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La Agenda FAU 2013 y el edificio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo como libro abierto

Entre 2005 y 2015, con un vacío en 2006, fueron publicadas anualmente en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UCV diez agendas que fueron poco a poco convirtiéndose en elementos que contribuyeron al enriquecimiento de la memoria colectiva y la consolidación del sentido de pertenencia entre quienes forman parte de su comunidad.

Si bien la primera de ellas (2005) se dedicó, con más de un año de retraso, a la rememoración de los eventos que a lo largo de 2003 formaron parte de la celebración del 50 aniversario de la fundación de la institución, lo cual le dio un particular significado, la siguiente (2007), ya bajo la responsabilidad de Ediciones FAU UCV y con un diseño acorde con la nueva identidad visual de la FAU, sirvió para conmemorar los 65 años de la creación de la Escuela de Arquitectura, incluyéndose textos que relataban aspectos destacados de su historia, adoptándose un formato que en adelante se mantendría inalterable.

Posteriormente (2008 y 2009) se intentó, con la celebración de los 50 años de la inauguración del edificio de la Facultad como tema, llevar adelante la idea de que la agenda tuviera carácter “perpetuo”, es decir, se ofrecía al usuario la oportunidad de contar con un cuerpo o tripa que no variaba y que él iría ajustando, colocando fechas, días de la semana y contenido de acuerdo a sus necesidades. Así se intentaba ahorrar recursos ya que el cuerpo o tripa podría imprimirse en grandes cantidades una sola vez variando únicamente cada año la tapa o portada, elemento que las diferenciaba entre sí.

El “experimento” de la agenda perpetua se prolongó otro año más (2010, con el homenaje que se rindió a los doctores honoris causa otorgados por la FAU como eje central) y, lejos de lo esperado, se constató que el concepto de una agenda fuera de lo convencional, produjo en la comunidad por un lado confusión y por el otro un sentimiento de desapego que iba en contra de lo deseado inicialmente como objetivo básico del instrumento. Ante ello, a partir de 2011, se adoptó de nuevo una tripa tradicional y se fortaleció la idea de dotar a cada versión de la agenda de un eje temático que la amarrara a asuntos que podrían afianzar el arraigo y despertar el orgullo de pertenecer a la institución. También, a diferencia de años anteriores en los que los costos de diseño, producción e impresión de la publicación los asumía la institución, desde 2013 se buscó el respaldo de diversos entes que con su aporte económico permitieran cubrirlos, en momentos en que la crisis universitaria se hacía cada vez más patente. Además, en la misma línea, se empezó a solicitar a las diferentes partes que conforman la estructura institucional su colaboración.

Portada y parte del contenido de la Agenda FAU UCV 2012
Portada y parte del contenido de la Agenda FAU UCV 2014

De esta manera, surgieron entre 2011 y 2015 cinco agendas que lograron alcanzar el objetivo identitario que inicialmente se buscaba: la primera (2011), con curaduría de José Enrique Blondet, estuvo dedicada a mostrar fotográficamente y describir mediante textos preparados para cada especie, la flora atesorada en las áreas verdes que acompañan al edificio de la FAU; la segunda (2012), de acuerdo a la idea y producción de Catherine Goalard, retrotrajo la memoria a los propios orígenes beauxartianos de la Escuela de Arquitectura y, tras registrar, fichar y describir las piezas “clásicas” que por años se han utilizado en las clases de dibujo o expresión, las sacó del espacio del Taller Ventrillón donde hoy reposan, las paseó por el edificio y las puso a dialogar con los murales abstractos que recubren buena parte de las áreas comunes de la sede institucional, diálogo que fue recogido a través de 12 excelentes fotografías, una por cada mes del año; la tercera (2013), curada de nuevo por Catherine Goalard con textos de Azier Calvo encontró, a partir de una selección de los planos originales del edificio que COPRED conserva en la Casona Ibarra, la excusa perfecta para desarrollar doce temas proyectuales (tantos como meses tiene el año) a los que Villanueva prestó particular atención; la cuarta (2014) surgió de una proposición de los profesores del Área de Expresión de la Escuela (bajo la coordinación de Héctor Jiménez) de mostrar los contenidos y la manera cómo la actividad de taller que caracteriza el dictado de sus asignaturas, ofrecía la oportunidad de ver resultados verdaderamente interesantes; la quinta y última (2015) sirvió para conmemorar los 40 años de la creación del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC), mostrar sus orígenes, trayectoria y logros pero particularmente para enfatizar hacia el “construir la sostenibilidad”, norte al cual hoy apunta y área de investigación que lo distingue.

Portada de la Agenda FAU UCV 2013
Parte del contenido de la Agenda FAU UCV 2013

Entre ellas, la Agenda 2013, como ya se adelantó, dio pie para acumular un grupo de doce textos que, acompañados de otros tantos planos y diversas fotografías alusivas al tema tratado en cada uno, dieran pie para resaltar doce categorías dentro del proceso de proyectación del edificio sede de la FAU UCV y con ello conmemorar los 60 años de creación de la institución.

En esencia, desarrollando las acciones, estrategias y operaciones de: asentar, recrear, integrar, vincular, proteger, cubrir, iluminar, ventilar, tamizar, modular, revestir y materializar, lo que se propuso no fue otra cosa que un ejercicio de observación que aspiraba re-presentar aspectos esenciales de una obra construida que a modo de libro siempre permanece abierto y siempre tiene algo que mostrarnos y enseñarnos. Además, a través de los planos que se reprodujeron se rindió un modesto y merecido homenaje a la poco divulgada documentación resguardada con esmero en la Casona Ibarra por un pequeño y comprometido grupo de empleados de COPRED, testimonios que develan el empeño de comunicar a terceros el tránsito de las ideas al proyecto y del proyecto a la obra.

Intentando encontrar claves que permitieran abarcar su comprensión integral, el considerar la sede de la FAU como pieza inserta en un contexto mucho más amplio que involucra al arquitecto, su pensamiento y su producción, pasó a ser fundamental.

Parte del contenido de la Agenda FAU UCV 2013

Sin pretender agotar su número, ni la capacidad seductora que cada una provee, el abordaje que se hizo de las diferentes nociones ambicionaba en cada caso ofrecer una aproximación crítica y abrir una ventana por la cual cualquier miembro de la comunidad, y en especial los estudiantes, pudiera regresar al edificio y aprender de él. Los términos elegidos, ordenados de acuerdo a una cierta progresividad y complementariedad mutua, señalaban aspectos cuyo énfasis prevalece en la concepción de la edificación, muchos de ellos resaltadas por otros estudiosos de la obra de Villanueva, por lo que no intentaban ser originales ni exclusivos, cambiando en este caso sólo el modo de abordarlos. En tal sentido, cada plano elegido y cada foto presentada tenían mucho que aportar a un discurso que intentaba ser compartido.

Fue particularmente estimulante para esta riesgosa tarea de síntesis el repasar una vez más el proceso seguido por el Maestro, desde la elaboración del primer plan maestro de la Ciudad Universitaria (1944) hasta la construcción de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (1964). Ello permitió determinar el lugar que ocupa la FAU (1954-1957) como parte de un proceso evolutivo y como primer edificio educativo regido por la tipología torre-cuerpo bajo, circunstancia aprovechada magistralmente por Villanueva para convertirlo en lección de la disciplina que con tanto amor profesaba.

Parte del contenido de la Agenda FAU UCV 2013

La elaboración de los textos que contenía la Agenda FAU 2013 fueron producto del ejercicio de imaginar un talentoso diseñador ante una hoja en blanco que no es tal, irremediablemente signada por una búsqueda paciente y una capacidad interpretativa, que llevan a apreciar temas reiterados a lo largo de su obra manejados con particular cuidado en el edificio objeto de análisis. Las facetas de un Villanueva eternamente joven, que conquista un territorio, funda una ciudad, dirige una orquesta, traduce el pasado, valora lo local, participa del momento en que vive, experimenta hasta el cansancio, juega con las formas o concilia los opuestos, se nos aclaran al corroborar la absoluta coherencia y el proceder responsable de un intelectual que se considera primeramente un técnico y en segundo lugar un artista.

Ciertamente, las virtudes atemporales que acompañan toda aproximación sensorial al edificio de la FAU, opacan otros aspectos a los cuales también hay que atender a la hora de establecer su vigencia. Aunque el material presentado en la Agenda insiste en resaltar lo primero, sumándose a los que sobre la obra ya se han escrito, el comportamiento actual de la sede se ha ido alejando paulatinamente de condiciones programáticas que, vinculadas a una forma de entender la enseñanza de la arquitectura, dieron pie al derroche de sentimientos que inundan a quien la visita. Pensada para albergar una Escuela ha debido adaptarse a las exigencias y complejidades de una Facultad; imaginada como una ciudad animada continuamente por las actividades de taller que ocupaban su planta baja, ha trastocado su lógica y desvirtuado el destino de los espacios que originalmente constituían su razón de ser; afectada por la intensidad fluctuante de su uso en el tiempo y el impacto inclemente del clima, sumados al descuido en su mantenimiento y la fatiga natural de los dignos materiales que la componen, su nobleza constructiva se ha visto seriamente afectada.

A pesar de todo, hay que seguir agradeciendo el poder contar con una obra que, por  la generosidad con que se concibió, ha sido capaz de soportar estoicamente todos los embates, enseñándonos también que nada es irreversible si aún somos capaces de comprenderla a plenitud.

Los doce conceptos abordados en la Agenda FAU 2013 cuyos sugerentes textos llevan a cabo una disección estimulante de lo que fue concebir, proyectar y construir para luego recorrer, habitar y percibir el edificio sede de la FAU, podrían ser retomados en algún momento para llevar a cabo una pequeña colección, pero eso es tema que puede formar parte de otra nota. Descontinuada desde 2015, la Agenda FAU pasa a engrosar el grupo de publicaciones que, habiendo dejado testimonio de la que una comunidad es, está allí para ser consultada como arte y parte de la historia de la institución.

ACA

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¿SABÍA USTED…

… que este mes de enero de 2021 se cumplen 60 años de la aparición del nº 1 de la revista PUNTO?

La revista Punto, considerada durante muchos años la publicación periódica bandera de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, aparece en enero de 1961 durante el decanato de Julián Ferris, casi 8 años después de creada esa institución y 20 después de que la Escuela de Arquitectura iniciara sus actividades.
Su fundador y primer director, Antonio Granados Valdés (1917-2020), ingresa a la Universidad como docente en 1957 para coordinar un área que recién empezaba a desarrollarse denominada “Extensión Cultural”, sustituyendo a Abel Vallmitjana (1910-1974), pintor catalán y al igual que Granados exiliado republicano, quien lo introduce ante el entonces decano de la FAU y Vicerrector de la UCV Willy Ossott para proponerlo como su reemplazo.

Pintor, grabador, dibujante y crítico de arte, Granados concibe Punto como una ambiciosa revista de divulgación cultural y, tal como señala Juan Vicente Pantin en “Arquitectura versus arte. Antonio Granados Valdés y la revista Punto (1961-1978)”, trabajo de ascenso presentado para ascender a la categoría de asistente en el escalafón universitario en 2014, “difícil ha sido precisar desde los documentos revisados para esta investigación otras participaciones y protagonismos; solo han quedado, en 60 números producidos durante 17 años, el nombre de Antonio Granados Valdés (al que … se sumará el de su compañera Tina Lagar). Sin mención de asistentes, colaboradores, equipo de redacción o afines”. Y añade: “La revista Punto está indisolublemente ligada con Granados, quien asumió durante el tiempo a su cargo la totalidad de la labor editorial. Sin embargo, difícil resulta endosarle la misma cualidad de autoría que identifica a otras revistas con sus editores. Las razones son complejas, y ellas se suman a la problemática condición de la revista; entre ellas -y quizás la más importante- los diversos y hasta opuestos intereses que intentaron utilizarla según sus propósitos, entre ellos los de su propio editor. (…) Pese a -y paradójicamente, gracias a- Granados, fue Punto una publicación plural, en cuanto reflejo de las voces e ideas que circularon por la FAU durante aquellos años. Esta confusa afirmación se convierte en motivación fundamental a la hora de develar cuánto de individual o de colectivo hay en las intenciones comunicacionales de Punto como órgano editorial de la FAU.”

Entre la asunción de Granados como Coordinador del Departamento de Extensión Cultural (posteriormente denominada como División) y la aparición de Punto, transcurren 4 años en los que tuvo que definir y determinar el alcance de dicha actividad en el seno de la Facultad en medio de precariedades. Si bien inicialmente la misión del departamento era organizar actividades artísticas y culturales, ello se debió hacer sin presupuesto, programa ni reglamento que lo orientara, amén de la carencia de espacio que lo arropó hasta que fue inaugurada a finales de 1957 la flamante sede de la FAU, razones por las que, por un lado, se entiende la meritoria labor desarrollada y por el otro la discrecionalidad con la que Granados procedía a la hora de enrumbar la publicación formalmente adscrita a su Departamento.

El testimonio de Granados en 2005 (citado por Pantin) acerca de cómo concebía la extensión universitaria, resulta clave para ratificar lo afirmado y entender la atención colateral que Punto prestó a la arquitectura en sus primeros números: “Debido a las ya indicadas carencias de orientación para desarrollar las actividades de extensión cultural, no tuve más remedio que establecerla yo, a partir del significado de las palabras extensión cultural. (…) Consideré que mi misión era poner a disposición de los alumnos conocimientos que no les eran dados en sus estudios impartidos en talleres y departamentos, esencialmente, diversos aspectos de la cultura y de las artes, en particular las artes plásticas, e incidir, sobre todo, en el arte arquitectónico para dar a conocer a los estudiantes por medio de exposiciones y publicaciones, ejemplos de arquitectura de significativos arquitectos, y también con conferencias y mesas redondas o debates”, opinión que se ratifica al leerse el editorial del nº 1 que acompaña en la portada  la foto del Museo Guggenheim de Nueva York, obra de Frank Lloyd Wright.

Punto está ligada a lo largo de sus primeros 60 apariciones, con periodicidad casi bimestral, a una perseverante labor asociada a su director en la que se puso de manifiesto su habilidad para aprovechar relaciones personales, contactos interinstitucionales, influencias, astucias y solidaridades automáticas dando como resultado un órgano en el que muchas veces se extrañaba la presencia de ideas y se apelaba a las transcripciones de textos procedentes de otros medios. Sin embargo, a pesar de que no hubo una clara línea de comportamiento, tampoco se apuesta por un formato cerrado ni a una compartimentación definitiva de los temas abordados por lo que, bueno es decirlo, ni Granados estuvo tan solo, ni monopolizó el discurso editorial, los contenidos y el mensaje, ni tampoco fue una revista en la que predominaban textos dedicados a las artes plásticas. Contra tales percepciones hay que reconocer en Granados su capacidad para asesorarse, para lo cual siempre contó con el invaluable apoyo de Carlos Raúl Villanueva, quien quizá le aconsejó mantener la publicación bajo un amplio paraguas que permitiese la aparición de temas procedentes de una diversidad de frentes en los que se gestaba la cultura arquitectónica. También se le debe reconocer “el empeño puesto en afiliar sus conocimientos a la arquitectura y, (…) el haber identificado voces, temas y obras con las cuales dotar a la Revista de cierto espesor y consistencia, amén de los usuales reciclajes, que constituyen para muchos el primer contacto con la producción intelectual de la metrópoli disciplinar”, completará Pantin.

1. Algunos de los números monográficos de la revista PUNTO

A pesar de todo, Punto logra evolucionar en el tiempo, tanto dentro de la gestión de Granados como en las que le sucedieron (que alargaron su vida sólo nueve números más en 23 años), movidas por un marcado cambio de enfoque y otra comprensión del papel que la revista debía asumir. A modo de ejemplo se puede citar cómo ya esporádicamente Granados había incorporado algunos números monográficos dedicados a Le Corbusier (nº 25, noviembre 1965), a Villanueva (nº 46, junio 1972) al tema de los aeropuertos (nº 56-57, junio 1976), a la Ciudad Universitaria de Caracas (nº 59, octubre 1977), o al segundo Foro en Defensa de la Ciudad (nº 60, mayo 1978).

2. Momento en que la revista PUNTO sufre un cambio radical en su línea editorial influido por los aires de la Renovación

Sin embargo, dentro de este marco, es posible determinar un antes y un después dentro de la gestión de Granados marcado por la aparición de los aires de Renovación que cubrieron la enseñanza de la arquitectura a finales de los años 60 y comienzos de los 70, los cuales no compartía. Dicha línea divisoria la establece el lanzamiento del nº 40-41 (enero-marzo 1970) cuyo tema central giró justamente en torno a la pregunta “Renovación ¿por qué? ¿cómo?”, en el que incluso la portada pasa a ser ocupada desde entonces y hasta el nº 58 (salvo el 46) por diseños seleccionados por concurso realizados por estudiantes que sustituirán las buenas fotografías que la caracterizaron hasta aquel momento.

3. Portadas de dos números iniciales que marcan dos etapas posteriores a la era de Granados. El 61 será el que aparecerá tras la separación del fundador de su cargo marcando una clara ruptura.

Veinte números más logrará publicar Granados hasta que la “intromisión” del decano Américo Faillace lo lleva a tomar la decisión de jubilarse y retornar a España en 1978. En ese momento se crea el Centro de Información y Documentación (CID) y se nombra director al joven profesor Henrique Vera que cargará con la responsabilidad de cambiar hábitos y costumbres acumulados durante 20 años de gestión de Granados y darle un importante viraje tanto al manejo de la extensión cultural como al enfoque, diagramación y contenidos de la revista, contando con un Comité Editorial conformado por Mariano Goldberg, Ramón León, Manuel López y Juan Pedro Posani, que dará cabida a una visión de la arquitectura desde la crítica a través de artículos originales “elaborados expresamente para Punto por quienes en Venezuela sepan y quieran escribir sobre arquitectura”, provenientes en su mayoría del ámbito académico vinculados con trabajos de investigación. Marcando distancias con lo que hasta ahora había sido el comportamiento de la revista, en el editorial del nº 61 se señala: “Los temas (…) atañerán directa y conjuntamente a autores y lectores, por la circunstancia de ser temas propios del País y del Continente. (…) Se procurará, en el tratamiento de los temas de Arquitectura Internacional, desarrollar una actitud fundamentalmente pedagógica, procurando restituir, durante el análisis o el trabajo informativo, todos los caracteres de originalidad y diferencia que les otorgaron a esos acontecimientos una vitalidad peculiar referida a esferas culturales, históricas, geográficas y políticas diferentes de las nuestras”. Y más adelante: “Intentaremos mantener siempre intacto el deseo de utilidad, no ya en el marco de la abstracción puramente cultural ni tampoco dentro de la información neutra o meramente gremialista, sino en función de una aspiración -el tiempo dirá si excesivamente pretenciosa- de cumplir con tareas actuales, imprescindibles y palpitantes.”

A los tres números editados durante años consecutivos por Vera (el 61 en 1979, el 62 en 1980 y el 63 en 1981) que mantuvieron una extensión similar de 63 páginas, seguirán otros tres que correrán bajo la responsabilidad de Paulina Villanueva cuando en 1981 es designada como directora del CID quien se acompañará con un Comité de Redacción integrado por: Carlos Gómez de Llarena, Maciá Pintó, Joel Sanz, Pedro Sanz y Francisco Sesto. La revista, sometida de nuevo a “varias revisiones y orientaciones que conciernen a su carácter, a su contenido, a su organización y a su expresión gráfica” y comprometida por un lado en “permanecer” y por el otro en “remover, provocar y vigorizar el debate arquitectónico en nuestro país, para restablecer un nivel saludable en la cultura de la Arquitectura en Venezuela”, asumirá para cada número un carácter temático, el material será elaborado por integrantes del cuerpo académico de la institución y crecerá considerablemente el número de páginas. Así, el nº 64 (1982) de 113 páginas, se dedicará a “Arquitectura y docencia”, el 65 (1983) de 145 páginas a “Arquitectura y ciudad” y el nº 66-67 de 145 páginas, programado para salir en 1984 (momento para el que ya se encontraba diseñado y montado), dedicado a “Arquitectura y política”, debió esperar hasta 1997 para ver luz, afectado por la crisis que atravesó la universidad por aquellos años.

4. Portadas de los dos últimos números de PUNTO. Cada uno en sí mismo es el primero y el último de una etapa

El número 68 de Punto, “primero y último de una etapa” y ejemplar “acabado en sí mismo”, aparece el año 2000 luego de que la nueva directora del CID, Ana María Marín, dedicara importantes esfuerzos para darle salida al represado número 66-67. Tras precisar sus reparos en cuanto a la afectada periodicidad de la revista, Marín se propuso, junto al Comité Editorial integrado por Azier Calvo, Enrique Fernández-Shaw, María Fernanda Jaua, Joel Sanz y Alberto Sato, “saldar los ochenta” e incorporar una renovación significativa en la imagen (gracias a la participación en el diseño gráfico de Álvaro Sotillo y Gabriela Fontanillas), con la “ilusión” (frustrada por tratarse de un solo número) de ser una publicación “temática” que se dedicaría a “Palabra y obra” buscando, al dar cabida a material que enfatizaba en cada uno de dichos componentes, insuflar un “nuevo impulso” que le daba el hecho de convertirse por primera vez en revista arbitrada gracias al aval del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) de la UCV.

La última aparición de Punto se produce en 2001 un año después de la celebración del centenario del nacimiento de Carlos Raúl Villanueva y de la declaratoria de la Ciudad Universitaria de Caracas como Patrimonio Mundial. Dedicada fundamentalmente al Maestro, la revista nº 69 llega a titularse “Villanueva (in) pertinente”, buscando con esa especie de provocación, tanto su director Martín Padrón como el Comité Editorial que lo acompaña (Henry Vicente, Luis Polito, Hernán Zamora, Francisco Martín y María Teresa Novoa), plantear a través del editorial “Pertinencia y pertenencia de la obra de Villanueva” (escrito por Padrón), “algo más que referirse a dos palabras similares diferenciadas por una sola letra, pues representan significados que entrañan profundas diferencias. La pertinencia de una obra puede abrir camino para su pertinencia”. También, en este número arbitrado que tuvo carácter monográfico, se señala lo siguiente: “La responsabilidad de que la obra de Villanueva nos pertenezca ahora es mayor, pues desde que los espacios de esta ‘ciudad extraordinaria’ fueron declarados bien cultural de la humanidad el sentido de pertenencia se amplía a una comunidad universitaria, profesional, vecinal y visitante a estos recintos, a quienes nos corresponde asumir su defensa, comprensión y pertenencia.”

Posteriormente varios fueron los intentos, todos infructuosos, por relanzar Punto, crónica que daría pie a la elaboración de otra nota.

Por otra parte, Granados falleció en mayo de 2020 en Madrid, suceso que pasó prácticamente inadvertido en nuestro medio quizás por efectos de la pandemia o por nuestro ya proverbial descuido en reconocer a quienes han construido la historia institucional. Sin embargo, ya en agosto 2017, al cumplir 100 años, el museo Vázquez Díaz de Nerva (su ciudad natal) y las sociedades Centro Cultural y Círculo Comercial le rindieron un más que merecido homenaje con una triple exposición antológica que, bajo el título “Cien años de vida, arte y compromiso”, mostraba diferentes etapas su vida artística representadas en 160 obras. 

Valga pues esta nota como un pequeño homenaje a Granados por su labor de 20 años en el seno de la FAU UCV y a la de todos los que tuvieron que ver con el devenir de una revista, cuya consulta es obligatoria para quienes quieran conocer cómo se desarrolló la actividad cultural, académica e intelectual de la institución entre 1961 y 2001.

La totalidad de Punto se encuentra disponible con posibilidad de ser descargada libremente en www.edicionesfau.com producto de una iniciativa de la Fundación Arquitectura y Ciudad.

ACA

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Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ES NOTICIA

L’Architecture d’Aujourd’hui  nº 439

90th anniversary

October 2020

En noviembre de 2020, AA celebra su 90 aniversario: 90 años de debates e investigaciones, 90 años de papel, diseño gráfico, fotografía y dibujo, 90 años de arquitectura que se honran en este número 439, a través de una selección de archivos, de los muchos que como joyas hacen que esta revista internacional sea tan especial.

En esta ocasión, el informe se centra en París y en una selección de proyectos emblemáticos de la capital francesa, que han marcado tanto el siglo XX como las páginas de AA.

El perfil está dedicado a un arquitecto joven y prodigio, Jean Nouvel, cuya carrera siempre ha sido un foco de atención para AA. De hecho, la revista ha registrado todos sus esfuerzos en la capital francesa. Mirar hacia atrás en la evolución de París durante el siglo XX también significa recordar proyectos extraordinarios como la Casa de Cristal de Pierre Chareau, el edificio de la Unesco de Bernard Zehrfuss, las torres residenciales de «nube» de Émile Aillaud, y también muchos concursos históricos como el del Parc de La Villette o la contracompetencia de los Paris Halles, una operación “pirata” que por entonces causó gran revuelo. Las páginas de AA son de las pocas que han registrado este debate. La sección “Diseño” reproduce un texto de Mallet-Stevens, fundador con Le Corbusier, Jean Prouvé, Pierre Jeanneret y Charlotte Perriand de la Union des Artistes Modernes, recordando que la revista siempre ha actuado como portavoz de todas las formas de creación. Para celebrar su aniversario excepcional, el equipo de AA ha invitado a algunos arquitectos contemporáneos (Salima Naji, Manuel Núñez Yanowsky, Manuelle Gautrand, Kengo Kuma, Eva Prats y Ricardo Flores, Paolo Portoghesi, FREAKS, Martha Thorne, Aldric Beckmann, Yung Ho Chang, Dominique Perrault et Chartier Dalix) para compartir su tema favorito. Estas historias ofrecen un panorama de las diversas vidas de AA y los diferentes compromisos que la revista ha apoyado desde su creación en 1930 por André Bloc.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 233

Nuestra postal del día de hoy está ilustrada por la portada del número 1 de la revista Bisagra (octubre-noviembre 2002), iniciativa que se vincula con el encartado del mismo nombre aparecido los sábados en el cuerpo D del diario La Verdad de Maracaibo entre 1998 y 2001, impulsada por los docentes e investigadores de la Facultad de Arquitectura y Diseño (FAD) de la Universidad del Zulia (LUZ) Francisco Mustieles y Lourdes Peñaranda, quienes, contando con la colaboración, entre otros, de los jóvenes Farid Chacón y Claudia Urdaneta, encontraron la oportunidad de abrir desde “la provincia” un espacio que no tuvo nada que envidiarle a los ya existentes en “la capital”, tal y como reseñáramos en su momento en el Contacto FAC nº 86 (22/07/2018), particularmente en la nota dedicada a la Postal nº 121.

El paso de Bisagra de la versión en periódico a revista se produjo después que los editores de La Verdad le manifestaran a los responsables de la página que iban a limitar su aparición por razones de costos, sin importar que la misma obtuviera en 2001 el Primer Premio a la mejor Publicación en Prensa sobre Arquitectura y Urbanismo, en el marco de la X Bienal de Arquitectura de Caracas (denominación que en esa ocasión se le dio a la Bienal Nacional de Arquitectura), organizada por el Colegio de Arquitectos de Venezuela.

Con una amplia cobertura en cuanto a temas y un buen respaldo que se tradujo en la presencia de patrocinios, Bisagra apareció con 85 páginas a todo color y aunque se centraba en tópicos de arquitectura y ciudad le abría también la puerta al diseño interior, el diseño gráfico, el diseño industrial, las artes plásticas, el arte público y la fotografía.

Páginas interiores de la revista Bisagra: Contenido y primera página de la sección Retro

Concebida como una publicación de corte ligero dirigida a una amplia gama de lectores y con un diseño gráfico jovial, de la mano de Bisagra pudimos enterarnos de la obtención del Premio de Arquitectura Contemporánea (también conocido como el Premio Mies van der Rohe) que la Unión Europea le otorgó en 2001 a Rafael Moneo por el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal, complejo arquitectónico constituido de un gran auditorio, una gran sala de cámara, salas polivalentes y salas de exposiciones situado en San Sebastián (País Vasco), inaugurado en 1999.

Fueron objeto de atención y reflexión para Bisagra la obra reciente de Herzog & De Meuron, Santiago Calatrava y, particularmente, de Peter Zumthor a quien se le dedicó un interesante artículo escrito por Farid Chacón con fotografías de Francisco Mustieles titulado “Peter Zumthor: construyendo un país sin palabras”, en el cual se lleva a cabo un análisis critico del pabellón presentado por Suiza en Expo Hannover 2000, un edificio que tenía unas medidas de 50 x 50 metros y una altura de 9 metros, y estaba hecho principalmente de madera. Llamada la “Caja de Sonido” o “Caja de esencias”, lo que hace honor a la visión que tiene Zumthor de la arquitectura como una experiencia completa que debe apreciarse con todos los sentidos, el pabellón es permeable y se puede acceder a él por cualquiera de sus lados, lo que hace que cada visitante tenga una percepción diferente en esta atmósfera cambiante. En el texto de Chacón se tocan temas como el ruido que toda Expo produce donde cada pabellón representativo intenta gritar por su cuenta, el particular sonido que dentro de tal alboroto produce la sosegada obra de Zumthor y el silencio casi místico que se percibe al penetrar en ella.

Páginas interiores de la revista Bisagra

Otro artículo de interés lo constituye el escrito por Claudia Urdaneta y Farid Chacón con fotografía de William Dondyk y Lorena Riga titulado “Estrategias de dilatación”. En él se expone la experiencia asociada al diseño interior de un apartamento de 70 m2 situado en la zona este de Maracaibo en el que debía acomodarse una familia que venía de un espacio de 200 m2. Prescindiéndose de buena parte de la tabiquería que la vivienda poseía y apelando al concepto de dilatación mediante el uso de elementos de mobiliario transformables y móviles para su equipamiento, “… se recurrió a materiales, luces y superficies sensorialmente seductoras, que despertaran una mayor disposición hacia el juego, intención reforzada por elementos con los cuales se puede interactuar, Así, el espacio intervenido se comporta como un gran escenario, donde prevalece la voluntad creativa de los usuarios, capaces de producir un incontable número de posibilidades del ambiente”.

En la categoría de eventos se reseña el Premio ENEA (Encuentro Nacional de Estudiantes de Arquitectura) otorgado al proyecto M9Vt441, un módulo de servicios viales que conjuga sobriedad, versatilidad y funcionalidad. También se preparó una nota dedicada a la segunda convocatoria del Salón Malaussena de Arquitectura y Urbanismo organizado desde 1999 por el Colegio de Arquitectos de Carabobo de común acuerdo con el Colegio de Arquitectos de Venezuela y el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Algunas de las páginas centrales de Bisagra dedicadas a recoger el más reciente trabajo del reconocido fotógrafo Nelson Garrido

Las páginas centrales de Bisagra están dedicadas al más reciente trabajo del reconocido fotógrafo Nelson Garrido englobado bajo el título “La otra arquitectura”, una serie de imágenes que recogen pequeños objetos producto de la espontaneidad con que la gente intenta rememorar acontecimientos ligados a accidentes automovilísticos en los que está involucrada la muerte de algún familiar o amigo, generalmente ubicados al borde de las carreteras.

Llama la atención la aparición de la sección “A escala natural”, las reseñas dedicadas a París y al espacio donde funciona el Café Atlantique, ubicado en el edificio Atlantic en Los Palos Grandes, Caracas, del que se resalta su espacialidad minimalista. También la aparición de temas como la gastronomía y la música destacándose el trabajo de la polifacética artista islandesa Björk vinculado a la tragedia del 11 de septiembre de 2001.

Bisagra duró tanto como su primer número. Problemas de financiamiento hicieron desistir a sus entusiastas redactores de seguir adelante a pesar de que la segunda entrega se encontraba prácticamente terminada. La experiencia se sumaba de esta manera a la saga que acompaña la corta duración de tantas publicaciones venezolanas dedicadas a temas de arquitectura. Hoy en día quienes emprendieron aquel proyecto editorial a caballo entre dos siglos, conforman la exitosa firma de arquitectura marabina NMD, creada justamente en 1999, desde donde, además de mostrar una clara proyección internacional no han abandonado su interés por promover y participar en publicaciones de muy variado tipo.

ACA