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MOROLLÓN Construcciones metálicas, fue otra de las empresas que trabajó en la realización de la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC) que buscaba darse a conocer a través de las nacientes revistas de arquitectura nacionales, tras la certeza de que formaba parte de una obra de enorme trascendencia.
La actuación de esta compañía, de la cual no hemos podido recabar mayor información que el aviso publicado en A, hombre y expresión que ilustra nuestra postal del día de hoy (donde se informa que se ubicaba en la entrada de Altavista, Catia), ni tampoco corroborar su participación de otra manera o en otros lugares de la CUC, corresponde a un renglón que sin duda constituyó uno de los ejes fundamentales dentro de la magna obra de Villanueva: la realización de las obras de arte que pueblan todo el conjunto y que permitieron materializar las ideas que en torno a la síntesis arte-arquitectura puso a prueba el Maestro en cada rincón.
El encargo hecho a MOROLLÓN no era nada sencillo, lo cual habla del muy buen nivel alcanzado por empresas, seguramente emergentes, dentro de la industria del metal a escala nacional. Se trataba de elaborar una pieza del ya para entonces reconocido artista plástico Víctor Vasarely (Pécs, Hungría 1908-París, Francia 1997) sin la presencia y supervisión del autor y cuyos dibujos y especificaciones serían elaborados a distancia en momentos en que no existía internet. Además era, en medio de las obras de arte que tienen el privilegio de formar parte del Conjunto Central de la CUC, el único mural realizado en hierro y aluminio. De allí que el nivel de precisión en la ejecución cobrara particular importancia a sabiendas que se buscaba poner en práctica a través de la obra las ideas formuladas por Vasarely de que el arte debe tener incorporado el movimiento y podía variar, cuando de obras tridimensionales se trataba, la percepción del observador de acuerdo al ángulo visual y posición en la que se encontrara. El nombre de la pieza, “Positivo-Negativo” (+/-) ya asomaba buena parte del contenido conceptual y búsqueda perceptual a la que nos estamos refiriendo.



Positivo-Negativo, fechada en 1954, cuyas dimensiones son 5,20 metros de largo por 2,96 de alto y 22 centímetros de espesor, enmarcada en los extremos por dos columnas de concreto, está compuesta originalmente por 29 láminas de aluminio, colocadas diagonalmente y ligeramente separadas, cortadas y dispuestas de manera en que, vistas una al lado de otra forman figuras geométricas. Se ubica frente a las puertas de acceso de la Sala de Conciertos formando parte también del vestíbulo de la Biblioteca Central, acompañada por murales de Pascual Navarro y Mateo Manaure, y está iluminada a través de una abertura hexagonal en la cubierta que produce sombras que se mueven a lo largo del día. Forma parte de un momento (los años 50 del siglo XX) en el que Vasarely ya había empezado a experimentar como artista con la ilusión óptica como medio para impactar en el observador, juegos que lo llevaron a consolidar en la década posterior la creación de los que se conoce como Op Art (arte óptico). Este compromiso con la abstracción geométrica pero particularmente con el cinetismo. fue lo que hizo que Villanueva, a instancias de la joven promotora de arte y periodista Sofía Imber, visitara en 1952 el taller del artista y le mostrara su trabajo.
De lo que se recoge en el portal https://iamvenezuela.com del Institutional Assets and Mouments of Venezuela (IAM), Vasarely manifestó lo siguiente de su encuentro con el Maestro: “En aquel entonces Villanueva me dejó esbozada una idea de los planos de la Ciudad Universitaria en una servilleta a fin de que yo pudiera imaginar lo que él se proponía. Unas semanas más tarde le sometí a consideración cuatro proyectos de los cuales seleccionó tres.”
De esa manera Vasarely se convertiría en el artista extranjero convocado por Villanueva que más participación tuvo en el Conjunto Central de la CUC. Además de Positivo-Negativo realizó el bimural “Homenaje a Malevich” en plena Plaza Cubierta de 14,18 metros de largo por 2,62 de alto, hecho con estructura de concreto y recubierto con baldosas de cerámica esmaltada, y también elaboró, con mosaicos vítreos industriales de 2 x 2 cms para al fachada este del volumen que encierra el sistema de enfriamiento del Aula Magna, el mural (tríptico de 2,47 x 4,70 mts cada parte) “Sophia” que se dice fue denominado así en honor a la ya citada promotora y periodista venezolana.




En cuanto a Positivo-Negativo, la obra fue diseñada hasta el más mínimo detalle en el taller de Vasarely en París y se realizó, como ya señalamos, sin que estuviera presente durante su ejecución en Caracas. Más adelante, en entrevista que concediera a Sofía Imber y Carlos Rangel el 3 de noviembre de 1977 para el recordado programa televisivo “Buenos días”, citado en la página del IAM, Vasarely mencionará sobre su participación en la CUC lo siguiente: “…Villanueva y yo trabajamos juntos, hicimos los planos para esta ‘integración de las artes a la arquitectura’ en la Ciudad Universitaria y, en el fondo, fue la primera vez que hice un trabajo artístico por pedido y desde tan lejos, un télex pedido, una comisión télex comandada desde Venezuela. Hice las maquetas de las obras a escala de 1 a 20, diseñé los colores, también indiqué los materiales que había que usar para ejecutarlas, hice una programación detallada y a partir de ese momento la creación se hacía por correspondencia…”.
Sería posteriormente cuando el artista visitaría Caracas y podría ver en persona la importancia de su impronta y constatar lo que Villanueva le transmitiera acerca de lo que para él significaba la Síntesis de las Artes, recogida en la siguiente cita de 1954: “En el ambiente de las artes plásticas se formula la necesidad de una integración de la pintura y la escultura con la arquitectura, del retorno de los antiguos elementos del color y volumen al blanco organismo arquitectónico (…). La idea de esta integración sólo podrá cristalizar con resultados positivos cuando la pintura y la escultura encuentren las razones arquitectónicas de su incorporación al ambiente construido. Es decir, sólo cuando se junte y se modele en función de los elementos espaciales que constituyen la obra arquitectónica”. Este encuentro con Villanueva le daría a Vasarely una inmejorable oportunidad para concretar su sueño de participar en una experiencia única de integración entre arte y arquitectura que sin duda marcaría el futuro de su carrera.

Así, Positivo-Negativo, adelantándose a lo que posteriormente desarrollaría con mayor intensidad Vasarely, aporta con su vibrar, su reverberar, su juego de luces y sombras y sus posibilidades de interacción material con un público que ha dejado de ser simple espectador, un ingrediente más a la experiencia espacial que se tiene al transcurrir por el Conjunto Central entre el Rectorado y la Biblioteca. Y para que todo ello haya ocurrido, el grano de arena aportado mediante la excelente realización de Positivo-Negativo llevada a cabo por los operarios de MOROLLÓN Construcciones metálicas tuvo mucho que ver.
Como la mayoría de las obras y los espacios de la Ciudad Universitaria de Caracas, las realizadas por Vasarely se han visto perjudicadas por la crisis de presupuesto que afecta a la Universidad Central de Venezuela y claman por una urgente atención y mantenimiento.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. A, hombre y expresión, nº 2, 1955
4. https://historia-arte.com/artistas/victor-vasarely
7. https://iamvenezuela.com/2019/05/positivo-negativo-la-ruptura-cinetica-de-victor-vasarely-en-la-ucv/

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Nuestra postal del día de hoy recoge el anuncio de una constructora de la que con el tiempo sólo se ha podido rastrear la importante obra a la que en él se hace mención: la “Unidad de Habitación El Paraíso”, conocida más comúnmente como “Unidad Residencial El Paraíso”, proyectada por Carlos Raúl Villanueva, Carlos Celis Cepero y José Manuel Mijares como una de las primeras realizaciones del Plan Nacional de la Vivienda 1951-55 formulado por el Taller de Arquitectura del Banco Obrero (TABO), enmarcado a su vez en la gestión estatal vinculada al Nuevo Ideal Nacional perezjimenista.
El curioso diseño de la propaganda elaborado por Juan Pedro Posani para el nº 2 de la revista A, hombre y expresión, muestra detalles fotográficos de la obra, ejecutada por la Constructora Sánchez, enmarcados dentro de lo que podríamos entender como una alusión a las nubes de Calder que presiden el interior del Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas, inaugurada apenas dos años antes. Por otro lado, la composición general de las tres “nubes”, junto a la tipografía, tienden a conformar de manera esquemática la planta de tan emblemático edificio. Recordemos que Posani por aquellos años es el más directo colaborador de Carlos Raúl Villanueva dentro del Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria y, junto a él y Ramón Losada los tres son fundadores de la revista donde la constructora se promociona.
Por otro la lado, la sutil pero importante diferencia en la denominación del edificio construido entre “unidad de habitación” y “unidad residencial” no es menor. La primera remite a un nivel social muy diferente a la segunda, lo que en efecto ocurrió cuando del proyecto original realizado en 1952 sobre un solar adquirido en 1951 por el Banco Obrero de accidentada topografía, buenas visuales sobre la ciudad y densa vegetación, ubicado al sureste de la avenida Páez, conformado por 3 superbloques – dos de 14 pisos y uno de 19 – más tres bloques de 4 pisos, estacionamientos y 2 calles internas, inspirados en la Unidad de Habitación de Marsella de Le Corbusier, sólo se construyó un superbloque de 18 pisos y dos bloques de 4 pisos. Este hecho reorientó la asignación de los apartamentos originalmente destinados a la clase obrera hacia la clase media: la densidad había bajado de manera importante y la proximidad al centro de la ciudad colaboraron para ello fuera así.


Definitivamente, tal y como señala Beatriz Meza Suinaga en la ficha elaborada para Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “en 1953 se erigen 2 bloques bajos con 40 apartamentos duplex de 3-5 dormitorios, y entre 1954-1955, el superbloque formado por un paralelepípedo y 2 alas transversales de 18 pisos, con 2 pisos para estacionamientos, 2 de servicios y 14 plantas que contienen 182 apartamentos dúplex (26 cada 2 pisos, y 5 modelos de 3 dormitorios). A nivel de calle, al estacionamiento sobresaliente de 2 pisos se adosan rampas peatonales para acceder al tercer nivel con una terraza semitechada y servicios comunales; detrás de los bloques bajos se proyectaron un kinder, comercios y club no construidos. El superbloque presenta variedad con su estructura a la vista, alternancia de llenos y vacíos -paños ciegos, ventanas, balcones, retranqueos- romanillas, quiebrasoles, aleros, contraste de alturas y movimientos plásticos realzados por la policromía de Alejandro Otero (1921-1990)…”. Además, habría que decirlo, se aprovechan al máximo la visuales y se logra iluminar y ventilar la totalidad de los espacios de forma natural y correcta.
Sibyl Moholy-Nagy en Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela (1964) aportará lo siguiente: “Cuando Villanueva y Carlos Celis Cepero comenzaron El Paraíso, acordaron basarse en tres directivas principales respetadas a pesar de los obstáculos derivados de la ubicación, los aspectos económicos y la opinión pública.
1. Elegir panoramas tan variados como fuera posible porque el paisaje y la ciudad circundante debían ser incorporados.
2. Eludir la monotonía variando el conjunto de los edificios (la silueta) y mediante la diferenciación de las alturas y del alineamiento de los edificios entre sí.
3. El diseño exterior debía ser original, pero no a costa de lo razonable. La orientación hacia el oeste debía protegerse especialmente del sol por medio de mamparas y brise-soleils.”



El conjunto ha sido reseñado a lo largo de todas las publicaciones editadas sobre la obra de Villanueva no sólo como parte del Plan Nacional de la Vivienda sino como uno de los dos primeros prototipos, junto a la Unidad de Habitación Cerro Grande, proyecto de Guido Bermúdez construida en El Valle casi en simultáneo, de edificaciones de gran altura con los que se dan los primeros pasos para lo que luego serán intervenciones de mayor densidad para las que se proyecta un nuevo tipo de superbloque, más simplificado, más económico y de más rápida ejecución, “donde Villanueva asumió todos los riesgos de la nueva escala tanto en la arquitectura como en el urbanismo”, tal y como señalará Paulina Villanueva en “Unidad Residencial ‘El Paraíso’ ” texto aparecido en el nº 29 (2013) de la revista DPA (Barcelona) dedicada a C.R. Villanueva.
En el libro Carlos Raúl Villanueva (2000) realizado por la propia Paulina junto a Maciá Pintó leemos en la reseña dedicada a la “Unidad Residencial El Paraíso” lo siguiente: “Sin embargo, en El Paraíso, al ser un bloque que también contiene servicios, está presente la particular fusión de Villanueva entre urbanizar y proyectar, al reunir en la solución arquitectónica una propuesta de vida comunitaria completa.”
En lo que a la Constructora Sánchez se refiere, a ella se deben dirigir los comentarios que señalan a la Unidad Residencial El Paraíso como realizada dentro de patrones de muy alta calidad, donde la estructura a la vista destaca por su limpieza y buena ejecución y todas las obras, tanto estructurales como de arquitectura, se llevaron a cabo de acuerdo a lo previsto en el proyecto y en los tiempos establecidos. También la nobleza constructiva (junto al cuidado en el mantenimiento puesto por sus moradores) permite observar el conjunto hoy en día como uno de los mejor conservados de la época. En cuanto al Plan Nacional de Vivienda hay que señalar que “a pesar de la actuación técnica del BO y del interés gubernamental en resolver las carencias, los resultados revelaron la imposibilidad de generar una oferta acorde con la demanda y, a fines de 1953, los programas oficiales cambian y en adelante se enfoquen en eliminar los ranchos en Caracas obviando prácticamente al resto del país”, como señalará Beatriz Meza Suinaga en “Gestión estatal de la vivienda en Venezuela: el Plan Nacional (1951-1955)”, texto publicado en Cuadernos del Cendes (2014). Allí se iniciaba la “guerra contra el rancho” la cual también se perdió. La acentuación del proceso migratorio y el aumento exponencial del crecimiento de áreas de vivienda no controladas no logró frenarse.
ACA
Procedencia de las imágenes
1 y 2. Sibyl Moholy-Nagy, Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela (1964)
3. https://www.pinterest.com/pin/92816442307596293/, https://www.pinterest.com/pin/423619908695175049/ y http://guiaccs.com/obras/unidad-residencial-el-paraiso/

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La imagen que hemos seleccionado hoy para que acompañe nuestra postal corresponde a la propaganda de una marca que nace como consecuencia de la creación en 1894, por parte del emprendedor e industrial austríaco Ludwig Hatschek, del material que se conoce como fibrocemento, el cual patentó en 1900 y empezó a fabricar a partir de 1903 bajo el nombre comercial de Eternit.
Según consta en su biografía, Hatschek compró en 1893 una fábrica de papel en desuso en Schöndorf, cerca de Vöcklabruck, Austria. Para esta fábrica, adquirió máquinas de hilar de amianto (asbesto) usadas de una hilandería incendiada en Lend fibra que, sumada al cemento, celulosa, aire y agua, le permitió concretar la idea de producir un material “más ligero que el ladrillo, más barato que la pizarra y mejor que la chapa”. De lo que recogemos del portal https://www.eternit.at, Hatschek “llama al primer material de construcción producido industrialmente del mundo ‘Eternit’, derivado del latín ‘aeternus’, que significa algo así como ‘eterno’ y debería revolucionar el mercado: debido a las propiedades físicas especiales de los paneles Eternit, como resistencia a las heladas, resistencia al fuego y de peso ligero, el material de construcción encuentra rápidamente partidarios”.

Desde que comienza su producción industrial, Eternit tuvo un enorme éxito y aceptación dentro de la industria de la construcción en virtud de sus ventajas competitivas en el uso para cubiertas dado su bajo costo, al punto que el nombre comercial se dio a conocer prácticamente en todo el planeta, perteneciendo en cada país donde tiene presencia a diferentes empresas o grupos empresariales que la han adquirido con el paso del tiempo.
La que es lanzada como “la losa de hormigón más delgada del mundo” sirvió ya desde 1903 para techar naves industriales y fábricas en toda Europa imponiéndose paulatinamente a escala internacional, cobrando un auge inusitado a partir de la reconstrucción que se emprende después de la Segunda Guerra Mundial. El portal ya citado complementa: “El auge de la construcción en la década de 1960 dio lugar a una gran proliferación de edificios. Numerosos paisajes de tejados llevan la firma de Eternit, pueblos enteros están revestidos con el material de construcción. Eternit avanzó rápidamente de ser un material de construcción puro a ser el material de una cultura: a ser un material de construcción de culto, por así decirlo. Y el panorama de la arquitectura también fue tomando conciencia de la empresa. Inspirándose en las posibilidades estructurales, se forman alianzas con grandes de la arquitectura austriaca como Clemens Holzmeister, Mauriz Balzarek u Otto Wagner. A nivel internacional, son reconocidos arquitectos Oscar Niemeyer, Le Corbusier y Alvar Aalto quienes dan forma a la cultura moderna de la construcción y a la vez aparecen junto a Eternit. (…) El pabellón de la Expo de Nueva York de Gustav Peichl, la iglesia Steinhof de Viena de Otto Wagner, la Ortsstockhaus de Braunwald de Hans Leuzinger y la Maison Blanche de La Chaux-de-Fonds de Le Corbusier son solo algunos de los testigos contemporáneos de la exitosa historia de Eternit.”


Otro hecho destacado a mencionar fue cuando el diseñador Willy Guhl creó en 1954 la famosa silla de bucle, la cual se componía de una sola pieza elaborada con este material, y cuyo diseño reflejaba las cualidades propias del fibrocemento: delgado, ligero, resistente y atractivo.
Ampliamente conocido como “asbesto-cemento” la popularidad de dicha combinación sufre un duro golpe en los años 70, momento en que diferentes investigaciones emprendidas en los Estados Unidos determinan que la exposición prolongada con el amianto, cuyas propiedades asociadas a la resistencia al calor, al fuego y a las sustancias químicas además de no ser conductor de la electricidad y por ende un buen aislante térmico (características que lo habían impuesto por sobre el zinc, otro material muy utilizado para realizar cubiertas), acarreaba riesgos de contraer cáncer. La página https://www.cancer.gov/espanol/cancer/causas-prevencion/riesgo/sustancias/asbesto/hoja-informativa-asbesto, señala: “A fines de los años setenta, la Comisión de Seguridad de los Productos para el Consumidor de EE. UU. (U.S. Consumer Product Safety Commission, CPSC) prohibió el uso del asbesto en los compuestos para la reparación de tablaroca o cartón-yeso y en chimeneas de gas porque las fibras de estos productos podían escaparse al ambiente durante el uso. Además, en 1979, los fabricantes de secadoras de pelo eléctricas dejaron voluntariamente de usar el asbesto en sus productos. En 1989, la Oficina de Protección Ambiental de los Estados Unidos (U.S. Environmental Protection Agency, EPA), prohibió todo uso nuevo del asbesto; sin embargo, los usos establecidos antes de 1989 aún se permiten. La EPA estableció también normas que requieren que las escuelas inspeccionen los edificios para la presencia de asbesto dañado y para eliminar o reducir la exposición de los ocupantes mediante el retiro o el sellado del asbesto”. Y añade: “Es posible que la gente esté expuesta al asbesto en su trabajo, en su localidad o en sus hogares. Si los productos que contienen asbesto se sacuden, fibras pequeñas de asbesto se desprenden en el aire. Cuando se inhalan las fibras de asbesto, es posible que se alojen en los pulmones y que permanezcan ahí por mucho tiempo. Con el tiempo, las fibras pueden acumularse y causar cicatrices e inflamación, lo cual puede dificultar la respiración y llevar a serios problemas de salud”.
La marca Eternit, asociada desde siempre con la denominación asbesto-cemento, se vio obligada a modificar totalmente la fórmula de fabricación de los productos que utilizó durante años, sustituyendo el amianto por otros tipos de fibras, como fibras de celulosa, fibras vinílicas, o fibra de vidrio. También debió emprender una campaña de gran alcance para ir eliminando del inconsciente colectivo dicha asociación de la cual todavía quedan importantes resquicios en virtud de la enorme cantidad de metros cuadrados que aún permanecen cubiertos por sus productos. Todo ello ha dado pie a la aparición de otras marcas que hoy en día compiten con un sello que por años mantuvo un monopolio que, como ya se dijo, cobró visos culturales.


Regresando al tema directamente relacionado con la imagen de nuestra postal, sería bueno recordar que en la pujante Venezuela de los años 50, 60 y 70 los techos de las unidades pertenecientes al “Programa Nacional de Vivienda Rural”, impulsado por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, que tenía como principal objetivo la “lucha contra el rancho” en ese medio, eran realizados en su totalidad en fibrocemento como muestra de que se había dejado en el pasado el uso de otros materiales que venían asociados a la proliferación de enfermedades. También como demostración de agilidad y eficiencia en su colocación, la cual requería de mano de obra no necesariamente especializada y permitía incorporar al propio usuario en la construcción de las unidades de vivienda ya que el producto venía con un set de elementos e instrucciones que facilitaban su instalación. Tal fue la penetración lograda que en algún momento Graziano Gasparini lo consideró como parte del proceso de transculturización y “modernización” sufrido por la arquitectura popular venezolana como consecuencia del paso de una Venezuela agrícola a una petrolera, donde se fueron sustituyendo por “eternit” un buen porcentaje de las cubiertas hecha con ramas, paja y demás productos vegetales, los techo de tejas y también al conocido «techo de zin». Posteriormente, el uso de otros tipos de lámina como la compuesta por aluminio y un aislante de asfalto liquido conocido por su nombre comercial de “Acerolit” (elaborando por Cindu) han entrado a formar parte del espectro de materiales ampliamente utilizado para abaratar costos y competir con el fibrocemento.
El diseño del anuncio aparecido en la revista Integral que hemos utilizado, muy probablemente pasó por las manos de Omar Carreño, conocido artista plástico venezolano quien tenía a su cargo la “dirección artística” de la publicación. También destacan del anuncio, además de su cuidado diseño, el que se promocione como “asbesto-cemento” y su versatilidad para ser usado “en la construcción”, “en la industria”, “en la arquitectura” y “en la decoración”, todo esto en plenos años 50 del siglo XX.
La gama de productos ofrecidos por Eternit Venezolana S.A., cuyo nombre aparece en el Directorio de la revista y cuyas oficinas estuvieron ubicadas en el selecto centro comercial La Gran Avenida (Plaza Venezuela), cuyos depósitos se ubicaban en la avenida Los Cármenes de El Cementerio y la fábrica en la avenida Bermúdez de Maracay (estado Aragua), abarcaba no sólo láminas para techos, sino también tuberías, tanques de agua y planchas para recubrimiento de fachadas, fabricación de muebles u otros objetos. Hoy Eternit Venezolana, que construyó un edificio sede en la Av. Chicago con Prolg. Milan, Los Ruices, Caracas, aún mantiene su planta en Maracay con una limitada producción y ha dejado en manos de diferentes concesionarios la distribución de su oferta.

Hoy en día el uso de fibrocemento en la industria de la construcción sigue ofreciendo múltiples posibilidades no solamente reducidas a su aplicación como elemento de cubierta. Son numerosas las obras de arquitectura que han aprovechado sus condiciones de aislante térmico y su resistencia al fuego y a las inclemencias del tiempo como recubrimiento y acabado final de importantes edificaciones de las cuales las revistas de arquitectura dan buena fe. Sus fabricantes lo ofrecen argumentando que los costos ambientales incurridos por el uso de fibrocemento son un 20 por ciento menores que, por ejemplo, el uso típico de ladrillo. También exponen que requiere menos gasto energético en el montaje y la construcción que todos los demás materiales de la pared, excepto la madera y un bajo consumo de energía en transporte e instalación. Además exponen que los costos ambientales relacionados con el agotamiento de la capa de ozono, las sustancias cancerígenas y las emisiones de desechos sólidos son casi insignificantes lo cual hace del fibrocemento (despojado definitivamente del asbesto como acompañante) un material que entra en sintonía con los más actuales requerimientos asociados a la sostenibilidad.
ACA
Procedencia de las imágenes
2. https://ortstockhaus.ch/archiv/sanierung-erneuerung/
3. https://nonsolarredi.wordpress.com/2013/10/04/nuovo-eternit-in-casa/
4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
5 izquierda. https://www.atlasofplaces.com/architecture/ricola-storage-building/