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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 274

La inauguración de la muestra “La arquitectura de Lina Bo Bardi” el jueves 1 de febrero de 1996 en los espacios expositivos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, organizada por el Centro de Información y Documentación de esa institución, realizada bajo el auspicio del Instituto Lina Bo e P.M. Bardi de Sao Paulo, la embajada de Brasil, con museografía del arquitecto brasileño Marcelo Carvalho Ferraz, significó el arribo a nuestro país de una exhibición que, montada para ser itinerante justo después del fallecimiento de la arquitecta en 1992, durante todo el año 1995 había recorrido Europa dando a conocer la figura de una mujer nacida y formada en Italia bajo los cánones del racionalismo, que desarrolló su carrera en Brasil donde incorporó valores propios de ese país que contribuyeron a desarrollar su proyecto vital definitivo y que con el tiempo fue  cobrando mayor relevancia.

La exposición, abierta hasta el domingo 3 de marzo de 1996 en horario de 8:00 am a 6:00 pm, estuvo integrada por 90 fotografías de proyectos y diseños, y una muestra de 12 sillas de diseño propio lo cual brindó la oportunidad de apreciar el alcance diverso y multidisciplinar de la obra de Bo Bardi. En el contexto del evento se realizó la proyección de un documental el viernes 2 de febrero el cual estuvo seguido por la Mesa Redonda “Lina, la arquitectura y el Brasil”, que tuvo como invitados a los arquitectos Marcelo Carvalho Ferraz del Instituto Lina Bo e P.M. Bardi; Juan Pedro Posani, director del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC); Fruto Vivas y Silvia Hernández de Lasala.

1. Dos fotografías de Lina Bo Bardi en diferentes momentos de su vida. A la derecha durante su viaje a Japón en la década de los 70

Achillina (Lina) Bo nació en Roma el 5 de diciembre de 1914 y murió en São Paulo, 20 de marzo de 1992. Estudió arquitectura en La Sapienza de Roma con arquitectos tradicionalistas como Giovannoni y fascistas como Piacentini, donde se tituló en 1939, con un proyecto final de carrera de Maternidad para madres solteras. Tras graduarse se trasladó a Milán, donde trabajó para Gio Ponti, editor de la revista Quaderni di Domus, de la cual llegó a ser editora.

Según señala Josep María Montaner en la nota “Lina Bo Bardi 1914-1992” publicada el 13 de mayo de 2015 en el blog “Un día. Una arquitecta”: “Al final de la Segunda Guerra Mundial entró a formar parte de la Resistencia y en el 1945, junto a Bruno Zevi, su maestro, y al arquitecto Carlo Pagani, su socio de aquel periodo, fundaron la revista A. (Attualità, Architettura, Abitazione, Arte) Cultura della Vita. Lina Bo Bardi vivió en Milán desde principios del año 1940 hasta finales del 1945, en que volvió a Roma. Decepcionada por el giro político que siguió la Italia de postguerra, con la llegada al poder de la Democracia Cristiana, en 1946 viajó a Brasil con el periodista y coleccionista de arte Pietro Maria Bardi, su marido, que había llegado a tener un lugar relevante como crítico de arte durante la Italia fascista. (…) En Brasil se instalaron definitivamente en São Paulo y ella se naturalizó como brasileña en 1951, manteniendo relación con su familia en Roma y con arquitectos italianos, especialmente con Bruno Zevi; y viajando, de tanto en tanto, a Europa, especialmente en el periodo de la dictadura militar en Brasil”.

Instalados definitivamente en Sao Paulo Lina Bo y su marido “iniciaron una colección de arte popular brasileño (su principal influencia) y su trabajo adquirió la dimensión del diálogo entre lo moderno y lo popular. Bo Bardi hablaba de un espacio para ser construido por el habitar de las personas, un espacio inacabado que sería completado por el uso popular y cotidiano. (…) A partir de los años sesenta, su relación con el teatro se volvió más intensa y su conexión con artistas y directores de teatro le llevó a realizar varias escenografías y proyectos teatrales”, cita que extraemos de https://es.wikipedia.org/wiki/Lina_Bo_Bardi.

2. Lina Bo Bardi. Casa de Vidrio, Morumbi, 1951
3. Exterior de la Casa de Vidrio en 2007.
4. Lina Bo Bardi. Casa Chame-Chame (1958)
5. Lina Bo Bardi. Museo de Arte de Sao Paulo -MASP- (1957-1968)
6. Lina Bo Bardi. Centro de ocio, cultura y deporte SESC (Serviço Social do Comercio) en el barrio popular de Pompéia en São Paulo (1977-1986)

Siguiéndole los pasos a su obra de la mano de Montaner nos encontramos con que “en 1950 proyectó y realizó su propia casa, la Casa de Vidrio, y en 1957 inició el proyecto y construcción del MASP (Museo de Arte de São Paulo), que se inauguró en 1968; una obra radicalmente moderna, con una gigantesca estructura porticada y unas salas de planta libre, llenas de luz natural y con unos soportes museológicos vanguardistas.(…) Tras visitar las obras de Gaudí en Barcelona en 1957, la influencia gaudiniana se expresó (…) en obras de aquellos años como las casas Valéria Cirell (1958) y del Chame-Chame (1958), y en la Iglesia del Espíritu Santo do Cerrado en Uberlândia (1976-1982)… (…) Durante el primer periodo en que vivió en Salvador de Bahía, Lina Bo Bardi realizó el Museo de Artes Populares en el antiguo conjunto arquitectónico de la Unhão (1959-1963), que fue iniciado en el siglo XVI y que en el siglo XIX se convirtió en una de las primeras manufacturas de Brasil. (…) En su obra más conocida y celebrada, el Centro de ocio, cultura y deporte SESC (Serviço Social do Comercio) en el barrio popular de Pompéia en São Paulo (1977-1986), Bo Bardi aprovechó las preexistencias de una fábrica de bidones, respetando la estructura horizontal de los galpones existentes, potenciando el espacio libre de las calles interiores, y situando una nueva doble torre vertical de hormigón visto, como contrapunto. (…) Dedicada no solo a la arquitectura sino también al diseño de joyas y muebles y al montaje de exposiciones y escenografías teatrales, una de sus últimas obras fue la remodelación de un edificio existente para instalar el Teatro Oficina en São Paulo (1980-1991), dirigido por su amigo José Roberto Teixeira Coelho. (…) Su aportación a la teoría de la arquitectura fue clave con el texto Contribuição Propedeutica ao ensino da Teoria da arquitetura (1957), un alegato humanista en defensa de una arquitectura culta y ecológica, basada en los avances técnicos”.

También, en el texto citado, Montaner apuntará lo siguiente: “Lina Bo Bardi no solo ha sido la arquitecta contemporánea brasileña más reconocida e influyente sino que, al lado de Alison Smithson, Denise Scott-Brown y otras arquitectas, representa el contrapunto latino a la consolidación predominantemente angloamericana de las mujeres arquitectas. La breve serie de obras que llegó a realizar laboriosamente en Brasil se ha convertido en referente internacional muy admirado y de vigente actualidad, por su búsqueda de una arquitectura humana, sencilla y popular”.

La vida y obra de Lina Bo Bardi empieza a difundirse con una primera exposición realizada en 1989 (tres años antes de su muerte) en la Universidad de São Paulo y continua tras su desaparición en 1992, lo que suscitó una monografía y una exposición simultánea, realizadas el año siguiente por el Instituto consagrado a su memoria que terminó llegando a Caracas, como ya señalamos, en 1996. Sin embargo, el reconocimiento y difusión a fondo tanto en España como en el resto de Europa lo alcanza a raíz de la celebración del centenario de su nacimiento (2014).

7. Izquierda: portada del nº 180 de AV Monografías (2015) dedicado a Lina Bo Bardi. Derecha: tapa del catálogo de la exposición «Lina Bo Bardi: tupi or not tupí. Brasil, 1946-1992” montada en la Fundación Juan March, Madrid, entre el 5 de octubre de 2018 y el 13 de enero de 2019.
8. Izquierda: Vista de la exposición «Lina Bo Bardi Drawing» (Lina Bo Bardi dibuja), montada en la Fundación Joan Miró, Barcelona, del 15 de febrero al 26 de mayo de 2019. Derecha: invitación de la exposición «Lina Bo Bardi en Bahía», abierta del 14 de noviembre de 2019 al 26 de enero de 2020 por la Demarcación de Girona del Colegio de Arquitectos de Cataluña (COAC)
9. Vista de la exposición «Lina Bo Bardi: Habitat», Museo Jumex, del 30 de enero al 10 de mayo de 2020

Así, AV Monografías del 01/01/2015 le dedica el nº 180 y Luis Fernández-Galiano en el editorial titulado “La dea stanca” (“La diosa cansada”, término con el que Lina Bo se describía a sí misma) luego de suscribir lo dicho por Rowan Moore, para quien la italo-brasileña es “el arquitecto más infravalorado del siglo xx”, y avalar la descripción de Martin Filler que considera a Lina Bo Bardi por el carácter vital y apasionado de su persona y su obra, como “la Anna Magnani de la arquitectura”, lleva a cabo un recuento del “extraordinario reconocimiento editorial y expositivo” de que fue objeto por aquel entonces y sus inmediatos antecedentes. Fernández-Galiano tras reconocer un “paréntesis de silencio” desde el fallecimiento de Bo Bardi en 1992, señala “la publicación de la tesis doctoral de Olivia de Oliveira en 2006” como un breve resurgimiento “que las vísperas de su centenario cerraron definitivamente, con la exposición en la Bienal de Arquitectura de Venecia comisariada por Kazuyo Sejima en 2010, la edición de sus escritos por la AA londinense en 2012, la importante monografía de Zeuler R. Lima en 2013 y la muestra promovida en Múnich por Andres Lepik en 2014-2015, cuyo catálogo contiene ensayos de los más destacados especialistas, iniciativas todas que contribuyen a esclarecer la personalidad poliédrica de una figura ya mítica”.

Ya más recientemente, la Fundación Juan March, Madrid, montó la primera exposición antológica realizada en España titulada “Lina Bo Bardi: tupi or not tupí. Brasil, 1946-1992”, entre el 5 de octubre de 2018 y el 13 de enero de 2019 con curaduría de Mara Sánchez Llorens, Manuel Fontán del Junco y María Toledo, acompañada de un excelente catálogo. Allí se reunieron “348 obras –dibujos, pinturas, fotografías, objetos, esculturas, documentos y piezas de artesanía– no solo de Lina Bo Bardi, sino también de artistas internacionales que estaban preocupados por la transformación de las artes, la cultura y la sociedad para descubrir ese otro Brasil que no formaba parte del circuito ortodoxo del arte moderno pero que también estaba presente”.

Casi de inmediato, del 15 de febrero al 26 de mayo de 2019 (justo en momentos en que se declara la pandemia) la Fundación Joan Miró, de Barcelona, bajo la comisaría de Zeuler Rocha Lima, abre “Lina Bo Bardi Drawing” (Lina Bo Bardi dibuja) “primera exposición que habla específicamente el papel del diseño en la vida y obra de la arquitecta brasileña nacida en Italia”, retomando parte del material presentado en Madrid enfocándose hacia el dibujo. Cien dibujos, que descubrimos divididos en cinco temas: Las Plantas, Las Personas, Dibujar diseñando y diseñar dibujando, Ver y Vivir.

Del 14 de noviembre de 2019 al 26 de enero de 2020 la Demarcación de Girona del Colegio de Arquitectos de Cataluña (COAC) inauguró la exposición “Lina Bo Bardi a Bahía”, comisariada por la arquitecta Carla Zollinger otra demostración del interés por su obra en aquellas tierras.

Tan cerca como el año pasado (del 30 de enero al 10 de mayo) el Museo Jumex de Ciudad de México en alianza con el MASP (Museo de Arte de Sao Paulo) y el Museum of Conteporary Art Chicago (MCA Chicago) abrió sus puertas a la exposición Lina Bo Bardi: Habitat, con la curaduría conjunta de Julieta González (Museo Jumex); José Esparza Chong Cuy y Pamela Alper (MCA Chicago) y Tomás Toledo (MASP), cuyo punto de partida estuvo en el MASP (del 5 de abril al 28 de julio de 2019) y tuvo como punto de llegada el MCA Chicago (del 13 de junio al 27 de septiembre de 2020).

La exposición que incluyó “la presentación de obras de la Colección del MASP, exhibidas en los icónicos caballetes de vidrio diseñados por Bo Bardi para la pinacoteca de dicho museo, además de una recreación de su exposición A mão do povo brasileiro (La mano del pueblo brasileño) de 1969 (…) retoma el título de la revista Habitat -fundada por Bo Bardi y su esposo Pietro Maria Bardi, y editada por ellos entre 1950 y 1953-” y logra  “mediante una selección de dibujos, fotografías y mobiliario diseñado por Bo Bardi, presentar su trabajo como una práctica que modificó el canon de la arquitectura moderna en Brasil y la tarea educativa del museo al incorporar otros conocimientos adquiridos durante su acercamiento a la cultura popular”.

Lina Bo Bardi ha sido reconocida con el Premio a la trayectoria profesional in memoriam en la edición de la XVII Bienal de Arquitectura de Venecia, que abrió sus puertas al público el 22 de mayo y cerrará el 21 de noviembre de este año.

10. Semanario Arquitectura HOY, números 118, 140 y 144 del 05/08/1995, 27/01/1996 y 24/02/1996, respectivamente.

La exposición “La arquitectura de Lina Bo Bardi” fue reseñada durante su tour europeo por Enrique Fernández-Shaw en el nº 118 de Arquitectura HOY del 05/08/1995 y, tras su llegada a Caracas, por Carlos Javier Gómez de Llarena en los números 140 y 144 del 27/01/1996 y 24/02/1996, respectivamente, del mismo semanario.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. https://alchetron.com/Lina-Bo-Bardi y https://www.arquine.com/lina-bo-bardi-leon-de-oro-in-memoriam/

2. https://www.metalocus.es/es/noticias/cuaderno-de-viaje-casa-de-cristal

3, 5 y 6. https://www.arquitecturaydiseno.es/arquitectura/arquitectura-pionera-lina-bo-bardi_2109

4. https://www.australiandesignreview.com/architecture/beyond-the-modern-house/

7. https://es.scribd.com/document/453821642/av180-Lina-Bo-Bardi-pdf y https://www2.march.es/en/bibliotecas/publicaciones/ficha/fjm-pub/4441

8. https://www.fmirobcn.org/es/exposiciones/5747/lina-bo-bardi-dibuja y https://arquitectes.cat/ca/node/32709

9. https://artishockrevista.com/2020/06/29/lina-bo-bardi-habitat/

10. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

VALE LA PENA LEER

Poster de la exposición «Hassan Fathy a contracorriente» montada en La Casa Árabe de Madrid entre el 29 de enero y el 16
de mayo de 2021.

Con ocasión de la exposición «Hassan Fathy a contracorriente» montada por La Casa Árabe de Madrid entre el 29 de enero y el 16 de mayo del presente año, comisariada por José Tono Martínez, nos ha parecido de interés para nuestros lectores reproducir dos textos que aparecieron en momentos en que la capital española disfrutaba de la obra de quien es considerado el más importante arquitecto egipcio del siglo XX.

Cúpulas de la casa Fathy en Sidi Krier, 1971.

Fathy: vernáculo, sostenible e inclusivo

La Casa Árabe de Madrid se adentró entre el 29 de enero y el 16 de mayo a través de la exposición “Hassan Fathy: a contracorriente” en la obra del controvertido arquitecto egipcio que construyó identidad con tierra, lógica y conocimiento de la tradición

Anatxu Zabalbeascoa

20 de abril 2021

Tomado de elpais.com

Pintoresco, el adjetivo que con frecuencia empleamos para calificar las arquitecturas que construyen una identidad sólida y arraigada, pero alejada de la modernidad, viene del inglés picturesque y significa digno de aparecer en un cuadro (picture). Lo pintoresco en arquitectura se asocia a lo vernáculo. Suele trabajar recursos tradicionales —como las celosías en la parte más soleada del planeta, las casas encaladas del sur de España, las contraventanas coloreadas del Mediterráneo o las cubiertas de teja a dos aguas de los chalets suizos— y, con esa referencia a la cultura del lugar, indica respeto y construye identidad.

La obra del considerado mayor y mejor arquitecto egipcio del siglo XX, Hassan Fathy (Alejandría 1900- El Cairo, 1989) puede, desde una óptica extranjera, ser considerada pintoresca. Sin embargo, tiene ambición universal, recrea un lugar, ha quedado fuera del tiempo, construyó identidad, trabajó en favor de la sostenibilidad del planeta, plantó cara a los prejuicios y trató de encontrar la manera de construir con muy poco para que la vivienda fuera verdaderamente un derecho universal. ¿Lo consiguió? Seguramente mejor que la modernidad. ¿Trabajó realmente para los más necesitados? Fomentó la autoconstrucción, pero sus casas fueron fundamentalmente para intelectuales y artistas ¿Cuál es entonces la vigencia de su obra? Comisariada por José Tono Martínez, la exposición en la Casa Árabe de Madrid, Hassan Fathy a contracorriente trató de contestar a esas preguntas.

Hassan Fathy, en su estudio del palacio Ali Effendi, distrito de Dar el-Labbana, El Cairo.

Fathy conoció su país viajando de El Cairo a Alejandría. Ese traslado, entre la casa de su padre y la de la familia de su madre, marcó su manera de mirar. El padre, juez de instrucción, evitaba el campo “un lugar lleno de mosquitos y agua contaminada”. Fathy recuerda que solo llegaba hasta allí para cobrar el alquiler de sus tierras. El arquitecto tenía 27 años la primera vez que pisó un suelo que no fuera urbano. Su madre, en cambio, se había criado en el campo. En la ciudad echaba en falta a los animales. Sabía cómo autoabastecerse. Estaba convencida de que la ansiedad de la ciudad desaparecía en el campo. Fue ella la que despertó el amor de Fathy por la naturaleza hasta el punto de que, tras estudiar escultura y violín, quiso ser agricultor antes de convertirse finalmente en arquitecto.

Formado en El Cairo y luego en París, Fathy fue un joven rico que decidió trabajar más que para los pobres como los pobres: diseñó innumerables viviendas para artistas. Superada una fase inicial moderna en la que en una escuela primaria ideó una cubierta plana y empleó ventanas con carpintería de aluminio y levantó edificios modernos como el casino Bosphoro o la imprenta Mustafá-Bey —ambos demolidos— Fathy regresó a la tierra: a los patios y a las celosías, es decir, a las tradiciones y a la lógica del lugar.

Detalle de la cúpula y la celosía de barro de la Casa Casaroni, de 1981.

La recuperación vernácula de elementos como los patios, de materiales como el ladrillo secado al sol o de técnicas de construcción de cúpulas y bóvedas sin armazón arraiga su aportación y la hace exportable. Diseñaba con el lenguaje universal de los países con exceso de soleamiento. Y diseñaba con el lenguaje universal de los pobres: los medios escasos y locales utilizados durante siglos.

El comisario de esta muestra, José Tono Martínez, lo presenta como “un visionario, uno de los fundadores de la arquitectura sostenible afincada en las tradiciones vernáculas en tiempos de Estilo Internacional”. Explica que Fathy quiso empoderar a los campesinos para que produjeran sus propios materiales. “No quería que el orientalismo remplazara a Oriente”. “Convivir con el desierto significó para él aislarse del desierto, y crear un espacio interior resguardado, con fuente y pozo los símbolos de vida”. Martínez destaca la importancia de los artesanos, que decoraban con símbolos la simbólica puerta de entrada y construían con técnicas pretecnológicas. Y explica, en un catálogo publicado por Ediciones Asimétricas, que su oposición a la arquitectura repetitiva le valió enemigos en el ámbito de la industria y la construcción a gran escala.

Detalle de la celosía de barro en la aldea Nueva Gourna (1948), donde se trasladó a la población que ocupaba el sitio arqueológico de Luxor.

Para ser el arquitecto de los pobres que tenía reputación de ser, Fathy trabajó como arquitecto de los poderosos, esa misma reputación lo había convertido en un artista. ¿Qué hizo que un joven burgués formado en París le plantara cara a Le Corbusier y se interesara por la arquitectura más pobre? Una visita a su hermano en Asuán. En 1941, conoció la técnica nubia tradicional para construir bóvedas y cúpulas sin ningún tipo de estructura de armazón, pero con más paja que ladrillo para conseguir ligereza. Conocer esa técnica le hizo entender el sentido de la arquitectura que ya no dejó de construir. Más allá de honrar la lógica del genius loci, su arquitectura reconstruía la identidad que apenas llevaba dos décadas de independencia (1922) y que formaba parte del protectorado británico.

Fathy busca en las raíces, en la tradición constructiva de los no arquitectos, la vía para recuperar la arquitectura egipcia y el paisaje de su país. Para él, como para Dante, lo nuevo era simplemente lo que no merecía ser antiguo. La muestra contó con ejemplos de arquitectura construida con barro en España y con la mirada de la fotógrafa Hannah Collins adentrándose en la arquitectura de Fathy.

Hassan Fathy. Dibujo para la casa Hamdi Seif Al-Nasr, El Fayum, 1944.

Hassan Fathy y la belleza innata del adobe

La Casa Árabe recuerda al llamado arquitecto de los pobres

1 de febrero de 2021

Tomado de masdearte.com

Antes de que las cátedras de arquitectura analizaran materiales apropiados a la sostenibilidad, Hassan Fathy, nacido en Alejandría en 1900 y figura clave de la disciplina en Egipto, ya estudió las cualidades del nada contemporáneo adobe (arcillas y arenas secadas al sol y mezcladas con paja) en cuanto recurso constructivo barato, fácilmente disponible en amplias zonas del planeta y con muy beneficiosas propiedades como aislante térmico. Especialmente en el desierto, dada la diferencia de temperaturas entre día y noche, su uso cuenta con una extensa tradición.

De espíritu tan místico como ilustrado, Fathy siempre valoró la historia pasada de la arquitectura y su imbricación en distintos países y climas (En otro tiempo, había una belleza innata en todo lo que nos rodeaba: éramos nosotros mismos, dijo) y se opuso, por tanto, a las tendencias neocolonialistas que pretendían homogeneizar también los rasgos constructivos internacionalmente. Se esforzó en dirigir su mirada a las raíces, en su caso a las propias de la cultura nubia del sur, con sus cúpulas, arcos y bóvedas inclinadas, sin armazón, presentes en la región desde hace siglos.

Durante la II Guerra Mundial, se codeó con intelectuales y artistas del colectivo Friends of Art and Life, del que formaron parte el escritor Naghib Mahfuz o Hamed Said, para quien Fathy (también pintor, poeta y pensador) diseñó un estudio elaborado justamente con ladrillos de adobe: la casa Toub Al Akhdar de Marg. Ese grupo, pionero de la educación social en Egipto, animó a sus estudiantes a convivir, tanto como a trabajar, con campesinos y artistas rurales y también defendió la artesanía y los viejos oficios, en línea con las pretensiones de las construcciones de ese autor.

No hay que olvidar que Fathy inició su trayectoria cuando su país acababa de independizarse del Reino Unido y se gestaba un movimiento político y cultural que pretendía la autoafirmación y también alcanzar una modernidad desde cánones propios: la Nahda. Ya consolidada su labor, entre 1957 y 1962 colaboraría con Constantino A. Doxiadis, fundador del Centro Ateniense de Ekística, la llamada ciencia del hábitat, y en 1976 fundó el Instituto Internacional de Tecnología Apropiada. Entre los galardones que recibió hasta su muerte, en 1989, se encuentra el Aga Khan de Arquitectura o el Right Livelihood Award.

Hasta el próximo mayo, y bajo el comisariado de José Tono Martínez, podemos visitar en la Casa Árabe madrileña “Hassan Fathy: a contracorriente”, una exhibición que da cuenta de esos principios de arraigo y sostenibilidad que determinaron la obra del egipcio a través de planos, maquetas y fotografías; especial protagonismo cobra, entre sus más de 120 proyectos, el del New Gourna (Nueva Gourna) de Luxor, que desarrolló en la segunda mitad de la década de los cuarenta y que hoy consideramos ejemplo de planteamiento urbano integral, hasta el punto de ser protegido por el World Monuments Fund y la UNESCO.

Fathy trabajó en este poblado, desde postulados ecológicos, por encargo del Departamento de Antigüedades egipcio, sirviéndose de materiales y técnicas locales (y del análisis de los usos y costumbres de los habitantes de la zona, que se mantenían del expolio de las tumbas del Valle de los Reyes) para reubicar el Viejo Gurna, una comunidad de arqueólogos aficionados que pretendía paliar justamente saqueos y daños en los yacimientos faraónicos y también velar por el buen desarrollo del incipiente turismo. Solo parte de los propósitos de Fathy pudieron llevarse a cabo, debido a complicaciones políticas y financieras y a la oposición de parte de la población a la reubicación; además, se ha perdido casi la mitad de los edificios originales. Hasta hace unos años, Nueva Gourna continuaba siendo un asentamiento vivo y con historia en curso, con viviendas e instalaciones públicas a disposición de sus habitantes, pero la revolución de 2011 frenó su restauración y hoy se encuentra en decadencia, difuminándose en la periferia de Luxor, dominada por el hormigón.

Hassan Fathy. Mezquita Nuevo Gourna, 1945.

Los retos planteados aquí por Fathy (plasmados en el conocido ensayo Architecture for the Poor: An Experiment in Rural Egypt), se adelantaron, en dos generaciones, a inquietudes que desarrollarían autores internacionales como el chileno Alejandro Aravena, el burkinés Francis Kéré o la francesa Anne Lacaton. A saber: Fathy esperaba que esa nueva ciudad, que contaba con teatro al aire libre, mercado cubierto, mezquita, escuelas y almacenamiento de agua potable, se convirtiera en un lugar con un sistema de vida sostenible, mirando al futuro, sin depender del expolio. Su fuente de inspiración fueron los pueblos de adobe de esta zona, los asentamientos beduinos, los templos romanos y las aldeas nubias de Asuán, a orillas del Nilo; sus técnicas antiguas evitaban el uso de soportes costosos de madera y el empleo de técnicas sostenibles de enfriamiento de aire y agua.

Hablando de agua, en la década de los sesenta se descubrieron reservas acuíferas subterráneas en el oasis de Kharga y aquí a Fathy le encargaron la construcción de New Baris, otro pueblo levantado con ladrillos de adobe que debía transformarse en una comunidad sostenible que creciera y exportase frutas y verduras del desierto. Para lograr almacenar esos productos tan perecederos en el nuevo asentamiento, el arquitecto ideó un sistema con pozos de ventilación y torres secundarias que acelerase la circulación de aire, haciendo descender las temperaturas externas más de quince grados. También New Baris quedó inacabado, en 1967 y a causa de la guerra.

No son los únicos proyectos reflejados en esta exposición: también podemos ver documentos relativos a las casas Hamid Said y Hamdi Seif al-Nasr de El Fayum, la  Mezquita de Lulu at al-Sahara de El Cairo, el apartamento de Shahira Mehrez, en la misma ciudad; Costa Norte Sidi Krier, la Casa Fathy, la Casa Casaroni de Shabramant, la Villa Dar al-Islam de Albiquiu, en Nuevo México, o un trabajo español: Sa Bassa Blanca, en Alcudia (Mallorca).

Y tampoco Aravena, Kéré o Lacaton han sido los únicos en dejarse influir por el legado de Fathy: en Haré una canción y la cantaré en un teatro, rodeada de un aire nocturno, Hannah Collins dedicó a Nueva Gourna un conjunto de fotografías montadas en secuencia y proyectadas como un filme, junto a otras tomadas en grandes formatos. Su serie, que se presentó en 2019 en la Fundació Tàpies y también se recoge ahora en Casa Árabe, supone un tributo al arquitecto, pero también un deseo de contribuir a la consolidación de un urbanismo sostenible, barato y que mejore la vida de quienes más lo necesitan, como Fathy quiso.

El título de su propuesta tiene un porqué: el teatro al aire libre que el arquitecto quiso poner en marcha en Nueva Gourna y que no sería un escenario al uso, sino enraizado, como sus construcciones, en las tradiciones populares: los habitantes de esta aldea podrían cantar y recitar allí cuando quisieran.

La exhibición se complementa con gouaches de Fathy, con imágenes de su apartamento en el viejo Cairo, la Mansión Ali Effendi Labib; un panel centrado en la arquitectura de tierra en la Península Ibérica, con tipologías de técnicas y obras de estudios contemporáneos y una obra del artista Chant Avedissian, discípulo de Hassan Fathy, que ha cedido para la ocasión la Galería Sabrina Amrani.

Se trata de un vídeo en el que este creador egipcio, de origen armenio, filmó a los gatos del arquitecto en su casa (hay que recordar que estos animales en el antiguo Egipto eran símbolo de protección y belleza).

Nota final

El Catálogo de la exposición “Hassan Fathy: a contracorriente”, coordinado por J.T. Martínez y publicado por Ediciones Asimétricas, fue reseñado en el Contacto FAC nº 231 del 04/07/2021.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 271

Cuando entre el 27 de julio y el 28 de septiembre de 2014 se abrió en los espacios del Centro Cultural BOD (Banco Occidental de Descuento), La Castellana, Caracas, la exposición “KLAUS HEUFER Arquitecto. Arqueología de la modernidad”, auspiciada por Collectania, el BOD, la Fundación Fotografía Urbana y la Fundación Klaus Heufer, que contó con la curaduría de Rafael Pereira apoyada en la investigación realizada por Lorenzo González Casas, Henry Vicente, Orlando Marín y Karen Mata, con una cuidada museografía a cargo de José Luis Sánchez, montaje de Víctor Díaz y diseño gráfico de Sigfredo Chacón, se le ofreció la oportunidad al medio arquitectónico nacional de conocer por primera vez a profundidad la obra y figura de un arquitecto de dilatada presencia en el país que, además, ha dejado un muy relevante grupo de piezas construidas que permiten complementar la comprensión de la modernidad en tierras venezolanas.

1. Izquierda: Klaus Heufer en Maracay en fechas próximas a su llegada a Venezuela (cerca de 1954). Derecha: Vista general de la exposición “KLAUS HEUFER Arquitecto. Arqueología de la modernidad”

La promoción de la muestra, donde se pudieron apreciar maquetas, planos originales, fotografías y documentos personales del arquitecto, “a partir de los vestigios documentales rescatados, de sus edificaciones de mayor significación para nuestro acervo arquitectónico» simulando una «labor arqueológica”, como diría el propio Pereira, se basó en la selección del dibujo axonométrico que Heufer realizara para el proyecto (no construido) de la Casa Casado, Playa Grande, 1958, que hemos también escogido para engalanar nuestra postal del día de hoy.

Como bien señalara Pereira, la Casa Casado se convirtió en el “primer ejercicio de lo que Heufer llamó ‘casa patio moderna’ ”, donde el arquitecto de origen alemán nacido en 1923, formado en la Universidad Tecnológica de Braunschweig (la más antigua universidad tecnológica de Alemania), de donde egresa en 1950 bajo la tutoría del profesor Friedrich Wilhelm Krämer para luego llegar a Venezuela en 1952 contratado por Luis Malaussena (ver ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL, Contacto FAC nº 113, 17/02/2019), pone en práctica tanto su gran habilidad para el dibujo como la capacidad de integrar prácticas tradicionales provenientes de las enseñanzas de Krämer que le permitieron hacer una verdadera exploración en torno a la arquitectura doméstica de donde destaca su integración al medio ambiente, la continuidad espacial entre el interior y el exterior y el combinado equilibrio entre lo tradicional y lo moderno. De allí la paulatina asimilación por parte de Heufer de valores y elementos locales como el patio, el corredor y el alero que sumó al impacto producido por la luz, el color y la exuberancia vegetal de Caracas logrando resultados excepcionales.

2. Klaus Heufer. Casa H. Los Palos Grandes, Caracas, 1960

La ejercitación del tema del patio que la Casa Casado abre, tiene su punto culminante en 1960 cuando Heufer termina la quinta Loma Baja (en colaboración con Jorge Cvejic, Lomas del Mirador) y también su vivienda personal (la Casa H, Los Palos Grandes), síntesis entre el lenguaje de la arquitectura internacional y las exigencias del trópico donde Heufer, además, pone en práctica la integración de la madera de acuerdo con las prácticas y modos de uso artesanales de la arquitectura escandinava (que absorbió tras su pasantía como estudiante por Malmö, Suecia), la destreza y el refinamiento en el diseño de detalles constructivos, y la importancia de incorporar el mobiliario integrado a los ambientes

Se sumaba Heufer a una tradición que permitió al patio constituirse en motivo de exploración constante para el diseño de casas dentro del Movimiento Moderno. Así, desde la casa patio en forma de “L” que utilizó Hilberseimer en 1931 como unidad básica de repetición para la generación de sus entramados urbanos de desarrollo horizontal, hasta la serie de “casas con patio” de Mies van der Rohe también de 1931, donde gracias a la colaboración que ofrecen los muros exteriores y los de las parcelas vecinas se respondía más bien a la búsqueda y la experimentación de nuevas formas de organizar los espacios, lograr privacidad y responder a la orientación solar ideal, y no tanto a una influencia directa de la tradición donde el patio se ubicaba centralizadamente (que curiosamente si cumple la casa Mouche de Adolf Meyer -1923-), los pioneros centroeuropeos del Movimiento Moderno le abrirán paso sin proponérselo a la hibridación y transformaciones que posteriormente se darán cuando dicha arquitectura aterrice en contextos periféricos (empezando por el ámbito mediterráneo) y lo vernáculo logre adaptarse a las exigencias funcionales propias de la modernidad sin necesidad de renunciar a las identidades nacionales.

3. Mies van der Rohe. Tres casas patio, 1931-1938
4. Lado izquierdo: Josep Lluís Sert. Casa Sert, Cambridge, EEUU, 1957. Lado derecho: Arne Jacobsen. “Casas patio”, Berlín, 1957

Larga, pues, es la lista de experiencias a lo largo del siglo XX en las que el patio como herramienta y como espacio es utilizado y reinterpretado para resolver el hábitat moderno de mano de importantes arquitectos. Erich Mendelshon (“Casa Sternefeld, Berlín, 1923-24), Fernando García Mercadal (“Chalet a la orilla del mar”, 1926), Luigi Piccinato (“Casa coloniale”, 1932), Luigini Figini y Gino Pollini (“Villa-studio” para un artista, 1933) son algunos de ellos a los que se incorporarán a partir de 1940: Giuseppe Pagano, Franco Diotavelly e Irenio Marescotti (Propuesta para la “Cittá orizzontale”, Milán, 1940), Alvar Aalto (“Casa experimental”, Muuratsalo, 1952-53), Jørn Utzon (“Casas patio”, Helsingør, 1957), Arne Jacobsen (“Casas patio”, Berlín, 1957), Pennti Ahola (“Casas patio”, Tapiola, Finlandia, 1963), los casos emblemáticos de Josep Lluís Sert (Casa Sert, Cambridge, EEUU, 1957) y Marcel Breuer (“Casa Hooper, Baltimore, 1959), más las propuestas de agrupación y variación de Serge Chermayeff y Christopher Alexander (“Agrupaciones de casas con patio”, Chicago, 1953-61), por citar sólo unos cuantos ejemplos.

Heufer, por tanto, adquirirá en su formación alemana buena parte de los pasos que ya en su país se habían dado en lo relacionado a incorporar transformaciones tanto en la forma como en la función a la hora de utilizar el patio como elemento organizador de la vivienda, variando indistintamente su localización dentro del esquema compositivo en función de las condiciones climáticas imperantes. A ello agregará el aprendizaje derivado del estudio del modelo de casa-patio de la tradición colonial hispana.

5. Klaus Heufer. Quinta Loma Baja, Lomas del Mirador, 1960

Tal y como recoge Lorenzo Dávalos en el hermoso reportaje que apareció en su blog caracas 10N, 67W titulado “Klaus Heufer y su persistente pasión por los detalles”, del 27 de agosto de 2013 (https://caracas1067.wordpress.com/2013/08/27/la-persistente-pasion-por-los-detalles-de-klaus-heufer-1/) con motivo de la celebración de los 90 años del arquitecto alemán: “Más estrictamente, las casas de Heufer son variaciones modernas de ese estilo de casa. El término patio designa una diversidad de espacios (techados o no) que están ubicados en el límite entre el exterior y el interior de la casa y que se puede utilizar para comer o socializar. Dos variantes de este espacio que han sido felizmente integradas en casas modernas son: el atrium y el lanai. Se define como atrium a un espacio sin techo ubicado en el centro de la casa, y como lanai (término de origen hawaiano recuperado por arquitectos como Vladimir Ossipoff, 1907-1998) o porche, a los espacios sin paredes pero con techo y paneles de vidrio corredizos que separan este espacio del exterior”.

Lo anterior coincidiría con la apreciación que acerca de la simbología del patio establece Patricia Blanco Fernández en su trabajo titulado “La casa patio en el Movimiento Moderno. Orígenes y transformaciones” (2020)   (http://oa.upm.es/62774/1/TFG_Jun20_Blanco_Fernandez_Patricia.pdf), y el cambio que sufrió en su significado ancestral: “En el siglo XX, sin embargo, en plena era de la Modernidad y de la máquina, donde la razón y la ciencia tenían un mayor peso en la sociedad que las creencias religiosas, la mirada del hombre moderno se dirigía, en vez de al cielo, a la tierra, donde ‘[…] se [encontraba] la ciencia, el progreso, la vida’. Por tanto, el patio, cuya apertura cenital había creado tensiones verticales en su versión tradicional, pasaba a transformarse en un espacio de tensión horizontal que, junto con los grandes huecos acristalados, permitía establecer una conexión directa con el paisaje. Además, a través de la introducción de la naturaleza en el patio, los arquitectos modernos conseguían integrar la arquitectura en el paisaje, lo artificial en lo natural, eliminando así las fronteras que siempre los había separado y haciendo del tipo doméstico tradicional de la casa patio, una vez más, una herramienta muy útil para solucionar los problemas del habitar moderno”.

Concebido como espacio de transición entre la naturaleza y la arquitectura, la cita de Alvar Aalto extraída por Blanco Fernández del texto “Del umbral a la sala de estar” (1926), reeditado en En contacto con Alvar Aalto (Arquitectura Viva, 1993), complementaría la explicación adelantada por Dávalos. Afirma Aalto: “El verdadero umbral de nuestros hogares se atraviesa en el momento en que pasamos de la calle o el camino al jardín. […] El jardín (el patio) forma parte de la casa, en la misma medida que cualquiera de sus habitaciones. […] Una sala, grande y ventilada, con su chimenea, su embaldosado visible y un tratamiento formal que la distingue de los demás espacios. […] Es la metáfora del aire libre bajo el tejado de la casa. Constituye, pues, el pariente lejano del atrium de las casas patricias de Pompeya, cuyo techo era el cielo real. […] Bien empleada, esta sutileza –el recibidor tratado como espacio al aire libre– es un fragmento de la piedra filosofal”.

6. Klaus Heufer. Casa Casado, Playa Grande, Litoral Central, 1958. Maqueta del proyecto

Heufer con maestría logra plasmar en la “playera” y generosa Casa Casado (apreciable a través del dibujo que hoy publicamos y la maqueta elaborada para la exposición ya mencionada), diversas variantes de lo que durante mucho tiempo se denominó como “casa-patio” pero que sin duda en este caso se suma a la categoría de “casa con patios”, donde la multiplicidad de ellos permiten hablar de lo contenido y lo abierto, el interior y el exterior, lo techado y lo descubierto como características que no alteran su rol esencial y su condición de “elemento eternamente joven de la arquitectura”, tal y como lo definió Carlos Raúl Villanueva.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1 y 6. https://sancheztaffurarquitecto.wordpress.com/2014/08/11/exposicion-klaus-heufer-arquitecto-arqueologia-de-la-modernidad-rafael-pereira-escalona-b-o-d-centro-cultural-caracas/

2. https://caracas1067.wordpress.com/2013/10/09/klaus-heufer-y-su-persistente-pasion-por-los-detalles-2/, https://sancheztaffurarquitecto.wordpress.com/2014/08/11/exposicion-klaus-heufer-arquitecto-arqueologia-de-la-modernidad-rafael-pereira-escalona-b-o-d-centro-cultural-caracas/ y Colección Crono Arquitectura Venezuela

3. https://helio-pinon.org/proyecto-tres_casas_patio_i69598

4. https://circarq.wordpress.com/2013/08/24/casa-sert/, http://arquitextosblog.blogspot.com/2016/09/casa-sert-en-cambridge.html, https://www.urbipedia.org/hoja/4_viviendas_en_H%C3%A4ndelallee y https://www.pinterest.es/pin/541628292677199954/

5. https://materialesamv.tumblr.com/post/126585778169/casa-lomabaja-caracas-1960-arquitecto-klaus, https://coleccioncisneros.org/es/editorial/cite-site-sights/la-villa-moderna-en-caracas, http://guiaccs.com/obras/quinta-lomabaja/ y https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/42434/1/Buscando%20a%20Heinrich%20Thede.pdf