ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 168

Dentro del boom que significó desde finales de los años 40 y los 50 del siglo XX venezolano la definitiva inserción del automóvil como principal medio de locomoción, el cual llevó asociado toda una serie de edificaciones que iban desde aquellas donde se exhibían para la venta a otras que les servían de complemento, o facilitaban desde ellos la realización de diversas funciones como comer o ver el cine, sin contar las consideraciones urbanas que hicieron de las avenidas y autopistas el espacio idóneo donde impuso su reinado, el edificio proyectado por la firma Vegas & Galia para la empresa Anglo Ven se ubica en el punto más alto en cuanto al diseño de espacios destinados a convertirlos en objetos deseados y admirados cuan si joyas dentro de una vitrina o piezas de un museo se tratasen. No es otra la sensación cargada de glamour que transmite la extraordinaria foto de Paolo Gasparini que ocupa la totalidad de nuestra postal del día de hoy.

Citando a Rómulo Betancourt primero y a Guillermo José Schael después, Lorenzo González Casas en “Autopía: Modernismo motorizado en Caracas” (https://www.ccscity450.com/ensayo/autopia-modernismo-motorizado-en-caracas/), no duda en afirmar cómo “la poderosa influencia del automóvil, … representó un encuentro y encantamiento a gran escala con el mundo de la máquina y una forma relativamente sencilla de demostrar un entusiasmo sin límites por la tecnología; una fe imbricada en la idea de que ‘…los países de atraso técnico, cuando se incorporan al manejo de la máquina, disfrutan de una ventaja singular: la de colocarse de un salto al nivel de los más avanzados’. Más aún, la llegada de los automotores a los más apartados confines del país ‘era más que una aventura: era un mensaje de progreso’ ”.

Si bien, como señala el propio González Casas, los primeros automóviles llegan a nuestro país en 1904, “la circulación vehicular, habida cuenta de la escasez de calles pavimentadas, estaba limitada a algunos distritos como El Paraíso, primer suburbio caraqueño, el cual contaba con una vía acondicionada. Posteriormente, los carros se abrieron paso por el valle mayor, siendo una obra fundamental la carretera del Este, inaugurada en 1912, que llegó hasta Petare”, detectándose “que el parque automotor pudo saltar de unas pocas unidades a inicios del siglo a 46.000 unidades en 1946 y a 206.000 en 1955”. Por tanto, no fue casual que “dos experiencias de planificación fundamentales para la capital y el país pivotaran en torno al tema de la movilidad: el Plan Nacional de Vialidad y una serie de planes para Caracas”, el primero de 1947 y los segundos encabezados por el Plan Rotival (1939), seguido por el Plan Arterial de 1948, culminan con el Plano Regulador de 1951. Así, “el automóvil particular llegó a ser un importante símbolo de estatus, con el consiguiente desprecio hacia el peatón y la restricción de la movilidad para gruesas capas de la sociedad. En el nuevo paisaje, tan inspirado por el norteamericano, las autopistas (en horizontal) y los rascacielos (en vertical) trazan la evolución de la ciudad, en agudo contraste con los rasgos tradicionales del urbanismo caraqueño, como fueron la cuadrícula, la unidad focal y las edificaciones de baja altura”. ¿Qué otra cosa sino un gran monumento que tiene al automóvil como principal protagonista era originalmente El Helicoide?

Por tanto, la aparición de la tipología de edificios destinados a la exhibición y venta de automóviles (cuyo ejemplo pionero lo constituye la creación en enero de 1909 de la C.A. El Automóvil Universal por parte de William H. Phelps con apoyo de Enrique Arvelo y Edgar Anzola), no puede verse aislada de todo un fenómeno socio-económico-urbano que tiene al petróleo como su motor principal y a la ciudad como su escenario. Junto a ella habría que sumar el acompañamiento de “numerosas estaciones de servicio, talleres y ventas de repuestos que poblaron la geografía urbana”, sin dejar de lado la aparición de grandes estacionamientos (convencionales en horizontal y del tipo mecánico en vertical) e incluso autocines.

En este contexto, la C.A. Mercantil Anglo-Venezolana (Anglo Ven), fundada en 1945 por John Miller, Luis Johnson y Charles Frazer como empresa comercializadora de refrigeradoras, vehículos y variedades de mercancía provenientes de Inglaterra, ubicada inicialmente en el edificio Royal en Puente Hierro, consciente del negocio asociado con el desarrollo que cobró la movilidad vehicular en la ciudad, firma por un lado con GM Interamerican Corporation un contrato como distribuidor exclusivo de los vehículos de origen inglés Vauxhall y de su subsidiaria Bedford, y por el otro con los fabricantes británicos de las marcas de alta gama Lucas y Jaguar sumándose luego los alemanes de Opel. Dicha alianza arroja como resultado la necesidad de crear en la pujante urbanización Colinas de Bello Monte, localizada estratégicamente (avenida Leonardo da Vinci con calle Bonpland) equidistante entre la sede de la Creole Petroleum Corporation y la primera tienda por departamentos de la firma Sears Roebuck Co., una exclusiva vitrina para exponer y comercializar estos vehículos, responsabilidad que recayó en la importante firma de arquitectos conformada por Martín Vegas y José Miguel Galia.

1. El edificio y su contexto inmediato (circa 1956)

La parcela en esquina de 1.800 m2 propició que Vegas & Galia implantaran con maestría el edificio a modo de “rótula”, conformado por geometrías contrastantes: por un lado un cilindro de vidrio con una cúpula en concreto como cubierta y por el otro un prisma de ladrillos de arcilla con textura de calados, generando en su conjunto una pieza no convencional para exhibición de vehículos que constituyó una atracción y despertó interés en su época. El cilindro, destinado a la exhibición, posee una estructura de apoyo central y columnas perimetrales inclinadas para liberar el espacio. La cúpula que lo cubre, de treinta metros de diámetro y siete centímetros de espesor, fue reforzada en sus bordes con anillos de tracción pre-comprimidos. El prisma vertical de ladrillo contiene el montacargas y allí se identificaban las marcas que distribuía la empresa. El cilindro de exhibición está elevado del suelo y su cerramiento de cristal, fijado a las columnas perimetrales inclinadas, para evitar reflejos y mejorar la posibilidad de visualizar los automóviles en venta desde el exterior. Cuenta, además con una mezzanina incorporada espacialmente al área de exhibición y un depósito, con un sótano para un taller mecánico.

2. Dos tomas del edificio. Izquierda: recién terminado (1956). Derecha: mientras se construía (circa 1955)
3. El edificio en plena construcción (circa 1955)
4. Vista nocturna (circa 1956)
5. Aspecto actual del edificio (2013)

Se trata Anglo Ven, sin lugar a dudas, de una obra que permitió poner a prueba una vez más la conjugación del talento combinado entre los arquitectos proyectistas y los ingenieros que la calcularon: Juan Otaola Paván y Oscar Benedetti, quienes a su vez asumieron su impecable construcción a través de la firma Precomprimidos. También, muy a tono con los vientos que soplaban en la época, Vegas & Galia solicitaron la colaboración del artista plástico Carlos González Bogen (1920-1992) quien diseñó un mural que complementa el edificio.

Después de más de 10 años distribuyendo las marcas que le permitieron darse a conocer, el edificio Anglo Ven se convirtió en agencia distribuidora de la gama de vehículos Chevrolet por más de 50 años, manteniendo siempre en muy buen estado las instalaciones. Posteriormente la firma Dambromotors (también distribuidora Chevrolet), sin descuidar el buen cuidado del área de exhibición, incorporó como parte del acceso una desproporcionada valla publicitaria que afecta la elegante marquesina original,   desdibuja la impecable composición geométrica de edificio e impide la apreciación de la obra mural de González Bogen que una vez estuvo ubicada en la mezzanina del concesionario. Hoy en día se comercializan vehículos marca Nissan.

6. Planta baja y corte

Oscar Tenreiro en el artículo titulado “Obra de arte en Bello Monte”, publicado en El Diario de Caracas el 5 de abril de 1992, en fechas en que se encontraba abierta en el Museo de Bellas Artes la exposición “José Miguel Galia. Arquitecto”, no dudó en afirmar sobre el edificio que nos ocupa: “Su muy inteligente estructura, el dominio de las proporciones, el inventivo uso del ladrillo como creador de transparencias y texturas, la calidad de su construcción apoyada en la previsión exacta de detalles, encuentros de elementos y un conocimiento técnico sorprendentemente maduro para gentes tan jóvenes (menores de cuarenta años ambos arquitectos), convierten este edificio en un objeto que pudiéramos llamar acabado, en el cual nada pareciera haberse salido de control. (…) Es, en definitiva, una obra de arte, porque su conservación será enseñanza para generaciones posteriores, porque revela la capacidad de respuesta de un monumento histórico, porque resiste cualquier comparación con edificios contemporáneos a él en la arquitectura latinoamericana”, opinión que desde acá compartimos a plenitud, a pesar de que a Galia le incomodara comparar su cultivado oficio con el de un artista.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 3 y 6. Alberto Sato. José Miguel Galia. Arquitecto, 2002

  1. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/1313849654115786754

2. Izquierda: Colección Crono Arquitectura Venezuela. Derecha: http://precomprimido.com/project/edificio-anglo-ven/

4. Archivo Histórico de Miraflores

5. https://construidoencaracas.wordpress.com/2013/10/13/concesionario-automotriz-angloven/

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Anuncio publicitario de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo C.A. (CONAHOTU), creada durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, promocionando las 12 instalaciones que conformaban la Red Hotelera Nacional distribuidas a todo lo largo y ancho del país. Circa 1955.

Hotel Humboldt (y III)

Como ya anunciáramos en nuestra entrega nº 130 del 16-06-2019, con la aproximación al hotel Humboldt en tres tiempos, hemos querido cerrar la elaboración de un total de 17 notas que han buscado constituirse en un repaso de lo que fue una importante y trascendental saga dentro de la historia de la arquitectura nacional, tanto por la calidad de lo realizado como por su constitución en escenario para permitir leer de qué manera se manejaron a través de la temática hotelera asuntos muy vinculados a la representatividad y el carácter nacional, enmarcados dentro de la relación entre tradición y modernidad.
Tal y como apunta Juan Manuel de Ascencao en “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958″ (trabajo de grado con el que obtuvo el título de Magíster Scientiarum en Historia de la Arquitectura el año 2005), quizás valga la pena recordar que, en rigor, “La Red Hotelera Nacional estará conformada por un conjunto de edificaciones: las estatales heredadas del período de Juan Vicente Gómez, denominadas como ‘Hoteles Nacionales’; las financiadas a través de participaciones accionarias por el Ministerio de Fomento y las realizadas directamente por la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) a mediados de la década de 1950, conjuntamente con las provenientes de las numerosas compañías hoteleras en ‘dificultades’, las cuales serán adjudicadas en función de su importancia, de inversión y ubicación a la cadena estatal”.

De esta manera, cabe aclarar que desde aquí nos hemos dedicado fundamentalmente (salvo una nota preparada en su momento para el hotel Miramar en Macuto, otra para el Tamanaco en Caracas y una tercera para el Cumboto en Puerto Cabello), a describir, comentar y analizar las doce instalaciones con las que la CONAHOTU comenzó a operar en 1955 de las cuales, según se desprende de la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento de 1956, tres ya se encontraban inauguradas (los hoteles Trujillo, Bella Vista y Miranda) y otra prácticamente terminada pero no registrada (el Aguas Calientes), correspondiéndole participar directamente desde la escogencia de los terrenos, asignación y revisión de los proyectos y fiscalización de las obras en las restantes 8, divididas a su vez en dos etapas integradas por los hoteles Maracay, Llano Alto, Prado Río y El Tamá y posteriormente por el Humboldt, Guaicamacuto, Cumanagoto y Moruco.

Hecha la acotación, que por un lado nos abre la oportunidad de dedicarnos más adelante a algunos de los “Hoteles Nacionales” u otros pertenecientes a la “red” cuya participación tuvo carácter mixto (por los cuales la Corporación también tuvo que responder en mayor o menor grado), esta tercera y última entrega dedicada al hotel Humboldt nos facilitará la tarea de cerrar un periplo que, habiendo arrancado con su concepción y realización, nos permitió pasar por sus “infortunios existenciales” para llegar hoy a repasar aunque sea someramente su indudable “fortuna crítica”.

2. Aviso publicitario anunciando la próxima apertura del hotel Humboldt en marzo de 1957.
3. Portada de la revista Integral 10-11. 1958

Así, consolidado como icono de la ciudad e incorporado a la identidad caraqueña, a pesar de sus crónicas dificultades para operar regularmente, el Humboldt, desde que aparece publicado como proyecto por primera vez en la revista Integral nº 10-11 (1958), atrapó la atención de todos los interesados en conocer la lógica que condujo a su implantación, su racional manera de concebirse, su impecable proceso constructivo y sus indudables cualidades arquitectónicas, de forma tal que para cuando más tarde empiezan a darse ocasiones en las que la obra de Tomás Sanabria pasa a ser objeto de aproximaciones críticas, ya este edificio, pese a ser una obra temprana, marca un lugar determinante, lo que añade consideraciones referidas al talento que afloraba su entonces joven arquitecto y los orígenes de su formación.

4. Carátulas de los catálogos de dos de las exposiciones montadas por la Galería de Arte Nacional vinculadas a la figura de Tomás José Sanabria. Izquierda: “Los signos habitables. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea” (1984-85). Derecha: “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (1995)

A la espera aún de la aparición dentro de la Colección Sanabria, que construye con encomiable empeño su hija Loly, de la clasificación y catalogación de 115 publicaciones de libros y revistas que presentan entrevistas, eventos participativos o proyectos de la vida profesional del arquitecto desde 1952 hasta 2015, que a su vez permitirán una revisión más exhaustiva, nos adelantaríamos a señalar, dentro de una posible cronología orientada a recoger la manera como el Humboldt es visto tanto como pieza única como dentro de la trayectoria y pensamiento de Sanabria, la muestra “Los signos habitables. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea” (1984-85), realizada en la Galería de Arte Nacional (GAN), como la primera vez donde se contextualizan ambos hechos. El que haya sido en fechas tan lejanas a la construcción del hotel que se dé esta circunstancia tiene que ver, sin duda, con el desarrollo a partir de los años 80 y muy particularmente de los 90 de un verdadero interés por documentar y exponer los valores fundamentales de nuestros más relevantes arquitectos pertenecientes a una generación posterior a la de Carlos Raúl Villanueva, de entre los cuales Sanabria ocupa un lugar prominente, William Niño Araque su divulgador más importante y el Humboldt la más clara manifestación de lo insuficientes que son los efectos de la naturaleza, la técnica y la sociedad, para determinar o explicar la obra arquitectónica si no entran en juego otras variables que pueden llevarla a ser considerada una obra de arte que trasciende el uso, la construcción o la adecuación al clima.

Diez años más tarde, con motivo del montaje también en la GAN y bajo el liderazgo de Niño Araque (acompañado de Mónica Silva, Carmen Araujo y Gipsy Venegas en la curaduría) de la muestra antológica “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (septiembre-noviembre 1995), se develará en toda su amplitud esa relación entre “romanticismo y funcionalidad” que el hotel Humboldt pone en evidencia a los ojos del crítico. Basado en un artículo previo publicado en El Nacional (09-01-1995) titulado “Con cierta ligereza (A propósito del Humboldt y de Marianella)”, luego de haber dedicado buena parte del año 1994 a la revisión de los escrupulosamente ordenados y bien conservados archivos de Sanabria, Niño Araque aboga por la restauración del hotel, y en el catálogo de la exposición repetirá: “En esta empresa, Sanabria supo aprovechar instintivamente las nuevas posibilidades técnicas de la época, en una suerte de visión poética del mundo que le permitió adelantarse a sus coetáneos. (…) A la distancia del tiempo, desde la óptica de la grandeza de su concepción como obra epistemológica, trágica y heroica a la vez, el Hotel Humboldt puede considerarse como una de las obras maestras del siglo XX en Venezuela. En esta arquitectura se expresa la crónica contada de un modo ecléctico y un compromiso con la naturaleza. Su significado puede interpretarse como un dato iconográfico de la ciudad de Caracas, una declaración crítica y caribeña de la modernidad”.

5. Tres artículos aparecidos en la El Nacional en 1995 dedicados a comentar la obra de Tomás José Sanabria y en particular el hotel Humboldt.

Luego de que Niño Araque agotara prácticamente los calificativos posibles donde no dejan de aparecer los de “empresa heroica”, “faro de luz” o “lucernario urbano”, la mencionada exposición también detonó una serie de textos que darían cuenta de otras tantas miradas y preocupaciones con respecto al edificio y arquitecto que tanto nos han ocupado. De tal manera, Federico Vegas en “La Geografía de Sanabria” (El Nacional, 30-10-95) recogerá la importancia que para el proyectista tuvo esa combinación entre arquitecto y piloto que personificaba y su influencia a la hora de observar la ciudad y prefigurar soluciones urbanas, amén de la perspectiva que dicha condición le abriera para visualizar y revisitar su tan amado hotel. Bajo la sombra de una frase por él atesorada dicha por su padre (el arquitecto Martín Vegas Pacheco) “Caracas es una ciudad atacada por sus habitantes y defendida por su topografía”, Vegas, precisará: “He aquí las características del buen piloto y del buen arquitecto: Debe ser clarividente e inconsolable, lúcido y a la vez expuesto a la inconsciencia de la fe. Capaz de reflexiones apasionadas, capaz de mantener estos goces desmesurados en el alma, capaz de enfrentar el drama de la omnipresencia del lugar, el continuo resplandor de lo evidente”, todo ello en clara referencia a Sanabria.

6. Artículo «La corona de la ciudad» de María Fernanda Jaua aparecido en el nº 128 de Arquitectura HOY el sábado 21 de octubre de 1995, en momentos en que se encontraba abierta la exposición “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (septiembre-noviembre 1995)

También, en las fechas en que se encontraba montada la exposición, María Fernanda Jaua publica en Arquitectura HOY “La corona de la ciudad”, texto escrito dos años antes y que se ofrece como respuesta a la pregunta formulada por los editores del semanario: Tomando en cuenta la trayectoria e importancia de la obra de Sanabria ¿qué representa ésta para usted hoy?.

En el escrito, Jaua se enfoca fundamentalmente en la condición icónica del hotel aproximándose gracias al apoyo de autores como Joseph Addison, Burke o Kant a la noción “longiniana” de lo sublime, como fuente de emociones que no serían puramente estéticas sino más bien vinculadas a los sentidos. Se intentaba así darle peso a la idea “revolucionaria” de que “la belleza no estaba en lo tangible sino en lo que se percibía subjetivamente”, temas que fueron ampliamente trabajados por los artistas y arquitectos románticos: los unos pintando “las pasiones y las emociones que les inspiraba la naturaleza” y los otros imaginando “los edificios como los protagonistas de esa naturaleza, las formas puras creadas por el hombre contrastando con la exuberancia y la arbitrariedad de lo natural”, privilegiando (siguiendo a Addison) “la vista hacia la obra y no desde ella”. Herederos de Ledoux, Schinkel o Leo von Klenze, Bruno Taut, Mies van der Rohe o Le Cobusier no hacen otra cosa, al proponer obras como “La corona de la ciudad”, la casa Farnsworth o la Villa Saboya, que subrayar la preeminencia del objeto sobre el lugar, tradición que refleja con toda claridad el hotel Humboldt queriéndonos decir Jaua que Sanabria está muy lejos de ser considerado “un arquitecto interesado, sobre todo, en la eficiencia”.

Si a Federico Vegas, tal y como manifestaba en su artículo, no le hacen gracia los aviones a Hannia Gómez no le atrae para nada el tener que llegar al Humboldt en teleférico sensación entre incómoda y fascinante que describe con lujo de detalles en “Donde las águilas se atreven” (El Nacional, 13-11-95). Buscando maneras que permitan encauzar la recuperación del edificio tratando de explotar su condición de “monumento escénico”, ya duramente golpeado para la época, Gómez exclamará en tono tremendista y claramente premonitorio que nos retrotrae a su congelada situación actual que sigue topándose con dificultades para ponerlo a funcionar: “No discutíamos, pues, sobre los problemas complicadísimos de su restauración, ni de ‘la condición efímera de la materialidad de la obra moderna’ (…) ¡Discutíamos cómo hacer que venga el Aga Khan con la CIGA y haga las inspecciones de esta torre de marfil! ¡Cómo retar a Trump para que saque las cuentas de este resort aparentemente inalcanzable para el bolsillo! ¡Cómo lograr que apuesten a reponerla tan lujuriosamente afocante como fue imaginada y concebida!.”

7. Carátula del libro Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila de Joaquín Marta Sosa, Gregory Vertullo y Federico Prieto (2014)

Para finalizar, no se puede dejar pasar por debajo de la mesa la publicación que apareció paralelamente al último gran esfuerzo de restauración (2012-2018) que se le ha realizado al edificio y el aporte que ofrece para redondear una visión que, trastocada en mito, ha prevalecido en el tiempo. Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila de Joaquín Marta Sosa, Gregory Vertullo y Federico Prieto (Fundavag, 2014), ofrece según la completa reseña que realiza Juan José Pérez Rancel para entrerayas, la oportunidad de encontrarnos con tres visiones muy diferentes del objeto al que se dirige el texto. Por un lado valora su carácter documental lleno de material recopilado y puesto en escena por quien ideó el proyecto editorial, Federico Prieto; en segundo lugar el aporte más descriptivo y “técnico” pero no menos riguroso cargado de imágenes, láminas, fotografías , bocetos y planos que ofrece Gregory Vertullo (con el apoyo del archivo de la Colección Sanabria), a quien correspondió llevar a cabo la más reciente restauración del hotel; y por último el valor poético y “real-maraviloso” del texto preparado por Joaquín Marta Sosa titulado “EL TOTEM DE LA MONTAÑA (Mitos y Leyendas en el Humboldt… con algunas verdades)”, cargado de un “insaciable afán de conjurar símiles y metáforas” en el que Marta Sosa “juega con los documentos, con las entrevistas, con los testimonios y las crónicas, con los mitos y leyendas de los protagonistas que hicieron y vieron hacer el teleférico y el Hotel, cuyo nombre no termina de saberse por qué fue endilgado a aquel tótem”.

Según palabras del propio Pérez Rancel, la aparición del hotel “en la vida física y espiritual de Caracas, es narrada con este libro absolutamente transgenérico: ensayo, crónica, cuento, leyenda, ficción, prosa poética, crítica arquitectónica, historia arquitectónica y urbana, memoria descriptiva, documentación gráfica, fotográfica y cinematográfica, guión de cine, entrevista, testimonio, son algunos de los géneros amalgamados en este exhaustivo volumen, a fin de cuentas un gran poema multimedia. Tenía que ser así un libro que abarca holísticamente las múltiples visiones y disciplinas interconectadas e involucradas en aquella magia hecha realidad pues en El Ávila, la ingeniería se volvió expresión arquitectónica, como testimonia aquí el ingeniero Urreiztieta y el entorno natural se fundió con la arquitectura y el paisajismo artificial, como decidieron Sanabria, Larrazábal y Burle-Marx; el paisaje irrumpió en la arquitectura y ella en él y la ingeniería se volvió espectáculo en medio de riscos, vertientes, cultivos y aldeas. El libro y los dos DVD que lo acompañan, recogen tanta abundancia creativa”. El valor que Pérez Rancel le otorga a Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila como fuente de múltiples lecturas, dada la imagen “poliédrica” que ofrece asociada al “carácter holístico, multidisciplinar, integrador, transgenérico y polisémico” permite contar, tras casi 20 años de haberse abierto la exposición monográfica sobre Sanabria en la GAN, con un documento absolutamente complementario al catálogo entonces realizado y a las repercusiones que tuvo en la prensa, para darnos cuenta de la magnitud de la obra, su trascendencia y el valor que como pieza inigualable posee, conservada gracias a un halo de protección que ha hecho ver periódicamente que vale la pena hacerlo dada su relevancia.

ACA

IMPORTANTE LOGRO

Estudiantes venezolanos ganan Concurso Internacional de Vivienda en Guadalajara, España

Los jóvenes Alexandra Frías y César Barbarán, cursantes del último nivel de la Carrera de Arquitectura de la Universidad Simón Bolívar (USB), resultaron ganadores del Concurso Internacional de Vivienda “Casa ecológica de balas de paja”, promovido desde el portal concursosdevivienda.com cuya finalidad es brindar la posibilidad a estudiantes de arquitectura y arquitectos de todo el mundo de ofrecer soluciones al problema presentado y abrirse paso en el mundo profesional.

Dicho portal, mediante un claro y un muy bien estructurado sistema de organización liderado por un grupo de 5 profesionales de 4 países, está dedicado a promover el diseño de viviendas con materiales naturales y energéticamente eficientes mediante la modalidad del concurso. Para ello, invitan a los interesados en obtener diversas ideas de lo que puede ser su hogar a manifestarse vía electrónica y, previo acuerdo a partir de un presupuesto global que se prepara, luego de llevar a cabo reuniones de trabajo periódicas, fungiendo de intermediarios, organizan con la información obtenida las bases de un concurso que vendrán acompañadas de toda la información técnica necesaria, y que será lanzado a través de una página web vinculada a las más prestigiosas plataformas especializadas en certámenes de arquitectura. El cliente obtendrá así una variada gama de posibilidades con garantías de calidad haciendo una sola inversión.

En las bases se publican las determinantes del proyecto, el programa, el costo de las inscripciones (en este caso 80$ para la etapa de “inscripción temprana» y 100$ para la última etapa), los premios a otorgar (que para la “Casa ecológica de balas de paja” ha sido de 2300$ a ser repartidos entre un primer premio -1500$-, un segundo premio -500$- y un tercer premio -300$-), los miembros de jurado, los requisitos de entrega y su formato, y el lapso estimado para el envío del trabajo, que normalmente no supera los 3 meses desde la fecha de “inscripción temprana”. Para la evaluación y selección del trabajo ganador se incorpora junto al jurado al cliente como figura fundamental y también al equipo organizador del concurso.

Finalizada la evaluación, los responsables del portal se comprometen a acompañar al cliente desde ese momento hasta la etapa de proyecto final y elaboración de los planos que permitirán su construcción. Los resultados del concurso permiten obtener lo que se denomina el “proyecto básico” (planos técnicos y memoria descriptiva) y concluye definitivamente cuando los ganadores, en un lapso de un mes, incorporan las observaciones y cambios sugeridos por los evaluadores.

A partir de ese momento, el proyecto será asumido por un equipo local, dependiendo de dónde se promueva el concurso, que se encargará de elaborar y coordinar las etapas de “proyecto ejecutivo” y “dirección de obra”, correspondiéndole hacer las modificaciones que considere pertinentes, diagramar, ajustar e imprimir los planos en el formato oficial para presentarlos a la entidad local correspondiente y conseguir los permisos respectivos. Por tanto, el “proyecto básico” objeto de la entrega final del concurso se desvincula de sus creadores para las dos etapas siguientes, lo que en principio facilita y agiliza su ejecución definitiva.

Los organizadores garantizarán en todo momento a los ganadores el derecho de propiedad intelectual y el derecho de autor de acuerdo al Tratado de la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) sobre Derecho de Autor. No obstante, una vez presentadas las propuestas al concurso, el material será cedido a Abouthaus para sus futuras publicaciones y promociones del concurso.

Expuesto lo anterior por lo interesante e ilustrativa que nos ha parecida esta iniciativa, vale la pena resaltar, que en el caso que nos ocupa se buscaba diseñar “Una casa construida con un sistema modular y prefabricado de balas de paja, una cubierta vegetal, un invernadero adosado y una estufa rocket. Asegurando así un alto nivel de eficiencia energética. Una contribución a la construcción natural, sostenible y eficiente”. Así, la vivienda debe convertirse en “Un refugio donde Óscar, el propietario, busca llevar una vida tranquila, saludable y estar en contacto con la naturaleza. (…) Óscar imagina su casa acogedora y saludable con un bajo consumo energético y bajo impacto en su entorno. Con toda la luz natural que permita disponer también de una buena oscuridad en las horas de descanso.(…) Abierta al exterior para aprovechar las magníficas vistas que ofrece su emplazamiento hacia la arboleda cercana y hacia el horizonte a lo lejos, y también hacia la vegetación silvestre de la propia parcela que se intentará respetar o replantar en la medida de lo posible. (…) La casa estará ubicada en la atractiva ciudad de Guadalajara, ubicada en el centro de España, muy cerca de la capital, Madrid”.

La propuesta presentada por Alexandra Frías y César Barbarán, titulada “Casa entre muros”, cuyas láminas reproducimos acompañando esta nota, se impuso sobre un total de 63 equipos inscritos de 31 países, y permitió al jurado emitir los siguientes comentarios:

“La ‘casa entre muros’ es un proyecto refrescante, nuevo y con una sutil y a la vez rotunda implantación en el terreno. (…) Su implantación se da partir de una trazas paralelas que dibujan y organizar la casa sobre el terreno con la clara intención de traer, de algún modo, el paisaje lejano a la casa. (…) Estas trazas son a la vez muros fundacionales de gran sencillez estructural, pero que además poseen una función espacial y funcional: soportan el mobiliario, el sistema estructural de balas de paja y el reciclaje de aguas.

La casa se adapta al terreno a tal punto que parece un elemento más. (…) Las cubiertas se vuelven suelo sin estar inclinadas o simular una topografía nueva. Las cubiertas vegetales ayudan a este propósito aunque el mérito es mas bien del diseño que de la cubierta vegetal como tecnología.

La inclusión de espacios intermedios, mediadores entre el interior y exterior, son de gran valor, aportando calidez y carácter a la casa. (…) El programa ha sido trabajado con sensatez y precisión, sin dejarse atraer por aumentar la superficies solicitadas, entendiendo de algún modo la forma de vivir de Óscar, el propietario.
Es una propuesta bien conceptualizada y elaborada, donde es posible apreciar una intención deliberada por generar una mínima afectación en el terreno. (…) Responde la casa entre muros a una arquitectura de bajo impacto, algo de lo cual se habla mucho, pero que pocas veces se logra proyectar”.

Sobre los ganadores, la página abierta especialmente para la promoción y organización del concurso, nos ha permitido saber que Alexandra Frías, manifiesta “un fuerte interés por las artes y cómo éstas pueden transformar y amoldarse a la vida de las personas”. También que “por un año estudió en la Universidad Tecnológica de Múnich en Alemania, en la  cual trabajó con profesores como Bruno Krucker, Stephen Bates y Francis Keré. Esto le proporcionó experiencia y la oportunidad de conocer distintas aproximaciones a la resolución de problemas de acuerdo al enfoque del diseño, realidades y localidades, tomando en consideración la sustentabilidad como un elemento esencial en el desarrollo de las propuestas y proyectos. (…) De igual forma, ha sido partícipe de varios servicios comunitarios en la ciudad de Caracas, siendo uno de ellos con el estudio de Enlace Arquitectura dirigido por Elisa Silva, en donde tuvo la primera aproximación con localidades urbanas densas, para así crear espacios públicos en pro de un desarrollo y avance de las comunidades involucradas».

Por su parte, César Barbarán, manifiesta “mucho interés en la arquitectura para el hombre y su relación con la naturaleza, sensible por las artes, frio calculador para los detalles. Ha participado en diversos concursos nacionales e internacionales, saliendo galardonado hasta la fecha en 3 de ellos, formando parte de sus respectivas difusiones en galerías y digitales”. Tuvo la oportunidad de cursar de intercambio en la Pontificia Universidad Católica del Perú, participando actualmente “en actividades comunitarias en ccscity 450 apoyando a la construcción de mobiliario a través de materiales reciclados”.

A Alexandra y César, así como a todos los involucrados en su formación, les enviamos desde aquí las más sinceras felicitaciones.

ACA