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TAL DÍA COMO HOY…
… el 17 de febrero de 1996 aparece en el número 142 de Arquitectura HOY, por tercera ocasión, un importante espacio dedicado a cubrir los resultados del «Concurso para la sede del Conservatorio de Música del estado Carabobo».

El Concurso para la sede del Conservatorio de Música del estado Carabobo, promovido por la Gobernación de dicho estado junto al Colegio de Arquitectos de Venezuela (filial Carabobo), se convirtió en el evento que copó la actividad disciplinar durante la última mitad de 2015, año particularmente movido en cuanto a la realización de llamados de este tipo. Basta recordar que en ese mismo lapso de doce meses la Dirección de Gestión Urbana de la Alcaldía del Municipio Libertador promovió el Concurso para proyectar las Áreas de Acceso al Cementerio General del Sur, El Cementerio, Caracas, adjudicándosele el Primer Premio al arquitecto Doménico Silvestro, y que la Gobernación del Distrito Federal y el Instituto de Patrimonio Cultural auspiciaron el Concurso Patio Jardín / Gobernación del Distrito Federal, Esquina La Torre, Plaza Bolívar, Caracas, ganado por los arquitectos Jorge Rigamonti, Mario Quirós y Alfredo Caraballo.
Así, el jurado integrado por Eduardo Santaella, Juan Pedro Posani, Guillermo Mujica Sevilla, David Gouverneur, Tomás Martínez, Frida Añez Magasrevy, Alfredo Fermín y Elizabeth Canales, decidió otorgar por unanimidad el 9 de diciembre de 2015 el primer premio del Concurso del Conservatorio de Valencia, al equipo conformado por Edwing Otero, Alfredo Sanabria, Juan Luchsinger y Hugo D’Enjoy (OSLD) con la colaboración de María José Sedales y José Guerra. El segundo premio recayó en María Mercedes Boggiero e Iván Niubó y el tercero sobre Manuel Delgado Arteaga con quien colaboraron de José Manuel Da Silva, Henry González, Claudia Medina, Ricardo Pérez y Miguel Ramírez. Además se otorgaron hasta 8 Menciones Honoríficas siendo expuestos todos los trabajos presentados del 10 al 15 de diciembre de 2015 en el Museo de la Cultura de la capital carabobeña.


Quizás por la escasa promoción que tuvo el certamen o quizás por haber sido un año cargado de eventos, lo cierto es que para ser evaluados se entregaron únicamente 29 proyectos apareciendo sus resultados por primera vez en la edición nº 136 de Arquitectura HOY del 16 de diciembre de 2015 con la nota «Valencia entra en tono» a cargo de Carolina Heredia y Enrique Fernández-Shaw. Posteriormente se le brindaría la oportunidad a los ganadores de mostrar su propuesta (una breve descripción y las imágenes más representativas) en el nº 137 del 13 de enero de 2017 cuya información fue recogida por Carolina Heredia en «Entonando el Nuevo Año con la ‘caja de música'», hasta que finalmente Juan Pedro Posani decide saldar bajo el título de “A petición” una deuda crítica que debía como jurado del concurso el 17 de febrero de 2017 en el nº 142 que hoy nos ocupa.
En tal contexto lo primero que destaca Posani es el “altísimo nivel de aportes y contribuciones al diseño que se ha evidenciado en buena parte de los concursantes” ello basado en que, a pesar de la “escasa” participación, “casi la mitad -o tal vez más- de las proposiciones reflejan notable madurez, seguridad de pensamiento y dominio y control del lenguaje formal”. Sin embargo tales bondades, no atadas “a formalismos y formulismos de moda”, en los mejores trabajos lucen “comedidas” o excesivamente sensatas y prudentes extrañando Posani “una cierta carencia de sentido del riesgo que frena los ímpetus del atrevimiento”.
Al entrar a analizar posibles razones para que aparezcan las apreciaciones formuladas, Posani se atreve a atribuirlas en buena parte a “una fuerte asimilación de algunas de las mejores enseñanzas de la arquitectura española contemporánea -cuya información ha tenido y tiene amplia acogida en Venezuela- y que se distingue por la serenidad con que ha absorbido y, en más de un sentido, superado la experiencia moderna (…) sin renegar del pasado, más bien apuntando a él como permanente y amable referencia, pero también sin permanencia enclaustrada en una sumisión carente de actualidad y de sentido activo de la historia”.
Finaliza Posani su aproximación general a los resultados del evento señalando: “… es con gran alegría que se advierte cómo ha crecido y se ha impuesto, en la mayoría de los trabajos, la consideración de la relación con el contexto, bien sea éste cultural, ambiental o simplemente paisajista”, apreciación que se corrobora con toda claridad cuando extraemos de la escueta memoria del proyecto ganador lo siguiente: “La solución se caracteriza por expresar con claridad las dos partes esenciales del programa, en una edificación compuesta por dos volúmenes que cumplen roles diferentes y que se articulan volumétricamente en un conjunto por medio de una plaza cubierta que orienta los accesos a cada una de las partes” o, en palabras de Posani, “… resuelta con gran dominio del tema funcional” lo cual “se evidencia a cabalidad en la diferenciación de los cuerpos volumétricos y en la distribución de sus contenidos programáticos”. Dentro de la misma línea “contextualista” pero alejada de la manera como se expresan los ganadores, Isabel Lasala no duda en calificar la propuesta presentada por su padre, dentro de la categoría “Puro paisaje” en el libro Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto arquitectónico en la obra de Pablo Lasala (2014) donde precisa: “Lasala ofrece paisajes construidos para la contemplación, lugares que no evidencian su programa pero que nos hacen saber que estamos ante algo especial”.
Para quienes quieran detenerse en recrear los comentarios puntuales que Posani ofrece a cada una de las propuestas que resalta en el artículo -lamentablemente truncado por los duendes que suelen aparecer en las imprentas- en el que además de los tres primeros premios incorpora únicamente las menciones otorgadas a Jesús Tenreiro, Pablo Lasala y Francisco Bielsa, siempre les queda la oportunidad de bajar el documento que encabeza esta nota. De resto, reconocer que la celebración de este concurso, aunque terminó de nuevo en frustración por la no realización de la obra, deja el sabor de estar en presencia de un episodio digno de ser repasado, donde se apostó de nuevo al talento nacional y la calidad se hizo presente de múltiples maneras, dejando en nuestras manos un calificado testimonio del momento que atravesaba nuestra arquitectura.
ACA
TAL DÍA COMO HOY…
… el 11 de noviembre de 1995 aparece el número 128 de Arquitectura HOY, todo un abanico de posibilidades para calibrar lo que ocurría en ese momento en el ambiente cultural y arquitectónico del país.

Cinco son las noticias recogidas en este ejemplar del semanario que apareció como encartado en el diario Economía HOY entre 1993 y 2000: cuatro de ellas a modo de reseñas y la otra como detonante de una reflexión crítica.
La primera corresponde a la realización los días 13 y 14 de noviembre en el Ateneo de Caracas, con motivo de la celebración de los 20 años de Fundarte (siendo Tulio Hernández su presidente en ese momento), de un seminario titulado “La gestión cultural de las ciudades”, cuyo interesante temario permitió abrir un debate por demás necesario y a Hernández canalizar una línea de trabajo permanente que lo distingue hoy en día como una autoridad en la materia. Algunos de los asuntos tratados fueron: La ciudad y la cultura: el espíritu urbano en la creación de Fundarte; Ciudad, municipio y gestión urbana: la experiencia pionera de la Fundación Cultural José Ángel Lamas; El proyecto del Museo de la Ciudad de Caracas; La gestión de los cascos históricos de la ciudades: la experiencia de Ciudad Bolívar; Patrimonio intangible, memoria cultural del Municipio; Caracas: una ciudad sin historia o una historia mal contada; y El papel de la cultura en los planes estratégicos de las ciudades: Caracas, una visión hasta el 2001.
Como testimonio de que el tema del diseño industrial continuaba teniendo relevancia en el país y en particular para quienes conducían Arquitectura HOY (a lo largo del año y de forma puntual el tema es abordado por Ignacio Urbina Polo a través del texto “Diseño de vehículos” -27/05/95- y por Juan Pedro Posani en “La astucia de los objetos” -03/06/95-), y como parte de una febril actividad divulgativa a nivel internacional, se cubre la apertura de la importante muestra titulada “Detrás de las cosas. Diseño industrial en Venezuela”, inaugurada el 12 de noviembre de 1995 en el Centro de Arte la Estancia, la cual se mantendrá abierta hasta el 01-03-96. De la reseña publicada se rescata: “…se expone a un conjunto de productos diseñados y producidos en el país durante los últimos diez años, instalándose en la cotidianidad del venezolano. Del amplio espectro de temas que componen el diseño industrial, la selección que se ha realizado busca un primer acercamiento a la actividad del público con productos de uso cotidiano y de fácil identificación. (…) El hecho que Venezuela haya creado en el Centro de Arte La Estancia un núcleo de información y divulgación del diseño constituye un paso de singular importancia porque tiene alcances latinoamericanos (…) … se trata de estimular la producción industrial en Venezuela cualificando su oferta y, a la vez, generar una demanda también cualificada del público, alentando expectativas futuras de la sociedad venezolana fundada en el trabajo creativo”.
En tercer lugar, cerrando la cobertura que a lo largo de 3 entregas anteriores (09-09, 16-09 y 14-10) se le dio a su desarrollo como noticia, se muestra, acompañada de dos expresivas imágenes de la propuesta ganadora, el resultado final del Concurso Nacional de Ideas Áreas de acceso al Cementerio General del Sur -Caracas-, promovido por la Dirección de Gestión Urbana de la Alcaldía del Municipio Libertador, cuyo vencedor fue Doménico Silvestro. El jurado (integrado por Francisco Sesto, Lucas Pou, Sara Márquez, Tulio Hernández y Rosa Stredell) otorgó además tres Menciones Honoríficas que recayeron una en el planteamiento hecho por Roberto Castillo, la segunda sobre el equipo conformado por María José Sedales, Juan Luchsinger y Hugo D’Enjoy y la tercera en la pareja constituida por Alessandro Famiglietti y Ángela Rodríguez. De la idea ganadora se destacó “su comprensión de la globalidad del problema” y su “claridad y fuerza al tiempo que sintetiza la escala monumental y la doméstica en una solución muy atractiva estrechamente ligada al lugar”.
Como parte del seguimiento dado por Arquitectura HOY a la exposición “Tomás Sanabria. Arquitecto. Aproximación a su obra” montada en la Galería de Arte Nacional (GAN) entre el 10 de septiembre y el 19 de noviembre de 1995, pero en este caso como punto de partida de la aparición de una columna que sostuvo durante más de dos años con periodicidad quincenal, Azier Calvo se refiere a la muestra en su texto “Otra manera de leer los años 50”, década en la que Sanabria y su arquitectura jugaron, junto a otros protagonistas, un papel relevante en la conformación de una identidad arquitectónica venezolana otra basada en la manera como se asumía la dupla tradición-modernidad. La columna de Calvo titulada “En clave” apareció tres veces el año 95, 21 a lo largo de 1996 y 18 durante el 97, registrándose su última salida (del total de 42 entregas) el 12-12-97. Durante este lapso este espacio se reveló como clara demostración de la capacidad de relevo y renovación que caracterizó el funcionamiento del semanario y apuntaló en buena parte el interés en desarrollar un pensamiento crítico signado por temas tales como el valor de la arquitectura venezolana de los años 50 como soporte para construir una nueva noción de identidad, la relación entre proyectar e investigar en la actividad del arquitecto como eje en la estructuración de un programa de postgrado en diseño en la FAU UCV, la docencia de la arquitectura, la reseña de libros, el análisis de obras y los más variados temas de actualidad nacional e internacional.
Finalmente, en el número de Arquitectura HOY que nos ocupa, se anuncia la realización entre el 20 y el 23 de noviembre de un seminario vinculado a la exposición “Un lugar, cuatro arquitectos. Botta, Galfetti, Snozzi, Vacchini en el Ticino”, abierta durante ese mismo mes y hasta febrero en el Museo de Bellas Artes, donde se contaría con la presencia en Caracas de los cuatro reconocidos arquitectos suizos quienes dictaron cada uno una conferencia. “Las moradas de la memoria”, “Los lugares de lo Moderno”, “La Ciudad del Arquitecto” y “Arquitectura, Poesía y Pensamiento”, fueron los sugerentes títulos escogidos para la ocasión. El evento se constituyó en el broche de oro de un año lleno de relevantes muestras donde “Arquitectos y obras. Manuel Delgado, Enrique Larrañaga, Pablo Lasala, Fernando Lugo, Joel Sanz, Doménico Silvestro, Jorge Rigamonti y Jesús Tenreiro” (reposición de la montada en julio-agosto del 94 en el Centro Cultural Consolidado por la Universidad José María Vargas, esta vez traída a los espacios expositivos de la FAU UCV del 13 al 29 de octubre del 95) se sumaría a las ya mencionadas dedicadas a Tomás Sanabria y al diseño industrial en Venezuela. Aunque lo pudimos haber hecho al comienzo de esta nota, invitamos ahora al lector a realizar un sencillo ejercicio comparativo del número y calidad de las actividades que acontecían en aquel noviembre de 1995 (año que muchos ya señalaban como parte de una crisis estructural de país) con lo que hoy protagoniza nuestro desvencijado mundo cultural.
ACA


