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El Cementerio General del Sur, inaugurado el 5 de julio de 1876, forma parte de las obras con que Antonio Guzmán Blanco llevó adelante la modernización de Caracas de las cuales han quedados importantes testimonios. Sin ser la más llamativa, obedeció a la necesidad que tenía la ciudad de contar con un camposanto que cumpliera con las condiciones de capacidad, decencia e higiene requeridas en virtud de su crecimiento.
Con su creación, además, se buscó ofrecer un servicio público y eliminar los numerosos cotos particulares existentes entre los que se encontraban, entre otros, el de “Los Hijos de Dios”, “Las Mercedes”, “San Simón”, “Los Canónigos”, el de “Los Ingleses” y el de “Los Alemanes”, más los ubicados anexos a templos, conventos y hospitales presentes en las primeras parroquias caraqueñas, dispersos en un modesto desarrollo urbano contenido entre el Ávila al norte, el río Guaire al sur, la quebrada Anauco al este y El Calvario al oeste, rodeado de haciendas como San Bernardino, La Guía, y El Conde y de numerosos sembradíos hacia el norte y el oeste del mismo, según el plano topográfico de la ciudad de Caracas para el año de 1874. Cabe acotar que tal proliferación de necrópolis obedeció a diferentes causas: la edificación de un templo, de un hospital, las diferencias de culto o la aparición de una epidemia.

Tomada la decisión por parte del “Ilustre Americano” en 1875, éste “comisionó al señor Gobernador del Distrito Federal, General Lino Duarte, para solicitar el terreno que serviría para este fin. Duarte, acompañado de su Secretario el señor Doctor Miguel Caballero, recorrieron los alrededores de Caracas y se fijaron en el Rincón de El Valle, en un terreno que llamaban Tierra de Jugo (según por el apellido de uno de sus antiguos dueños), terreno que forma una planicie inclinada suavemente y rodeada de colinas”, de acuerdo a lo señalado por Manuel Landaeta Rosales en Los cementerios de Caracas desde 1567 hasta 1906, libro publicado en 1906. Y continúa: “EI General Guzmán Blanco, acompañado del mismo Duarte, del doctor Jesús Muñoz Tébar, Ministro de Obras Públicas, y de otras personas más, vio el terreno y lo creyó apropiado a su objeto. EI 13 de julio de aquel mismo año, se dictó una Resolución por el Ministerio de Obras Públicas, mandando a construir el Cementerio en el lugar referido. Los planos y presupuesto para la obra los levantó el ingeniero Jesús Muñoz Tebar quién dirigió los trabajos”.

La iniciativa de realizar el cementerio en las afueras de Caracas vino acompañada de la inauguración de obras como el Puente Regeneración (o Puente de Hierro, abierto el 4 de julio de 1875) y la posterior presencia del ferrocarril hacia El Valle (Ferrocarril del Sur), que atravesaría el Portachuelo, evidencias de la búsqueda por parte del gobierno guzmancista de ampliar los espacios de la ciudad más allá del río Guaire, límite natural de la capital desde su fundación. Sería el 1 de agosto de 1887 que Guzmán dictaría un decreto “mandando abrir una cortada en las colinas del Portachuelo de El Valle, para prolongar la calle Sur 5 y acortar la distancia al Cementerio General del Sur”, aportará Landaeta Rosales. También informa que “el 15 de noviembre de 1889 se compró el segundo lote de terreno para ensanchar el cementerio” ubicado al sur de los adquiridos en 1876 con una extensión de 51.154 m2 (alrededor de 5 há) que sumadas a las originales alcanzaría las 246 hectáreas; que “las primeras aceras del interior del cementerio se hicieron… en 1890 por cuenta del Ministerio de Obras Públicas”; que “el boulevard que conduce de El Rincón de El Valle al cementerio, se hizo entre 1893 y 1896, durante en gobierno de Joaquín Crespo”, al igual que las aceras y camellón junto a la plantación de los árboles; y que “el tranvía que parte de la línea férrea de Caracas a El Valle, se inauguró a mediados de noviembre de 1895”.

Sin embargo, a pesar de la importante decisión tomada en 1876, la aceptación del nuevo cementerio como único espacio de esas características en la ciudad debió enfrentar una férrea resistencia de parte de la población, entre otras cosas por las dificultades que ofrecía su acceso, hasta el punto en que, a la salida de Guzmán Blanco de su primer gobierno (conocido como “el septenio”, 1870-1877) y asumir la presidencia Francisco Linares Alcántara, “el Concejo Municipal facultó el 12 de julio de 1977 al gobernador del Distrito Federal, para que hiciera abrir al público los cementerios clausurados desde el 10 de julio del año anterior…quedando el Cementerio General del Sur clausurado por entonces”, como señala Landaeta Rosales.
Tal situación permanecería hasta que en 1879, al regresar Guzmán al poder y dar inicio así al “quinquenio” (1879-1884), acometió como uno de sus primeros actos “poner en actividad nuevamente el Cementerio General del Sur y clausurar los otros…”, pasando a ser definitivamente el único camposanto autorizado de la ciudad y acentuándose su carácter laico.

Aquel sereno valle de ligera pendiente, originalmente destinado al cultivo de la caña de azúcar y otros rubros agrícolas, daría pie a la concepción por parte de Muñoz Tébar de un camposanto-jardín heredero de una tradición europea que lo entendía, no sólo como última morada de los difuntos, sino como un lugar de esparcimiento, organizado en este caso a partir de un eje central que sería prolongación de la avenida que le daba acceso desde su conexión con la carretera de El Valle, hoy avenida principal del Cementerio (antigua Calle Real).


De acuerdo a lo expuesto por Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “el trazado urbano del camposanto se estructura a partir de un corto eje central, que remata en el edificio de la capilla, y luego se divide en tres calles que se introducen dentro del valle, intersectándose con vías transversales sucesivas, en donde se construyen grandes lotes rectangulares orientados norte-sur. En su entrada se encuentran dos figuras votivas de bronce creadas por el escultor de origen italiano Giuglio Roversi (1841-1920). Al interior, el área se encuentra dividida por grupos étnicos o credos. El blanco edificio de la capilla, orientado al este, destinado a actividades religiosas y administrativas, marca el inicio del camposanto. Esta se complementa con un corredor externo delimitado por una alta columnata de la misma altura de la edificación. Las columnas de basamento liso corrido poseen fuste estriado y capitel de orden dórico, y sobre ellas se levanta una fachada con molduras horizontales que lo separan de la cornisa”.

Si bien con el cementerio se buscó ofrecer un espacio único en la capital, donde en principio todos serían iguales, la diferenciación social se hizo evidente al momento de enterrar y adornar la última morada de cada difunto. La presencia de obras de escultura funeraria en las tumbas de las familias más pudientes de la capital se hizo cada vez más evidente dentro del camposanto. No es casual que el principal monumento existente y uno de los primeros construidos sea el que levantara la familia del general Joaquín Crespo, (presidente de la República en dos ocasiones 1884-1886, y 1892-1898), ocupando el remate de una de las tres calles que surgen como prolongación del eje de la entrada al lugar.


Según Yuleima Rodríguez en “Cementerio General del Sur: Aproximación Histórica y Costumbres de los Caraqueños vistas a través de la Necrópolis” (2011) (http://servicio.bc.uc.edu.ve/postgrado/manongo36/art07.pdf): “La elaboración de esculturas y rostros de los difuntos favoreció el comercio de las marmolerías presentes en las adyacencias del cementerio, lo que contribuyó en conjunto con otras actividades vinculadas a la necrópolis al crecimiento poblacional del Rincón del Valle. Escultores famosos de la talla de Pietro Ceccarelli, Chellini, Francisco Pigna, Ventura, Morini, Julio Roversi y Emilio Gariboldi, que tenía, según una marmolería artística en el en el centro de la ciudad, entre Mercaderes y Municipal”, se hicieron presentes. De tal manera, “el camposanto llegará a ser pues, un lugar en donde se presentan obras de arte que a pesar de ser privadas pueden ser disfrutadas por el colectivo. Necrópolis, jardín o museo, la morada final de los difuntos caraqueños exaltaría a través de la belleza de los panteones el lugar de descanso de las familias más pudientes, quienes comprarán lotes de terreno para asegurar la colocación de obras de arte en los lugares de descanso de sus familiares”.



El poblamiento del Rincón del Valle (denominado posteriormente como Prado de María y en el que hoy se ubica el sector de El Cementerio), se dará a partir de las primeras décadas del siglo XX y se acelerará a partir de los años 40, asentándose allí grupos familiares de clase media o media baja en un desarrollo desigual conformado básicamente por viviendas unifamiliares dentro de una trama regular de calles y avenidas. Con el tiempo y con dramatismo a partir de los años 60, las laderas de la pequeña cuenca se verán ocupadas por una importante cantidad de viviendas informales que a su vez comprometerán el área ocupada por el camposanto. Otro tanto acaecerá cuando en 1968 se inaugure el distribuidor “La Araña” y poco tiempo después se ejecute el ramal que lo conecta con la parroquia El Valle, el cual afectó de manera visible el sector El Cementerio y dio pie para la localización bajo el viaducto de un mercado informal que tiene alcance metropolitano.


Es a finales del siglo XX durante la gestión que llevó adelante La Causa R en el Municipio Libertador, cuando el área ya había sido declarada como monumento histórico en 1982 y se encontraba en un estado de claro deterioro, que se buscará atender una ingente necesidad que aquejaba al Cementerio General del Sur desde hacía mucho tiempo. Es así como desde la Dirección Ejecutiva de Planes y Proyectos del mencionado municipio se produjo la convocatoria en 1995 a un concurso que tuvo las siguientes particularidades, de acuerdo al aviso publicado el 9 de septiembre de 1995 en el semanario Arquitectura HOY:
Una vez cumplidos los lapsos establecidos, el jurado conformado por Francisco Sesto (Director de Gestión Urbana), Lucas Pou Ruan (Director Ejecutivo de Planes y Proyectos), Rosa Stredel (Presidenta de Fundapatrimonio) y Tulio Hernández (Presidente de Fundarte), adjudicó el Primer Premio al arquitecto Doménico Silvestro (Universitá degli Studi, Nápoles, Italia. Reválida UCV, 1969).

El acta, publicada en la edición del sábado 11 de noviembre de Arquitectura HOY, acompañada de la imagen que ilustra nuestra postal del día de hoy y una planta de la idea presentada (únicos documentos que nos ha sido posible ubicar), apunta que “el trabajo destaca a juicio del jurado por su comprensión de la globalidad del problema y configura una idea que expresa claridad y fuerza al tiempo que sintetiza la escala monumental y la doméstica en una solución muy atractiva estrechamente ligada al lugar”.

El jurado otorgó, además, tres Menciones Honoríficas que recayeron una en el planteamiento hecho por Roberto Castillo, la segunda sobre el equipo conformado por María José Sedales, Juan Luchsinger y Hugo D’Enjoy y la tercera en la pareja constituida por Alessandro Famiglietti y Ángela Rodríguez.
En camino a cumplirse 30 años desde la realización de aquel certamen, la propuesta ganadora, concebida y tratada como una “puerta urbana” que le otorgaba identidad al sitio, destacando “los hitos” de mayor significación, en este caso, las capillas del cementerio, utilizando los volúmenes arquitectónicos y la arquitectura misma, como vínculo articulador de lo urbano, cayó, como tantos concursos que en su momento generaron grandes expectativas, en saco roto.

El año 2009 se aprobó e inició un plan para recuperar la antigua Calle Real de El Cementerio que, de acuerdo a Wikipedia, “fue transformada en 2011 en un nuevo Bulevar de 1,8 kilómetros con rampas, caminerias y espacios para realizar ejercicios a lo largo de 11 cuadras” que cuenta con 2500 metros cuadrados de superficie. La inauguración del hoy conocido como Bulevar Cesar Rengifo o Bulevar El Cementerio por parte de las autoridades municipales se llevó a cabo el 19 de abril de 2011, “convirtiéndose en el segundo Bulevar más grande de la ciudad capital venezolana”. Hasta ahora no hemos encontrado mención alguna con respecto a si las áreas de acceso al cementerio fueron incluidas en los trabajos o si se tuvo en cuenta la propuesta presentada por Silvestro quien, dicho sea de paso, fue reconocido en 2010 por el CONAC con el Premio Nacional de Arquitectura. Tampoco en los anuncios de recuperación del camposanto anunciados en 2021.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 11, 13 y 14. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.
1, 2, 3, 5 y 9. Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas. Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje. 2015.
4. El Journal de Dani (https://www.facebook.com/eljournaldedani/photos/vista-panor%C3%A1mica-del-cementerio-general-del-sur-caracasfinales-del-siglo-xixdani/1369770257738596/?_rdr).
6. Cementerio General del Sur. IAM Venezuela (https://iamvenezuela.com/2019/06/cementerio-general-del-sur/).
7. Cementerio General del Sur. IAM Venezuela (https://iamvenezuela.com/2019/06/cementerio-general-del-sur/); y PEAKD (https://peakd.com/hive-148441/@sofathana/un-vistazo-al-cementerio-general-del-sur-caracas-venezuela-a-look-at-the-general-cemetery-of-the-south-caracas-venezuela).
8. IAM Venezuela (https://iamvenezuela.com/2019/06/cementerio-general-del-sur/); Flickr (https://www.flickr.com/photos/erol70/14899746081/in/photostream/); Wikipedia (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Pante%C3%B3n_abandonado.Cementerio_General_del_Sur._Caracas.jpg); La Cámara de Caracas (https://camaradecaracas.com/la-camara-caracas-y-sus-historias/ocurrio-aqui/origenes-del-cementero-general-del-sur-en-caracas-1875-1904/); y Letralia (https://letralia.com/articulos-y-reportajes/2019/03/28/mis-muertos/).
10. Renato Yánez (https://www.facebook.com/renatoyaneztrafficcenter/photos/el-cementerio-general-del-sur-caracas-guarda-entre-sus-tumbas-gran-parte-de-la-h/490221058056497/?locale=es_LA).
12. Capturas de Google Earth.
15. Colección Crono Arquitectura Venezuela; y Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas. Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje. 2015.

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El premio Buildner’s Unbuilt Award 2024 invita a las ideas no construidas a ganar un premio de 100.000 €
El concurso Buildner’s Unbuilt Award 2024 invita a arquitectos y diseñadores de todo el mundo a presentar ideas arquitectónicas no realizadas, ya sean diseños visionarios en papel, planos que aún no se han construido o conceptos publicados previamente.
Este concurso de ideas abierto está dedicado a celebrar proyectos no realizados que encarnan el ingenio y la creatividad arquitectónicos.
Todas las propuestas son elegibles para un premio acumulado de 100.000 €, y los ganadores se reconocerán en tres categorías: pequeña, mediana y gran escala.
El jurado del premio Buildner’s Unbuilt Award 2024 estará integrado por:
Ece Calguner Erzan (SOM), Francine Houben (Mecanoo), Lyndon Neri (Neri&Hu), Ben van Berkel (UNStudio), Michael Meredith (MOS/ Princeton University), Doriana Fuksas (Studio Fuksas) y Christele Harrouk (ArchDaily).
Para más información visitar:
ACA

Cuando esta página transitaba su primer año de circulación, publicamos en dos números consecutivos, el 33 y el 34 del 25 de junio y el 2 de julio de 2007, respectivamente, un artículo dividido en dos entregas titulado “Los avatares de la más descuidada entre las más importantes esquinas del país”. Allí nos dedicamos a construir una breve cronología que daba cuenta de la evolución que a través del tiempo había acompañado el destino del frente norte de la Plaza Bolívar de Caracas en general, y del terreno ubicado en el cuadrante noroeste de la esquina de La Torre (diagonal a la Catedral) en particular.

Comentábamos entonces cómo desde el propio plano fundacional de la capital de la República ordenado por el gobernador Juan de Pimentel en 1578, dibujado por Antonio Muñoz Ruiz, se estableció la división de las manzanas en cuatro partes señalándose con las palabras “casas cabildo” y “casa” los usos destinados a los lotes al norte de la entonces Plaza Mayor, cosa que aconteció durante toda la colonia y casi todo el siglo XIX con la sutil diferencia de que las llamadas “casas cabildo” serían identificadas como “casa para autoridades” en el plano de 1810 y el terreno luego sería ocupado por la Oficina de Telégrafo Nacional (o Casa de Correos).


Algunas fotografías cercanas a 1866, momento en el que se estaba ultimando la demolición de las arcadas del mercado colonial construido en 1755 por el gobernador Felipe Ricardos, testimonian la presencia al oeste del frente norte de la Plaza de Armas o Plaza del Mercado (próxima a convertirse en Plaza Bolívar) en el medio cuadrante correspondiente a la esquina de Principal, justamente de la edificación de dos plantas donde funcionaba la Oficina de Telégrafo; y hacia el este (en el medio cuadrante correspondiente a la esquina de La Torre) de la vivienda de una planta que lo ocupaba.

Decíamos, también, que no será sino hasta el último lustro del siglo XIX cuando se producirían las primeras acciones tendientes a dignificar la mencionada fachada norte de la Plaza Bolívar. En 1899, en un segmento del frente asociado a la esquina de Principal, Alejandro Chataing diseñaría un pequeño, ecléctico y recargado edificio destinado a albergar el Museo de Historia Natural que luego hospedó a la Biblioteca Nacional (1903) y al Museo Bolivariano -o Boliviano- (1911), y que posteriormente fue usado, demostrando una flexibilidad muy lejana a su talante, como sede de la Prefectura de Caracas dependiente de la Gobernación del Distrito Federal (hoy ocupado por el “Gobierno del Distrito Capital”). Se producía así, sin ningún tipo de consideración histórica, la primera fragmentación del solar fundacional destinado a las “casas cabildo” de manos, casualmente, de un ente público.
Un poco antes, en 1895, ocupando el cuadrante noroeste correspondiente a la esquina de La Torre, en claro gesto de respeto por mantener la continuidad de la fachada, se había construido el Gran Hotel Venezuela que en 1906 se reacondicionó, cambió de dueño y pasó a denominarse Hotel Klindt.

Será en 1933, al decretarse la construcción del Palacio de la Gobernación de Caracas (proyecto de Gustavo Wallis en colaboración con los arquitectos franceses Lahalle y Levard, cuya construcción finaliza en 1935), que se demolerá lo que quedaba del mutilado edificio que albergó la Oficina de Telégrafo Nacional, y se completará el fragmento restante correspondiente a la esquina de Principal con un uso que pareciera tener visos de reivindicación histórica. Para reforzar esa apreciación valga añadir que el mencionado decreto sentaba las pautas no sólo de la construcción del Palacio sino de las cuadras adyacentes a la Plaza Bolívar, normativa que no se cumplió a cabalidad pero que, sin embargo, se ve plasmada en el dibujo de lo que sería la fachada entera al norte de la Plaza Bolívar, demostración (más allá de su marcado academicismo) de una intervención integral que preveía recuperar la dignidad y unidad que dicho frente debía tener. Para lograrlo se proponía eliminar el edificio de Chataing y el del Gran Hotel Venezuela en pro de un desarrollo que otorgaba al gobierno de la capital un estatus que hasta entonces no había poseído.
Poco antes del plan de Wallis, Lahalle y Levard, en 1931, 4 años después de la muerte de su propietario, el edificio del Hotel Klindt es vendido y remodelado para ser utilizado para oficinas, cambiando su nombre por el de Edificio Washington, el cual sería finalmente derribado en 1957 (a las puertas del inicio del período democrático), con el objetivo de construir un inmueble que complementase el funcionamiento de la Gobernación del Distrito Federal.

Es así como, asociado al derribamiento del mencionado edificio Washington, la primera propuesta de la que tenemos registro para el solar en cuestión es la que Tomás José Sanabria elabora justo con ese mismo nombre el mismo año en que el vacío se instala allí (1957). Sanabria diseña una torre de oficinas de veinte pisos, con planta baja libre a doble altura, fachada uniforme trabajada considerando la incidencia del sol y aislada dentro del terreno, que sin duda traduce una clara omisión de las variables contextuales imperantes: por un lado, suma un espacio público que no se sabe si la Plaza Bolívar agradecería y, por el otro, compite y opaca a la Torre de la Catedral, elemento que desde la colonia ha sido el protagonista de la esquina que lleva su nombre.

Aunque al día de hoy nos ha sido imposible determinar a quien correspondía la tenencia del terreno, habida cuenta de que el edificio Washington pertenecía a un particular y no sabemos si su demolición ya insinuaba un cambio de dueño, la convocatoria al Concurso Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal (1981), cuya propuesta ganadora ilustra nuestra postal del día de hoy, marca un segundo momento de una saga de espasmódicas preocupaciones y subsiguientes frustraciones por atender la esquina de La Torre. Ahora será la presencia de un ente público de jerarquía dentro de la ciudad el que daba muestras, no sólo de ser el propietario del solar, sino de asumir la responsabilidad de atender el problema urbano allí existente. Para el momento se encontraba ocupando el valioso terreno un pequeño domo colocado allí por la propia Gobernación para publicitar su gestión dentro de la ciudad.



Este concurso, que se convoca pocos meses después de otro que tuvo gran repercusión a nivel del gremio a escala nacional (el de la Catedral de San Tomé de Guayana), en el que se inscriben 92 equipos profesionales y se terminan entregando 52 proyectos, permitió a través de las ideas presentadas apreciar una vez más el estado del arte con respecto al tratamiento de un lugar con una importante carga patrimonial localizado en el corazón mismo de la capital.
Gracias al abordaje crítico que en torno al Concurso llevó a cabo Doménico Silvestro para el número 64 (1982) de la revista Punto, que acompañó de una valiosa información gráfica, se puede inferir de acuerdo a sus propias palabras que los trabajos presentados pueden ser agrupados en tres categorías: “el monumentalismo (retórico), el recurso tecnológico (exagerado) y el sentido común: edificaciones de altura modesta y patio interior”.



La propuesta ganadora a cargo de los arquitectos Daniel Betti, Raúl Grioni y Javier Usarraga, inscrita claramente dentro de la primera categoría formulada por Silvestro, a pesar de poseer un carácter monumental logrado a través de la distorsión que hace al jugar con la escala, de claras reminiscencias clásicas y ávida de protagonismo propio, puede sumarse sin mayores inconvenientes al criterio que en mayor o menor medida priva entre los participantes: el considerar la necesidad de reconstruir la esquina como un aspecto prioritario y en otorgar un valor referencial a las alturas de los edificios que conforman el frente norte de la Plaza Bolívar (las para entonces sedes de la Gobernación y de la Prefectura) y el frente este que va de Torre a Veroes a la hora de determinar rasantes, accesos, localización de usos y manejo de los de espacios públicos, así como gestos que permitieran manejar libremente las variables de un programa abierto, dotado de una clara neutralidad, conformado por un auditorio para 400 personas y áreas de oficinas para la entidad convocante.




La proposición que Wallis, Lahalle y Levard hicieran en 1933 resuena a la hora de comprender el énfasis en el problema de la representatividad que muchos de los pre-anteproyectos presentados buscaban incorporar. Cajas neutras, podios macizos, rebatimiento de las fachadas existentes, lenguaje neoclásico, impronta moderna, énfasis en lo tecnológico, sugestiva tropicalidad o uso de elementos tradicionales, van de la mano de una diversidad de posibilidades que giran todas en torno a un compromiso asumido con la ciudad que los aires posmodernos del momento insinuaban, abriendo la esperanza de poder recuperar el perfil urbano que llevaba casi veinticinco años perdido.

Los promotores, quienes anunciaron con bombos y platillos que la obra se iniciaría en marzo de 1982, cosa que asomaba buenos augurios, incumplieron su promesa por lo que el domo siguió allí durante un buen tiempo con el agravante añadido de que el terreno se convertiría en un área de estacionamiento confinado tras el muro perimetral que lo empezó a bordear.

Pese a que en 1995 vuelve a intentarse abordar desde la Gobernación del Distrito Federal, ahora con el apoyo del Instituto de Patrimonio Cultural, la ya crónica dolencia que a la capital aquejaba en una de sus esquinas de mayor valor, con la convocatoria a un nuevo concurso de aspiraciones mucho más modestas (el diseño de “Un patio-jardín para la esquina de La Torre”, ganado por el equipo conformado por los arquitectos Jorge Rigamonti, Alfredo Caraballo y Mario Quirós), la nueva frustración de la que acompañó su no ejecución nos encuentra, transcurrido casi un cuarto del siglo XXI, con que el vacío de la que entonces denominamos como “la más descuidada entre las más importantes esquinas del país”, acompañado de un importante número de valiosas ideas para darle solución, se halla aún a la espera del digno destino que se merece.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 12, 14 y 15 . Revista Punto, nº64 (1982)
1. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015
2 y 3. Gasparini G. y Posani J. P.; Caracas a través de su arquitectura, 1969.
4. Gasparini G. y Posani J. P.; Caracas a través de su arquitectura, 1969; y Colección Crono Arquitectura Venezuela (https://fundaayc.com/2019/05/08/1915%E2%80%A2-apertura-del-hotel-klindt/)
5. Galería de Arte Nacional. Wallis/Domínguez/Guinand. Arquitectos pioneros de una época, 1998.
6. Tomás José Sanabria. Edificio Washington, Plaza Bolívar, P-262 (https://tomasjosesanabria.com/2016/12/20/edificio-washington/); y Galería de Arte Nacional. Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra, 1995.
7. Gasparini G. y Posani J. P.; Caracas a través de su arquitectura, 1969; y Captura de Google Earth.
8, 9, 10 y 11. «Edificio Administrativo Gobernación del Distrito Federal». Revista Croquis, nº 12, agosto 1984.
13. Isabel Lasala Hernández. Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto arquitectónico en la obra de Pablo Lasala, 2014.
16. Museo de Bellas Artes. VIII Bienal Nacional de Arquitectura. La arquitectura del lugar, Catálogo, 1987
17. Jorge Rigamonti. 1995 – Patio-Jardín (Garden-Patio) Square at “La Torre” Corner of Bolívar Square (https://www.behance.net/gallery/12163537/Garden-Patio-at-La-Torre-Corner-of-Bolivar-Square)
18. Comparativas de Caracas (https://comparativas-de-caracas.blogspot.com/); y Captura de Google Earth.

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