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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 222

“Modern Venezuela Moves Ahead!”. Con este titular, el diario norteamericano The New York Times, publica el 17 de marzo de 1963, un reportaje especial de publicidad y promoción sobre Venezuela, preparado por la Corporación Venezolana de Fomento. Un encartado que destacó la condición moderna de país, poniendo de relieve toda su dimensión productiva y la importancia de su creciente infraestructura.

Las imágenes de la portada son claras evidencias de ello: el Puente sobre el Lago de Maracaibo, la represa de Macagua, los jardines del Caraballeda Golf Club y en primer plano, una foto aérea de la Autopista del Este (particularmente del distribuidor “El Pulpo»), que muestra la complejidad de Caracas, y un urbanismo avasallante, donde las redes viales son protagonistas, siguiendo las ideas de desarrollo propuestas años antes en el “Arterial Plan for Caracas” elaborado por el urbanista Robert Moses en 1948.

1. Portada del suplemento «Modern Venezuela Moves Ahead!” publicado por The New York Times el 17 de marzo de 1963

El suplemento introduce la dimensión económica y productiva de Venezuela con una breve carta de presentación del Presidente Rómulo Betancourt, quien a través del “II Plan de la Nación”, delineó una estrategia de desarrollo de cuatro años (1963-66) organizada por la Oficina Central de Coordinación y Planificación de la Presidencia (CORDIPLAN), en coordinación con las organizaciones públicas y privadas. El ser considerado el II Plan como un “Plan para el Progreso” lo alineaba con las políticas emanadas desde la Alianza para el Progreso (ALPRO), programa de ayuda económica, política y social propuesto por Estados Unidos para América Latina a modo de “Plan Marshall” anunciado en marzo 1961 por el Presidente Kennedy y refrendado en agosto de ese mismo año en la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), reunido en Punta del Este (Uruguay) con la presencia de delegados de todos los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) a excepción de Cuba. Con la creación de la ALPRO se buscaba, entre otras cosas: un incremento anual de 2.5 % en el ingreso del capital, el establecimiento de gobiernos democráticos, la eliminación del analfabetismo de adultos para 1970, la estabilidad de precios, la eliminación de la inflación o deflación, una más equitativa distribución del ingreso, darle impulso a la reforma agraria, y a la planificación económica y social.

Al interior del folleto, en el artículo “The four year Plan: blueprint for the future” (ubicado en la página 6) se explica que “las recomendaciones del Plan, aspiran a colocar a Venezuela en la ruta hacia altos estándares de vida, y proveer los recursos para una mejor integración y cercana cooperación económica con países de Latinoamérica, y otros con los cuales Venezuela tiene intereses comunes”.

Los progresos del país en materia de reforma agraria, salud, industria, vivienda, educación para todos, comercio local e internacional, planes comunitarios, y florecientes actividades culturales, sostenidos sobre los crecientes ingresos de la renta petrolera, se plasman como los principales atributos para promoverlo en el mercado norteamericano. La publicación destaca el incremento de los ingresos del gobierno provenientes del petróleo en 1962, en un 12,62% en relación al año anterior, y la participación de un importante grupo de empresas norteamericanas que en conjunto y en asociación a otras empresas y consorcios locales lograban producir 3.199.800 barriles diarios de crudo.

Este impulso del gobierno de Betancourt, buscaba afianzar los vínculos políticos y comerciales que habrían permitido el surgimiento de una moderna industria en un país joven.

Dentro de este esfuerzo de promoción comercial del país, Caracas aparece reflejada dentro de la publicación como la “vibrante capital cosmopolita de Venezuela, magníficamente localizada en las planicies ubicadas entre dos cadenas montañosas, como el epítome del nuevo impulso y entusiasmo que motivan la economía venezolana”. Una capital vanguardista que exhibía un complejo sistema de autopistas, infraestructuras hoteleras, rascacielos, avenidas icónicas, un moderno sistema de teleférico, un impresionante hipódromo, un campus universitario de increíble magnitud y las emblemáticas torres de El Silencio.

2. Plano de Caracas y sus alrededores. Eduardo Röhl, 1934

En este contexto de impulso nacional, la Dirección de Cartografía Nacional del Ministerio de Obras Públicas pública en 1963 el plano de Caracas que ilustra nuestra postal del día de hoy, donde se enmarca la capital en un amplio contexto geográfico reflejado a escala 1:100.000, poniendo de relieve la situación de la ciudad en relación con su geografía circundante y las redes viales.

Este detallado plano contiene curvas de nivel cada 50 m, la red de drenaje, el nombre de las principales filas y quebradas, información vial y la trama urbana; además, reintroduce el sombreado para expresar la tercera dimensión aportada por la orografía que ya había incorporado Eduardo Rohl en el conocido y paradigmático “Plano de Caracas y sus alrededores” de 1934. El contenido de este mapa se basó en una compilación de datos realizada por el hoy extinto MOP, Cartografía Nacional, el servicio odógrafo de la división editora y otras instituciones no señaladas en el mismo.

El plano abarca gran parte de la región donde se asienta el valle y privilegia la lectura de las vías de transporte entre Caracas y su entorno, como si se tratase de mostrar un complejo sistema circulatorio, cuyo crecimiento estaba previsto en un periodo de 4 años, estipulado en el “II Plan de la Nación”. Ello permitiría la finalización del las autopistas entre Tejerías-Caracas, entre Valencia-Puerto Cabello y la que conectaría Caracas con el Puerto de La Guaira y una carretera de 200 kilómetros que vincularía Puerto Cabello a La Guaira, sin pasar por Caracas. En total 1.749 kilómetros de vías se completarían en estos 4 años para llegar a los 29.727 kilómetros.

Por otro lado el crecimiento de la capital y sus áreas de influencia, detonaría que grandes empresas venezolanas se establecieran en la zona industrial de Guarenas, con una ubicación privilegiada a sólo 20 minutos de Caracas, en las afueras, como uno de los sitios mas promisorios para el desarrollo industrial y manufacturero. 

Para 1963, la ciudad estaba conformada por en el Distrito Federal, con una población de 1.411.835 habitantes, mientras que la denominada Gran Caracas contaba con 1.336.000 habitantes. Adicionalmente el estado Miranda albergaba 537.491 habitantes.  Todo ello conformaba una gran área urbana, donde en un radio de 120 kilómetros se concentraba “casi la mitad del mercado de consumo de Venezuela, y un gran porcentaje de la población urbana del país”.

Este plano, realizado con los mejores equipos aerofotogramétricos con que contaba Cartografía Nacional, reconocida para la época como una de las instituciones que mayores progresos en el área había logrado en la América Latina, representa esta gran área geográfica de la región capital, donde Caracas amplió su zona de influencia marcada por las políticas de desarrollo y donde la vialidad se convirtió en una clara estrategia que buscó mejorar y reconectar los sectores productivas del país.

Es continuación y punto importante dentro de las publicaciones que ya desde 1936 empezó a realizar el Servicio Aerofotográfico cuando ejecutó la primera restitución fotogramétrica de vistas aéreas con el objeto de actualizar el mapa topográfico de Caracas y sus alrededores. Esta misión a una escala cercana al 1:25.000, es conocida como la Misión 8 (1936-39) y abarca la Cordillera de la Costa y la Serranía del Interior hasta el Edo. Aragua.

A partir del 26 de julio de 1937 y por decreto presidencial de López Contreras, el Servicio Aerofotográfico (nombre que se le dio a la Oficina de Cartografía Nacional instalada en Escuela de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales desde 1916), creado en 1935 y hasta entonces dependiente del Ministerio de Relaciones Interiores, se adscribe al MOP con la denominación de Dirección de Cartografía Nacional, siendo la misma el único organismo oficial especializado para la elaboración de mapas del país. De esta manera, se inició un nuevo período en la cartografía venezolana con la introducción de los adelantos tecnológicos modernos a la cadena de producción cartográfica en todas sus áreas. La incorporación de nuevas técnicas y tecnologías, aunado a una mayor preparación del personal, hizo posible el incremento de la producción de mapas topográficos a nivel nacional.

IGV/ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://m.facebook.com/lavenezuelainmortal/posts/1553490791416515

2. http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-del-caballo/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 221

El Concurso de Ideas para el Palacio Municipal del Distrito Sucre del Estado Miranda, organizado por la Comisión de Urbanismo del Concejo Municipal de dicho distrito con el auspicio del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV), se constituyó en el certamen que copó la atención del gremio durante el año 1985. Planteado en dos etapas, la primera buscó seleccionar de entre el alto número de participantes las cinco mejores propuestas para, luego de ser desarrolladas a nivel de anteproyecto, proceder a escoger la ganadora definitiva.

A modo de preámbulo podríamos decir que lo que en aquel entonces se conocía como el Distrito Sucre, tuvo su más lejano origen en la fundación de Petare el 17 de febrero de 1621 con el nombre de “Dulce Nombre de Jesús de Petare”, sobre una colina al extremo este del Valle de Caracas que mira al río Guaire, en el territorio que fuera habitado por los mariches, grupo indígena perteneciente a la familia lingüística Caribe. Según se recoge en la serie ¿Quiénes somos? publicada por el Centro de Historia Regional de Petare (Fundación José Ángel Lamas, marzo 2000), a cargo del antropólogo Félix A. Baptista -citada en https://es.wikipedia.org/wiki/Municipio_Sucre_(Miranda)-, “entre 1811 y 1819 el actual territorio de Sucre formaba parte de la Provincia de Caracas. En 1822 se crea el Cantón de Petare con los sectores de Baruta y El Hatillo bajo su jurisdicción. En 1853 se reorganizan las parroquias del Cantón. En 1864 pasa a ser parte del Estado Caracas, y el nombre cantón es sustituido por el de Departamento. En 1879 pasa a formar parte del Estado del Centro y en 1881 del Estado Guzmán Blanco”, momento en que recibe por primera vez la denominación de “Distrito Antonio José de Sucre” conformado por los municipios Libertad, Monagas y Petare como sede del gobierno. “En 1904 su territorio se anexa al Distrito Federal hasta 1909 cuando vuelve a formar parte de la jurisdicción del Estado Miranda”, sumándose posteriormente los municipios Monagas (primero Dos Caminos y luego Leoncio Martínez en 1948), Libertad y Unión a los municipios Petare, Baruta, El Hatillo y Chacao.

1. Casco colonial de Petare (circa 1950)

Para 1985, momento en el que se convoca el concurso que hoy nos ocupa, el Distrito Sucre era considerado como la entidad de ese rango más importante y rica del país. Aún no se había promulgado la Ley Orgánica de Régimen Municipal (1989) que lo eliminó para transformarse en municipio produciéndose su casi simultáneo desmembramiento de donde surgen con el mismo rango Chacao, Baruta y El Hatillo. Abarcaba la zona de la ciudad con el mayor crecimiento urbano y albergaba los terrenos más apetecibles para que ello se diese.

No hay que olvidar cómo desde que empieza el desarrollo de Caracas hacia el este del valle, paulatinamente desde finales de los años 20 del siglo XX y aceleradamente desde 1936, fueron las haciendas que ocupaban la demarcación del Distrito Sucre las que se fueron transformando en urbanizaciones que, con base en un trazado propio para cada una se iban parcelando y se vendían sin contar aún con los servicios básicos ni con un mecanismo que las regulase. Su intercomunicación se daba a través de lo que antiguamente eran los caminos reales convertidos luego en carreteras.

2. Plano regulador de Caracas. Información básica, 1950. Crecimiento histórico de la ciudad.
3. Plano regulador de Caracas, 1951. Estudio preliminar. Usos propuestos de la tierra.

Así, cuando se crea la Comisión Nacional de Urbanismo en 1946, y se busca ordenar el proceso de urbanización de la capital, cuyo principal fruto es el Plano Regulador de Caracas de 1951 que incluía el Distrito Federal y el Distrito Sucre, ambas entidades y sus respectivos concejos municipales  buscaron alargar lo más posible su puesta en vigencia, actuando, paradójicamente en medio de una dictadura, con total discrecionalidad a la hora de otorgar permisos de construcción, cambios de uso y aumentos de densidad. Será sólo en 1958 cuando las Ordenanzas y sus Planos de Zonificación fueron sancionados legalmente por ambas cámaras edilicias. En ese lapso (1946-58) se podría decir que se dispara el crecimiento del Distrito Sucre y se pone en evidencia la discrecionalidad mencionada de parte de su ingeniería municipal (acompañada de arbitrariedad y corrupción) la cual se instala y se convierte en modus operandi durante muchos años también luego de la caída de Pérez Jiménez. Sobre este tema y sobre la competencia que se desató entre el Distrito Federal y el Distrito Sucre por atraer las inversiones que aceleraran sus respectivos desarrollos urbanos sin mayores consideraciones ni técnicas ni éticas, recomendamos leer Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna de Juan José Martín Frechilla (2004) y muy particularmente dentro del “Diálogo esencial con Leopoldo Martínez Olavarría” los puntos “Urbanizar el este” y “Permisos y ordenanzas”.

En este contexto, proyectar el Palacio Municipal del ente local más poderoso e influyente del país después del Distrito Federal se convertía en un atractivo adicional. Más aún cuando, también por concurso, ya se habían obtenido los anteproyectos para el Palacio Municipal de Barquisimeto (1966, Jesús Tenreiro, construido por fortuna casi de inmediato) y para el Palacio Municipal del Distrito Federal (1970, Manuel Fuentes y Carlos Gómez de Llarena) que se encontraba en una larga espera de 15 años sin saber su destino definitivo. Luego, en 1982, como para enfriar aún más el asunto, la Gobernación del Distrito Federal organiza el Concurso para un edificio que albergaría sus oficinas administrativas en el frente norte de la Plaza Bolívar (ganado por Daniel Betti, Raúl Grioni y Javier Usarraga) que también terminó durmiendo el sueño de los justos.

Pese a los nada auspiciosos antecedentes pero contando con que el afán de una entidad acaudalada podría superar los obstáculos que siempre se anteponían a la construcción de un edificio ganado por concurso en nuestro país, se hace el llamado convirtiéndose su convocatoria en todo un éxito atrayendo en particular a las nuevas generaciones de arquitectos: se inscribieron 143 personas o grupos de los cuales entregaron 80. El calificado jurado estaría conformado por Gorka Dorronsoro, Américo Faillace, Carlos Gómez de Llarena, Henrique Hernández y José Miguel Galia y el coordinador del evento sería Oscar Olinto Camacho.

Las autoridades del Distrito Sucre habían seleccionado un terreno para el Palacio dentro de un contexto altamente fragmentado, atravesado por un tramo elevado de la autopista que conduce hasta Guarenas que lo dividía en dos partes: una al sur relativamente próxima pero a la vez espacialmente aislada del casco histórico de Petare, colindante con la avenida Francisco de Miranda y de mayor vitalidad urbana por estar muy cerca de la estación del Metro; y otra localizada más al norte en el sector de La Urbina alejada si se quiere de todo compromiso con la ciudad.

El programa contemplaba grosso modo espacios para la Cámara Municipal (que comprendía el salón de sesiones, la presidencia y sala de reuniones), las Comisiones (despachos de los diferentes concejales), las Oficinas de Administración Municipal, la Presidencia, la Biblioteca Municipal, los Servicios para Empleados (como gimnasio, comedor y guardería), más los Servicios Generales, estacionamientos y espacios abiertos para actividades públicas. Era recomendable, según los organizadores, visualizar la construcción del edificio por etapas.

Como ya se mencionó al inicio, el concurso se organizó en dos fases siendo seleccionados luego de concluir la primera para luego competir en la segunda los arquitectos Miguel Acosta; Angel Luis García Palmas; Oswaldo Molina y Sergio Sevcik; Juan Carlos Parilli; y Marcos Sanoja, alcanzando el primer premio de la segunda etapa y por ende declarado ganador el arquitecto Juan Carlos Parilli.

4. Concurso de Ideas para el Palacio Municipal del Distrito Sucre del Estado Miranda. Propuesta presentada por el arquitecto Oswaldo Molina, una de las clasificadas en la primera etapa
5. Concurso de Ideas para el Palacio Municipal del Distrito Sucre del Estado Miranda. Dos de las propuestas clasificadas en la primera etapa. Izquierda: arquitecto Marcos Sanoja. Derecha: arquitecto Ángel García
6. Concurso de Ideas para el Palacio Municipal del Distrito Sucre del Estado Miranda. Boceto de la propuesta presentada por el arquitecto Miguel Acosta, una de las clasificadas en la primera etapa

Los cinco anteproyectos fueron publicados con gran despliegue en el número 66-67 de la revista PUNTO que, aunque estuvo listo para salir el año 1985, terminó viendo la luz (por razones que no nos detendremos a precisar) doce años más tarde en 1997. Todos ellos de diferentes maneras intentaron sortear las dificultades que imponía el complicado terreno asignado buscándose en todo momento pasar de una zona sur pública que se convierte en el acceso natural al edificio muy vinculada con la ciudad, a otra ubicada al norte donde se iban ubicando las actividades secundarias, con menor carga simbólica que demandaban mayor privacidad.

7. Propuesta ganadora del Concurso de Ideas para el Palacio Municipal del Distrito Sucre del Estado Miranda presentada por el equipo encabezado por Juan Carlos Parilli.

De la propuesta ganadora cuyo equipo de trabajo estuvo integrado por Juan Carlos Parilli, Joel Sanz, Francisco Arocha, Tabaire Pérez, Claudia Vélez, María B. Delgado, Milena Miliani, Milagros Lunar, Ruth Chacón, Isabel Caleya y Francisco Canestri (arquitectura) y Luis Ocando (maquetista), y que contó con la asesoría de Enrique Arnal (estructura), Abraham Wainberg (instalaciones eléctricas), Germán Romero (instalaciones sanitarias), Percy Pittaluga (instalaciones de seguridad) y Luis José Odón (instalaciones mecánicas), cuya información gráfica hemos decidido reproducir en extenso, transcribiremos parte de su memoria descriptiva y en particular la que hemos considerado facilita mejor su comprensión desde el punto de vista conceptual:

“La edificación se concibe como una forma unitaria, un paralelepípedo horizontal de doscientos cincuenta metros de largo, cincuenta y cuatro de ancho, y dieciséis de altura, armado por una retícula estructural de 9 x 9 metros. Se espera que esta geometría simple y contundente contribuya a sugerir claves y lineamientos para el futuro desarrollo de los lotes de terreno que están aún sin edificar y proponga cierto orden en un contexto excesivamente fragmentado. (…) Este volumen no es homogéneo, sino que se va transformando, haciéndose cada vez menos compacto en la medida que se acerca al extremo sur del terreno y a la Avenida Francisco de Miranda, haciéndose más públicas las funciones y de mayor jerarquía los espacios.”

La proximidad con la fecha de promulgación de la ya mencionada la Ley Orgánica de Régimen Municipal que terminó desmontando la organización programática que daba sentido al proyecto, amén del impacto que normalmente incorpora las alternancias en el poder político sobre planteamientos provenientes de gestiones anteriores, donde por lo general se desvanece la voluntad requerida para su cristalización, ralentizaron y desvanecieron toda posibilidad de que este edificio se construyera, pasando a engrosar el nutrido número de los que han corrido con esa suerte dentro de la historia de los concursos de arquitectura a nivel nacional.

8. Terminal de Pasajeros y Mercado Municipal La Urbina-Petare, Franco Micucci, 2011-2013. Izquierda: Plano de Conjunto. Derecha: Mercado

Cabe señalar, para concluir, que el sector sur del terreno asignado en 1985 para el Concurso del Palacio Municipal del Distrito Sucre fue el escogido por la Alcaldía del Municipio Sucre para realizar en 2011 el proyecto del Terminal de Pasajeros y Mercado Municipal La Urbina – Petare. Su autor, el arquitecto Franco Micucci, incluyó en su equipo de trabajo a los arquitectos Andrea Hernández, Claudia Vergara, Srah Lipps, Cruz Criollo y José Ángel Pérez. La obra con una superficie de terreno de 7.404,23 m2 y área de construcción de 5.000 m2, de un notable valor arquitectónico, afortunadamente se terminó el año 2013, convirtiéndose de inmediato en un importante dinamizador urbano para la zona.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://procomunidad.blogspot.com/2013/02/historia-de-petare.html

2. http://bp1.blogger.com/_pJx5ybxSpwE/R9Ac9gHJjTI/AAAAAAAAARg/_9ewPexOc4k/s1600-h/Caracas+1950.jpg

3. http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-zonificada/

4, 5, 6 y 7. Revista PUNTO, número 66-67, 1997

8 izquierda. http://www.arquitecturaenacero.org/proyectos/edificios-de-equipamiento-y-servicios/terminal-de-pasajeros-y-mercado-municipal-la-urbina

8 derecha. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

Nota

Como complemento imprescindible de esta nota recomendamos visitar https://catalogosdearquitectura.wordpress.com/2018/03/12/parilli-juan-carlos-spa-1985-alcaldia-de-sucre/ donde se encuentra una impecable reproducción gráfica la propuesta ganadora de Parilli (modelo 3d y dibujos elaborados por Juan Carlos Lázaro y edición de imágenes a cargo de Juan Carlos Lázaro y Ramón Fermín) y un acertado análisis crítico realizado por Joel Sanz extraido de «Cinco lecciones de Carlos Raúl Villanueva», conferencia dictada en el Colegio de Arquitectos de Milano, Italia, el 9 de noviembre de 2006.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 220

Toparse de nuevo ante el compromiso de elaborar una nota sobre una edificación que ha sido objeto de todos los elogios posibles y que, además, siendo quizás la más internacional de las casas realizadas en nuestro país, es reconocida por su propio autor como una de sus dos mejores piezas (junto a la Torre Pirelli -1958-), no deja de entrañar una enorme dificultad si lo que se busca es ofrecer una mirada que aporte interés, información y capacidad interpretativa. Por fortuna, la Villa Planchart o Quinta “El Cerrito” (1957) ubicada en la Calle La Colina, Colinas de San Román, Caracas, obra de Giovanni (Gio) Ponti (1891-1979), arquitecto, diseñador industrial, pintor, poeta, editor, profesor universitario y publicista milanés, se trata de una obra ampliamente documentada, profusamente analizada y muy bien fotografiada por lo que el lector puede, si el texto no le convence, deleitarse con las reproducciones que aquí se muestran yendo a las fuentes de donde proceden que no son otras que la extensa bibliografía existente sobre su autor.

1. Diversas vistas interiores de Villa Planchart o El Cerrito

Comencemos por acotar que cuando Ponti es contactado en 1953 por Ana Luisa –Anala– Braun de Planchart y Armando Planchart Franklin por vía epistolar y posterior visita a Milán, ya el importante creador italiano contaba con 62 años y una sólida trayectoria que podría haberle permitido rechazar el encargo: sólo la insistencia en reunirse, la fe en que era el arquitecto adecuado y la convicción en que se lograría un gran resultado, mostradas por quienes seguramente fueron los mejores clientes con que se haya topado jamás, permitieron que ello ocurriera. Tal fue la sinergia alcanzada, que tanto el proyecto como la construcción de la casa permitieron a Ponti exhibir todo el espectro de áreas en las cuales como diseñador ya había actuado con gran solvencia, interviniendo con absoluta libertad no sólo en las totalidad de los revestimientos, acabados y detalles arquitectónicos (pisos, techos, puertas, ventanas, picaportes), sino también en la decoración y selección del equipamiento que la conformaba, donde incorporó diseños propios de lámparas producidas para Arredoluce y Fontana Arte, y de muebles elaborados entonces para Altamira, Cassina y M. Singer & Sons, quedando para la posteridad la elegante butaca D.154.2 (ideada exclusivamente para “El Cerrito”) que produce hoy en día Molteni&C, así como la cubertería y la vajilla. Todo ello se sumó de manera complementaria a una muy bien seleccionada colección de obras de arte que incluía piezas de Armando Reverón, Jesús Soto, Alexander Calder y Alejandro Otero, por sólo citar unos cuantos.

No en vano Ponti llegó en un momento a afirmar: “Al diseño de la villa Planchart he dedicado todo mi ser, y en la misma he podido concretar completamente mi manera de pensar una arquitectura, tanto en el exterior como en el interior», amén de su condición de hombre que creía en la intervención de la totalidad cuan si fuera un ser del Renacimiento.

Por otro lado, de la importante e intensa participación de los Planchart en la toma de decisiones da fe un intenso carteo (se cuenta con más de 700 comunicaciones entre misivas y telegramas que corroboran esta afirmación) en la que se atendía y muchas veces se daba curso a la opinión de los propietarios dentro de una línea donde en ningún momento se perdió la coherencia.

2. Villa Arreaza, llamada La Diamantina, Caracas Country Club, circa 1955. Implantación
4. Otros dos proyectos de Gio Ponti en Caracas. Izquierda: transformación de la antigua Villa Mata Guzmán-Blanco, (1958), Lomas del Mirador. Derecha: remodelación de la Quinta “La Barraca (1958), Los Chorros.

También es bueno recordar que Ponti ya había incursionado en Venezuela proyectando previamente la Villa Arreaza o Quinta “Diamantina” (1955-demolida en 1994), localizada en el Caracas Country Club y había realizado los anteproyectos de la Villa González-Gorrondona (1956), Parque Nacional El Ávila y para un edificio de oficinas (1954), esquina de Mercaderes. Posteriores a “El Cerrito” serán la transformación de la antigua Villa Mata Guzmán-Blanco (1958), Lomas del Mirador y la remodelación de la Quinta “La Barraca” (1958), Los Chorros. En total serán cuatro las casas que se concluirán siendo obras, como bien señala Hannia Gómez en “Trópico de Ponti” texto aparecido en Las Italias de Caracas (2012), en las que se atiende y explota al máximo el espacio interior para lo cual recurre en todas ellas al uso del patio como tema utilizándolo en algún caso como la Villa Arreaza hasta siete veces. “En ellos -dirá Gómez- ‘el cielo cuenta su propia historia’, y prosigue: “Estas tropicales casas se caracterizan por sus ventanas ‘colocadas en el cielo’, sus ‘frentes perforados’, sus macro-celosías tropicales y por estar al resguardo de grades cubiertas, bajo los cuales Ponti construirá ‘un gran y único ambiente’ ”.

5. Villa Planchart o El Cerrito, 1957

Esa posibilidad de mirar “El Cerrito” como la variante mejor lograda de lo que fue una exploración de Ponti en torno al comportamiento en el trópico de temas por él explorados durante la década de los cincuenta del siglo XX, permite a Gómez expresar cómo dentro de la impureza formal que presentan sus casas “venezolanas” se logra “un interesante híbrido… Es como si Ponti buscase la versión que mejor se adaptara al clima y a las características del Caribe, mezclando con libertad el tipo del ‘gran techo-planta libre’, el tipo de la ‘forma finita’ y el tipo de la ‘fachada independiente’. En ellas, quebrará aún más el ángulo de las plantas, desplegándolas como abanicos ante el paisaje”. “El Cerrito” es de todas la solución más próxima a un prisma “puro” que, posado sobre un inigualable terreno de 2 hectáreas ubicado en el tope de una colina con 360º de visual sobre la ciudad, a modo de contenedor, concentra en el interior sus 1.500 m2 de construcción (planta baja, planta alta y semisotano), organizados en torno a un patio que no ocupa el centro geométrico y reinterpreta tanto la casa tradicional venezolana como la villa italiana.

Sus quintas caraqueñas (y “El Cerrito” la que más) aprovechan al máximo -según palabras de Gómez- “el verde lujurioso de la naturaleza, con el solaz de las grandes vistas sobre la cadena montañosa de El Ávila… son ligeras, aisladas como objetos en el paisaje, y profusamente coloridas al interior, contrastando con el siempre dominante blanco mediterráneo. En todas fluye libre el espacio de la misma manera como lo hace en su residencia personal en Via Dezza en Milán. En todas llama la atención la irrupción de multiformes y anti-estándar estancias tropicales ‘a la italiana’: jardines internos, pérgolas, comedores al aire libre. En todas, las marquesinas y los aleros de las cubiertas-mariposas ‘a farfalla’ y a la ‘mezza farfalla’ en concreto armado, emprenden un osadísimo vuelo”.

6. Dibujos de Gio Ponti durante el proceso de diseño de Villa Planchart (1953-1957)

Ponti llegó a decir en algún momento que la exuberancia tropical de Caracas lo abrumaba (“el trópico me atrapa”), razón por la cual viajó a Venezuela pocas veces en el lapso de cuatro años transcurridos entre el proyecto y la construcción de la casa. Prefirió el diseño a distancia el cual acompañó con una profusa, muy detallada y precisa documentación consistente en los planos y memorias que enviaba, amén de las cartas que con asiduidad escribía. No obstante, su traducción libre de lo que era estar en el Caribe le permitió jugar con lo abierto y lo cerrado de manera sabia logrando una luminosidad interior que permite unas veces mitigar y otras resaltar un “sobrediseño” que en ocasiones agobia.

7. Portada del libro El Cerrito: la obra maestra de Gio Ponti en Caracas (2009) de Hannia Gómez
8. Poster de la gran exposición retrospectiva “Gio Ponti. Amare lL’architettura” montada en el Museo Nazionale delle Arti del XXI secolo (MAXXI), realizada en conmemoración del 40 aniversario de su muerte, abierta entre el 27 de septiembre de 2019 y el 27 de septiembre de 2020.

La obra completa de Ponti, quien en 1928 creó la influyente  la revista Domus, que dirigió desde 1928 hasta su muerte, ha sido recogida en numerosas publicaciones muchas de ellas escritas de su puño y letra. En 1933 publicó The Italian House, en la que definió el hogar como una «vasija»: debería ser «tan bella como un cristal, pero perforada como una gruta llena de estalactitas […] que pudiera ser juzgada por el encanto que uno siente al mirarla tanto desde fuera como al vivirla desde dentro”. Posteriormente destaca también de su propia autoría Amate L’architettura. L’architettura é un cristallo (1957) y de entre las más recientes El Cerrito: la obra maestra de Gio Ponti en Caracas (2009) que Hannia Gómez dedica exclusivamente a esta inigualable casa.

Su enorme y variada producción que va “desde un rascacielos hasta una cucharilla de café” ha sido expuesta en diversas ocasiones siendo las muestras más recientes: “Tutto Ponti, Gio Ponti archi-designer” en el Museo de Artes Decorativas de París (19 de octubre 2018-5 de mayo 2019), la primera que expuso su trabajo fuera de Italia, y “Gio Ponti. Amare lL’architettura” en el Museo Nazionale delle Arti del XXI secolo (MAXXI), gran retrospectiva realizada en conmemoración del 40 aniversario de su muerte, abierta entre el 27 de septiembre de 2019 y el 27 de septiembre de 2020.

El legado de Ponti en Venezuela es atesorado con gran esmero y profesionalismo en los archivos de la Fundación Planchart entidad que, teniendo en la casa su epicentro, sigue a la espera de la construcción en sus predios de su propia sede, proyectada desde 2017 cuando se cumplieron los 50 años de la terminación de la villa, elemento fundamental para colaborar en su preservación.

Para finalizar nos quedamos con esta frase de este polifacético creador que promulgaba y profesaba el “diseño total”: «el material más resistente en un edificio no es la madera, ni la piedra, ni el acero, ni el vidrio: es el arte.»

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 5 y 6. https://www.villaplanchart.net/la-casa/

2. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

3 y 4. Las Italias de Caracas. Catálogo de la exposición del mismo nombre, Sala TAC, 2012

7. https://villaplanchart.blogspot.com/2009/11/blog-post.html

8. https://www.archiportale.com/eventi/2020/maxxi-roma/gio-ponti.-amare-l-architettura_13497.html