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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 115

La quinta Silenia, sede del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV desde su creación en 1958, tuvo una corta vida (escasamente un año) como vivienda unifamiliar. Ubicada en la urbanización residencial La Floresta, es diseñada por el arquitecto colombiano radicado en nuestro país desde 1950 Carlos Celis Cepero (1925) con la colaboración de los ingenieros Federico G. Cortés y Armando Fernández Esté.

Tal y como muestra el dibujo realizado por su creador, que podemos apreciar en la postal del día de hoy, la casa, de considerables proporciones, se ubica en la cota superior de un terreno en esquina dando su fachada principal hacia la avenida principal de La Floresta, circunstancia que le permite marcar con claridad tanto su acceso peatonal como vehicular. Como puede verse, la edificación está conformada fundamentalmente por dos volúmenes articulados que al separarse dan pie a la definición de su ingreso (cubierto con una ligero techo ondulado hoy inexistente cuyo lugar lo ocupa una pesada losa horizontal) e, interiormente, a la presencia de un patio en torno al cual se desarrolla la circulación y sobre el cual viven las principales dependencias. Destaca la manera como los materiales acompañan su contundencia formal donde el cuerpo ubicado a la derecha (el norte en este caso) es trabajado exteriormente por el artista Carlos González Bogen mediante un mural que lo recubre. También es de destacar la existencia en su interior de un vitral (obra igualmente de González Bogen) ejecutado con cristales de catedral por el artesano español Eugenio Robreño.

Cuando se termina la quinta Silenia (1957) ya Carlos Celis Cepero había acumulado, pese a su juventud, una importante experiencia. Mientras realiza sus estudios en la Universidad Nacional de Colombia -Bogotá- (1943-1949), logra construir en esa ciudad el edificio Ricardo Murcia (1946), encabeza la comitiva (en la que también se encontraba Augusto Tobito) de la Sociedad Colombiana de Arquitectos y del gobierno nacional que guía la visita de Le Corbusier a Bogotá entre el 16 y el 24 de junio de 1947 importante (impulso para la planificación moderna de la ciudad), y vive los convulsos acontecimientos que se derivaron del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948.

Una vez en Venezuela (1950), Celis  trabaja en el Ministerio de Obras Públicas  hasta 1951 y participa en 1952 en la reorganización de la Sala Técnica del Banco Obrero (BO) que derivó en la creación del Taller de Arquitectura de dicho organismo (TABO) el cual, como se sabe, contó con Carlos Raúl Villanueva como Arquitecto Consultor y con Celis como su jefe de sala por la que pasaron también Carlos Brando Paz, José Manuel Mijares, Guido Bermúdez, Víctor Mantilla Bazo, Eduardo Sosa Rodríguez y un grupo de estudiantes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.

La participación de Celis en el TABO junto a Villanueva da como resultado los proyectos de la Unidad de Vivienda Pedro Camejo, en Sarría (inaugurada en 1952), la Urbanización Ciudad Tablitas, Catia (1953) y la Unidad Residencial El Paraíso (1954), todos dentro del Plan Nacional de Vivienda (1951-1955). En 1950 Celis diseña su muy bien lograda casa de habitación (conocida como “Las Hormigas”, ubicada en la urbanización Las Palmas, Caracas) y en 1952, con la asesoría de Villanueva en la arquitectura y de Willy Ossott en el cálculo estructural, se termina la construcción del Edificio Shell Caribbean Petroleum Corporation, Maracaibo.

Otros trabajos del arquitecto que nos ocupa son: el proyecto para el Complejo Habitacional Los Ilustres, plaza Los Símbolos (1957); el Centro de Ingenieros, Mérida, estado Mérida (1959) proyectado en 1957 junto Eduardo Dagnino C. por la firma Tekto, C.A.; el edificio San Lorenzo, ubicado en la Urbanización Los Caobos, Plaza Venezuela (1972), diseñado junto a Ana Teresa Caraballo-Gramcko; y la Iglesia Nuestra Señora de los Desamparados, Puerto Píritu, estado Anzoátegui (1980). Celis, valga acotarlo, valida su título de arquitecto en la FAU UCV formando parte de la promoción nº 10 en 1960 y se jubila como docente de esa institución en 1984. La quinta Silenia, a través del tiempo ha sufrido, lamentablemente, una serie de modificaciones de parte de la entidad que la ocupa (que, por cierto, cumple este año 60 de creada). Dichas intervenciones, obligadas por la necesidad de incorporar nuevas funciones o abrirle paso al crecimiento de otras existentes se han hecho sin respeto alguno por el proyecto original. Su presencia exterior, sin embargo, conserva en buena parte la prestancia que la acompaña desde el momento mismo de su construcción.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 113

Caracas a pie, página que con periodicidad semanal apareció a lo largo de casi 7 años en el cuerpo “Ciudadanos” de El Nacional (de cuyo nº 1 ofrecemos hoy la imagen a través de nuestra postal), se convirtió en oportunidad única y muy bien aprovechada para generar lo que se podría denominar como “periodismo urbano militante” o, en otras palabras, de activismo a favor de una ciudad que ha descuidado al protagonista fundamental de su existencia: el peatón, el viandante, la persona que día a día la patea para ir a su trabajo, visitarla o simplemente desplazarse de un lugar a otro.

Los artífices de esta excepcional muestra de perseverante trabajo a favor de una fundamental causa, José (Cheo) Carvajal (comunicador social) y Juancho Pinto (sociólogo), lograron, a través de los 256 números que hemos logrado contabilizar, aparecidos entre el 19-08-2007 y el 26-01-2014, generar un particular interés entre los lectores del diario (incluidos profesionales, autoridades y gestores vinculados a lo urbano) por el enfoque que le dieron a su cruzada a favor del caminar (que nunca dudaron en calificar de “acto político”) permitiéndoles ir llenando la página de reflexiones en torno a la ciudad que tenemos, denuncias sobre lo que ha significado el descuido de sus aceras, muestras documentadas acerca de la desconsideración y desprecio de los conductores de vehículos por sobre quienes se desplazan andando por sus calles, pero sobre todo un importantísimo grupo de recorridos por los más diversos lugares de Caracas que ya de por sí se convierten en un documento invaluable para demostrar cómo la capital está llena de oportunidades para ser apreciada desde otra perspectiva, de rincones que nos ofrecen experiencias inusitadas, de trayectos que tienen sentido por su carácter temático, de sorprendentes descubrimientos de ciertas tradiciones que sobreviven dentro de la vorágine que nos envuelve. Las experiencias, impregnadas del situacionismo antisistema emergente durante los años 60-70 del siglo XX y por los textos de Manuel Delgado Ruiz, forman buena parte, además de una aguda intuición, del arsenal con que Carvajal y Pinto desencadenan su particular ensayo vivencial.

«El viandante -señalará Manuel Delgado Ruiz citado por Carvajal y Pinto- hace algunas cosas más que caminar, atravesar cuando el semáforo se le pone en verde, mirar las vitrinas o abrir y cerrar paraguas (…) Marchar, andar, sirve para cambiar de lugar, pero es también una forma de escritura en que cada trayecto que se traza es un relato, una historia íntima, una siembra de memoria (…) Sabemos que ha salido de algún lugar, pero no sabemos de cuál. Es, entonces, alguien sin origen. Tampoco sabemos adónde va ni lo que pretende. Es, por tanto, alguien sin destino ni función. En cualquier caso, es siempre un enigma, un misterio que camina.»

Diagramada bajo un criterio que se intentó respetar al máximo a través del tiempo, la página de Caracas a pie presentaba siempre un encabezado donde, además de su logo, denominación, numeración y créditos, aparecía una viñeta que recogía un breve mensaje asociado a la visión que sus responsables intentaban reflejar, cuya colección ya de por sí constituye un suculento manifiesto para ciudadanos comprometidos con el valor que tiene el cuidar los espacios urbanos destinados al peatón. El artículo, texto o tema central, redactado en un lenguaje amable para el público en general, giraba en su gran mayoría en torno a un trayecto dentro de la ciudad que valía la pena valorar y del cual se resaltaban las dificultades que presentaba transitarlo con fluidez, rescatándose variados datos de interés, edificaciones, espacios públicos, anécdotas, situaciones contradictorias y curiosidades todo lo cual se intentaba resumir en el título que se le daba al número. Carvajal ha declarado acerca de ese trajinar por los recovecos de la ciudad que ello les permitió descubrir algunos enigmas y sobre todo que «La ciudad depara muchas sorpresas, si estás atento durante el viaje. La idea que subyace en los trabajos no es buscar cosas extraordinarias, sino reivindicar lo cotidiano. Estar e interactuar. Así verificamos nuestra condición de ciudadanos». Además del diagrama y su leyenda que servía para ubicar y repetir el recorrido a quienes estuvieran interesados, siempre aparecen como complemento fotografías (cuyos comentarios siguen acentuando la militancia ciudadana), e incluso alguna nota curiosa que seguramente se le ha escapado a quienes le han dedicado su vida al estudio de lo urbano. El tono participativo y abierto que se perseguía incentivar mediante el uso de las redes sociales, se evidencia en una breve nota que bajo el título de “Lo que no vimos” solicitaba los siguiente: “Apúntenos en 350 caracteres lo que se nos pasó del trayecto. encaracas@gmail.com”.

La tozuda insistencia de Carvajal y Pinto en su cruzada tuvo como parcial recompensa la aparición en 2012 de una publicación que les permitió recoger en un solo volumen los primeros 100 números de la página editada por Los Libros de El Nacional, colección “Huellas”, serie “Caracas”. Los autores, como bien apuntan en la Introducción titulada “Caracas a pie. Una apología del roce…un documento de la Caracas del siglo XXI”, marcan a través de la estructura del libro una importante diferencia con sus “tradicionales recopilaciones periodísticas”, proponiendo una lectura no cronológica sino más bien a través de otra forma de organizar el material mediante un “mapa de la ciudad que rompe el paradigma Este-Oeste, división maquinal y maniquea de la ciudad, que ha servido como instrumentalización de discursos excluyentes y negadores de toda posibilidad de transformar nuestra realidad física y social”, haciendo justicia “a las zonas Norte y Sur de la ciudad, y por ende a su necesidad de mayor conexión”. Allí, además, se incluyeron aquellas ediciones “que no implicaron ningún recorrido sino que fueron pura reflexión o manifiesto sobre las posibilidades y contratiempos de la peatonalidad caraqueña”, un glosario con definiciones propias hechas desde la realidad de Caracas y no desde una proposición técnica, y un epílogo escrito por Marco Negrón. A modo de advertencia Carvajal y Pinto quieren dejar claro que “no nos anima ninguna vocación de producir ‘ciudadanía’, al menos no bajo el significado con el que lamentablemente  muchos la han entendido y asumido, como sinónimo de  ‘buenos ciudadanos’, que para nada corresponde a lo que planteamos: beligerancia, atención al conflicto allí donde está presente o latente”.

También, a partir de agosto de 2007 se creó el blog http://encaracasapie.blogspot.com/ donde se buscaba complementar los contenidos de la página semanal. Encabezado por la frase “Una cosa es hablar de la ciudad, otra desde la ciudad” , se declaraba: “Somos un colectivo, heredero del semanario ‘enCaracas, cartografías del ocio y vida urbana’. Nuestro lema fundamental: ‘Todo lo que invite a la calle es asunto nuestro, todo lo que la niegue también’. Juancho Pinto y José Carvajal somos las piernas de este proyecto”.

El blog, que no contó con la perseverancia en su mantenimiento que la página del diario si mostró (su ultima entrada tiene fecha junio 2012) y que bien podría revitalizarse en parte montando en él los 256 números aparecidos en El Nacional, permite a través de su primera entrada resumir los fundamentos del proyecto (vigente por demás) que se encontraba tras esta iniciativa y con el que vale cerrar esta nota: “Caminar es un fin en sí mismo. Caminamos por el simple placer de andar, por la necesidad de tropezarnos con esa vastedad que implica la ciudad. Ver sus contrastes, participar, aunque sea fugazmente, de sus conflictos. ¿Es peligroso caminar por las calles de Caracas? No mucho más que quedarse encerrado en casa o moverse en carro de centro comercial en centro comercial. El verdadero peligro va más allá del acto de transitar de un sitio a otro: es que neguemos la ciudad y sin embargo habitemos en ella. Por eso siempre decimos que caminar es un acto político. Biopolítica pura. Caracas no parece pensada para los caminantes, pero a pesar de todos sus obstáculos (los carros, en primer lugar) cerca del 20% de sus moradores se desplazan caminando todos los días. ¿Resistencia? ¿Ecologismo? ¿Pobreza? ¿Atletismo? ¿Vouyerismo? ¿Atormentados del volante? Cuales sean las razones, poco importa. Es un hecho: en Caracas al menos una quinta parte de su población se mueve ‘apiemente’. Y si sumamos los que se mueven en transporte público, que también caminan, tendremos las tres cuartas partes de los caraqueños. ¿Cómo hacemos más amable la ciudad para esa gran mayoría que circula día a día por nuestras calles? Más allá de lo obvio (mejorando, ampliando e interconectando sus calles, plazas, parques, y su transporte público; ofreciendo luz y seguridad) nosotros decimos que militando en esta causa de los de a pie. Allí nos vemos”.

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LA PLAZA VENEZUELA

Vista general de la Plaza Venezuela en los años 50

A poco que uno se dedica a observar el crecimiento de Caracas desde el damero fundacional hacia el oriente a través de las representaciones planimétricas registradas a partir de 1929 (partiendo del Plano de Caracas de Ricardo Razzeti) (1), se puede notar que el mismo está signado por la prolongación de un eje que, teniendo su origen en la avenida Este 2 (paralelo a la ruta que derivará en el trayecto del Ferrocarril Central), se transforma en la Carretera del Este bordeando el Parque Sucre (hoy Los Caobos), siguiendo por lo que luego se conocerá como la Gran Avenida y la Calle Real de Sabana Grande, para más adelante (donde hoy se desarrolla la avenida Francisco de Miranda) servir de conexión a las haciendas que ocupaban el espacio entre Chacaíto y Petare cuya transformación en urbanizaciones se inicia en 1928. Este proceso de crecimiento, el cual nos es imposible desarrollar en esta breve nota, tiene en el trabajo elaborado por el ingeniero Carlos F. Linares, titulado “Consideraciones acerca del lugar hacia el cual debe extenderse la ciudad de Caracas”, publicado en la Revista Técnica del MOP de marzo de 1912, un claro precedente. Linares, dadas las condiciones naturales del valle y la localización del centro fundacional de la ciudad, veía las llanuras del este como el destino lógico de la expansión de Caracas, para lo cual proponía una serie de acciones que de haberse tomado en cuenta habrían dado un resultado de mayor calidad y orden del que en definitiva se dio.

1 (izquierda): Plano de Caracas por Ricardo Razetti, 1929. 2 (derecha): Plaza de los museos de Bellas Artes y Ciencias Naturales cuando aún se podía atravesar el Parque Los Caobos (Parque Sucre) vehicularmente. Años 1950.

Tal y como relata Ciro Caraballo Perichi en “Los últimos días de aquella de los techos rojos, o los ‘planes’ entes del ‘plan’” (aparecido en El Plan Rotival. La Caracas que no fue, Ediciones Instituto de Urbanismo FAU UCV, 1991), teniéndose a las urbanizaciones Los Caobos (1924), San Agustín (1926) y El Conde (1928) como primeras muestras de la tendencia natural de crecimiento hacia el este, dentro de criterios que no rompían con la trama tradicional, lo que las hacía ver como un bloque relativamente homogéneo, pasa a ser fundamental tomar en cuenta como aspecto coyuntural en la expansión de la ciudad la decisión asumida en 1924 por el Ejecutivo Nacional de adquirir “la mayor parte de los terrenos de la Urbanización Los Caobos -con sus lotes definidos y su vialidad ya trazada- para construir un parque urbano” que se denominará Parque Sucre por conmemorarse ese año el centenario de la Batalla de Ayacucho. Si bien las calles de la urbanización continuaron abiertas al tránsito vehicular, “esta enorme masa de árboles separaría la ciudad de su nuevo engendro: las urbanizaciones del este”, concluirá Caraballo. (2).

3. Recorte hecho al Plano de Caracas y sus alrededores (1934) de Eduardo Rohl en el que «parece adivinarse un caballo recostado contra el Ávila»
4 (izquierda): Detalle del Plano de Caracas Monumental (1936) de Ramón Sosa. 5 (derecha): Entrada de la urbanización Los Caobos promovida por Luis Roche, cuyo trazado fue diseñado por Enrique García Maldonado y José Antonio Madriz Guerrero en 1940.

Son el Plano de Caracas y sus alrededores (1934) de Eduardo Rohl y el Plano de Caracas Monumental (1936) de Ramón Sosa los que ofrecen el mejor apoyo para entender lo que posteriormente sería el destino del lugar ubicado al este del Parque Los Caobos (denominación que se le da al Parque Sucre a partir de 1937) y que dará como resultado la localización de lo que hoy conocemos como Plaza Venezuela. El plano de Rohl (3) informa con precisión acerca de la aparición de cotos aislados, algunos de ellos entre quebradas que aún permanecen intactas, débilmente conectados a la Carretera del Este, que se empiezan a poblar de quintas: Las Delicias (1928), Caracas Country Club (1928), La Florida (1929), Los Palos Grandes (1930), Los Chorros (1930), Campo Alegre (1932) y Sebucán (1932). El plano de Sosa (4), por su parte, esboza como remate de la avenida que atraviesa el Parque Los Caobos y su encuentro con la Carretera del Este que continuará hacia Sabana Grande, un espacio que marca el borde sur de lo que se denomina como “Urbanización Bigott” (con el edificio de la conocida Cigarrera incluido al borde de la ruta del Ferrocarril Central), ubicada entre las quebradas de Maripérez y Canoas. Dicho espacio se constituirá más adelante en la entrada, definida por una plaza verde inaugurada en 1941, provista de fuentes y adornada con una serie de esculturas conocidas como “Los Venados” (trasladadas en los años ’50 a la Plaza La Estrella en San Bernardino), del desarrollo emprendido por Luis Roche, cuyo trazado fue diseñado en 1940 por el arquitecto Enrique García Maldonado y el ingeniero José Antonio Madriz Guerrero, de la que hoy se conoce como urbanización Los Caobos y en el punto donde finalmente aparecerá la Plaza Venezuela. (5)

6 (izquierda): Detalle el esquema de vialidad del Plan Rotival (1939). En el lugar denominado Plaza Colón se ubicará la Plaza Venezuela. 7 (derecha): Vista de la Autopista del Este en fechas cercanas a su inauguración (1953) hacia la Plaza Venezuela.

La decisión de Roche de ubicar la urbanización en ese lugar habla a las claras de su capacidad para detectar sectores de la ciudad con un potencial de desarrollo que con el tiempo se verían convertidos en centros neurálgicos de ella. Por ello no es casual que Los Caobos se inaugure un año después de la presentación del Plan Rotival, propuesta que marca el destino del desarrollo urbano y vial de Caracas y donde empieza a considerarse lo que se denomina “Plaza Colón” como el centro geográfico de la capital y lugar donde se podría pensar en la concentración de actividades financieras.(6)

8. Izquierda: Fuente de la lPaza Venezuela del escultor Ernesto Maragall en pleno funcionamiento. Derecha: La fuente en su ubicación actual en el Parque Los Caobos

El empujón final que hará tomar su aspecto definitivo a la Plaza Venezuela lo dará, siguiendo las recomendaciones del Plano Regulador de Caracas de 1951, la construcción en 1953 de la primer etapa de la autopista del Este y del distribuidor que permitirá desde ella el acceso al espacio que nos ocupa, estrechamente vinculado, también, a través de una conexión directa que pasa sobre la autopista a la Ciudad Universitaria por la puerta “Tamanaco” (7). En este sentido, no hay que olvidar que para ese entonces el espacio central de la plaza es ocupado por un conjunto de esculturas y fuentes luminosas, producto de un concurso promovido en 1952 por el Concejo Municipal de Caracas entre los más prestigiosos artistas del país, del cual resultó ganador Ernesto Maragall con la obra que fue bautizada «Fuente Venezuela» en 1953 que hoy puede apreciarse reubicada, desde 1967, en el Parque Los Caobos.(8)

9 (izquierda): Torre Polar, Vegas & Galia (1954). 10 (derecha): Concesionario Chrysler-Plymouth, Don Hatch (1953)
11 (izquierda): Torre Capriles, John Machado y Gustavo Machado (1968). 12 (derecha): Torre Phelps, José María Puig (1968)
13 (izquierda): Nunciatura Apostólica, Manuel Mujica Millán (1944). 14 (derecha): Puente Bolívar (Los Caobos), Enrique García Maldonado (1940)

Tampoco será menor el efecto que producirá la localización allí (1954) del nuevo rascacielos de la capital: la torre Polar (tercer proyecto de la firma Vegas & Galia y primer edificio en Latinoamérica en utilizar “muros cortina”) (9), la cual estuvo acompañada a partir de ese mismo año en el terreno del frente por un sobrio concesionario de automóviles Chrysler-Plymouth diseñado por Don Hatch (10) y más hacia el este por una bomba de gasolina que aún permanece. Más adelante (1968) completarán el perfil metropolitano del espacio la Torre Capriles (proyectada por los arquitectos John Machado y Gustavo Machado) (11) y la Torre Phelps (12) (diseñada por el arquitecto José María Puig, que ocupará el lugar dejado por la demolición del showroom de Hatch), ubicadas a ambos lados de la avenida La Salle, eje principal de la urbanización Los Caobos que con el tiempo también terminó de cambiar definitivamente su condición predominantemente residencial presidida durante años por la Nunciatura Apostólica (de Manuel Mujica Millán -1944-) (13) y por el puente Bolívar diseñado por García Maldonado en 1940 (14), que daba paso a la ruta del Ferrocarril (luego Calle La Línea), demolido cuando posteriormente, se construyó la avenida Libertador.

15 (izquierda): El tráfico se apoderó de la Plaza Venezuela desde finales de los años 50. 16 (derecha): La fuente es removida el año 1967 construyéndose una trinchera para aliviar el tránsito

En resumen, a partir de 1953 el impacto que recibirá la plaza convertida en punto de encuentro vial será enorme pasando a convertirse en un lugar de congestión (15). Dicha condición que, salvando las distancias, la asemeja a la Plaza L’Etoile de París, ha hecho de este lugar un permanente dolor de cabeza para quienes piensan la ciudad con base a su vialidad y no en la condición peatonal que requiere como lugar de encuentro a escala urbana.

17 (izquierda): Nueva fuente diseñada por Santos Michelena en una ubicación lateral (1983). 18 (izquierda): Nueva fuente ubicada en el lugar original y centro geométrico del espacio que rescata el diseño de Santos Michelena (2009)
19 (arriba izquierda): Abra solar de Alejandro Otero. 20 (arriba derecha): Fisiocromía homenaje a Andrés Bello de Carlos Cruz-Diez. 21 (abajo): vista general de las áreas verdes complementarias a la Plaza Venezuela

De allí las sucesivas modificaciones que ha sufrido: vaciamiento del centro mediante la construcción de una trinchera que “resolvía” la conexión directa este-oeste y consecuente desaparición de la fuente original (1967) (16); aparición lateralmente de otra fuente diseñada por el ingeniero Santos Michelena (1983) (17); cierre de la trinchera y posterior colocación de otra fuente más moderna (que rescata el diseño de Santos Michelena) en el lugar original y centro geométrico del espacio (2009) (18) lo cual le ha permitido adquirir cierta animación nocturna, sin que por ello haya cuajado como el lugar de permanencia y disfrute que su ubicación y escala siempre han demandado y que tampoco la presencia un tanto desarticulada de obras de arte como el “Abra Solar” de Alejandro Otero (19), la “Fisiocromía homenaje a Andrés Bello” de Carlos Cruz-Díez y la propia efigie de Bello a la que sirve de marco (20), han logrado resolver. (21)

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Procedencia de las imágenes

Encabezado. https://fotourbana.org/fondovisual/homenaje-a-william-nino-en-el-449no-aniversario-de-caracas/

1, 3 y 4. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

2. https://www.pinterest.com/pin/486107353527235250/

5, 9, 11, 13, 14, 15. Colección Crono Arquitectura Venezuela

6. Vallmitjana, M.(coord.); El Plan Rotival. La Caracas que no fue. 1939-1989. Un plan urbano para Caracas, 1991

7. https://www.pinterest.com/pin/462604192945063418/

8. https://www.pinterest.com/pin/451134087651586721/

10. https://www.ccscity450.com/otras_obras/showroom-chrysler-plymouth/

12. https://www.conlallave.com/propiedades/torre-phelps-51660841.html

16. https://www.pinterest.com/pin/282530576603829786/

17. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/957413387197190144

18. https://medium.com/@beatrice_91993/la-fuente-de-plaza-venezuela-16-millones-de-colores-para-todos-d80306768bbf

19. https://iamvenezuela.com/2015/06/abra-solar-de-alejandro-otero/

20 http://www.cruz-diez.com/es/work/integracion-a-la-arquitectura_1/1980-1989/fisicromia-concavo-convexa-homenaje-a-don-andres-bello/

21. http://www.arquitecturapanamericana.com/wp-content/gallery/rehabilitacion-integral-de-la-fuente-de-plaza-venezuela-y-sus-zonas-de-injerencia/Foto-aerea-Plaza-Venezuela.jpg