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¿SABÍA USTED…
…que en 1990 se termina la construcción del Edificio de oficinas para la Fosforera Venezolana diseñado por la arquitecto Hélène de Garay?

Cuando desde mediados de la década de 1980 el arquitecto, crítico y cronista urbano William Niño Araque (1953-2010) empieza a escribir sobre arquitectura en el diario El Nacional e interviene desde la Galería de Arte Nacional en la curaduría de exposiciones que comienzan a promover la arquitectura venezolana (para las cuales elaborará los textos de los catálogos), da inicio a la construcción paulatina de un discurso que, arropado por los aires provenientes de la posmodernidad, busca alejarse de la carga ideológica que signó la crítica arquitectónica nacional en décadas anteriores, con el afán de realzar «la excelente y variada calidad de nuestra producción arquitectónica» producida de 1970 en adelante, señalando con insistencia nombres y obras que le permitirán dar cuerpo a la premisa de que los buenos arquitectos serán siempre más importantes que la buena arquitectura.
Desde los artículos de prensa y los textos de los catálogos de las exposiciones, tomados como gimnasia para estructurar una gramática acompañada de un vocabulario absolutamente personal y a la vez ecléctico, Niño Araque se da a la tarea de darle cuerpo a una disertación optimista, exagerada y seductora, difusa y ambigua, llena de redundancias poéticas, donde si algo se hace notoria es su capacidad de emocionarse ante edificios que, a su juicio, trasluzcan su «caribeñidad» y «tropicalidad», dos categorías que va puliendo poco a poco con la finalidad de demostrar la existencia de una «posible» Escuela de Caracas, labor de la que fue pionero.

Con atisbos que irá asomando en sus escritos semanales, cuatro son los ensayos en los que Niño Araque plasmará sus ideas al respecto y en los va perfeccionando sus planteamientos: «La Arquitectura como arte», que encabezará el catálogo de la exposición Los Signos Habitables. Tendencias de la arquitectura venezolana contemporánea (1985); «La ciudad recobrada», preparado para el catálogo de la VIII Bienal Nacional de Arquitectura. La arquitectura del lugar (1987); «La Escuela de Caracas. Reflexiones breves para una primera aproximación a la Arquitectura Contemporánea Venezolana», publicado en la revista Estilo, año 3, nº 12 (1992); y «La Escuela de Caracas. Apuntes para un acercamiento a la arquitectura contemporánea venezolana», que aparecerá en la publicación editada por la Fundación Museo de Arquitectura para el VI Seminario de Arquitectura Latinoamericana. Nuestra arquitectura reciente: Conceptos y realizaciones (1993). En los dos últimos será que nos apoyaremos y extraeremos la mayor parte de las citas que acompañarán esta nota.

La sugerente propuesta que acompaña la conformación a partir de los años 70 de una «posible» Escuela de Caracas surge de la asimilación y combinación por parte de Niño Araque de varias ideas y premisas: el «neovanguardismo» desarrollado por Helio Piñón a comienzos de los 80; la presencia de dos polos claros en la evolución de la arquitectura moderna venezolana: el abstracto (representado por la arquitectura internacional o desarrollista que se da en los 50) y el figurativo (representado por la arquitectura «populista» del mismo período); el rechazo a toda clase de planteamiento ideológico; la conformación de una teoría procedente del examen de soluciones concretas a problemas concretos, consecuencia del convencimiento de la autonomía disciplinar; el importante peso que lo expresivo y lo formal tienen definitivamente en la arquitectura; el rol jugado por las condiciones ambientales y paisajísticas de la ciudad de Caracas como detonante en la concreción de una determinada actitud hacia el lugar; y la convivencia bajo un mismo techo de respuestas muchas veces disímiles, es decir, la no necesaria coherencia que conlleva normalmente la conformación de una «escuela».
En tal sentido, Niño Araque, tratando de evitar posibles confusiones, afirmará en algún momento: “El término ‘Escuela de Caracas’ no está propuesto como una manera conciliada de hacer arquitectura, ni como una tendencia, ni como un manifiesto. Se propone como una intención que abarca las múltiples visiones enraizadas con el lugar».
De esta manera, la «posible» Escuela de Caracas establecería su compromiso, ya no tanto con la tradición abstracta de la arquitectura moderna, sino con una simbología más figurativa, ya no con la simple eficiencia, funcionamiento y racionalidad constructiva sino «con el novedoso sentido que hoy adquiere la lógica de la historia, interpretada esta vez desde la perspectiva de la geografía tropical y caribeña». Niño Araque parece detectar que «el enfrentamiento esencial de la experiencia arquitectónica venezolana contemporánea no parece centrarse en la antigua relación forma-función de los cincuenta, ni en la forma-eficiencia tecnológica de los años sesenta, sino en la renovada visión forma-figura-lugar».
Pues bien, dentro de ese marco, Niño Araque abre paso a lo que denomina «éticas tendenciales de actuación» en las que prácticamente todo entra, incluso su propia construcción. De tal manera, clasifica la arquitectura de los 80 y 90 venezolana en cuatro «éticas» a las que se afilian numerosos arquitectos y obras: «1) El espacio urbano y su memoria como escenario para la intervención; 2) La atmósfera del espacio interno como fundamento de una estética figurativa; 3) Eclecticismo, historicismo y postmodernidad (la apariencia del pasado); 4) La arquitectura como idea».

Es a la segunda de dichas “éticas”, que destaca por ser la manifestación más clara de lo esencial de sus planteamientos, a la que Niño Araque adscribe los siguientes arquitectos y obras: Jimmy Alcock con La Rivereña y la casa Bottome; Oscar Tenreiro y Francisco Sesto con las casas Furió; Felipe Delmont con la casa La Comarca; Federico Vegas con las casas Varela Nuñez y Puppio Vegas; Gorka Dorronsoro y Julio Riquezes con la Escuela de Metalurgia de la UCV; Hélène de Garay con el edificio de la Fosforera Venezolana; Jesús Tenreiro con el Monasterio Benedictino en Güigüe; Edmundo y Oscar Díquez, Oscar González y José Alberto Rivas con el edificio Atrium; y Julio Maragall y Miguel Carpio con el edificio residencial Villa Bermeja.
La manera particular como el edificio sede de la Fosforera Venezolana encarna para Niño Araque “La atmósfera del espacio interno como fundamento de una estética figurativa”, puede observarse en “la distancia simbólica entre el paisaje urbano (concreto, abstracto y contaminado) y el paisaje redefinido y figurativo en el interior de sus límites”, característico de la arquitectura de Hélène de Garay quien manifiesta “a lo largo de sus edificios la idea del espacio resguardado como marca de tropicalidad”.


En la Fosforera Venezolana, según Niño Araque, “el filtro, como tema, adquiere la función de demarcar una ruptura entre dos zonas o espacios de naturaleza diferente. De un lado está el mundo sensible, la naturaleza externa y tangible, la manifestación de la luz. Del otro lado está el mundo interior y trascendente, se trata de dos cosas de una misma realidad, lo profano y lo sagrado en un edificio”. Y continúa diciendo: “en su interior (el edificio) estructura una red tensional de clima y luz, debido a sus continuas visuales volcadas a su interioridad. (…) La pantalla o membrana curva es un elemento que carga de sutiles y diversas expresiones su clima interno, dejando pasar la luz de una manera selectiva y contrastada. La luz filtrada por el poderoso ‘mural de sombra’ (sin duda, uno de los episodios más sutiles y hermosos de la arquitectura contemporánea) densifica el patio de una renovada temperatura y silenciosa plasticidad, impregnando su espacio de una sedada y tranquila atmósfera de apariencia flotante”.

De manera más clara y directa, la propia Hélène explica cómo “el contexto determinó ciertas directrices del diseño. El edificio no se integra al entorno degradado, por el contrario, toma conciencia del clima y el lugar, valorizando toda su intención arquitectónica hacia su interior, el mundo interior de la edificación donde habita el hombre, allí donde se juega con la transparencia conceptual y literal y con las penumbras acentuadas por las membranas caladas con las cuales se logra un juego de luces, sombras y visuales que contribuyen a develar los espacios y permiten vivir los cambios complejos del día a la noche, así como favorecen una perfecta ventilación natural en las áreas de usos comunes de la edificación, elementos primordiales en un clima templado”.


Compositivamente “el edificio está constituido por un esquema absolutamente geométrico, una serie de muros conforman dos cubos perfectos, unidos por un espacio central generador de las actividades comunes. El primer cubo en la fachada principal se quiebra, se pliega y penetra hacia su interior conformando un hall de entrada a cuatro alturas, creando una visual interna que con el ritmo de los volúmenes, guía al visitante en su recorrido hasta el espacio central donde el edificio vuelca sus actividades comunes y hacia el cual viven las oficinas. Este patio se eleva a través de las cinco plantas de la edificación rematando con una cubierta transparente. Está sembrado con vegetación tropical y ventila naturalmente a través del muro de bloques huecos, a manera de piel permeable y transparente. Las fachadas están diseñadas con doble piel y están provistas de pantallas de concreto para la protección solar. Se han previsto jardines con vegetación abundante para tamizar las visuales hacia el contexto deteriorado. Es un edificio hecho para el hombre, para mejorar su calidad de vida y hacer más gratas sus largas jornadas de trabajo”.


Ubicado en la Calle Real de Antímano, Antímano, Municipio Libertador, proyectado en 1988 y finalizado en 1990, en el diseño del edificio sede de la Fosforera Venezolana (o Centro Fosforera) Hélène de Garay contó con la colaboración de los arquitectos Isabel Vilar, Sofia Piñeiro y David Gabay. Los cálculos estructurales fueron elaborados por el ingeniero Julio Javier Hernández, las instalaciones sanitarias estuvieron a cargo del ingeniero Andrés Amelinckx mientras que las instalaciones contra incendio fueron responsabilidad del arquitecto Miguel Sureda.
La supervisión de la obra fue realizada por la arquitecta Hélène de Garay y los ingenieros Javier Axune y Jorge Nebreda.
Reconocido por su autora como la obra que le ha traído mayores satisfacciones, el edificio ha aparecido publicado más de 7 veces en diferentes libros y revistas de arquitectura, fue presentado en la VII Bienal de Arquitectura de Quito realizada en el año 1990 obteniendo el Primer Premio Internacional (Gran Premio BAQ ’90) entre más de 300 trabajos presentados que representaron a 17 países del continente.
Actualmente el que fuera sede de la Fosforera Venezolana aloja a la Universidad Politécnica Territorial de Caracas “Mariscal Sucre” (UPTECMS).
Nota
Hélène Lluch Cebrián nació en Toulouse (Francia) durante la II Guerra. Es la hija menor de Enrique Lluch de Mons y Lucy Cebrián quienes tuvieron que huir de España en 1939. Emigra de Francia a Venezuela con su familia a comienzos de los años 1950 donde se residencia definitivamente. Casada en Caracas con el constructor vasco Mikel Garay a mediados de los años 1960 (relación que duró 29 años y de la que nacieron dos hijos varones), egresa de arquitecto en la FAU UCV en 1967.

En el resumen curricular publicado en el libro Hélène de Garay. Vida y arquitectura de Jeannette Díaz (2009) se puede observar que tiene como primer proyecto reconocido el Centro Comercial Los Molinos, San Martín, ganado a través de un concurso privado (1975-1979). Le siguen, entre otros, el edificio industrial y de servicios Catabia, La Urbina (1986) -Mención Premio Metropolitano de Arquitectura en la VII Bienal de Arquitectura 1987-; el edificio de oficinas Fosforera Venezolana, Antímano (1990) -Primer Premio Internacional de la VII Bienal de Arquitectura de Quito, Ecuador, 1990-; el edificio de oficinas Torre KPMG, avenida Francisco de Miranda (1993); el edificio PDVSA Sur, avenida Libertador (1994); y el Palacio de Justicia de Barcelona, estado Anzoátegui (1998), a los que se suman casi treinta edificios de vivienda multifamiliar realizados entre 1976 y la actualidad ubicados casi en su totalidad en Caracas y el Litoral Central.
También destaca el haber participado como Directora fundadora en la creación de la Fundación Museo de Arquitectura en 1988.
Para Niño Araque, a lo largo de su trayectoria profesional Hélène “ha ampliado desde la actividad profesional, una investigación arquitectónica orientada al perfeccionamiento de tipologías de vivienda multifamiliar y de oficina. Su arquitectura nace de la necesidad de tropicalizar el edificio a partir del estudio del acondicionamiento de su atmósfera interna.

De esta insistencia, fundamentalmente plástica y constructiva a la vez. ha retomado para la arquitectura venezolana el tema de la membrana y el muro calado como fuente para una arquitectura del lugar. (…) Su arquitectura se debate entre el enfrentamiento de dos enfoques espaciales; el primero es producto de una concepción arquitectónica en el que los procedimientos de diseño nacen de una racionalidad constructiva, el segundo es producto de la búsqueda de un sentido de calidad estética capaz de trascender la moda, sin desligarse de la historia del contexto”.
ACA
Procedencia de las imágenes
1. Caracas del valle al mar (https://guiaccs.com/obras/fosforera-nacional/)
2, 3 y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
5. Revista Projeto (revistaprojeto.com.br/acervo/helene-de-garay-edificio-fosforera-venezolana-caracas-venezuela/); y IX Bienal Nacional de Arquitectura La arquitectura venezolana de fin de siglo. 1987-1998. Proyectos invitados. p.17
6. arquitecturavzl. Edificio Fosforera Venezolana (https://www.instagram.com/arquitecturavzl/p/C6Hmau-pSJE/?img_index=4) ; y entrerayas (https://entrerayas.com/helene-de-garay/)
7. arquitecturavzl. Edificio Fosforera Venezolana (https://www.instagram.com/arquitecturavzl/p/C6Hmau-pSJE/?img_index=5) ; y Caracas del valle al mar (https://guiaccs.com/obras/fosforera-nacional/)
8. arquitecturavzl. Edificio Fosforera Venezolana (https://www.instagram.com/arquitecturavzl/p/C6Hmau-pSJE/?img_index=2) y (https://www.instagram.com/arquitecturavzl/p/C6Hmau-pSJE/?img_index=3)
9. Capturas de Google Earth.
10 y 11. entrerayas (https://entrerayas.com/helene-de-garay/)
12. C.A.V. Revista del Colegio de Arquitectos de Venezuela, nº 49, año 2, abril 1986.
CONTACTO FAC 399
¿SABÍA USTED…
… que en 1954 se inaugura y pone en servicio el Puente Nueva República (Pagüita) que une la Av. Sucre con la Plaza O’Leary de El Silencio?

Cuando en el año 1952 se concluye la construcción del tercer tramo de la avenida Sucre, o en otras palabras, el trecho comprendido entre Tinajitas y la antigua placita Diego de Losada, la noticia es recogida en el diario El Universal el 24 de noviembre señalando que “…las obras inauguradas ayer” son “un paso decisivo para la cómoda circulación de los vehículos desde el centro hacia Catia y demás barrios del Oeste”.
Sin embargo, la misma nota de prensa señala lo siguiente: “Para que la Avenida cumpla a cabalidad su función primordial de vialidad, es necesario proceder de inmediato a construir el empalme con la Avenida Este y con las Avenidas Bolívar y San Martín, a través de la Plaza Urdaneta, estando para esta fecha completamente terminados los estudios y proyectos correspondientes. (…) Si se realizase el proyecto aprobado por la Comisión Nacional de Urbanismo quedarían enlazadas en forma racional aquellas arterias de tránsito y tendría Caracas una entrada cónsona con su importancia. (…) Estas obras están programadas por el Gobierno para ser ejecutadas el próximo año”.

El empalme al que se refiere la información no es otro que el correspondiente a la construcción de puente Nueva República, diseñado y calculado en 1951 por el ingeniero italiano Riccardo Morandi (1902-1989), cuyas obras ya se habían iniciado para ser finalizadas en 1954 por la firma venezolana Precomprimido, C.A., integrada por los ingenieros Juan F. Otaola Paván (1920-2000) y Oscar Benedetti Pietri (1926-2013).


La elegante estructura, que bien puede ser calificada de viaducto, de acuerdo a las “Generalidades” que encabezan el artículo “Puente Nueva República. Caracas” publicado por Morandi en Informes de la Construcción Vol. 10, nº 96, diciembre de 1957, “salva una rambla que colecta las aguas pluviales y, además, ha de dejar un paso inferior para una avenida; también se ha previsto un segundo paso inferior.

El texto, que consideramos ofrece una claridad meridiana para comprender a plenitud las características técnicas y constructivas de la obra, continúa así: “El puente es de hormigón armado y pretensado en parte, constituido por tres tramos, dos laterales en pórtico y uno central principal, en arco muy rebajado, de 90 m de luz y 7.65 de flecha. El eje del puente está en esviaje respecto al de la avenida del paso inferior, entre los cuales se forma un ángulo de 61º. El arco central está formado por nervios individuales, de sección celular, los cuales se extienden más allá de los estribos para tomar una forma particular.


El tablero del puente, de 28 m de anchura, se ha subdividido en dos bandas de circulación de 9.25 m de anchura cada una, entre las cuales se ha dejado un macizo de 1.50 m. Los andenes para peatones tienen 3 m de ancho, y la pendiente de as calzadas es de 1.5%. Los accesos al puente se han protegido con muros de acompañamiento de hormigón armado”.

El artículo de Morandi, que creemos no tiene desperdicio por lo bien descrito que se encuentra todo el proceso de diseño, cálculo y posterior construcción del todo y las partes que conforman el viaducto, se pasea por la razón de ser, detalles y dimensiones de: los cimientos, los tramos laterales, el arco del tramo central, tablero, la estabilidad de la obra, los tramos laterales aporticados, los muros transversales de los tramos aporticados, el arco y la construcción, dejando claro que se trata de una trabajo de avanzada dentro de su género, equiparable, salvando las distancias, a los viaductos diseñados por Eugène Freyssinet y construidos por la empresa francesa Campenon Bernard para la autopista Caracas-La Guaira, inaugurada por todo lo alto en diciembre de 1953.

Enmarcada dentro de las 9 obras imprescindibles dentro de las 19 contempladas por el Plan Municipal de Vialidad de 1951 y, junto a las avenidas Simón Bolivar y Atlántico, parte del sistema nordeste previsto dentro del Plan Regulador de Caracas de aquel mismo año, el tercer tramo de la avenida Sucre se complementó finalmente entre 1953 y 1954 con el enlace en Catia con la autopista Caracas-La Guaira hacia la avenida San Martín, el enlace con la avenida Urdaneta, la rectificación del radio de entrada al viaducto de Pagüita y el enlace con la plaza Urdaneta (O’Leary) en El Silencio, estando estos dos últimos asuntos vinculados a la realización del puente Nueva República.


Tras el exitoso resultado obtenido en el diseño y ejecución del viaducto, registrado como una de los primeros trabajos de envergadura del ingeniero italiano, la dupla Riccardo Morandi-Precomprimido C.A. seguirá trabajando en equipo. Así, junto a la empresa Julius Berger A.G. de Wiesbaden, Alemania, participaron en 1956 y 1957 en los dos concursos para el diseño del puente General Rafael Urdaneta de Maracaibo convocados por el Ministerio de Obras Públicas, de los cuales sería seleccionada la propuesta presentada por la tripleta que resultaría en la construcción de una de las obras de ingeniería más importantes en la historia del país. Ello le valió a Morandi el alcanzar fama mundial a la que se sumó un resonante descrédito post mortem luego de que, habiendo empleado en 1967 un sistema similar al utilizado en el Puente Sobre el Lago, se desplomara en agosto de 2018 el viaducto Polcevera de la autopista A10, también conocido como puente Morandi o ponte delle Condotte, que atravesaba el arroyo Polcevera, al oeste de Génova.

Por su parte, Precomprimido, C.A., fundada en 1951 por Otaola y Benedetti, es recordada por su importante intervención, entre otras, en el cálculo y construcción de la Torre del Reloj (1953), las Conchas para Transformadores (1954) y los Pasillos Cubiertos (1954) de la Ciudad Universitaria de Caracas de Carlos Raúl Villanueva y, luego, del Teatro del Este, en la Plaza Venezuela (Vegas & Galia, 1955), donde colabora también Riccardo Morandi. La lista completa de sus participaciones en la construcción civil venezolana puede ser consultada en https://www.venciclopedia.org/index.php/Precomprimido_C.A.
ACA
Procedencia de las imágenes
1, 3, 4 y 5. Riccardo Morandi. “Puente Nueva República. Caracas”, Informes de la Construcción Vol. 10, nº 96, diciembre de 1957 (https://informesdelaconstruccion.revistas.csic.es/index.php/informesdelaconstruccion/article/view/5634)
2. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad; Juan C. Quiñones (@jcq_decovenzia) (https://www.instagram.com/jcq_decovenezia/p/CdrNiG9PH58/?img_index=6); y José E. Arnó Ortega (https://www.pinterest.com/pin/384917099385620584/)
6. Juan C. Quiñones (@jcq_decovenzia) (https://www.instagram.com/jcq_decovenezia/p/CdrNiG9PH58/?img_index=1)
7. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.
8. La Caracas Inolvidable !!!! (https://www.facebook.com/groups/586879391415561/permalink/2138073582962793/?_rdr); y Víctor Hugo Rodríguez (https://www.pinterest.com/pin/211809988718544310/)
9. Puente Morandi (Toscana). Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Puente_Morandi_(Toscana)); y Riccardo Morandi. Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Riccardo_Morandi)
10. Patrimonio CUC. La Torre del Reloj (https://patrimoniocuc.wordpress.com/2010/03/20/la-torre-del-reloj/); Nancy Dembo, La tectónica en la obra de Carlos Raúl Villanueva: Aproximación en tres tiempos, 2006; y Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani. Caracas a través de su arquitectura, 1969.
CONTACTO FAC 398
¿SABÍA USTED…
… que en julio de 1983 se completa la restauración y el cambio de uso del antiguo Ministerio de Educación, ubicado en la esquina El Conde, Caracas?

Cuando el elegante edificio que hoy ocupa el noreste de la esquina de El Conde en el casco central de Caracas fue proyectado y calculado por los ingenieros Guillermo Salas y Armando Vegas en 1934, decretándose su construcción ese mismo año, tenía por destino ser el Palacio de Agricultura, sede del Ministerio de Salubridad y Agricultura y Cría del gobierno de Juan Vicente Gómez.

El inicio de las obras que abarcaron de 1935 a 1938 tuvo varias implicaciones y debió atravesar algunas vicisitudes. La primera fue la demolición de la casona colonial del Conde de San Javier que hasta entonces había ocupado el terreno donde la edificación se levantaría. La segunda fue el fallecimiento en diciembre de 1935 del “Benemérito”, el fin de su cruenta dictadura y la llegada al poder del general Eleazar López Contreras en 1936. Y la tercera fue la decisión tomada por el gobierno entrante en cuanto al destino que debía acompañar al inmueble.

Sobre la decisión de echar abajo la que fuera considerada una de las casas con mayor abolengo de cuantas ocupaban el cuadrilátero histórico de la capital venezolana, pocas informaciones se tienen en cuanto a posibles reacciones a lo que hoy sería considerado como una grave afrenta al patrimonio edificado. El comentario cobra sentido si se tiene en cuenta de que, más allá de la condición nobiliaria de su propietario original, Don Antonio Pacheco, Conde de San Javier, rico hacendado dueño de las mejores vegas de café y cacao, quien construyó una de las pocas viviendas de dos plantas del centro en 1736, allí se instaló la Junta Suprema de Caracas Conservadora de los Derechos de Fernando VII, el 20 de abril de 1810 y, en 1811, se congregaron en sus salones los Diputados del Primer Congreso de Venezuela, dos hechos si se quiere antagónicos desde el punto de vista político, pero de indudable trascendencia en el devenir independentista venezolano.
Sin embargo, todo ese importante bagaje se fue diluyendo y obviando en el tiempo. La propiedad pareciera que cambió de manos y también de uso hasta el punto de que allí funcionó la “Imprenta Nacional”, luego «El Eco Venezolano» y por último «El Nuevo Diario», órgano de la dictadura gomecista, lo cual habla por sí solo de su inexorable destino que culminaría con la demolición aprobada por decreto en 1934.

El que en medio de su construcción iniciada en 1935 el novedoso edificio ministerial se viese envuelto en la transición entre la muerte de Gómez y la llegada de López Contreras, no deja de tener una importancia simbólica en lo que se refiere a su destino inicial y posterior. Para nadie es un secreto el estancamiento y bajo nivel en el que cayó la educación a nivel nacional durante los 27 años que duró la dictadura gomecista. También es sabido el decidido impulso dado a la reactivación educativa y cultural del país por López Contreras a partir de 1936. De allí que nada mejor que designar lo que ya se percibía como un noble, moderno y elegante edificio como sede del Ministerio de Educación Nacional, punta de lanza de una de las principales líneas políticas emprendidas por el gobierno lopecista e impulsar su terminación en 1938, convirtiéndose, además, dada su escala, en uno de los hitos del inicio de la modernización de la ciudad y en el Palacio de Educación Nacional.

Guillermo Salas, su proyectista, dotó a la edificación de cuatro pisos de altura de un indudable sello institucional, provisto de una contundente volumetría en la que predomina la línea recta y la ausencia de elementos decorativos, que acompañó con el sobrio manejo del estilo en boga: el art déco. Concebida como una totalidad arquitectónica, en la obra se dieron cita avances tecnológicos importantes e insospechados para época (estructura en concreto armado, sistema de aire acondicionado central y el primer ascensor de la ciudad), que refuerzan su cuidadoso planteamiento formal y espacial.

Beatriz Meza Suinaga en la nota que acompaña la obra, publicada en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), precisará lo siguiente: “El edificio de planta cuadrada y dos ejes compositivos cuenta con un notable espacio central de acceso con triple altura, cubierto por un lucernario con vitrales coloreados similares a los situados detrás de escalera principal y el ascensor. Marquetería, mármoles, bajorrelieves y altorrelieves del escultor Lorenzo González (1877-1948) se distribuyen en interiores y exteriores, ricos en referencias Art Déco tanto en la combinación de materiales, colores y la simplificación esquemática como en la geometrización, las formas angulares y los escalonamientos de las fachadas”.

Cabría añadir que a la aparente pesadez exterior que muestra el edificio, producto de la preponderancia del lleno sobre el vacío, se contraponen la ligereza y verticalidad que le imprimen tanto las aberturas como los paños que modulan la envolvente. La sensación de estar ante una gran pieza cúbica de piedra blanca esculpida, adaptada adecuadamente a la geometría del lugar en el que se encuentra colaboran a realzar su presencia y a reforzar la definición de la esquina.

Por otro lado, el manejo de los dos ejes compositivos que denota la planta permite ver como el principal (sentido este-oeste), que va del acceso al núcleo de circulación vertical, se ve realzado gracias a la escogencia de mármol blanco como material de recubrimiento y por la posibilidad de apreciar la presencia de la luz natural procedente del lucernario que cubre el espacio central. El eje secundario (norte-sur), perpendicular al anterior, relaciona los espacios de mayor área ubicados al sur con los de apoyo situados al norte, que incluyen la presencia de un pequeño y agradable patio.

Tal vez ningún aspecto del edificio es más fascinante que la presencia en cada detalle o elemento que lo compone, de la mano de un artesano o artista perfectamente coordinados en pro de un espíritu de totalidad acorde con el gusto de la época. Los vitrales (uno que cubre el espacio central y otro que cierra la cara este de la escalera), proveen a la luminosidad reinante de un moderado colorido. Los bajo y altorrelieves utilizados como motivo de remate en el encuentro de techos y paredes, el diseño de los pisos (tanto los de madera como los de mármol), las puertas, las ventanas y la herrería reafirman al edificio como una de las más importantes muestras de art déco de Caracas.
La calidad del edificio diseñado por Salas en la esquina de El Conde es tal vez la responsable del olvido en que cayó la antigua edificación que ocupó el solar por más de 200 años, por lo que se puede decir que el histórico lugar, a diferencia de otros muchos, se dignificó. Así, tras 41 años de ser ocupado por el Ministerio de Educación y una vez construida para éste una nueva sede, el inmueble es destinado, luego de ser decretado en enero de 1980 como Monumento Histórico Nacional, a albergar otro uso de similar nobleza: el de la Biblioteca Pública Central de Caracas, cabeza de la red metropolitana dentro del proceso de institucionalización del Sistema Nacional de Bibliotecas e Información de Venezuela llevado a cabo entre 1974 y 1998 liderizado por Virginia Betancourt desde el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional.

El proyecto de restauración y remodelación que llevaba implícito un importante cambio de uso, ejecutado entre julio de 1981 y diciembre de 1983, estuvo a cargo del arquitecto Lesmes Castañeda. Al momento de su reapertura se le daría por nombre Biblioteca Metropolitana Simón Rodríguez.
Castañeda lleva a cabo un cuidadoso y respetuoso trabajo producto de un sensible estudio y análisis de la obra, que no deja de mostrar que se trata de una intervención acorde al tiempo que transcurre entablando un necesario diálogo sin necesidad de hacer concesiones formales al pasado. Ello conllevó a tomar medidas de acondicionamiento espacial y ambiental dirigidas a sus dos principales objetivos: los libros y los usuarios.
La incorporación visual del sistema de aire acondicionado a los ambientes que lo requieren, a través de un plafón resuelto con una malla metálica tridimensional que sostiene las luminarias, se utiliza como recurso que adicionalmente permite el reconocimiento del trabajo en yeso, presente en el techo original. Así mismo, el mobiliario y la dotación en general establecen un adecuado contrapunto con el resto de los elementos que constituyen el equipamiento, originándose, conjuntamente con la edificación, una relación de armonía por contraste.

El estupendo trabajo que en su momento creó una verdadera sinergia entre el arquitecto restaurador y la obra restaurada, devolvió a la ciudadanía una hermosa edificación que ha podido realizar cabalmente las actividades para las que fue prevista e incluso adaptarse a un nivel de demanda creciente.
Su condición de Monumento Histórico y su ya tradicional vinculación con la cultura han permitido a las nuevas generaciones apreciar cómo un edificio concebido hace 90 años como Palacio de Agricultura se ha convertido en el Templo de la Cultura y la Educación.
ACA
Procedencia de las imágenes
1, 6, 7, 8, 9, 10 y 11. Azier Calvo Albizu. «El templo de la educación». Revista ESPACIO, nº 2, mayo-junio, 1988.
2. Captura de Google Earth.
3. Viajar y celebrar. A travel blog by Betariz ( https://www.viajarycelebrar.com/single-post/2018/03/15/la-calle-m-c3-a1s-aristocr-c3-a1tica-de-caracas-de-la-esquina-el-conde-a-la-esquina-de-ca); y Caracas en Retrospectiva (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10150160732087211&id=19122052210&set=a.10150089384232211&locale=fo_FO)
4. Caracas en Retrospectiva. Ministerio de Educación Nacional (antigua sede) (http://mariafsigillo.blogspot.com/2013/09/ministerio-nacional-de-educacion.html)
5. Caracas en Retrospectiva. Ministerio de Educación Nacional (antigua sede) (http://mariafsigillo.blogspot.com/2013/09/ministerio-nacional-de-educacion.html); y CCS Caracas del valle al mar (http://guiaccs.com/obras/biblioteca-metropolitana-simon-rodriguez/)

