El pasado 8 de diciembre fue abierta en la Sala I de la Galería de Arte Nacional (GAN) la exposición “Stoddart. El paisaje que nos une. Historia de un británico en Venezuela”, dedicada a reconocer la trayectoria y obra del importante arquitecto paisajista John Stoddart (Beckenham, 1929).
La muestra, cuya curaduría estuvo a cargo deVerónica Fraiz, Esmeralda Niño y Luis Chacín y que contó con el auspicio del Fondo de Valores Inmobiliarios (FVI), recogeal iniciar el recorrido una cronología que refiere la vida de Stoddart a través de fotografías. Seguidamente, puede apreciarse una pequeña muestra de su obra acompañada de algunos planos originales y maquetas de sus trabajos más emblemáticos dentro y fuera de Venezuela, así como otras reproducciones. Un espacio de la sala dispone de dispositivos museográficos con los que el visitante puede interactuar, que hacen referencia a algunas de sus obras ejecutadas en Venezuela, muchas de ellas realizadas en conjunto con el arquitecto chileno Fernando Tábora (cuya sociedad Stoddart + Tábora Arquitectos Paisajistas se mantuvo desde 1965 hasta 1997), entre las cuales destacan: el Parque Generalísimo Francisco de Miranda (anteriormente conocido como «Parque Rómulo Betancourt» y luego como «Parque del Este», donde además participaron Mauricio Monte y Julio César Pessolani fungiendo de coordinador del equipo Roberto Burle Marx), la Plaza Diego Ibarra, el Hotel Humboldt, la Galería de Arte Nacional, el Boulevard y Paseo Vargas, el Centro de Arte La Estancia, el Parque Recreacional Sur de Valencia (en Carabobo), el Parque Zoobotánico El Ingenio (en Miranda) y las Residencias Isla Paraíso & Yacht Club (en Anzoátegui), entre otros.
“LOS SIGNOS HABITABLES. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea”, abierta entre el 2 de diciembre de 1984 y el 10 de marzo de 1985, fue tal vez la primera gran exposición de arquitectura montada en el país fuera del ámbito que hasta ahora las había acogido de manera casi exclusiva: los espacios de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UCV. Con ella, una de sus más importantes instituciones museísticas, la Galería de Arte Nacional (GAN), da un importante paso tendiente a dar cabida a manifestaciones de una profesión que ya se había consolidado como protagonista en las transformaciones urbanas y en la manera de vivir experimentada en Venezuela durante décadas, ofreciéndole al ciudadano común la oportunidad de conocer la vida y obra de algunos de sus principales protagonistas.
Tomás José Sanabria, José Miguel Galia, Fruto Vivas, Jorge Castillo, Jesús Tenreiro y Gorka Dorronsoro fueron los arquitectos seleccionados por quien coordinó el proyecto museográfico destinado a representar el contenido del sugerente título que se le dio a la muestra: William Niño Araque (1953-2010), que contó en esta ocasión con el apoyo de Tahía Rivero, Ruth Auerbach y Zuleiva Vivas.
Curiosamente, este trascendental evento se dedica a mostrar la trayectoria y obra de un grupo de profesionales que, o bien se había formado o bien habían acumulado una importante producción a la sombra de Carlos Raúl Villanueva cuya figura, aunque presente, se intenta dejar por un momento de lado. Si Villanueva había forjado el camino para la definitiva irrupción de la arquitectura moderna en Venezuela y su reconocimiento a nivel internacional, llegaba la hora de darle cabida a una reflexión más “contemporánea”, reflejada en diversas “tendencias”, representadas a través de la selección hecha de los protagonistas escogidos. Para tener una idea de ello nada mejor que leer el extenso y ambicioso ensayo titulado “La arquitectura como arte” con que Niño Araque introduce el impecable y completo catálogo elaborado para la ocasión donde, a tono con algunos textos de arquitectura en boga a nivel internacional que empezaban a eclosionar en medio de la posmodernidad, empieza a plasmar no sólo una visión de la arquitectura en general, sino de la evolución seguida por la arquitectura venezolana en particular, hasta llegar al momento mismo en que se abre la exposición, dándole así soporte a la misma. El primer párrafo del citado texto creemos que ilustra bastante bien el sesgo que Niño Araque le quiere imprimir al recorrido que emprende: “Definitivamente, los efectos de la naturaleza, la técnica y la sociedad, no son suficientes para determinar o explicar la obra arquitectónica. La arquitectura es algo más que efectividad para el uso, la construcción o la adecuación al clima. Lo que convierte una construcción en una obra de arquitectura es la capacidad del arquitecto para expresar su modo de sentir a través del edificio, y que él trata de comunicar a los demás por medio de la forma. En fin, es su carácter de obra de arte lo que transforma una construcción en obra de arquitectura y la diferencia de un simple edificio”.
Añadiremos a modo de complemento que, paradójicamente, si bien la obra de Villanueva había copado la escena arquitectónica nacional durante más de cuatro décadas, no fue ella la que inauguró la presencia de la arquitectura venezolana en un importante museo capitalino. Debió esperarse hasta 1988 (cuatro años más luego de la apertura de LOS SIGNOS HABITABLES), cuando el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas montó por todo lo alto, de la mano de Paulina Villanueva, Maciá Pintó y Pedro Sanz, “Villanueva El Arquitecto” (la más completa e importante muestra antológica que sobre el Maestro se haya realizado hasta ahora), para que ello ocurriese.
De LOS SIGNOS HABITABLES quedó como producto referencial su Catálogo de 160 páginas producido, con la asesoría de Leszek Zawisza (y el apoyo del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas -CIHE- de la FAU UCV), por la Unidad de Diseño G.A.N. (Waleska Belisario, Carolina Arnal y Elizabeth Cornejo) e impreso por Editorial Arte con un tiraje de 1.000 ejemplares. Su valor estriba en que el material allí contenido, permitió aproximarse por primera vez con profundidad no sólo a la obra sino al pensamiento de los profesionales seleccionados.
Encabezado por el ya mencionado ensayo introductorio elaborado por Niño Araque, el Catálogo brinda la oportunidad de conocer la biografía y trayectoria de cada arquitecto a través de un texto biográfico, analítico e interpretativo que se acompaña con el despliegue del material gráfico y fotográfico que lo muestra, una entrevista que realiza el propio Niño Araque a cada uno (encabezada por un elocuente retrato) y una cronología de sus obras. Finaliza la publicación con otro recorrido cronológico en este caso dedicado minuciosamente a “la Arquitectura Contemporánea 1900/1983. Nacional e internacional” que, más allá del riesgo asumido tras cada intento de esta naturaleza, queda como un interesante cúmulo de datos y a la vez testimonio de la visión de quienes la elaboraron.
Más allá de las limitaciones e imprecisiones en cuanto a la copiosa información que encierra, quizás lo más llamativo del Catálogo sean las entrevistas realizadas, sin inhibiciones, a la medida de cada protagonista, en medio del clima distendido que ofrecía la posmodernidad, ocasión aprovechada para develar y deslastrarse de toda una serie de prejuicios previamente instalados dentro de la interpretación crítica de nuestra realidad construida.
LOS SIGNOS HABITABLES, como ya se ha dicho, marca un antes y un después en cuanto a la presencia de la arquitectura como parte de la opinión pública venezolana al permitírsele incursionar dentro de un territorio que hasta entonces no había ocupado. También le abrirá la puerta a sucesivas exposiciones temáticas o sobre la obra de arquitectos sobre quienes existía alguna deuda en cuanto a su reconocimiento, que se darán durante el resto de la década y con mayor intensidad a lo largo de los ’90, dejando tras de sí un valiosísimo material producto de las curadurías realizadas y las indagaciones sobre las que se soportaron. También permitió el despegue de William Niño Araque como referencia en cuanto a una manera de ejercer la crítica la cual ponía en práctica como asiduo articulista y divulgador de la arquitectura venezolana dentro de la prensa nacional. Dicha labor la complementó en buena medida formando parte de la Galería de Arte Nacional y también como fundador e integrante de la Fundación Museo de Arquitectura, siendo el artífice de que la arquitectura empezase a ocupar desde entonces con mayor asiduidad los espacios museísticos.
Su tarea de ir mostrando “la excelente y variada calidad de nuestra producción arquitectónica” tiene su inicio justamente cuando asume el compromiso de montar LOS SIGNOS HABITABLES. Desde entonces Niño Araque logró desarrollar una disertación optimista, exagerada y seductora, difusa y ambigua, llena de redundancias poéticas cargadas de guiños fenomenológicos, donde si algo se hace notorio es su capacidad de emocionarse ante los edificios que trasluzcan “caribeñidad” y “tropicalidad”, dos categorías que va puliendo poco a poco con la finalidad de demostrar la existencia de una “posible” Escuela de Caracas, que para él había empezado a incubarse ya a partir de los años 70 del siglo XX de la mano de un selecto racimo de buenos arquitectos. Su empeño por alejarse de toda contaminación ideológica y académica que hasta el momento había signado la crítica arquitectónica y el darle mayor peso a una labor divulgativa cargada de voluntarismo y buenas intenciones, le permitieron crear un espacio donde la emotividad, el eclecticismo teórico y la condescendencia propios de su actuar permitirán siempre recordarlo.
La exposición José Miguel Galia, arquitecto, realizada entre el Museo de Bellas Artes (MBA) de Caracas y el Centro de Información y Documentación (CID) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UCV, forma parte de un numeroso grupo de más de 15 muestras que llegaron a montarse a lo largo de la década de los 90 del siglo XX en diferentes espacios, producto del esfuerzo llevado a cabo por diversas instituciones o grupos interesados en divulgar la arquitectura en nuestro país, abriéndole espacio muy especialmente a la labor de recopilación, documentación y catalogación sobre el quehacer nacional iniciada con entusiasmo durante aquellos años.
José Miguel Galia (Gualeguaychú, Argentina,1919-Caracas, 2009), en particular, por la magnitud de su obra construida se constituyó en foco de atención de investigadores dada la amplitud de temas que llegó a abordar y el sello personal que logró imprimir a su producción luego de una exitosa sociedad con Martín Vegas en la década de 1950. Su ascendencia dentro del ámbito profesional se equiparó a la que logró como docente, influyendo en la formación de varias generaciones de arquitectos a lo largo de 35 años de labor ininterrumpida que se inicia dos años antes de su participación como fundador de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV en 1953. Venezolano por decisión propia desde 1974, obtiene ese mismo año el Premio Nacional de Arquitectura otorgado en la V edición de la Bienal por el edificio Seguros Orinoco (Esquina de Socarrás, Caracas) y en 1976 el Premio Municipal del Distrito Federal por el Edificio del Banco Metropolitano en Sabana Grande, Caracas. Galia, además, dignificó el diseño de edificios de vivienda multifamiliar en propiedad horizontal, convirtiéndose en pionero y viva demostración de los alcances que dicha Ley ofrecía desde su entrada en vigencia en 1960, enriqueciendo su tipología y mostrando alternativas que daban con el máximo aprovechamiento de las ordenanzas y el mejor funcionamiento posible. El ladrillo como revestimiento o cerramiento exterior imprimió a sus obras una marca de fábrica que aún hoy es claramente reconocible dentro del paisaje caraqueño.
Tras la apertura en los mismos espacios del MBA de las muestras dedicadas a Franco Purini (1986), Alvar Aalto (1989), La casa como tema (1989) y El espacio, escenario de un Museo (1991) y haber dado cabida en 1987 a la VIII Bienal Nacional de Arquitectura, José Miguel Galia, arquitecto se convirtió en la primera que esa institución destinó en solitario a la obra de un arquitecto venezolano. Anteriormente le había correspondido a la Galería de Arte Nacional (GAN) abrirle las puertas a sendas exhibiciones consagradas a la obra de Carlos Raúl Villanueva. 1900-1975 (1982), La Arquitectura de los 80 (1985), Los signos habitables: Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea (1985) y Manuel Mujica Millán. Arquitecto (1991). Por su parte el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (MACCSI) empezaba a dar sus primeras muestras de interés por la arquitectura de la mano con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia, la Embajada de Italia en Venezuela y el Instituto Italiano de Cultura en Venezuela a través de Alessandro Anselmi. Dibujos y Proyectos (1990) y Las Escalas del Espacio. Arquitectos Italianos Contemporáneos (1991).
El esfuerzo compartido entre la Fundación MBA y la FAU dio como resultado que entre el 8 de marzo al 3 de mayo de 1992 se abriera en las Salas 6, 6A y 7 del Museo un verdadero evento que combinaba el rigor académico producto de la puesta en orden del archivo personal de Galia y la producción de un material especialmente preparado para la ocasión. Así, tal y como señala Henrique Vera (responsable de la curaduría y museografía) en la presentación del hermoso catálogo que la acompañó, el guión museográfico se concibió para exhibir planos originales, dibujos, maquetas, croquis, detalles constructivos en escala 1:1, planos especialmente redibujados, axonometrías y fotografías, “dividiéndose en cuatro partes: la primera (…) integrada por una selección de proyectos realizados por los arquitectos Martín Vegas y José Miguel Galia, entre los años 1951 y 1958, en la firma Vegas & Galia Arquitectos Asociados. Destacan aquí por su importancia y significación el Conjunto Polar (1953), el Edificio Anglo-Ven (1956) y el Banco Metropolitano, agencia principal (1957). (…) El segundo grupo lo constituyen aquellos edificios diseñados por Galia desde 1958 hasta 1988. Aquí resaltan, por una parte, los dos Edificios Seguros Orinoco, el de la esquina de Socarrás (1971) (…) y el de Puerto Ordaz (1976). Igualmente el Edificio Banco Metropolitano, agencia Sabana Grande (1976) y la Remodelación del Parque Los Caobos. Por otra parte, se destaca un grupo de proyectos de vivienda multifamiliar, construidos y no construidos, los cuales fueron agrupados en seis familias tipológicas, tomándose el mejor ejemplo de cada familia para presentarlo con mayor detalle. (…) El tercer grupo está integrado por proyectos de diferente naturaleza, que no fueron construidos y que sin embargo ayudan a tener una visión más completa de este singular diseñador: tres diseños que participaron en concursos, una Quinta en Colinas de Bello Monte y el Edificio Sede para la Biblioteca Nacional, ambos para Caracas, y el de la Torre Peugeot, en Buenos Aires. También aquí se exhibe por primera vez un valioso material original. (…) El cuarto grupo de diseños exhibidos lo constituyen los tres proyectos en los cuales José Miguel Gala trabaja actualmente, el edificio Seguros Orinoco de Los Palos Grandes, el Centro Otassca en el Paseo Colón, y por último el Edificio Centro Princesa, ubicado en el Boulevard de Sabana Grande…”
Vera, contó para alcanzar con éxito este recordado montaje, con el inestimable apoyo de la oficina de Galia y en particular de los arquitectos Magali Ruz-Brewer, Sabino Marotta y José Antonio Maldonado, con el aporte del personal del MBA con María Elena Ramos, su directora, a la cabeza y del CID FAU UCV en las personas de las diseñadoras Martha Sanabria y Catherine Goalard.
El catálogo numerado como el 869 (la exposición fue la nº 984), cuya portada preside la postal de esta semana, diseñado por Andrés Carnevali, fue impreso por Unión Offset y tuvo un tiraje de 1500 ejemplares, pudiéndose aún adquirir a través de www.edicionesfau.com.
Destacan en él no solo su impecable impresión y el acompañamiento de las estupendas fotografías de Paolo Gasparini (protagonistas del montaje expositivo junto a las maquetas realizadas por Julio Camacho y José Ricardo Olivares), sino muy particularmente los dos textos preparados por José Miguel Roig y Federico Vegas: el uno titulado “Galia, La revolución a medida”, centrado en analizar críticamente el Banco Metropolitano de Sabana Grande; el otro, “El monasterio vertical”, dedicado a develar los entresijos y reflexiones, que en tono si se quiere más poético, suscita en su autor Seguros Orinoco. Del escrito de Vegas, extraemos, para terminar, la siguiente cita que ilustra la actitud de un profesional dedicado, tenaz, inquieto, que por sobre todo amaba la arquitectura y además logró que ella trascendiera: “La inmovilidad, la idea de que el edificio no se moverá de sitio como las Arcas, está a cargo del ladrillo. Aquí está la gran paradoja: el ladrillo, repetible y ancestral, lo imaginamos en muros de carga, pero éstos son inoperantes después de cierta altura. En el edificio de Socarrás, el ladrillo o la arcilla, es recubrimiento, y para que no haya dudas, no tiene trama y cambia de sentido cuando recubre el concreto y cuando es simple pared. No es posible un juego más diáfano, hacer más advertencias sobre la verdadera estructura del edificio, y sin embargo queda el sentimiento de un solo y gran ladrillo tallado”.
1984•En el mes de diciembre en los salones de la Galería de Arte Nacional (GAN) se abrió la exposición «Los Signos Habitables. Tendencias de la arquitectura venezolana contemporánea», muestra que recogió los proyectos recientes de seis notables de arquitecto venezolanos: Tomás José Sanabria, José Miguel Galia, Fruto Vivas, Jorge Castillo, Jesús Tenreiro y Gorka Dorronsoro.
La exhibición fue concebida y realizada por el arquitecto William Niño Araque (1953-2010) (FAU-UCV, promoción 25B 1977) conjuntamente con Tahía Rivero, museógrafa e investigadora de la GAN.
1995• La Galería de Arte Nacional (GAN) monta la exposición «Tomás José Sanabria. Arquitecto. Aproximación a su obra», la cual fue resultado de una minuciosa investigación realizada por el arquitecto William Niño Araque, quien adicionalmente fue el curador de la exhibición
Para el montaje de la muestra en arquitecto Niño Araque contó con el equipo museográfico y museológico de la GAN, la colaboración de los integrantes de Sanabria Arquitectos & Asociados y un grupo de estudiantes de la Universidad José María Vargas (UJMV).
La exposición fue acompañada por un hermoso catálogo, que recoge el estudio base de la exhibición, ilustrado con bocetos y croquis de Tomás Sanabria y excelentes fotografías.
1986•Durante la gestión de Bélgica Rodríguez como Directora de la Galería de Arte Nacional, con el apoyo de la Fundación Pampero, aparece la publicación bilingüe, “GAN. Proyecto Nueva Sede Galería de Arte Nacional Caracas”, de los arquitectos Oscar Tenreiro (FAU-UCV, promoción 10 / 1960) y Francisco Sesto (FAU-UCV, promoción 20E/ 1973). La edición, hermosamente ilustrada con dibujos, algunos a color, fotografías y croquis del proyecto, está complementada con los textos de Augusto Komendant, “Galería de Arte Nacional»; Kenneth Frampton, “Galería de Arte Nacional”; Alberto Saldarriaga, “Preámbulo para la Apreciación del Proyecto de la Galería de Arte Nacional” y William Niño, “Otra arquitectura posible. Nueva sede de la GAN”, textos que datan de 1983, fecha en la cual se terminó el proyecto de arquitectura. Contiene una “Conversación con Oscar Tenreiro y Francisco Sesto¨ desarrollada por William Niño, con la cual se aprovecha para describir el proyecto arquitectónico, dividiéndolo en las siguientes partes, a las cuales se le dio título: El Parque Cultural de Caracas; El sitio; El corazón; El edificio; Primeros esquemas; El anteproyecto; El proyecto final: Nivel plaza, estacionamientos y oficinas. Nivel podio. Planta mezzanina. Planta alta, La estructura. Esquemas estructurales, Selección de esquemas. El aire acondicionado. La luz. La luz natural. Los patios, Los vestíbulos. Las salas de exhibición. El zaguán. La calle central. El auditorio. La biblioteca. El cafetín. El patio de los niños, y finalmente Las plazas. El diseño gráfico de la edición estuvo a cargo de Martha Sanabria, el montaje de Catherine Goalard y la impresión fue realizada por la Editorial Arte.
HVH
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