ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 119

El anuncio publicado en la revista Integral nº 7 (1957) que ilustra la postal del día de hoy, aparece un año después de que el equipo encabezado por los arquitectos Jorge Romero Gutiérrez, Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger (Arquitectura y Urbanismo, C.A.) y complementado por un importante grupo de empresas, concluyeran el proyecto de “El Helicoide”, emblemática y polémica edificación que colocó, como pocas, ante el mundo la capacidad profesional, técnica y constructiva desarrollada durante aquellos años en un país que se mostraba a la cabeza de la modernidad Latinoamericana.

1. Portada de la revista Integral nº5, diciembre 1956. Diseño: Omar Carreño

El empuje propagandístico y el esfuerzo por lograr convencer a una sociedad que lo veía quizás como una propuesta a contracorriente de su aplacada condición provinciana, hicieron de la obtención de recursos un eslabón clave y dificultoso para poder cristalizar el proyecto en obra construida. Las páginas de Integral (editada justamente por un grupo encabezado por Romero Gutiérrez), se convirtieron durante todos esos años en la vitrina donde esta ambiciosa edificación se fue promoviendo y mostrando, teniéndose el nº 5 (diciembre 1956) como punto culminante del despliegue del proyecto convirtiéndose, por el cuidado con que fueron realizados la edición, el montaje y la presentación, en una de las publicaciones más hermosa de cuantas se han editado en el país desde esa fecha, cuya portada y diseño artístico estuvieron a cargo de Omar Carreño.

2. Despliegue del interior de la revista Integral nº5 (diciembre 1956) donde se muestra y explica el proyecto de El Helicoide.

Así, bajo el título «Helicoide de la Roca Tarpeya. Centro Comercial y Exposición de Industrias”, situado entre las páginas 22 y 42 del número ya señalado, la revista ofrece toda la información necesaria para comprender las razones que permitieron imaginar y diseñar este edificio tallado en un pequeño cerro de 101.940 m2 de los cuales 29.192 m2 se destinaron a vías y espacios verdes, y el resto 72.748 m2 a su construcción, de los cuales 46.715 están dedicados a locales comerciales y exposición de industrias, 8.445 a bienes comunes y 17.588 “a la construcción actual o futura de entrepisos o mezaninas en los locales que sobrepasen el 50% computables”. Además, existen 17.000 m2 destinados a estacionamientos y aceras cubiertas. En resumen, la edificación se ubica en el 50% del área del lote y se construye con base en el 100% de su superficie.

3. Esquema de circulación de El Helicoide publicado en la revista Integral nº 5, diciembre 1956.

La génesis del proyecto es expresada de la siguiente manera por sus autores: “El Helicoide es una forma geométrica irregular que se asemeja a la forma piramidal de la colina que le sirve de asiento: su funcionamiento está estrechamente ligado a su forma, así como la edificación a su topografía: su expresión lineal consiste en una espiral de subida entrelazada con una espiral de bajada que envuelven la colina, muy simples, pues a medida que se asciende la espiral se encuentran los estacionamientos, locales de comercio y exposición, sin que sean perceptibles el ascenso y el descenso, ya que el gran desarrollo de las rampas da una pendiente muy suave de 2.5% de promedio (…) El atractivo principal del edificio consiste en que inmediatamente que el vehículo entra en él, comienza a recorrer las rampas de acceso como por un estacionamiento donde a su paso se encuentran los distintos locales y puede estacionar en el punto que le sea más conveniente: no existe final de estacionamiento ni vías que interrumpan la continuidad de la circulación”.

4. Corte transversal de El Helicoide publicado en la revista Integral nº 5, diciembre 1956.

Como respaldo a lo señalado con relación a este Centro Comercial adaptado a las más actuales exigencias y estándares internacionales, en el número 5 de Integral aparecen, con relación al proyecto: los Objetivos, la Definición y un Resumen General de él, impreso y desplegado en siete laminas de papel transparente, con cada una de sus plantas, permitiendo ver la correspondencia entre cada uno de los niveles con el inferior y la relación vehicular con los diferentes espacios. Se encuentra también detallado el esquema de circulación, un corte esquemático del edificio indicando su relación con la avenida Fuerzas Armadas, los locales comerciales y algunos de ellos considerados especiales, las vitrinas de exhibición, el Palacio de Espectáculos y la Central de Televisión, el diseño del Kindergarten, la Central de Administración y Comunicación y el Centro Automotriz (ubicado muy próximo al acceso, con una bomba de gasolina, túnel de lavado automático, venta de carros y taller mecánico). En la página 40 se describen en detalle los diferentes Locales Tipo propuestos, terminando con las cinco plantas del Club de Propietarios. Cabe destacar cómo en el punto más alto del edificio los proyectistas colocaron a modo de remate un domo geodésico que se encuentra entre las tres primeras a ser construidas en aluminio, creada por el visionario ingeniero Buckminster Fuller.

El proyecto, una vez concluido en 1956 comienza a ser reconocido y premiado  internacionalmente por su novedoso diseño arquitectónico y su original plan urbano. En tal sentido, El Helicoide fue reseñado en la revista Time (1957) y destacado en la exposición «Roads» montada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) en agosto-septiembre de 1961 y, nuevamente, en el mismo museo entre marzo-julio 2015 en la exhibición «Latin America in Construction: Architecture 1955–1980».

5. Portada del folleto promocional de El Helicoide, 1956.

Luego de cuatro años de construcción ininterrumpida  iniciada en 1957, en 1961 El Helicoide se paraliza definitivamente una vez que se ralentiza el ritmo de la obra en 1958 con la caída de la dictadura de Pérez Jiménez y no logran cristalizar las múltiples negociaciones entre lo promotores, el Gobierno Nacional y los entes económicos financistas.

En varias ocasiones se consideró la estructura del edificio, terminada en su 90%, como base de diversos proyectos de recuperación y remodelación, no prosperando ninguno de ellos. Así, mientras en 1966 sirvió de refugio a damnificados causados por las lluvias (situación que se repitió en 1979 convirtiéndolo en lugar de asentamiento de construcciones informales), en 1982 tras 16 años de ocupación (cuando ya habitaban allí 1.860 familias y unas 9.300 personas) El Helicoide es desalojado completamente en seis meses gracias a la presión ejercida por el “Comité de rescate del Helicoide”, luego “Proyecto Helicoide”, coordinado por Sonia Miquilena de Cárdenas, quien propone convertirlo en una “ciudadela cultural”. Entregado en comodato a la Gobernación del Distrito Federal, en 1983 se anuncia la construcción de la primera etapa de dicha “ciudadela” (proyectada por el arquitecto Ralph Erminy), lográndose sólo rescatar y ubicar en su lugar el domo geodésico de Fuller para albergar actividades culturales. Previamente (1969) el MOP propone sustituir el uso comercial original por oficinas públicas, centro de estudios y adiestramiento del IVSS y del INCE y exposiciones; en 1974 el informe desarrollado por la Oficina de Arquitectura Oscar R. Tenreiro Degwitz para el Centro Simón Bolívar propone la inclusión en El Helicoide de áreas para la Biblioteca Nacional, el Archivo General de la Nación, la Imprenta Nacional, el Museo de Historia Natural y el Museo de la Ciencia y de la Técnica; en 1975 mediante Decreto de expropiación se autoriza al recién creado Instituto Nacional de la Vivienda (INAVI) la adquisición de los bienes afectados y se encarga el proyecto “Nuevo Helicoide Caracas” al Grupo Tekto (Carlos Celis Cepero y Ana Teresa Caraballo-Gramko de Celis Cepero), quienes solicitan la asesoría de los autores del proyecto original y proponen mantener el uso inicial de centro comercial, ampliando los porcentajes de construcción a cien mil metros cuadrados incorporando un gran hotel en forma de torre cilíndrica y otros cuerpos rentables; finalmente, el 10 de septiembre de 1986, El Helicoide es adjudicado a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención DISIP (SEBIN desde 2010), no sin antes detectarse un último intento por convertirlo entre 1991 y 1993 en el Centro Ambiental de Venezuela y sede del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Renovables según plan maestro presentado por los arquitectos Julio Coll y Jorge Castillo, del Taller de Arquitectura JC-JC.

Sobre los avatares que sufrió El Helicoide durante su proceso de construcción y las consecuencias que derivaron en su imposible culminación y destino se ha escrito mucho. Las asociaciones que han llevado a considerarlo una “Torre de Babel tropical” aunadas a la noción de “ruina moderna” o de “esencia y espectro de la modernidad venezolana” se han mostrado como poderosas imágenes para convertirlo, además, en reflejo del devenir histórico del país.

6. Izquierda: libro El Helicoide de Dirk Bornhorst (2007). Derecha: libro Downward Spiral: El Helicoide’s Descent from Mall to Prison editado por Celeste Olalquiaga y Lisa Blackmore (2018)

Su triste destino actual como sede de la policía política y cárcel donde bajo difíciles condiciones se encuentra recluido un considerable grupo de personas que han manifestado su oposición al gobierno, ha dado origen a la creación del “Proyecto Helicoide” (https://www.proyectohelicoide.com/) concebido y dirigido desde 2013 por Celeste Olalquiaga, asociación civil sin fines de lucro, dedicada a rescatar el valor arquitectónico, cultural y social de la edificación que hoy nos ocupa y que ya cuenta entre sus haberes la realización de exposiciones, la elaboración de numerosos textos y la reciente publicación del libro Downward Spiral: El Helicoide’s Descent from Mall to Prison. Este último, sumado al editado por Oscar Trodman bajo la autoría de Dirk Bornhorst aparecido en 2007 titulado El Helicoide conforman dos caras muy distantes entre sí pero absolutamente complementarias de lo que ha sido este testigo mudo y símbolo a la vez del colapso que ha sufrido Venezuela.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Revista Integral nº 7, 1957.

1, 2, 3, y 4. Revista Integral nº 5, diciembre 1956.

5. Archivo Fotografía Urbana

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela

DÍA DEL ArQUITECTO

1. Acta de creación de la Sociedad Venezolana de Arquitectos

El pasado miércoles 4 de julio se celebró en nuestro país el Día del Arquitecto. En tiempos de redes sociales sorprende la cantidad de mensajes de todo tipo, felicitaciones o recordatorios que traducidos en imágenes, textos o animaciones, unos más convencionales y otros más creativos, se pusieron a circular dando cuenta de una efemérides que por pura casualidad coincide con el aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos de América hecho que, en ocasiones, también ha traído a colación otra clase de remembranzas y asociaciones no muy afortunadas.

2. Los siete miembros fundadores de la Sociedad Venezolana de Arquitectos en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela. De izquierda a derecha, de pie: Enrique García Maldonado, Carlos Raúl Villanueva y Rafael Bergamín; sentados: Heriberto González Méndez, Cipriano Domínguez, Luis Eduardo Chataing y Roberto Henríquez.

Sin embargo, aunque ya se haya registrado por diferentes medios, artículos o escritos, consideramos conveniente, a raíz de la decisión tomada aquel 4 de julio de 1945 por Rafael Bergamín (1891-1970), Luis Eduardo Chataing (1906-1971), Cipriano Domínguez (1904-1995), Enrique García Maldonado (1905-1990), Heriberto González Méndez (1906-1992), Roberto Henríquez (1905-1990) y Carlos Raúl Villanueva (1900-1975) de fundar la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) en acto celebrado en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela, volver a repasar algunas de las circunstancias que han acompañado la aparición y consolidación de un gremio al cual se le ha hecho muy difícil posicionarse de forma sólida dentro de la estructura socio-político-cultural venezolana. Para ello no hemos encontrado mejor punto de apoyo que el artículo introductorio de la edición dedicada a los “65 años de la creación de la SVA”, publicado en la revista entre rayas nº 84, meses julio-agosto 2010 escrito por Lorenzo González Casas y Henry Vicente (http://entrerayas.com/2011/07/la-sociedad-venezolana-de-arquitectos/), cuya vigencia tras casi una década es plena, así como también lo es el interés permanente por dicha publicación y su director Jesús Yépez en no olvidar año a año la importancia del acontecimiento.

Tal y como relatan González Casas y Vicente, la conformación de gremios profesionales, cuyo origen se remonta a épocas tan remotas como el siglo XI, arropados más recientemente bajo el concepto de “capital social”, tiene en la creación de la SVA la oportunidad de ser puesta en evidencia a raíz de un hecho muy significativo: buscar “el reconocimiento de una profesión poco conocida en el país y una demostración -observando en retrospectiva la magnitud de sus logros- de la importancia de la actuación colectiva; del valor del asociacionismo”.
La arquitectura ya había comenzado a dar señales de buscar agremiarse desde el siglo XIX, particularmente en Francia conformándose primero sociedades (como la pionera Societé Centrale des Architectes, creada en 1840) y transformándose poco a poco en Colegios profesionales, hecho que en España, por ejemplo, acontece entre 1929 y 1931.

En Venezuela, la más importante referencia a la iniciativa impulsada por los siete fundadores de la SVA, no es otra que la constitución del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1861, el cual fue “concebido como órgano de consulta al servicio del Estado, y recibió un impulso notable con la creación del Ministerio de Obras Públicas, en 1874, lo que le permitió consolidar su rol de asesor de las obras ejecutadas por ese Ministerio” y su poder e influencia sobre todas aquellas profesiones “afines” que como la del arquitecto aún no contaban con espacio dentro de la enseñanza universitaria formal, hecho que redundará en el tiempo y explicará muchas de las vicisitudes acaecidas cuando la decisión de agremiarse independientemente se toma. Como otro dato de importancia se registra que la Escuela de Ingeniería es creada en 1895 y la autorización de otorgar el título de arquitecto se asocia a ella a partir de 1897 como complemento obligatorio a los estudios que ya se realizaban para entonces en la Academia de Bellas Artes. Por otro lado la Sociedad Venezolana de Ingenieros Civiles se funda en 1891 y la Sociedad Venezolana de Arquitectura y Construcción (claro precedente de la SVA) en 1895.

En 1925 apareció la Ley del Ejercicio de las Profesiones de Ingeniero, Arquitecto y Agrimensor y posteriormente, en 1936, debido a “la llegada de arquitectos extranjeros y el regreso de profesionales venezolanos formados en el exterior, se produjeron decisiones del Colegio de Ingenieros de Venezuela para facilitar el proceso de acreditación de los estudios de estos profesionales”, derivando en la definitiva diferenciación disciplinar con la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV en 1941, que inicialmente se limitó a la organización de programas de estudio y a la tramitación de títulos obtenidos por arquitectos en universidades extranjeras, para luego, “degradada” a Departamento de la Escuela de Ingeniería, iniciar en 1944 las labores docentes funcionando así durante dos años. Ante tanto vaivén, Arquitectura lograr adquirir en octubre de 1946 nuevamente el estatus de Escuela, esta vez adscrita (a la par que la de Ingeniería) a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. En 1948 egresa la primera promoción de 11 profesionales y en 1953 se crea la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) que nace con la de arquitectura como única escuela.

3. Los asistentes a la primera reunión de la SVA. De izquierda a derecha, de pie: Guillermo Pardo Soublette, Manuel Mujica Millán, Gustavo Guinand, Carlos Raúl Villanueva, Heriberto González Méndez, Luis Eduardo Chataing y Roberto Henríquez; sentados: Enrique García Maldonado, Cipriano Domínguez, Rafael Seijas Cook, Rafael Bergamín y Gustavo Wallis.

1945, año que marca el fin de la Segunda Guerra Mundial y registra grandes cambios tanto a nivel nacional como internacional, ve cómo son recogidos en unas pocas líneas los fundamentos de la asociación gremial que da origen a la celebración del 4 de julio. En un alarde de magistral síntesis, los fundadores de la SVA suscriben un breve documento manuscrito que plasma los fines totalmente vigentes del organismo recién creado: “Dar impulso al estudio y desarrollo de la Arquitectura; cultivar la ética profesional; establecer vínculos de unión entre sus miembros y propender a la defensa y mejoramiento de la profesión”. La primera Junta Directiva de la Sociedad estuvo compuesta por Carlos Raúl Villanueva (Presidente), Luis Eduardo Chataing (Vicepresidente) y Heriberto González Méndez (Secretario). El año siguiente se realizó la constitución formal de la SVA en la Oficina de Registro Público. La Junta Directiva, que sustituyó a la Junta original, estaba compuesta por Carlos Guinand Sandoz como Presidente, Cipriano Domínguez como Vicepresidente y Heriberto González Méndez, una vez más como Secretario. A lo largo del tiempo, “los siete”, con la excepción de Bergamín (el único arquitecto extranjero de entre ellos) y García Maldonado, ocuparon puestos en la Directiva de la Sociedad.

La febril y a la vez eficiente actividad desarrollada por los miembros fundadores y primeros agremiados dentro de la SVA puede resumirse en “el crecimiento del número de afiliados a la Sociedad y la ampliación de sus esferas de actuación” pasando de “204 miembros de número, 31 miembros afiliados y 3 miembros honorarios” en 1959 a 375 miembros en 1964. También lo atestigua la ampliación de su estructura organizativa, el empeño puesto en la regularización y fortalecimiento de los estudios de arquitectura (que, como ya se dijo, despegan definitivamente en 1946 gracias a su empuje), la participación en numerosos eventos internacionales, la incorporación a organizaciones de carácter mundial y regional, la activa participación en la organización de concursos, el lanzamiento en 1958 de la revista SVA (alcanzando 20 números hasta 1965) y la realización en 1963 de la primera Bienal Nacional de Arquitectura y el otorgamiento en su marco del primer Premio Nacional a Carlos Raúl Villanueva por el conjunto de su obra.

En 1966, con la meta fundamental de darle sentido a lo que ya en 1959 Heriberto González Méndez proponía en la Primera Convención Nacional de Arquitectos como una necesaria colegiación, la SVA se transforma en el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) y en homenaje a aquellos siete fundadores, se decide decretar el 4 de julio como el Día del Arquitecto en el país.

La historia del CAV está aún por escribirse. Ella recogería con toda seguridad momentos de gran entusiasmo, otros de palpable decadencia y, como constante, la inercia de lo adelantado durante 21 años por la SVA y el desinterés de sus agremiados por las actividades por él desarrolladas, arropadas en exceso de énfasis en lo gremial y lo social y mucho menos en lo cultural, lo intelectual y lo disciplinar. La frustrante posibilidad de lograr la verdadera colegiación todavía se mueve en terrenos pantanosos e inciertos donde los intereses de la ingeniería aún predominan, pese a que la Ley del Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines promulgada en 1958, se tornó en instrumento auspicioso sobre el cual, sin embargo, se han dado pocos pasos en firme a favor de la autonomía de las competencias propiamente arquitectónicas.

Como testimonio de los altibajos de 52 años de vida del CAV surgen datos como los siguientes: las Bienales Nacionales (12 hasta la fecha) se han espaciado en el tiempo perdiéndose el sentido de su denominación; la revista CAV registra la aparición desde 1966 hasta la fecha de 60 números con baches notables de continuidad; el empeño (también espasmódico) en lograr que el concurso se convierta en la vía más expedita para lograr la contratación de proyectos públicos no se ha consolidado; y la sede del Colegio ha continuado el “nomadismo” que ya aquejaba a la SVA sumando cuatro mudanzas más sin contar aún con asiento propio.

Esfuerzos los ha habido que han intentado paliar tales problemas e intentar navegar en tiempos de crisis que se traducen en la actividad desplegada a través de la realización de eventos, la amplificación de las relaciones con organizaciones de otros países o la incorporación a las redes sociales sin que ello aún el CAV logre motivar a un colectivo e incentive su participación hasta el punto que para octubre de 2016 de 5.440 agremiados inscritos, solo 144 estaban solventes.

Hoy, luego del hecho inédito que derivó en el bloqueo de las elecciones convocadas el 30 de octubre de 2016 a causa de un recurso contencioso interpuesto ante el TSJ por la actual Junta Directiva (claramente enfrentada con la Comisión Electoral Principal del CAV), pareciera que, tras la sentencia del pasado 18 de junio, se podrá convocar a la realización de comicios que permitirán la siempre deseable renovación.

Esperamos sinceramente que a pesar de las adversidades el CAV sea capaz de revisarse una vez más y se enrumbe hacia objetivos claros, de manera tal de generalizar la sensación de que el 4 de julio es un día que vale la pena celebrar.

ACA

Procedencia de las imágenes

Lorenzo González Casas y Henry Vicente ,“65 años de la creación de la SVA”, revista entre rayas nº 84, julio-agosto 2010. (http://entrerayas.com/2011/07/la-sociedad-venezolana-de-arquitectos/)

TAL DÍA COMO HOY…

… el 1 de julio de 1995, Arquitectura HOY dedica el nº 113 a reseñar la primera visita de Josep María Montaner a Caracas.

Durante el mes de junio de 1995 el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (MACCSI) invitó al catedrático, teórico, crítico y arquitecto catalán Josep María Montaner (1954) a objeto de dictar un seminario que sirviera para ampliar conocimientos a los interesados acerca de la evolución y estado del arte de lo que para aquel momento ya se había convertido en un boom a nivel internacional: la proliferación de proyectos y la construcción de museos de toda índole de manos de reconocidos arquitectos a lo largo y ancho del mundo.

Montaner, para entonces asiduo articulista de arquitectura en los periódicos El País y La Vanguardia, desde donde se ejercitaba con periodicidad semanal abordando temas que luego vería plasmados en sendas publicaciones, no sólo había profundizado en el estudio de la tipología museística sino que había logrado que la editorial Gustavo Gili lanzara dos libros de su autoría (Los museos de la última generación. The museums of the last generation -1985- elaborado junto a Jordi Oliveras y Nuevos museos. Espacios para el arte y la cultura -1990-), habiendo aparecido un tercero ese mismo año de 1995 (Museos para el nuevo siglo), lo que lo convertía en uno de las figuras en habla hispana mejor posicionadas a la hora de aportar sus puntos de vista, métodos de análisis y evaluación de un fenómeno que ameritaba ser conocido y auscultado.

De la visita de Montaner a Caracas dejó testimonio la página de Arquitectura HOY que aquí reproducimos de dos maneras: a través del texto “Museos y arquitectura” de la profesora de Historia y Crítica de la Arquitectura en la FAU UCV María Fernanda Jaua y de la entrevista que Enrique Fernández-Shaw le realizara titulada “Montaner y los museos del siglo XXI”.

Por otro lado, ya Montaner había entrado en contacto con los lectores de Arquitectura HOY un par de años antes a través del artículo “Pensamiento y arquitectura” el cual apareció en el número 19 (26-06-1993) donde, bajo la premisa de que la arquitectura mantiene una estrecha relación con las ideas predominantes en cada momento, analizaba brevemente las formas arquitectónicas generadas en el seno del postestructuralismo, extracto a la vez de un capítulo de uno de sus libros más importantes, también editado por Gustavo Gili: Después del movimiento moderno. Arquitectura de la segunda mitad del siglo XX (1993).

Volviendo al evento que hoy rememoramos, la profesora Jaua sitúa con clara precisión el por qué de la presencia de Montaner en Caracas cuando comienza su artículo señalando: “Templos del fin de siglo, nuevos monumentos de cualquier ciudad en el mundo que se precie, centros comerciales del arte, auténticos signos de la cultura posmoderna, escenarios predilectos para el espectáculo de la sociedad posindustrial, tema ansiado por cualquier arquitecto para alcanzar la gloria, no hay revista de arquitectura donde no aparezca y que no les haya dedicado una monografía. Los museos son, sin duda, los edificios más destacados de estas últimas décadas”. Jaua en su escrito repasa de forma panorámica el contenido del seminario, reflejo directo de las indagaciones y reflexiones que dieron origen a las publicaciones ya para entonces acumuladas por el catedrático de la ETSAB invitado, de donde resalta el papel jugado por los museos como manifestación del curso cambiante de las ideas arquitectónicas y su evolución en el tiempo, el eterno dilema entre contenedor y contenido a la hora de darle impulso a una realización museística, el conflicto entre arquitectos y especialistas en cuanto a qué priorizar en el diseño de estos edificios y la distancia entre lo que acontece en otros países en contraste con la realidad venezolana a la hora de considerar dicha tipología como punta de lanza al momento de expresar la situación de nuestra arquitectura.

Montaner también tuvo la oportunidad de dictar una charla en la FAU UCV durante los días que estuvo en Caracas, momento que aprovechó Fernández-Shaw para entrevistarlo. Más allá de la nueva oportunidad que tuvo de señalar los paradigmas hacia los que apuntaban los museos del siglo XXI y de indagar el por qué se había desatado un boom en la construcción de este tipo edilicio, al preguntársele sobre los rasgos particulares de las instalaciones visitadas en Caracas respondió: “… son museos mucho más razonables, más sencillos, más directos, no como muchos de los europeos, que suelen estar sobrediseñados … los que me han gustado son los de Villanueva, los antiguos, la Galería de Arte Nacional y el Museo de Ciencias. El Museo de Bellas Artes es muy brutalista, con muchos espacios perdidos…”. Ni una palabra sobre las complicadas condiciones a las que tuvo que adaptarse el MACSI (el ente que lo había invitado) para poder funcionar.

Montaner, quien estuvo una vez más a Venezuela en 1998, logró publicar en 2003 Museos para el siglo XXI, el ultimo capítulo (hasta ahora) de su saga sobre el tema. Obtuvo en 2005 el Premio de Urbanismo de España del Ministerio de Vivienda a la iniciativa periodística por sus artículos en El País y La Vanguardia y ha sido codirector junto a Zaida Muxi del Máster Laboratorio de la Vivienda Sostenible del Siglo XXI de la Universidad Politécnica de Cataluña, creado en 2004 (del cual se abrieron 10 versiones hasta el período 2013-2014) y del Laboratorio de la Vivienda Sostenible Barcelona desde donde ya se han organizado tres Congresos Internacionales de Vivienda Colectiva Sostenible, el último finalizado el 18 de abril pasado en Guadalajara, México. Para el día de hoy Montaner ya tiene acumulados 35 libros sobre arquitectura siendo el más reciente La Condición Contemporánea de la Arquitectura (Gustavo Gili, 2015), donde detecta las características arquitectónicas del reciente cambio de siglo en una interpretación de la evolución de la disciplina desde 1990 hasta la actualidad.

Los cambios que se han producido en sus intereses teóricos y su vinculación con Zaida Muxi le han permitido  a Montaner incursionar paulatinamente en la siempre polémica relación entre política y arquitectura la cual dio como producto la publicación Arquitectura y política. Ensayos para mundos alternativos (Gustavo Gili, 2011) y le ha impulsado a asumir más recientemente su postulación por el distrito Sant Martí y elección en 2015 como concejal dentro de la coalición Barcelona en Comú, plataforma de izquierda que impulsó la elección de la activista social Ada Colau como Alcaldesa de la ciudad condal. Ostentando el cargo de Concejal (Regidor) de Vivienda y Rehabilitación del Ayuntamiento de Barcelona desde junio del año 2015, Montaner ha logrado entre otras iniciativas la aprobación del Plan por el Derecho a la Vivienda de Barcelona 2016-2025 tema clave dentro del programa de gobierno de Colau.

Sería interesante, a partir del giro que nos permite detectar un Montaner más próximo a temas reales y más comprometido con la ciudad y su arquitectura desde el punto de vista social y político (vinculado ahora como personaje público a la gestión de corte populista que Barcelona en Comú impulsa), saber cómo visualiza la actual situación de nuestro país y qué opinaría sobre las condiciones que atraviesan nuestras desvencijadas ciudades. No vaya a ser que como tantos otros personajes vinculados a la izquierda europea prefiera mirar hacia otro lado.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Re-Visiones de la Barcelona metropolitana

Espacio público 2013-2017

Varios autores

Área Metropolitana de Barcelona, AMB

2018

Tomado de Plataforma arquitectura.

20 Junio de 2018

La Sección de Proyectos y Diseño Urbano del AMB, junto a POCH Comunicación, ha editado el 5º volumen de la colección “espacios metropolitanos” que recopila y muestra los proyectos ejecutados en el período 2013-2017 por la institución.

Este libro nace con la intención de marcar un punto y aparte al ampliar la mirada y alejarse del concepto de catálogo. Su objetivo, más allá de incorporar una reflexión histórica sobre el papel fundamental que ha desempeñado el AMB en el diseño, la construcción del espacio público y la transformación y vertebración del territorio metropolitano, es esbozar nuevos caminos de futuro.

Para ello se ha trabajado con tres tipologías de conceptos: datos, textos y proyectos. Los datos explican el contexto y permiten al lector tener una idea objetiva del territorio. Por otra parte, a través de los textos y sus autores puede entenderse la complejidad del territorio, su pasado y sus posibilidades de futuro. En concreto las visiones sobre el espacio público, la manera de entenderlo y de actuar en él que aportan las firmas invitadas, David Bravo, Lluís Cantallops, Olga Felip y Josep Camps, Ivan Blasi y Carles Llop, se complementan con las re-visiones del trabajo realizado en los últimos 30 años que aporta el equipo del AMB, Claudi Aguiló-Riu y Eva Pagès, Jordi Bordanove, Moisés Martínez Lapeña, Antoni Farrero, Xavier Segura, Oriol Ribera y Noemí Martínez y Luisa Solsona. El prólogo realizado por Ramón Torra y el epílogo por Enric Batlle completan los textos del libro. Para finalizar, los proyectos incluidos confirman la diversidad y la calidad de las obras impulsadas desde la institución. El contenido se estructura en seis capítulos: espacio parque, espacio fluvial, espacio litoral, espacio cubierto, espacio urbano y espacio movilidad. Son, en definitiva, espacios que caracterizan el área metropolitana de Barcelona y que a lo largo de estos 30 años han adquirido entidad propia.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Summa+ 164
Grandes Techos y Grandes Contenedores

Editorial Donn S.A 

2018

Tomado de Plataforma arquitectura.

12 Junio de 2018

El último número (164) de la revista de arquitectura SUMMA+ se trata de una edición especial que aborda como temas «Grandes Techos y Grandes Contenedores», donde se destacan obras de los estudios SANAA, Rosenbaum + Aleph Zero, Weinfeld, Zaha Hadid, Campo Baeza, Asz, entre otros.

En este ejemplar, se presenta a los grandes techos como un argumento plástico unificador de los proyectos contemporáneos, puesto que permiten una mayor libertad y variedad de funciones unidas bajo un único orden mayor. En el caso de los tres ejemplos mostrados por la revista, se considera al gran techo como una estrategia proyectual que además posibilita una relación particular con el paisaje. Por su parte el gran contenedor se muestra como una estrategia distinta: «Un edificio de enormes dimensiones capaz de empequeñecer la figura humana o, incluso, la de enormes máquinas. Por definición son edificios vacíos, un único y enorme espacio que puede cobijar grandes elementos o actividades expansivas, como el centro de deportes. Estructuralmente  presentan el desafío de resolver las grandes luces. Expresivamente, el de dar gracias a sus enormes dimensiones y resolver de forma favorable su relación con el contexto». Extracto del prólogo por Fernando Diez.

ACA