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Algo alejada, pero a la vez integrada vialmente al trazado que terminó estructurando la urbanización El Paraíso, así como pieza importante en el empuje que se dio para emprender su poblamiento, Villa Zoila está estrechamente ligada, no sólo con la primera expansión de la ciudad hacia el sur al otro lado del río Guaire que rompió con el patrón de damero asumiendo el modelo de ciudad-jardín, sino con la historia política del país.

Claro ejemplo de la vivienda aislada caraqueña de comienzos del siglo XX, el inmueble comenzó a construirse a finales del año 1900 como vivienda personal por el doctor Julio Torres Cárdenas, secretario de la presidencia tiempo después, quien adquirió el terreno en noviembre de aquel año y casi de inmediato ordenó la construcción del edificio. Posteriormente, en 1903, Cipriano Castro adquiere la estancia otorgándole el proyecto para convertirla en la residencia presidencial a “el gran constructor del régimen”: el ingeniero y arquitecto Alejandro Chataing (1873-1928). A partir de allí es rebautizada como “Zoila” en honor a la esposa del presidente Castro, Doña Zoila Rosa Martínez de Castro.
La pareja presidencial habitó la casa hasta 1908, cuando Castro sale de la presidencia y del país. Las reformas realizadas por Chataing, registradas por Iván González Viso y Gregory Vertullo en el texto dedicado a la mansión aparecido en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), tuvieron que ver, entre otras, con “el acceso a la villa, la inserción de las escalinatas a ambos lados del eje central, los jardines y la vialidad interna”.


González Viso y Vertullo también aportarán lo siguiente: “Su estructura corresponde al sistema constructivo conocido como ‘Pan de Bois’, compuesto por esbeltas estructuras de madera articuladas con elementos dispuestos en sentido horizontal y diagonal, con un núcleo de mampostería de ladrillos. Las cubiertas de madera a cuatro aguas están soportadas por cerchas, protegidas inicialmente por láminas metálicas. La Villa está rodeada por corredores que articulan las tres crujías que componen el inmueble: la primera crujía alberga las áreas sociales, la segunda contiene las habitaciones y al centro la escalera de acceso a la torre, mientras que la última crujía (colindante con un alto muro de contención) alberga los servicios. La torre-mirador, similar a una pagoda con un distintivo techo a cuatro aguas, emerge del segundo cuerpo. Sobre las fachadas, con cerramientos apoyados sobre un antepecho con diagonales a modo de cruces, destacan pequeños vanos con calados de madera de diseños alegóricos al Art Nouveau”.
Con acceso desde la que se dio por llamar en aquel entonces como “avenida Castro”, que luego pasó a nombrarse “avenida de El Paraíso” y hoy se denomina José Antonio Páez (en el sector próximo a Puente Hierro), Villa Zoila está precedida por un amplio jardín definido por una avenida central arbolada que la comunica con la calle.

Villa Zoila, indirectamente, estuvo vinculada a dos hechos si se quiere anecdóticos dentro de la historia del país a comienzos del siglo XX. El primero se relaciona al momento cuando, a raíz del terremoto del 28 de octubre de 1900, Cipriano Castro deja de utilizar la Casa Amarrilla como despacho y residencia presidencial cosa que había hecho desde su entrada triunfal a Caracas el 23 de octubre de 1899. Hasta entonces Castro había transformado el histórico edificio, según un cronista de la época, en centro de suntuosas fiestas: “La Casa Amarilla fue convertida en un palacio encantado. Cuatro mil lámparas incandescentes ordenadas de una manera artística y veinte y seis focos de arco voltaico, impresionaban a primera vista de una manera deslumbradora. Los salones eran fuente de maravillas, sobre todo el salón azul que contenía dos grandes escudos de Venezuela hechos de flores naturales. Todo era derroche de belleza que rayaba en lo incomparable”, se recoge en https://haimaneltroudi.com/historias-y-anecdotas-de-la-casa-amarilla/. Castro, el segundo mandatario que destinó el emblemático inmueble como su morada (el primero fue Francisco Linares Alcántara en 1877), aquel día en que la tierra tembló “se lanzó a la calle con un paraguas desde uno de sus balcones”, tal y como menciona Carlos Maldonado-Bourgoin en La Casa Amarilla: enclave histórico de Venezuela (1994). Es así como toma la decisión de ubicar una edificación con estructura antisísmica para fijar su nueva residencia y a la vez trasladar, buscando condiciones de seguridad similares, el despacho presidencial al Palacio de Miraflores alquilándoselo a Doña Jacinta de Crespo (viuda del general Joaquín Crespo). Para lo primero, mientras reside en Miraflores, localiza la villa que nos ocupa el día de hoy, construida en la naciente y aristocrática urbanización El Paraíso, dándole la oportunidad de acondicionarla, como ya se mencionó, a Alejandro Chataing para habitarla a partir de 1903.

El segundo hecho ubica a Villa Zoila como una de las primeras (si no la primera) quintas que tuvieron que contar con vialidad interna y prever un espacio para estacionar un vehículo en el país. El hecho, aportado por Luis Alberto Perozo Padua en el artículo “Fue en 1904 cuando llegó el primer vehículo a Venezuela”, aparecido en El Impulso el 20 de febrero de 2021, se vincula con la noticia de que, luego de ser junto a Clementina Velutini Couturier una de las contadas venezolanas que subieron a un automóvil en Europa, Doña Zoila Martínez de Castro importó uno al regresar de aquel viaje: un Panhard Levassor, traído en 1904, sumándose a los pioneros en hacer una adquisición de ese tipo en Venezuela.

Punzante por demás es la descripción que hizo Mariano Picón Salas en Los días de Cipriano Castro (1953) del edificio que hoy comentamos. Citado por Juan Pedro Posani en Caracas a través de su arquitectura (1969), Picón Salas expondrá: “Un reflejo de toda la bizarría decorativa de comienzos de siglo, de aquel estilo híbrido de las exposiciones universales, comienza a invadir la pequeña metrópoli. Para los ocho años de gobierno que ya le garantiza la Constitución, el propio Don Cipriano se está haciendo en El Paraíso -que las crónicas sociales de ‘El Constitucional’ apodan ‘Los Campos Elíseos’ de Caracas- una casa que con sus retorcidos techos y su abundancia de pintado hierro ornamental, tiene algo de pagoda y de pajarera de los trópicos. Pequeños kioskos esparcidos en los prados, con enredaderas de trinitarias y albricias servirían para agasajar a las visitas en los ‘garden-parties’ que puso de moda la época. Allí la bondadosa Doña Zoila recibe a las señoras caraqueñas y les ofrece inocentes sorbetes, merengadas, tisanas y pastas dulces, mientras a su terrible marido le asaltan más complejos o diabólicos pensamientos”.
Tras la salida de Castro en 1908, la casa fue adquirida por su hermana Doña Laurencia Castro De Lázaro, quien vivió allí poco tiempo para posteriormente venderla al Estado. Durante el gobierno de Juan Vicente Gómez estuvo deshabitada hasta 1921, momento en que es convertida en escuela para varones, siendo designada posteriormente como escuela de enfermería exclusiva para mujeres. Esta última institución no perduraría mucho allí, ya que en el año 1936 el general Eleazar López Contreras dispone que en las instalaciones de la casona de Puente Hierro funcione de común acuerdo con el gobierno de España la primera Escuela de Agentes de Seguridad Pública, bajo la supervisión del Capitán Don Cecilio Marrero Suárez y el Brigadier Don Ramón Moreno Ayape. Este cuerpo de seguridad posteriormente dará vida a lo que hoy en día se conoce como la Guardia Nacional de Venezuela.
La página https://www.facebook.com/Arquitecturavzl/photos/villa-zoilaen-1903-es-inaugurada-villa-zoila-siendo-dise%C3%B1ada-por-el-arquitecto-a/1805120076369996/ señala lo siguiente: en 1957, Villa Zoila, que había sido hasta entonces la sede de la Guardia Nacional “es ocupada por el Ministerio de Transporte y Comunicaciones, (pasando) los peores momentos de su historia, ya que le fueron agregados varios edificios anexos sin valor alguno, fueron destruidos sus jardines y los interiores de la antigua Casona y no conforme con eso en 1977 pretendieron demolerla para construir la sede del Ministerio de Transporte y Comunicaciones, acto en la cual intervino el ministro de la Defensa quien ordenó detener la demolición de la antigua vivienda Presidencial. (…) Durante años la Guardia Nacional tuvo varias batallas legales con el Ministerio de Transporte para que le fuera devuelta Villa Zoila como cuna de esta institución, y no fue hasta el año 1985 cuando por fin fue devuelta, en muy mal estado y casi por colapsar”.

Luego de una rigurosa restauración, la casa es decretada Monumento Artístico e Histórico de la Nación el 7 de octubre de 1985 (según Gaceta Oficial 33.323), pasando a ser el Museo Histórico de la Guardia Nacional en el año 1991, uso que mantiene actualmente.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2. Captura de Google Earth y http://guiaccs.com/obras/villa-zoila/
3. http://wikimapia.org/2091981/es/Villa-Zoila#/photo/509618
5. https://twitter.com/tachirense89/status/1292240052798533632?lang=zh-Hant y https://www.misrevistas.com/asia/lectura/5690/fue-en-1904-cuando-llego-el-primer-vehiculo-a-venezuela
6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.
7. https://www.facebook.com/Arquitecturavzl/photos/villa-zoilaen-1903-es-inaugurada-villa-zoila-siendo-dise%C3%B1ada-por-el-arquitecto-a/1805120076369996/, https://iamvenezuela.com/2016/07/villa-zoila/ y https://www.pinterest.com.mx/pin/384917099381269405/

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Productos de Acero Lamigal, C.A., ubicada en Valencia, Estado Carabobo, es una empresa metalmecánica venezolana, productora a gran escala de acero galvanizado en bobinas, mediante el proceso de galvanización en continuo. La página de publicidad que la firma colocó en el nº100 de la revista entre rayas de julio-agosto 2013 ilustra nuestra postal del día de hoy.

Entendida como una respuesta que se encontró para proteger el acero frente a la corrosión, la galvanización se trata de un proceso químico que fue descubierto en 1742, cuando el químico-farmacéutico y físico francés Paul-Jacques Malouin (1701-1778) demostró que la inmersión del acero en zinc fundido proporcionaba un recubrimiento protector contra la corrosión de gran eficacia, dándose así origen al principio de la “galvanización en caliente”. Sin embargo, la palabra proviene del nombre del inventor Luigi Galvani (1737-1798), físico y médico italiano cuyos estudios le permitieron en 1780 descifrar a partir de la electricidad producida por el contacto de dos metales diferentes sumergidos en un líquido la propiedad de la corriente eléctrica de provocar contracciones en los nervios y músculos de los seres vivos o de organismos muertos, fundando de esta manera la ingeniería electroquímica y la biofísica.
Del artículo escrito por Carles Romea titulado “La galvanización, una respuesta a la corrosión, publicado en https://www.e-zigurat.com/blog/es/galvanizacion-respuesta-corrosion/, sabemos que “los posteriores desarrollos de Stanislaus Sorel y la puesta a punto en 1836 de un procedimiento económico para decapar el acero abrieron la puerta a la utilización industrial de la galvanización en caliente. Fue el propio Sorel quien puso de manifiesto el efecto de ‘protección galvánica’, además de la protección de tipo barrera, que proporcionan los recubrimientos de zinc y que garantizan la inalterabilidad del acero de base mientras quede zinc remanente sobre la superficie del mismo. (…) La galvanización en caliente es, por tanto, un procedimiento de protección acreditado a lo largo de más de casi 200 años de empleo, cuya utilidad y eficacia están sobradamente probadas”.

La información que hemos obtenido en https://www.ateg.es/revistas/revista_113/index6.html nos aporta que “el acero puede ser galvanizado mediante procesos con características muy diferentes entre sí. Sin embargo, no todo lo conocido como galvanización significa lo mismo. Los diferentes procesos de galvanización varían fundamentalmente en el espesor de la capa de zinc que se origina y los medios con los que es creada. Ambos factores tienen una enorme influencia tanto en la durabilidad de la protección como en la capacidad de soporte de carga mecánica. Los procesos más importantes son: galvanización por inmersión en caliente en continuo, en discontinuo, electrozincado (o galvanización fría) y pulverización térmica de zinc”.
Por tanto, los productos ofrecidos por Lamigal corresponden a uno de los dos procesos diferentes para aplicar recubrimiento de zinc al acero mediante el método por inmersión en caliente. En particular, se trata del “que involucra la aplicación de zinc sobre una banda o lámina continua de acero a medida que pasa por el baño de zinc fundido a alta velocidad –de aquí el término galvanizado continuo por inmersión en caliente. A medida que un rollo es procesado a través de la línea de recubrimiento, otro es soldado a su extremo final. El proceso es verdaderamente ‘continuo’ a medida que la línea opera durante días sin interrupción”, información esta última obtenida de https://latiza.zinc.org/wp-content/uploads/sites/10/2017/02/GalvInfoNote2_3.pdf.

Sin pretender entrar a detallar en qué consiste el proceso de galvanizado continuo, sólo añadiríamos que una de sus características más importantes “es la formación de un fuerte enlace entre el acero y su recubrimiento de zinc. A las velocidades de procesamiento usadas en las líneas de galvanizado continuo, la plancha enrollada sólo está en el baño de zinc entre 2 y 4 segundos. Durante este breve tiempo, el metal fundido y el acero deben reaccionar para formar un fuerte enlace metalúrgico por difusión. La región del enlace es un compuesto ínter metálico, llamado la ‘capa de aleación’. (…) Esta delgada zona de enlace de aleación, la que tiene usualmente de sólo 1 a 2 micrómetros de espesor, es muy importante porque una vez que el recubrimiento es aplicado y la plancha se ha enfriado a temperatura ambiente, es re-enrollado y embarcado a los clientes para moldear a la forma deseada. Por ejemplo, la plancha puede ser profundamente embutida para formar una caja, puede ser estampada en una defensa de auto, o puede ser enrollada en un panel de construcción para techos”.

Fundada en 1964, Productos de Acero Lamigal, C.A., de acuerdo a su portal https://www.lamigal.com.ve, nace “con 23 hombres emprendedores, quienes con visión proyectan lo que años después sería la plataforma de producción a gran escala de acero galvanizado: la Línea Continua de Galvanizado (LCG)”. La firma “tiene una capacidad de producción de 200.000 toneladas/año de Bobinas y Láminas de Acero Galvanizado”, siendo “la única empresa del sector metalúrgico de este ramo en Venezuela”. Hoy ya ha cumplido 58 años.
Comprometida con la preservación y cuidado del ambiente, Productos de Acero Lamigal, C.A. ofrece en la actualidad los siguientes productos: bobinas, láminas lisas y flejes que se utiliza como materia prima en la industria de refrigeración, construcción, automotriz y metalmecánica en general; Aceral, lámina para techos de acero galvanizado por inmersión en caliente; Aceral 1.5”, lámina galvanizada de gran formato ideal para plantas industriales, grandes desarrollos comerciales y almacenes, entre otros; Normal, lámina para techos de acero galvanizado en forma ondulada, capaz de soportar condiciones ambientales severas, gracias a la extraordinaria resistencia a la oxidación que ofrece; Normal Plus, lámina galvanizada para techos de forma ondulada, con espesor 0.20 mm en longitudes de 2,44m, 3,05 m y 3,66 m, producida en la nueva línea de Corrugación Continua Normal; y Losacero, láminas de acero galvanizado (G-60) estructural, creadas para encofrar entrepisos, placas y techos.
Los productos de acero galvanizado dentro de la industria de la construcción tuvieron un importante repunte desde que en los años 1970 se descubrieron las propiedades cancerígenas del asbesto cemento, material utilizado durante años para ser colocado en cubiertas de todo tipo y particularmente en naves industriales y viviendas de interés social. Hoy el fibrocemento que sustituyó al asbesto-cemento eliminado al primero de su composición, debe competir con una industria metalúrgica poderosa que ha copado buena parte del mercado.



En cuanto al uso del acero galvanizado en proyectos que han surgido de investigaciones realizadas en la academia, en el Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) de la FAU UCV se registra su presencia en los siguientes trabajos relacionados con el diseño y desarrollo de sistemas constructivos: SIEMA (Sistema IDEC de Estructura Metálica Apernada), formulado inicialmente en 1978 por la ing. Gladys Maggi cuyas losas de entrepiso y techo son de concreto armado vaciado en sitio sobre láminas de acero galvanizado como encofrado no colaborante (con evaluación y actualización de Nelson Rodríguez el 2008 y adaptación a su uso como vivienda progresiva por Beverly Hernández en 2011); SIPROMAT: tecnología basada en el uso de lámina delgada (de 0,60 y 0,45 mm de espesor) de acero galvanizado para la producción de paneles estructurales autoportantes de lámina corrugada. Su componente universal es un panel preformado de forma simétrica que permite la construcción de paredes portantes, entrepisos y cubiertas mediante el solapamiento de sus extremos para la fabricación de espacios habitables. Está fundamentalmente dirigido a producir vivienda progresiva para sectores de bajos ingresos. Surgió del Trabajo de Grado para Magister Scientiarium en Desarrollo Tecnológico de 1991 con el cual su creadora, la arq. Alejandra González obtuvo en 1995 el Premio Nacional a la Investigación Tecnológica otorgado por el CONICIT (en la misma línea de trabajo participaron posteriormente Mailing Perdomo y Velquis Velandria y se elaboró en 2005 con la participación de González, Perdomo y Velandria el Manual de producción, uso y aplicaciones de la tecnología SIPROMAT); ENTRETECH: sistema de lámina de acero galvanizado para techos y entrepisos de construcción progresiva desarrollado por la arq. Rebeca Velasco en 1995; y SITECH: sistema de techo en lámina metálica donde se hace énfasis en factores de confort térmico, producción y ensamblaje, diseñado por la arq. Beatriz Hernández en 1995.
ACA
Procedencia de las imágenes
3. https://www.construmatica.com/construpedia/Procedimientos_de_Galvanizaci%C3%B3n_en_Caliente
5, 6 y 7. https://es.slideshare.net/rubenmedios/propuestas-idec y Colección Crono Arquitectura Venezuela.

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Con la celebración entre el 29 de septiembre y el 3 de octubre de 2008 de la Semana Internacional de Investigación, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) llegó a cristalizar un anhelo que persiguió por años: la realización conjunta de las jornadas de investigación de sus tres instancias académicas fundamentales, la Escuela de Arquitectura, el Instituto de Urbanismo (IU) y el Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC).
Tras la celebración en 1985 entre el 29 de enero al 2 de febrero las Primeras Jornadas de Investigación de la FAU, en momentos en que el IDEC ya llevaba realizando desde 1982 anualmente las suyas, no se había logrado coordinar esfuerzos para que la institución en pleno mostrase los avances logrados por una actividad intrínseca a su condición académica. Como señal relevante de las dificultades para organizar este tipo de eventos cabe apuntar que la Escuela de Arquitectura, ya denominada “Carlos Raúl Villanueva”, sólo logró realizar sus Primeras Jornadas en noviembre de 2003, cuando tenía 62 años de creada y una larga data de productos derivados de la actividad de sus investigadores en las diversas áreas que la componen.
Dentro de una Facultad que fue diseñada sin prever espacios para la permanencia prolongada de quienes realizaban labores investigativas, también vale la pena recordar que fue a finales de 1961 (el 10 de octubre para ser más precisos) cuando los profesores Carlos Raúl Villanueva, Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani presentaron al Consejo de Facultad la propuesta de creación del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), la cual fue aprobada por el Consejo Universitario el 31 de julio de 1962, comenzando a trabajar en 1963 bajo la dirección de Graziano Gasparini, marcando así el arranque formal de la actividad investigativa en la institución, siendo en 1964 cuando aparece por primera vez el BOLETÍN, su insigne publicación. Casi en simultáneo, y por iniciativa impulsada por el entonces decano de la FAU Julián Ferris, se había creado en 1961 el Centro de Estudios para el Desarrollo (CENDES), el cual se adscribiría al Rectorado de la UCV.
Posteriormente, en 1967, se funda el Instituto de Urbanismo, apareciendo por primera vez la revista URBANA en 1980. Por su parte el IDEC nace en 1975 y su revista TECNOLOGÍA Y CONSTRUCCIÓN es lanzada en 1985. Otra importante iniciativa también fraguada en la FAU UCV, el Centro de Estudios Integrales del Ambiente (CENAMB), ve la luz en 1977.
Con estos antecedentes a la mano no fue poca cosa que en 2008 se lograra mancomunar los esfuerzos que hicieron posible la Semana Internacional de Investigación de la FAU. El evento, que fue presidido por el profesor Gustavo Izaguirre Luna y tuvo como presidentes honorarios a Alfredo Cilento, Azier Calvo y Liana Bustillos, empezó a forjarse desde 2006, cuando el Consejo de Coordinación Académica de la FAU, propuso al Capítulo Venezuela de la Asociación Latinoamericana de Control de Calidad, Patología y Recuperación de la Construcción, realizar el III Congreso Nacional PRE CONPAT 2008 en la Ciudad Universitaria de Caracas, organización de la que Izaguirre era un miembro muy activo. Este importante impulso, indirecto si se quiere, aunado a la celebración de los 80 años de la creación del Banco Obrero-Instituto Nacional de la Vivienda, fueron los detonantes que animaron a la entidad a coordinar en una sola las XVIII Jornadas de Investigación del IDEC, las Segundas de la Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva y las del IU en el marco de la celebración de sus 40 años, dando pie a lo que fue la organización de una semana programada en torno a tres frentes muy activos (originados en torno a la celebración de los 80 años de la creación del Banco Obrero-Inavi, al III Congreso Nacional PRE CONPAT y a las Jornadas de Investigación propiamente dichas), que produjeron una animación inusitada.
En resumen, se logró convocar “a 94 investigadores, 15 conferencistas internacionales y 18 nacionales -incluidos dos miembros de la Red Solidaria de Comunidades Autónomas-, lo que permitió compartir reflexiones, conocimientos, tecnologías, proyectos y experiencias de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, España, Inglaterra, Paraguay y Venezuela”, como bien señala Izaguirre en el «Prólogo» de las Memorias de las Jornadas de Investigación, publicadas bajo la coordinación de Eugenia Villalobos, que mostraban en físico un resumen de cada ponencia y venían acompañadas de un CD con los textos “in extenso”.

Así, mientras en el auditorio acontecían las conferencias que invitados nacionales e internacionales dictarían sobre los tópicos relacionados al tema de la vivienda, su historia y el aporte de los más necesitados a las políticas del hábitat; los relativos a la tecnología como fenómeno cultural en la relación barrio-ciudad o la legalidad y tenencia de la tierra en asentamientos informales; e incluso temas de vivienda y sostenibilidad urbana, o de programas como el CYTED sumados a las reflexiones acerca de la gestión académica y su relación con la sociedad y a las nociones de reingeniería habitacional, expansión o regeneración de barrios consolidados, recuperación y replanteamiento de centros urbanos, en las aulas anfiteátricas y demás espacios destinados a la docencia de pre y postgrado se desarrollaban las jornadas con la presentación resumida de las ponencias de la mano de su(s) respectivo autor(es).
Para alcanzar el éxito obtenido, la organización del evento contó con un Comité Organizador, y seis comisiones: Científica, Financiera, de Logística y Protocolo, de Apoyo Técnico, de Publicaciones y de Promoción, que involucraron a más de 35 personas entre profesores y empleados de la FAU. Así mismo, se obtuvo el apoyo de 45 árbitros que revisaron y dieron el visto bueno a las 95 ponencias presentadas en las áreas de: Ambiente y Sostenibilidad -AS- (8), Ciudad y Sociedad -CS- (30), Historia y Patrimonio -HP- (22), Informática y Representación Gráfica -IRG- (2), Tecnología Constructiva -TC- (23) y Teoría y Representación Arquitectónica -TPA- (10).
Además de las Memorias ya señaladas, el evento arrojó la publicación en 2011 del libro 80 años de políticas de vivienda en Venezuela. 1928-2008, compilado por Azier Calvo y Eugenia Villalobos que, además de recoger el contenido de las conferencias del seminario que le da nombre llevado a cabo en el marco de la Semana Internacional de Investigación, retomó la discusión sobre la materia iniciada en el año 2006 en el simposio “1906 / 2006 Cien años de política de vivienda en Chile”, realizado en Santiago, recogida en la publicación del mismo nombre para la que María José Hidalgo y Rodrigo Hidalgo fungieron de editores, impresa en 2008.

La Semana Internacional de Investigación de 2008, con el desarrollo sostenible ubicado en el centro de los debates, también, puede considerarse como punto de inflexión y de inicio de una política liderizada por la Coordinación de Investigación de la FAU que originó la instauración y realización cada tres años de la Trienal de Investigación FAU UCV, la cual ininterrumpidamente, bajo un formato similar que ha girado siempre en torno a un tema central, ha logrado, venciendo enormes dificultades, aunar de nuevo esfuerzos compartidos entre la Escuela y los dos Institutos en sus cuatro versiones: 2011, 2014, 2017 y 2020. A ellas, sus repercusiones y sus particularidades dedicaremos futuras entregas.
ACA
Procedencia de las imágenes
2. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad