Aparece el N° 33 I-II (2017) de la revista Tecnología y Construcción cuyo tema principal es la gestión de riesgo y vulnerabilidad ciudadana
21 de mayo 2019
Tomado de Boletín IDEC+ Nº 224
En este número destacan aportes en investigación y docencia sobre el debate acerca del impacto ambiental de las acciones humanas con la intención de establecer la relación entre tecnología para la construcción y la sostenibilidad que exige tanto a diseñadores como a planificadores adoptar criterios que superen prácticas como el excesivo consumo de energía, la generación de grandes cantidades de desechos, el escaso reciclaje de materiales y edificaciones, la contaminación ambiental o la contaminación sónica, entre otros (Baldi, Editorial, 2019).
El volumen se organizó en tres partes: visión conceptual, aspectos técnicos y gestión de riesgos. Respecto al primer aspecto, Ernesto González Enders lo refuerza a través del documento “Otra Universidad para el siglo XXI: hacia una institución interDisciplinaria, interIdeológica, interCultural y Sostenible”. Por su parte, Alfredo Cilento Sarli aborda el ámbito de la “Vulnerabilidad ciudadana ante la amenaza sísmica en la Venezuela del siglo XXI”. Completa este marco conceptual el artículo de Geovanni Siem “Impacto de la reducción de riesgos ante desastres socio naturales en el proyecto UCV Campus Sustentable.
Luego se presentan trabajos de contextos específicos como el de José Luis López “La tragedia de Vargas. ¿Están protegidos sus habitantes de un nuevo deslave?», donde intenta responder a la interrogante de si las obras construidas en ese momento garantizan hoy en día una protección adecuada a sus habitantes. Gustavo Coronel aborda el tema del sismo mediante el documento “El terremoto del Noreste de Venezuela de 2018. El más grande de los últimos tiempos, sentido en Colombia, Trinidad y otras islas del Caribe”.
Como cierre se presentan dos aportes referidos a la Gestión Integral de Riesgo. Abre Jesús Delgado con “Tecnologías aplicadas a la Gestión Integral de Riesgos para un sistema de gestión integral de conocimiento e información”. Natalia Silva Bustos y Carmen Paz Castro Correa desarrollan para cerrar el artículo “Mecanismo de coordinación intersectorial para la Gestión del Riesgo: plataforma nacional para la reducción del riesgo de desastres en Chile”.
Concluye el contenido de este número con la Reseña con motivo del XXII Aniversario del Programa Coordinado para la Mitigación de Riesgos COMIR UCV, cuyo tema central fue “Universidades y resiliencia ante desastres socio naturales y tecnológicos”. La versión digital de la revista puede ser consultada en http://saber.ucv.ve/ojs/index.php/rev_tc/issue/view/1878/showToc.
La aparición en julio de 1993 del nº 1 de De Arquitectura, Revista de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Los Andes (ULA), Mérida, significó, tal y como lo señala en el “Editorial” el decano de dicha facultad para aquel momento, Carlos García Loyacono, la culminación de un importante esfuerzo, en medio de “la grave crisis económica que viene afectando nuestro país, en los últimos años”, por subsanar el cierta medida dicho efecto y a la vez tratar de llenar el vacío que, como se sabe, ha aquejado a las publicaciones periódicas nacionales de manera crónica. También se constituyó en una alternativa para paliar la dificultad creciente “de acceder a las publicaciones foráneas que sobre la arquitectura y áreas afines, (que) se podían adquirir antes a precios razonables desde el exterior”.
Se ofrecía De Arquitectura, entonces, como plataforma para permitir que los diferentes centros de enseñanza de arquitectura del país y sus integrantes tuviesen la oportunidad de dar salida a su producción intelectual, sin especificar que se tratara de una revista arbitrada más allá de que su financiamiento viniera del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico de la ULA.
Más de treinta años de creada tenía para entonces la Escuela de Arquitectura de la ULA (1961, adscrita inicialmente a la Facultad de Ingeniería) y veintitrés la Facultad (inicios de 1970) sin haber podido aún contar con un medio de difusión de estas características. Relata el decano García Layacono que el reto de contar con una revista había sido enfrentado sin éxito por sus predecesores y que el mismo siempre encontró en el camino “infinidad de obstáculos. Algunos producto del conformismo, la indiferencia y la apatía o el temor natural de incursionar en la difícil tarea de escribir y publicar las ideas y opiniones que se puedan tener sobre la ciencia y el arte de la arquitectura. Otros, por no encontrar las condiciones y el apoyo necesario para lograr plasmar esas ideas y opiniones en una publicación propia”.
La aparición de la revista tuvo mucho que ver con el empeño puesto por el profesor Luis Christian Páez Rivadeneira “quien heredó de su padre el gusto por estas tareas de escribir, y de los profesores de nuestra Facultad que lo acompañaron en este magno empeño…” apuntará el decano García Layacono, volviendo a asomar tácitamente cómo en la formación de arquitectos “el escribir” se encontraba (y encontró) durante mucho tiempo en un segundo plano.
Páez Rivadeneira, profesor del Departamento de Historia de la Facultad de Arquitectura de la ULA, quien figuró primer director de De Arquitectura, había publicado en 1992, dentro de la Colección El libro menor (nº 183) de la Academia Nacional de la Historia, La Plaza Mayor de Mérida. Historia de un tema urbano, fruto de su labor investigativa. Estuvo acompañado dentro del Consejo de Redacción de la revista por los profesores Meudy Parma (Departamento de Expresión), Luis Jugo (Departamento de Composición) y Carlos Rubio (Departamento de Tecnología), lográndose así un deseable equilibrio entre todas las instancias que formaban parte de la entonces Facultad de Arquitectura (FA), hoy Facultad de Arquitectura y Diseño (FAD).
Sin grandes pretensiones en cuanto a su diseño gráfico y en el formato clásico tamaño carta, las 80 páginas que contiene el nº 1 de De Arquitectura, dieron cabida a 10 artículos y una sección dedicada a “Noticias, Reseñas, Obras y Libros”. Allí se pueden consultar temas tan diversos como: “El rol de la historia en el ordenamiento y diseño de las ciudades venezolanas” de Mirian Salas (profesora del Departamento de Historia de la FA ULA); “Arte y Arquitectura en Mérida entre los siglos XIX y XX” (parte de un trabajo más amplio dedicado al estudio de la cultura artística de Mérida) de Christian Páez Rivadeneira; “Análisis del comportamiento estructural de las técnicas constructivas artesanales” de Carlos Rubio; “Tecnología apropiada en el ámbito de la arquitectura de un lugar” (Trabajo presentado en la XIV Conferencia Latinoamericana de Escuelas y Facultades de Arquitectura -CLEFA- , La Paz, 1991) de Beatriz Hidalgo (Profesora del Centro de Investigaciones de la Vivienda de la FA ULA); “Ciudad, Arquitectura y Ambiente” (relacionado con la participación en dos eventos internacionales realizados en España e Italia en 1992) de Gerardo Luengo Federico (profesor del Departamento de Composición de la FA ULA); “Integralidad en el nuevo enfoque de la cuestión patrimonial” (ponencia enviada al I Encuentro de Investigación sobre el Patrimonio, Arquitectura y Ciudad, Mérida, julio 1992) de Bernardo Moncada Cárdenas (profesor del Departamento de Historia de la FA ULA); “Juan de Milla, el ingeniero olvidado” (extracto de las palabras pronunciadas en el Centro de Ingenieros de Mérida el 28-10-1992 con motivo de la celebración del Día del Ingeniero) de Rosendo Camargo Mora (profesor del Departamento de Estructuras de la Facultad de Ingeniería ULA); y “Ciudad Educativa, Sociedad y Facultades de Arquitectura” (artículo derivado de la ponencia presentada en la XIV CLEFA, La Paz, 1991) de Luis Jugo Burguera. Se sumaron a ellos los textos elaborados por dos profesores de la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV: “Para una autocrítica de la arquitectura” de Manuel López (ponencia enviada al I Encuentro de Investigación sobre el Patrimonio, Arquitectura y Ciudad, Mérida, julio 1992) y “Permanencias y transformaciones en la Arquitectura venezolana contemporánea” de Martín Padrón (ponencia enviada al I Encuentro de Investigación sobre el Patrimonio, Arquitectura y Ciudad, Mérida, julio 1992), señal inequívoca del espíritu de apertura e inclusión con el que De Arquitectura se estrenaba.
Cabe destacar de “Reseñas, Noticas, Obras y Libros” las notas dedicadas a “El video instruccional en arquitectura”, a los libros Breve historia de los jardines en Venezuela (1990) de Leszek Zawisza, La opción estratégica de la planificación urbana en Venezuela (1991) de Juan de Dios Salas, Arquitectura y contemporaneidad (1992) de Miriam Salas y el ya señalado de Páez Rivadeneira.
Sin embargo, son las reseñas “Un aporte significativo al paisajismo en la Facultad. Proyecto de Arq. Paisajista del Mercado Mayorista Agropecuario Sur del Lago” firmado por Luis Jugo Burguera y, muy particularmente, la titulada “Nueva sede para arquitectura” realizada por Guido Moreno, dedicada al proyecto de la que luego de convertiría en la nueva sede de la Facultad de Arquitectura ubicada en el núcleo La Hechicera, las que ofrecen la oportunidad de mostrar parte de la actividad que se desarrollaba en los Talleres de Composición de entonces.
Así, con relación al nueva sede de la FA ULA se nos informa que “el proyecto que se ejecuta es el producto del esfuerzo de un grupo de profesores de los Talleres de Composición Arquitectónica que hicieron posible la realización de un concurso entre los estudiantes del último año de la carrera” el año 1988, bajo la gestión del decano Carlos García, donde se entregaron 23 trabajos seleccionándose y premiándose los 3 mejores. El que obtuvo el primer lugar, realizado por el bachiller Rafael De Armas, recibió “el honor de convertirse en la obra que hoy se ejecuta”, caso diríamos que inédito en los anales de la arquitectura nacional, en primer lugar por provenir de un concurso, en segundo lugar porque éste fuera dirigido a estudiantes y en tercer lugar porque se construyó. También es aleccionador el hecho de que el ganador una vez graduado fuera contratado por un año para completar la totalidad del proyecto (entregado en septiembre de 1989 bajo la asesoría de profesores de la FA) y porque se ejecutase una vez entregada por el decano Carlos García toda la documentación proyectual completa al Dr. Luis Penzini Fleury, por entonces ministro del Ministerio de Desarrollo Urbano (MINDUR). La obra, prevista a ser realizada por etapas, se inició en febrero de 1992 con apoyo de la Unidad de Consultoría Externa y Proyectos (UCEP) de la FA ULA y ya para marzo de 1993 de habían ejecutado 6.000 m2 correspondientes al bloque de docencia el cual se puso en funcionamiento para el segundo semestre ese mismo año. Para finales de 1994 la segunda etapa ya estaba concluida y para 1996 estaba terminado gran parte del conjunto producto de un verdadero trabajo en equipo, lo cual permitió que la la FA ese mismo año se mudase a un solo sitio acorde a sus necesidades, superándose años de dispersión en diversas sedes que anteriormente debió ocupar. Con relación al tema central que hoy nos ocupa, pese al importante esfuerzo que significó dar salida por primera vez a De Arquitectura, tal circunstancia no superó como noticia el ámbito local y lo más importante: la revista no pasó del primer número. Al menos ese ha sido el resultado de nuestra infructuosa búsqueda por encontrar rastros de ejemplares posteriores (más allá de otra portada cuya procedencia y fecha no hemos podido ubicar con precisión), por lo que mucho agradeceríamos nos aclarara alguno de nuestros lectores si estamos en lo correcto. Se sumaría así esta iniciativa a otras tantas donde la sempiterna crisis económica y de recursos que acompaña la permanencia de publicaciones periódicas sobre arquitectura en nuestro país, las termina sepultando.
Lanzamiento del nº 40 de la revista AOA, mayo 2019, dedicado a la Arquitectura moderna en Venezuela
El pasado jueves 25 de abril, en el espacio de la Asociación de Oficinas de Arquitectos de Chile (AOA), se realizó el lanzamiento de la revista AOA nº 40, dedicada a la Arquitectura Moderna de Venezuela.
Esta iniciativa de la AOA, que forma parte del impulso por difundir la arquitectura moderna latinoamericana, tiene como objetivo mostrar el amplio panorama de la Arquitectura Venezolana producida entre 1920 y 1980, en tres periodos históricos.
El nº 40, es el primer numero monográfico de tres (40, 41 y 42), que se dedicarán a Venezuela, y que serán editados en el transcurso del 2019. Ha sido coordinado por José Rosas Vera, y en ella participan como autores Arturo Almandoz Marte, Alberto Sato Kotani, Iván González Viso y José Rosas Vera.
La entrega se inicia con un ensayo a cargo de Arturo Almandoz Marte sobre la «Génesis de la modernidad en Venezuela (1920-1945)»; seguido por el ensayo «El Plan para Caracas de Rotival: un mapa estratégico que marca la nueva forma lineal de la ciudad moderna (1939-1950)» a cargo de José Rosas Vera e Iván González Viso; y finaliza con el texto de Alberto Sato Kotani «Arquitectura en Venezuela: modernidad en tres tiempos». Los escritos se acompañan con un completo registro de imágenes seleccionadas por Iván González Viso, que dan cuenta de las principales obras desarrolladas en la modernidad temprana. La iniciativa de la AOA, incluye una exposición temática sobre arquitectura moderna venezolana que se encuentra en desarrollo y será presentada a fin de año en los espacios de la Asociación. Cabe destacar que esta iniciativa asumida por los autores se fundamenta en el interés por difundir la arquitectura de un país como Venezuela que atraviesa tiempos difíciles, con la esperanza de que recupere su sitial en el continente con una arquitectura renovada, vigorosa y contundente. Una arquitectura que ha sido referencia mundial y que se aspira vuelva a serlo colaborando a impulsar el resurgimiento del país.
Aceras y Brocales. Una página para debatir el hábitat, cuya primera aparición en la sección “La Vida” dentro del diario Últimas Noticias data del 22 de septiembre de 2005 (y que hemos elegido para ilustrar nuestra postal del día de hoy), se convierte por muchas razones en clara muestra de los avatares que han acompañado estos 20 años de gobierno “revolucionario”. Para empezar sería bueno señalar cómo en su estreno, a través del texto “¿Qué es Aceras y Brocales?” se declara, transcurridos seis años de que Chávez asumiese el poder, la imposibilidad de que “… la gran tarea, convocada por este proceso revolucionario, de ordenar el territorio, dar calidad de vida a las ciudades, rescatar el valor primordial de la vivienda” pueda emprenderse, “sin que los arquitectos, ingenieros, estudiantes y el pueblo participen en ella con ideas, crítica e imaginación creativa”. Quedaba asentada así por un lado la “militancia” ideológica de los cuatro arquitectos responsables de la página (Juan Pedro Posani, Henrique Hernández, Alfredo Roffé y Alejandro López, los dos primeros distinguidos con el Premio Nacional), su condición de arquitectos “comprometidos”, esperanzados en que el futuro (que ya estaba transcurriendo) depararía mejores resultados a los vividos hasta el momento y algo que a la larga se perderá definitivamente: la convocatoria y amplia participación a un proceso necesitado de ideas e imaginación pero sobre todo de crítica. En segundo lugar, la nota antes señalada también anunciaba el interés de contraponerse y provocar a lo que podría considerarse con el statu quo y a la vez demarcar un territorio que ya el titulo de “Aceras y Brocales” atisbaba. Es decir, la propia selección del nombre “… es, en más de un sentido, sarcástico, porque, de manera excesiva, va en contra de una concepción elitesca, sifrina, hermética, de la actividad del arquitecto. Y para exagerar le pusimos, (…) lo más balurdo, ordinario e inconveniente (…) con toda intención e ironía, para quitarnos esa imagen arrogante y esnobista del arquitecto, que manejando un lenguaje esotérico e inaccesible se dedica a algo que los comunes mortales no pueden comprender en profundidad.”
En tercer lugar, los editores de Aceras y Brocales exponían que les interesaba “hablar sencillamente de cosas serias relacionadas con el acto eterno y hermoso de construir”, colocando siempre a la ciudad, el ambiente y sobre todo la vivienda como ejes temáticos fundamentales.
Con toda esta carga implícita transcurrió la primera y más fructífera etapa de la página, que podríamos decir abarcó hasta el 31 de enero de 2008 (nº 121), momento en el que sale misteriosa y repentinamente de la redacción Posani por razones que luego se develarían y que nos pondrían frente a los derroteros autoritarios e intolerantes a la crítica que siempre han acompañado a los que nos gobiernan desde 1999.
Posani, quien seguramente corría con la mayor carga a la hora de elaborar los textos que aparecían en la página, ya para entonces fundador y primer director del recién creado Museo de Arquitectura (MUSARQ), proyecto por el cual siempre luchó, nunca dejó de poner en práctica el espíritu crítico que todo genuino militante de izquierda debe profesar, pensando ingenuamente que ello no traería consecuencias. Así, en un texto seguramente escrito por él titulado “Algunas explicaciones necesarias” (aparecido en el nº 122), se señala: “Hemos recibido algunas observaciones oficiosas al contenido de esta página que precisan unas explicaciones. Nos interesa sobremanera el éxito de este ensayo revolucionario que ya ha transformado a Venezuela y que debería transformarla aun más hasta llegar a convertirla en el país que todos los ciudadanos progresistas y moralmente sanos deseamos. Para ser coherentes con ello, estamos convencidos de que un instrumento absolutamente pertinente y necesario es el ejercicio de la crítica y la autocrítica. Creemos que la modestísima labor realizada por el colectivo de esta página, durante los cortos años de su existencia, es justamente eso: el ejercicio de la crítica constructiva, dirigida a señalar errores y a plantear soluciones, conjuntamente con destacar los éxitos y aciertos.
Pero se nos dice que nuestro estilo es demasiado agresivo y descalificador, se nos reprochan algunos adjetivos y un supuesto desequilibrio en las afirmaciones que hemos venido haciendo sobre el sector de la vivienda y el hábitat, que ha sido para nosotros un tema privilegiado. Si se nos señalaran razonadamente, estamos muy dispuestos a reconocer nuestros posibles excesos. Tal vez sirva como explicación la angustia ante las metas no logradas, las afirmaciones equivocadas y los errores evidentes cometidos durante el período revolucionario que comenzó en 1999. Quedan firmes los hechos a los cuales nos hemos referido: el sector vivienda es uno de los sectores públicos con el cual se han cosechados menos éxitos y donde se concentran muchas críticas. ¿Deberíamos callarnos frente a las evidencias porque con ello se le hace el juego a los adversarios? (‘¿por qué no te callas’ les recuerda algo?)”. Y cierra con esto: “Todo lo anterior viene a cuento porque a partir de esta semana se retira uno de los compañeros que han escrito en estas páginas. La razón es parte de una realidad pesada y compleja con múltiples interpretaciones. Una de ellas es que nos falta mucho para aplicar correctamente la muy actual consigna del Presidente, la de las tres R. Y esto va directo a quien le toca: a las autoridades revolucionarias que deben aprender a tolerar las críticas, a convertirlas en aprendizaje y a no dejarse llevar por tentaciones retrógradas. En ello nos jugamos el destino del nuevo socialismo del siglo XXI, que queremos verdaderamente democrático y no una mala repetición de las prácticas cuartorrepublicanas”. Todo un testimonio absolutamente premonitorio a la luz de lo que hoy vivimos.
Como complemento, en el nº 124 del 21 de febrero de 2011 aparece en “Explicando las explicaciones” lo siguiente acerca de la salida de Posani: “… hay autoridades que todavía son incapaces de admitir críticas, de discutir y razonar para aceptarlas o rechazarlas, en aras del proceso revolucionario. Este es un momento en que el manejo de la crítica –quien la hace y quien la recibe– es especialmente delicado y exige una seria revisión para evitar la intolerancia disfrazada de disciplina revolucionaria. Puesto en la disyuntiva de tener que salir del Museo de Arquitectura o retractarse de su posición crítica, ha escogido una vía intermedia. Ni un extremo ni el otro. Por eso simplemente se ha retirado, esperamos que temporalmente, del grupo redactor de Aceras y Brocales. Por lo demás, sigue siendo nuestro gran amigo y un revolucionario contumaz.”
Pese a este incidente, lo que pudo haberse traducido en una actitud solidaria de renuncia por parte del resto del equipo de redacción trocó, quizás con la intención de no perder un espacio que se creía importante, en una paulatina autocensura que fue invadiendo poco a poco la página.
Muy probablemente Posani siguió “tras bastidores” escribiendo durante un tiempo buena parte de los textos de Aceras y Brocales pero la actitud crítica languideció. Más adelante, la página sufre otra dura pérdida: muere Henrique Hernández el 8 de marzo de 2009 apareciendo como parte del equipo editor hasta el nº 176 del 12-3-2009. A ello seguirá el deceso en diciembre de 2011 de Alfredo Roffé siendo el último número en que está su firma el 303 del 22 de aquel mes.
Este proceso paulatino de pérdida de fuerza hacen que la página, aún hoy bajo la sola responsabilidad de Alejandro López (quien en 2018 sustituirá a Posani en la dirección general del MUSARQ), vaya apagándose hasta convertirse, a pesar de haber transcurrido en total casi 14 años, en un remedo de lo que fue, de donde se debe rescatar el esfuerzo por crear un blog que contiene todos los números del 1 al 453 del 8 de enero de 2015, cuya consulta permite un estudio más minucioso que el comprendido en esta nota. En resumen, Aceras y Brocales ha perdido poco a poco su periodicidad (hay que recordar que la página se publicaba, al menos hasta el nº 453, todos los jueves) y reaparece sin solución de continuidad dando cabida a otras voces, acompañando así la creciente conversión del diario que siempre la ha alojado en órgano de propaganda y divulgación complaciente del régimen.