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¿SABÍA USTED…
…que en 1974 abrió sus puertas en Caracas el Centro Comercial Paseo Las Mercedes?

Tradicionalmente, el comercio diario en las grandes ciudades se fue desarrollando a lo largo de calles y avenidas en las que se concentraban locales en los que se expendían los insumos que los habitantes requerían para satisfacer sus necesidades básicas. Ello, en algunos casos, se complementaba con la instalación eventual de puestos de venta temporales que evolucionarían y migrarían hacia instalaciones específicas conocidas como mercados.


La diversificación de la economía y el consumo a partir de la Revolución Industrial en los albores de la burguesía urbana, fue poco a poco conduciendo a la aparición de espacios en los que se agruparon comerciantes amparados por la protección de una autoridad y localizados en un mismo recinto que, todavía vinculados a los espacios públicos de la ciudad, dieron origen a lo que en un comienzo se denominaron galerías o pasajes comerciales concebidas como lugares donde se conseguían mercaderías suntuarias. Para Walter Benjamin en 1935, citado por Alberto Sato en el artículo “Un simulacro urbano” publicado en la revista Punto nº63 (junio 1981), dichas galerías “por mucho tiempo se convierten en foco de atracción para extranjeros. Una guía ilustrada de París dice ‘estos pasajes, una nueva invención del lujo industrial, son galerías cubiertas de vidrio y enlosadas de mármol, que atraviesan bloques enteros de casas, cuyos dueños se han unido para semejantes especulaciones’. A ambos costados de la galería, que reciben luz desde arriba, discurren las tiendas más elegantes, de tal modo que un pasaje es una ciudad, incluso un mundo en pequeño…”.


Sato añadirá lo siguiente: “Las tipologías de las galerías comerciales que tuvieron origen en el París del siglo XIX fueron recreadas en los EE. UU., a la manera de un contragolpe histórico-cultural, por la intelectualización que hicieron los europeos de sus rascacielos de la Escuela de Chicago. (…) El citado contragolpe fue hacer de las galerías parisinas una verdadera tipología con la respuesta de los Shopping Centers. De los centros comerciales norteamericanos Gruen hace su historia: (el c.c.) ‘apartó el ámbito comercial minorista de las carreteras y creó cualidades ambientales superiores en el núcleo edificado. En muchos casos hay protección contra la intemperie, brindada por galerías y sendas transversales, y algunos de ellos son tan agradables estéticamente y tan animados como la plaza, hace ya largo tiempo desaparecida, de nuestro pasado urbano’. Además, ‘ha demostrado ser capaz de hacer, no el papel de mero centro comercial, sino de punto de cristalización social y cultural y recreativa de la hasta entonces amorfa y estirada región suburbana’. Estos nuevos centros de actividad fueron una alternativa, ya que ‘en una sociedad libre y democrática, esa tarea (de) atraer de nuevo a la gente hacia el corazón de la ciudad, no puede ejecutarse por decreto’”.



El retrato que Sato hace apoyado en el influyente libro de Víctor Gruen El corazón de nuestras ciudades (1963), quien no sólo idealizó el centro comercial como una «plaza pública cerrada» que no solo albergara tiendas así como otros servicios (colegios, oficinas y centros médicos), replicando la vitalidad del centro de una ciudad europea, sino que también propuso la creación de espacios urbanos sin tráfico para revitalizar la vida comunitaria, da un marco idóneo para explicar la evolución que en nuestro país (como se sabe, altamente influido por el urbanismo norteamericano) permitió pasar rápidamente de los modestos pasajes comerciales peatonales como el Linares (1891) y el Capitolio (1930) o el más elaborado Pasaje Zingg (1953), a la incorporación del automóvil como parte integrante en La Gran Avenida (1950) y el Centro Comercial del Este (1953), llegándose al sumun en cuanto al protagonismo del vehículo en el proyecto original de El Helicoide (1956). No obstante, fue un año antes (1955) cuando la capital vio materializarse una solución verdaderamente acabada en el Centro Comercial CADA de Las Mercedes. En paralelo, la Calle Real de Sabana Grande y la avenida Urdaneta buscaban sobrevivir como estandartes de una relación más directa entre el viandante y la actividad comercial a escala metropolitana.




Desde entonces, Caracas, ciudad en la que el peatón terminó siendo literalmente acorralado por el vehículo dada su prevalencia en la planificación y desarrollo urbano, encontró en el centro comercial, concebido como templo del consumo, el sustituto del espacio público tradicional y la tipología ideal que acentuó su segregación.



Entre finales de los años 1960 y durante todos los 70 el auge del centro comercial como “simulacro urbano” (tal y como lo define Sato), llegó a alcanzar cifras importantes hasta el punto de que podían encontrarse diseminados por todo el tejido urbano de la capital sin importar distingos sociales. En los 80, dirá Sato, “el triunfo de esta tipología del centro comercial sobre otras alternativas en la ciudad es evidente: la presencia casi insolente de la gran tienda por departamentos de la primera etapa de la dependencia respecto de los EE.UU., pasó al archivo de los recuerdos maternales, como lo fue el magazine des nouvetés en el recuerdo de la abuela europea. El automercado planifica hoy su localización en los Centros Comerciales, cuando no son ellos mismos propietarios y diseñadores. Los dos sistemas relevantes de la actividad comercial; la tienda por departamentos y el automercado necesitan hoy del centro comercial”.

Sin embargo, en medio de esa proliferación de objetos signados por condiciones programáticas similares, tamaños diversos y disparidad de localizaciones, que llegaron para sustituir la calle tradicional de tiendas, dos ejemplos podrían calificarse de pioneros tanto por su comportamiento urbano como por la calidad de su arquitectura: el Centro Comercial Chacaíto (proyectado por Antonio Pinzani en 1965 y abierto en 1968) y el Paseo Las Mercedes (proyectado por Jimmy Alcock en 1967 y abierto en 1974): “mientras que en el primero se explotó la permanencia de la idea de la calle a fin de dulcificar el gigantismo del mall, Paseo Las Mercedes aprovecha más bien la sorpresa de ver confinada en un espacio cerrado la vida comercial urbana”, acotarán con acierto Hannia Gómez y William Niño en Alcock 1959-1992. Obras y Proyectos, catálogo de la exposición abierta en 1992 en la Galería de Arte Nacional dedicada al importante arquitecto venezolano nacido en 1932.

El Paseo Las Mercedes al que dedicamos esta nota el día de hoy, significó para Alcock su segunda experiencia en el diseño de centros comerciales tras la construcción en 1967 del Centro Comercial Santa Mónica, verdadero globo de ensayo (pese a sus más modestas dimensiones) tanto en lo relativo tanto al tratamiento volumétrico de las piezas que lo compones como al manejo de su espacialidad.



La larga y angosta parcela de 180 x 80 m (14.400 m2) con orientación este-oeste en su cara más larga, ubicada sobre una quebrada en el cruce de la Avenida Principal de Las Mercedes y el Paseo Enrique Eraso, permitió a Alcock resolver con claridad y sapiencia el programa compuesto fundamentalmente por cuatro componentes: el área propiamente comercial, otra para oficinas, el estacionamiento y un hotel cinco estrellas. El arquitecto relató con respecto a la evolución del proyecto lo siguiente: “Se plantearon primero dos torres: una para oficinas y otra para hotel. Luego se eliminó la torre de oficinas, subiéndole dos pisos a los comercios y oficinas que participarían de la vida comercial. La idea es que los servicios del hotel estén en el centro comercial, limitándose el hotel a alquilar habitaciones”.


El proceso de diseño condujo a ubicar el cuerpo principal de 5 pisos y un sótano, que contiene los comercios (140 locales) en las tres plantas inferiores y las oficinas en las dos superiores, a lo largo del terreno con frente hacia las dos calles, dejando una franja adosada al lindero oeste en la que se resolvieron los estacionamientos, a medios niveles (con capacidad para 1.300 vehículos y acceso desde el frente este y norte a ambos extremos del terreno), en contacto directo a cada planta del edificio. En la esquina, sobre el volumen comercial, orientado norte-sur de colocó el edificio de 10 pisos del hotel (220 habitaciones) con entrada independiente desde el Paseo Eraso.

En total la obra tiene 80.000 m2 de construcción donde el cuerpo principal, sin descuidar la importancia de responder a la ciudad con un interesante tratamiento de fachada de la que disfrutan locales y oficinas ubicadas al este y al norte, se organizó en torno a un espacio central, verdadero corazón del proyecto, que ofrece el atractivo de contar con iluminación natural y contacto cenital con el exterior mediante una cubierta móvil transparente que al abrirse, permite que el clima tropical de Caracas sea percibido en el interior.

Cabe destacar la presencia junto a la entrada del hotel desde el centro comercial con acceso directo desde la Avenida Principal de Las Mercedes (al norte), de un interesante espacio de tres alturas intervenido por el arquitecto Domingo Álvarez (1935-2018), quien creó una obra compuesta por tres paralelepípedos iluminados, con espejos fijos y móviles que alteran la percepción del área: toda una obra de arte inmersiva. En absoluto contraste, en el extremo sur, el arquitecto Johnny Pérez fue el encargado del diseño de un grupo de mini tiendas denominadas «La Cuadra» que rememora escenográficamente callejuelas de un pueblo colonial.

Hannia Gómez y William Niño precisaron con tino lo siguiente: “En Paseo Las Mercedes la paradoja tipológica del centro comercial se trabaja con la sensación de interior que dan los cálidos acabados y con la sensación de exterior que permite la bóveda retráctil. La dureza del confinamiento se transforma en el discurso del patio lleno de vegetación. El mall es así un gran patio longitudinal cuyas fachadas importantes no son las del exterior, originalmente proyectadas como un gran cartel estructural publicitario, sino las internas de largas líneas horizontales acentuadas en el diseño de las barandas. Este patio, naturalmente ventilado, ventila también al estacionamiento a través de la estructura hueca de las tridilosas con luces de 15 m que están en todo el centro comercial, salvo el hotel”.


El Paseo Las Mercedes, que pese a vivir hacia el interior no descuida el exterior, difiere notablemente de los centros comerciales convencionales regidos por esquemas similares por lo general climatizados artificialmente y ajenos al entorno. En él se conjugan la presencia de la galería comercial decimonónica con el uso del patio y la vegetación como elementos que remiten a una arquitectura consciente del lugar al que pertenece. El contraste entre la cerámica roja del suelo y el verde de la vegetación, junto con cerámicas en relieve que forman murales abstractos, destaca en su diseño. Estos elementos, combinados con los detalles de los antepechos y ladrillos a la vista, se convierten en características distintivas y aportan al aspecto final del proyecto. Como todo centro comercial contó entre sus componentes con espacios de ocio y compras, variedad de establecimientos, dos importantes tiendas “ancla” y un cómodo estacionamiento, pero fundamentalmente ofrece la oportunidad de pasear, ver y ser visto al transitar horizontal y verticalmente su espacio principal donde cada pasillo, cada escalera o cada volumen contentivo de los ascensores (trabajados en su envolvente por el artista Nedo MF) juega un papel determinante.

Ejemplo de calidad, sobriedad y buen gusto donde el arte se encuentra incorporado como parte de su diseño, el Paseo Las Mercedes vivió su época dorada entre su apertura y comienzos del presente siglo viéndose afectado, como buena parte de la actividad comercial, por la crisis que el país atraviesa desde hace más de 15 años. No obstante, ha logrado reinventarse transformando parte del sótano en un importante centro cultural, que incluye varias salas de cines-teatro, una galería de arte, una librería y diversos cafés y restaurantes, referencia dentro de la ciudad.
Nota
De acuerdo a la página “Caracas Moderna” (https://fundamemoria.blogspot.com/2008/05/municipio-baruta-parroquia-nuestra_2016.html), “El Centro Comercial Paseo Las Mercedes fue declarado por el Instituto del Patrimonio Cultural como Bien de Interés Cultural de la Nación, publicado en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N. 38.234 de fecha 22 de julio de 2005 como una de las manifestaciones tangibles registradas en el I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2005, y por la Alcaldía del Municipio Baruta como Equipamiento Urbano Bien de Interés Municipal el según Decreto N. 181, publicado en Gaceta Municipal extraordinaria N. 128-04/2005 de fecha 14 de abril de 2005. Merece ser protegido y conservado”.
ACA
Procedencia de las imágenes
1, 18, 19, 21, 23 y 25. Hannia Gómez y William Niño. Alcock 1959-1992. Obras y Proyectos. Catálogo de la exposición abierta en 1992 en la Galería de Arte Nacional.
2. Travel France Online (https://www.travelfranceonline.com/passage-des-panoramas-covered-gallery/)
3. Bruselas. 101viajes.com (https://www.101viajes.com/bruselas/galerias-san-huberto)
4. ResearchGate (https://www.researchgate.net/figure/The-Southdale-Shopping-Centre-Edina-Minnesota-in-1956-source_fig34_273717258); Wikipedia. Southdale Center (https://es.wikipedia.org/wiki/Southdale_Center); y GRUENASSOCIATES (https://www.gruenassociates.com/project/southdale-center/)
5. Caracas Cuéntame (https://twitter.com/caracascuentame/status/1255207515350085633); y Caracas en Retrospectiva (https://mariafsigillo.blogspot.com/2011/01/paseos-con-papa-la-plaza-bolivar.html).
6. Caracas del valle al mar (https://guiaccs.com/obras/pasaje-zingg/)
7. Colección Crono Arquitectura Venezuela; y La Guía de Caracas (http://laguiadecaracas.net/calle-real-de-sabana-grande-1956/)
8. @arquitecturavzl (https://www.instagram.com/p/Crb5ZsmujUC/).
9, 10, 11, 12, 13, 14, 15 y 16. Colección Crono Arquitectura Venezuela
17. Capturas de Google Earth.
20. Skyscraper City (https://www.skyscrapercity.com/threads/venezuela-caracas-urbe-del-norte-de-am%C3%A9rica-del-sur-caracas-urbe-do-norte-da-am%C3%A9rica-do-sul.1560525/page-69)
22. @agomodaoficial (https://www.instagram.com/p/CK82TJrBv-0/)
24. La Casa 22 (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=3098000036928525&id=117644431630782&set=a.170914316303793)
26. @arquitecto_simongonzalo (https://www.instagram.com/p/DI4IB3SpOmc/?img_index=1)
27. Baruta. Calidad de vida (https://alcaldiabaruta.gob.ve/turismo/centro-trasnocho-cultural/); y Trasnocho Cultural (https://www.facebook.com/trasnochocult/photos/trasnocho-cultural-el-reflejo-de-nuestra-cultura-jaterife-programaci%C3%B3n-de-esta-s/2699489773483218/?locale=es_LA)
CONTACTO FAC 426
¿SABÍA USTED…
…que en 1929 se completó la construcción de lo que hoy es la Plaza Pérez Bonalde en Catia?

A poco que uno observe el paulatino crecimiento urbano de Caracas a comienzos del siglo XX, registrado con precisión en los planos elaborados por el ingeniero Ricardo Razetti, notará el momento en el que la ciudad, que se mantuvo si se quiere contenida entre el Ávila al norte y el Guaire al sur y limitada por El Calvario al oeste y la quebrada Anauco al este, comienza a extenderse mediante intervenciones que rompen definitivamente con la estructura que hasta entonces había prevalecido y garantizado su ordenamiento: la del damero colonial.
En tal sentido, el “Plano de Caracas” de 1929, última de las representaciones de Razetti de la ciudad, se convierte en un documento fundamental para entender los cambios que a partir de entonces se acelerarían coincidiendo con el impacto que tendría la transformación de nuestra economía a raíz de la aparición del petróleo.

El análisis del documento, realizado con minuciosidad por Iván González Viso y Federico Vegas en el texto introductorio “Caracas a través de sus planos” de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), hace particular mención de la aparición al extremo noroeste de la ciudad, en el sector de Catia, de una urbanización “en construcción” que llevaba el nombre de “Nueva Caracas”. Al respecto señalan: “Su extensión equivale a 80 de las cuadras del centro tradicional. Por su escala y novedad es, proporcionalmente, la intervención más importante en la historia de Caracas. Viene a constituir un modelo de ciudad satélite, pues se encontraba separada del casco central por el largo brazo que partía hacia la Guaira y destinada para la clase obrera, una especificidad que difiere de la multifuncionalidad de la trama colonial. Comenzaban a manifestarse criterios de zonificación y desintegración. Nueva Caracas será la entrada al gran valle desde el mar y tendrá la multiplicidad y la vitalidad de un puerto enclavado en la montaña. Allí encontraron sitio los emigrantes que llegaron antes y después de la guerra”.

En efecto, cuando en 1924 Renato Serrano, Gobernador del Distrito Federal, se dirige al Concejo Municipal de Caracas, informándole sobre las inversiones que se realizaban en el ensanchamiento de la avenida Sucre, “la cual enlaza entre sí los importantes caseríos de Las Tinajitas, Agua Salud, Agua Salada y Catia”, le abrió la puerta con dicha mejora vial a la urbanización de grandes extensiones de uso agrícola al oeste del centro de la capital. El primero de estos nuevos desarrollos es la ya citada Nueva Caracas, para cuya realización en 1928 se comienza a trabajar una gran extensión de terreno en el llamado “relleno de Catia” que implicó el embaulamiento de una parte de la Quebrada Caroata, cuyos afluentes eran las quebradas Agua Salud, Agua Salada y El Polvorín, entre otras.
Como bien registran Izaskun Landa y María Isabel Peña en el texto que sirve de introducción a la “Zona 2. La Nueva Caracas” del ya citado libro Caracas del valle al mar…, será en 1929, con la creación del Sindicato Nueva Caracas, que se promoverá en el sector “la construcción de un gran trozo de ciudad, en un terreno plano luego de atravesar un cuello entre cerros, desde el casco fundacional y en sentido noroeste, donde se desarrollaron unas 58 manzanas (rectangulares y cuadradas) diseñadas por el ingeniero Oscar Ochoa”.

Pese a ser un emprendimiento privado, el Banco Obrero (BO), repitiendo la exitosa experiencia alcanzada en San Agustín del Sur, en donde estaba construyendo 200 viviendas; en Agua Salud, 95 viviendas construidas por contrato por los Hermanos Mancera; y 60 en Los Jardines del Valle, levantadas por los ingenieros C. Aza Sánchez y R. Valery Pinaud, decide construir 38 viviendas en la Nueva Caracas, también contratadas a los Hermanos Mancera y vendidas por Bs. 10.980 cada una. Estas últimas se hacen continuas, sin retiros laterales ni de frente. Además, sólo podían alcanzar un solo piso adicional, ya que el suelo era arenoso, inestable y con niveles freáticos altos corroborado por la existencia en las proximidades de la Laguna de Catia, nutrida con agua de la quebrada Caroata. Con ello como modelo, la Nueva Caracas se fue conformando primordialmente por edificaciones adosadas sin retiro de frente para vivienda y comercios, y áreas de uso industrial que ocupaban parcelas de mayor tamaño al sur.


El trazado vial en retícula adoptó, para las calles que se desarrollan en sentido norte-sur, nombres de repúblicas del continente (Perú, Brasil, Argentina, Colombia, México, Chile, Bolivia, Ecuador), y para la avenida central (flanqueada por las de Argentina al oeste y Colombia al este), el de la Madre Patria (España). Ellas tres son las únicas cuyo recorrido transcurre sin interrupciones entre la avenida Sucre y La Silsa (prolongación de la avenida Morán o avenida Simón Bolívar).

Sobre el eje central, ocupando su corazón neurálgico destaca “una glorieta radial, inicialmente denominada ‘Plaza Cataluña’”, apuntará María Isabel Peña, la cual complementará el gentilicio de la avenida sobre la que se colocó.



El arbolado espacio público, que posteriormente se llamaría “Plaza Las Orquídeas”, adoptará a partir de 1946 el nombre de “Pérez Bonalde” en honor al poeta venezolano José Antonio Pérez Bonalde Pereira (1846-1892), máximo exponente de la poesía lírica del país del siglo XIX, nombre con el cual ha permanecido hasta hoy. Fue entonces cuando también se colocó en el centro de la rotonda un busto del escritor en mármol blanco sobre un pedestal, obra del connotado escultor caraqueño Lorenzo González (1876-1948) ejecutado en la Marmolería Artística Prof. Emilio Gariboldi.


Desde la plaza, cuyo diseño se atribuye al urbanizador Oscar Ochoa, ubicada como se dijo sobre la avenida España, surgen seis calles que se conectan a las avenidas Argentina y Colombia: dos perpendiculares a la España en sentido este-oste (calle Washington), dos en sentido suroeste-noreste (calle La Engracia) y dos en sentido sureste-noroeste (calle La Castellana). Esa disposición en cruz y sus diagonales, determinaron su diseño radial compuesto por ocho jardines.
Cabe añadir que dentro de la planificación de la Nueva Caracas prevista por Oscar Ochoa (quien posteriormente también desarrollaría Altavista al norte de Catia y la urbanización Miranda al este de Caracas), se incluyó un club social y deportivo ubicado frente a la plaza Pérez Bonalde.
José Ignacio Cabrujas (1937-1995), quien vivió en la calle Argentina, entre quinta y sexta avenida, de la Nueva Caracas desde 1941 hasta 1960, es quien nos ha dejado a través de la entrevista que le hiciera Milagros Socorro para el libro Catia Tres Voces: María Carrasquel, Henríquez Hernández, José Ignacio Cabrujas (1996), imágenes reveladoras de sus vivencias en el sector y del significado que tuvo la plaza Pérez Bonalde en su tránsito por la adolescencia y juventud. En tal sentido confesará: “La plaza Pérez Bonalde y la avenida España constituían un entorno ritual. Allí se desarrollaban inmensos ritos: de iniciación sexual, de valentía, de virilidad, de feminidad”.

Para Cabrujas, muchas de sus experiencias están asociadas a la importancia que tenía la posibilidad de ir al cine, donde se alternaba entre el ir al Pérez Bonalde a ver películas norteamericanas, románticas, o ver mexicanas al España “a cuadra y media de la plaza Pérez Bonalde, bajando hacia la plaza de Catia”, para luego ir al comentarlas en el lugar que rinde honores al autor de “Vuelta a la patria”.
Cabrujas resume la importancia del lugar cuando transmite que para él Catia y la plaza Pérez Bonalde estaban asociadas al concepto de “comunidad”: “Y uso la palabra ‘comunidad’ con toda intención porque tiene una carga afectiva para mí y no me gusta usarla sino solo en esa instancia: lo que es común a todos, lo que les sucede a personas, la crónica y los estímulos comunes de las personas. Todo sucedía en un lugar que era capaz de autoabastecerse; si yo recuerdo esa etapa de la plaza Pérez Bonalde, lo primero que se me viene a la mente es que el resto de la ciudad no significaba para mí nada”.

Siempre teniendo el cine como eje (en Catia en los años 50 se contaban hasta ocho salas de proyección), Cabrujas redondeará el valor de foro o ágora que daba a aquel espacio público con nombre de poeta, a partir de una anécdota asociada a la película de corte social titulada “Nosotros los pobres”, protagonizada por Pedro Infante: “Después de ver aquella película de Pedro Infante, no era posible que nos fuéramos a nuestras casas sin constatar aquel milagro y aquella emoción que habíamos experimentado. Teníamos que felicitarnos e intentar extraer conclusiones sobre lo que habíamos visto”. Y continúa: “Éramos amigotes e íbamos a la plaza a hacer bromas, a reírnos, a hacer lo que llaman los españoles gamberradas, a eso íbamos a la plaza Pérez Bonalde: a ser muchachos. Muchachos en el sentido de que teníamos que sentarnos y hablar, sin orden ni por qué. Con el tiempo, bien pasado el tiempo, descubrimos que éramos algo, que teníamos una cierta identidad, claro que a nadie se le ocurrió decir que éramos el Grupo de la plaza Pérez Bonalde, eso era simplemente un afecto; pero algunos de nosotros empezamos a pensar que era importante vernos allí, que no ir una noche significaba perder algo, perderse una experiencia o la oportunidad de lucirse, de alardear entre nosotros mismos a ver quién era más inteligente o sacaba mejores conclusiones. Las discusiones eran increíbles, y las había de todo tipo… (…) Así, la plaza fue transformándose lentamente, muy lentamente, en un sitio de discusión. En la medida en que nos íbamos haciendo grandes, o nos arriesgábamos más, o leíamos más, se convirtió en una costumbre importante discutir”.

A medida que pasó el tiempo la plaza se convirtió, de acuerdo con el testimonio de Cabrujas, en “el lugar donde fingíamos y a medida que pasaba el tiempo fingíamos más, nos hacíamos más teóricos, más comunistas, más estetas, más conocedores, más gastrónomos, más mujeriegos… sin que eso fuera verdad, sin que eso fuera una experiencia. Éramos unos sofistas, unos retóricos, creíamos que el verbo suplantaba la realidad y nos daba poder. No éramos honrados, pero al mismo tiempo, en nuestro descargo debe decirse, éramos muy angustiados y todo eso lo vivimos sabiendo lo que vivíamos, sabiendo que lo que nos faltaba era grave y en verdad buscábamos que nos sucediera. Eso me lo concedo y se lo concedo a la gente de la plaza Pérez Bonalde”.
Catia experimentó una urbanización rápida y profunda bajo el régimen de Marcos Pérez Jiménez, transformándose de un paisaje semi-rural en una bulliciosa zona industrial. Este período atrajo importantes oleadas de inmigrantes italianos, portugueses, españoles y árabes, contribuyendo a la identidad de la zona como un «volcán de trabajo». La inauguración del Mercado de Catia cerca de la Plaza Pérez Bonalde fue vista como una clara señal de progreso, equiparando el desarrollo con la construcción.


Por su parte, la plaza Pérez Bonalde, testigo de la transformación de la Nueva Caracas, conservó su fisonomía hasta que a finales de los años 80 comenzaron las obras del Metro, que derivarían en la construcción de la estación que lleva su nombre y la creación del Bulevar de Catia sobre la que había sido hasta entonces la avenida España, del cual la Pérez Bonalde (al sur) y la Catia (al norte, colindando con la avenida Sucre) constituyeron sus extremos. La intervención del Metro la redujo a cuatro jardines sin alterar su perímetro total, así como tampoco la ubicación central de busto del poeta el cual en años más recientes ha mostrado claros síntomas de deterioro.

El Bulevar de Catia desde su inauguración en 1982 se convirtió rápidamente en una pujante zona comercial y lugar de recreo y esparcimiento. Esta vitalidad comercial y recreativa se intensificó significativamente los fines de semana, atrayendo una gran afluencia de residentes de los barrios circundantes, incluidos los superbloques del 23 de enero, las Lomas de Urdaneta y Altavista y la parte baja de Los Magallanes, intensidad que convirtió el mantenimiento y cuidado de sus espacios y equipamiento en un tema que se debía atenderse con una frecuencia que no era respetada.

A pesar de los desafíos y ciclos de degradación sufridos, la Plaza Pérez Bonalde y su Bulevar circundante muestran una notable resiliencia. El hecho de que se mantuviera como la «zona más dinámica y principal punto de abastecimiento» incluso durante la pandemia sugiere que las necesidades humanas fundamentales de reunión pública, comercio y recreación están profundamente arraigadas y a menudo superan los reveses temporales o incluso la negligencia sistémica, demostrando que poseen un valor y una función intrínsecos para la comunidad que trascienden su condición física o sus problemas de gestión.Esto sirve para reiterar que los espacios públicos, especialmente aquellos que cumplen funciones sociales y económicas esenciales, a menudo exhiben una poderosa capacidad de autorrenovación, adaptándose a las circunstancias cambiantes manteniendo su condición de desahogo a sus comunidades a pesar de la adversidad.
ACA
Procedencia de las imágenes
1 y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2 y 3. Caracas del valle al mar. Último plano de Razetti (https://guiaccs.com/planos/ultimo-plano-de-razetti/)
5 y 7. Caracas del valle al mar. Zona 2. La Nueva Caracas (https://guiaccs.com/zona-2/)
6. Caracas del valle al mar. La ciudad del caballo (https://guiaccs.com/planos/la-ciudad-del-caballo/)
8. Caracas del valle al mar. La ciudad moderna (https://guiaccs.com/planos/la-ciudad-moderna/)
9. Egresados, Ex Alumnos y Profesores del Liceo Andres Eloy Blanco Caracas (https://www.facebook.com/groups/asoaeb/posts/10161132384895679/)
10. Un vistazo a la Caracas de ayer y de hoy. Plazas y parques de la vieja Caracas (https://orachapellincaracasvenezuela.blogspot.com/2008/08/plazas-y-parques-de-la-vieja-caracas.html)
11. Caracas del valle al mar. Zona 2. Plaza Pérez Bonalde (https://guiaccs.com/obras/plaza-perez-bonalde/); Estatuas de Caracas (https://estatuasdecaracas.blogspot.com/2014/04/antonio-perez-bonalde.html); y flickr (https://www.flickr.com/photos/erol70/13207061043/)
12. Venezuela, te extraño (https://www.facebook.com/photo/?fbid=3326718684007228&set=a.374588649220261)
13. CURADAS (https://curadas.com/2021/10/05/caracas-de-pelicula-salas-de-cine/); y Retrospectiva. Las Salas de Cine de Caracas (https://www.facebook.com/groups/16917138878/posts/10158533087198879/)
14. La Venezuela de ayer en fotos (https://www.facebook.com/groups/lavenezueladeayer/posts/1647199342026769/) y (https://www.facebook.com/groups/lavenezueladeayer/posts/7219715894775058/)
15. Venezuela inmortal (https://www.facebook.com/lavenezuelainmortal/photos/boulevard-de-catia-caracas-a%C3%B1os-50comparte/778165202282415/) y Caracas cuéntame (https://twitter.com/caracascuentame/status/1296491817022697475)
16. Caracas del valle al mar. Zona 2. Plaza Pérez Bonalde (https://guiaccs.com/obras/plaza-perez-bonalde/)
17. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
18. Capturas de Google Earth
Contacto FAC 422
¿SABÍA USTED…
…que en 1988 se termina la construcción del Edificio Atrium diseñado por Díquez, González y Rivas?

Díquez, González y Rivas (DGR) fue una importante oficina conformada por Edmundo Díquez (1934-2021), Oscar González Bustillos (1933-2015) y José Alberto Rivas (1935), cuya obra ocupó un lugar relevante y protagónico en la escena arquitectónica nacional durante más de 40 años.
Díquez. González Bustillos y Rivas coincidieron durante sus estudios en el seno de la escuela de arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, egresando en 1958, 1959 y 1960, respectivamente. Les correspondió, por tanto, vivir la transición entre la adscripción de la escuela a la Facultad de Ingeniería y su conversión en eje de la creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) en 1953. También pudieron apreciar en vivo los años cruciales de la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, ser partícipes como estudiantes de la inauguración en 1957 del flamante edificio diseñado por Villanueva para albergar a la FAU y compartir la influencia de los distinguidos profesores que formaban parte de su núcleo fundador.
Sin embargo, sería la llegada al país en 1955 procedente de los Estados Unidos de José Alberto Rivas (hijo de venezolano y puertorriqueña nacida en Mayorca e hija a su vez de inmigrantes españoles), nacido en Puerto Rico y residenciado en Nueva York desde niño, quien dejó sus estudios de arquitectura en el MIT para hacerlos en la UCV, el momento que propició el encuentro entre los tres futuros socios. Rivas, quien no conocía bien la idiosincrasia local y pasaba momentos difíciles para adaptarse a la dinámica que se llevaba en la escuela de la UCV, fue de inmediato “arropado” por los “criollos” Díquez y González ayudándolo a aclimatarse haciendo gala de la hospitalidad venezolana para así convencerse finalmente que el país de sus ancestros sería también el suyo.
Aquello constituyó, sin duda, el germen que facilitó la decisión de asociarse tras reencontrarse luego de transcurridos sus primeros años de egreso. Díquez cursaría entre 1958 y 1959 un postgrado en arquitectura tropical en la Architectural Association -AA- (Londres), y entre 1959 y 1960 realizaría un viaje de estudios por Europa para entrar a dar clases de composición y diseño interior en la FAU a su regreso. González permaneció en el país incorporándose recién graduado al cuerpo docente de la FAU, fue designado como Secretario de la gestión del decano Julián Ferris (1959-1962) y electo en 1961 como vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA). Por su parte, Rivas realizaría entre 1961 y 1962 una Maestría en Planeamiento Urbano en Harvard, trabajaría para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y sería consultor en las áreas de vivienda y planeamiento de la Organización de Estados Americanos (OEA) entre 1963 y 1964.

Así, fue en 1961 cuando Edmundo Díquez y Oscar González Bustillos decidieron asociarse y fundar una oficina de arquitectura desde la que realizarían su primer trabajo: la casa de Carlos Armando Figueredo en Lomas del Mirador, Caracas. Al año siguiente (1962) participarían y ganarían el primer concurso nacional de arquitectura abierto convocado en democracia: el proyecto del Pabellón de Venezuela para la Feria Mundial de Nueva York. Los elevados costos que la especulación originada a raíz del evento produjo, los cuales a su vez condujeron a postergar su apertura hasta el año 1964, obligaron a Díquez y González Bustillos a proyectar otro edificio de proporciones más modestas distinto al que los hizo ganadores del concurso, que hubo de realizarse prácticamente sobre la marcha confrontando grandes presiones de tiempo. Esta circunstancia que los obligó a establecerse en Nueva York el lapso que duró la construcción del pabellón, sirvió para que se reencontraran con José Alberto Rivas, (quien para entonces trabajaba en el BID) y decidieran allí crear la firma Díquez, González y Rivas, la cual cobró personalidad jurídica al regresar los tres a Caracas.

Según testimonio de Rivas, “Diquez, González y Rivas fue una forma de vida y no un lugar para ejercer la profesión”. El “pacto” adquirido en Nueva York también estableció que la oficina bajo cualquier circunstancia dividiría los beneficios económicos que se generaran en tres partes iguales. También que no saldría ningún proyecto en el que no participaran los tres, por lo cual crearon una metodología que les era propia y una forma de trabajo muy particular en la que lograron compartir las raíces creativas de cada uno de los integrantes: la sensibilidad artística de Díquez, el valor de lo constructivo proveniente de la experiencia de González y el énfasis en la fluidez espacial que aportaba Rivas, todo ello dentro de cánones signados por la racionalidad, el funcionalismo, las consideraciones medio-ambientales y la contundencia volumétrica. Adicionalmente, adquirieron el compromiso de controlar el tamaño y la escala de los proyectos que debían ejecutar de acuerdo a la capacidad de la oficina y de convertir el espacio de trabajo (una edificación de dos plantas ubicada en la calle La Guairita de Chuao) en lugar de formación para quienes allí participaban, amén de constituirse en punto de encuentro para arquitectos y profesionales afines.

Durante los 50 años que se mantuvo Díquez, González y Rivas en funcionamiento (podría decirse que el último proyecto importante se realizó en 2004 pero que la sociedad en sí cesó al fallecer Oscar González en 2015), muchos fueron los trabajos memorables realizados teniendo todos como primer eslabón en cuanto a trascendencia y calidad el Alcaraván (1967), notable edificio de vivienda ubicado sobre el bulevar de El Cafetal en la entrada de la urbanización Santa Marta. (ver https://fundaayc.com/2021/04/18/sabia-usted-63/).

Sin entrar a enumerar ni detallar el prolijo portafolio de Díquez, González y Rivas que tiene en la realización de edificaciones de vivienda (uni y multifamiliares), hospitalarias, hoteleras y de oficinas, junto al diseño interior, sus puntos más fuertes, destacan como íconos representativos de su trayectoria tres obras realizadas con la impronta de la institucionalidad como bandera, que conforman una clara secuencia tipológica: el edificio General de Seguros (Chuao, 1974), el edificio Atrium (El Rosal, 1988) y el edificio de la Procter & Gamble (La Trinidad, 1998).
De ellos, tal vez sea el Atrium (a quien hoy hemos decidido dedicar esta nota) el que comporta un mayor compromiso urbano, hereda el carácter y la respuesta a las condiciones ambientales exploradas en General de Seguros y sienta las bases para la exploración espacial plasmada posteriormente en el Procter & Gamble, por lo que junto al ya mencionado Alcaraván pasaría a ser otro punto de inflexión dentro del camino andado por la oficina.

Comisionado inicialmente por el Banco Hipotecario del Este y terminado de construir en 1988, el Atrium se levanta en una parcela de 3.990 m2 con frente hacia la calle Sorocaima (lindero este), y las avenidas Venezuela (lindero sur) y Tamanaco (lindero norte), El Rosal, Municipio Chacao.


Resuelto respondiendo adecuadamente a la complejidad urbana de un terreno que posee dos esquinas, los 28.000m² de área bruta de construcción que tiene la edificación se encuentran distribuidos en tres sótanos con capacidad para 330 vehículos, dos niveles de uso comercial con acceso directo desde las calles, ocho plantas tipo destinadas a oficinas y dos niveles de remate reservados en este caso a oficinas ejecutivas con terrazas, jardines y espacios de doble altura.



La nota firmada por William Niño Araque e Iván González Viso dedicada al Atrium publicada en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), señala lo siguiente: “De arquitectura sugerente y sobriedad de líneas, el edificio se desarrolla alrededor de un atrio o espacio central abierto a la ciudad. Los jardines colgantes insertos dentro del gran atrio, sumados el material de arcilla escogido para el recubrimiento de las columnas exteriores, y la volumetría que incorpora grandes vanos horizontales protegidos por vegetación, unidos a la luminosidad y condiciones climáticas particulares de Caracas, lo hacen un espléndido edificio adaptado al trópico. En él se evidencia la exploración del espacio intermedio, del tránsito desde la calle hacia el espacio interior que, unida al juego de luz y sombra de sus volúmenes y textura, representó en su momento un ensayo de una nueva forma de afrontar la tipología de edificios de oficinas en el sector. El volumen, de ocho plantas y dos niveles para oficinas ejecutivas con terrazas a doble altura, se adapta a la forma del terreno articulado en dos cuerpos, uno bajo al sur, y la torre que ocupa el cuadrante noreste. El valor de la sombra como recurso para acentuar la expresividad de la forma, y la búsqueda de una arquitectura del lugar que atiende a la condición del clima y del trópico, son sin duda sus grandes virtudes”.


También conviene destacar que el Atrium, previamente a la elaboración del comentario citado, había sido incluido por Niño Araque como parte de un grupo de edificios que respondían a una de las cuatro “éticas tendenciales de actuación” que constituían la base de lo que a su juicio soportarían la existencia de una “posible” Escuela de Caracas, manifiesta en la “excelente y variada calidad de nuestra producción arquitectónica” realizada de 1970 en adelante, “que abarca las múltiples visiones enraizadas con el lugar” centrada “en la renovada visión forma-figura-lugar”.

La “ética tendencial de actuación” a la que se ajustaría el Atrium, sería la enunciada como: “La atmósfera del espacio interno como fundamento de una estética figurativa” que, dicho sea de paso, expresa la manifestación más clara de lo esencial de los planteamientos de Niño Araque y dentro de la cual, además del Atrium, son representativas obras como: La Rivereña y la casa Bottome (Jimmy Alcock); las casas Furió (Oscar Tenreiro y Francisco Sesto); la casa La Comarca (Felipe Delmont); las casas Varela Nuñez y Puppio Vegas (Federico Vegas); la Escuela de Metalurgia de la UCV (Gorka Dorronsoro y Julio Riquezes); el edificio de la Fosforera Venezolana (Hélène de Garay); el Monasterio Benedictino en Güigüe (Jesús Tenreiro); y el edificio residencial Villa Bermeja (Julio Maragall y Miguel Carpio).
Teniendo lo anterior como marco vale destacar que en su momento el Atrium fue incorporado en el catálogo de la exposición «Venezuela Arquitectura y Trópico 1980-1990», el cual formó parte de la quinta muestra de arquitectura de la Bienal de Venecia y fue Mención de honor, Categoría Diseño Arquitectónico, en la VII Bienal de Arquitectura de Quito 1990.


También fue publicado en el Catálogo “Arquitectura venezolana en la Bienal de Quito ‘90”, editado por la Fundación Museo de Arquitectura y en el libro de la VII Bienal de Arquitectura de Quito BAQ´90, editado por el Colegio de Arquitectos del Ecuador-Pichincha.
Hoy en día, el Atrium alberga la Bolsa de Valores de Caracas, la Embajada de Italia y las oficinas administrativas de la Alcaldía del Municipio Chacao y constituye un punto de referencia dentro del variopinto paisaje urbano de la urbanización El Rosal.
Nota
Con respecto a la compacta y sólida trayectoria de Díquez, González y Rivas, vale la pena recordar que, cuando el año 1997 el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) decidió otorgar el Premio Nacional de Arquitectura a Edmundo Díquez, por estar establecido en la normativa que el galardón debía ser individual y no colectivo, el arquitecto nacido en Margarita tomó la gallarda y noble decisión de renunciar al reconocimiento argumentando que la suya no se trataba de una obra personal sino de un equipo en el que, como declaraban los mosqueteros de Alejandro Dumas, trabajaban “todos para uno y uno para todos”, clara manifestación de los ideales de amistad, honor y lealtad que los caracterizaban. Sin embargo, aún se puede encontrar en todas las páginas en las que se menciona la trayectoria de Díquez, que el mencionado premio le pertenece cuando en todo caso debe entenderse como un laurel obtenido por un inseparable grupo de tres.
ACA
Procedencia de las imágenes
1. Fundación Museo de Arquitectura. Catálogo “Arquitectura venezolana en la Bienal de Quito ‘90”, 1990.
2 y 13. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
3. De lo urbano y lo humano. Arq. José Alberto Rivas. Díquez González Rivas. Edif. Alcaraván (https://www.youtube.com/watch?v=4jFOEyimkLE)
4. Architectural Design, nº 8, 1969; Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, Caracas a través de su arquitectura, 1969; Mariano Goldberg, Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1, 1982; https://construidoencaracas.wordpress.com/2013/06/09/edif-el-alcaravan/
5. Colección Crono Arquitectura Venezuela; https://construidoencaracas.wordpress.com/2013/07/21/torre-general-de-seguros/; Colección Fundación Arquitectura y Ciudad; http://guiaccs.com/obras/edificio-procter-gamble/
6. Capturas de Google Earth.
7. Captura de Google Earth; y @revistaentrerayas (https://www.instagram.com/p/CNWGpUUHN03/?img_index=4)
8, 9 y 10. Revista Punto, nº 68, abril 2000.
11, 12 y 14. @carlos_ancheta (https://www.instagram.com/p/DC60G7Nucxb/?img_index=1; 3; 10; 11; 12; 13; 14; 15; 19; 20)

