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¿SABÍA USTED…

… que en 1968, hace ya 50 años, se concluye en Caracas la construcción del edificio sede del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE)?

1. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Vista general con el entorno

La edificación, diseñada en 1963 por los arquitectos Tomás José Sanabria y Eduardo Sanabria y calculada en hormigón armado por los ingenieros Roberto Smitter y Napoleón Gallango, se ubica en una parcela de forma irregular de 9.156 m2 que colinda con la Av. Nueva Granada por el sur-oeste, al nor-oeste con una calle privada, con la calle Leoncio Martínez por el nor-este y al sur-este con terrenos privados y la subestación El Rincón de la C.A. La Electricidad de Caracas, en la Urbanización Prado de María. Su dimensión mayor nor-este/sur-oeste es de unos 135 metros con un desnivel aproximado de 2 metros.

2. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda: Croquis. Derecha: Vista parcial de la maqueta

Tras 28 meses de iniciadas las obras de construcción se concluyeron los 35.000 m2 que la conforman distribuidos en dos cuerpos que dejan la planta baja libre a doble altura, prolongándose al exterior a través de una generosa plaza pública tratada paisajísticamente y destinada a exposición permanente de escultura al aire libre. En el cuerpo bajo de cuatro plantas funciona el centro de formación profesional para 600 estudiantes y 40 instructores (8.500 m2) y un auditorio con capacidad para 300 personas (2.300 m2). La torre de 14 pisos (15.500 m2) contiene las áreas administrativas y en la planta 12 la biblioteca. Además posee un sótano (8.700 m2) que alberga el estacionamiento de vehículos y zonas de instalaciones diversas.

Todas las superficies de hormigón se han dejado a la vista, las fachadas y paredes exteriores han sido recubiertas de mosaico vidriado de 2 cms x 2 cms y los cerramientos son de aluminio anodizado.

3. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Corte

Concebido bajo la premisa que la oficina de Sanabria Arquitectos siempre profesó: “arquitectura sin diseño urbano no existe”, destaca sobremanera en esta obra la clara intención de potenciar y dignificar la zona en la que se inserta, ofreciéndose como punto de partida para la recuperación urbanística de un sector de la ciudad con un acentuado deterioro conformado, salvo contadas excepciones, por construcciones inestables (industria ligera, talleres mecánicos, viviendas transformadas en locales comerciales, etc), ofreciéndole además al usuario y al ciudadano espacios de disfrute y expansión.

4. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda: vista de la plaza con la escultura «La libertad encadenada» de Aristide Maillol. Derecha: Intervenciones de Gego y Gerd Leufert en la planta baja del edificio

La plaza, sin lugar a dudas, asume ese rol tanto transformador como cívico y es vista como oportunidad para establecer el diálogo con el entorno asumiendo el compromiso de formar ciudadanía mediante la incorporación de obras de arte entre las que destaca “La Libertad encadenada” (interesante nombre que retumba de manera muy particular en nuestros agitados días), escultura de Aristide Maillol, cariñosamente llamada por los trabajadores y estudiantes del INCE como “La Negra”, que estuvo a préstamo durante muchos años en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y que por insistencia del propio Tomás Sanabria afortunadamente retornó a su sitio.

El rol pedagógico del edificio también apunta a darle la mayor estatura posible a la formación técnica como eslabón importante dentro del sistema educativo, traducido en fortaleza constructiva y perdurabilidad (lograda gracias a la nobleza de los materiales seleccionados), cuidado en los detalles, espacios amplios, confortables y bien equipados. El arte allí vuelve a hacer acto de presencia como fundamental acompañante a través de obras de Gerd Leuffert y Gego (Gertrude Goldschmidt) integradas a su arquitectura.

5. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda arriba: articulación de los dos cuerpos del conjunto. Izquierda abajo: Planta baja. Derecha: Vista de la torre

La composición de la obra denota cuidado en la articulación volumétrica y un correcto ensamblaje de los elementos que la constituyen, apareciendo en el tratamiento de las envolventes la muy precisa consideración de las variables climáticas: otro tema recurrente en la obra de Sanabria. Ello da pie a que aparezca un estudiado diseño de los elementos de protección solar que construyen las fachadas, permitiendo para las orientaciones más desfavorables incorporar una importante carga de abstracción y movimiento, asemejándose, según como se vea, a enormes obras cinéticas.

De la página http://tomasjosesanabria.com/en/2016/12/20/edificio-sede-ince/ que con esmero y perseverancia  ha ido construyendo Lolita, hija de Tomás J. Sanabria, extraemos lo siguiente a modo de complemento descriptivo: “Todos los elementos climáticos se tomaron en cuenta en la implantación de este complejo educativo. Las aguas de lluvias son captadas y canalizadas de manera sistematizada en cada fachada. Las columnas fueron moldeadas en concreto de manera que sean receptoras de las aguas de lluvia. Una combinación de aletas de concreto contienen  canales y bajantes de cobre, de forma que caigan a la vista del usuario, sobre bateas en el piso de la gran área publica”.

El edificio del INCE, quizás uno de los más sobresalientes en la trayectoria de grandes proyectos para edificaciones institucionales de la oficina de los arquitectos Sanabria, fue distinguido con el Premio Municipal de Arquitectura el año 1970. A pesar de su indudable impronta dentro de la avenida Nueva Granada la zona está todavía a la espera de nuevos tiempos en los que este ejemplo de urbanidad logre su objetivo primigenio de orientar las necesarias mejoras que requiere en su calidad ambiental. Se encuentra ampliamente desplegado en la revista PUNTO nº 47 (noviembre-diciembre 1972) y en el catálogo de la exposición «Tomás José Sanabria arquitecto. Aproximación a su obra» realizada en la Galería de Arte Nacional en 1995, y reseñado tanto en la Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1 de Mariano Goldberg (1980) como en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje de Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas (2015).

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 2. http://tomasjosesanabria.com/en/2016/12/20/edificio-sede-ince/

3. Revista PUNTO, nº 47, noviembre-diciembre 1972

4 izq. http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/238051

4 der. y 5. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 107

La imagen que ilustra nuestra postal del día de hoy corresponde a la perspectiva aérea del proyecto del Centro Cívico de Caracas, propuesto para ser construido en terrenos propiedad del Centro Simón Bolívar, C.A. (CSB), cuyo presidente Dr. Camilo Arcaya y el arquitecto responsable del mismo José Antonio Ron Pedrique hacen público en enero de 1961.

1. José Antonio Ron Pedrique. Proyecto de Centro Cívico para la Avenida Bolívar de Caracas. Centro Simón Bolívar. Desarrollo integral. Plan de obras y financiamiento, Caracas, septiembre 1961

El planteamiento, recogido en una publicación facsímil editada por el propio CSB (Centro Simón Bolívar. Desarrollo integral. Plan de obras y financiamiento, Caracas, septiembre 1961), forma parte de lo que Silvia Hernández de Lasala calificó como “Violaciones sucesivas. Notas sobre la arquitectura de la Avenida Bolívar de Caracas, después del Plan Monumental de 1939”, texto que integra el libro El Plan Rotival. La Caracas que no fue (1991) estudio coordinado por Marta Vallmitjana que aparece con motivo de la celebración del 50 aniversario de la aprobación del citado Plan.

En su escrito, sin pretender convertirse en una historia de cerca de 10 lustros de la Avenida Bolívar, Hernández de Lasala observa y registra lo acontecido con ese importante eje vial y la manera como es definido el espacio urbano que a él va asociado, paseándose por las diferentes proposiciones formuladas, atreviéndose a considerarlas, con diferentes grados de intensidad, de “violaciones” al plan de 1939. Desde las parciales, presentes en el desarrollo de la Reurbanización de El Silencio (Carlos Raúl Villanueva, 1942-45) y el Centro Simón Bolívar (Cipriano Domínguez, 1949), hasta el proyecto para el Parque Vargas (Carlos Gómez de Llarena, 1985) que a inicios de los años 90 del siglo XX ya se había empezado a materializar (pasando en el intervalo por transgresiones no realizadas como el “Trébol Radiante” de Richard Neutra, el propio “Centro Cívico” de Ron Pedrique, el “Centro Residencial El Conde” de Menéndez y Bemergui, la recogida en “Ciudad de Caracas/Casco Central” del IAU/FUNDACARACAS o las presentadas por Doménico Silvestro; efímeras como “Imagen de Caracas” (Juan Pedro Posani) o “Parque El Conde” (Jorge Castillo); y otras de nueva escala que sellan su destino como “Parque Central” de Siso y Shaw o la sede del Palacio de Justicia de Carlos Gómez de Llarena), Hernández de Lasala encuentra que es el propio Rotival el “gran violador” de los principios de diseño urbano que rigieron su propia propuesta, cuando en 1959 finaliza el encargo que le hiciera el CSB (“Tesis para el Centro de Caracas”) que la misma institución publica como Acción sobre Caracas.

2. “Tesis para el Centro de Caracas” presentada por Maurice Rotival en 1959 y publicada por el Centro Simón Bolívar bajo el título de Acción sobre Caracas
3. Propuesta de Rotival (1959) publicada en L’ Architecture d’aujourd’hui

El viraje planteado por Rotival en el que se buscaba concebir “una proposición más amplia, que superara las propuestas aisladas e inconclusas elaboradas hasta ese momento”, plantea la modificación del carácter simétrico inicial de eje de la Avenida Bolívar (flanqueada por edificaciones que reforzaban dicha condición), por la de una vía triunfal que remataba ahora también hacia el oeste (polo jerárquico opuesto al considerado por el Plan inicial) con un moderno “Centro Federal”, ubicado delante del parque Los Caobos y antecedido a su vez por un distribuidor vial que acentuaba la condición «expresa» del tránsito por la avenida y de elemento separador entre el norte y el sur del casco de la ciudad.

El giro que incorpora Rotival dará licencia y vuelo a la casi totalidad de las propuestas posteriores que se realizan sobre la avenida y muy particularmente a la que hoy nos ocupa y que tiene a Ron Pedrique como cabeza visible de un equipo interdisciplinario integrado por los arquitectos Stan Panasewicz, Peter Hugues y Ana Teresa Márquez; los ingenieros Rafael Raga, Jaime Balderrama, Tulio Pérez Planchart, Giuseppe Maule y el economista Panaghis Travios. Como dato no menos relevante vale la pena señalar que las perspectivas del informe ya citado que lo recoge fueron dibujadas por el arquitecto Lezsek Zawizsa.

Egresado en 1948 en la primera promoción de la Escuela de Arquitectura, perteneciente entonces a la Facultad de Ingeniería de la UCV, con estudios de especialización en Suecia en urbanismo y arquitectura sanitaria, José Antonio Ron Pedrique (1927-2001) se convirtió en uno de los arquitectos cuya impronta marcó la ciudad desde finales de los años 50 del que poco se ha escrito. Junto a Jorge Romero Gutiérrez realiza (prácticamente recién graduado), a finales de los años 40, los proyectos para las urbanizaciones Prados del Este y para la Ciudad Balneario Higuerote y luego, de forma independiente, para Cumbres de Curumo, Santa Sofía, San Luís y Santa Paula, entre otras. Fue Director Técnico del Centro Simón Bolívar entre 1960 y 1962, por lo que es bajo su gestión que se elabora el proyecto del Centro Cívico de Caracas. Posteriormente (1964-1966) diseña y se construyen los edificios gemelos de baja altura, prolongación del Centro Simón Bolívar, que albergarían por muchos años al INAVI (Cruz Verde, al sur) y Cartografía Nacional (Camejo, al norte), absorbidos y desdibujados por el proyecto para el Palacio de Justicia de Gómez de Llarena. Con ellos el propio Ron Pedrique se plegaba a planteamientos académicos y simétricos que se suponían superados por la imagen plasmada para el Centro Cívico.

4. Centro Simón Bolívar. Desarrollo integral. Plan de obras y financiamiento. Plano volumétrico

En todo caso, la propuesta de Ron Pedrique se apoya en los informes previamente elaborados por la Comisión de Estudios sobre la Utilización y Desarrollo de las Áreas propiedad del Centro Simón Bolívar, C.A., el Informe y recomendaciones propuestas por Maurice E. H. Rotival y los Planos y Documentación de la Dirección de Urbanismo del Ministerio de Obras Públicas y de la Oficina Municipal de Planeamiento Urbano. La propuesta propone usos y divide el área de 50 hectáreas asignada en cinco zonas: la Zona A, contigua a las Torres existentes del Centro Simón Bolívar; Zona B, destinada a la Plaza Cívica; Zona C recreativa cultural: la Zona D para el Palacio de los Ministerios y un Centro Comunal y la última, la Zona E, donde se propone la Comunidad El Conde, a ser resuelta por concurso.

5. Centro Simón Bolívar. Desarrollo integral. Plan de obras y financiamiento. Edificaciones (uso)

Dos citas de una entrevista concedida en 1989 por Ron Pedrique a Silvia Hernández de Lasala, que extraemos de su texto ya citado, son suficientemente esclarecedoras de la actitud pragmática y hasta cierto punto arrogante con que se enfrentó el proyecto, ilustrativas de cómo se visualizaba la ciudad, sus componentes y su desarrollo por aquel entonces. La primera refiere al proyecto del Centro Cívico: “La Avenida Bolívar es una autopista, está empalmada con la Autopista del Este y centraliza un caudal enorme de tránsito por todo el centro del casco urbano… Me parece bien la vía rápida como alimentación del Centro, la creación de una plataforma por encima de la Avenida y la utilización del desnivel que hay entre la Avenida Bolívar y la plataforma peatonal con estacionamiento… Se obtenía así una continuidad desde el Centro Simón Bolívar y el Parque Los Caobos”.

La segunda evidencia su cuestionable papel como gerente urbano que partía de la premisa de actuar sobre territorio devastado, situación que aún al día se hoy se padece: “Nosotros mandamos a arrasar a El Conde para quitar esa idea de la calle y la manzana de la cabeza. Esa era una zona de manzanas pequeñas parecidas a las de San Agustín… se nos criticó que parecía que se había bombardeado esa zona… Esa escala de cuadras y manzanas no va, no tenía valor alguno para su conservación. Zonas como esa podrían cumplir una función mucho más adecuada si hubiera una remodelación, un ordenamiento, una absorción de la zona para algo actualizado… El Conde era una estructura urbana que estorbaba, queríamos que de una vez se demoliera … lo tenían alquilado… estaba lleno de hoteluchos y pensiones”. A la luz de los efectos derivados del pensamiento que motiva esta última cita, del cambio de paradigma experimentado desde entonces en la manera como se debe actuar en el tejido urbano y de la situación actual de la avenida Bolívar y su entorno, a la cual habría que sumar las intervenciones provenientes de la Gran Misión Vivienda, preferimos que sea el lector, previa reflexión, quien saque sus propias conclusiones.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1, 2, 3, 4 y 5. https://oscartenreiro.com/2013/12/28/una-pequena-historia-necesaria-ii/

LA NOTICIA DE LA SEMANA

GUIACCS.COM

Caracas del valle al mar en formato Web

A falta aún de una presentación formal, los autores de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas), junto a quienes se han involucrado en el nuevo proyecto que ha consistido en revisar su contenido para llevarlo a un formato que permitiera su consulta de forma publica, permanente y universal, anuncian el lanzamiento, en el marco del año conmemorativo del 450 aniversario de la fundación de Caracas, de una nueva versión en formato web que puede desde ahora ser visitada, consultada, aprovechada y disfrutada a través de www.guiaccs.com.

Tras el éxito de la versión impresa, financiada en su oportunidad por la Universidad Central de Venezuela y la Junta de Andalucía, la iniciativa de darle acceso a la Guía a través de la web ha sido promovida por sus autores desde la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV y financiada por el grupo Econoinvest y la Fundación Arquitectura y Ciudad. También se ha establecido una asociación con el Archivo de Fotografía Urbana, para generar contenidos.

El portal se ha diseñado de manera tal que pueda navegarse por una constelación de campos de información sobre la capital que abarcan su historia, su identidad, su marco geográfico, su crecimiento, evolución y estructura urbana, su arquitectura, su patrimonio, sus principales obras de infraestructura o sus iconos arquitectónicos y paisajísticos.

La Guía web privilegia la mirada del arquitecto: un punto de vista sobre la forma y el espacio, donde cada edificio, cada espacio público representa una manera de observar. El resultado es lo que podría llamarse un “culture broker”, es decir, un elemento mediador entre el visitante (arquitecto), el lugar y la experiencia de recorrer la ciudad.
Su especificidad temática exigió mostrar contenidos que resultan esenciales para comprender una obra: situarla en su contexto histórico, explicitar sus aportes a la ciudad, su idea fuerza, lenguaje, lógica estructural, aportes tecnológicos y construcción formal. Se procuró que la fotografía tanto histórica como actual, junto a los textos y planos, armen un relato, para entender las relaciones que se construyen en el edificio, y explicar su sentido y su contexto.

Si bien la versión digital de la Guía mantiene los mismos temas y contenidos que la impresa, su carátula ofrece de entrada múltiples opciones de acceso a través de temas tales como: Aspectos generales, Caracas a través de sus planos, Hacedores de Ciudad -un registro biográfico de los profesionales que construyeron la ciudad-, Caracas a futuro/Miradas sobre la ciudad, Travesías por Caracas -rutas establecidas por la ciudad-, y Archivos de Arquitectura -donde se podrán consultar bases de datos-, campos de información que aspiran a ser alimentados progresivamente en el tiempo.
Seguidamente se muestran las diez zonas de la ciudad contentivas de las 364 obras de arquitectura seleccionadas inicialmente en la versión impresa. Sin embargo, la plataforma permitirá que este número vaya creciendo progresivamente de forma estratégica para ampliar el catálogo de piezas en forma sostenida lo cual se convierte en uno de los los aspectos más interesantes de este proyecto.

La página se estructura con campos de colores a manera de tarjetas que identifican cada tema y cada zona de la ciudad siguiendo los mismos códigos de la versión impresa, y con la misma tipografía para guardar una unidad entre ambos productos. Cada obra, además, está georefenciada en un plano general interactivo (que considera una base cartográfica existente de Google Maps) donde el visitante es capaz de encontrar su ubicación exacta en la ciudad.

El resultado visual, producto del trabajo de ABV Taller de diseño, se ha traducido en una pagina amable, legible y limpia pensada y diseñada tanto para el computador como para el teléfono móvil. Ello permite visitar las obras de primera mano, y asumir, sorteando las dificultades actuales, el rol de paseantes-exploradores que buscan leer la ciudad, ver su mejor arquitectura y entender las estructuras y sistemas que las originan y sustentan desde el móvil: toda una invitación a “observar para poder descubrir” y “conocer para actuar”.

Esta herramienta condensa una forma de relectura útil a propios y visitantes, visibilizando una ciudad privilegiada geográficamente, que necesita recuperar su brillo tomando conciencia de su belleza innata e indestructible. A partir de su consulta y revisión, se aspira a lograr que los ciudadanos, arquitectos, urbanistas y gobernantes la conozcan, la visiten, la comprendan y la valoren.

Con esta nueva versión web de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, se contará con una plataforma viva, que aspira transformarse en referencia para conocer la capital y su arquitectura y en medio que permita recobrar la aventura espiritual de sumergirse en la ciudad potenciando experiencias que promuevan su recorrido.

A través de esta nota, como se señaló al comienzo, la Fundación Arquitectura y Ciudad adelanta a manera de primicia este importante lanzamiento, anunciando que la presentación formal de http://www.guiaccs.com se tiene prevista realizar durante el presente mes de abril, la cual será notificada con la debida antelación.
La invitación ahora es a disfrutar de este valioso regalo.

IGV

El reto de documentar cómo se fue llenando la ciudad

Venezuela, como se sabe, experimentó, desde el punto de vista demográfico, uno de los procesos de urbanización más rápidos e intensos de cuantos se tenga registro a lo largo del siglo XX. De una proporción de población urbana del 15% en 1926, pasó al 53,3% en 1950, al 76,7% en 1971 y al 83,6% en 1990. Caracas, en particular, aumentó su población 8 veces entre 1936 y 1961 pasando de 203.342 a 1.675.278 habitantes y si nos remitimos a lo acontecido entre 1950 (donde tenía 704.567 hab.) y 1961, lo hace en más del doble. En lo relativo a la ocupación del territorio correspondiente al valle, el proceso expansivo de la ciudad pasa de abarcar una extensión de 970 Há en 1920 (cuando aún se concentraba prácticamente en el damero fundacional) a ocupar 2900 Há en 1941, 4200 Há en 1950 y 13000 Há en 1971 (cifras todas obtenidas de “La evolución urbana de Caracas. Indicadores e interpretaciones sobre el desarrollo de la interrelación ciudad-naturaleza” de Antonio de Lisio aparecido en la Revista de Geográfica Venezolana -2001-).

Por otro lado, tal y como señalan Nancy Dembo, José Rosas Vera e Iván González Viso en “Caracas, modernidad y escala urbana: una aproximación interdisciplinaria” (2004), entre 1929 y 1951 de acuerdo al seguimiento hecho a través de los principales planos elaborados de la ciudad que involucran los planes de extensión y ocupación de la metrópoli “se puede concluir que todos apuntan a configurar una estructura urbana y una lógica que se caracteriza por: 1) la ocupación total del valle de Caracas; 2) la consideración del valle y los potenciales del marco geográfico en que encaja, incluyendo su desarrollo hacia el litoral costero al norte y los valles transversales hacia el sudeste; 3) la consolidación de un centro principal en lo que era la ciudad de 1934 y la extensión de ésta hacia periferias suburbanas residenciales y núcleos de equipamiento especializado; 4) la importancia de una infraestructura vial que permita la lógica de extensión esbozada”.

En todo caso, un proceso de la envergadura y violencia como el desatado encontró a las autoridades de la ciudad desprovistas de herramientas para poder llevar de manera clara su ordenación y crecimiento, más aún si pensamos que Juan Vicente Gómez, quien gobierna desde 1908 hasta 1935, se desinteresó por la capital (que en buena medida le era hostil) y se instaló en Maracay, dándose a partir de 1926 y hasta 1945 una situación según la cual recae sobre la iniciativa particular prácticamente toda la canalización y orientación de la expansión de la ciudad. Juan Pedro Posani en el capítulo titulado “El drama urbano” perteneciente a la segunda parte de Caracas a través de su arquitectura (1969) acotará: “Hay que meditar sobre el fenómeno de este urbanismo de oligarquía y clase media que en el Country, en La Florida, en Los Caobos, en la continuación de El Paraíso, en el mismo Conde y en San Agustín del Norte, en los desarrollos que ya tienden poderosamente hacia la total ocupación del Este, demuestra una feliz amplitud, una muelle generosidad espacial, profusa y a menudo virtuosa, sin mezquindades, mejorada siempre por la abundancia de una vegetación bien escogida o conservada”. Eso sí, procediéndose sin ninguna previsión a urbanizar y ocupar primero para solicitar y obtener bajo presión los servicios después, toda una suerte de actitud que en Venezuela ha sido costumbre tanto en los desarrollos “formales” como en los “informales”. En otras palabras, dentro de los límites que anteriormente ocupaba, por lo general, una hacienda, “cada urbanización parcela de manera autónoma una parte del valle, sin que nadie logre establecer realmente alguna relación orgánica entre ellas. De tal manera ya se sientan las bases para la incoherencia y el desperdicio caótico del futuro. Pero, por lo menos contrariamente a lo que ocurrirá más tarde, el propio contexto oligárquico de la especulación obliga a mantener cierta elevación en el tono y en las formas…”.

A este “urbanismo de oligarquía”, gobernado principalmente por la vivienda unifamiliar, le seguirán otros caracterizados por la especulación que inundarán el período 1945-1955 (cuando Caracas duplica tanto su población como el área ocupada), conformados por edificios multifamiliares destinados en su mayoría a vivienda en alquiler que buscaba dar cobijo a los casi 300.000 inmigrantes que hacia el país se habían desplazado como consecuencia de la posguerra, mientras en paralelo se emprendía la “guerra contra el rancho”, destinada a albergar una población de más de 150.000 personas, insuficiente en virtud de las más de 300.000 que habían migrado del interior del país a la capital.

Este “urbanismo especulativo”, imbuido en la consigna oficial de “hacer lo que sea, pero hacer”, subyacente en el “Nuevo Ideal Nacional” perezjimenista, se ve, sin embargo, acompañado por la creación de la Comisión Nacional de Urbanismo (1946), por la actividad febril de la Dirección de Obras Municipales del Distrito Federal y de las Ingenierías Municipales de los dos municipios que lo conformaban (Libertador y Sucre), arropado por el énfasis en lo vial que se hereda del Plan Rotival, rematado en el Plano Regulador de Caracas (1951) -apadrinado por Francis Violich-, y es posible seguir tras la activa gestión de funcionarios de la talla de Leopoldo Martínez Olavarría, Pedro Pablo Azpúrua y Gerardo Sansón y de urbanizadores como Juan Bernardo Arismendi, Luis Roche, Gustavo San Román e Inocente Palacios (asuntos que nos ha develado Juan José Martín Frechilla a través de Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna -2004-), es quizás el que ha sido más difícil de registrar con precisión, no tanto en la determinación de sus trazados sino en la correcta identificación de las piezas con las que se fue llenando.

Esa ciudad que (citando de nuevo a Posani) “cambió de aspecto de la noche a la mañana” en la que “pulularon quintas y edificios y surgieron calles enteras con diseños detestables, repetidos una y cien veces”, cuya “… infraestructura se realizó, pero dentro del mayor desorden” y que se materializó en Las Acacias y las Colinas de Bello Monte, La Carlota y Los Chaguaramos, la Avenida Victoria y la Avenida Miranda (por citar las zonas más relevantes), pero que abarca algunos sectores de otras urbanizaciones tanto del este como del oeste y el propio centro, es la que poco a poco se ha empezado a mirar con ojos que convierten a esos “tristes abortos disfrazados con el oropel más falso (…) a esas cornisas de yeso, esos balconcitos inútiles, esas ventanitas de hierro, esos frisos de mármol pintado…”, sumidos por mucho tiempo en el anonimato, en objetos de estudio tras la búsqueda, demostrada la calidad de muchas de las soluciones ofrecidas, de los delineantes, geómetras, aparejadores, profesionales no revalidados y constructores que se ocultaban tras la firma de ingenieros colegiados y por ende legalmente habilitados para obtener los permisos de construcción que otorgaba la municipalidad.

En tal sentido, la tesonera labor desarrollada desde DoCoMoMo Venezuela (de la mano de Hannia Gómez y Frank Alcock), cristalizada en el montaje de las exposiciones “Las Italias de Caracas” (2012) o “Suite Iberia. La arquitectura de influencia española en Caracas” (2015) en la sala TAC del Trasnocho Cultural, termina de darle forma a la puerta abierta por el Instituto de Arquitectura Urbana a través de la publicación La vivienda multifamiliar/Caracas 1940-1970 (1983) y posteriormente por la exhibición “1950. El espíritu  moderno” (1997) gracias al tratamiento dado en esta última a lo que se denominó como “Estilismo anónimo”, arquitectura de mediana escala que con el auxilio de mano de obra especializada procedente de la inmigración europea “permitió el desarrollo de un lenguaje escrito en mármol, granito, pórticos, cornisas, basamentos, balcones, escaleras y lucernarios”. Dicha arquitectura “extravagante”, que aparece al margen y la vez arropa lo producido por quienes a la par materializaban nuestra modernidad arquitectónica, estaría realizada por los llamados “especialistas”, suerte de profesionales con alta preparación técnica a quienes se les atribuye la responsabilidad de su autoría. “Una multitud valerosa de trabajadores que vinieron a reconstruir sus vidas, y que, haciéndolo, lo primero que reconstruyeron fue su propia ciudad fragmentada”, como dirá Hannia Gómez en el texto introductoria del catálogo de “Las Italias de Caracas”.

Sin embargo, el empeño por calificar indiscriminadamente de “especialistas” a todos los que intervinieron en el proceso de diseño y construcción de un gran número de edificios con las características señaladas, terminó por demostrar sus limitaciones cuando se etiquetó como tal (sin serlo) al ingeniero civil sucrense Narciso Bárcenas, objeto de un interesante artículo escrito por Blanca Rivero y Orlando Marín titulado “El Especialista. ¿Mito historiográfico o realidad histórica?”, publicado en la página web de El estilete (http://www.elestilete.com/dossier/el-especialista-mito-historiografico-o-realidad-historica/), donde llegan a la conclusión de que “más allá de una ‘invención’ historiográfica, quizá ‘El Especialista’ sea un estilo desarrollado por muchos ‘especialistas’ que, como H. Ferrato (presunto diseñador mientras trabajaba en la oficina de Bárcenas de varios edificios sin poderlos firmar por no haber revalidado el título), marcaron la imagen de la edilicia urbana caraqueña en el momento de su mayor crecimiento”. La lección ofrecida por Rivero y Marín, junto a la promesa e invitación contenidas en los hermosos “Mosaicos” presentados en las dos exposiciones realizadas en el TAC, construidos con imágenes de elementos, detalles, acabados, tratamientos y objetos “provenientes de edificios que no son monumentos históricos … pero pudieran serlo”, obliga a acudir con mayor tesón y rigor a las fuentes documentales que aportan los libros de las ingenierías municipales o el registro que durante un buen tiempo transcribió en sus páginas la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, como punto de partida destinado a saldar una importante deuda con un anonimato integrado por “refinados arquitectos, experimentados ingenieros, sabios constructores, poéticos artistas y magníficos artesanos” en el que se encuentra atesorado mucho talento.

ACA

1926• Santuario de la Inmaculada Concepción, Palo Grande

Santuario Inmaculada Concepción San Juan.jpg

1926•  Se inicia la construcción del Santuario de la Inmaculada Concepción, ubicado en Palo Grande, junto a la Plaza Italia, San Juan, Caracas.
La obra es posible gracias al Padre Michaud, de la Orden de los Reverendos Padres Franceses y de un grupo de feligreses de la Parroquia San Juan que se dio a la tarea de recolectar fondos pata costear los trabajos de la nueva Capilla.

HVH