Todas las entradas por Fundación Arquitectura y Ciudad

HA SIDO NOTICIA

EXPOSICIÓN

Paolo Gasparini

Campo de imágenes

Comisaria:

María Willis Londoño

30 de septiembre 2021 al 16 de enero 2022

Centro de Fotografía KBrAvenida Litoral, 30 – 08005 Barcelona

Nota de prensa

Paolo Gasparini es el fotógrafo que mejor ha retratado las tensiones y contradicciones culturales del continente sudamericano. Sus imágenes transmiten la dura realidad social que ha enfrentado una región cuya autenticidad cultural es incuestionable y en donde pasado y tradición local dialogan con una torpe modernidad impuesta. Gasparini crea una obra con un lenguaje visual propio que parece manifestar siempre una crítica a la sociedad de consumo, al tiempo que revela una cierta obsesión por el modo que tiene el marketing y la publicidad de seducirnos.

Como italiano de nacimiento, pero venezolano en esencia, el autor ha tratado de eliminar con su trabajo visiones etnocéntricas y los estereotipos que históricamente han definido Latinoamérica, casi siempre en función del otro, a lo que han contribuido los distintos populismos y nacionalismos que ha sufrido el continente.

Las obras de Paolo Gasparini permiten comprender no solo las diferencias entre Europa y el continente latinoamericano, sino las diversidades que ofrece este último, desde México hasta el sur de los Andes.

El recorrido expositivo está dividido en dieciséis secciones que recogen los proyectos más relevantes del artista a lo largo de más de seis décadas de trabajo, y hace hincapié en sus fotolibros, que el artista reconoce como un medio de expresión equiparable, en importancia, a sus fotografías.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 277

La publicación, como imagen que ilustra nuestra postal del día de hoy, del trabajo ganador en 1992 del Concurso de Anteproyectos para Desarrollos Urbanísticos de Vivienda Multifamiliar Ampliable para el Área de Asistencia I de la Ley de Política Habitacional (promocionado por el Instituto Nacional de la Vivienda -INAVI-), del equipo integrado por los arquitectos Edwing Otero, Alfredo Sanabria, Hugo D’Enjoy y Juan Luchsinger (OSLD), con la asesoría del arquitecto José A. Carrasquel, el constructor Manuel Moreira y el ingeniero Carlos Giménez, nos coloca ante la posibilidad de abordar, aunque sea de forma muy resumida varios tópicos que directa o indirectamente giran en torno a él.

El primero de ellos podría ser el marco legal sobre el que se basó el llamado a concurso: la Ley de Política Habitacional, instrumento novedoso aprobado en 1989 que representó un importante cambio de orientación en la política pública de vivienda, en un triple sentido: definía el origen de los recursos a ser utilizados en la construcción de las viviendas subsidiadas, definía los beneficiarios, y establecía mecanismos de participación de la población. Se creaba así un fondo de financiamiento para la construcción de viviendas de interés social a partir de fuentes de recursos bien definidas y cuyo monto estaba vinculado al estado general de la economía. En lugar de una obligación genérica del Estado de proveer de vivienda a la población, la Ley de Política Habitacional establecía un método de financiamiento de las viviendas de interés social en base al ahorro habitacional de la población.

Además de determinarse el origen de los recursos dedicados a la construcción de viviendas de interés social, la Ley definía con precisión los beneficiarios de la política social en materia de vivienda, con una división precisa de estos en tres sectores de asistencia, en función del precio de venta de la vivienda, el cual se establecía en relación al salario mínimo. Así, el área de asistencia I (al que apuntaba el concurso que nos ocupa) se refería a viviendas cuyo valor no fuese mayor de 65 salarios mínimos. En el momento de la promulgación de la Ley, el salario mínimo era de Bs. 4.000 (equivalente a $80), y como expusiera en su momento Oscar Olinto Camacho y otros (en «Oportunidades y restricciones para la intervención del sector financiero privado en la rehabilitación de los barrios previsto en la Ley de Política Habitacional», texto aparecido en La cuestión de los barios, 1996), 90 % de los ahorristas se encontraban en este tramo, y contribuían con el 57% del fondo para el ahorro habitacional. Por su parte, Leandro Quintana (en «La participación popular en la política de vivienda en Vivienda en Venezuela». Revista Urbana, nº 16-17, 1995) afirmaba que se trataba del 60% de la población y del 90 % del déficit de vivienda. Por tanto se intentaba buscar a través del concurso alternativas viables a una demanda que abarcaba un universo para nada despreciable.

Un segundo aspecto que llevaba implícito el llamado hecho por el INAVI es el correspondiente a la condición “ampliable” que debían prever las propuestas que se presentaran. Este asunto, absolutamente ligado a los de la “progresividad” y la “flexibilidad” en la vivienda, ya tenía tiempo siendo considerado entre quienes tenían a su cargo desde 1928 (año de la fundación del Banco Obrero) las políticas de vivienda y en particular cuando a partir de los años 50 y 60 quedó demostrado que el déficit habitacional no se lograría cubrir jamás si su resolución se mantenía exclusivamente en manos del Estado y no se abría a la participación de sus potenciales destinatarios quienes, con el tiempo, habían logrado “auto-construirse” una mayor cantidad de soluciones de todo tipo. Como dato interesante cabe señalar cómo, a pesar de que el Banco Obrero no era dado a convocar concursos con frecuencia (sólo recordamos el que se abrió en 1942 para la Reurbanización de El Silencio), en 1972, ya desbordada su capacidad de resolver unilateralmente el problema, promueve justamente el Concurso Viviendas Unifamiliares de Crecimiento Progresivo el cual es ganado por el arquitecto Alfredo Cilento y el ingeniero Jorge Muller.

Cilento, vinculado como investigador desde 1958 con el tema, basado en su interés, conocimiento y experiencia, viendo que los planteamientos del viejo modelo “de la vivienda completa propia para todos sólo pudo hacerse realidad para muy pocos y con bajos niveles de satisfacción de expectativas”, precisará en “Mitos que se derrumban: el cambio del paradigma de la vivienda”, artículo publicado en 1996 en Tribuna del Investigador (Vol. 3, nº 2), cómo a raíz del proceso de deterioro económico. político y social que se inicia en Venezuela en 1978, reflejado por un lado en el crecimiento de la inflación y, por el otro, en las tasas reales negativas de incremento de los salarios medios durante 16 años consecutivos, se evidenciaba la necesidad de un radical cambio de escenario con relación a cómo habían sido enfocadas hasta entonces las políticas de vivienda. Luego de un apretado y contundente diagnóstico, Cilento ilustra el proceso que debía seguir dicho cambio en sus aspectos sociales, económicos y técnicos tras la “búsqueda de los distintos planteamientos que permitan organizar un enfoque global, holístico: un nuevo paradigma de la vivienda para los sectores de ingresos bajos y medios de la población”.

Cilento en su texto señala y desarrolla hasta 13 aspectos o mitos que deberían sustituirse por el nuevo enfoque y que sólo dejaremos aquí expuestos:

  • Del Estado-cliente-proveedor de viviendas mercancías, al Estado sustentador que apoya y facilita la gestión de los autoproductores de viviendas individuales y colectivos.
  • Del enfoque cuantitativo, representado por el concepto tradicional de lucha contra el déficit de vivienda, a un enfoque cualitativo que permita crear condiciones para el mejoramiento integral del hábitat urbano, para lo cual es básica la evaluación precisa de las necesidades, capacidades y potencialidades locales.
  • De la idea de que la carencia habitacional se puede solucionar mediante la manipulación del producto vivienda, característica del proceder de arquitectos e ingenieros, al concepto de que el logro de un hábitat adecuado es un proceso de creación de condiciones de vida apropiadas, uno de cuyos factores es la vivienda.
  • De la promoción y gestión centralizada de los programas de vivienda y servicios urbanos, a la gestión integral descentralizada, a nivel local y de las comunidades.
  • De la actitud paternalista-populista del Estado, que esconde un fuerte autoritarismo, a una gestión sustentadora a través de un Programa Nacional de Asistencia Técnica que vincule directamente a la comunidad organizada.
  • De la idea de que si se mejoran las condiciones en el campo, los pobres abandonarían las ciudades, a la convicción de que el crecimiento de las ciudades y de la urbanización de la población es irreversible.
  • Del prejuicio de que los barrios pobres son causa de todos los males de la ciudad, al juicio de que los barrios no son causa sino efecto y que deben ser rehabilitados.
  • Del enfoque de producción en gran escala de viviendas completas para enjugar el «déficit», al de producción en pequeña escala, a nivel de las comunidades, de viviendas de desarrollo progresivo.
  • De la idea de que el objetivo del desarrollo tecnológico de la construcción es construir más rápido, al objetivo de mejorar la capacidad productiva a través de tecnologías sustentables técnica, económica y ecológicamente, compatibles con la producción en pequeña y mediana escala.
  • De los proyectos de grandes conjuntos de vivienda de gran altura, a desarrollos de crecimiento progresivo en conjuntos de alta densidad y baja altura.
  • De las agrupaciones multifamiliares, donde no existe una clara identificación de los espacios privados, semiprivados, públicos y semipúblicos, a condominios horizontales donde todos los espacios estén claramente identificados y asignados y se garantice una adecuada relación entre comunidad y privacidad.
  • Del mito del financiamiento a largo plazo como una condición indispensable para el financiamiento de la vivienda de costos bajos y medios, al concepto de la vivienda que germina con financiamiento de corto plazo.
  • Del otro mito del control de rentas como mecanismo punitivo para que los alquileres no suban, a un esquema transparente de fijación de los alquileres, en función del crecimiento de los costos asociados.
1. OSLD. Propuesta ganadora del Concurso de Anteproyectos para Desarrollos Urbanísticos de Vivienda Multifamiliar Ampliable. Isometría ilustrativa de la posibilidad de crecimiento vertical
2. OSLD. Propuesta ganadora del Concurso de Anteproyectos para Desarrollos Urbanísticos de Vivienda Multifamiliar Ampliable. Arriba: Plantas baja y alta de la unidad básica con diversas etapas de crecimiento. Abajo: Fachada de diversas unidades durante diferentes etapas.
3. OSLD. Propuesta ganadora del Concurso de Anteproyectos para Desarrollos Urbanísticos de Vivienda Multifamiliar Ampliable. Modelos.

Con los planteamientos de Cilento por delante, plenamente vigentes por demás, no deja de ser interesante observar el llamado a concurso que 4 años antes había arrojado la propuesta de OSLD a objeto de detectar, tanto en la aspiración del ente convocante como de los arquitectos proyectistas, muchas más coincidencia que discrepancias con algunos de los mitos a desmontar, particularmente en aquellos que implican la participación de profesionales dentro de un nuevo escenario.

Así, ajustados a las bases del concurso que pedían “… ofrecer una solución para la creciente demanda de viviendas de muy bajo costo, que pudiera satisfacer las necesidades inmediatas de un núcleo familiar básico (pareja) y que pudiera crecer conforme dicho núcleo fuese creciendo y prosperando”, los ganadores diseñan “una vivienda o unidad básica que pudiera crecer hasta un máximo de 72 metros cuadrados de superficie útil y que, a efectos de reducir los costos por parte del comprador, contara inicialmente con un área mínima de 36 metros cuadrados y ofreciera claras posibilidades de crecimiento, a pesar de su ubicación en un desarrollo multifamiliar. (…) La unidad, al tener una forma geométrica pura, puede unirse con una o varias de diversas maneras, para producir agrupaciones multifamiliares, cuya forma dependerá del lugar donde se construya. Se pueden obtener edificaciones de casas alineadas, en bloques rectos o escalonadas que se adaptan a la topografía de manera semejante a las construcciones antiguas de nuestras ciudades, o unas sobre otras para formar edificios de apartamentos de hasta seis pisos. (…) La propuesta es un sistema de organización espacial que no depende de un sistema constructivo específico: puede construirse en concreto armado, acero o madera. También pueden ser utilizados otros materiales, dependiendo de la región y las características particulares de cada problema. (…) Su principal cualidad es su versatilidad para adaptarse a diversas condiciones ambientales, diversos grupos familiares y diversas formas de agrupación”.

4. Clasificación general de las modalidades de vivienda progresiva según Dayra Gelabert y Dania González. En: «Progresividad y flexibilidad en la vivienda. Enfoques teóricos». Arquitectura y Urbanismo, vol.34 no.1, ene.-abr. 2013.
5. Clasificación de los tipos de flexibilidad según Dayra Gelabert y Dania González. En: «Progresividad y flexibilidad en la vivienda. Enfoques teóricos». Arquitectura y Urbanismo, vol.34 no.1, ene.-abr. 2013.
6. Modalidades de progresividad según Dayra Gelabert y Dania González. En: «Vivienda progresiva y flexible. Aprendiendo del repertorio». Arquitectura y Urbanismo, vol.34 no.2, mayo-ago. 2013.
7. Tipos de espacios transformables. Flexibilidad de diseño o de uso, según Dayra Gelabert y Dania González. En: «Vivienda progresiva y flexible. Aprendiendo del repertorio». Arquitectura y Urbanismo, vol.34 no.2, mayo.-ago. 2013.

La propuesta de OSLD técnicamente cumplía con lo exigido, retomaba el concepto de los sistemas constructivos abiertos, e incorporando como condiciones el ser  ampliable, flexible y progresiva dejaba planteada, al proponer el núcleo básico que la constituye (o “protovivienda” según palabras del propio Cilento), la posibilidad de que el usuario-ocupante vaya tomando bajo un cierto orden las decisiones correspondientes a cómo plantear el crecimiento, ofreciendo un catálogo de posibilidades que se ajusta a lo que se ha denominado “progresividad hacia fuera”.

8. ELEMENTAL. Quinta Monroy, Iquique, 2001-2003. Izquierdas: Viviendas básicas sin intervenir. Derecha: Intervenciones y ampliaciones de las viviendas básicas por autoconstrucción.
9. Dos de las propuestas ganadoras del Concurso Internacional ELEMENTAL, Chile, 2003. Arriba: BOG arquitectos, Barcelona, España. Abajo: Makowski, Dojc & Rosas, Caracas, Venezuela.

Como ya señaláramos en el Contacto FAC nº 60 del 21/01/2018, el llamado hecho por el INAVI y la respuesta dada por OSLD se adelantaron por mucho (11 años) a lo que motivó la convocatoria en 2003 del Concurso Mundial de Arquitectura ELEMENTAL y que tuvo como antecedente el proyecto que desde el 2001 con ese nombre diera a conocer internacionalmente al Premio Pritzker 2016, el chileno Alejandro Aravena, cuya primera puesta en escena fue el desarrollo de Quinta Monroy en Iquique el año 2003.

Valga recordar que el concurso ELEMENTAL se “planteó como objetivo no sólo diseñar, sino construir 7 proyectos ejemplares a lo largo de Chile. Variando entre 150 a 250 unidades por conjunto, los proyectos responderán al nuevo programa de vivienda chileno ‘Vivienda social dinámica sin deuda’: un subsidio de US$ 7.500 por familia, que alcanza para una vivienda de entre 25 m2 y 30 m2, orientado a aquellos que no tienen capacidad de endeudamiento. Los habitantes dependen de la autoconstrucción para transformar esta mera solución habitacional en una casa digna. (…) El concurso internacional ELEMENTAL buscaba entonces propuestas arquitectónicas, a modo de ensayos proyectuales, capaces de producir un conjunto arquitectónico de calidad y densidad de barrio sin hacinamiento, y que estará bien localizado en la ciudad, desarrollado armónicamente en el tiempo, con
viviendas de calidad, flexibles para crecer y estructuralmente seguras”. Que cada quien compare y saque sus propias conclusiones.

Para finalizar, como otras tantas veces ha ocurrido, el planteamiento con el que la oficina OSLD ganó el concurso venezolano, pasó a formar parte de los valiosos esfuerzos no realizados provenientes de certámenes organizados en el país. Por otro lado la Ley de Política Habitacional hoy en día ha quedado totalmente desdibujada y los planteamientos formulados por Cilento siguen a la espera de convertirse en política de un Estado que en materia de vivienda ha retrocedido más de 50 años y reafirmado los mitos que se proponía superar el nuevo paradigma.

Nota

Edwing Otero, egresado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV en la promoción 21C de 1973, quien ya había demostrado anteriormente su destreza como diseñador y concursante en varias convocatorias donde obtuvo reconocimiento, al asociarse con quienes fueran sus discípulos: Alfredo Sanabria, Hugo D’Enjoy y Juan Luchsinger (graduados en 1978, 1991 y 1991, respectivamente), logra con el concurso que nos ha ocupado iniciar en los años 90 una racha de propuestas ganadoras que incluirá también: la del Edificio Sede de “El Mundo de los Niños”, San Félix, Ciudad Guayana, Edo. Bolívar (1993); la Sede del Conservatorio de Música del Edo. Carabobo, Valencia (1995); la correspondiente a la Región Nor-oriental o insular-estado Nueva Esparta del Concurso de Arquitectura y Diseño Urbano para el desarrollo de conjuntos  de Viviendas en cinco regiones del país promovido por FONDUR (1999); y la correspondiente a la categoría “Casa de Protección” del Concurso Nacional de Ideas “Una Casa de Abrigo para los Niños” impulsada por el CONAVI (1999).

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2 y 3. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

4, 5, 6 y 7. Dayra Gelabert y Dania González. «Vivienda progresiva y flexible. Aprendiendo del repertorio». Arquitectura y Urbanismo, vol.34 no.2, mayo.-ago. 2013

8. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-2794/quinta-monroy-elemental/50102dd828ba0d4222000ff3-quinta-monroy-elemental-image?next_project=no

9. https://www.scielo.cl/pdf/arq/n56/art16.pdf

¿SABÍA USTED…

… que en 1947 luego de dos años de trabajo se concluye la construcción y el equipamiento del Hotel Nacional?

1. Hotel Nacional. Izquierda: Vista lejana desde el oeste con el Centro Simón Bolívar a la derecha y más allá la avenida Bolívar (circa 1954). Derecha: Vista donde se aprecia la solución en esquina

Ubicado en el terreno del sureste de la esquina de Camejo, en el cruce de la Av. Este 6 con la Av. Sur (a pocos metros al oeste del Pasaje Zingg), y diseñado por el arquitecto de origen turco Arthur Kahn (1910-2011), este edificio, del cual desconocemos el número y tipo de habitaciones, que contaba con planta baja, mezzanina, seis pisos, una terraza cubierta y brise-soleils como elementos de protección en las ventanas de la fachada oeste, fue el primer proyecto de arquitectura de importancia que realizó Kahn en Venezuela.

Seguirle los pasos a la trayectoria de Kahn significa descubrir una personalidad verdaderamente fascinante. Gracias a sus biógrafos que con empeño fueron rescatando paulatinamente la figura de Kahn del anonimato desde hace aproximadamente 15 años (destacándose particularmente entre ellos Henry Vicente), sabemos que tras los estallidos de la Primera Guerra Mundial con apenas 5 años se trasladó con su familia a la ciudad de Viena en Austria donde estudió dibujo y música (piano), dominando a lo largo de su vida el trombón, la guitarra, la batería, el piano y el contrabajo. Más tarde, luego de un internado de cinco años en Laussane, Suiza, inició sus estudios de arquitectura en la Escuela Politécnica de Zurich, los cuales abandonó para regresar a Viena y retomar sus formación como músico. En 1930, Kahn fue trombonista en la orquesta de la bailarina, cantante, vedette y actriz estadounidense, nacionalizada francesa, Josephine Baker quien diez años más tarde salvaría la vida de sus padres en plena Segunda Guerra Mundial. Con 22 años se inscribe en la Escuela de Bellas Artes de París donde en 1939 se gradúa de arquitecto sumándose luego como voluntario en el ejército francés al inicio de la guerra. Emigra a Venezuela en 1942 desde las costas de Marsella hasta Puerto Cabello y ya en nuestro país se desempeñaría por poco tiempo como músico en la orquesta de Luis Alfonso Larrain y se presentaría individualmente bajo el seudónimo de Peter Anders.

2. Arthur Kahn (circa 2000)

Ese mismo año será contratado como dibujante de arquitectura en el Ministerio de Obras Públicas por Carlos Raúl Villanueva, al que había conocido en la Exposición Internacional de París de 1937, quien le propone trabajar con él en el proyecto de la Ciudad Universitaria. Para aquel momento Villanueva se encontraba adelantando las primeras realizaciones del conjunto (el complejo médico), y Kahn colaborará brevemente en el diseño del Hospital Universitario y más ampliamente en el del Instituto Anatomo-Patológico. Paralelamente, en 1945, crea la firma Arquidec C.A., con la que va a realizar el proyecto del Hotel Nacional. Señalaba Kahn en entrevista realizada en 2010: «Trabajaba de día con Villanueva en el proyecto de la Ciudad Universitaria y de noche, en casa, en el proyecto del Hotel Nacional».

3. Ubicación del Hotel Nacional en la esquina de Camejo sobre el plano ESSO del centro de Caracas de 1946
4. Izquierda: Sello propagandístico del Hotel Nacional. Derecha: Postal del hotel en la que se perciben sus fachadas norte y oeste
5. Hotel Nacional. Perspectiva del proyecto (cerca de 1945) mirando hacia el sur cuando aún no se había empezado la construcción del Centro Simón Bolívar

La construcción del Hotel Nacional es recogida tangencialmente en un artículo aparecido en la revista Billiken del año 1945, rescatado por María F. Sigillo en https://mariafsigillo.blogspot.com/2013/11/contraste.html, donde se señala: “El Progreso incontenible que ha invadido Caracas desde que la Reurbanización ‘El Silencio’ cargo de comprobar que todo es posible cuando se quieren hacer las cosas bien, extrajo capital de su escondite, buena parte del cual está colaborando en la transformación del viejo cascarón avileño. (…) Tenemos para nublarnos los ojos de maravillas en tal sentido, edificaciones como las de Veroes, que se debaten en un afán de superación: y como si los edificios de otros sectores ciudadanos no estuvieran acordes también en este mismo sentido, salta a la vista, para regodeo de los caraqueños que aman la ciudad, y por ella serían capaces de condenarse a un silencio sepulcral, el Hotel que Mariné construye en la  esquina de ‘Camejo’. (…) Lo cierto es que de lo que nos presenta la gráfica donde  vemos la auriga trotando sus caballos en la calle ruinosa a la que solamente le falta el perro muerto en el centro de la calzada para que fuera más caraqueña, no quedará absolutamente nada, cuando el Coronel Mariné, hinche la trompeta para anunciar a nativos y musiúes que Caracas tiene otro gran señor Hotel para servir a todos. (…) A quién se le ocurriera ir en busca de la estación de los parihueleros en la esquina de Camejo, en cuyo ángulo sureste, existió durante años un negocio de Café y comida denominado por Juan Bautista Arrechederra “Restaurant MOSCATEL”… moriría como una flor marchita quien tratase de rememorar lo que hubo allí”.

6. Dos imágenes del Hotel Nacional. Izquierda: Vista de la fachada oeste desde el Centro Simón Bolívar donde puede apreciarse la protección con brise-soleils móviles. Derecha: Vista de la esquina de Camejo hacia el sur con parte del hotel a la izquierda y la iglesia de Santa Teresa al fondo

La nota, aparte de darnos pistas de quien fuera el constructor del hotel (un tal Coronel Mariné), cierra haciendo mención a la elaboración de una maqueta, acompañada por los dibujos del proyecto, que se exhibía “en diversos sitios de la capital” y que “dice por sí sola, de lo que se trata, para contribuir al embellecimiento urbano en Santiago de León de Caracas”.

Por tanto, el hotel nacía generando grandes expectativas presentándose como una muestra más de arquitectura moderna sumándose a otras instalaciones que proliferaron en pleno crecimiento de la ciudad de la mano de la bonanza proveniente de la explotación del petróleo. Así, a la “americanización” hotelera que se registra en “Los tiempos hoteleros de Caracas en la memoria de Nikolajs Sidorkovs” (https://entrerayas.com/2016/06/los-tiempos-hoteleros-de-caracas-en-la-memoria-de-nikolajs-sidorkovs/) y se da en San Bernardino, iniciada por el Ávila (1942) y representada por el Waldorf (1944), el Potomac (1948) y el Astor (1950), el Nacional (1947) junto a El Conde (1948) se sumarán desde el centro de la ciudad, llamando la nula atención que Sidorkovs presta al muy buen edificio diseñado por Arthur Kahn.

7. Edificios Cruz Verde (izquierda) y Camejo (derecha) proyectados por José Antonio Ron Pedrique como prolongación del Centro Simón Bolívar. Parte del segundo se levantó en el terreno donde se encontraba el Hotel Nacional.

El Hotel Nacional, propiedad del Sr. Manuel Guillermo Díaz, fue adquirido por un millón de bolívares por el Centro Simón Bolívar durante la gestión del Dr. Miguel Márquez Rivero (1952-1955),  y así como la decisión de construir el Centro Simón Bolívar conllevó la demolición en 1949 del hotel Majestic, otra decisión similar como la de prolongarlo mediante la construcción de los edificios Camejo y Cruz Verde (terminados en 1964) y de los enlaces viales de la Avenida Bolívar significó la demolición del Hotel Nacional a inicios de los años 60, es decir, tuvo poco más de trece años de vida que para una edificación de su envergadura es verdaderamente poco.

Sin embargo, si bien el Majestic ha sido objeto de un positivo rescate dentro de la memoria de la ciudad, el Nacional ha pasado directamente al olvido, señalándose únicamente, cuando se reseña la importante obra realizada por Kahn desde 1947 en adelante, que se trata de la primera obra ejecutada por la firma Arquidec C.A. y “es el primer edificio en Venezuela con brise-soléil movible”. Son pocas las fotografías que se tienen de él y casi inexistente la información gráfica que se encuentra publicada.

8. Dos obras emblemáticas de Arthur Kahn. Izquierda: Edificio Altamira (1947). Derecha: Pasaje Zingg (1951-1953)

Arthur Kahn diseñó: el Edificio Altamira (1947) en la primera etapa de la Urbanización Altamira; el Edificio Beco Blohm (1948), en la esquina Puente Yanes; el edificio Caribe (1948), en la Urb. San Bernardino; el Pasaje Zingg (1951-1953), en la Avenida Universidad que complementó el edificio del mismo nombre construido por el ingeniero Oskar Herz entre 1939 y 1940, incorporando las primeras escaleras mecánicas de la capital (las cuales eran de madera); la Farmacia Tropical (1949-1950) y la sede principal del Banco de Maracaibo (1954) ambas en la capital del Zulia; y la Unidad Piloto Experimental del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC en los Altos de Pipe (1953-1954) y el edificio Acco en Las Mercedes (1970). También proyecto las casa Kemprer en San Bernardino (1943), Semmering en Colinas de Los Caobos (1949-1952) y la Beracasa en Los Chorros (1958), su gran obra, demolida en 2008.

Kahn se nacionalizó venezolano y revalidó su título de arquitecto en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV, en 1962.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

2. https://arquitecturayempresa.es/noticia/arthur-kahn-en-caracas-edificio-altamira

3. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad y Colección Crono Arquitectura Venezuela

5. https://mariafsigillo.blogspot.com/2013/11/contraste.html

6. https://mariafsigillo.blogspot.com/2013/11/contraste.html y

7. Colección Crono Arquitectura Venezuela

8. Colección Crono Arquiectura Venezuela y http://tribuarquitectonica.com/una-vida-y-un-pasaje-vida-y-trayectoria-profesional-de-arthur-kahn-1910-2011/

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

ARQ 108

Vegetación

Septiembre 2021

Extracto del editorial

Para Emanuele Coccia, «las plantas, en su historia y evolución, demuestran que los seres vivos producen el espacio en el que viven en vez de verse obligados a adaptarse a él». Siguiendo a este filósofo italiano, las plantas no sólo serían las primeras arquitectas, sino que serían mucho más capaces y completas que nosotros: además de producir su propio espacio, producen y posibilitan la vida que lo ocupa. Desde ese punto de vista, la instrumentalización de lo vegetal no sería más que otra muestra de las limitaciones estructurales del pensamiento puramente humano. Afortunadamente, desde la arquitectura ya hay ideas, propuestas y discursos que superan la visión antropocéntrica sobre la vegetación. Son arquitecturas – escritas, pensadas, diseñadas o construidas – que ‘aprenden de’ y ‘piensan con’ las plantas. Estos puntos de vista y de contacto entre arquitectura y vegetación se ponen de relieve en este número.

Pensar con la vegetación nos permite entender que la mantención de la vida en este planeta no puede ser definida unilateralmente. Más bien, debemos dar espacio para que entidades no humanas también participen y se beneficien. El desafío no está en enviar humanos al espacio ni en generar las condiciones para la vida humana en otro planeta, sino en entender que la vida no sólo se la debemos a nuestros padres, sino a la sociedad completa y a la naturaleza como un todo. Es decir, pensar con la vegetación nos permite abandonar proyectos individualistas y antropocéntricos, para establecer relaciones empáticas y colaborativas con nuestros entornos. Como revista dedicada al conocimiento sobre la arquitectura, dedicar un número de ARQ a quienes piensan con la vegetación no es sólo una oportunidad para mirar un tema de suma relevancia actual, sino una responsabilidad con la condición pedagógica de una revista académica. A fin de cuentas, tenemos mucho que aprender de la vegetación y casi nada que enseñarle.

ACA