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Postal Nº 81
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 80

Venezuela desde etapas muy tempranas de su vida republicana sintió la necesidad de participar en eventos que, bajo la categoría de Exposiciones Universales o Ferias Internacionales, se desarrollaron primordialmente en Europa y Estados Unidos donde la cita tenía mucho de comercial e industrial con una cierta dosis cultural. Entre 1862 y 1888, acorde con las tradición del momento y con las limitaciones económicas del país, éste comparte hasta por 13 veces una gran nave en la que se aglutinaban otras tantas representaciones nacionales intentando cada una destacar por la calidad de sus productos, la particularidad de sus costumbres, el exotismo de su folklor, el talento de sus artistas o la inventiva de sus creadores. Se trató, por lo general, de representaciones discretas, organizadas por pequeñas comisiones designadas por los gobiernos de turno “conformadas por científicos y comerciantes, la mayoría de ellos extranjeros radicados en el país, quienes conocen de cerca los códigos y criterios de los que más tarde contemplarían y juzgarían las muestras” y en los que se buscaba cumplir con decoro el compromiso de dejar en alto al país o en palabras del Ilustre Americano “no hacer un papel ridículo”, cosa que muy pocas veces ocurrió, tal y como relata Orlando Marín en La nación representada. La arquitectura de los pabellones de Venezuela en las exposiciones internacionales durante el siglo XIX (2006), texto fundamental (como hemos señalado varias veces) para entender esta temática.
Así, diluida en enormes espacios de carácter industrial (verdaderos protagonistas de los eventos), sumida en el uniforme espectro que para los europeos se empezaba a conocer como la América Hispana, vemos como Venezuela se esfuerza por organizar los diversos “muestrarios” que irán a Londres (1862), Paris (1867), Viena (1873), Bremen (1874), Santiago de Chile (1875), Filadelfia (1876), París (1878), Atlanta (1881), Venecia (1882), Buenos Aires (1882), Edimburgo (1884) y Londres (1884), hasta que hace acto de presencia por primera vez con un pabellón propio en la Exposition Universalle de Paris (1889) diseñado por el arquitecto francés Edmond-Jean-Baptiste Paulin (ver Contacto FAC nº 13, 05/02/2017).
El debate entre si el peso de la representatividad nacional en una exposición o feria recae sobre el contenedor, sobre el contenido o más bien si se trata de una responsabilidad compartida, o la discusión sobre la interpretación dada a “lo nacional” por los arquitectos venezolanos y en muchos casos extranjeros que han asumido los respectivos proyectos, recorrerá desde ese momento la historia de nuestra arquitectura hasta el día de hoy, con la excepción hecha de nuestra presencia en Osaka (1970), Lisboa (1998), Zaragoza (2008) y Milán (2015) donde el país vuelve a ocupar el interior (compartido) de una gran nave.
Sin embargo, es quizás la participación en Expo Lisboa 98 la que, por su impacto, calidad y repercusiones en cuanto a los temas que incorporó al debate arquitectónico del momento, la que mayor relevancia ha tenido entre las que se han ubicado en un contenedor compartido. Un render (elaborado por Ricardo González M.) de la propuesta ganadora del Concurso Nacional de Proyectos Creativos convocado por la Cancillería en 1996, presentada por el equipo AE + Arquitectura conformado por los jóvenes Matías Pintó, Ricardo González M. y Roberto Weil, ilustra nuestra postal del día de hoy.
El concurso convocado para proyectar el “pabellón” de Lisboa llevaba implícitas varias condiciones que lo determinaban de inicio: la primera era su adscripción a la temática general de la exposición dedicada a la celebración de “Los océanos como patrimonio del futuro”; la segunda era la necesidad de aprovechar de la mejor manera posible el espacio interior (de aquí la dificultad de la denominación “pabellón”) otorgado dentro de la Zona Internacional sur de la Expo (10.000 pies cuadrados equivalentes aproximadamente a 1.000 metros cuadrados); y la tercera, quizás la más retadora, era la incorporación del uso de la realidad virtual y la tecnología multimedia para lograr un efecto que dejase en la retina de los visitantes una impresión imborrable del país. Es por esta razón que la mejor manera de apreciar el impactante resultado final obtenido (limitada aún contra lo que debió ser el recorrido en vivo) no es otra que observar el video alojado en youtube (https://www.youtube.com/watch?v=dYaILl5pLQY).

Arquitectura HOY dedica su número 201 (2 de mayo de 1997), coincidiendo con la celebración de la salida cinco años antes del número 1 consagrado al Pabellón de Sevilla, a la presentación del proyecto ganador por parte de AE + Arquitectura, y el 202 (9 de mayo de 017) a dos aproximaciones críticas al mismo firmadas por Alfredo Caraballo (“De la piedra a la letra, de la letra a la imagen”) y Alberto Sato (“Transitar por el borde”), cuya lectura recomendamos ampliamente para ampliar no sólo la información sino el impacto que en lo discursivo produjo esta experiencia.
De la memoria publicada por los ganadores se puede extraer lo siguiente: “El ciclo hidrológico será el eje conductor de la muestra que presentará el Pabellón de Venezuela, ordenando así las salas y sus contenidos con base en tres atmósferas: la lluvia, el río y el mar. Tres nociones que fundamentan un ciclo en la historia, de pasado a futuro; un ciclo geográfico que se inicia en la selva tropical lluviosa, presenta una retrospectiva de la Orinoquia y los ejes fluviales más importantes para termina en la enorme riqueza de la costa venezolana frente al mar Caribe y el océano Atlántico; un ciclo de recorridos por nuestra diversa cultura y el desarrollo del país.

Una experiencia ininterrumpida y fluida, a través de un recorrido de 20 minutos en un área de casi 1.000 metros cuadrados de exposición, que permitirá el acceso de dos grupos de 150 visitantes, para un máximo de ocupación simultánea del recinto de 300 personas aproximadamente. (…)
El orden de las imágenes se encuentra basado en un guión cíclico de múltiples lecturas y temas:
a.- Un recorrido hidrológico: del cielo al fondo el mar.
b.- Un recorrido geográfico: de la Guayana al mar Caribe.
c.- Un recorrido histórico: del pasado al futuro.”
La ficha técnica que acompaña el video arriba señalado precisa que el “pabellón” obtuvo una Mención Honrosa de parte del Comité de la Expo. Así mismo da cuenta de que el importante acompañamiento musical que tuvo estuvo a cargo del compositor y músico electrónico caraqueño Miguel Noya, siendo la firma española Sono la responsable de “la producción audiovisual y la instalación de monitores, proyectores, grandes proyectores de vídeo de gran contraste, que ofrecían un impactante audiovisual multi-pantalla.”
Para acercarnos en lo posible a la puesta en escena definitiva habría que apelar de nuevo a la ficha técnica:

“En la primera sección del Pabellón, la selva tropical es interpretada como un laberinto donde paredes de vidrio de doble cara cuelgan del techo y revelan imágenes satelitales del paisaje venezolano. Los pasajes entre las paredes ofrecen diferentes paisajes sonoros como lluvia continua, voces de diferentes grupos étnicos venezolanos y ritmos urbanos.

La segunda sección del Pabellón presenta una abstracción de la belleza y el poder de los ríos venezolanos. Es un espacio tipo túnel que presenta una pared de vídeo con altavoces a intervalos a lo largo de su longitud. En continuo flujo, los contenidos audiovisuales expresan el flujo perpetuo y la energía de los ríos.
La tercera sección, que representa el mar, combina un paisaje sonoro tridimensional de grabaciones binaurales con un entorno visual espectacular. Las imágenes de video en una pantalla de 105 pies de largo por 20 pies de altura se duplican ad infinitum por los espejos colocados en el extremo y fondo de la pantalla. La combinación de la edición de vídeo y la ingeniería de audio crea un efecto mágico; para el espectador inmerso en los sonidos reverberantes de los paisajes acuáticos, imágenes panorámicas y caleidoscópicas de los magníficos mundos submarinos de Venezuela y las impresionantes playas y vistas aéreas de los micro y macrocosmos del país, la experiencia se acerca a lo místico.”

Tan alejada y a la vez tan cercana a las elementales experiencias decimonónicas, el montaje del “pabellón” de Lisboa 98 permitió despejar exitosamente las dudas que Alberto Sato colocaba sobre la arriesgada y valiente experiencia asumida por los jóvenes arquitectos venezolanos. En efecto, en Lisboa se alcanzó a plenitud el “valor de la transliteralidad, de la posibilidad de trasponer los límites disciplinares e indagar desprejuiciadamente sobre los sistemas cibernéticos y, más allá de su novedad se (logró) experimentar (con) la inmaterialidad o virtualidad como dimensión de la arquitectura.” También abrió un debate que hoy en día luce asumido como parte integral del discurso arquitectónico y que Alfredo Caraballo dejó suspendido en la siguiente pregunta (aún vigente): “¿cómo materializar con la arquitectura, que es locación por naturaleza, una cultura caracterizada por la imagen y los media, que son ubicuos por naturaleza?”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Todas, excepto las páginas centrales del nº del nº 201 de Arquitectura (2 de mayo de 1997), http://www.managualab.com
Postal Nº 80
Postal Nº 79
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 78

Nuestra postal del día de hoy muestra lo que se conoce como “El segundo plano de Razetti” o, tal y como reza en su contenido, el Plano de Caracas. Según el original del Ingeniero Ricardo Razetti, con los aumentos y correcciones hasta la fecha. Enero 1906, cuyo original en blanco y negro tiene unas dimensiones de 66 x 40 cms., fue dibujado a escala 1:10.000 y pertenece a la Colección de la Biblioteca Nacional.
Razetti dibuja este nuevo plano de Caracas, basado en el de 1897 pero corregido y aumentado, como una edición especial para la Guía Directorio anual de Caracas, una publicación comercial regular que entre 1885 y 1909 editara Van-Praag Hermanos e incluía un directorio comercial clasificado y un directorio de los domicilios privados en la ciudad así como propaganda diversa.
Por su parte, León Van-Praag, constructor y contratista de obras públicas en la ciudad, quien participó en el comité directivo para organizar las fiestas públicas vinculadas al acto de posesión de gobierno de Guzmán Blanco en 1873, encarga a Razetti un plano donde su autor evidencia que Caracas comienza a extenderse con fuerza mas allá de si misma. Una observación atenta muestra que la ciudad que inicia el siglo XX, se presenta aún compacta, pero sus estrategias de crecimiento hacia el valle comienzan a ser muy distintas a la norma descrita en el plano de 1578, “de esta suerte va todo el pueblo edificándose”.
Razetti evidencia que al sur, el crecimiento de “El Paraíso” como urbanismo, lejos de contemplar un sistema de cuadras, calles, plazas y patios, se separa de la trama urbana continua. Así, el damero se extiende hasta llegar al Rio Guaire, y a partir de allí un nuevo orden, donde proliferarán nuevas tipologías arquitectónicas, comienza a gestarse.
Como bien señalan Federico Vegas e Iván González Viso en Una ciudad en sus redes y en sus tramas (2009): “Desde comienzos del siglo XX lo más deseable no es estar cerca de la plaza Bolívar; los ciudadanos con mayores recursos ahora anhelan vivir aislados, rodeados de jardines, en lotes contiguos. Si antes la vivienda con su patio era un microcosmos de la ciudad y su plaza, ahora la quinta representa un anhelo de campo, una negación de lo urbano; con la pretensión evidente, casi agresiva, de jamás ser ciudad. La variedad estilística de estas casas de El Paraíso celebra esta condición de diversidad y autonomía”. Esta idea se refuerza en el plano mostrando en la parte inferior derecha un gran recuadro superpuesto, donde se señalan todas las propiedades (44 en total) ubicadas en las nacientes Avenida Castro y la Urbanización El Paraíso, muchas de ellas identificadas con el nombre de su propietario.
Sin embargo, el crecimiento hacia El Paraíso se estructura con una retícula de manzanas pequeñas que se extiende entre la prolongación de las calles sur 12 y sur 14, hasta tocar el limite topográfico señalado en el plano. Al interior de las manzanas viviendas unifamiliares aisladas en forma de “Villas”, se construyen siguiendo el modelo de ciudad jardín.
Al oeste, noroeste y este, el esquema de expansión tendrá mas que ver con un crecimiento desarticulado, producto de la construcción y desarrollo de edificaciones a los lados de los caminos para salir de la ciudad, en antiguos predios o lotes agrícolas que responden a lógicas asociadas a la tenencia de la tierra y su explotación. Los antiguos caminos que comunicaban a Caracas con las parroquias foráneas, se van afianzando, y se muestran en dirección “de la Guaira”, “de Valencia” y “a Petare”.
La extensión del brazo de la ciudad al este, anticipa su conquista. El estado Sarria, Santa Rosa de Lima y Quebrada Honda, muestran formas desarticuladas de expansión sin orden aparente ni relación entre sus calles y construcciones, como un intento de adaptarse a la geografía. La colina que en un futuro ocupará San Bernardino no ha sido aún urbanizada.
Al noroeste, ya se anuncian sobre un camino paralelo, la salida hacia la Guaira, Agua Salud y Catia.
Resulta curioso que este plano, a diferencia del de 1897, no muestre el directorio comercial clasificado de la ciudad rodeando el plano de Caracas habiendo sido encomendado por Van-Praag para la edición de su Guía Directorio Anual. En tal sentido, podemos suponer que Razetti actualizó este plano de la ciudad incorporándole el trazado de El Paraíso y muchos otros detalles y que, una vez dibujado por el propio Razetti, los encargados de la tipografía, habrían de enmarcarlo y completar la información comercial relativa a los comercios y clasificados. La superposición de manera no ortogonal del recuadro con la leyenda de El Paraíso, con una tipografía mayor, la ausencia de marco, y tipografías diferentes en sus leyendas, son elementos que permiten suponer que este segundo plano elaborado por Razetti, a diferencia del muy hermoso y cuidado de 1897, fue un documento inacabado.
IGV
Procedencia de la imagen
González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015