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1991• Charla «El Palafito. La casa primigenia»

Charla El Palafito. La casa primigenia.jpg

1991•  El miércoles 12 de junio el arquitecto Andrés García, profesor de la Universidad del Zulia, dictó en el Aula Anfiteátrica 2 de la Facultad de Arquitectura, UCV, la charla «El Palafito. La casa primigenia», en la cual disertó sobre esta particular tipología de vivienda característica de la región zuliana. Su charla nos presentó los resultados de su amplia investigación, registrada en centenares de fotografías y planos.

HVH

 

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

JOSÉ MIGUEL GALIA. Arquitecto

Alberto Sato

Ediciones del Instituto de Urbanismo. FAU. UCV

Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico. UCV

Comisión de Estudios de Postgrado. FAU. UCV

2002

Dentro de la historiografía venezolana no es frecuente toparse con estudios monográficos que den cuenta de la vida, trayectoria y pensamiento de los más importantes arquitectos que han dejado su impronta en el país. Más extraño aún es el conseguir publicaciones que las recojan de forma sistemática apelándose a un orden que, sin dejar de ser cronológico, apueste al sentido crítico derivado de los grandes temas que pueden resumir los intereses vitales del personaje tratado. La construcción de la historia de nuestros arquitectos se encuentra, por lo general, dispersa en artículos de prensa, breves ensayos aparecidos en revistas de carácter comercial, catálogos de montajes museísticos, investigaciones de talante académico o, en el peor de los casos, cuando se conservan, en archivos a la espera de ser abordados con orden y criterio a sabiendas que muchos de ellos han sido desmantelados o se encuentran sumidos en el más absoluto abandono.

Es por ello que resultó ser excepcional dentro de la producción editorial venezolana la aparición en 2002 de un libro dedicado a la figura de uno de los profesionales de mayor significación en la arquitectura moderna del país (José Miguel Galia -1919-2009-), cuya excepcionalidad consistió en poner en marcha un proyecto que reunió las condiciones ideales para llegar a feliz término: contar con la vitalidad, el interés y apoyo incondicional del protagonista de la historia, tener acceso a un archivo bien conservado que además de orden requería ser visitado con ojo crítico, disponer de una bibliografía dispersa que ofrecía pinceladas y opiniones sobre la vida y obra del personaje, pero sobre todo el haber podido mostrarse previamente el ordenamiento de los materiales del archivo y una valiosa aproximación a la obra en una relevante exposición montada en 1992 en los espacios del Museo de Bellas Artes por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV.

De esta manera, cuando el maestro Galia se acerca a finales de la década de los años 80 del siglo XX al Instituto de Urbanismo de la FAU UCV para dejar en sus manos la producción de la publicación, y propone que sea Alberto Sato el encargado de elaborar el texto que la acompañaría, buena parte de los insumos que permitirían la elaboración de un exquisito plato se encontraban sobre la mesa. Sato, interesado de antemano en estudiar la obra de Galia, encuentra así la oportunidad de convertir sus indagaciones en un trabajo de ascenso presentado en 1993 que servirá de base a la redacción del libro. También conviene recordar que luego, como cursante de la Maestría en Historia de la Arquitectura, en otra vuelta de tuerca, Sato convertirá a Vegas & Galia (la mítica sociedad conformada durante los años 50 que marcó cualitativamente la producción edilicia de esa década), en uno de sus objetos de estudio dentro del trabajo “Cinco oficinas de arquitectura: 1948-1958”, entregado en 1996.

Como toda empresa editorial, José Miguel Galia. Arquitecto sufrió durante el lapso comprendido entre su concepción, elaboración, culminación del trabajo de diseño y montaje y su salida a la luz los avatares ligados a problemas económicos y logísticos que obligaron en muchos casos a su reformulación. Sin embargo, como resultado final quedó en manos del lector una impecable publicación en tapa dura, de 216 páginas de 21.5 x 31.5 cms, papel Lumisilk 150 y tipografía Futura, diagramada con sobriedad y elegancia por Martha Sanabria con la colaboración de Catherine Goalard en el diseño, montaje electrónico y selección cuidadosa del material fotográfico, proveniente en su mayoría de los lentes de Paolo Gasparini y José Antonio Maldonado. La reelaboración de los dibujos de los proyectos procedentes del Archivo de José Miguel Galia, realizada por más de 14 personas coordinadas por Carlos Enrique Roig, con la supervisión de Magali Ruz Brewer (Coordinadora General del Archivo) y la asesoría de Henrique Vera, cierran un ciclo que da cuenta de un diverso equipo de trabajo que actuó de manera acompasada sin descuidar detalles, que el Grupo Soluciones Gráficas-Editorial Arte supo coronar.

Además de un Prólogo elaborado por Marco Negrón (“Galia y la formación de la Caracas contemporánea”) y la Introducción redactada por el autor, el libro se compone de seis capítulos (“El Portafolio Rioplatense”, “Galia en Venezuela”, “Vegas & Galia, Arquitectos Asociados”, «Propiedad Horizontal”, “Protagonismos” y “La Academia”), que junto a una detallada Cronología y selecta Bibliografía permiten, como señala el propio Sato “construir una historia, más que personal, de un quehacer arquitectónico que atraviesa el ciclo moderno venezolano” donde «el método empleado para organizar esta construcción ha sido determinado por áreas de interés, desde el Uruguay moderno hasta la Venezuela contemporánea» y donde también resultó oportuno  “… destacar algunos aspectos que interrumpen la linealidad de una cronología”.

Como apunta Marco Negrón en el Prólogo: «En el texto …, Alberto Sato aborda con rigor e inteligencia el reto de analizar críticamente la extensa producción de Galia, consiguiendo armar una obra que, pese a la frecuente necesidad de apelar al conocimiento especializado y hasta erudito, en más de una ocasión logra la rara virtud de combinar el rigor investigativo y analítico con la amenidad del relato”. Tras haberse cumplido recientemente 15 años de su aparición, José Miguel Galia. Arquitecto, cuyo tiraje fue de 500 ejemplares, se ha convertido hoy en día en pieza de colección que permite adentrarse, a través de una figura señera quien arriba de su Uruguay natal a Venezuela en 1948, «en el análisis de la obra de uno de los más prolíficos arquitectos de la modernidad venezolana (…) pero, al mismo tiempo, en un esfuerzo por desentrañar algunas de las claves que explican la formación de la Caracas de hoy.”

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 82

Entre los numerosos eventos organizados por Antonio Granados Valdés durante su dilata gestión en el Departamento (luego División) de Extensión Cultural de la FAU UCV entre 1957 y 1978, destaca la exposición fotográfica dedicada al insigne ingeniero italiano Pier Luigi Nervi (1891-1979) montada entre el 20 de febrero y el 12 de marzo de 1964 con el auspicio del doctor Giovanni Angelo Di Francesco, Director del Instituto Venezolano Italiano de Cultura y Agregado Cultural de la Embajada de Italia en Venezuela.

La importancia de Nervi y el impacto del evento llevó a Granados a cubrirlo de manera amplia en los números 16 y 18 de la revista Punto de febrero y junio de 1964, respectivamente, en los que, como acostumbraba, primero (para ir preparando el ambiente) publicó un texto de quien era el centro de atención y luego la transcripción del debate suscitado en el foro que tradicionalmente también se organizaba cada vez que se llevaba a cabo una exposición de cierta envergadura.

Así, cumpliendo con la pauta, en Punto 16 aparece el texto de Nervi titulado “La arquitectura actual y la formación del arquitecto” tomado por Granados de la publicación “Cuadernos” de México, de la cual no aparece mayor referencia. Se ilustra el artículo con el auditorio del edificio Pirelli, Milán (1955-56) donde Nervi participa con Gio Ponti, el edifico de la UNESCO en París (1953-58) donde Nervi colabora con Marcel Breuer, un hermoso dibujo correspondiente al anteproyecto de un Centro de Exposiciones para Caracas (no realizado), la foto de la maqueta de un Proyecto para una casa-club en Filadelfia, Pennsylvania (1961) y la fotografía de un detalle de las columnas del Palacio del Trabajo, Turín (1960-61).

Nervi, ingeniero estructural de profesión pero sin duda referente obligado para los arquitectos de su época por la fineza y racionalidad con que resuelve los problemas a los que se enfrenta, de los que se trasluce una clara estética, ofrece en su escrito (dirigido fundamentalmente a los arquitectos en formación) una serie de reflexiones, respaldadas con hechos, que aún hoy tienen plena vigencia: “… creo poder afirmar -señala Nervi- que para ser arquitectónica una estructura debe nacer y derivar espontáneamente de un sentido estático, sentido que los progresos de la ingeniería moderna han parcialmente disminuido sustituyéndolo o completándolo con las formas del cálculo”. O, en otro pasaje: “El arquitecto … tiene que ser el ideador del esquema estructural y debe, además, proporcionar las dimensiones de los diversos elementos, aunque sea en forma aproximada. Para esta tarea debe tener una eficiente intuición estática que alimente y dirija su fantasía inventiva; y, al mismo tiempo, debe poseer el dominio de unas cuantas fórmulas simplificadas que le permitan establecer el orden de amplitud de las fuerzas, y, por consiguiente, las dimensiones aproximadas de las secciones resistentes”. Y en cierta manera concluye con toda una lección para quienes deben enseñar estructuras: “El nudo de la cuestión está, entonces, en desarrollar el sentido estático, base indispensable de la intuición y de la fantasía estructural, y cómo darles el dominio de rápidos cálculos de orientación y de primera aproximación. Yo pienso que la mejor manera sería la de estudiar el desarrollo de la arquitectura desde la antigüedad hasta hoy, haciendo una crítica estructural dirigida a investigar profundamente las relaciones entre los materiales empleados, los medios de construcción y los resultados logrados, ya sea desde el punto de vista técnico, ya sea desde el estético. Solamente el gótico, máxima manifestación de la potencia y de la eficacia del sentimiento estático, nunca antes alcanzada y que tal vez nunca se volverá a alcanzar, podría surtir una fuente de observaciones, consideraciones y enseñanzas casi ilimitadas”.
Fue el 17 de marzo, cuando se llevó a cabo en el auditorio de la FAU una Mesa Redonda en torno a la figura y la obra de Nervi en la que intervinieron los profesores Juan Pedro Posani (a quien correspondió introducir y contextualizar el debate que se podría desarrollar), César Hernández Acosta, Domingo Álvarez, Guido Guazzo, Carlos M. Añez y Enrique Noriega.
Con el pensamiento de Nervi y la exposición como telones de fondo, las intervenciones se orientaron a profundizan en torno a su figura y obra de en aspectos tales como: su fe profunda en la ciencia de la construcción y por ende en el convencimiento que tenía de que la función era la generadora de la forma; la presencia de la técnica en los procesos constructivos como factor determinante; y la consideración de los sistemas estructurales como algo más que modelos.
No faltaron las comparaciones con otros grandes ingenieros como Morandi o Maillart e incluso August Perret para dejar claro que en la obra de Nervi quizás existía un respeto excesivo por las concepciones espaciales clásicas y un excesivo afán por lo constructivo. Así mismo, se resaltó el peso que terminaban teniendo aspectos de economía de recursos al llevar al extremo la precisión en el cálculo lo que le valió a Nervi ganar numerosas licitaciones que le permitieron construir otras tantas obras y se abrió la eterna discusión acerca de la proximidad que se podría dar entre ingeniería y arquitectura en función del refinado manejo del detalle y el impacto que causan las cubiertas por él diseñadas, quedando zanjado el tema con la certeza de que Nervi como ingeniero nunca pretendió ser considerado como arquitecto apareciendo el valor estético de su obra más bien como una consecuencia.

El paso de la exposición fotográfica de Nervi dejó por la FAU UCV importantes temas vinculados a lo que ya hemos señalado que sin duda impactaron en la enseñanza de las estructuras.

Sin embargo, en la que quizás ha sido una de sus intervenciones más vehementes dentro de un foro internacional, la acontecida en el VI Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos celebrado en Londres en julio de 1961, Villanueva, al presentar su disertación sobre las “Influencias del concreto y del progreso técnico en la arquitectura de hoy y de mañana” (aparecido en Punto nº 4 de noviembre de 1961), luego de expresar su admiración por la obra de Nervi, manifiesta profundas diferencias con su postura teórica sobre la relación que, en una conferencia anterior dentro del congreso, el ingeniero italiano estableció entre arquitectura y estructura.

«… el profesor Nervi atribuye a la estructura un valor absolutamente determinante en la arquitectura, hasta hacer de ella el factor absorbente y exclusivo del quehacer arquitectónico. Una vez enunciada la ecuación Arquitectura igual a Estructura y una vez afirmado el principio de que la estructura está rígidamente determinada por la ciencia y por los procesos de la producción tecnológica, el profesor Nervi llega a la conclusión obligada de que la arquitectura del futuro coagulará en formas-tipos ideales y perfectas. (…) Creer que eso puede ocurrir significa, en mi opinión, aceptar la creencia de un mundo estable, permanente, dotado de una escala inmutable de valores paradigmáticos, cerrado en la autocontemplación de su exquisita perfección. En cambio, el mundo de hoy, el mundo tal como lo entendemos, es un mundo abierto, antidogmático, en constante evolución, donde la misma verdad es siempre un proceso de relaciones y jamás un dato permanente. Por otra parte esgrimir un vago ideal de formas perfectas cuya supuesta verdad es garantía de catarsis universal, en un mundo como el actual, recorrido por violentas contradicciones, en presencia del fenecimiento convulso de una estructura social y del nacimiento doloroso de otra nueva, acosados por el fantasma de la destrucción total, sumergidos en un clima altamente crítico que exige la mayor permanencia nuestra dentro de la realidad y el mayor empeño en correr honestamente los riesgos del cambio y de la duda, hace surgir la sospecha de que tales formas y tales condiciones no sean sino una nueva manifestación de la vieja tendencia a la evasión y al escape académico”. Y concluye Villanueva: “Las obras del profesor Nervi poseen condiciones en abundancia para aceptar profunda y favorablemente el desarrollo de la arquitectura. (…) Tan sólo evitemos atribuir a sus teorías la paternidad de sus obras. Incurriríamos en un error. Y sobre todo arriesgaríamos perder en la operación todo el gran valor cultural y estético que estas obras engloban”.

Quedémonos con lo esencial de las pausadas reflexiones transcritas del texto de Nervi con que  comenzamos esta nota y con la aguda advertencia que nos deja Villanueva para sacar hoy nuestras propias conclusiones.

ACA

¿SABÍA USTED…

… que el año 1977, hace ya 40 años, se termina la construcción del “Edificio de Trasbordo” en la Ciudad Universitaria de Caracas, diseñado por el equipo conformado por los arquitectos Henrique Hernández (coordinador), Cesar Martín, Carmen Yánez, Andrés Simón Herrera y María Teresa Novoa (colaboradores), integrantes todos de Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo?

1. Edificio de Trasbordo. Vista exterior

El proyecto y construcción del que es conocido como “Edificio de Trasbordo” (actual sede de las Escuelas de Educación -Facultad de Humanidades y Educación- y de Administración y Contaduría -Facultad de Ciencias Económicas y Sociales-), se origina como respuesta al crecimiento general de la población estudiantil y a la presión ejercida por su dirigencia ante el problema del cupo, lo cual no estuvo acompañado por el desarrollo ordenado de la planta física que lo solventara. La falta de atención a estos asuntos había empezado a derivar en situaciones de congestionamiento, hacinamiento e improvisación por parte de las entidades afectadas (escuelas y facultades) quienes intentaban resolver la dificultad de forma individual, aislada y descoordinada. Para el momento se contaba con un déficit de más de 20.000 m2 de aulas, con sus respectivas áreas de apoyo, lo cual reclamaba una urgente y rápida resolución por parte de las autoridades.

2. Edificio de Trasbordo. Ubicación en el campus de la Ciudad Universitaria de Caracas

Ante la premura los organismos encargados de la planificación en la UCV ya habían iniciado en 1975 las gestiones para obtener los planos e implantar un clon del Edificio de Matemáticas, construido como parte del campus de la Universidad Simón Bolívar. Al presentarse la opción y buscarse la aprobación del Consejo Universitario el entonces decano de la FAU, Américo Faillace, con amplia experiencia en el diseño de edificaciones educativas, propuso la asunción del problema y su solución por parte del IDEC, instituto creado ese mismo año, dirigido por el profesor Henrique Hernández (quien venía de acumular una importante experiencia dentro de la Unidad de Diseño en Avance del Banco Obrero) y que como su denominación indica estaba orientado académicamente al desarrollo experimental de la construcción.

3. Edificio de Trasbordo. Planos de referencia. Izquierda: implantación. Derecha: sistema estructural

Asuntos relacionados con los avatares ligados a la decisión de colocar finalmente el edificio en la zona noroeste de la Ciudad Universitaria (calle Minerva) aparte, el compromiso es asumido por el IDEC (ver el número 62 de la revista Punto, junio de 1980) como “una solución transitoria que no afectara el plan futuro y fuese pivote para el desarrollo de la planta física de la Ciudad Universitaria de acuerdo a lo previsto en el proyecto del Dr. Carlos Raúl Villanueva”, aprovechando “la oportunidad de utilizar la construcción de esa edificación como un laboratorio donde aprender más sobre los aspectos gerenciales de la construcción”, para lo que se utilizó un proceso que consistía “en el desarrollo simultáneo del proyecto y la construcción, integrándose así a todos los participantes de las distintas etapas del proceso de producción de la edificación, desde la fase de proyecto hasta la de construcción”. En  otras palabras: “los papeles del arquitecto y constructor se combinan en una sola profesión responsable del proceso global”.

4. Edificio de Trasbordo. Vista exterior

Al asumir estas premisas, acompañadas de un programa estratégico conformado por un “plan de requerimientos”, un “plan de costos” y un “plan de actividades”, se reafirmaba la senda doctrinaria seguida por Henrique Hernández que sin duda hace acto de presencia en la experiencia del Edificio de Trasbordo. Manuel López Villa en “Henrique Hernández: La arquitectura de la tecnología”, artículo aparecido en la revista Inmuebles, nº 6, 1992, las resalta: el trabajo en equipo e interdisciplinario como contraparte a la actividad individualista prevaleciente en la profesión; la utilización de la tecnología seriada como herramienta para que la forma del edificio surja como una resultante, minimizando su valor en cuanto pieza; el traslado del interés proyectual del objeto a los procesos que permiten realizarlo, convirtiéndose la arquitectura simplemente en un método de producción edilicia; el señalar otro rumbo para la apreciación estética y la elaboración del juicio crítico, ubicado en este caso muy lejos de las categorías que tradicionalmente se manejan y más próxima a la de una cadena de montaje; y, finalmente, la visualización del arquitecto como organizador del ciclo productivo en concordancia a las nuevas tendencias de producción y racionalización que dicta el mercado.

5. Edificio de Trasbordo. Vista de una de las escaleras

El producto final resultó ser una edificación entregada con demora en 1977, inconclusa pero ajustada al presupuesto asignado, de cuatro pisos, construida en un terreno de poco más de una hectárea, con una ubicación aproximada del 50% (5.000 m2, equivalentes al área de la planta), de 19.544 m2 de construcción, resuelta en una planta rectangular de 36 m x 135 m dividida en tres cuerpos por dos juntas transversales de dilatación. De la descripción que hace Henrique Hernández en Punto 62 extraemos: “En la planta baja se ubicaron los servicios generales… En las tres plantas altas las áreas docentes. (…) El esquema básico de funcionamiento consiste en dos pasillos longitudinales abiertos en los extremos del edificio, a ambos lados de cada uno de estos pasillos se agrupan las aulas; transversalmente estos corredores son cruzados por tres pasillos sobre los cuales se agrupan los núcleos sanitarios y rematan en escaleras (…) En las zonas periféricas el arreglo de las aulas se hace en base a un módulo de 3,60 m longitudinal x 7,20 m trasversales y en las zonas centrales puede lograr un rango entre 7,20 y 14,40 m trasversalmente, obteniéndose así diferentes posibilidades de arreglos y capacidades de aulas para un promedio de 54 aulas por planta; en total se logra una capacidad máxima de 2.200 alumnos por planta para un total aproximado de 6.600 alumnos. (…) … se adoptó la estructura metálica del Taller Van Dam, constituida por vigas de 18 metros de luz y altura iguales al entrepiso, es decir 3,54 m (…) Las columnas con perfiles H en tres líneas longitudinales de apoyo conforman una retícula estructural de 18 m x 7,54 m, las losas son de concreto pretensado, prefabricadas y producidas por Creamer y Denis, de 7,54 m x 2,40m”. Y, para finalizar, “todos los espacios han sido acondicionados con un sistema central de aire acondicionado e iluminados artificialmente.”

6. Edificio de Trasbordo. Vista de un área de circulación

Este “anti-edificio” que contravino todas las lecciones que Villanueva dejó esparcidas a lo largo del lugar donde se inserta, que apela al contraste y la provocación como elementos fundamentales para hacer prevalecer el concepto que orienta su programación y construcción, encuentra en las palabras ponderadas del propio Henrique Hernández (Premio Nacional de Arquitectura 1988), si bien su justificación y posible comprensión, no su necesaria aceptación y su frustración por no haberse dado las condiciones para las que fue diseñado.

Las repercusiones ligadas a la forma como el problema fue enfrentado, las falencias en la anticipación de escenarios futuros y las correspondientes omisiones ligadas a la realidad a la que se estaba atendiendo, ubicadas todas en la esencia de la actividad proyectual, dieron como resultado que de ser pensado como un “banco de aulas” de uso rotatorio (inherente a la noción de “trasbordo”) que diera inicio a la recuperación y desarrollo de la Ciudad Universitaria se pasase a su ocupación permanente por las Escuelas de Educación y de Administración y Contaduría. A partir de allí, el no haber sabido medir el alcance que tiene en nuestra sociedad el término “provisional” y el poco aprovechamiento de su promocionada “flexibilidad”, sumados a las crónicas fallas en las labores de mantenimiento propios de institución universitaria, llevaron en muy poco tiempo a poner en evidencia el error de depender únicamente de un sistema central de aire acondicionado, convirtiendo a este hermético artefacto en un lugar inhóspito, inadecuado para las labores a las que estaba destinado o en términos de hoy en día en un “edificio enfermo” con bajos índices de habitabilidad y costoso de mantener.

7. Edificio de Trasbordo. Vista exterior actual luego e la realización del proyecto del «Sistema de Ventanería y Protección Solar de las fachadas norte y sur»
8. Edificio de Trasbordo. «Sistema de Ventanería y Protección Solar de las fachadas norte y sur». Detalles
9. Edificio de Trasbordo. «Sistema de Ventanería y Protección Solar de las fachadas norte y sur». Colocación y vistas interiores
10. Edificio de Trasbordo. «Sistema de Ventanería y Protección Solar de las fachadas norte y sur». Vistas exteriores

El peso de tales problemas, sufridos en definitiva por las 6.000 personas que empezaron a usar intensivamente el edificio, quienes para nada fueron considerados dentro de las ecuaciones iniciales que dieron inicio al planteamiento, produjeron la presión necesaria para que el COPRED se abocara el año 2005 a atender su adecuación a través de la contratación de dos proyectos que tuvieron por objeto atender, el primero, la puesta a tono de la estructura del edificio con la normas sísmicas vigentes (a cargo del Ing. Antonio Guell); y, el segundo, la incorporación de un “Sistema de Ventanería y Protección Solar de las fachadas norte y sur” que permitiese incorporar iluminación natural y ventilación cruzada a la mayor cantidad posible de ambientes, colaborar en aumentar los niveles de confort y le otorgase una identidad más próxima a las preocupaciones existentes en la obra de Villanueva (a cargo del Arq. Rafael Urbina). La descripción de este último trabajo (que afortunadamente fue ejecutado) se encuentra recogida en la ponencia “Adecuación de un edificio de aulas del campus universitario de la Universidad Central de Venezuela”, presentada por Rebeca Velasco y David Viloria en la Semana Internacional de Investigación de la FAU, octubre 2008. Para concluir, valga decir que este polémico edificio, centro de un candente debate suscitado a finales de la década de lo años 70 del siglo XX (ver Punto 62) por su condición de manifiesto de una manera de entender la arquitectura a contracorriente de lo que el ejercicio de la profesión tradicionalmente dictaba, se convirtió en toda una lección que posteriormente tanto el IDEC como el propio Hernández asimilaron en virtud del fracaso que acompañó su concepción una vez puesta en contacto con las circunstancias que lo rodeaban, más allá de los logros alcanzados como experimento constructivo.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 a 6. Revista Punto, nº 62, junio de 1980

7. https://caracasenimagenes.blogspot.com/2011/01/edificio-trasbordo-de-la-ucv.html

8 a 10. Velasco R. y Viloria D. “Adecuación de un edificio de aulas del campus universitario de la Universidad Central de Venezuela”, Semana Internacional de Investigación de la FAU, octubre 2008