la obra de Jesús y Ana Tenreiro.
Henry Rueda*
Durante décadas, la historiografía de la arquitectura venezolana, como tantas otras en América Latina, ha tendido a simplificar prácticas compartidas bajo la figura de un solo autor.
Este mecanismo, sostenido por inercias disciplinares y convenciones sociales de los tiempos, ha producido un canon tan estable como incompleto.
La exposición A Fascination with Forms: The Architecture of Jesús & Ana Tenreiro, presentada en la Washington Gallery de los Miami Beach Urban Studios de la Florida International University, entre diciembre de 2024 y febrero de 2025, se inscribe en el esfuerzo por interrogar esa simplificación y por proponer una lectura más compleja, rigurosa y productiva de una de las obras fundamentales de la arquitectura venezolana del siglo XX.¹
Concebida por el Departamento de Arquitectura de FIU en colaboración con la Fundación Espacio, la muestra revisita más de tres décadas de práctica, entre 1963 y 1994, a través de seis proyectos construidos y tres no construidos, presentados mediante dibujos, fotografías y materiales de archivo. Lejos de una retrospectiva celebratoria, el proyecto curatorial se formuló como un dispositivo crítico de lectura, desplazando el foco desde el objeto terminado hacia los procesos intelectuales, culturales y proyectuales que sostienen la obra.²
Esta operación no aparece aislada. Forma parte de un momento particularmente fértil en la reorganización documental y crítica del legado de los Tenreiro. Dos hechos recientes lo confirman. Por un lado, la publicación del libro de Rafael Urbina, Jesús Tenreiro Degwitz.Arquitectura 1954–2007, que ordena proyectos, textos y referencias en un cuerpo editorial coherente y verificable.³
Por otro, la incorporación del archivo de Jesús Tenreiro al Getty Research Institute (Jesus Tenreiro-Degwitz papers), un gesto de alto impacto historiográfico que sitúa esta obra dentro de uno de los repositorios internacionales más relevantes para la investigación en arquitectura moderna y contemporánea.⁴
Estas dos operaciones, la editorial y la archivística, no clausuran una lectura: abren un campo de preguntas.
La exposición en Miami Beach debe leerse en ese mismo horizonte. Libro, archivo y muestra constituyen tres modos complementarios de activar un mismo corpus: la edición sistematiza, el archivo preserva y habilita nuevas investigaciones, y la exposición traduce ese material al espacio público y al debate disciplinar contemporáneo. En este cruce, la especificidad del proyecto curatorial no reside solo en la calidad de los documentos, sino en la posición crítica que asume frente a la autoría.
La historia ha tendido a asociar esta obra casi exclusivamente al nombre de Jesús Tenreiro, mientras que la figura de Ana Tenreiro ha quedado, en el mejor de los casos, en un segundo plano. Esa asimetría no se explica únicamente por decisiones individuales, sino por un entramado más amplio de prejuicios, convenciones profesionales y estructuras sociales que durante décadas limitaron la visibilidad de muchas arquitectas dentro de prácticas compartidas. La muestra propone una relectura que no consiste en “añadir” un nombre a una narrativa ya establecida, sino en reconstruir esa narrativa desde su propia lógica de producción.
El dispositivo expositivo refuerza esta lectura. Concentrarse en documentos gráficos y de archivo no es un asunto logístico, sino una toma de posición conceptual. Al desplazar el énfasis del objeto al proceso, la muestra invita a pensar la arquitectura como una práctica intelectual sostenida en el tiempo, donde la forma no es un fin en sí mismo, sino el resultado de una búsqueda rigurosa que articula espacio, estructura, luz, cultura y sentido.
La línea de tiempo, construida a partir de dibujos escaneados, notas y bocetos, fotografías familiares, viajes de estudio y otros, revela no solo la evolución de los proyectos, sino también la superposición entre encargos y concursos, la densidad del campo de referencias (filosofía, música, poesía, academia y docencia) y la coherencia de una ética del proyecto que atraviesa toda la obra.
En ese marco, la llamada “fascinación por la forma” se entiende menos como formalismo que como ética de la precisión: una disciplina del pensamiento proyectual donde la forma es consecuencia, no pretexto. Leída así, la obra de Jesús y Ana Tenreiro no puede reducirse a la expresión de una sola voluntad. La exposición hace visible una práctica de inteligencia y complicidad compartida, donde el proyecto se construye por sedimentación, diálogo y decantación crítica.
La dimensión colectiva del proyecto curatorial es, en sí misma, parte del argumento. La investigación, el trabajo de archivo, la producción gráfica y la curaduría se articularon entre Caracas y Miami, en una fructífera colaboración que incluye a Rafael Urbina, Franco Micucci, María Isabel Peña de Urbina y Henry Rueda en la concepción curatorial, así como a miembros de la Fundación Espacio y equipos de estudiantes de arquitectura de FIU dedicados al procesamiento de dibujos, gráficos y archivos, y a la recuperación y puesta en valor del material fotográfico histórico.²
Esta infraestructura intelectual compartida no aparece aquí como un apartado de créditos, sino como condición de posibilidad del propio proyecto: sin ese trabajo distribuido, la relectura propuesta no sería viable.
Situar esta operación en Miami añade una capa adicional de complejidad. La ciudad, marcada por la presencia de múltiples diásporas latinoamericanas y por una relación ambigua con la memoria cultural del continente, se convierte en un espacio particularmente fértil para interrogar cómo se construyen y se transmiten los relatos de la arquitectura latinoamericana fuera de sus contextos de origen.
La exposición no solo presenta una obra al público local; también interpela los mecanismos de canonización que han operado en esa circulación internacional. No es casual que la obra de Tenreiro figure en instituciones y publicaciones de referencia, desde museos hasta revistas y libros fundamentales sobre la arquitectura latinoamericana: lo que está en discusión no es su relevancia, sino cómo se ha contado esa relevancia.⁵⁻⁷
En este sentido, la convergencia entre monografía, archivo institucional y exposición funciona como una estrategia de relectura historiográfica. La edición ordena, el archivo habilita, la exposición activa. Juntas, estas operaciones señalan la necesidad de revisar críticamente los modos en que se escribe la historia de la arquitectura y los esquemas de autoría que la sostienen.
La restitución de la figura de Ana Tenreiro no es un gesto de corrección simbólica tardía, sino una exigencia historiográfica: reconocer que las narrativas heredadas están atravesadas por omisiones estructurales y que esas omisiones empobrecen la comprensión de la obra.
La arquitectura no solo produce edificios; produce también relatos sobre sí misma. Y esos relatos, lejos de ser neutrales, reflejan relaciones de poder, estructuras de legitimación y convenciones culturales. Volver al archivo, editar una monografía y construir una exposición son, en este sentido, actos políticos en el campo del conocimiento: formas de intervenir en cómo se recuerda, se estudia y se enseña una obra.
A Fascination with Forms no clausura esta discusión; la abre. Al desplazar el foco desde la figura individual hacia la práctica compartida, la muestra invita a formular preguntas más amplias:
¿Cuántas otras obras seguimos leyendo bajo esquemas de autoría simplificados?
¿Cuántas colaboraciones permanecen invisibilizadas por la inercia del canon?
¿Qué otras historias esperan ser reescritas a partir de una revisión crítica de los archivos?
El valor de esta exposición no reside únicamente en la calidad del material presentado, sino en su capacidad para reintroducir la complejidad en el centro del relato disciplinar.
En un momento en que la arquitectura revisa sus propias estructuras de exclusión y sus modos de producción del conocimiento, este proyecto ofrece un caso concreto, históricamente situado, para pensar cómo se construyen —y cómo pueden transformarse— las historias que contamos sobre nuestra disciplina.
* Director del Departamento de Arquitectura. Associate Teaching Professor. Florida International University
– Referencias:
ArchDaily, “A Fascination with Forms: The Architecture of Jesús and Ana Tenreiro”, reseña de la exposición, 2025.
A Fascination with Forms: The Architecture of Jesús & Ana Tenreiro, documentación curatorial, Departamento de Arquitectura FIU / Fundación Espacio, 2024–2025.
Tribe, Michael L., Rodríguez, Pablo J. authors. Quantrill, Malcolm, Frampton Kenneth editors. Latin American Architecture Six Voices. College Station: Texas A&M University Press.
Fundación Arquitectura y Ciudad. Dossier y artículos sobre Jesús Tenreiro (etiqueta Tenreiro), Caracas.
Archivo Tenreiro / Archivo de Fotografía Urbana. Fondos documentales y fotográficos citados en la exposición.
La Caracas de Musk: crónica de una redención tecnológica
¿Puede la tecnología prevalecer sobre el urbanismo y la arquitectura como mecanismo para dar nueva forma a la ciudad?
Iván González Viso
Caracas tiene esa mística de «ciudad del futuro» grabada en su ADN desde los años 50, cuando la arquitectura de Carlos Raúl Villanueva y la explosión de la modernidad hasta sus últimas consecuencias la pusieron en el mapa mundial. Basta recorrer con la mirada el valle, para advertir los estratos de una modernidad que en los años cincuenta pretendió ser vanguardia mundial.
Tras el expectante retorno de la democracia, la ciudad asiste hoy a un nuevo palimpsesto: el desembarco de Elon Musk. No se trata de una simple inversión de capital, sino de una propuesta de urbanismo de urgencia que busca devolverle a Caracas su destino de ciudad del futuro.
Elon Musk ha aterrizado en una Caracas democrática que se repone progresivamente del delirio revolucionario, con el cheque en blanco de su ingenio y sus empresas, sin limitarse a «arreglar» cosas; buscando un reinicio total del sistema operativo de la ciudad, amparado el el modus operandi de Space X, Tesla, Hyperloop y The Boring Company, para transformar el valle de Caracas y llevarlo a la cúspide del desarrollo global.
Esta redención comenzará, según Musk, en las entrañas mismas de la ciudad. El Metro, ese antiguo orgullo que terminó siendo un laberinto de asfixia y penumbra, se transformará bajo la lógica del CCS-Loop. Ya no habrá trenes que chirrían ni esperas que se miden en décadas de desidia. A partir de ahora, unas cápsulas autónomas, casi etéreas, se deslizarán por túneles presurizados eliminando la fricción de la distancia. Será curioso ver cómo la arquitectura de lo invisible dictará ahora el ritmo de lo público: se podrá ir de Los Dos Caminos al Silencio en un suspiro, mientras un sistema de filtrado aeroespacial —el mismo que Musk diseñó para Marte— purifica el aire de los andenes hasta volverlo más límpido que el de la superficie. Es la dignidad del tránsito recuperada.
Arriba, según Musk, la piel de la ciudad también cambiará. Las autopistas, esas cicatrices de asfalto que solían estar taponadas por el humo, se volverán silenciosas. Gracias a la carga por inducción y a una red de inteligencia artificial que coordina el flujo vehicular como si fuera un ballet de silicio, los Distribuidores El Ciempiés, La Araña o El Pulpo ya no serán un nudo de angustia. Caracas dejará de rugir para empezar a zumbar. El ruido blanco del valle será sustituido por el sonido de la brisa, permitiéndonos escuchar de nuevo el carácter de nuestra propia geografía y el clamor de las guacamayas.
Pero el gesto más audaz de futurismo se respira en La Carlota. Lo que antes era una barrera militar de asfalto muerto, será un Giga-Port. Un vacío que, por fin, se ha llenado de sentido. Un parque botánico que servirá de nido para taxis aéreos que conectan la montaña con el mar en cinco minutos, rodeado de edificios modulares que no agreden el paisaje, sino que lo celebran. Es la vivienda entendida como un prototipo de eficiencia extrema, donde el sol no es un enemigo que calienta las paredes, sino el combustible que alimenta la vida interior.
Y si elevamos la mirada hacia las laderas, donde el barrio siempre fue la evidencia de nuestra modernidad fallida, la transformación es casi mística. Musk no llegará con el mazo de la demolición, sino con el ingenio de la escala. Las «Tesla Homes», impresas en 3D, estabilizaran la incertidumbre de los cerros con techos solares y baterías Powerwall, donde cada hogar en Petare es ahora una unidad soberana. El habitante de la periferia ya no tendrá que esperar a que un Estado lejano le conceda el favor de la energía; él capturará su propia luz. Con la conectividad de Starlink, ese joven que antes estaba segregado por la topografía hoy habitará el mismo presente digital que un ingeniero en Berlín.
Incluso el Guaire, ese río que fue nuestra cloaca moral durante un siglo, fluirá ahora con transparencia. Tras un saneamiento modular con filtros de grafeno, el «Cyber-Malecón» de Musk se convertirá en el eje de una ciudad que ya no divide el norte del sur.
En la visión de Musk, la ciudad no solo consume tecnología, sino que la produce. Esta redención técnica exigirá un corazón industrial, “la Gigafactory de Caracas”, una estructura de escala kilométrica situada estratégicamente en el umbral de los Valles del Tuy. No es una fábrica al uso; es un organismo de arquitectura sostenible que produce las celdas de combustible y los vehículos eléctricos para toda la región.
La implementación de esta planta reactivará el tejido social de las ciudades dormitorio, transformándolas en centros de empleo calificado. Pero la verdadera innovación caminará entre nosotros: el despliegue de Tesla Optimus. Robots humanoides que se convertirán en los nuevos guardianes del espacio público. Encargados del mantenimiento quirúrgico de las vías y de una recolección de desechos gestionada por algoritmos de eficiencia, los Optimus asegurarán que la ciudad funcione con la precisión de un reloj suizo, permitiendo que el ciudadano se dedique, por fin, a lo que es esencialmente humano: la contemplación y el encuentro en el espacio público.
La presencia del Ávila, ese muro de vegetación que define nuestra identidad, será elevada a una nueva categoría de preservación mediante la Vigilancia Sensorial. Ya no dependemos de la mirada azarosa; hoy, el parque nacional es el bosque más monitoreado del planeta de manera inteligente para controlar invasiones, incendios y ecocidios.
Una red de sensores térmicos y drones autónomos patrullará las crestas del cerro, detectando focos de incendio o intentos de deforestación antes de que el ojo humano pueda advertirlos. La tecnología será el sistema inmunológico del ecosistema.
Por otro lado, en las cercanías de los Altos Mirandinos, aprovechando el histórico ecosistema científico del IVIC, se establecerá un centro de investigación de materiales aeroespaciales junto a Space X. Caracas no lanzará cohetes, pero diseñará las aleaciones que los llevarán a Marte. Esta sinergia entre el aire puro de la montaña y la ciencia de vanguardia convertirá a la ciudad en un nodo de turismo de élite y conocimiento, donde científicos de todo el orbe vienen a estudiar cómo la tecnología puede convivir, en perfecta armonía, con un parque nacional.
¿Es esta Caracas de Musk una tecnocracia sin alma? Yo diría que es lo contrario. Es la técnica puesta al servicio de la morfología, una redención que nos perdona la geografía y nos devuelve la capacidad de diseñar nuestro destino. Caracas no ha perdido su esencia caribeña; simplemente ha aprendido a viajar a la velocidad de la luz. El Ávila sigue ahí, impasible, pero la ciudad que duerme a sus pies ya no es una promesa postergada. Es, por fin, una realidad redimida para transformar errores en gracia y crecimiento.
La Fundación Arquitectura y Ciudad ha llegado al boletín Nº 450 y tan sólo el número de publicaciones semanales mostrando historia, eventos y notas sobre la arquitectura, local y foránea, invita a preguntarse ¿cuánto tiempo ha acumulado esta importante y rara actividad desde su primera aparición? Esa respuesta es sencilla cuando se trata de contar 450 domingos que se aproximan a 10 años, lo cual es un período más que interesante en un país donde el altruismo, la filantropía manifestada de manera constante, no navegan en nuestra cotidianidad.
Sus editores, Henrique Vera y Azier Calvo, desde 2015 tuvieron, junto a otros profesores, la idea de construir una fórmula que dinamizara la difusión del conocimiento que, sobre temas de arquitectura y urbanismo, se produce desde sus cimientos académicos, aglutinando toda aquella obra con consideraciones de publicación. Así nació LA FUNDACIÓN, libre de compromisos y limitaciones administrativas propias de la normativa universitaria sin menoscabo de la ética que supone su naturaleza de adscripción, quien acompañaría el sello de Ediciones FAU UCV con la intención de mostrar de manera educativa el acervo arquitectónico de Venezuela y del exterior. Sería en noviembre de 2015, como una idea en colectivo, que se decidió poner en papel esta iniciativa bajo la denominación de Fundación Arquitectura y Ciudad, organización sin fines de lucro, y cuya utilidad social fuese, y sea, dar difusión sobre la arquitectura, el urbanismo, el desarrollo tecnológico de la construcción, el patrimonio histórico venezolano y áreas afines.
No es un secreto que dar visibilidad a la arquitectura en Venezuela, en estos tiempos convulsos y carentes de apoyo económico, se hace una labor compleja y digna de historias titánicas abrazadas por una creencia apostólica. También el de encontrar un objetivo inmaterial, más allá de correr tras un resultado económico. Es así como en sus comienzos, en el marco de la dinámica inicial que en algún momento tuvo la FUNDACIÓN, dentro de las diversas actividades realizadas destacaron: libros, concursos de escritos, rompecabezas, postales, entre otras propuestas y, particularmente, el boletín denominado Contacto FAC, que hoy arriba al Nº 450, el cual se ha convertido en el suplemento dominical que un número importante de colegas reciben con mucho agrado para enterarse de las ultimas noticias del acervo patrimonial material e inmaterial.
Y es que la siembra de Cultura Arquitectónica, consecuente y consuetudinaria, a través del escrito y la fotografía, es un arte que demanda reflexión, conocimiento, investigación y tiempo para construir, semanalmente, un trabajo que se publica en hojas digitales. Paradójicamente, en esta etapa tecnológica en que nos abrazan tiempos de disrupción de la inteligencia artificial -IA-, donde parece que pudiera facilitarnos el trabajo que amalgama el arte de la reflexión, la escritura, la fotografía, nos dispone a no creer en esta suerte mágica, ya que Contacto FAC, como un tipo de huella digital, tiene un componente preciso y particular donde dos cerebros se unen y, como en tiempos de la “Sociedad Armonía” de Coro, estado Falcón, más allá del cascarón constructivo, en su cimiente hay episodios irrepetibles como bellas postales que recoge un ojo a través de una cámara o el artilugio “(…) Con la construcción del teatro Armonía, la Sociedad Armonía para 1891 mantendría las más hermosas veladas de piezas y obras musicales, teatrales y declamatorias en el Coro de 1891 (…) y esto ocurría en medio de un imaginario demarcado por una vida social y urbana donde era común los lutos eternos llevados en la ropa y en el corazón: hondos suspiros y memoria perenne de algún difunto o alguna cruz caminera, testimonio de querellas sociales o políticas que tenían por sustento a los caudillos locales” (Hernández S., 2008)[i]. Es por ello que, lejos de desanimarnos con el aparente cambiante y quebradizo valor patrimonial construido, el boletín FAC crea aquella atmosfera de “Armonía” que reunía las tertulias culturales y que hoy se patentan en el acervo histórico heredado.
Colofón: Ver y conocer a los arquitectos y sus obras en estas páginas digitales requiere una cultura y esfuerzo. La IA nos ayuda, pero la materialidad debe acompañarse con método, fuentes, referencias y lectura. Si figuras icónicas de la cambiante y leve arquitectura moderna, como Antoni Gaudí, Le Corbusier, Frank Lloyd Wright, Mies Van Der Rohe, Zaha Hadid, Norman Foster, Frank Gehry, y tantos otros, no hubieran sido plasmadas en páginas editoriales, sería complejo el intercambio vaso-comunicante que nutre, construye y educa a distintas generaciones.
A manera de pinceladas recordamos que el 6 de noviembre del 2016, a un año de constituirse la Fundación Arquitectura y Ciudad, aparecía el Contacto FAC Nº2 con el recordatorio de la reurbanización del Silencio y la obra de Carlos Raúl Villanueva, así como novedades editoriales entre sus columnas. El Contacto FAC Nº 100 del 28-10-2018 arrancaba con la excelente noticia del IV concurso urbano e inclusión social de la CAF ganado por los países Perú, Ecuador y Venezuela. Allí queda detallado autores y características de los proyectos. En el Contacto FAC Nº 200 del 08-11-2020 la reseña de Tramas Cruzadas. El rol de la ciudad en el cine venezolano de Guillermo Barrios, como una suerte de vitrina fresca, y vemos el escrito en el prólogo de Armando Almandoz y todo un arqueo cinéfilo venezolano importante de conocer. En el Contacto FAC Nº 300 del 27-11-2022 se recogen unas importantes líneas de felicitaciones: “Apreciados Henrique, Azier y otros colaboradores directos e indirectos. Unas líneas para felicitar la llegada del número 300 de Contacto FAC y para manifestar mi agradecimiento por la tarea que han venido realizando en estos años. Ello toma contornos de verdadera odisea en el tráfago cotidiano y en el marco de una tradición inaugural y desmemoriada. Celebremos este nuevo hito y esperemos que esa energía y persistencia de ustedes nos permitan seguir conociendo cada semana un poco más sobre el pasado y lo que está ocurriendo en arquitectura. Saludos cordiales, Lorenzo González Casas”, líneas muy merecidas e importantes de recordar.
Hoy es más que evidente que estas felicitaciones, para Henrique y Azier, se hacen trascendentes y se reiteran al arribar al Nº 450, logrando un camino sólido en el que se recogen páginas educativas de historia y cultura arquitectónica, plasmando aquello que se identifica en el arte y la técnica de nuestro hábitat humano, una huella física de la identidad, y el progreso de un tiempo y espacio. A ellos felicitaciones y agradecimiento por este trabajo tan importante y que permanezcan en un tiempo menos carente y más valorado.
[i]Hernández S., Beatriz (2008). Dos Poetas, Dos Ciudades y un Imaginario Maldito. Santa Ana de Coro. Fondo editorial Servando Garcés.
Los hechos arquitectónicos y urbanos poseen una duración que va más allá de la vida de sus autores, personificando la cultura y los imaginarios colectivos. Para tratar de garantizar su permanencia, la humanidad convierte a muchos de ellos en monumentos, brindándoles protección y recursos para que las nuevas generaciones puedan seguir disfrutando su existencia.
Las publicaciones sobre arquitectura y ciudad, en físico y en digital, que registran el acontecer de tales hechos, no tienen igual suerte, y usualmente desaparecen luego de pocos números, inclusive apenas con su primer ejemplar. En tono jocoso, se suele decir que tales textos pertenecen al dominio de Atila, rey de los “[h]unos”.
En tal sentido, cuando una publicación como Contacto FAC alcanza su número 450, se coloca en la condición de notable excepción, de ser una tradición, más aún en nuestro volátil medio. Y, con ello, nos invita a celebrar el logro como monumento al tesón y generosidad de un equipo editorial que cada semana nos mantiene al tanto del acontecer arquitectónico y urbanístico local e internacional.
Como asiduo lector, me sumo a las felicitaciones, esperando seguir contando con este meritorio trabajo.
Tener aspiraciones editoriales no es difícil y, de hecho, puede resultar recurrente y tentador.
Concretar esas intenciones en una obra real ya es menos fácil, pues exige dedicación y rigor para ejecutarla, articularla y ensamblarla.
Sostener el empeño más allá de la emoción inicial para que persista y construya una manifestación constatable es mucho más arduo e inusual.
Y eso lo ha logrado la FUNDACIÓN ARQUITECTURA Y CIUDAD a lo largo de diez años y en sus CONTACTOS semanales, que suman ya 450; casualmente -si es que las casualidades existen-, fue al celebrar “otros 450”, entonces los años de Caracas, que recibí un regalo particularmente significativo de la FAC: la publicación, en un librito modesto pero eficaz, del ensayo enviado al concurso que, para celebrar la ocasión, se convocó a través de estas páginas. Me gustaría decir que esa edición está agotada, pero, en realidad, está sólo “extraviada”. Cosas que pasan; ya aparecerá…
Como sabemos quienes alguna vez pretendimos algo medianamente similar, lograr sostener un empeño editorial más allá de las primeras ediciones resulta casi inverosímil, particularmente en un entorno tan marcado por el desánimo, sorteando las urgencias cotidianas que acosan a los ejecutantes, mareado por imprecisiones angustiosas y con una casi endémica inconstancia que suele determinar la pronta extinción de intentos similares. Y por eso, la sola persistencia es ya algo para resaltar y celebrar.
Pero es que, además, y por encima de todo esto, estas entregas semanales muestran una consistencia que, entre tanta aspereza e inmediatez, ha convertido en referencia el rigor en la formulación y en la organización de estos CONTACTOS.
Quienes asiduamente nos asomamos a ellos hemos podido encontrar información relevante sobre eventos, publicaciones y obras recientes o en curso para, gracias a esos datos, ampliar o actualizar nuestra mirada disciplinar. Muchas veces, las postales nos han recordado obras notables de nuestra historia arquitectónica, ésa que algunos tan frecuentemente han tildado de precaria o hasta quimérica y que aquí hemos podido comprobar que existe y es mucho más rica, enérgica y variada de lo que nosotros mismos hemos sabido apreciar. Cuando así lo ha recomendado la inminencia de determinadas fechas, se nos ha recordado la existencia e importancia de determinados personajes, cuyos esfuerzos permiten orientar los nuestros y es, por eso, indispensable conocerlos y evaluarlos, sea que coincidamos o no con sus visiones y propuestas. En distintos comentarios, hemos podido ampliar nuestra visión de diferentes realidades nacionales y, así, nuestra comprensión del complejo entramado de nuestra urdimbre cultural. En no pocas ocasiones esas miradas alternas nos han confrontado con vacíos y prejuicios anteriores o han fomentado discrepancias que algunos nos hemos atrevido a formular y los responsables de la página han incluido luego, con académica amplitud y encomiable generosidad. En sucesivas pero no seriales entregas nos hemos podido asomar a otros intentos editoriales en distintos momentos y entornos nuestros, casi siempre más efímeros que éste, pero fundamentales para entender la evolución del pensamiento y el debate local. Incluso la publicación de anuncios y productos que pudiera parecer anecdótica permite identificar cómo y por qué se han hecho ciertas cosas y se han dejado de hacer otras. Sin duda una colección que, precisamente por lo variopinta, elude la tentación de ”dictar cátedra” y asume la responsabilidad de estimular reflexiones, con sabiduría simultáneamente crítica e inclusiva.
No sorprende, entonces, que muchos busquemos cada domingo una nueva edición para leerla y guardarla (además de robarnos más de una imagen o cita) y que hoy celebremos este aporte a la construcción de una “memoria positiva”, que propone indagar en lo pasado para entender lo presente y acometer lo futuro, y así ir entendiéndonos (el pensamiento es siempre un gerundio) desde lo que fuimos haciendo para impulsar lo que tocará ir siendo en el país que viene.
Corresponde, entonces, desear larga vida y agradecer sincera y encarecidamente a este CONTACTO y a sus autores, para que podamos todos seguir nutriéndonos de su energía, tenacidad, relevancia y amplitud.
Y a ese espíritu me sumo, seguro de interpretar el sentir de muchos.
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.