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VALE LA PENA LEER

El fin de los editores: la nueva práctica del arquitecto que se promueve a sí mismo

Escrito por Duo Dickinson

The Titanic, 1978 Stanley Tigerman

Traducido por Piedad Rojas

27/11/2021
Tomado de Plataforma Arquitectura

Cuando la Gran Recesión de 2008 destruyó los ingresos publicitarios de todas las editoriales y limitó el dinero que los arquitectos tenían para las relaciones públicas y fotografías de sus proyectos, la forma establecida de promoverlos a ellos y a su arquitectura se vio brutalmente comprometida. Ese momento fue la instancia perfecta para aprovechar la disponibilidad instantánea de los teléfonos inteligentes con cámaras increíblemente buenas, gran memoria y pronto a una transmisión 5G. Esas revoluciones tecnológicas convirtieron a los idiotas gráficos en artistas. Ahora cualquiera podría fotografiar, filmar y narrar cualquier percepción en cualquier lugar, al instante, gratis y para compartir de forma universal. El cliché de decir que Internet «todo lo cambió» es cierto en la forma en que el mundo ve la arquitectura.

Este doble golpe de devastación fiscal y revolución tecnológica ha impulsado una Nueva Práctica: el Arquitecto Autopromocionante, independiente de la Máquina de Definir Cool en arquitectura.

En la era del papel, los arquitectos podían curar sus obras, pulir las palabras descriptivas, perfeccionar los dibujos y esquemas y obsesionarse con las fotografías tomadas por un profesional, todo en un esfuerzo por complacer al editor de una revista, a un jurado de diseño, o una convocatoria de presentaciones para una exposición en una galería. Los encargados revisaban el trabajo, lo juzgaban y determinaban si merecía reconocimiento. Las firmas más grandes (o los arquitectos más adinerados) podían permitirse que publicistas que «conocían a la gente» tuvieran acceso a quienes controlaban la exposición del trabajo en la era del «Rolodex».

El antiguo sistema no tenía criterios explícitos para estar «en», ningún deseo de representación de todo el estado de toda una profesión. En otras palabras, no había diversidad estética más allá de las elaboraciones sobre lo que los controladores de accesos pensaban que era legítimo.

La próxima forma en que los arquitectos promoverán su trabajo es contraria a los métodos de control impuestos por las élites editoriales o culturales. Esta Nueva Práctica permite a los arquitectos ser sus propios defensores, exponiendo directamente su trabajo a todos y cada uno. Los sitios web abiertos como Houzz, The Entre Architect Community y Modernism exponen el trabajo a millones más allá de los sitios web individuales. Además, Constant Contact, los podcasts, los blogs y los foros de Zoom son de bajo costo o gratuitos y accesibles para cualquier persona.

La aprehensión directa y personal de la exposición íntima a Internet cambiará la forma en que percibimos la arquitectura. El juicio del mundo periodístico, institucional y académico significará menos. El «Estilo» se dejará para describir el barniz de los edificios porque Internet pone toda la arquitectura en un plano común, sin editar, juzgar o describir más allá del Rorschach la prueba del interés visual.

Creo que este cambio radical de cómo podemos percibir la arquitectura tiene un precedente. La forma en que nuestra cultura percibía la arquitectura cambió por completo a principios del siglo XX con la adopción de la nueva tecnología de la fotografía que creó una claridad destilada y convincente de imagen separada. Esas imágenes de edificios a menudo eliminaban el contexto, la escala y la humanidad que ayudaron a crear el «estilo» del modernismo. Creo que Internet y las tecnologías de realidad virtual reinventarán de manera similar el sistema de entrega que comparte la arquitectura. Su disponibilidad, variedad y vitalidad infinitas conectarán la percepción esencial de la belleza sin la aplicación de un «Estilo» definitorio que haga innecesario a quienes editan lo que vemos.

En lugar de reforzar o crear cualquier «Estilo» en el fanatismo religioso, la nueva tecnología universal pasará por alto el sistema que fue creado para ordenar, categorizar, juzgar y editar la arquitectura fuera de nuestra experiencia inmediata.

En lugar de reforzar o crear cualquier «Estilo» en el fanatismo religioso, la nueva tecnología universal pasará por alto el sistema que fue creado para ordenar, categorizar, juzgar y editar la arquitectura fuera de nuestra experiencia inmediata.

Esta evolución significa que las «iglesias» de la academia – las instituciones profesionales y su Canon estarán en plena Reforma Intelectual. Antes de la Reforma Cristiana Protestante hace 500 años, la iglesia era la editora de la relación de la civilización occidental con Dios. Martín Luther demostró que los humanos son solo eso, humanos, y la conexión con algo más allá de nuestra humanidad no está limitada por esa humanidad. La relación directa transforma la comprensión, en fe y arquitectura. Como la Reforma, el poder de la ortodoxia se ha vuelto irrelevante. El Internet de la experiencia personal en arquitectura pasa por alto la interpretación intelectual y el control de élite. Habrá menos Sumos Sacerdotes del Gusto – reemplazados por una Nueva Práctica de la forma en que los arquitectos pueden comunicarse, sin ser filtrados a través de la lente de los juicios de los demás.

ACA

LIBROS

Ecléctico sentido común
Cano Lasso, a monograph

Eduardo Prieto

30 de diciembre 2021
Tomado de arquitecturaviva.com

Algunos arquitectos pretenden construir desde la nada, levantando objetos sobre el cómodo suelo sin atributos de la tabula rasa; otros, por el contrario, prefieren transformar lo que ya existe para hacerlo visible de un modo distinto y fértil. Julio Cano Lasso está, sin duda, entre estos últimos.
La sensibilidad por las preexistencias humanas y naturales explica acaso que Cano —uno de los arquitectos más brillantes del siglo XX en España— no tuviera durante años la fortuna crítica que ahora sopla a su favor. Su modernidad ajena al dogmatismo, hecha de acuerdos con los problemas reales y que incorporó de un modo personal la tradición, no encajaba bien con el rigorismo geométrico de las vanguardias secas, de igual modo que su conservadurismo —por mucho que supiera convivir con la voluntad plástica de ‘ser moderno’— no acababa de sintonizar con los discursos rupturistas que fueron dominantes durante buena parte del tiempo que le tocó vivir.
Es cierto que esta personalidad de Cano, refractaria a los eslóganes y las ‘corrientes’, dificultó el entendimiento correcto de su obra. Pero no lo es menos que, precisamente, el compromiso con las complejidades de lo real —su en el fondo venturiana fobia al puritanismo de los modernos— fue el que acabó dotando a su obra de un interés perenne. Y todo ello pese a — o mejor, debido a— el eclecticismo de Cano, que fue detectado pronto por los críticos y se dio de maneras diversas, complejas y fructíferas.
Se dio, en primer lugar, como un eclecticismo en el que se fundieron el poderoso lenguaje de formas elementales de raíz moderna y la materialidad organicista que si unas veces tuvo que ver con Aalto —al que Cano profesaba la mayor de las admiraciones— otras se explicó por la economía de medios y el tono vernáculo. También se dio como un eclecticismo de los valores, donde el discurso de la racionalidad moderna supo incardinarse en el crisol de la tradición española, que un Cano amante de la historia no se cansó de vindicar. Y finalmente se manifestó como un eclecticismo del estilo, rayano con el manierismo en al menos dos de los sentidos que cabe adjudicar al término: el manierismo en cuanto poética personal, hecha con guiños sofisticados que ponen de manifiesto un gran dominio de la disciplina y su tradición; y el manierismo como capacidad de adaptarse a las demandas de la vida real —paisajes, ciudades, programas, clientes—, es decir, el flexible y paradójico manierismo del sentido común.
Son manierismos que, en el caso de Cano, tienen que ver también con su actitud pintoresquista de trabajar con los escorzos afortunados, los volúmenes cilíndricos, las asimetrías inteligentes, los claroscuros pictóricos, la afinidades atmosféricas, la riqueza de texturas y el diálogo con el paisaje. No extraña que Cano —como el Gropius fascinado por el castillo de Coca— encontrara en las fortalezas castellanas la evidencia de una racionalidad poderosa, monumental y susceptible de fecunda interpretación.
Son muchas las claves de la obra de Cano Lasso. Y para dar cuenta de ellas Inmaculada Maluenda y Enrique Encabo han optado por recurrir a la polisemia del término ‘naturalezas’. El resultado es un volumen exquisito que, al calor del centenario del arquitecto, vierte luz sobre toda una carrera, cuenta con las aportaciones de críticos de renombre, se sostiene visualmente en el diálogo entre la bellísima documentación original y las fotos de Iwan Baan, y por ello puede considerarse la mejor monografía publicada sobre un maestro de la arquitectura ecléctica y humana.

Julio Cano Lasso
Naturalezas

Enrique Encabo/Inmaculada Esteban Maluenda
 
Ministerio de Transportes
 
2021

ACA

LIBROS

Naciones en conflicto
The Geopolitics of Energy

Luis Fernández-Galiano

27 de enero 2022
Tomado de arquitecturaviva.com

La crisis de Ucrania pide luces largas. Esto es precisamente lo que hace Daniel Yergin en The New Map, un libro que lleva como subtítulo ‘Energy, Climate, and the Clash of Nations’, porque el enfrentamiento entre naciones se explica desde sus fundamentos energéticos y climáticos. El país que hoy ocupa las portadas del mundo recibe nada menos que diez entradas en el índice alfabético, y a través de ellas se desgrana su relación con los desafíos geopolíticos actuales, la estrategia rusa tras el colapso de la Unión Soviética, así como su aislamiento político tras la anexión de Crimea, y la forma en que todo ello se vincula con las exportaciones rusas de gas y la modificación del paisaje energético por la revolución del fracking en Estados Unidos. De hecho, la explotación del petróleo de esquisto a través de la fracturación hidráulica es el contenido de su primera parte, donde relata la transformación de Estados Unidos en un exportador neto de energía a través del transporte marítimo de LNG (liquefied natural gas), y el nuevo mapa geopolítico creado por esta técnica.
En secciones sucesivas, el nuevo mapa de Rusia, dibujado por el gran proyecto nacional de Putin que sostienen el petróleo y el gas, el nuevo mapa de China, basado en la cristalización del G2 y extendido mediante la nueva Ruta de la Seda, y los nuevos mapas de Oriente Medio, donde los alineamientos tradicionales se desdibujan como líneas trazadas en la arena, componen las otras tres patas de esta admirable mesa cartográfica que nos permite entender los conflictos y mudanzas del planeta desde su fundamento energético y material. Yergin, un gran experto en temas energéticos que recibió el Pulitzer por The Prize: The Epic Quest for Oil, Money and Power, culmina su relato con una evaluación técnica y política de la transición hacia las fuentes renovables, la metamorfosis de la industria del automóvil, el esfuerzo por desarrollar la captura de carbono y las esperanzas depositadas en el hidrógeno.
El nuevo mapa de la energía dibuja promesas, pero también amenazas, y quizá ninguna tan estratégica como la que se cierne sobre el mar de la China Meridional, al que el libro dedica un apéndice, y donde entran en conflicto la reclamación china de soberanía y el derecho a la libre navegación de los países colindantes: algo singularmente crítico, porque por sus aguas y el estrecho de Malaca circula la mitad del volumen de transporte energético del mundo, con destino a China, pero también a Japón y Corea del Sur. El temor a que una crisis con Taiwán pudiera conducir a un corte estadounidense de ese crítico cordón umbilical —como sucedió inmediatamente antes de Pearl Harbor— hace de esa zona la más caliente del planeta, porque enfrenta directamente a las dos superpotencias. Ucrania le roba hoy los focos, y también aquí las exigencias rusas de un glacis protector se trenzan con las necesidades energéticas de Europa, que pese a la multiplicación de centrales de gasificación para dar servicio a los barcos metaneros se apoya en buena medida en la red de gaseoductos, una circunstancia que ha convertido en un un símbolo el Nord Stream 2, la gran infraestructura terminada pero aún no en servicio que incrementaría la dependencia europea de Rusia. De Ucrania y de Taiwán nos hemos ocupado en diferentes momentos (‘Ucrania en Eurasia’ y ‘Tucídides en Taiwán’, Arquitectura Viva 161 y 237), y ojalá el desenlace de la actual crisis no nos obligue a volver a hacerlo.

The New Map
Energy, Climate and the clash of nations
 
Daniel Yergin
 
Penguin
(Winner of the Pulitzer Prize)
 
2021
 
Idioma: inglés

ACA

VALE LA PENA LEER

Círculos de café
Learning from Vienna

Luis Fernández-Galiano


31 de diciembre 2021
Tomado de arquitecturaviva.com

En los cafés de la Viena finisecular surgieron un centenar de círculos intelectuales. Dos libros recientes documentan la historia de la Escuela Austriaca y el Círculo de Viena, dos representantes ilustres de un crisol burbujeante de ideas cuyas ondas expansivas llegan hasta nuestros días. La ciudad de Otto Wagner, Adolf Loos, Gustav Klimt, Karl Kraus, Gustav Mahler o Sigmund Freud fue también la de los economistas de la Escuela Austriaca, desde Carl Menger hasta Ludwig von Mises, Joseph Schumpeter o Friedrich Hayek, y la de los filósofos del Círculo de Viena, fundado por Moritz Schlick y del que formaron parte Rudolf Carnap, Otto Neurath o Kurt Gödel. Si los economistas promovieron una teoría subjetiva del valor enfrentada al concepto marxista que asociaba el valor al trabajo necesario para producir un bien, los filósofos pusieron las bases del empirismo lógico, defendiendo el pensamiento científico que también subyacía al enfoque de Ludwig Wittgenstein y Karl Popper frente a la metafísica que permea la tradición secular de su disciplina, y que hallaban quintaesenciada en su contemporáneo Martin Heidegger.
El libro de Janek Wasserman, probablemente la mejor historia de la Escuela Austriaca, inicia su relato con los Principios de Economía de Menger, un libro de 1871 que trasladó el énfasis del estudio del estado y la economía nacional a los individuos y sus demandas subjetivas, proponiéndose como un enfoque científico difícil de conciliar con la centralidad de la historia en la dominante Escuela Alemana y en el Austromarxismo. Con su introducción de la utilidad marginal, una revolución en el pensamiento económico coincidente con las aportaciones simultáneas del británico William Stanley Jevons y el francés Léon Walras, esta incipiente Escuela Austriaca llegaría a su momento más dulce en la Viena dorada del cambio de siglo, pero la Gran Guerra acabó con el «mundo de ayer» del Imperio austrohúngaro, y la polarización política posterior dejó poco espacio a los defensores de la democracia liberal y la libre empresa, muchos de los cuales acabaron gravitando hacia el mundo anglosajón. Los líderes entonces de la Escuela Austriaca —Von Mises y Schumpeter — acabarían teniendo gran influencia en Estados Unidos con libros como El gobierno omnipotente del primero o Capitalismo, socialismo y democracia del segundo, y esta presencia se haría caudalosa con Camino de servidumbre, la obra de Von Hayek —galardonado con el Nobel en 1974—que le definió como el mayor crítico de las tesis keynesianas y le colocó junto a Ayn Rand en el santoral de la nueva derecha americana. Pero las bases de esta batalla intelectual se pusieron hace siglo y medio, y es significativo que el recientemente desaparecido Antonio Escohotado situara en la lectura de Menger el estímulo para la redacción de su monumental trilogía Los enemigos del comercio.
Por su parte, David Edmonds narra el ascenso y caída del Círculo de Viena —engendrado como la Escuela Austriaca en el respeto por la ciencia y el debate ideológico en los cenáculos y cafés de la capital del Imperio— bajo la referencia ominosa al asesinato de Schlick en 1936 por un estudiante que había perdido la razón, y que señaló el declive de un movimiento filosófico defensor de la objetividad científica en un entorno político y social crecientemente degradado por la catástrofe económica y el ascenso del fascismo y el antisemitismo. Además del fundador del Círculo, en la dramatis personae del relato aparecen figuras como el pintoresco y radical Neurath, involucrado también en los debates y proyectos urbanísticos de la Viena roja; el muy dotado Carnap, que acabaría trasladando las ideas del positivismo lógico a los Estados Unidos; el genial y frágil Gödel, el más importante lógico del siglo XX y autor de los teoremas de la incompletitud; y el inevitable Wittgenstein, autor del Tractatus que inspiró al círculo, cumbre contradictoria de la filosofía del siglo, y arquitecto también de una casa mítica en su Viena natal: todos ellos desfilan por un volumen de prosa elegante que describe con amenidad el empeño en la claridad y la razón de un grupo de pensadores a los que les tocó vivir en tiempos confusos y dementes. Muchos años después, y en momentos también de trastornos y fracturas, estas historias de economistas y filósofos prueban que aún podemos seguir aprendiendo de Viena.

ACA