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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 199

La iglesia de Nuestra Señora del Carmen, ubicada en la urbanización Campo Alegre, constituye una clara muestra de la capacidad que poseía su arquitecto, Manuel Mujica Millán (1897-1963), de manejar con sabiduría y talento diferentes estilos arquitectónicos, lo cual demostró a lo largo de toda su trayectoria pero muy particularmente a la hora de proyectar y construir hasta un total de 38 quintas (incluidas tres en estilo internacional que una a una convirtió en su propia vivienda para luego venderlas), en la misma zona que alberga la edificación que centra nuestra atención el día de hoy. Arquitecto, lugar y obra ameritan, por tanto, ser considerados aunque sea someramente a la hora de abordar la pieza cuyo dibujo engalana este domingo nuestra postal.

1. Ejercicio académico realizado por Manuel Mujica durante sus estudios de arquitectura. Instituto de 2ª enseñanza para una población de 2º orden. Alzado frontal, 1923.
2. Izquierda: Croquis de la estructura de la capilla del Palacio Real de Pedralbes, de Manuel Mujica Millán (1922). Derecha: Perspectiva a vista de pájaro del proyecto de reforma del barrio de Atarazanas, dibujado por Manuel Mujica en abril de 1926.
3. Plano de urbanización de la Ciudad-Jardín La Florida. Escala 1:2.000. Año 1934.

Mujica, nacido en Vitoria (País Vasco) arriba a Venezuela en 1927 requerido por Eloy Pérez Alfonzo, en principio, para dirigir el trabajo de refuerzo de las fundaciones del hotel Majestic el cual posteriormente terminó rediseñando. En 1925 se había graduado de arquitecto en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona donde fue alumno de José M. Jujol, colaborador de Antoni Gaudí, destacando como un excelente dibujante y alumno de la cátedra de composición. Además se conoce que, mientras realizaba sus estudios, colaboró en 1922 con Eusebio Bona, una de sus profesores en la Escuela, en el diseño del Palacio Real de Pedralbes, y que en 1923 trabajó para Francisco de Paula Nebot, también profesor suyo, en el diseño y construcción del cine Coliseum de Barcelona, una de las obras destacadas de la época. Bona y Nebot fueron dos de los más destacados representantes de novecentismo (noucentisme) monumentalista en arquitectura que cobró auge en Barcelona por aquellos años basado en los planteamientos de Eugenio D’Ors. Tal y como expone Vicente Casals Costa en “Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña”, artículo aparecido en Biblio 3W (2011) accesible a través de http://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm, muy probablemente la experiencia y aprendizaje que Mujica adquirió en la construcción del cine Coliseum explica el que haya aceptado trasladarse a Venezuela para trabajar en el refuerzo de la estructura y cimentación del hotel Majestic.

Es en la formación que Mujica obtuvo y su experiencia acumulada en España durante sus años de estudio (1916-1925) y luego de graduarse entre 1925 y 1927, donde se pueden encontrar los más claros precedentes y bases que soportarán su posterior despliegue como destacado arquitecto en nuestro país. Apoyados en el artículo de Casals Costa hemos conocido que en 1924 colaboró con Cayetano Cabañes Marfá en una polémica propuesta de renovación del centro de Mataró que luego el propio Mujica retomará en 1927 proyectando la reforma de la Rambla. De una experiencia previa con Cabañes en el desarrollo del Sector de Terramar, Sitges (1922), Mujica asimila principios urbanísticos que aplicará con toda propiedad años después, en 1925 (ya graduado de arquitecto), durante el proceso inicial de urbanización de la ciudad-jardín La Florida, en Santa Perpètua de Mogoda, cuyo trazado urbanístico y primeras construcciones proyectó, donde se cimenta, sin duda, su posterior participación en los diseños de las urbanizaciones caraqueñas de La Florida (1929, promovida por Juan Bernardo Arismendi y Luis Roche) y Campo Alegre (1929-1932, impulsada por Carlos Heny).
Posterior a ello es el frustrado plan de reforma del barrio de Atarazanas en Barcelona (1926-1927), su participación sin éxito (1926) en el concurso de anteproyectos para la construcción del Palacio del Sol dentro del plan que se seguiría para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, para donde se presenta, además, en los concursos para el Palacio de Deportes y el Palacio de la Luz, conjuntamente con E. Gutiérrez.

4. Urbanización Campo Alegre, Caracas, 1932 con la ubicación de las quintas realizadas por Manuel Mujica Millán
5. Vista de la Avenida 4 de la urbanización Campo Alegre (circa 1936)
6. Manuel Mujica Millán, Quinta Atalaya (rematando la Avenida 4). 1935
7. Urbanización Campo Alegre. Paseo central de la calle El Parque (circa 1937)

Ya en Venezuela, luego de trabajar en la reestructuración y decoración del Majestic, Mujica participa en el concurso para la sede del Caracas Country Club (1928) y, casi en simultáneo con su participación a partir de 1929 como urbanista de La Florida y Campo Alegre, realiza la intervención del proyecto y obra del Templo Expiatorio de las Siervas del Santísimo Sacramento (1930) y se le encarga la completa remodelación del Panteón Nacional (1930) al que cambia radicalmente su aspecto neogótico echando mano al neobarroco con proporciones más monumentales, estilo este último que replicará a la hora de proyectar la capilla de Nuestra Señora del Carmen. La rápida adaptación de Mujica a nuestro medio, acompañada de una clara habilidad para las relaciones sociales y profesionales impulsan, junto a su talento, su éxito como arquitecto lo cual se corrobora en la serie de importantes encargos que recibió. Baste añadir que entre 1930 y 1940, además, saldrán de su oficina más de 70 proyectos entre casas-quintas y edificios pequeños a los que se sumarían, los teatros Coliseo y Continental (1936), entre otros, todos edificios ubicados en Caracas.

Como ya hemos adelantado, Campo Alegre, cuyo trazado obedece a los lineamientos típicos de la ciudad-jardín formada por calles y avenidas relacionadas entre sí, con espacios públicos y arquitecturas ubicadas en una trama irregular, termina de construirse en 1932 en los terrenos de la Estancia Pan Sembrar, cuyo propietario y futuro suegro Carlos Heny había encargado a Mujica en 1929. El principal eje compositivo de la urbanización de orientación norte-sur (hoy Avenida El Parque) se inicia en el acceso desde la Carretera al Este (hoy Av. Francisco de Miranda), tiene en su parte central una “alameda” con espejo de agua y fuente, y remata en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen a la cual el Ávila sirve de telón de fondo.

Será en 1935 cuando Mujica presente su propuesta para el templo, terminándose de construir y consagrar en 1936. La primera piedra había sido colocada en 1934 luego de que Carlos Heny junto al Sr. Roberto Tood, uno de los primeros habitantes de la urbanización, acordaran con la curia dominica que la iglesia fuese dedicada a la Virgen del Carmen. La Sra. Dolores de Ustáriz, esposa de Heny, junto a un comité de damas se encargó de recaudar los fondos que en dos años permitieron su construcción con base al proyecto de Mujica. Será el 20 de julio de 1941 cuando  el R.P. Fr. Pablo del Olmo, siendo Provincial de la Provincia Bética, oficie la primera misa y el Nuncio de S.S. Rvm. Mons. Dr. José Misurata bendiga el Altar Mayor.

8. Vista lateral de la Capilla de Nuestra Señora del Carmen
9. Vista frontal de la Capilla de Nuestra Señora del Carmen
10. Espacio interior de la Capilla de Nuestra Señoa del Carmen

A su estilo neobarroco manejado volumétricamente a través de buenas proporciones, la Capilla suma en su interior una profusa decoración pintada en trompe l’oeil  que no sólo incorpora la ilusión de una escala mayor de la que posee, sino que la convierte en una de las más exquisitas curiosidades arquitectónicas de la ciudad.

Mujica, quien nunca creyó en las modas arquitectónicas y se refería a la arquitectura más bien como un “arte dúctil”, “defendió siempre un lenguaje que se inspirara en las claves de la arquitectura histórica venezolana, para lo cual sostuvo en todo momento la originalidad del estilo colonial de este país, estilo que tenía su origen en el arte español, pero que con el paso de los años adquiere un sello propio e indeleble. Esta peculiaridad la basaba no sólo en aspectos formales, sino también técnicos y matéricos. Todas sus cualidades quedaron, durante algún tiempo, ocultas por alternativas de carácter internacionalista, inadecuadas por constituir un trasvase a zonas de diferente clima, luz, etc, en contraposición con la arquitectura colonial que sufre un proceso de adaptación que dura tres siglos”, tal y como señala Alberto Darias Príncipe en “Juan Vicente Gómez y la arquitectura de su tiempo: aportación de Venezuela al lenguaje neocolonial” (2010) texto presentado en el XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles (https://halshs.archives-ouvertes.fr/halshs-00530488/document), basándose en una entrevista que Mujica concediera al periodista Víctor Samuel Rivas de El Universal el 12 de noviembre de 1930 con relación a la remodelación del Panteón Nacional, reproducida por Juan Pedro Posani en Caracas a través de su arquitectura (1969).

Así, apunta Rivas, Mujica logró gracias a su personalidad “que las constantes neocoloniales de Venezuela fueran más permeables que las del resto del continente. De sus experiencias en viviendas individuales y urbanizaciones residenciales como Campo Alegre, el Paraíso o la Florida se pueden extraer diferentes escuelas regionalistas con una total desinhibición. Tipologías constructivas vascas, catalanas, montañesas, etc, se verán exornadas con complementos ornamentales coloniales que, aunque se incluyen habitualmente dentro de este fenómeno típicamente iberoamericano, deberían estar incluidas en un apéndice propio que podríamos llamar recreaciones hispanas”, cuyo ejemplo más claro es la iglesia de Nuestra señora del Carmen en Campo Alegre “que remite al neobarroco andaluz con adiciones coloniales” y lo corroboran sus tres importantes intervenciones posteriores en la ciudad de Mérida, donde fijó su última residencia: la Universidad (1953-1955), la Catedral (1958) y el Palacio del Gobierno (1958). Por los vientos que soplan, en virtud del cambio de zonificación de que fue objeto la urbanización Campo Alegre en 1992 a raíz de la aprobación de la “Ordenanza de Zonificación de Campo Alegre y San Marino”, objeto de particular atención del semanario Arquitectura HOY de los lejanos 13 y 20 de marzo (nº 4 y 5), 23 de octubre (nº 36), 6 de noviembre (nº 38) y 18 de diciembre (nº 44) de 1993, la capilla de Nuestra Señora del Carmen será dentro de muy poco el único vestigio edificado que quedará para la posteridad de lo que fue un lugar lleno de piezas arquitectónicas de valor individual y coral que debió ser preservado como parte importante de la memoria de la ciudad.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 7 y 9. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1, 2 y 3. http://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm

4. Arquitectura HOY, nº 5, 20 de marzo 1993

5. https://www.pinterest.de/pin/384917099384487333/

6. https://prodavinci.com/hacia-las-quintas-de-este/

8. https://issuu.com/publicacionesaecid/docs/cata__logo_suite_iberia_maquetacio_

10. https://www.facebook.com/126931544009850/photos/detalleiglesia-nuestra-se%C3%B1ora-del-carmen-campo-alegre-manuel-mujica-mill%C3%A1n-chaca/1584934348209555/

1935• Quinta Atalaya (Casa Tucker)

Casa Echeverría.jpg

1935•  Se concluye, a solicitud de Jorge Tucker Carbuccia, en la Urbanización Campo Alegre, la construcción de la Quinta Atalaya o Casa Tucker, proyecto de Manuel Mujica Millán (1897-1965), ubicada frente a la plazoleta adornada con un elemento también de su diseño. Posteriormente la edificación pasó a ser la vivienda de la familia Echeverría.

HVH

Quinta Atalaya 2

Vista de la Quinta Atalaya, construida para la familia Tucker en la urbanización Campo Alegre por Manuel Mujica Millán (1897-1965), arquitecto graduado en el Colegio Superior de Cataluña y Baleares en enero de 1925, quien revalidó su título en 1936 en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela. UCV.
El arquitecto Mujíca Millán arribó a Venezuela contratado para corregir las fundaciones del Hotel Majestic. En el año 1930, proyecta y coordina la remodelación del Panteón Nacional y en los terrenos de la hacienda Pan Sembrar, Chacao, la nueva urbanización Campo Alegre. La hermosa Quinta Atalaya fue demolida en 1999.

HVH

1932• Urbanización Campo Alegre

Urbanización Campo Alegre.jpg

1932•  Se termina la construcción de la Urbanización Campo Alegre en los terrenos de la Estancia Pan Sembrar, la cual había sido diseñada por el arquitecto Manuel Mujica Millán entre los años 1929 y 1932 para Carlos Heny, propietario de la estancia. El eje compositivo de la urbanización de orientación norte-sur tiene en su parte central una “alameda” con espejo de agua y fuente, rematando en la Capilla de Nuestra Señora del Carmen, proporcionada y hermosa edificación que tiene a El Ávila como fondo.

HVH
Urbanización Campo Alegre 2
La Urbanización Campo Alegre, en una vista aérea de la vialidad recién concluida.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 191

Cuando en 1930 el Benemérito Juan Vicente Gómez viaja a Caracas a inaugurar la remodelación del Panteón Nacional, realizada de acuerdo al proyecto de Manuel Mújica Millán (1897-1965), ya habían transcurrido 55 años desde el momento en que el presidente Antonio Guzmán Blanco había puesto en servicio, en lo que fue la antigua iglesia de la Santísima Trinidad, un lugar para albergar los restos de personajes ilustres del país y muy particularmente para recibir los del Libertador.

1. Izquierda: Ferdinand Bellerman, 1845. Ruinas de la iglesia de la Santísima Trinidad luego del terremoto de 1812. Derecha: Iglesia de la Santísima Trinidad, antes de ser convertida en Panteón Nacional según proyecto de José Gregorio Solano concluido por Juan Hurtado Manrique (circa 1875).

El relato que se recoge en https://iamvenezuela.com/2016/05/panteon-nacional/ sobre el devenir de la iglesia y su conversión en mausoleo, establece que se trataba de una modesta edificación “construida entre 1744 y 1783 por iniciativa del maestro de obra Juan Domingo del Sacramento Infante (1710-1780), un pardo libre quien destinó 36 años de su vida y todos sus recursos a la construcción del templo original; el Coronel Juan Vicente Bolívar y el Marqués del Toro donaron solares para la obra”. Inaugurada en 1781 y consagrada en 1783 “la iglesia quedó destruida parcialmente debido al terremoto de 1812, y se vio reducida a escombros hasta que se reconstruye con las limosnas de los fieles”.

Durante el lento proceso de reconstrucción del templo, dirigido por varios ingenieros, se registra cómo “pernoctaron en 1842 los restos del Libertador, procedentes de Santa Marta, Colombia, antes de ser trasladados a La Catedral”, y cómo en ella también fueron sepultados, en 1851, los restos del marqués del Toro y más tarde, los de José Gregorio Monagas, Andrés Ibarra y Ezequiel Zamora, todo lo cual influyó (además de su singular localización dentro de la ciudad) en su selección para el destino que finalmente se le dio como Panteón Nacional, mediante decreto promulgado el 27 de marzo de 1874 por Guzmán Blanco.

2. Vista del Panteón Nacional después de la remodelación de 1910 a cargo de Alejandro Chataing

Tras el decreto se impulsa la terminación definitiva de la obra y en particular “de sus fachadas en base al proyecto que para la iglesia había diseñado el ingeniero José Gregorio Solano en los años 1853-1858. Los trabajos fueron conducidos por los ingenieros Julián Churión, Juan Hurtado Manrique, Tomás Soriano y Roberto García, inaugurándose la obra el 28 de octubre de 1875”, muy cerca de cumplirse los 45 años de muerte de Bolívar. “No obstante, la verdadera consagración del edificio se efectuó el mismo día de San Simón un año más tarde (28.10.1876), cuando se trasladaron desde la catedral los restos del Libertador. Estos fueron colocados en un sarcófago de madera con revestimientos de plata y oro, realizado en estilo neogótico por el artista francés Emile Jacquin. Se trasladó asimismo desde la catedral la estatua del Libertador hecha en 1842 por el escultor italiano Pietro Tenerani. El sarcófago y la estatua fueron ubicados en el espacio que correspondía al presbítero de la iglesia, es decir, en el lugar del altar”, tal y como se reseña en https://www.venezuelatuya.com/historia/panteon_nacional.htm.

3. Panteón Nacional, modificaciones de Alejandro Chataing, 1911
4. Acto de inauguración de de la remodelación realizada al Panteón Nacional en 1910

Posteriormente, en 1910, en ocasión de la celebración del centenario de la Independencia de la República, el Presidente Juan Vicente Gómez instruye al Ministerio de Obras Públicas (MOP) que convoque un concurso para remodelar integralmente el Panteón Nacional. El proyecto ganador del arquitecto Alejandro Chataing (1873-1928), condujo a una reforma general del edificio concluida en 1911 que implicó la modificación de las fachadas y la ornamentación exterior e, internamente, se complementó con la colocación de un cielo raso al techo de la nave principal y artesonados de madera en las laterales. El dibujo de la fachada principal de la propuesta presentada por Chataing es la imagen que hemos escogido para ocupar nuestra postal del día de hoy con la que despedimos este año 2019.

5. 1930.Remodelación del Panteón Nacional a cargo de Manuel Mujica Millán con motivo de la conmemoración del centenario de la muerte del Libertador. Arriba izquierda: foto del proceso de avance de las obras. Arriba derecha: vista exterior. Abajo: dos tomas del espacio interior

Es Gómez, luego de haber promovido la anterior reforma, quien también ordena a través del MOP, una segunda en 1927 con la finalidad de ser terminada en 1930 en conmemoración del centenario de la muerte del Libertador, encargándosele el proyecto, según ya hemos apuntado, a Manuel Mujica Millán quien también dirigió la obra junto a los ingenieros Edgar Pardo Stolk, Hernán Ayala y Guillermo A. Salas. Con el proyecto de Mujica Millán se logra magnificar las proporciones de la edificación, así como cambiar el aspecto neogótico de la misma producto de la intervención anterior de Chataing, por uno de aspecto neobarroco. “Internamente, fueron realizadas correcciones en los arcos y las columnas. El antiguo sarcófago de madera que contenía los restos del Libertador fue sustituido por uno de bronce, diseñado por el escultor español Chicharro Gamo y colocado sobre un basamento de mármol. La parte superior de las naves y los tímpanos fueron cubiertos por las pinturas de temas alegóricos e históricos de Tito Salas”, en total 17 pinturas o plafones que representan pasajes de la vida y obra de Simón Bolívar, y son escenas que a su vez conforman un programa iconográfico destinado a representar valores patrios.

De la intervención de Mujica dejó constancia el periodista Víctor Manuel Rivas en El Universal el 12 de noviembre de 1930, recogida en Caracas a través de su arquitectura (1969). Rivas en conversación con el arquitecto nos transmite que para éste “ha habido cierto receso en la persecución del arte criollo para las construcciones nuestras marcado por un afán de fabricación exótica, que por razones de clima, luz y demás condiciones del trópico, no cuadran suficientemente bien en estos medios. (…) Venezuela no sólo posee su estilo peculiar, sino que cuenta con materias primas excelentes para la construcción y decoración arquitectural, tales como el cascote (material aglomerado), y la cal. Todos estos elementos fueron acuciosamente solicitados para la construcción del Panteón Nacional. Las dos torres laterales fueron inspiradas por las dos torres de la Catedral de Coro, en donde adivinó el arquitecto una evolución del estilo español antiguo exigida por las condiciones ya dichas acerca del medio. De manera que el nuevo edificio ostenta una arquitectura venezolana, modernizada convenientemente por razones de estética”.

6. El Panteón Nacional dentro del proyecto para el Foro Libertador (1980-83) de los arquitectos Tomás y Eduardo Sanabria
7. Vista del Panteón Nacional y el Mausoleo del Libertador (circa 2013)

El Panteón desde entonces ha sido objeto de sucesivas atenciones y cuidados no todos ajustados a las normas atinentes a su condición de monumento histórico. Sus alrededores formaron parte de la propuesta del Foro Libertador, realizada por Tomás José y Eduardo Sanabria cuya construcción entre 1980 y 1983, además de alterar la perspectiva desde la que se aprecia la obra, originó una plaza concebida en dos partes: la alta diseñada para realizar actos oficiales y culturales; y la baja de carácter pasivo posee vegetación con bancos para el descanso. Más recientemente, previa exhumación de los restos del Libertador en 2010, el área norte fue intervenida con la incorporación de un mausoleo de 54 metros de altura (ocho metros más que la torre más alta del Panteón), de 2.000 metros cuadrados de superficie, con una capacidad para recibir hasta 1.500 personas que incorporó un espacio público adicional. La estructura fue hecha con cerámica blanca, acero ensamblado en talleres del país, láminas traídas de Suiza, cerámicas de España, granito negro de Suráfrica y acero corten de Estados Unidos. Su diseño estuvo a cargo de Francisco Sesto, Lucas Pou, Gilberto Rodríguez y Orlando Martínez Santana, causando en su momento una encendida polémica que quedó registrada en https://iamvenezuela.com/2016/07/mausoleo-del-libertador-anexo-del-panteon-nacional/, artículo que cierra de la siguiente manera: “En una visita realizada por a comienzos de 2016 por IAM Venezuela se pudo constatar que la edificación se encuentra en buen estado de conservación. Sin embargo, una fuente que prefirió mantenerse anónima señaló que durante la lluvia entra el agua y el féretro del Libertador debe protegerse de las goteras”. Hoy, a tres años de esa visita valdría la pena saber las verdaderas condiciones que presenta la controversial obra que minimizó y dejó reducido a hall de acceso el monumento que le dio origen.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 3 y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

1 y 5 arriba derecha. https://iamvenezuela.com/2016/05/panteon-nacional/

2 y 5 abajo. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

5 arriba izquierda. https://www.pinterest.com/pin/384917099384872092/,

6. http://guiaccs.com/obras/foro-libertador-plaza-panteon/

7. https://es.wikipedia.org/wiki/Pante%C3%B3n_Nacional_de_Venezuela

HOTELES NACIONALES

1. Izquierda: SS Columbus, buque insignia de Norddeutscher Lloyd NDL, desde la rada del puerto de La Guaira en 1930. Derecha: Turistas alemanes del SS Columbus desembarcando en el puerto de La Guaira, 1930

A modo de preámbulo (y II)

En nuestro Contacto FAC nº 146 (06-10-2019) habíamos dejado pendiente, como etapa previa a abordar los Hoteles Nacionales creados durante la dictadura gomecista, el terminar de cubrir el tema correspondiente a la relación entre el turismo y la empresa privada, atendiendo dos instalaciones que fueron diseñadas por importantes arquitectos para tal fin en la década de 1920 del siglo XX venezolano: los hoteles “Palace” proyectado por Alejandro Chataing, inaugurado en 1921, ubicado de Veroes a Ibarras, y “Majestic”, producto de la adaptación de dos edificios destinados a oficinas y comercio realizada por Manuel Mujica Millán cerca de 1927, abierto en 1930.

Sin embargo, siguiendo la pauta que nos establece el libro Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista de Ciro Caraballo Perichi (1993), no estaría de más precisar que, tanto para entender la relación entre turismo y empresa privada como para contextualizar la aparición de hoteles como el “Palace” o el “Majestic”, Venezuela entra al siglo XX con varias asignaturas pendientes que debía aprobar si quería incorporarse al boom de la industria turística que ya empezaba a beneficiar a diversos países de la región. La primera era asimilar justamente la existencia de un individuo que, personificado en el “viajero por placer”, se denominaba “turista”, vocablo que poco a poco se fue insertando en las promociones de hoteles locales que empezaban a aparecer en la prensa. Para ello colaboró de forma importante el hecho de que el venezolano empezase a personificar al mencionado individuo al tener la oportunidad de viajar y vivir en carne propia la forma como era tratado en el extranjero y el tipo de facilidades que empezaban a crearse para hacer más confortable cualquier traslado o estadía.

De tal manera, el comprender al turismo como una red que implicaba la existencia de toda una serie de componentes que permitirían más adelante hablar de una “industria”, donde su comercialización ocupaba un lugar prominente generó la necesidad de incorporar al país al mercado internacional, pese a que ofrecía notables dificultades. Para que Venezuela fuese incluida como destino en los circuitos turísticos, no bastaba poseer innegables ventajas comparativas y tangibles atractivos tales como sus bellezas naturales, su tradición histórica, su clima, su ubicación geográfica, una población hospitalaria, una importante red de carreteras desarrollada por el régimen gomecista para interconectar y controlar el país, un frente marítimo con puertos importantes que lo atienden y hasta un incipiente desarrollo del transporte aéreo. El promotor turístico nacional empezaba a tener claro que para desarrollar todo ello “…necesitamos, como punto previo, amoldarnos al turismo, esto es, crear oficinas de información que le suministren a los viajeros toda clase de informes, hoteles y casas de albergues en el interior del país, apropiados a los diversos gustos. Y luego que hayamos establecido y organizado todo esto, ocurriremos (sic) a la publicidad en revistas y periódicos de aquí y del extranjero”, tal y como señalaba en 1920 Avelino Fuentes  en un artículo titulado “Intereses Venezolanos. El Turismo” aparecido en El Nuevo Diario de Caracas, citado por Caraballo.

2. Avisos aparecidos en la prensa promocionando el turismo en la década de los años 1930

Por tanto, la promoción que del turismo poco a poco se fue desarrollando hizo de Venezuela un país “emisor y receptor”. Su incorporación a la red turística internacional inicialmente se logró a través de la vía marítima, beneficiada por el impacto que causó la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y posteriormente el crash de la bolsa de los Estados Unidos de 1929 en el viajero promedio norteamericano, nuestro principal mercado, quien por razones de inestabilidad política, de costos e incluso climáticas empezó a ver en el Caribe un destino posible.

El toque de buques de turismo en La Guaira de manos de importantes empresas navieras extranjeras, comercializado por nacionales, empezó a hacerse frecuente pese a la limitación del poco calado que el puerto ofrecía y los inconvenientes a ello asociados. Ciro Caraballo hace un interesante recuento de compañías, nombres de buques, paseos que se organizaban y agencias de turismo local que no transcribiremos e invitamos a recorrer en su libro. También señala las razones de “seguridad” por las que el régimen gomecista limitó el turismo fronterizo y da fundamental importancia a la creación en 1932 del “Club de Turismo Venezolano” (junto al eslogan “Conozca Venezuela primero”), para el desarrollo e incremento del desplazamiento por carretera, inicialmente copado por la alta burguesía caraqueña.

3. Gran Hotel Caracas. Vista exterior y anuncio de promoción (circa 1925).

Llegados al punto relacionado con la respuesta que da la hotelería para aprovechar la apertura que se venía dando, Caraballo detecta “una tímida renovación de la planta hotelera”, producto de la desconfianza que en el sector privado aún producía dicha actividad dado su limitado desarrollo. La industria petrolera, que definitivamente convirtió a los Estados Unidos en principal aliado comercial del país sustituyendo a los europeos con quienes se intercambiaban los productos de exportación tradicionales (café, cacao, balatá y plumas de garza), empezaba a demandar para sus empleados y hombres de negocios vinculados a ella y también para el visitante medio, la construcción de un importante hotel en Caracas, asunto que ya tenía tiempo en el tapete. “Desde la construcción en 1895, frente a la Plaza Bolívar, del ‘Gran Hotel Venezuela’ -luego denominado ‘Gran Hotel Klindt’- hasta 1912, no se había realizado ninguna nueva edificación hotelera en la Capital. La recepción de excursionistas de cruceros que tomaban su lunch en el comedor del céntrico Hotel Klindt hacía sentir la demanda por un local más confortable, destinado no ya a los comerciantes, sino a los turistas y veraneantes, preferiblemente situado en las afueras de la ciudad. Todas las iniciativas hoteleras eran vistas aún entonces como un negocio de familia, no sólo en lo que competía al servicio sino además en cuanto a la inversión, lo cual impedía en la práctica la concreción de empresas mercantiles de capital accionario orientadas a satisfacer la demanda”, nos apuntará Caraballo.

4. Proyecto del Hotel Paraíso, El Paraíso, Caracas. Alejandro Chataing, 1913

Dentro del pausado giro que se empieza a dar, buscando atender los requerimientos del nuevo usuario es que se inscribirá la iniciativa frustrada del empresario Heriberto A. De Lima por proyectar y construir en 1912 un gran hotel en El Paraíso que se le encargó al reputado arquitecto Alejandro Chataing.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, al incrementarse el flujo de comerciantes y visitantes, se agudizará de nuevo la carencia de una planta hotelera a la altura más allá del ya mencionado Hotel Klindt, el “Gran Hotel” fundado por el Sr. Juan Rodríguez Cordero en 1909 (refundado en 1921 como “Gran Hotel Caracas” luego de ser objeto de una profunda renovación), ubicado en la calle Comercio de Bolsa a Mercaderes, en el mismo inmueble que durante mucho tiempo ocupó la afamada posada “El León de Oro” y, después de 1918, el “Hotel Middleton” localizado de Veroes a Ibarras propiedad del norteamericano Harry W. Middleton dedicado a albergar huéspedes básicamente de esa nacionalidad. “Tan caótica era la situación de alojamiento en la capital, que se recomendaba a los extranjeros el uso de pensiones en vez de los alojamientos llamados ‘hoteles’, dado que en aquellas al menos el servicio de comida era satisfactorio, a tiempo que la atención era más personal”.

5. Hotel Palace. Vista exterior y anuncios publicitarios (circa 1923)

En este contexto debe enmarcarse la segunda ocasión en que Alejandro Chataing participa en el diseño de una instalación hotelera de nueva planta cuando el Dr. Adriano Riera le encarga el proyecto, en un terreno largo y estrecho entre medianeras, de Veroes a Ibarras, del que se conoció como “Hotel Palace”, primero de su tipo que lograba construirse.

Para el diseño del “Palace”, cuya simétrica fachada con tres ventanas a cada lado del acceso responde al lenguaje con que Chataing ya en otras ocasiones había ido manifestando su particular eclecticismo (“molduras, balaustres y cornisas prefabricadas, combinadas con ladrillo visto en los dinteles y el entablamento”), se debió recurrir a la incorporación de una serie de patios necesarios para lograr la adecuada iluminación y ventilación de ambientes y habitaciones. “El edificio culminaba en el fondo en terrazas descubiertas, donde se ubicaban mesas para atender a los huéspedes, mientras que un pequeño kiosko para música, especie de tempietto con cúpula, cerraba axialmente la composición”, nos dirá Caraballo. Su modesto tamaño (40 habitaciones, 23 con baño propio y 17 atendidas por 6 baños generales, además de espacios públicos destinados a salones y comedores, más la cocina y demás servicios), no llegó a cubrir aún las expectativas del hotel que Caracas estaba demandando, pese a convertirse en el más importante establecimiento de este tipo durante la década de 1920 en la ciudad en virtud de su organización como empresa comercial de capital mixto, su buena administración (que compartió de manera conjunta con el “Hotel Victoria” de Maracaibo), la variedad de programas que ofrecía y su correspondiente conversión en lugar de encuentro social, y el menú dirigido fundamentalmente a su casi exclusiva clientela norteamericana.

6. Diversas imágenes del hotel Majestic. Arriba izquierda: primera etapa (circa 1927). Arriba derecha: hotel con la ampliación diseñada por Manuel Mujica Millán (circa 1930). Centro izquierda: vista desde la esquina del Teatro Municipal. Centro derecha: dibujos de detalles del proyecto de Mujica Millán. Abajo izquierda: vista interior del Gran Salón. Abajo derecha: imagen del hotel demolido (circa 1949).

La década de 1930 vio como el “Palace” sería desbancado por el hoy ya mítico “Hotel Majestic”, resultado de la adaptación para ese uso de dos edificaciones recién construidas entre la calle Sur 4 y la plaza José Gregorio Monagas (en diagonal con el Teatro Municipal) para albergar oficinas y comercio. Esta operación permitiría detectar la presencia de un arriesgado empresario-constructor en la figura del Sr. Eloy María Pérez Alfonso y la primera oportunidad en que Manuel Mujica Millán interviene como arquitecto en nuestro país, contratado en Barcelona por Pérez, en principio, para la realización del proyecto de conversión una vez que arriba en octubre de 1927. Así, Mujica “prepararía detallados planos de las edificaciones complementarias, destinadas a nuevas habitaciones y espacios de servicios, ubicadas en el interior del lote, al igual que se ocuparía de unificar las fachadas de los dos edificios (…) un collage de difícil definición…”, que alcanzaría los cuatro pisos y contaría como elemento que reconoce la esquina del lote donde se encontraba con una torre “de fuerte sabor decimonónico” el cual, además de ser el principal ornamento del edificio, se constituyó en su símbolo. Mujica “también realizaría toda la arquitectura interior del hotel, dibujando bocetos, planos y detalles de las decoraciones de los salones”, otorgándole a cada uno una ambientación particular.

Del “Majestic” hay abundantes reseñas y comentarios, muchos de ellos asociados al rol que jugó como verdadero hotel de lujo en la Caracas de entonces, a su condición de ser el edificio privado de mayor altura de la ciudad, a la diversidad de figuras que en él se alojaron (desde Carlos Gardel al torero Manolete) y a las vicisitudes que rodearon la compra del terreno (de 473 m2, con 33,96 m de frente hacia la plaza Monagas y 13,93 m sobre la calle Sur 4), el primer destino de lo que en principio se había construido en el terreno de la esquina según proyecto del arquitecto catalán Marcelino Mari (la sede de la Lotería de Beneficencia Pública y el debate que en torno a ello dividió a la opinión pública), su adaptación y su posterior supervivencia hasta ser demolido a causa de la realización del ala sur del Centro Simón Bolívar, construido siguiendo las pautas del Plan Rotival.

La capacidad del “Majestic” (menos de 100 habitaciones muchas orientadas hacia patios interiores  y otras sin sala de baño integrada al dormitorio, que buscó incrementarse con la aparición parcial de un quinto piso que lució siempre como un añadido), quedaba aún corta para la capital de un país que ya había virado de su condición agrícola a la minera. Sin embargo su fama, glamour, exquisita decoración y lujoso mobiliario, llegaron a opacar las numerosas deficiencias funcionales de las que adolecía colocándolo como la instalación más importante realizada en el país durante los primeros 30 años del siglo XX. Su corta vida entre la apertura el 30 de diciembre de 1930, coincidiendo con la perspectiva de que la ciudad recibiría un crecido número de delegados y visitantes extranjeros, con motivo de la Conmemoración del Centenario de la muerte del Libertador, y su pesarosa demolición el 8 de marzo de 1949, dejaron en la historia de la ciudad y en la vida de sus ciudadanos una leyenda que aún perdura. Con la mención y recuerdo del “Majestic” finalizamos el repaso de la intervención privada en el incipiente desarrollo turístico venezolano a través de la hotelería a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, para dedicarnos a partir de una próxima entrega del aporte oficial en cuanto a instalaciones de ese tipo auspiciado por el régimen de Juan Vicente Gómez.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://twitter.com/GFdeVenezuela/status/1356732790860087297

2, 3, 4 y 5. Ciro Caraballo Perichi, Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993)

6. https://www.pinterest.com/pin/453667362459155395/, https://iamvenezuela.com/2019/05/manuel-mujica-millan-el-espanol-que-modernizo-la-arquitectura-en-venezuela/, https://www.elimpulso.com/2020/05/05/opinion-cronicario-aquiles-nazoa-fue-aprendiz-de-carpinteria-botones-y-telefonista-del-hotel-majestic-5may/, Ciro Caraballo Perichi, Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993) y Colección Crono Arquitectura Venezuela.