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VALE LA PENA LEER

Un Führer americano. Philip Johnson, una biografía

Luis Fernández-Galiano

15 de mayo 2019

Tomado de Arquitectura Viva 211

¿Debe el biógrafo respetar a su biografiado? No necesariamente, pero incluso en los libros sobre criminales en serie los autores intentan penetrar bajo la piel de sus protagonistas. Tal cosa no sucede en la biografía de Philip Johnson publicada por Mark Lamster, un escritor que antes se ocupó del pintor Rubens y del jugador de béisbol Spalding, y que aquí manifiesta una hostilidad hacia el arquitecto que se extiende hasta los pies de foto. Lamster, que no llegó a conocer a Johnson, ha hablado con muchos que sí lo hicieron, y especialmente con John Manley, su mano derecha en el estudio durante más de medio siglo, y con Robert Melik Finkle, con quien mantuvo durante dos décadas una relación sentimental. El resultado de estas conversaciones y de la documentación consultada es un relato minucioso de la vida personal y profesional del gran ‘padrino’ de la arquitectura estadounidense, que al extenderse de 1906 a 2005 se identifica inevitablemente con el siglo americano: un periodo que Lamster presenta con tintas sombrías, desde la etapa pro-nazi de Johnson hasta sus colaboraciones postreras con Trump.

El título de esta nota es también el del capítulo séptimo del libro, donde el arquitecto aparece como «un líder político fascista virulentamente antisemítico, un potencial Hitler americano, y un agente de la Alemania nazi», y donde su relación con el político populista Huey Long y el polémico sacerdote Charles Laughlin se enreda con sus vínculos ideológicos y personales con los líderes germanos. Diez capítulos después, la biografía se cierra con el grotesco colofón de sus trabajos para el entonces promotor inmobiliario Donald Trump, una etapa poco conocida de su carrera que la posterior llegada del empresario a la Casa Blanca obliga a contemplar bajo otra luz.

Entre los años de Hitler y los de Trump quedan su promoción en Estados Unidos de la modernidad con Mies, de la postmodernidad con Venturi y de la deconstrucción con Gehry y Eisenman, movimientos arquitectónicos todos ellos que irían configurando su propia obra: desde la Glass House en 1948, el Sculpture Garden del MoMA en 1953, o el Four Season’s Restaurant del Seagram en 1958 hasta la Pennzoil Place de Houston en 1976, el AT&T de Nueva York en 1994 o las torres KIO de Madrid en 1996 —rascacielos sucesivamente modernos, postmodernos y deconstructivos—, una producción prolija en la que también merecen destacarse los edificios contenidos de los años sesenta, la elegante Roofless Cathedral de 1960, la exquisita galería de Dumbarton Oaks de 1963 o la escultórica Kline Biology Tower de 1965, década esta en la que también se manifestaría con Jane Jacobs para defender Penn Station o propondría para la después llamada Roosevelt Island un admirable plan urbano influido por las ideas de la mítica activista. Paradójica y controvertida, la biografía de Johnson —que resumió arquitectónicamente en el conjunto de pabellones de la finca de New Canaan— difícilmente puede apocoparse en una vasija vacía, como hace Lamster.

Los interesados en conocerla quizá harían mejor leyendo la que publicó Franz Schulze, también biógrafo de Mies, en 1994, o el libro de 2008 que recoge sus conversaciones con Bob Stern. En ambas obras se apoya el actual autor, pero no es fácil advertir su deuda, porque las referencias no se han reflejado adecuadamente en el índice alfabético. Lamster describe a Schulze como ‘a fastidious German-born architectural historian’, y trata su biografía de forma displicente, pero me pregunto si la meticulosidad y la perspectiva del historiador no habría contribuido a un tratamiento más poliédrico de la figura colosal y contradictoria de Johnson.

The Man in the Glass House

Philip Johnson, Architect of the Modern Century

Mark Lamster

Little, Brown and Company

2018

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Ser(t) arquitecto

Maria del Mar Arnús

Anagrama

2019

Nota de los editores

Esta biografía al mismo tiempo íntima y profesional, escrita desde una cercanía familiar que ha permitido el acceso a documentos personales, aborda en todos sus aspectos una figura fascinante e imprescindible para entender la arquitectura contemporánea. Cuenta cómo un hijo del conde de Sert, prohijado por su tío el pintor Josep M. Sert, empezó acudiendo a las clases en la universidad en un Rolls con chófer y acabó por desarrollar una conciencia social que plasmó en su arquitectura; su temprano interés por la obra de Gaudí y la exploración de la arquitectura racionalista bajo la influencia de Gropius y la Bauhaus; su participación en la efervescencia cultural de los años de la República y en iniciativas como el GATCPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), la revista AC y el grupo ADLAN (Amics de l´Art Nou); el paso por Barcelona de Le Corbusier invitado por él; su implicación en los sucesivos CIAM (Congreso Internacional de la Arquitectura Moderna)…

Y tras el estallido de la guerra civil, la construcción del Pabellón de la República y, ya en 1941, el exilio en Nueva York; y después la importantísima labor pedagógica en la Universidad de Harvard; los proyectos internacionales en Latinoamérica y en otras partes del mundo (como la embajada de Estados Unidos en Irak), los proyectos barceloneses como la Fundación Miró y los que no se llegaron a materializar; su amistad con artistas como Miró, Calder, Picasso, Léger, Giacometti, Mondrian, Duchamp, Luis Buñuel o Julio González; la pasión por el Mediterráneo y su especial relación con Ibiza… En definitiva, esta biografía nos ayuda a entender a un arquitecto comprometido con la innovación y la responsabilidad social, una figura fundamental del siglo XX, que mantuvo intensos vínculos con el mundo de la cultura y tuvo una notoria proyección internacional.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Mies y la gata niebla

Andrés Jaque / Office for Political Innovation

Puente Editores

2019

Nota de los editores

El trabajo de Andrés Jaque ha supuesto una transformación radical de la forma en que la arquitectura se entiende, se comunica y se practica. El impacto es global, aunque especialmente notable en la arquitectura española. A través de la microhistoria, su trabajo desvela arquitecturas aparentemente omitidas en las historias de la arquitectura, sus archivos y sus plataformas operativas. Si los grandes relatos se han centrado en obras, personajes y acontecimientos que confirman la relación entre la disciplina y las estructuras de poder, Jaque insiste en el protagonismo de agentes, humanos y no humanos, que operan en la vida cotidiana y son fundamentales para entender las políticas espaciales contemporáneas.
Mies y la gata Niebla es la primera publicación que recoge los ensayos de Andrés Jaque y la plataforma que fundó en 2003, Office for Political Innovation, desde la que opera.

ACA

2013• Es presentada la obra «Villanueva. La síntesis»

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2013•  El 10 de octubre, en los espacios culturales de Los Galpones en Los Chorros, Caracas, fue presentada la obra «Villanueva. La síntesis» del arquitecto y profesor universitario Maciá Pintó Saloni. La obra de dos tomos, co-editada por la Fundación Telefónica, la Fundación Villanueva y el Consejo de Preservación y Desarrollo (COPRED) de la UCV, es producto de una investigación que profundiza e ilustra con numerosas referencias e imágenes de apoyo, la muy estrecha, fuerte y permanente relación del Maestro Carlos Raúl Villanueva y su obra con los tiempos en que vivió, el arte de vanguardia existente y la conciencia social que guió su arquitectura.

Fotografía: Maciá Pintó, autor de la obra «Villanueva. La síntesis» y Pedro Cortez, Presidente de Telefónica durante bautizo de libro.

HVH

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Jane Jacobs

Cuatro entrevistas

Traducción: María Serrano Giménez

Editorial Gustavo Gili

2019

Nota del editor

Desde la publicación en 1961 de su obra mítica Muerte y vida de las grandes ciudades, el respeto y la fascinación por la mirada lúcida e incisiva de Jane Jacobs acompañó para siempre a la intelectual norteamericana. Este libro recoge cuatro entrevistas, inéditas en castellano, en las que descubrimos la cara más humana y vivencial de Jacobs: desde los años de precariedad laboral, el descubrimiento de la metrópolis o sus paseos aleatorios y sin rumbo por el Manhattan de la década de 1930, hasta su incursión en el activismo político y sus reflexiones más afiladas contra la planificación urbana y los grandes dogmas de la modernidad.
Una lectura imprescindible de una de las grandes voces del siglo xx.

ACA

VALE LA PENA LEER

La madrina de las ciudades

Se publican conjuntamente cuatro entrevistas a Jane Jacobs que retratan a la autora de ‘Muerte y vida de las grandes ciudades’, la intelectual que urgió a recuperar la vida en la calle para humanizar la ciudad

Anatxu Zabalbeascoa

Tomado del blog “Del tirador a la ciudad”

4 de junio 2019

El País

“Querida Jacobs: Haga siempre lo que de verdad le gustaría hacer. Hay media docena de editores que se pelearían por un manuscrito suyo sobre la ciudad, y aunque no puedo aventurar cómo lo recibirá el público, es su deber escribir ese libro. No hay nadie que tenga tantas cosas frescas y sensatas que decir sobre la ciudad y ya es hora de que se digan y se discutan, así que póngase a trabajar”. En 1958, tres años antes de que Jane Jacobs publicara su obra maestra Muerte y vida de las grandes ciudades, otro humanista, Lewis Mumford encabezó así la carta que le envió”.

Cuarenta años después, Jacobs había abandonado Nueva York para instalarse en Toronto. Lo hizo siguiendo a sus hijos. Por entonces, Estados Unidos estaba asustado por la crisis del Sputnik (reacción estadounidense al éxito del programa espacial soviético). Y los chavales estaban en edad de reclutamiento y no querían ir a Vietnam. El mayor había conseguido una beca para hacer un doctorado en física. Y ambos tenían claro que preferían ir a la cárcel que a la guerra. Fue el marido de Jacobs quien decidió que no habían criado a sus hijos para que terminaran en la cárcel. Se fueron. “Me he dado cuenta de que quienes se consideran a sí mismos exiliados nunca consiguen rehacer su vida. Nosotros nos considerábamos inmigrantes. Se trataba de una aventura y estábamos todos juntos”. Le dijo Jacobs al periodista James Howard Kunstler que la entrevistó en Toronto para la revista Metropolis. Lo que contó Kunstler entonces, cuando Jacobs tenía 84 años, o Roberta Brandes en la revista New York, o sus opiniones poco antes de morir sobre Quebec y la independencia constituyen otra cara, más personal, pero seguramente igual de urbana, de la gran dama que defendió la vida en la calle como condición sine qua non de la humanización de las ciudades. Esas charlas están reunidas ahora, y por primera vez traducidas al castellano por María Serrano, en el impagable volumen Jane Jacobs, cuatro entrevistas (Gustavo Gili).

A Howard Kunstler, que tituló su entrevista La madrina de las ciudades, Jacobs (Scranton Pensilvania, 1916, Toronto, 2006) le contó que vio por primera vez Nueva York con 12 años, antes del Crack del 29. Llegó en ferri, desde Nueva Jersey y vio aparecer el sur de Manhattan. Lo que le llamó la atención no fueron los edificios —no había apenas rascacielos— ni siquiera los característicos depósitos de agua. Se fijó en las personas “había gente por todas partes”. Años más tarde, regresaría y se instalaría en casa de su hermana para buscar trabajo. “Leía en el periódico los anuncios de empleo. Cruzaba andando el puente de Brooklyn hasta Manhattan, y luego, cuando me rechazaban en todos aquellos trabajos, me pasaba el resto del día curioseando por el lugar donde había pasado, o, si acababa en algún sitio que ya conocía, me gastaba cinco centavos en un billete de metro, me iba a alguna parada al azar e investigaba por otro sitio. Por las mañanas buscaba trabajo y por las tardes me dedicaba a deambular por la ciudad”. Una mañana le tocó el gordo y consiguió trabajo en una fábrica de caramelos. Pero fue el tiempo, presumiblemente perdido lo que terminó por darle una profesión: “Al haber pasado tardes observando diferentes zonas de la ciudad, empecé a escribir artículos que compró la revista Vogue”. Eso sí, ella los adaptaba a los lectores: el barrio de las pieles, por ejemplo, fue su primer escrito. Le pagaban 40 dólares la pieza. Ganaba 12 a la semana en la fábrica de caramelos.

Aunque fue un par de años a la Universidad de Columbia, Jacobs se formó por las calles. Desprejuiciada, “perdiendo el tiempo” y anotando lo que veía: “Fui un tiempo a una asignatura de Sociología y me pareció una idiotez”, apunta en la entrevista. En Canadá, Jacobs se dio cuenta de que “los estadounidenses no se creen de verdad que haya otros lugares tan reales como Estados Unidos”.

Pocas personas han hecho más por el activismo ciudadano que Jane Jacobs. Y pocas conocen tan bien su capacidad de cambiar las cosas como la dificultad de hacerlo. En 1950, ella misma recogía firmas para impedir que una carretera atravesara Washington Square. Pedían firmas entre quienes se sentaban al sol, jugaban allí con sus hijos, leían un libro o paseaban a perros. El caso es que muchos de los ciudadanos que usaban la plaza rehusaron firmar la petición de salvarla. Estaban convencidos de que firmar la petición podría resultar peligroso. “Fue en esa época cuando aquel extraño temor lo invadió todo, pero también recuerdo cuando se disipó, estando en plena lucha por salvar un barrio”.

Jacobs terminó nacionalizándose canadiense porque no le parecía normal no poder votar ni participar en las decisiones del lugar donde vivía. La relación con Mumford acabaría en discusión. Dos años después de la carta, en 1960, ella había terminado su inolvidable libro. Vería la luz un año después. Y Mumford, un hombre que, según Jacobs, cambiaba de carácter volviéndose ansioso al entrar en Nueva York, pasó a defender la ciudad jardín, la idea de vivir cerca de la ciudad con los beneficios del campo, una utopía para Jacobs que ni cuidaba la ciudad ni protegía el campo.

ACA