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La Caracas de Musk: crónica de una redención tecnológica

¿Puede la tecnología prevalecer sobre el urbanismo y la arquitectura como mecanismo para dar nueva forma a la ciudad?

Iván González Viso

Caracas tiene esa mística de «ciudad del futuro» grabada en su ADN desde los años 50, cuando la arquitectura de Carlos Raúl Villanueva y la explosión de la modernidad hasta sus últimas consecuencias la pusieron en el mapa mundial. Basta recorrer con la mirada el valle, para advertir los estratos de una modernidad que en los años cincuenta pretendió ser vanguardia mundial.

Tras el expectante retorno de la democracia, la ciudad asiste hoy a un nuevo palimpsesto: el desembarco de Elon Musk. No se trata de una simple inversión de capital, sino de una propuesta de urbanismo de urgencia que busca devolverle a Caracas su destino de ciudad del futuro.

Elon Musk ha aterrizado en una Caracas democrática que se repone progresivamente del delirio revolucionario, con el cheque en blanco de su ingenio y sus empresas, sin limitarse a «arreglar» cosas; buscando un reinicio total del sistema operativo de la ciudad, amparado el el modus operandi de Space X, Tesla, Hyperloop y The Boring Company, para transformar el valle de Caracas y llevarlo a la cúspide del desarrollo global.

Esta redención comenzará, según Musk, en las entrañas mismas de la ciudad. El Metro, ese antiguo orgullo que terminó siendo un laberinto de asfixia y penumbra, se transformará bajo la lógica del CCS-Loop. Ya no habrá trenes que chirrían ni esperas que se miden en décadas de desidia. A partir de ahora, unas cápsulas autónomas, casi etéreas, se deslizarán por túneles presurizados eliminando la fricción de la distancia. Será curioso ver cómo la arquitectura de lo invisible dictará ahora el ritmo de lo público: se podrá ir de Los Dos Caminos al Silencio en un suspiro, mientras un sistema de filtrado aeroespacial —el mismo que Musk diseñó para Marte— purifica el aire de los andenes hasta volverlo más límpido que el de la superficie. Es la dignidad del tránsito recuperada.

Arriba, según Musk, la piel de la ciudad también cambiará. Las autopistas, esas cicatrices de asfalto que solían estar taponadas por el humo, se volverán silenciosas. Gracias a la carga por inducción y a una red de inteligencia artificial que coordina el flujo vehicular como si fuera un ballet de silicio, los Distribuidores El Ciempiés, La Araña o El Pulpo ya no serán un nudo de angustia. Caracas dejará de rugir para empezar a zumbar. El ruido blanco del valle será sustituido por el sonido de la brisa, permitiéndonos escuchar de nuevo el carácter de nuestra propia geografía y el clamor de las guacamayas.

Pero el gesto más audaz de futurismo se respira en La Carlota. Lo que antes era una barrera militar de asfalto muerto, será un Giga-Port. Un vacío que, por fin, se ha llenado de sentido. Un parque botánico que servirá de nido para taxis aéreos que conectan la montaña con el mar en cinco minutos, rodeado de edificios modulares que no agreden el paisaje, sino que lo celebran. Es la vivienda entendida como un prototipo de eficiencia extrema, donde el sol no es un enemigo que calienta las paredes, sino el combustible que alimenta la vida interior.

Y si elevamos la mirada hacia las laderas, donde el barrio siempre fue la evidencia de nuestra modernidad fallida, la transformación es casi mística. Musk no llegará con el mazo de la demolición, sino con el ingenio de la escala. Las «Tesla Homes», impresas en 3D, estabilizaran la incertidumbre de los cerros con techos solares y baterías Powerwall, donde cada hogar en Petare es ahora una unidad soberana. El habitante de la periferia ya no tendrá que esperar a que un Estado lejano le conceda el favor de la energía; él capturará su propia luz. Con la conectividad de Starlink, ese joven que antes estaba segregado por la topografía hoy habitará el mismo presente digital que un ingeniero en Berlín.

Incluso el Guaire, ese río que fue nuestra cloaca moral durante un siglo, fluirá ahora con transparencia. Tras un saneamiento modular con filtros de grafeno, el «Cyber-Malecón» de Musk se convertirá en el eje de una ciudad que ya no divide el norte del sur.

En la visión de Musk, la ciudad no solo consume tecnología, sino que la produce. Esta redención técnica exigirá un corazón industrial, “la Gigafactory de Caracas”, una estructura de escala kilométrica situada estratégicamente en el umbral de los Valles del Tuy. No es una fábrica al uso; es un organismo de arquitectura sostenible que produce las celdas de combustible y los vehículos eléctricos para toda la región.

La implementación de esta planta reactivará el tejido social de las ciudades dormitorio, transformándolas en centros de empleo calificado. Pero la verdadera innovación caminará entre nosotros: el despliegue de Tesla Optimus. Robots humanoides que se convertirán en los nuevos guardianes del espacio público. Encargados del mantenimiento quirúrgico de las vías y de una recolección de desechos gestionada por algoritmos de eficiencia, los Optimus asegurarán que la ciudad funcione con la precisión de un reloj suizo, permitiendo que el ciudadano se dedique, por fin, a lo que es esencialmente humano: la contemplación y el encuentro en el espacio público.

La presencia del Ávila, ese muro de vegetación que define nuestra identidad, será elevada a una nueva categoría de preservación mediante la Vigilancia Sensorial. Ya no dependemos de la mirada azarosa; hoy, el parque nacional es el bosque más monitoreado del planeta de manera inteligente para controlar invasiones, incendios y ecocidios.

Una red de sensores térmicos y drones autónomos patrullará las crestas del cerro, detectando focos de incendio o intentos de deforestación antes de que el ojo humano pueda advertirlos. La tecnología será el sistema inmunológico del ecosistema.

Por otro lado, en las cercanías de los Altos Mirandinos, aprovechando el histórico ecosistema científico del IVIC, se establecerá un centro de investigación de materiales aeroespaciales junto a Space X. Caracas no lanzará cohetes, pero diseñará las aleaciones que los llevarán a Marte. Esta sinergia entre el aire puro de la montaña y la ciencia de vanguardia convertirá a la ciudad en un nodo de turismo de élite y conocimiento, donde científicos de todo el orbe vienen a estudiar cómo la tecnología puede convivir, en perfecta armonía, con un parque nacional.

¿Es esta Caracas de Musk una tecnocracia sin alma? Yo diría que es lo contrario. Es la técnica puesta al servicio de la morfología, una redención que nos perdona la geografía y nos devuelve la capacidad de diseñar nuestro destino. Caracas no ha perdido su esencia caribeña; simplemente ha aprendido a viajar a la velocidad de la luz. El Ávila sigue ahí, impasible, pero la ciudad que duerme a sus pies ya no es una promesa postergada. Es, por fin, una realidad redimida para transformar errores en gracia y crecimiento.

INVITACIÓN

COTA MIL

Una invitación a participar

Transitar por la Cota Mil es, para cualquier caraqueño, un acto de reconciliación con la ciudad. A esa altura, el caos del valle se ordena, el rumor de la ciudad se disipa y el paisaje se nos entrega como un escenario geográfico donde cada edificio y cada calle revelan su intención original.

Cota Mil nace con esa misma voluntad de ascenso: la de alejarnos de la urgencia del asfalto para entender el dibujo completo. Con la ambición de añadir profundidad al debate urbano nos proponemos observar a Caracas no como un problema que resolver, sino como una arquitectura que pensar. Buscamos que estas líneas sean ese mirador donde la teoría y la práctica convergen, recordándonos que, para proyectar el futuro de nuestro valle, primero debemos ser capaces de contemplar, con lucidez y rigor, el horizonte que hemos construido.

Hoy, con la aparición del Contacto FAC nº450, inauguramos este espacio de opinión abierto a las contribuciones de arquitectos, urbanistas, sociólogos, estudiantes y todo aquel que tenga una reflexión rigurosa que aportar a nuestra comunidad.

En un presente que nos urge a la inmediatez, esta columna propone una pausa necesaria para entender que cada edificio, cada plaza y cada acera es, en realidad, un punto de convergencia entre nuestras memorias y nuestras aspiraciones colectivas. Con el rigor que exige la buena arquitectura, Cota Mil aparecerá con periodicidad mensual, ofreciendo un coro de visiones sobre el fenómeno urbano, que invite al debate académico y ciudadano.

Cada mirada cuenta para completar el mapa de nuestra urbe. Esperamos tu visión para que, juntos, sigamos trazando el futuro de nuestra arquitectura y ciudad.

Envío de Propuestas y Colaboraciones

Invitamos a los interesados en participar en Cota Mil a enviar sus textos y propuestas editoriales para nuestra consideración.

  • Canal de recepción: Las colaboraciones deberán remitirse exclusivamente vía correo electrónico a la dirección: f.arquitecturayciudad@gmail.com
  • Asunto del correo: Colaboración Cota Mil- [Nombre del autor]
  • Requisitos de formato: El texto debe enviarse en formato Word (máximo 2 cuartillas), acompañado de una breve reseña biográfica del autor (no mayor a 5 líneas) y, opcionalmente, una imagen sugerida en alta resolución con sus respectivos créditos.
  • Cierre: Las colaboraciones serán seleccionadas por nuestro comité editorial bajo criterios de calidad y relevancia para el debate contemporáneo.

Nota Editorial y Términos de Colaboración

La Fundación Arquitectura y Ciudad se reserva el derecho de selección y publicación de los textos recibidos, de acuerdo con la relevancia temática y la disponibilidad de espacio en cada edición mensual.

Al enviar su propuesta, el autor autoriza a la Fundación a realizar ajustes de edición, corrección de estilo y titulación, siempre respetando el sentido original del contenido. Asimismo, el colaborador declara ser el autor original del texto y cede el derecho de difusión no exclusiva para su publicación en este boletín y en las plataformas digitales de la institución. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de sus autores.

Para esta primera entrega en el boletín Contacto FAC nº 450, hemos hecho un ejercicio de imaginar el futuro de la ciudad a partir de la tecnología emergente, que hoy parece arropar todos los ámbitos el mundo de forma acelerada. Una crónica a futuro. ¡Esperamos la disfruten!

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 438

En los años setenta del siglo XX, la creciente demanda del transporte urbano había generado serios problemas de tránsito en las grandes ciudades, incluyendo Caracas. Para abordar estos problemas, se llevaron a cabo importantes obras de ingeniería vial, lo cual implicó un enorme y destacado esfuerzo por parte del Ministerio de Obras Públicas de Venezuela, que buscaba resolverlos y con ello transformar la ciudad contando para ello con los mejores profesionales del país.

En tal sentido, el artículo titulado “Autopistas y distribuidores de Venezuela”, publicado en la revista Informes de la Construcción, Volumen 25, número 246, aparecido en diciembre de 1972, da cuenta de las principales obras viales que para ese momento buscaban perfeccionar la circulación urbana de Caracas construyendo un sistema de arterias muy eficiente con dispositivos de cronometraje de tránsito.

1. Primera página del artículo “Autopistas y distribuidores de Venezuela”, publicado en la revista Informes de la Construcción, Volumen 25, número 246, 1972. La imagen corresponde a una toma aérea del Distribuidor «Baralt Sur».

Así, las autopistas y distribuidores que se construyeron en Caracas, se transformarían paulatinamente en el hecho urbano más visible de una sociedad que había asumido al automóvil como su principal medio de transporte y, siendo ellos los sistemas que facilitaban su conectividad, empezaron a cobrar un particular rol tanto al interior de la estructura urbana como con el resto del país. Dicho en otras palabras, la movilidad, soportada en el desarrollo económico venezolano derivado de la industria petrolera, adquirió en la ciudad capital, más que en ninguna otra ciudad en el continente, un protagonismo central en la definición de la forma urbana.

2. Superposición de los planos nº 2 y nº 3 de la proposición de la Asociación Venezolana de Ingenieros y el MOP. Octubre/noviembre 1936.

La preeminencia de la red de la vialidad arterial como intervención pública sobre la geomorfología del territorio, se extendió en Caracas cruzando toda la ciudad a lo largo de los más de 20 km del valle principal, desarrollándose en paralelo y a veces tangente al curso del río Guaire en una continuidad compleja que se interconecta mediante distribuidores con otros ramales de cuencas secundarias. En este sentido, su construcción y secuencia introdujeron una gran acción urbanizadora a lo largo y ancho de la región.

3. Plan Rotival. Plano de la circulación futura por las nuevas avenidas y calles. 1939.

En estricto rigor, la red de autopistas, constituyó una intervención concordante con la escala y sentido geográfico del valle, y, en cierta medida, le otorgaron un reconocimiento y concreción urbanística a la condición lineal que los instrumentos de planificación elaborados desde los años cuarenta habían planteado como forma de crecimiento de la ciudad, facilitando las conexiones transversales con otros espacios geográficos secundarios.

4. Plano ESSO, «Caracas y sus alrededores». Incluido en el Mapa del Norte de los Estados Unidos de Venezuela, IV Edición. 1946.

El trazado de las infraestructuras viarias y la organización espacial de estos elementos de movilidad urbana, que ocuparon sectores residuales y vacíos urbanos que dejaba el río Guaire en su paso por la ciudad, salvando los obstáculos topográficos, permitió la construcción de soluciones difíciles y costosas que se constituyeron en una columna vertebral que enlazó toda la ciudad y diferentes partes de ella, eliminando su condición fragmentaria quedando entrelazadas entre sí.

Quizás valga la pena recordar que con el trazado vial propuesto en el Plan Rotival en 1939 como guía, el cual tendría como primer impacto el insuficiente Plan Director de Calles y Avenidas de 1940, y que con el impulso del Plan Arterial para Caracas de Robert Moses (1948) derivaría en la aprobación en 1951 del Plano Regulador y el Plan Municipal de Vialidad, la capital vería como desde la construcción de la avenida Bolívar (1949), del primer tramo de la Autopista del Este hasta Chacao (1953), el enlace entre ambas (1954) y las sucesivas ampliaciones de la última (que en 1955 la hacen llegar hasta Petare y en 1956 desde Puente Mohedano a El Paraíso en sentido oeste), sin dejar de nombrar la construcción de la autopista Valle-Coche (1955), su paisaje se fue llenando paulatinamente de obras y arterias viales que buscaron absorber el creciente volumen del tránsito caraqueño. De esa manera, se buscó interconectar a las urbanizaciones residenciales con los centros industriales y comerciales, evitando en lo posible el congestionamiento en zonas densamente pobladas y buscando darle fluidez al tráfico entre los diversos sectores de la ciudad.

5. Robert Moses. Plan arterial para Caracas (1948).
6. Plan Municipal de vialidad de Caracas (1951). Clasificación de vías según su jerarquía editado en 1953.
7. c.1972. Vialidad arterial programada para ser construida por el MOP durante el período 1969-1974. Plano publicado sin mayores referencias en el artículo “Autopistas y distribuidores de Venezuela”.

Obras como el Distribuidor «El Ciempiés» (1972), la Autopista «La Araña-Caricuao» (1970), el Distribuidor «Baralt-Sur» (1971) y la Avenida «Boyacá” (iniciada en 1956 con el tramo Maripérez-La Florida y continuada en 1962 de Maripérez a San Bernardino, pero que en 1971 recibirá un sostenido impulso que le permitirá extenderse de La Florida a El Marqués y en 1973 de San Bernardino a la Avenida Baralt), que se sumaron a los distribuidores Plaza Venezuela (1954), Altamira (1955) y La Carlota (1956) sobre la autopista del Este; La Bandera (1956) sobre la autopista Valle-Coche; “El Pulpo” (1961) que uniría la autopista del Este con la Valle-Coche; y “La Araña” (1962-1968) que resolvería la conexión desde la autopista Francisco Fajardo con la Caracas-La Guaira y de ambas con la Valle-Coche, cambiaron la fisonomía de la ciudad.

8. Distribuidor «El Ciempiés».

Acerca de las obras ejecutadas durante el período de gobierno de Rafael Caldera (1969-1974), con el ingeniero José Curiel al frente del MOP, podemos apuntar, con el auxilio del articulo ya mencionado que, en primer lugar, el Distribuidor «El Ciempiés» fue una obra clave en la red vial de Caracas, facilitando el flujo de tráfico entre la Autopista del Este, la Avenida Pichincha, Chacao, Las Mercedes, Prados del Este, y Baruta, entre otros. La estructura principal del distribuidor incluyó una rampa elevada y el Puente Veracruz II, que descongestionaba el antiguo Puente Veracruz. La obra fue diseñada y construida utilizando modernas técnicas de ingeniería, con un enfoque especial en la seguridad vial.

9. Autopista «La Araña-Caricuao».

Por otra parte, la Autopista «La Araña-Caricuao» se integró a la red vial este-oeste de Caracas protagonizada por la autopista Francisco Fajardo que ya había llegado hasta Petare alcanzando una longitud de 20 Kms. El tramo propiamente dicho (de 10 kms) comienza en el núcleo central del Dispositivo La Araña (el cual se completó en todos sus movimientos) y finaliza en Caricuao, importante desarrollo habitacional emprendido desde el Estado. En su diseño incluyó dos vías con dos canales de circulación cada una, el encajonamiento del río Guaire y la construcción de colectores marginales para el control de inundaciones y saneamiento del suelo. La obra se completó en un tiempo récord de 9 meses, demostrando el compromiso del gobierno con la solución de problemas urbanos.

10. Distribuidor «Baralt-Sur».

El Distribuidor «Baralt-Sur», otra importante obra del período, se concibió para conectar el casco central de Caracas con el sistema de vías expresas, resolviendo problemas de congestionamiento en la zona. Este conector enlaza la zona de Puente de Hierro y El Paraíso y, a través de una serie de rampas y estructuras elevadas, buscaba mejorar la fluidez del tráfico. La obra incluyó expropiaciones y modificaciones en la Avenida Páez para garantizar una mejor circulación.

11. Avenida «Boyacá». Distribuidor Altamira

En cuanto a la Avenida Boyacá situada al norte de Caracas, cuyo trazado se muestra en el plano del Ministerio de Obras Públicas que ilustra la postal, se extiende a lo largo del Valle de Caracas, al pie del Parque Nacional El Ávila, con una longitud de 22 km y contempla quince distribuidores de tránsito repartidos a todo lo largo de su recorrido: Baralt, San Bernardino, Maripérez, Alta Florida, La Castellana, Altamira, Sebucán, Boleíta, el Marqués, Cota Mil, Universidad, La Urbina, Petare, Macaracuay y la California. El distribuidor “Cota 1000” (o Boyacá) marca el final de la vía y la conecta con la autopista que une Petare con las poblaciones de Guarenas y Guatire y con la prolongación de la Autopista del Este o Francisco Fajardo.

12. Avenida «Boyacá». Distribuidor La Castellana

Conviene aquí señalar que la Avenida Boyacá siempre fue considerada como una de las dos arterias perimetrales (la norte) con las que contaría el área Metropolitana de Caracas que buscaban evitar el tránsito proveniente del este y oeste del país, así como del Litoral Central, por el centro de la capital. A ella se sumaría la Perimetral Sureste (que iría desde el Distribuidor Hoyo de la Puerta hasta el Distribuidor Boyacá), prevista ya desde los años 1960.

En sentido oeste-este la obra comienza en el distribuidor Baralt con dos ramales de acceso al centro de la ciudad y a la proyectada avenida Panteón. A partir de este punto fue previsto el empalme (iniciado y no concluido) que atravesaría populosas barriadas del noroeste de Caracas y conectaría con la autopista Caracas-La Guaira.

13. Avenida «Boyacá». Distribuidor Avenida Baralt-Norte.

Tal y como apunta la publicación, “La Avenida Boyacá fue construida con un ancho de explanación de 28 a 32 m, un ancho de calzada en la avenida de 10,2 m. un ancho de calzada en los distribuidores de 6 m, un radio mínimo en las curvas de 240 m y una pendiente máxima de 5,5%. El tramo de la avenida Boyacá comprendido entre las urbanizaciones, la Castellana y el Marqués, de 6 km de longitud con accesos controlados en los distribuidores en la Castellana, Altamira y El Marqués, se puso en servicio con motivo del 152 aniversario de la batalla que selló la independencia de la hermana República de Colombia”.

14. Avenida «Boyacá». Viaducto Adolfo Ernst.

Una característica fundamental de la avenida Boyacá fueron sus vías elevadas a 50 m. metros del río Tócome, en Los Chorros, construidas de esa forma por las difíciles condiciones geológicas y topográficas, presididas por el viaducto Adolfo Ernst (en homenaje al célebre naturalista y botánico, autor de importantes trabajos relativos a nuestra flora). Éste “consiste en una superestructura de hormigón pretensado ejecutada bajo el método de volados sucesivos, con luces entre apoyos de 60, 120 y 60 metros respectivamente. El viaducto posee a su vez cinco luces y su pista norte tiene 300 m mientras que la pista Sur mide 320 m”. Ella destaca como la estructura más osada y ambiciosa en términos de ingeniería, junto al Distribuidor Altamira, el viaducto Altamira, el distribuidor Boleíta y el distribuidor el Marqués.

Como ya se ha dicho, este conjunto significativo de obras, clara evidencia del notable esfuerzo del Ministerio de Obras Públicas, con la colaboración de ingenieros, personal técnico, organismos estatales y empresas constructoras, permitió mejorar sustancialmente la vialidad urbana en Caracas.

15. Aerofotografía de Caracas, 2009. La avenida Boyacá funcionando como claro contenedor del crecimiento de la ciudad hacia el norte y como protección del Ávila.

Tal y como afirma José Rosas Vera en “Autopistas de Caracas”, texto inédito elaborado en 2014 para Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “por el tamaño y escala de las operaciones de los trazados, así como por los diversos relieves por las que atraviesa y la cantidad de sectores que conecta, la red de autopistas se constituyó no sólo en la estructura urbana de la ciudad, sino en el aspecto más característico el paisaje de la Caracas moderna”.

IGV

Procedencia de las imágenes

Postal. Plano del trazado de la Avenida Boyacá. Ministerio de Obras Públicas, 1971

1, 7, 8, 9, 10, 11, 12. “Autopistas y distribuidores de Venezuela”. Revista Informes de la Construcción, Volumen 25, número 246, 1972.

2 y 3. Revista Municipal del Distrito Federal. Nº1, Año 1, noviembre 1939.

4. Caracas del Valle al Mar. Petróleo, automóvil y turismo (http://guiaccs.com/planos/petroleo-automovil-y-turismo/)

5. Our Architects en Caracas. Arquitectura Norteamericana en Caracas. 1925-1975, 2017.

6. Juan José Martín Frechilla, Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna, 2004.

13. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

14. “Autopistas y distribuidores de Venezuela”. Revista Informes de la Construcción, Volumen 25, número 246, 1972; Revista Punto, nº44, septiembre-octubre 1971; y Arquitectura Venezuela (https://www.facebook.com/Arquitecturavzl/photos/viaducto-adolf-ernsten-el-a%C3%B1o-1971-se-concluy%C3%B3-el-viaducto-adolf-ernst-como-part/1066454368728473/)

15. Caracas del valle al mar (http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-la-busqueda-de-un-centro/89-aerofotografia-de-caracas-2009_hc-64/)

¿SABÍA USTED…

… que en 1971 se pone en servicio una nueva etapa de la “Cota Mil”, renombrándola como Avenida Boyacá?

1. La Avenida Boyacá (c.1976).

El rápido y descontrolado crecimiento que experimentó Caracas hacia el este del valle, cuyos inicios datan de finales de los años 1920, aunado a la posibilidad de ordenar y planificar su futuro desarrollo fueron, entre otros, los detonantes que llevaron a la Gobernación del Distrito Federal, con Elbano Mibelli al frente, no sólo a crear la Dirección de Urbanismo sino también a proceder a la contratación en 1938 del equipo conformado por Henri Prost, Jacques Lambert, Maurice Rotival y el joven Wegenstein, para la formulación del Plan Monumental (publicado en 1939 y que sería conocido como Plan Rotival), origen del primer plano regulador de la ciudad doce años más tarde.

2. “Plano de la circulación futura por las nuevas avenidas y calles”. Plan Monumental de Caracas o Plan Rotival (1939).

Dentro de la documentación presentada en el Plan Monumental cobró particular relevancia el “Plano de la circulación futura por las nuevas avenidas y calles”, marcando la importancia que desde entonces ha tenido la vialidad dentro de la ordenación urbana de la capital. En dicho plano se puede detectar con toda claridad la presencia al norte de una arteria de carácter perimetral ubicada a las faldas del Ávila que “parte de la entrada a ‘El Retiro’, en Catia, asciende con una pendiente aproximada del 6%, pasando al sur del Manicomio, y continúa hacia la Puerta de Caracas, donde se unirá con la Calle Sur 10. Continúa hacia el Este, pasando al norte de Sarría, Campo de Tiro, Maripérez, para llegar a la urbanización San Rafael al norte de La Florida (…) Está destinada a unir toda la región del Ávila entre Maripérez y el Country Club, y también las futuras urbanizaciones del este…». Más adelante, al referirse a otra vía, se asienta que ésta ha de “Unirse con la carretera que bordea el Ávila y formar con ella una vía de Circunvalación que será, sin duda, una de las más interesantes vías turísticas de la ciudad» (citas obtenidas del texto “Breve recuento de la Cota Mil” publicado por María F. Sigillo en http://mariafsigillo.blogspot.com/2016/04/breve-recuento-de-la-cota-mil.html).

3. Junta Militar de Gobierno-Gobernación del Distrito Federal. Plan Municipal de vialidad, 1951.
4. MOP-Comisión Nacional de Urbanismo. Plano Regulador de Caracas, 1951.

De tal manera, será a partir del Plan Monumental (pensado para una ciudad que no debía superar el millón de habitantes) que se comenzará a incorporar cada vez con mayor insistencia la idea de realizar el proyecto de una vía rápida que, a modo de cornisa, se ubicaría en la cota mil sobe el nivel del mar y que, además de llevar implícita la contemplación paisajística como parte de sus características, aliviaría el tránsito automotor absorbiendo el 20% de la circulación. Aunque la avenida formaba parte de la red no es incluida como prioridad dentro del Plan Municipal de Vialidad de 1951 (donde sí figura la “Cota 905” al oeste de la ciudad), siendo sin embargo recogida por el Plano Regulador del mismo año junto a las avenidas La Vega-Coche, Atlántico y la ya mencionada Cota 905 como integrante del «sistema de circunvalación», lo cual marca el inicio de su planificación.

En 1952 se intensificaron los estudios y levantamientos lo cual hará que la Primera Convención Nacional de Conservación Urbana reunida aquel año recomendara en su “Acta Final” a la Gobernación del Distrito Federal “…que en los estudios que se llevan a cabo en relación con la construcción de la avenida proyectada sobre la Cota Mil, se extremen las previsiones que requiere la buena conservación de la falda del Ávila”. También recomendó en esa oportunidad, al Ejecutivo Federal, que se declarara Parque Nacional a las serranías del Ávila, en sus vertientes norte y sur, incluyendo el Pico Naiguatá, que terminará cristalizando en 1958.

Sin embargo, no será sino hasta que el 11 de diciembre de 1955 se inaugure la estación del Teleférico de Maripérez y se ponga en servicio el 19 de abril de 1956, cuando tímidamente se abran los primeros mil trescientos metros de la Cota Mil, que unirían Maripérez (avenida Principal) con La Florida (avenida Los Pinos), parte ínfima de un proyecto que marchaba lentamente y contemplaba tener una longitud total de aproximadamente 22 kilómetros entre Catia y La Urbina.

5. Plano de Caracas de 1967 elaborado con motivo de la celebración del cuatricentenario de la ciudad. Aunque para ese momento sólo se había construido el tramo entre San Bernandino y La Florida de la Cota Mil, se puede observar que se muestra el trazado completo del proyecto de la vía.
6. Cota Mil. Tramo Maripérez-La Florida abierto en 1956 y rectificado en 1962.

A partir de 1958 se le dará el espaldarazo definitivo a la realización de las obras correspondientes a una nueva etapa de la avenida: en 1962 se amplía su recorrido hasta San Bernardino y se rectifica en primer tramo entre Maripérez y La Florida para unificarlos en cuanto a medidas y criterios.

Más adelante, en 1971, con motivo del 152 aniversario de la batalla que selló la independencia de la hermana República de Colombia, se completarán 6 kilómetros más que, conectados con el trazado anterior, unirán, iniciándose en La Florida, las urbanizaciones La Castellana y El Marqués, renombrándose desde entonces como Avenida Boyacá. Para ese momento la arteria vial alcanzaría los 11 kilómetros. También se inaugurará el Monumento ubicado al margen de la vía dedicado a conmemorar la batalla que garantizó el éxito de la Campaña Libertadora de Nueva Granada, diseñado por los arquitectos Edmundo Díquez, Oscar González y José Alberto Rivas.

7. La avenida Boyacá en fechas cercanas a 1971 cuando se llevó desde La Castellana hasta El Marqués .
8. Monumento a la Batalla de Boyacá. Edmundo Díquez, Oscar González y José Alberto Rivas. 1971.
9. Avenida Boyacá. El Viaducto Adolfo Ernst que pasa sobre el Parque Los Chorros.

El tramo abierto en 1971 incluyó accesos controlados en los distribuidores La Castellana, Altamira, Sebucán, Boleíta y El Marqués y dos estructuras elevadas: el Viaducto Adolfo Ernst (que pasa por Los Chorros) y el Viaducto Altamira.

Para la ejecución del Viaducto de Los Chorros, diseñado y construido por ingenieros venezolanos, se utilizó el método de volados sucesivos, lo que implicó evitar andamiajes, preservando las 4,5 hectáreas verdes del Parque Los Chorros y el Río Tócome, que lo atraviesa.

El último tramo construido por el Ministerio de Obras Públicas y concluido en 1973 correspondió al segmento entre San Bernardino y la Avenida Baralt que incluyó el distribuidor con ese nombre, donde se utilizaron por primera vez en el país vigas prefabricadas construidas a pie de obra de sección T (con salientes solo en su borde superior), postensadas y luego colocadas en sitio.

10. Avenida Boyacá. Distribuidor Avenida Baralt. 1973.
11. Último proyecto de extensión de la avenida Boyacá desde el Distribuidor Avenida Baralt hasta el enlace con la autopista CaracasLa Guaira.

Alcanzaría entonces la avenida Boyacá alrededor de 14 kilómetros de longitud quedando pendientes aproximadamente otros 5 que la llevarían a conectarse con la autopista Caracas-La Guaira a través de un túnel de 2,8 kilómetros y un viaducto de 1.8 km., obra planificada desde 1988 que pasó por una serie de alternativas hasta que, con base en la última (ver http://aventuravila.blogspot.com/2012/09/extension-de-la-cota-mil-costara-1200.html), se inició en 2013 y que actualmente se encuentra paralizada (ver https://elestimulo.com/destacados/2020-06-24/un-elefante-rojo-se-ahoga-en-la-cota-mil/).

En resumen, la avenida a todo su largo está diseñada con tres canales de 3 metros por cada sentido con el respectivo hombrillo de 2,4 metros. El radio mínimo de curvas es de 240 metros y la pendiente máxima del 5,5%. Cuenta con un total de 8 distribuidores (de oeste a este: Baralt, Maripérez, Alta Florida, La Castellana, Altamira, Sebucán, El Marqués y Metropolitano) y 2 alimentadores (San Bernardino y Boleíta).Una vez emprendida en firme la construcción de la Cota Mil tuvo particular relevancia el debate acerca del rol que ella jugaría tanto como límite del crecimiento de la ciudad y protección del Parque Nacional el Ávila, como por la manera como fue construida. En cuanto a lo primero no caben dudas de que ha cumplido a cabalidad su cometido, pero sobre lo segundo surgieron voces autorizadas que colocaron el acento sobre la falta de una verdadera actitud respetuosa del ambiente que no estaría acorde con el criterio de asentar la calzada mayoritariamente en un sistema de cortes muy agresivos para con la falda de la montaña.

12. Tomás José Sanabria. Tesis «Respeto al Ávila y a la ciudad» (c.1970).
13. Aerofotografía de Caracas, 2009. La avenida Boyacá funcionando como claro contenedor del crecimiento de la ciudad hacia el norte y como protección del Ávila.

Tomás José Sanabria sería quien justamente dirigiría una de sus “tesis” sobre numerosos temas críticos que ameritaban atención en el desarrollo de Caracas, a mostrar la manera cómo debió ser contemplada la construcción de la Cota Mil, prefigurando la avenida como un viaducto continuo siguiendo el ejemplo de lo previsto en el tramo que salva el Parque Los Chorros, puesto en práctica en diferentes partes del mundo. Dicha “tesis” de finales de los años 1960 que titularía “Respeto al Ávila y a la ciudad”, basada en criterios medioambientales y paisajísticos, permitiría preservar la continuidad de la ladera del cerro sin interrupciones. Siendo su construcción mucho más costosa que la asumida, se justificaría en momentos en que Venezuela contaba con recursos “de sobra” y tendría como añadido la reducción al mínimo del mantenimiento. Consumado el hecho, queda sin embargo el testimonio de Sanabria como posible orientación a la hora de acometer obras de una envergadura y condiciones similares.

Finalmente, ejecutada durante las vacaciones escolares del año 2015, la avenida Boyacá fue ampliada añadiéndole un tercer canal, en aproximadamente 1 kilómetro, desde El Marqués hasta Boleíta buscando descongestionar dicho tramo que al momento se había tornado altamente crítico para quienes usaban la vía como entrada y salida de la capital.

14. La avenida Boyacá un domingo en la mañana.

Hoy en día, la vía sigue cumpliendo un importante rol en la conservación del cerro El Ávila, como desahogo vial y como lugar de recreación ya que los días domingo en la mañana desde 1983, cuando gobernaba Luis Herrera Campíns, se cierra al tránsito vehicular para disfrute de los caraqueños.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. http://mariafsigillo.blogspot.com/2016/04/breve-recuento-de-la-cota-mil.html

2. Revista Municipal del Distrito Federal. Noviembre de 1939. Año 1. Número 1. Caracas-Venezuela

3. Juan José Martín Frechilla. Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004)

4. http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-zonificada/

5. http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-moderna/

6. https://www.flickr.com/photos/joan_rodes/6223542305

7. https://notiglobo.com/18/08/2021/venezuela-se-cumplen-48-anos-de-la-inauguracion-de-la-avenida-boyaca-o-cota-mil/ y Revista Punto, nº44, septiembre-octubre 1971

8 y 10. Colección Crono Arquitectura Venezuela

9. Colección Crono Arquitectura Venezuela, Revista Punto, nº44, septiembre-octubre 1971 y https://caracashermosadotcom.wordpress.com/2016/05/11/9-autopistas-de-caracas/cota-mil-foto-de-giovanichacon/

11. http://aventuravila.blogspot.com/2012/09/extension-de-la-cota-mil-costara-1200.html

12. Galería de Arte Nacional. Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra (1995)

13. http://guiaccs.com/planos/la-ciudad-la-busqueda-de-un-centro/

14. http://www.temporadista.com/scripts/articulos/cotal-mil.asp y https://www.minube.com/rincon/avenida-boyaca-a3614577

1971• Nueva etapa de la «Cota Mil», la cual se renombra como Avenida Boyacá

Nueva etapa de la Cota Mil.jpg

1971•  Se pone en servicio, con motivo del 152 aniversario de la batalla que selló la independencia de la hermana República de Colombia, una nueva etapa de la «Cota Mil», renombrándola como Avenida Boyacá.
El tramo construido, que tiene 6 km de longitud, une las urbanizaciones La Castellana con El Marqués, con accesos controlados en los Distribuidores La Castellana, Altamira, Sebucán, Boleíta y El Marqués. Incluye en su trazado dos estructuras elevadas: el Viaducto Adolfo Ernst (que pasa por Los Chorros) y el Viaducto Altamira.
Para la construcción del Viaducto de Los Chorros, diseñado y construido por ingenieros venezolanos, se utilizó el método de volados sucesivos, lo que implica evitar andamiajes, preservando las 4,5 hectáreas verdes del Parque Los Chorros y el Río Tócome, que lo atraviesa
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HVH