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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 128

Proyectar un pabellón de exposiciones podría pensarse que no establece un compromiso mayor del correspondiente a cualquier obra que pretenda transpirar arquitectura. Sin embargo, son varias las tentaciones que pueden rondar al arquitecto a quien corresponda tal responsabilidad, hasta el punto de distraer, desviar y hasta desaprovechar tan atractiva oportunidad. La historia tejida alrededor de los esfuerzos por organizar exposiciones mundiales o universales, cuyo inicio oficial data de 1851 (Londres), da cuenta de ello. ¿Cuántos de los miles de edificios realizados a lo largo de más de 160 años de encuentros internacionales han dejado realmente huella en la retina arquitectónica? o, en otras palabras, ¿cuántos han superado la paradoja que encierra el trascender su manifiesta vocación efímera?

Entre la intención de recoger la esencia de lo que puede considerarse como lo más representativo del ser nacional, hasta el interés por demostrar en cada momento dónde se encuentran estacionados el progreso y los avances tecnológicos, la arquitectura que se presenta en las exposiciones universales a los ojos del mundo, salvo en los escasísimos intentos (no muy felices, por cierto) por buscar una imagen unitaria o unificadora, no pasa de ser sino un montón de manifestaciones disonantes dentro de un espectáculo fundamentalmente mediático. Es sólo la aproximación cuidadosa a la diversidad de los elementos que integran el evento la que puede permitir detectar el predominio de lo permanente por sobre lo cambiante, a través de la siempre relativa ponderación con que cada arquitecto haya manejado el impacto que sobre el edificio pueden tener el contexto ferial, la época donde se encuentra y el contenido albergado, sea éste de orden nacional o temático.

Por si esto fuera poco, cada exposición internacional ha tratado de identificarse a través de un tema en particular que puede enriquecer o enrarecer aún más las variables de las cuales debe partir el arquitecto. Así, por citar sólo unas pocas, la Exposición Universal de Chicago de 1893 se autocalificó de “Colombina” en honor a quien hacía ya 400 años había “descubierto” América; el tema de la ideologizada exposición de 1937, con España en plena Guerra Civil y Europa al borde del peor conflicto bélico del siglo XX, era, paradójicamente, “La Civilización”; los lemas de la exposición de 1939 en New York fueron “La Ciudad de la Democracia” y “Construyendo el Mundo del Mañana”; el slogan en la de 1958 (Bruselas) fue “Para un Mundo más humano”; la de Sevilla (1992) se identificó tras “La era de los descubrimientos”; Lisboa tuvo como leit motiv a “Los Océanos” y la de Hannover 2000 (la primera realizada jamás en Alemania) se apoyó en los conceptos de “Hombre, Naturaleza y Tecnología” tras la para entonces rescatada y resituada idea de “Sostenibilidad”.

Obviamente, dentro de este marco, cada país tiene su propia historia de aproximaciones a uno u otro extremo dentro de los que se mueve el problema de la representatividad en la arquitectura expositiva. El nuestro, bien sea por la vía de la asignación directa o por la del concurso, no ha escapado a los vaivenes por legitimar estilos que podrían asociarse históricamente a la venezolanidad (recordemos el pabellón neocolonial de Villanueva y Malaussena de Paris -1937-); tampoco ha dudado en otorgar la responsabilidad de mostrarse ante el mundo a profesionales extranjeros cuidándose las espaldas tras la garantía que ofrece siempre la “buena arquitectura” (los casos de Skidmore & Owings con Gordon Bunshaft en New York -1939- y de Carlo Scarpa en Venecia -1954-56- así lo evidencian). Curiosa por demás también fue la actitud asumida por Alejandro Pietri quien propuso para Damasco un pabellón más ligado a las tradiciones constructivas del Medio Oriente que a las del país representado, es decir, Venezuela. Edmundo Díquez y Oscar González, cuando se expresan sobre su propuesta para New York -1964-65-, no dudan en considerar si a la hora de diseñar un pabellón “es más positivo mostrar una arquitectura internacional digna, o por el contrario representar a nuestro país con un edificio de vestigios coloniales que no expresa nuestra actualidad”. Ya son suficientemente conocidas la acertada opción minimalista por la que opta Villanueva ante la presumiblemente (y en efecto) ruidosa Exposición de Montreal de 1967 y la decidida apuesta que hacen Henrique Hernández y Ralph Erminy al poder de una contemporánea imagen tecnológica basada en un sistema constructivo desarrollado en el país.

Sin lugar a dudas, Fruto Vivas a la hora de enfrentar el encargo de diseñar en tiempo récord (9 meses que no permitían desarrollar y experimentar soluciones completamente nuevas) el pabellón venezolano para la Expo 2000 Hannover, debió dilucidar y tomar partido, una vez más, sobre las coordenadas donde se ubica el problema de la representatividad arquitectónica. Las particularidades del caso nos colocan en una encrucijada donde se dan cita y a la vez quieren convivir armoniosamente toda una serie de difíciles circunstancias. En primer lugar se encuentran las siempre subjetivas características del país que va a ser representado donde el aquí y el ahora se hallan en constante lucha con el allá, el ayer, el mañana y el siempre, y donde debe despejarse el dilema de si afrontar dicho reto le corresponde a la evocación de referentes históricos de comprobado peso o a la interpretación de todo aquello que conforma lo cultural, plasmados bien sea a través del contenedor (el edificio), del contenido (la muestra expuesta) o de ambos. En segundo lugar aparece el compromiso con el lugar, con la época y con la arquitectura dentro de un contexto que se presume discontinuo, disonante, conformado por piezas a cual más original donde, además, se pide sintonizar (como ya se ha mencionado) con ideas tales como “Hombre, Naturaleza y Tecnología” tras el concepto de “desarrollo sostenible”. En tercer lugar (y no por ello menos importante) se encuentra el arquitecto y, con él, su obra, su trayectoria, su personalidad, su pensamiento, las ideas que por aparecer con mayor asiduidad fijan su actuación, sus obsesiones, y las circunstancias que han originado cada respuesta proyectual dentro de su particular cronología.

Lo interesante de este caso es que el Pabellón de Hannover, sin necesidad de recurrir a la construcción de un discurso demasiado elaborado, manifiesta a la vez el interés por evidenciar el lugar del cual es oriundo y de no renunciar a las posibilidades que ofrece la tecnología para hacerlo creíble, en medio del recinto ferial más importante de Alemania (160 hectáreas) que albergó la representación de 155 países y 27 organizaciones internacionales donde tan sólo se hizo necesario construir un 30% de las instalaciones (desmontadas, recicladas o nuevamente reinstaladas en alguna otra parte al terminar la Expo) logrando así una exposición muy respetable con el ambiente.

En él Fruto apela casi de forma directa a la evocación de elementos propios de la exuberante naturaleza venezolana como detonante en la generación de la forma resumida en la idea “una flor de Venezuela para el mundo”. Su aspecto, en exceso figurativo, en el que quieren aparecer tepuyes y alusiones a la flora autóctona tras la reverberación que eventualmente producen la transparencia y el movimiento, ofrece todos los signos de una fascinación (nada nueva, por cierto) del arquitecto por la estrecha colaboración que debe ofrecer la estructura portante en la conformación del espacio arquitectónico, esta vez incursionando en el territorio de la robótica.

1. Arriba: Croquis inicial del Pabellón de Venezuela en Expo Hannover 2000, Fruto Vivas, 1999. Abajo: Croquis del pétalo, Frei Otto, 1999

Bien pudo Fruto Vivas haber echado mano de la manifiesta “sostenibilidad” que muestran sus propuestas “populistas” de los años 50, fundamentalmente ligadas al tema habitacional, donde se observa no sólo una sensible, racional y sabia disposición en cuanto al uso de los materiales de cada lugar sino también en cuanto al manejo de la escala. No obstante, el Pabellón de Hannover transita la senda que a partir de esa misma década ya empieza a percibirse en Fruto a raíz de su estrecha colaboración con Niemeyer y de su contacto con Eduardo Torroja, que arrojan como resultado la “concha” del Club Táchira. El arquitecto pasa así, luego de 45 años, de la imagen de un pañuelo posado en una colina a la de una flor tropical bioclimáticamente adaptable, manteniendo inalterable, ahora con la colaboración de Frei Otto y un amplio equipo de profesionales que participó en su diseño y puesta a punto, su pasión por la relación arquitectura-técnica, que como bien sabemos a lo largo de toda su vida profesional se ha traducido en fe a la hora de buscar soluciones a las más acuciantes necesidades del país. Es también notable la similitud en cuanto al tratamiento espacial de los dos edificios en estrecha relación con su evidente carácter público. Es decir, tanto en el Club Táchira como en el Pabellón de Hannover ya no se apuesta al intimismo, al control de la luz o al calor que proveen los materiales nobles propios de una escala más doméstica, sino a la fusión del espacio interior con el exterior bajo el predominio de un importante evento estructural como lo es la cubierta. Como contraparte a la ligereza que se le imprime al elemento protagónico, aquellas actividades que deben realizarse en espacios controlados se ubican en los correspondientes podios (tendientes a la solidez) que sirven de soporte a ambos acontecimientos tectónicos.

2. Arriba: Detalle el capitel central. Centro: Atirantado. Abajo: El mástil apoyado sobre las plataformas

Manteniendo un pie en el Club Táchira como necesario acompañante y el otro en todo el pensamiento de Fruto que gira en torno a “los árboles para vivir” (o a la “bioarquitectura para los hombres libres”), sería lícito exigirle al Pabellón de Hannover una mayor sofisticación discursiva o un mayor nivel de abstracción como propuesta arquitectónica. También se le podría someter, con relativos resultados, a una evaluación atinente a su contemporaneidad o capacidad para estar a tono con los temas vinculados al “desarrollo sostenible” a la luz de otros interesantes edificios presentados dentro de la Exposición. Incluso podríamos atrevernos a problematizar cómo intenta salvar con evidente dificultad la distancia que existe, con relación a la representatividad, entre el Pabellón Venezolano de 1937 y el de 1992. Pero de lo que no quedan dudas es de que tras él se encuentra un arquitecto que, independientemente de sus éxitos o errores o de su aparente desgaste, ha asumido con una incombustible intensidad y entusiasmo y una indudable autenticidad el reto de ubicarse dentro de las nada fáciles coordenadas en las que puede plasmarse un edificio de esta naturaleza.

Pareciera que el poder de atracción que aún ejerce lo exótico sobre el común de los europeos le valió al Pabellón un rotundo éxito (con el cual no contó la exposición en general si se toma en cuenta que se esperaba una afluencia de 40 millones de visitantes y sólo concurrieron 18) del cual, obviamente, se benefició el país y del cual tiene mucha responsabilidad tanto el arquitecto como el partido ferial asumido. Frei Otto dentro del furor del momento y con evidente parcialidad se atrevió a compararlo en cuanto a trascendencia con el Palacio de Cristal y la Torre Eiffel.

Lo que sin duda es excepcional es que el de Hannover 2000, caracterizado por su forma de flor, la ligereza de su estructura de acero y vidrio, la movilidad de su cubierta de 16 “pétalos” y un contenido basado en la biodiversidad del país, se haya convertido en el único pabellón desmontado, trasladado y reinstalado en Venezuela de cuantos conforman nuestra ya larga saga llena de fracasos alrededor de dicho intento. Así, una vez finalizada la exposición (desarrollada entre el 1 de junio y el 31 de octubre de 2000), en el 2001 se “repatria”, rehaciéndose entre 2007 y 2008 por empresas venezolanas y por la compañía alemana Global Project Engineering GmbH en la ciudad de Barquisimeto para ser inaugurado en octubre de 2009 como el “Centro Cultural Flor de Venezuela”. Y no sólo eso, tan satisfechos quedaron los alemanes con la pieza que en el 2006 se reconstruyó una réplica exacta y fue colocada nuevamente en el recinto ferial.

Por ello es posible, una vez que el inclemente paso del tiempo ha empezado a hacer su trabajo, retornar a observar este particular edificio, con ojos menos emocionados y desprejuiciados que los de Otto, para poder aventurar una última palabra. El comparar las condiciones de mantenimiento y comportamiento de su sofisticada estructura retráctil en su locación larense versus la de su clon en Alemania no deja de ser interesante a la hora de constatar verdaderos niveles de compromiso con una obra que requirió elevados niveles de tecnología para ser resuelta y puesta en uso. Si queremos tener una información amplia, detallada y precisa sobre los interesantes aspectos constructivos que rodearon su concepto y evolución, recomendamos leer “El Pabellón de Venezuela en la Expo 2000 de Hannover”, artículo de Ch. García Diego, J. Llorens y H. Poppinghaus aparecido en Informes de la Construcción (Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja), vol. 53, nº 473, mayo-junio 2001. De aquí, nos ha parecido relevante incorporar su completa ficha técnica para dar una idea del complejo y muy serio compromiso asumido por todas las instancias y personas que permitieron su muy exitosa culminación

ACA

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Postal. https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Flor_de_venezuela_barquisimeto_lara.jpg

1 y 2. Ch. García Diego, J. Llorens y H. Poppinghaus. «El Pabellón de Venezuela en la Expo 2000 de Hannover”, Informes de la Construcción (Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja), vol. 53, nº 473, mayo-junio 2001

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 120

Con Expo-Sevilla 1992 se cerró el ciclo de las grandes Exposiciones del siglo XX herederas aún de la grandilocuencia proveniente del siglo XIX. Desde Osaka (1970) no se llevaba a cabo un encuentro de este tipo. La excusa explícita, como se sabe, fue la conmemoración de los 500 años del Descubrimiento de América. La intención solapada era inyectar una buena parte de dinero procedente del acelerado crecimiento económico español a una de sus zonas más atrasadas. El lema de la Feria: «La Era de los Descubrimientos».

1. Expo Sevilla 1992. Plano General

Sevilla sufrió, en efecto, en 1992 su transformación más importante desde la Exposición Iberoamericana de 1929. La decisión de ubicar el corazón del evento en la isla de La Cartuja tuvo la clara intención de dotar de vida un sector olvidado de la ciudad señalando hacia donde debía toda ella expandirse. Sin entrar en detalles sobre las virtudes o defectos del trazado ordenador final de la Feria, es curioso observar cómo en la capital andaluza se repitieron buena parte de las manifestaciones que desde ya hace tiempo este tipo de evento venía arrastrando. Así, en Expo-Sevilla se siguieron incrementando las experiencias sensoriales, ahora más acordes con los tiempos mediáticos que ya se vivían, se siguió apostando por el progreso, por el desarrollo de la ciencia y la tecnología y se continuaron viendo combinaciones de exotismo con la más reciente novedad, intentos nostálgicos de recuperación del pasado, verdaderos templos al high tech y unas pocas búsquedas contestatarias a tanta escenografía, a tanto refinamiento y a tanto kitsch .

2. Página de arquitectura de Economía HOY del 21 de julio de 1990.

Venezuela fue el séptimo país en confirmar su presencia en la feria y uno de los cuatro países latinoamericanos que realizó para Expo-Sevilla un Pabellón propio proyectado en el país. Su selección provino de un concurso por invitación en el que participaron ocho arquitectos: Domingo Álvarez, Jorge Castillo, Gorka Dorronsoro, Enrique Larrañaga, Juan Carlos Parilli, Jesús Tenreiro, Oscar Tenreiro y Henrique Hernández. El jurado integrado por Pablo Lasala, Tomás José Sanabria (Presidente), Emile Vestuti, Henrique Vera y Juan Pedro Posani (Curador del Concurso), en veredicto emanado el 25 de junio de 1990, luego de resaltar los valores de cada una de las propuestas entregadas, declaró ganadora de manera unánime la presentada por Henrique Hernández quien trabajó en la gestación y desarrollo del proyecto conjuntamente con Ralph Erminy, colaborando en la arquitectura Marcel Erminy y en la estructura Carlos Henrique Hernández y Waclaw Zalewski.

3. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Planta y fachadas

Este par de profesionales tuvieron la oportunidad, gracias a la realización del Pabellón, de poner nuevamente en práctica las ideas que en cuanto a la relación arquitectura-tecnología venían sosteniendo desde hace muchos años y que les llevaron a la creación en 1975 del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) en el seno de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV. Ambos tenían una amplia trayectoria académica habiendo llegado Erminy a ser Director de la Escuela en el período 1959-62. Hernández, junto a Fruto Vivas, emprende como estudiante un acercamiento pionero a la arquitectura popular a mediados de los 50 y ya en los sesenta lidera la Unidad de Diseño en Avance del Banco Obrero, experiencia abocada a la resolución masiva del problema de la vivienda mediante la aplicación de sistemas constructivos industrializados creados en el país con tecnología propia, lo que le vale en gran medida para propulsar la fundación del IDEC.

4. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Sistema estructural

No es de extrañar, por tanto, que el Pabellón de Venezuela en Sevilla obedezca, aunque en un tono más matizado que el asumido en otras experiencias realizadas dentro del IDEC, a una visión muy concreta de la arquitectura. De aquí que los autores no duden en utilizar la tecnología como clave para sugerir la imagen del país, una Venezuela donde la innovación y el desarrollo son básicos en la consecución de su futuro, pasando a ser el Pabellón un prototipo muy útil para el perfeccionamiento de una línea investigativa que el IDEC adelanta: las «Estructuras transformables».

De hecho, el Pabellón, construido en Venezuela con la colaboración de la industria del aluminio, conformado por 6.475 piezas, con base a un modelo estructural consistente en un sistema desplegable en acordeón concebido para cubrir un espacio de 600 m2, llega a Sevilla embalado dentro de tres enormes cajas para, una vez en el sitio, ser armado en tan sólo 13 horas. También se previó su posterior replegado para poder ser de nuevo trasladado y reinstalado en Venezuela, cosa que lamentablemente no ocurrió. Sus autores en un principio hubiesen querido que esto sucediese a diario en plena Exposición pero las características del formato y condiciones de proyección del audiovisual que en su interior se proyectaba lo impidieron.

5. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Vista general

Sin embargo, el Pabellón de Sevilla, ubicado dentro del recinto ferial entre el Camino de Las Acacias y la Calle 11, entre el pabellón de Rusia y el de la Organización Nacional de Ciegos (ONCE), en un terreno de 2000 m2 de los cuales abarcó una superficie construida de  1822 m2 alcanzando una altura máxima de 20 mts., se visualiza no sólo como tecnología sino también como un espectáculo por lo que tal vez el calificativo de «high tech» no sea del todo apropiado. Su conformación así lo revela: una Plaza inclinada concebida como una gran fiesta visual, como aventura, lugar de encuentro y a la vez de tránsito al edificio propiamente dicho. Al respecto Henrique Hernández apuntará en el libro editado por el IDEC Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993), que: “LA PLAZA representará la búsqueda de la percepción no inmediata, como una metáfora de uno de los hitos del gran acontecimiento histórico que celebramos en la Expo 92: el cambio de la imagen plana que el hombre tenía de la tierra y el nacimiento del mundo esférico, experiencia virtual del espacio percibido y del espacio real”.

Tras esta concepción Hernández y Erminy incorporan al artista venezolano Carlos Cruz-Diez a quien corresponderá el tratamiento cromático tanto del piso como de los elementos que cubren la plaza: treinta y seis paraguas de 16 metros de altura que virtualizan la forma de un cubo. Por su parte el volumen del edificio es el resultado de la función que fundamentalmente debía albergar: una sala convencional de proyecciones en la que se presentaba de forma continua un audiovisual con imágenes del patrimonio cultural y paisajístico del país cuyo guión se basó en un texto de Arturo Uslar Pietri, que a decir de los arquitectos y como ya hemos señalado «limitó mucho las ideas». También contenía el Pabellón un área de exposiciones de aproximadamente 1035 m2 y espacios para oficinas, depósitos y servicios. El resultado: un contenedor en forma de prisma truncado conformado por una trama estructural libre de soportes intermedios, con una luz de 32 metros lineales en sentido longitudinal y 22 metros lineales en el sentido transversal.

6. Portada del libro editado por el IDEC, Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993)

Tal vez sea el de Sevilla (junto al diseñado por Carlos Raúl Villanueva para Expo-Montreal 67) el más consistente y ajustado de los Pabellones presentados por Venezuela en Exposición Universal alguna. En él los objetivos trazados y la obra materializada tienen plena coherencia entre sí y con toda una trayectoria profesional y académica en la persona de los proyectistas, cuya más inmediata traducción puede palparse en el equilibrio entre economía y tiempo de ejecución muy ligadas a su vez con el sentido efímero que toda edificación de este tipo conlleva. Su aporte al desarrollo de un método constructivo para estructuras itinerantes junto a la meta también alcanzada de obtener una «estructura-edificio-símbolo de la industria venezolana del aluminio» podrían completar el renglón correspondiente a sus logros.

7. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Plaza con pavimento y mástiles diseñados por Carlos Cruz-Diez

La arquitectura espectáculo, la integración de la artes, la arquitectura mensaje y el desarrollo tecnológico temas subyacentes que rodean a la preocupación de los proyectistas por lograr una obra que sea expresión de la identidad nacional, les ofrecieron la oportunidad de construir una gran metáfora que, palpable o no, servirá como abono de las ideas formales: la alegoría de la luz y el color del Caribe. Los espacios interiores y, fundamentalmente, la Plaza (un pequeño bosque tropical) asumen dicho compromiso identificatorio. En tal sentido Ralph Erminy expresará: “Arte y plaza no son causa ni efecto, la plaza aparece por la necesidad del arte y el arte como consecuencia del encuentro. La plaza es el lugar del encuentro para dilucidar qué es el país como terruño y la nación como sociedad de hombres. Allí nada está sobrepuesto, allí todo está integrado. Es un lugar de incitación a la sensibilidad, donde la poesía también ocupa un lugar”. Apreciar en este Pabellón, que contó con la fortuna de ser uno de los pocos proyectos provenientes de un concurso de arquitectura realizado en Venezuela que logró construirse, la modernidad como soporte de lo nacional y a la vez su rol representativo de tendencias de alcance universal dentro de la arquitectura local, deja sobre el tapete planteada la perpetua paradoja que pesa sobre la identidad arquitectónica venezolana que, como bien sabemos, no se trata, ni mucho menos, de un episodio cerrado.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993)

  1. https://htca3expo92.wordpress.com/tag/propuestas/

2. Página de arquitectura de Economía HOY del 21 de julio de 1990.

3. https://catalogosdearquitectura.wordpress.com/2018/03/12/hernandez-henrique-1992-pabellon-de-venezuela-en-sevlilla/

4. Carlos H. Hernández, «EL PABELLÓN DE VENEZUELA EN LA EXPO^92.UNA ESTRUCTURA DESPLEGABLE EN DURALUMINIO» (1993). http://informesdelaconstruccion.revistas.csic.es

5 y 7. https://entrerayas.com/2019/03/a-10-anos-de-la-partida-de-henrique-hernandez/

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 112

Venezuela, a pocos meses del derrocamiento de la dictadura perezjimenista, participa en Bruselas (Bélgica) como parte de los 43 países extranjeros que, junto al anfitrión, 2 colonias y 8 organizaciones internacionales, se mostraron en la primera Exposición Universal organizada después de la Segunda Guerra Mundial lo cual marcó la reanudación de eventos de esta categoría, suspendidos desde Nueva York 1939.

1. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Posters elaborados para promocionar el evento

Expo Bruselas 58 al situarse en plena posguerra sirvió para que los gobiernos de los aliados de Europa Occidental aprovechasen para demostrar sus éxitos y prosperidad posbélicos, mientras que los países del Eje -Alemania, Japón e Italia- vieron en ella una oportunidad de lavar su imagen internacional. Sin embargo, lo más destacado entre la general exuberancia de la feria fue la tensión evidente entre Estados Unidos y la Unión Soviética quienes, como protagonistas de lo que se conoció como la Guerra Fría ya desatada para entonces, utilizaron sus respectivos pabellones para promover su antagonismo político, mostrar sus avances científicos y tecnológicos y hacer pulso en cuanto a su poderío armamentista e influencia internacional. Muchos recuerdan esta situación como similar a la que se presentó en la Exposición Internacional de París (1937) entre la Unión Soviética y la Alemania nazi de la cual sus respectivos pabellones representativos fueron también un claro reflejo de la crispación política e ideológica existente en el momento.

2. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Plano general de la feria

Propuesta originalmente para 1947 y aplazada inicialmente para 1955, la exposición se convirtió en un lugar para exaltar las posibilidades de la convivencia humana a la sombra de la amenazante destrucción nuclear. Identificada con el lema “Por un mundo más humano”, símbolo en sí mismo del mensaje pacifista que se quería colocar en el corazón del evento, la feria belga, abierta entre el 17 de abril y el 19 de octubre, se ubicó en un recinto de 200 hectáreas en la meseta de Heysel, a 7 kilómetros del centro de Bruselas. Muchos de los edificios utilizados fueron construidos originalmente para la exposición internacional de 1935 pero su extensión se amplió en un 50% debido a la incorporación del Parque Real de Leaken que dio cabida a un número importante de nuevas edificaciones. Su costo total, según las autoridades de la Expo, fue de 43.4 millones de dólares y recibió la visita de cerca de 42 millones de personas a lo largo de los 185 días que duró su apertura.

3. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Atomium. Arquitectos: A. y J. Polak. Creador: André Waterkeyn
4. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Izquierda: Pabellón Philips, Le Corbusier. Derecha: Pabellón de España, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún

En términos generales, la Expo 58 ofreció un verdadero rango de las múltiples tendencias del paisaje arquitectónico de los años cincuenta. Sin embargo, el debate se ha centrado en precisar si lo allí mostrado no fue sino una vuelta de tuerca más para comprobar el ya decadente uso indiscriminado y tergiversado de los códigos propios del “estilo internacional” como sustituto del “modernismo” (caracterizados ahora por la transparencia, la dinámica de las superficies curvas y las construcciones suspendidas), sumados a la permanente búsqueda de efectos asociados a muchas “acrobacias neo-expresionistas” y a la superficialidad propia que toda feria impone. Por otro lado, ofrece una clara oportunidad para valorar posibilidades técnicas ilimitadas y, por lo tanto, los esfuerzos para dar la impresión de entrar en una nueva era donde el “progreso” vuelve a ser el protagonista. En este marco, quizás valga la pena recordar dos piezas como claras excepciones que confirman la regla: el pabellón de España (obra  de José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún), que ocupa un lugar muy destacado dentro de la arquitectura del siglo XX de ese país y el Pabellón Philips, donde Le Corbusier manifiesta su particular interpretación de la integración de las artes bajo el ropaje de una inusual utilización de la tecnología constructiva. Caso emblemático pasó a ser con el tiempo el Atomium, símbolo de la Expo, diseñado por André Waterkeyn cuya presencia aún hoy llama la atención en la ciudad.

Paradójicamente, en Bruselas también se colocó de nuevo sobre el tapete la cuestión de si una exposición universal podría seguir siendo un medio de comunicación adaptado a nuestros tiempos. Algunas partes de la muestra, así como otras contribuciones, trajeron a la mente enfoques del siglo XIX. La presentación de las colonias belgas en un período de descolonización (el Congo se independizó dos años más tarde), así como los modelos de eventos arquitectónicos de una pequeña ciudad belga o la «Pequeña Holanda» del Pabellón holandés con reconstrucciones diques, faros y la simulación del oleaje, revivieron una puesta en escena que se creía superada.

En lo concerniente a la representación venezolana, lo primero que salta a la vista es la cercanía de las fechas entre la caída de Pérez Jiménez y el inicio de la Expo, lo cual nos hace presumir que la decisión de participar ya venía siendo manejada por el régimen defenestrado y que pudo lograrse gracias a una curiosa demostración de continuidad y tino político de parte de una administración que, apostando a la democracia como forma de gobierno, buscaba dar una imagen fresca y novedosa alejada de la tiranía que la precedió.

El pabellón nacional será diseñado por Dante Savino, formado en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela quien, a causa del cierre de la Universidad en 1952, concluye el último año de estudios en Firenze, Italia, donde obtiene el título en 1954. Nos encontramos pues, en presencia de un criterio de selección que, precedido por las actuaciones de Villanueva y Malaussena en París (1937), y de Alejandro Pietri (Santo Domingo -1955-) y Guido Bermúdez (Berlín -1957-), prevalecerá hasta hoy en día dejando atrás la costumbre instaurada desde la época de Guzmán Blanco de encargar a arquitectos foráneos el diseño de nuestros pabellones representativos.

5. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Ubicación del Pabellón de Venezuela (cercano a los de México y Brasil)

La propuesta de Savino, ubicada en un lugar privilegiado dentro del conjunto de la feria, alejado a la vez de su zona más densa, bulliciosa y llamativa, nos permite apreciar una edificación horizontal, extendida, sin estridencias, de proporciones si se quiere modestas, conformada por una serie de piezas articuladas que se adaptan a la topografía y borde curvo del solar, logrando su mayor desarrollo por debajo del nivel de la calle permitiendo así la definición del acceso principal a través de un puente (que puede observarse en la fotografía que acompaña la postal del día de hoy) para dar así inicio a un recorrido en medio de patios sembrados con orquídeas que conducirán luego a un gran espacio de usos múltiples, integrado mediante una pérgola con una terraza que le sirve de expansión.

6. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Arriba: perspectiva. Abajo: planta nivel acceso
7. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Cortes y fachadas

La muy bien lograda espacialidad se suma a un atinado criterio en cuanto al aprovechamiento de la luz, lo que permite valorar una ambientación vinculada a la tropicalidad del país que se representa, donde la utilización de las cubiertas destinadas a los dos espacios más importantes y las pieles tramadas que los envuelven juegan un papel fundamental, aspectos todos que hemos podido apreciar gracias a la información que nos suministrara Víctor Sánchez Taffur, a quien se le encomendó la realización de una maqueta que mostró el pabellón venezolano de Bruselas en la Exposición “Horta & after” montada en la FAU UCV el año 2005 (ver Contacto FAC, nº 39, 06-08-2017).

8. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Diversas fotos del exterior y el interior tomadas durante la celebración de la feria
9. Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958. Pabellón de Venezuela, Dante Savino. Maqueta elaborada en el taller de Víctor Sánchez Taffur en ocasión del montaje de la exposición «Horta & after. 25 maestros de la arquitectura moderna en Bélgica» realizada en la FAU UCV el año 2005

Los organizadores de la Expo, se refieren en el catálogo del evento (Guía oficial Exposition Universelle de Bruselas 1958 – Desclée & Co) al contenido del pabellón como una muestra de lo que el país puede ofrecer: “su arquitectura, la belleza de sus ciudades, el esplendor de su vegetación tropical y sus vastas riquezas industriales, minerales y agrícolas”. También remiten al “alto grado de industrialización que este país ha alcanzado (que) sin duda sorprenderá al visitante” y a la posibilidad de saber “que la refinación del petróleo (…) principal actividad industrial de Venezuela (…) sirvió como un trampolín para el desarrollo de otras industrias… (…) la mecanización agrícola y el aumento y racionalización de la cría, ayudados por la construcción de presas y sistemas de riego, han transformado este sector en uno de los principales activos del país”. Con respecto a la incorporación del arte y en busca de su no siempre lograda integración con la arquitectura, es bueno destacar que el pabellón incorporó en su recorrido, para así mostrarse a plenitud, obras de Soto, Narváez, Carreño, Leufert, Gego, Otero, Cruz-Diez, Pardo y Barrios. Ello permitió a la organización de evento declarar, no sin un cierto grado de ingenuidad y algo de verdad que: “El arte ha encontrado una nueva forma de expresión en este país donde, con la ayuda del clima, todo florece. Algo de la calidez y afecto de Caracas, la capital que se conoce como la ‘Ciudad de la Eterna Primavera’, ha sido infundida en este pabellón”.

ACA

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Postal y 8. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. http://jdpecon.com/expo/wfbrussels1958.html

2. https://www.urbipedia.org/hoja/Exposici%C3%B3n_Internacional_de_Bruselas_de_1958

3 y 4. https://www.worldfairs.info/expolistepavillons.php?expo_id=14

5. Alayón J.J. «Naturalezas bajo cubierta. Los pabellones de Brasil, México y Venezuela en Bruselas 1958», Zarch, 2019

6, 7 y 9. Archivo de Víctor Sánchez Taffur

1962• Concurso Nacional para el Pabellón venezolano, Feria Mundial de Nueva York de 1964-65

Concurso Pabellón de Venezuela NY.jpg

Concurso Pabellón de Venezuela NY 2.jpg1962•  Promovido por el Ministerio de Obras Públicas y el Ministerio de Fomento y con los auspicios de la Sociedad Venezolana de Arquitectos, se convoca el Concurso Nacional para seleccionar el Pabellón venezolano que iría a la Feria Mundial de Nueva York de 1964-65. Una vez dado el veredicto resultó ganadora la propuesta presentada por los arquitectos Edmundo Díquez y Oscar González Bustillo. También se otorgaron tres segundos premios a los planteamientos hechos por Jorge Castillo y Gerónimo Puig; Guido Bermúdez y Pedro Lluberes; y Ralph Erminy.

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De entre los pabellones que podrían considerarse “menores” por el hecho de haber representado al país en exposiciones de carácter regional o temático que no tenían aspiraciones “universales”, vale la pena destacar la experiencia realizada en la década de los años 50 del siglo XX por el talentoso arquitecto venezolano Alejandro Pietri (1924-1992), quien, al menos en tres ocasiones, fue designado para diseñar edificaciones de ese tipo. La Feria Internacional de Bogotá (Colombia, 1955), la Feria de la Confraternidad y el Mundo Libre en Santo Domingo (República Dominicana, 1955) y la Feria Internacional de Damasco (Siria, 1957) le ofrecieron a Pietri la oportunidad de poner a prueba y manifestar su visión acerca del tema.

Formado entre la Universidad de Oklahoma y la Central de Venezuela, Pietri, como resultado de su estadía en Norteamérica fue discípulo de Frank Lloyd Wright y seguidor de Bruce Goff. También, como todos los arquitectos de su generación, se vio impactado por la posibilidades plásticas que ofrecía el concreto armado a través del laboratorio que Carlos Raúl Villanueva puso en marcha mediante la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas. Quizás por esta razón, Pietri adopta para los proyectos de los tres pabellones mencionados lo que Silvia Hernández de Lasala, estudiosa de su obra (ver Alejandro Pietri. Arquitecto, 1995, en colaboración con Alfredo Brillembourg), ha denominado como la “Estética estructural”, grupo de edificios en los que a modo experimental aprovecha la ductilidad del concreto armado en la resolución de cubiertas ligeras autoportantes, cuyo punto culminante podría considerarse la construcción de las Estaciones de Maripérez y El Cojo (cerca de Macuto) del Teleférico que conecta Caracas con el Litoral Central (1956). Con estas referencias en mente, sin duda, es el pabellón proyectado y construido para la Feria de la Confraternidad y el Mundo Libre en Santo Domingo el que ha tenido una mayor trascendencia dentro de esta tipología en la que Pietri incursiona.

1. Carteles conmemorativos de la Feria

Convocada con motivo de la celebración de los 25 años de la subida al poder del Rafael Leónidas Trujillo, el evento realizado en República Dominicana entre el 20 de diciembre de 1955 y el 31 de diciembre de 1956, cuyo engañoso nombre intentaba maquillar el talante de una de las más cruentas dictaduras vividas en Latinoamérica que ya se encontraba en plena decadencia, buscó mostrar al mundo el progreso alcanzado en el país desde que el mandatario, coincidiendo con el desastre producido en 1930 por el huracán Zenón, emprendió la reconstrucción de la capital (a la cual cambia de nombre por Ciudad Trujillo) y con ello aprovecha para reforzar la imagen representativa del poder político (actitud propia de todo régimen autoritario) dándole cabida a las primeras manifestaciones de arquitectura moderna.

2. Izquierda: Vista aérea general de la Feria. Derecha: Vista de la avenida principal y eje central del conjunto

Ubicada al oeste de la ciudad, en un área aproximada de 80 hectáreas, visualizada como complemento demostrativo de su pujanza y camino firme hacia el progreso, la feria se organizó con Marian Ogando al frente de la Comisión Organizadora y la participación de 42 países. El diseño del recinto fue encargado al arquitecto dominicano Guillermo González Sánchez, graduado en la Universidad de Yale, quien luego de su formación de post-grado en Europa, se radicó definitivamente en el país a mediados de 1946 y de inmediato emprendió estudios dirigidos a transformar la fisonomía de la urbe donde también dejó para la posteridad piezas de valía como el Hotel Jaragua.

3. Dos perspectivas de la propuesta preliminar

El pabellón representativo de Venezuela, permitió a Pietri poner en evidencia sus influencias, la destreza en el manejo de la geometría y la novedosa utilización del material que lo constituye. Ya la forma en “S” de la planta, que le permite colocar en su centro un cono truncado contentivo del espacio jerárquicamente más importante, denota la presencia de un claro y a la vez peculiar organicismo influido por la bizarra arquitectura de Bruce Goff, patente también en la expresividad dada al edificio mediante el uso del concreto armado a modo de elementos asociables a figuras naturales claramente geometrizadas. Tal es el caso de la estética de los tetraedros del cuerpo ubicado al este (llamados por Pietri “hojas de grama”) o de los soportes del cono truncado en los que da rienda suelta a una “controlada” imaginación que no descuida la fluidez espacial, el manejo de la luz y la ventilación natural como variables importantes a ser tomadas en cuenta.

4. Arriba: Vista aérea del pabellón. Abajo izquierda: Planta. Abajo derecha: Vista exterior recién inaugurado

Valga destacar que el cálculo estructural de la obra estuvo a cargo de los reconocidos ingenieros venezolanos Juan Otaola y Oscar Benedetti quienes lo acompañaron también en la materialización de las mencionadas estaciones del Teleférico y cuya impronta es altamente significativa dentro del laboratorio de la Ciudad Universitaria de Caracas.

Varios de los edificios que formaron parte de la Feria, cuya arquitectura de avanzada permitió expresar en tono anecdótico y claramente exagerado al arquitecto dominicano Emilio José Brea García que cuando el presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek, la visitó se entusiasmó tanto que se marchó raudo y veloz a su país pues la Feria lo inspiró a construir Brasilia, fueron entregados una vez concluida para su uso como oficinas de gobierno. De los que han sobrevivido sobresalen como obras notables el Ayuntamiento y el Congreso Nacional, ambos por Guillermo González Sánchez, y el Teatro Agua y Luz de Carles Buigas.

A ellas debe sumarse el Pabellón de Venezuela el cual, destinado inicialmente al Senado de la República, pasó a convertirse en depósito de los bienes descartados por esa institución a partir de no haber prosperado la realización en sus predios del proyecto destinado a ser el anexo de sus oficinas.

5. Estado actual en que se encuentra el edificio

Posteriormente asignado en 1995 y luego, mediante documento oficial, desde 2005 como sede de la Sociedad de Arquitectos de República Dominicana (SARD, constituida en 1994) y del Grupo Nuevarquitectura (GNA, cuyo nacimiento data de comienzos de la década de los 80), al día de hoy la edificación se encuentra en medio de un litigio donde el Senado, desconociendo la cesión, ha impedido el acceso lo cual ha derivado por un lado en la imposibilidad de proceder a su ocupación y por el otro en la aceleración de un progresivo y preocupante deterioro, ameritándose por su deplorable estado actual una considerable inversión en su restauración. Valga apuntar, como uno de los múltiples llamados de atención  de concientización al respecto, la intervención que el artista dominicano Engel Leonardo llevó a cabo en sus espacios titulada Ranchos, planchas y gallinas (2016) (http://artishockrevista.com/2016/04/12/ranchos-planchas-gallinas-conversacion-engel-leonardo-pablo-leon-la-barra/). Otro excelente testimonio que aboga por su recuperación es el video «Sublime legado»  de 3:51 minutos de duración dirigido por Karen Dicló (https://vimeo.com/123378143), el cual forma parte de la publicación digital STATU QUO: Arquitectura Moderna Dominicana (Vol. 1) (UNIBE, Alex Martínez -Editor-, 2017). El Pabellón de Venezuela en Santo Domingo tiene el privilegio de ser uno de los tres edificios representativos del país que aún se mantienen en pie y uno de dos que se conserva en su emplazamiento original sumándose al Pabellón de Venecia (Carlo Scarpa, 1954). El tercero es el Pabellón de Hannover (Fruto Vivas, 2000) que fue desarmado, reubicado y puesto de nuevo en funcionamiento en la ciudad de Barquisimeto. Su valor patrimonial no ofrece la menor discusión así como tampoco la urgencia en resolver el limbo jurídico que rodea su destino.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. https://www.todocoleccion.net/postales-publicitarias/feria-paz-confraternidad-mundo-libre-ciudad-trujillo-1955-1956~x114220387

2. https://aaamag.com.do/tienda/aaa054 y https://www.pinterest.com/pin/406168460129643094/

3 y 4. https://issuu.com/teoriadelaarquitecturaunibe/docs/statu_quo_arquitectura_moderna_domi

5. https://zona-arquitectura.blogspot.com/2015/07/alejandro-pietri-pietri-arquitecto.html