La Universidad de las Américas Puebla, a través de la Editorial UDLAP y en colaboración con Profética, casa de la lectura, realizó su primera presentación del año: ¿Público para quién? La performatividad de los límites en el espacio público, obra que concreta la investigación que llevó a cabo la doctora Astrid Helena Petzold Rodríguez por más cuatro años y con la cual obtuvo su titulación doctoral. Por medio de este libro se busca conocer en primer lugar qué entendemos por espacio público, los elementos que lo definen y cuáles son los límites tangibles e intangibles para la apropiación y uso de los espacios públicos por parte de los diversos grupos sociales. ¿Público para quién? busca conjuntar el enfoque urbano-arquitectónico, área de estudio en la que está especializada la autora, con las ciencias sociales, ya que éstas ofrecen un enriquecimiento con respecto al estudio.
La profesora de tiempo completo en el Departamento de Arquitectura de la UDLAP, tomó como caso de estudio dos espacios públicos: el Parque Vereda y la Plaza de la República ubicados en Maracaibo, Venezuela. Como se comentó durante la presentación, dichos sitios se vieron envueltos por el contexto socio político que se vivía en ese país, lo que permitió el enriquecimiento de la investigación, dando pie a que capítulos como «El espacio público como espacio político» surgieran y que muchos elementos que fueron considerados culturales al inicio de la investigación se vieran transformados, poniendo en evidencia la apropiación o delimitación de los territorios que conforman el espacio público y transformando su significado, comentó la autora.
Durante la presentación se contó con el apoyo del doctor Francisco Mustieles, realizador del prólogo del libro, que además de resaltar la importancia del conocimiento del significado de la palabra performatividad, que en el libro se define como la capacidad de transformar un lugar a partir de las acciones y acontecimientos que tienen lugar, comentó que una de las contribuciones de esta obra es precisamente que “el análisis que se realizó durante cuatro años consideró un enfoque multidimensional del espacio público”. Finalmente, la autora comentó que el libro deja las puertas abiertas a servir como el inicio de una nueva investigación en otro contexto y con otra realidad que va a permitir validar el grado de performatividad que tienen los espacios públicos.
Existen publicaciones que tratan la teoría del proyecto de arquitectura, pero no hay ensayos que presenten teorías del área de la filosofía de la técnica, o de la ontología, que puedan servir para arrojar luz al debate sobre el proyecto de arquitectura. El autor sostiene la idea de que el estudio de teorías que den cuenta de la tecnicidad, entendida como uno de los modos de existencia esencial del ser humano, permitirá arrojar luz sobre la teoría del proyecto de arquitectura y diseño.
El debate en torno a la tecnicidad no puede ser contemplado sólo marginalmente por los arquitectos (y estudiantes de arquitectura y diseño). Los arquitectos, desde los saberes proyectuales, tienen importantes aportes para realizar al debate de este tema que sirve para dar cuenta de la naturaleza compleja del ser humano.
Este libro se presenta como una serie de ensayos elaborados a partir de las clases que el autor mismo ha impartido en carreras de diseño. En cada capítulo se hace referencia a un filósofo de la técnica, relacionando su producción teórica con la teoría del proyecto en arquitectura y diseño. El tipo y nivel de abstracción requerido para la interpretación de esta obra, lejos de constituir un obstáculo para la comprensión de la operación proyectual, permite un acercamiento nuevo a la misma. Este libro está orientado a investigadores de la teoría del proyecto, y a docentes y estudiantes de las carreras de diseño y arquitectura de Latinoamérica.
1913•Se promulga en Venezuela un Reglamento para Circulación Vial, como una contribución en búsqueda de reducir los accidentes y mejorar la educación de tránsito, orientado a los diferentes vehículos existentes: de tracción animal, humana y a motor.
El Reglamento citaba una junta examinadora de choferes, se prohibía las competencias de velocidad y permitía la denuncia por parte de cualquier ciudadano, obligaba a revisar el vehículo antes de manejarlo, se multaba a quien enlodara a un transeúnte, tocara corneta o estacionara sobre las aceras.
Se realizaba un examen escrito para demostrar el conocimiento del Reglamento de Circulación y una prueba práctica para verificarlo.
La Revista CAV 2/22 (1967), dedicada completamente a la ciudad de Barquisimeto, recoge como sección muy destacada toda la información correspondiente al llamado, selección y fallo del Concurso Nacional de Arquitectura para la sede del Concejo Municipal del Distrito Iribarren, idea pionera dentro del territorio nacional para edificaciones públicas de este tipo, lo que auguraba un prometedor futuro para este mecanismo de selección: “En septiembre de 1966 el Concejo Municipal del Distrito Iribarren en una jornada memorable y por unánime voluntad de todos sus integrantes, tomó la decisión de iniciar las gestiones para que el diseño del edificio de su futura sede fuese elegido en el marco de un certamen nacional de ideas. Nunca estará de más resaltar la significación de aquella inteligentísima iniciativa, hoy ya una realidad”.
El concurso que “fue promovido y concretado en el excepcional período de 9 semanas”, contó con la asesoría del arq. Felipe Montemayor y como miembros del jurado con el Ingeniero Municipal del Distrito Iribarren Gerardo Pérez Lugo, el arq. Enrique Gómez Marcano (representando al Concejo Municipal), el arq. Paulo Pimentel (representado al Ministerio de Obras Públicas -M.O.P.-), el arq. Américo Faillace (representando al Colegio de Arquitectos de Venezuela -C.A.V.-) y al ing. Jorge Rovatti (representado al Colegio de Ingenieros de Venezuela -C.I.V.-).
1. Fachada del anteproyecto presentado por Jesús Tenreiro en el Concurso Nacional para la sede del Concejo Municipal del Distrito Iribarren, Barquisimero, estado Lara
La exitosa convocatoria registró un total de hasta treinta y seis profesionales inscritos, de los cuales 22 entregaron anónimamente sus propuestas, pasando siete de ellas a ser consideradas como finalistas, de entre las cuales, el 13 de diciembre de 1966, por unanimidad y “con cuatro días de anticipación a la fecha prefijada”, se seleccionó como ganador el anteproyecto distinguido con la letra “V” presentado por Jesús Tenreiro Degwitz, resultando reconocido con el segundo premio el trabajo identificado con la letra “J” entregado por Ignacio Contreras Iribarren con la colaboración de Carlos Gómez de Llarena. Ambos trabajos, también, se encuentran ampliamente desplegados en la Revista CAV 2/22 que nos ha servido de apoyo a esta nota.
La voluntad firme por parte de las autoridades de que la obra se ejecutara ya preveía desde el propio momento del fallo que los planos definitivos del proyecto fueran entregados el 1 de junio del año siguiente (1967). Orgullosos, los organizadores declaraban: “Se ha dado un ejemplo singular a la nación demostrando que es posible organizar eficazmente un concurso de jerarquía en un tiempo brevísimo; que los profesionales responden con un esfuerzo a la altura de la invitación y que de todo esto el resultado es un magnífico edificio que sin duda será un orgullo nacional y un inmenso paso delante de la Arquitectura venezolana”.
2. Jesús Tenreiro. Concejo Municipal del Distrito Iribarren, Barquisimeto, estado Lara. Izquierda: detalle de la fachada. Derecha: espacio de la Cámara Municipal3. Jesús Tenreiro. Concejo Municipal del Distrito Iribarren, Barquisimeto, estado Lara. Espacio central
Y en buena medida no les faltó razón: ubicado en la carrera 17 entre calles 25 y 26, el edificio de alrededor de 6.000 metros cuadrados, ceñido al programa estipulado en las bases del concurso, resuelto con un sótano y tres niveles de oficinas donde se encuentra una Sala de Artes, una galería de Retratos de los Alcaldes del municipio Iribarren y Presidentes del Concejo Municipal a lo largo de la historia, además del Salón de Sesiones y una Sala Situacional incluyendo un auditorio, se terminó de construir impecablemente en 1968 en concreto armado obra limpia, ofreciendo una poderosa imagen exterior que dignifica el histórico contexto en el que se encuentra mediante un sabio manejo de la volumetría y el control solar, una rica espacialidad interior estructurada con base en un patio central y un control consciente y sensible de la luz que dejan atrás, a modo de simple anécdota, las influencias que sin duda existieron de la arquitectura de Louis Kahn, de quien Jesús Tenreiro (1936-2007) fue siempre un atento estudioso.
4. Jesús Tenreiro. Concejo Municipal del Distrito Iribarren, Barquisimeto, estado Lara. Vista exterior
Esta modélica experiencia sirvió, además, para ofrecerle a Tenreiro (Premio Nacional de Arquitectura en 1991) una de las pocas ocasiones de concretar en hechos su talento como proyectista a lo largo de su trayectoria, tras la paradoja de haberla podido ejecutar a través de un mecanismo que ha demostrado ser, al menos en nuestro país, objeto de sucesivas frustraciones para los profesionales de la arquitectura. Como muestra valga señalar, dentro de la misma tipología edilicia, los casos fallidos (por no pasar de la realización de los respectivos proyectos), correspondientes a los concursos para el Palacio Municipal del Distrito Federal (1970, ganado por Carlos Gómez de Llarena y Manuel Fuentes) o para el Palacio Municipal del Distrito Sucre, edo. Miranda (1985, ganado por Juan Carlos Parilli), sin mencionar otra gran cantidad de oportunidades lamentablemente perdidas. El Palacio Municipal de Barquisimeto es uno de tres monumentos (junto al edificio sede de la CVG en Puerto Ordaz y la Abadía Benedictina en Güigüe) que Tenreiro dejó como legado a la arquitectura contemporánea venezolana. También nos dejó como importante testimonio lo que le expresó en 1993 a Antonio Ochoa en una entrevista aparecida el 24 de enero en El Universal, luego de renunciar al Premio Nacional que le fuera otorgado dos años antes: “Un premio es algo muy serio, como le escribí al jurado al comunicarle mi decisión. Lo que hay es que rechazar las estructuras burocráticas, cualquiera que éstas sean, según decía Thomas Bernhard. Comparto su idea de que todos los honores que se le hacen a una persona son sospechosos.(…) Las bases fueron modificadas y se transformó en la premiación a la ‘supuesta trayectoria’, y una trayectoria no se premia con dinero sino con más obras”. Ojalá le hubieran hecho caso.