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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 377

La Revista Nacional de Cultura, la publicación periódica más longeva de nuestro país, ve la luz en noviembre de 1938 bajo la dirección del escritor, diplomático y académico Mariano Picón Salas (1901-1965), su fundador, con la firme intención de apuntalar los dos aspectos que su denominación recoge: lo nacional y lo cultural.

A escasos tres años de la muerte de Juan Vicente Gómez y en medio de un período donde lo político, puesto en cuarentena durante una larga dictadura de 27 años, copaba la escena, el editorial de su primer número hacía hincapié en la utilidad de una labor de reflexión bajo la convicción de sus promotores de que conocer más y mejor la tierra y el hombre venezolano eran indispensables para emprender cualquier empresa de transformación y progreso. Venezuela, como ya había expresado el propio Picón Salas, entraba al siglo XX con treinta y tantos años de retardo y anhelaba superar el largo tiempo perdido.

Se trataba, por tanto, de crear “un órgano de difusión libre del pensamiento, desde donde se pudiera adelantar esa búsqueda de lo venezolano, así como para servir de antena sensible a las corrientes culturales del Nuevo y el Viejo Mundo”, señalará Oscar Sambrano Urdaneta en la Introducción al importante tomo de índices de la Revista del número 1 al 150, en 1962.

1. Mariano Picón Salas (1901-1965)

El despertar de la conciencia civil, de las artes plásticas, las letras, la política y la sensibilidad nacional, transitaban en aquellos años “sin ninguna transición psíquica, de la modorra a la impaciencia”, diría Picón Salas en “Hace 25 años” texto publicado en el número 161 de la Revista dedicado a la celebración de su 25 aniversario (noviembre-diciembre, 1963). “En 1938 apenas comenzaban a formarse en Venezuela los equipos técnicos y expertos que ahora contribuyen a la planificación del Estado. Era preciso repicar y andar en la procesión. En los editoriales y en muchos artículos de la Revista Nacional de Cultura en sus primeros números, se guarda registro de la unánime preocupación nacional de entonces. Escribíamos sobre escuelas e inmigrantes, sobre humanización y aprovechamiento racional de nuestra abrumadora naturaleza. (…) Temas y tareas para grupos de técnicos. Pero era el momento, necesario y excitante, en que los escritores nos adelantábamos a abrir el camino de los especialistas”, expresará también Picón Salas en aquel artículo.

Iniciada su andadura bajo el auspicio del Ministerio de Educación Nacional de los aún denominados Estados Unidos de Venezuela, la Revista apareció en formato de 31 por 23 cms hasta el número 9 inclusive, mutando a 22,5 por 14 cms de allí en adelante. El cambio de año en su identificación lo marca el mes de noviembre ajustándose a la fecha de lanzamiento del primer número. El tiraje de aquellas primeras ediciones ha sido difícil de establecer, pero posteriormente fue incrementándose hasta sobrepasar los 15.000 ejemplares ya en los años 60. Su distribución siempre ha sido gratuita.

2. Tres de los números de la Revista Nacional de Cultura publicados bajo la dirección de Mariano Picón Salas cuando su periodicidad era mensual, siempre mostrando el Sumario en la portada. El 16 (derecha) sería el último editado por Picón.

En cuanto a su periodicidad, inicialmente fue mensual, manteniéndose así hasta el número 23 (octubre 1940) cuando pasará a ser bimensual, con leves alteraciones, hasta comienzos de 1979 (número 240). A partir de entonces saldrá cada tres meses hasta 2004 (nº 331), momento en el que entra en un período muy irregular que aún no ha sido superado. Basta señalar que desde 2004 hasta 2022 (18 años) cuando aparece el nº 347 (último del que tenemos noticias) se han publicado sólo 16 ejemplares.

El interés suscitado en sus comienzos por colaborar en su impulso se puede apreciar en el progresivo abultamiento de cada entrega de la Revista: si el número 1 partió con 41 páginas ya para el 11-12 que cierra su primer año (septiembre-octubre, 1939) contaba con 204. Entre los años 1960 y 1990 varias son las entregas que sobrepasan las 400 páginas.

Desde el inicio, la Revista Nacional de Cultura sirvió de tribuna para la aparición de diferentes géneros literarios que van desde la poesía, la narrativa y el ensayo al teatro pasando por la crítica. También dedicó buena parte de sus páginas a temas vinculados a la historia, la filosofía, la lingüística, la política, la antropología, la geografía, las artes plásticas y la biografía. Además, publicaba reseñas de revistas, anunciaba ciclos de conferencias, exposiciones, premios literarios y conciertos.

3. De izquierda a derecha: Luis Alfredo López Méndez (1901-1996), Marco Bontá (1889-1974) y Ramón Martín Durbán (1904-1968), importantes colaboradores en la calidad gráfica de la Revista Nacional de Cultura durante sus primeros años.

Sobre su primer número (cuya fresca portada engalana nuestra postal del día de hoy), Picón Salas comentará que se trató de “un trabajo artesano ya que para no abrumar de mayores gastos al Ministerio de Educación que la propiciaba, se imprimió en la imprentita de ensayo -para simple ejercicio de los alumnos- que había en la Escuela Técnica Industrial”. Y seguirá: “Lentamente aquel taller de prueba se iría ampliando y enriqueciendo de maquinaria gráfica. En las primeras entregas la revista no podía darse el lujo de pedir asistencia a las más elegantes prensas caraqueñas de la época, como la muy famosa ‘Litografía del Comercio’. El modestísimo presupuesto de impresión apenas alcanzaba al millar de bolívares. (…) Pero la aventura tipográfica que era la Revista en su comienzo, nos invitaba al placer de dibujarla y compaginarla, de inventarle tipos y viñetas. En aquellos trabajos nos acompañaron con su colaboración, destreza y consejos algunos artistas plásticos y dibujantes como López Méndez, Rafael Rivero y los chilenos Armando Lira y Marco Bontá. A la altura de 1939 o comienzos de 1940, hizo su aparición en Venezuela el insustituible Ramón Martín Durbán quien durante largos años y con suma generosidad, ha sido el magnífico ilustrador de la literatura venezolana; el que iluminó con la fina caligrafía de sus dibujos los libros de poetas y escritores”.

El índice de aquella primera aparición, clara muestra de los objetivos trazados que hemos mencionado, recoge el siguiente material: Ensayo:Papel de la cultura y misión del intelectual en el momento venezolano” de Ramón Díaz Sánchez; Ensayo: “Trayectoria del pensamiento venezolano” de Mariano Picón Salas; “Estampa venezolana: Tormenta a José Rafael Pocaterrra” de Ángel Miguel Queremel; “Investigaciones y alumnos en la escuela de Artes Plásticas”; Poesía-Literatura: “Para terminar con la poesía” de Pierre Reverdy; El relato venezolano: “Viva Santos Lobos” de Pedro Sotillo; Literatura: “Hacia un posible asilo de renunciación” de Luis Fernando Álvarez; Literatura: “Tu encuentro en la muerte de los colores” de José Ramón Heredia; Exploraciones: “Una Venezuela inmensa, lejana y desconocida. Por tierras de la alta Guayana. Diez minutos con el explorador Félix Cardona”; Historia: “Durante la colonia signos de vitalidad histórica” de Eloy G. González; Poesía-Literatura: “El Drama artístico de Andrés Bello: Ciclo de poesía venezolana” de Edoardo Crema; Crónica: “La provincia venezolana y sus poetas. Sergio Medina en el paisaje aragüeño”; Crónica-Artes Visuales: “Exposiciones de Pedro Centeno Vallenilla”; Crónica-Artes Visuales: “Exposición de Marco Bontá”.

Entre los factores que pudieron contribuir a la creación y éxito de la revista sería oportuno considerar el vacío cultural que dejó la desaparición en 1932 de Cultura venezolana, dirigida desde 1918 por Ángel Guruceaga, debiéndose añadir como contraparte que desde enero de 1935 circuló otra revista mensual titulada Cultura Nacional “revista literaria y científica” dirigida por José Manuel Núñez Ponte.

4. Dos importantes números de la Revista Nacional de Cultura de su etapa bimestral: el 150 (izquierda) que en enero-febrero de 1962 recogió todos los índices de la publicación desde el nº1; y el 161 (derecha) de noviembre-diciembre de 1963 cuando se cumplían 25 años de su creación.
5. Cuatro de los directores de la Revista Nacional de Cultura. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Juan Bautista Plaza (1898-1965) sep. 1944-feb. 1946; Ramón Díaz Sánchez (1903-1968) 1950-1952; Simón Alberto Consalvi (1927-2013) ene. 1967-mar. 1969; y Vicente Gerbasi (1913-1992) abr. 1971-nov. 1973.
6. De izquierda a derecha: Pedro Francisco Lizardo, Gustavo Pereira, Sael Ibáñez y Antonio Trujillo también directores en su momento de la Revista.

Picón Salas dirigiría la Revista hasta el número 16 (febrero-marzo de 1940). Le sucederían nombres de la talla de: José Nucete Sardi, Juan Bautista Plaza, José Manuel Siso Martínez,Elisa Elvira Zuloaga, Luis Alfredo López Méndez, Ramón Díaz Sánchez, Manuel F. Rugeles, Arturo Croce, José Luis Salcedo Bastardo, Simón Alberto Consalvi, Gloria Stolk y Vicente Gerbasi. Luego vendrán, entre otros, Manuel Felipe Rugeles, Pedro Francisco Lizardo, Carlos Noguera y Gustavo Pereira, y de la información que hemos podido recabar se pueden mencionar como directores de las últimas etapas a Sael Ibáñez y Antonio Trujillo.

7. Cambios producidos en el diseño de la portada de la Revista Nacional de Cultura
durante la segunda mitad del siglo XX.

Como ya adelantamos, con el transcurrir de los años la Revista no sólo presentó variaciones en su formato sino también en los criterios gráficos que regían la tipografía y la manera como se presentaba su nombre en la portada. Siempre se contó en el interior de sus páginas con la aportación de importantes artistas nacionales que ocasionalmente ocuparon la carátula. Su adscripción en el tiempo pasó de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación Nacional (1938-1949) a la Dirección de Cultura y Bellas Artes (1949-1964), continuando hacia el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes -INCIBA- (1965-1975) hasta el Consejo Nacional de la Cultura -CONAC- (1975-2005). A partir de entonces, cuando se detecta mayor irregularidad en su periodicidad, quedó a cargo del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y se comenzó a editar con la colaboración de El Perro y la Rana, Monte Ávila Editores y Biblioteca Ayacucho.

8. La Revista Nacional de Cultura en lo que va del siglo XXI. A la derecha el último número que hemos podido ubicar (347) de abril de 2022.

Será en marzo de 1996 cuando con el patrocinio del CONAC, de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICIT), se daría inicio a la recuperación electrónica de la publicación. Seis años más tarde la prensa recogerá cómo “el 26 de enero de 2002, coincidiendo con el 101 aniversario del nacimiento de Don Mariano Picón Salas (…), la Fundación CELARG realizó la presentación de dos CD-ROM. El primero de ellos reproduce desde el Nº 1 (noviembre de 1938), hasta el Nº 50 (mayo – junio de 1945). El segundo contiene desde el Nº 51 (julio – agosto de 1945) hasta el Nº 100 (septiembre – octubre de 1953). Además de la reproducción total de los textos de los primeros 100 números, la Revista en su versión electrónica cuenta con los perfiles biográficos actualizados de 374 autores (dentro de un total de 574); unos veinte mil enlaces que contemplan ventanas emergentes de diverso tipo y función, y 1.676 ilustraciones”. En 2018 con motivo de la celebración de los 80 años de la Revista se retomó, con el apoyo de la Biblioteca Nacional, el proyecto de digitalización que abarcaría hasta el número 344 sin que sepamos si se concluyó. Testigo de excepción del acontecer cultural del país registrado en sus miles de páginas, el próximo mes de noviembre la Revista Nacional de Cultura cumplirá 85 años de creada. Esperamos que no sólo se celebre tan importante fecha, sino que se le brinde todo el apoyo necesario por mantener una continuidad que sin duda merece y la siga mostrando como ilustre excepción que confirma la regla que ha regido las publicaciones culturales del país.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. https://vueltaacasasrp.wixsite.com/vueltaa/revista-nacional-de-cultura

  1. https://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/picon_salas.htm

2, 4, 7 y 8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

3. http://vereda.ula.ve/wiki_artevenezolano/index.php/L%C3%B3pez_M%C3%A9ndez,_Luis_Alfredo, https://elpensador.io/la-negritud-en-la-obra-artistica-de-marco-bonta-costa/ y https://connombreyapellidos.es/victima/durban-bielsa-ramon-martin/

5. https://www.facebook.com/efemeridesmusica/posts/2872355209447530/?locale=es_LA, https://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/diaz_sanchez.htm, http://robodebronce.com/project/busto-de-simon-alberto-consalvi/ y https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Gerbasi

6. https://avp6.wordpress.com/pedro-francisco-lizardo-%E2%80%A0/, https://www.poesi.as/Gustavo_Pereira.htm, https://www.eluniversal.com/entretenimiento/78267/muerte-de-sael-ibanez-deja-un-vacio-en-el-medio-literario-venezolano y https://poesiavzla.wordpress.com/2021/02/19/antonio-trujillo/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 376

La urbanización Los Rosales, ubicada al sur de Caracas, nace por iniciativa del empresario venezolano Juan Bernardo Arismendi (1887-1992) quien en los años 30 del siglo XX ya se muestra interesado en adquirir allí terrenos a bajo costo, tras su exitosa incursión como protagonista del proceso de crecimiento de la ciudad que dio como resultado la construcción en 1927 de la urbanización San Agustín del Norte (asociado con J. Benzo, L. Roche y S. Rivas), el desarrollo en 1928 de El Conde (junto a Benzo y T. Sarmiento) y la promoción (junto a L. Roche, L. Morales y la firma Miranda-Velutini) de la urbanización La Florida.

Arismendi, quien poseía un olfato especial para detectar lugares hacia donde muy probablemente se expandiría la ciudad, se adelanta a la elaboración del Plan de Urbanismo del Valle de Caracas elaborado por el MOP (1937) o a la contratación del Plan Rotival (1936-1939), adquiriendo en 1935 una parte de la Hacienda Valle Abajo a la familia Zuloaga Ramírez, lote en el que entre 1938 y 1945 emprenderá por primera vez en solitario el desarrollo de Los Rosales, en cuyo trazado, ya terminado en 1936, participará su yerno: el arquitecto Carlos Raúl Villanueva.

1. Izquierda: «Plano general de la distribución de las nuevas avenidas calles y carreteras» de 1936, anexo al «Plan Monumental de Caracas» de 1939 o «Plan Rotival». Derecha: Detalle del «Plano de Caracas y sus alrededores» publicado por la ESSO en 1946.
2. Trazado de la avenida Roosevelt.

Esta urbanización de carácter residencial ubicada a ambos lados de la Carretera a El Valle (hoy avenida Nueva Granada), presentaba hacia el oeste un sistema vial rectilíneo y hacia el este un esquema concéntrico de calles sinuosas con un espacio público como punto de origen geométrico. Será en el sector este, por el cual Arismendi tenía particular predilección, donde pensando en la clase media emergente, ofrecerá, también con la colaboración de Villanueva, una serie de pequeñas casas “tipo” a ser implantadas en las estrechas parcelas con área escasa de retiro como para colocar jardines, que adquirirían los potenciales habitantes del desarrollo, las cuales, además de representar modelos reducidos de la quinta suburbana de sectores como El Paraíso o La Florida, contaban con la particularidad de poseer un garaje para estacionar el automóvil, elemento que por entonces aún no se acostumbrara a incorporar pero que demuestra la actitud visionaria del urbanizador.
Ya incluida en la ejecución por etapas pautada por el Plan Rotival y prevista su conectividad dentro del plan vial del MOP de 1938, será en 1946 cuando se concluya la avenida Roosevelt y luego en 1950 la avenida Nueva Granada que Los Rosales desarrollará sobre esas vías edificaciones de cierta altura destinadas a cubrir la demanda de vivienda de alquiler. Sin embargo, la plaza Tiuna, centro geométrico de la urbanización, construida sobre un terreno donado por Arismendi, no se inaugurará sino en 1954 y sus alrededores, si bien hacia el este ya se encontraban ocupados por quintas, mostraban hacia el oeste un crecimiento desigual donde destacaba el vacío del importante terreno ubicado frente a la plaza en el cruce entre la Roosevelt y la avenida Los Laureles que, como si se hubiera desprendido de aquella, completaba su condición semicircular. Es allí donde en 1961 la firma de proyectos ARINCO Arquitectura-Ingeniería-Construcción, integrada por el arquitecto Jan Gorecki (1914-2019) y el ingeniero civil Samuel Zabner (1922-2011), concluye para Ferreira & Co. el diseño y construcción del edificio Tiuna cuya fotografía ilustra nuestra postal del día de hoy.

3. Vista aérea con la ubicación del edificio Tiuna (izquierda) y planta baja (derecha).

El predio de 4.500 m2, forma triangular y 45 metros de profundidad, permitió a los proyectistas concebir un esquema donde, sobre un basamento comercial que daría respuesta al espacio urbano, se erigiría una alta torre en curva la cual, ubicada hacia el fondo de la parcela, se beneficiaba en cuanto a su lectura por la presencia de la plaza y se mostraba capturando como un guante las visuales y el flujo este-oeste de la avenida Roosevelt. Ello le otorgó a la propuesta, por un lado, la posibilidad de conformar una clara antesala pavimentada con baldosas en la medida que se acerca a la plaza Tiuna y, por el otro, una monumentalidad poco frecuente en edificaciones de ese tipo dentro de Caracas.

En la planta baja comercial funciona un supermercado y un conjunto de pequeños comercios, todos con espacios a doble altura, vinculados estrechamente a la torre de viviendas, que tiene su basamento también de dos niveles, 14 pisos tipo, un nivel penthouse y un último nivel de servicios.

Por otro lado, los diseñadores diferenciaron claramente en la planta baja los accesos tanto de los comercios como los de la torre de vivienda multifamiliar. Así, en el proyecto se dejó una amplia aérea para ser utilizada como zona de juego para niños, provista con profusa vegetación en materas, que serviría para separar el edificio de las avenidas y mitigar los ruidos provenientes de éstas. Sin embargo, poco tiempo después fue utilizada como área de estacionamiento adicional para los comercios.

El arquitecto y el ingeniero proyectaron la estructura del comercio con base en siete vigas de dieciocho metros de luz que sobresalen del techo de forma tal de poder enfatizar ese volumen claramente. Ellas siguen en forma radio céntrica (a modo de abanico) el arco del volumen alto, con una virtual convergencia en la misma punta del triángulo de la parcela.

4. Aproximación a la fachada norte del edificio visto desde la plaza Tiuna en la que se puede apreciar la solución estructural dada al volumen comercial.
5. Las fachadas norte (izquierda) y sur (derecha) del edificio Tiuna.

Las dos fachadas, norte y sur, del edificio dan respuestas claras a la implantación. La norte, rítmicamente compuesta con base en el juego que se hace con los antepechos de los amplios balcones que acentúan la longitudinalidad del volumen, halla en los cortes producidos por ventanales que van de piso a techo correspondientes las habitaciones principales, su justo equilibrio; la sur, cerrada como protegiéndose de la insolación, y organizada en función de una pauta rítmica que remarca la verticalidad, está dividida en tres partes, dejando remetidas las circulaciones verticales, permitiendo que las escaleras tengan ventilación natural.

El volumen en arco de la torre, el cual se lee como una sola pieza, está compuesto en realidad por dos edificios, idénticos en programa, unidos con una junta de dilatación, que geométricamente coincide con la mediatriz del terreno triangular.

Cada piso tipo del edificio (los dos cuerpos unidos), está atendido por cuatro ascensores que sirven a seis apartamentos por nivel dando un total de 84 unidades. Cuatro de ellos poseen vista a través de un balcón hacia el norte, dos de los cuales cuentan con sala, comedor y cocina, y dos habitaciones compartiendo un baño; los otros dos apartamentos tienen sala, comedor, cocina, 3 habitaciones con un baño compartido y un lavandero que podría cumplir la función de habitación adicional por tener un baño incorporado.

Los dos apartamentos que completan el piso, con vista hacia el sur, están provistos de sala, comedor con un balcón, cocina y dos habitaciones compartiendo un baño.

6. Planta tipo.
7. Planta penthouse.

En cuanto a la planta penthouse, está conformada por cuatro apartamentos de áreas generosas. Dos de ellos, los ubicados en los extremos del edificio, tienen sala, comedor, con una amplia terraza, tres habitaciones compartiendo un baño, cocina, lavandero y una habitación de servicio con baño. Los dos apartamentos restantes ocupan el centro del edificio, están contiguos y a su vez separados por la junta de construcción. Cada uno tiene una amplia sala-estar, comedor, cocina con lavandero con baño incorporado, una habitación principal con baño incorporado, y dos habitaciones adicionales compartiendo un baño.

A diferencia del resto de la torre, los apartamentos del nivel penthouse se ven beneficiados con la posibilidad de tener ventilación cruzada.

8. Jan Gorecki con 100 años diseñando en su estudio.

Jan Gorecki, el creador de esta importante pieza arquitectónica y urbana, aunque nació en San Petersburgo se trasladó muy temprano a Polonia y se formó como arquitecto en la Universidad Técnica de Varsovia de la que egresa en 1939. Llega a Venezuela en 1951 con 37 años, empieza a trabajar casi de inmediato con el arquitecto Enrique García Maldonado durante el desarrollo de la Colonia Agrícola de Turen, estado Portuguesa y revalida su título en la UCV el año 1962. Aquí nacerán sus hijos y adopta a Venezuela como su segunda patria. En 1953 se asocia con el ingeniero Samuel Zabner (egresado en 1948 de la Facultad de Ingeniería de la UCV) y forman la empresa ARINCO (Arquitectura-Ingeniería-Construcción, desarrollando más de 600 proyectos de vivienda unifamiliares y edificios de diferentes tipologías, entre 1953 y 1980 concentrados en Caracas y el Litoral Central, aprovechando el auge de la construcción, el crecimiento de la ciudad y la aparición de nuevas urbanizaciones. Sólo en el Municipio Chacao realizó alrededor de 70 quintas y 40 edificios de vivienda multifamiliar.

De entre sus obras destacan la nueva fachada de la Iglesia Corazón de Jesús en la avenida Fuerzas Armadas con avenida Universidad, los edificios Country Park en El Bosque, Laurinda en la Avenida La Paz, Unión en Las Acacias, Rosenthal en San Bernardino, San Carlos en Vista Alegre, Londres en La Paz, Mariscal Sucre, Los Llanos y El Alba en Chacao, y la Fábrica de Colchones Divenca en Valencia.

9. Portadas de los libros publicados por Gorecki en 2001 y 2003. En la carátula de Arquitectura sencilla se puede apreciar parte de su extensa obra.

Gorecki luego de retirarse de la actividad profesional publicó el libro titulado Arquitectura Sencilla (2001) con las obras desarrolladas junto al ingeniero Zabner. Posteriormente se dedicó a la elaboración de dibujos realizados mediante los programas de diseño Photoshop y Corel Draw, exponiendo sus obras en el Museo de Bellas Artes que darán pie a la aparición del libro bilingüe Pintando con Computadora (Painting with Computer) en 2003.

El edificio Tiuna, declarado como Bien de Interés Cultural mediante Gaceta Oficial del 27 de septiembre de 2009, se encuentra hoy en día correctamente mantenido y en un buen estado de conservación.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 4, 6 y 7. Jan Gorecki, Arquitectura Sencilla (2001).

  1. Revista Municipal del Distrito Federal. Noviembre de 1939. Año 1. Número 1. Caracas-Venezuela y http://guiaccs.com/planos/petroleo-automovil-y-turismo/

2 y 9. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

3. Captura de Google Earth y Jan Gorecki, Arquitectura Sencilla (2001).

5. https://www.facebook.com/UEenVenezuela/photos/el-edificio-tiuna-vivienda-multifamiliar-en-esquina-es-obra-del-arquitecto-polac/2611942712151948/?locale=es_LA y Jan Gorecki, Arquitectura Sencilla (2001)

8. https://entrerayas.com/2019/07/fallecimiento-del-arq-jan-gorecki/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 375

Durante la década de 1950, dentro del particular impulso dado al desarrollo de edificaciones destinadas al ocio, el disfrute, el descanso y la recreación, resalta una tipología que proveyó a determinados grupos humanos de funciones complementarias que les permitieron paliar las carencias de contacto, tranquilidad o esparcimiento que la agitada vida moderna dificultaba cada vez más: los clubes sociales.
Una variante de estos establecimientos la constituyeron los organizados en torno a la procedencia desde alguna región del país o del mundo, tanto de quienes los promovieron como de los que se asociaron para que ello cuajara. Así, gallegos, italianos, asturianos, vascos, catalanes, lituanos y también apureños, margariteños, tachirenses, guariqueños o sucrenses comenzaron ocupando primero muchas casonas o locales de Caracas y luego, algunos de ellos, terminaron adquiriendo las instalaciones de tradicionales clubes sociales caraqueños o edificando sedes propias.

1. Izquierda arriba: Club Alemán, Carlos Guinand Sandoz (1935). Izquierda abajo: Centro Vasco de Caracas, Miguel Salvador Cordón (1950). Derecha: Casa de Italia, Doménico Filippone (1958)

Un somero repaso a lo mencionado permite detectar cómo, por un lado, el Hogar Canario se ubicará en el Club Paraíso (1923-1933), la Hermandad Gallega comprará el antiguo Club Casablanca en Maripérez (1946), o el Centro Catalán hará otro tanto con el Club Los Palos Grandes (1933); por el otro, dentro de los edificios de nueva planta, Carlos Guinand Sandoz diseñará en 1935, en El Paraíso, el Club Alemán en claro tono de clasicismo académico; Miguel Salvador Cordón proyectará en 1950, también en El Paraíso, el Centro Vasco de Caracas mirando hacia la arquitectura vernacular de esa región ibérica; y Doménico Filippone, con rasgos definitivamente modernos y particularmente corbusianos, levantará en 1958 en La Candelaria la Casa de Italia.

2. Izquierda: Casa Monagas, Vegas & Galia, (1954). Derecha: La Concha del Club Táchira, Fruto Vivas (1955).

Hay, sin embargo, dos interesantes planteamientos que conjugan sendas interpretaciones desde lo contemporáneo de lo que puede ser la imagen de un club regional: la Casa Monagas encargada a Vegas & Galia y el Club Táchira a Fruto Vivas. Es a la primera a la que dedicaremos la nota de hoy.

La Casa Monagas, como su nombre lo indica, tenía como propósito servir de punto de encuentro a los oriundos de este estado oriental del país residentes en Caracas, y a todos aquellos que desde esa localidad se acercaran a la capital. Su reducido programa, que derivó en una construcción de sólo 400 m2 cuyo costo de obra se estimó en Bs. 230.000, le otorgaba una escala familiar que se acoplaba muy bien a la zona residencial donde se debió insertar y que los arquitectos intentaron preservar sin perder de vista la necesidad de generar una imagen memorable. El terreno de 2.000 m2 se encontraba ubicado en un pequeño valle en la parte alta de la urbanización Las Acacias, en un recodo de la avenida Nicaragua.

Así, el partido adoptado parte de la resolución de las áreas que integran el programa en dos volúmenes intersectados conformando una «L», que a su vez envuelve un patio abierto hacia el que es posible expandir las actividades del edificio ubicadas en la planta baja. El cuerpo principal orientado norte-sur, que le da a la obra un atractivo aspecto sirviendo de remate a la calle donde se encuentra, se concibe como un solo espacio flexible cubierto por una superficie ondulada cuya forma se origina de la intención de seguir el dictamen del paisaje que lo rodea, tal y como lo ilustra el croquis que engalana nuestra postal del día de hoy.

3. Planta baja y vista aérea desde el noreste de la Casa Monagas en fechas cercanas a su apertura.
4. Fachada oeste (arriba) y corte por el volumen secundario (abajo).

El volumen secundario, perpendicular al anterior, es un paralelepípedo recto de un solo piso que penetra en el principal creando una mezzanina interna y sobresale hacia el sur para definir el acceso mediante un pequeño balcón. Hall de llegada, vestíbulo y sala de juegos están contenidos en el espacio único del volumen principal correspondiéndose los dos primeros con la ondulación mayor de la cubierta (punto de intersección) y el tercero con la ondulación menor. Bar-restaurant, cocina y dependencias de servicio se ubican en el cuerpo secundario cuyo techo plano es aprovechado como terraza de expansión hacia el norte.

De esta pequeña edificación vale la pena resaltar varios aspectos. El primero es su fuerza volumétrica a pesar de la sencillez del esquema que lo origina, basada en la adopción del tema de una cubierta en forma de “M” que parece nacer de la misma tierra. Calculada por el ingeniero Johannes Johanson, con quien los arquitectos ensayaron un interesante sistema estructural de pequeñas viguetas huecas que permitían grandes luces sin apoyo, el resultado permitió desarrollar una planta lo suficientemente libre muy acorde con la función que albergaba.

5. Dos fotografías de Paolo Gasparini de la fachada principal (sur) de la Casa Monagas (izquierda y derecha arriba). Iglesia de San Francisco de Asís que forma parte del proyecto urbano de Pampulha, Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil, de Oscar Niemeyer (abajo derecha).

El segundo es el carácter vernáculo que le otorgan la utilización de la piedra y el ladrillo a un planteamiento espacial y estructural absolutamente modernos, por lo que muy bien le cabría el calificativo de orgánico. Organicidad que se ve reforzada adicionalmente por su actitud ante el paisaje, por el uso equilibrado de la geometría propia de las superficies curvas en contraste con la línea recta, y por la manera como es resuelta la aproximación al edificio rompiéndose con toda tentación unidireccional que su composición podría sugerir, multiplicando los ángulos bajo los cuales puede ser apreciado y jugando al engaño en cuanto a la aprehensión real de su escala.

Afirmar que este club se trata de un edificio «monaguense» a no ser, como jocosamente solía comentar José Miguel Galia, por la «M» que su ondulada cubierta insinúa, no conduce a ningún lado. De ello se percataron sus proyectistas quienes prefirieron llevar a cabo una exploración en la que le dieron cabida, tal vez como en ninguna otra obra suya, al tema de la caracterización dentro de una tipología que así lo permitía. La combinación de casa con recreación en este sentido está totalmente lograda gracias, además, a su integración armónica a la vez que contrastante con el entorno, al manejo de la luz y la ventilación naturales, y a la utilización de una solución tecnológicamente experimental en concreto armado muy a tono con los años que se vivían. Cualquier relación con Pampulha no es casual: su influencia gravitaba en la oficina de Vegas & Galia en aquel momento. Lo que si es realmente novedoso es haber logrado fusionar con gran talento dos de los temas manejados en el ejemplar conjunto de Niemeyer: la expresividad de la Capilla y el programa de un club social.

6. Vista aérea actual donde se aprecia la ubicación de la Casa Monagas en la urbanización Las Acacias (izquierda). Zoom que permite detectar las intervenciones que se le han hecho al edificio.

Alberto Sato en José Miguel Galia. Arquitecto (2002) insiste en la condición doméstica de la Casa Monagas y la emparenta no sólo con la arquitectura brasileña sino también con la propuesta para el «Concurso internacional para el diseño de una quinta en un terreno con pendiente en Colinas de Bello Monte», promovido por Inocente Palacios y ganado por Galia en 1951, por la manera como se abre a las vistas hacia el norte a través de superficies acristaladas, tamizadas por el sinuoso muro calado hacia el sur. Además, la disposición de los dos volúmenes cruzados adoptados como esquema en planta remite, según Sato, a algunas quintas realizadas por Vegas & Galia en la época.

La condición excepcional que tiene esta pequeña edificación dentro de la estética racionalista característica de Vegas & Galia, oficina que entre 1951 y 1958 logró acumular 35 proyectos y 26 obras construidas, no hace sino confirmar la solidez con que en dicha firma se hicieron presentes, como bien ha sintetizado Sato, “la normativa urbana, la tipología edilicia, el dispositivo ambiental, los materiales constructivos de las edificaciones, los detalles y acabados con la maestría de quienes, por la vía de un riguroso profesionalismo, han dado verdaderas lecciones de arquitectura”.

Hoy, despiadadamente intervenida por quienes en el tiempo se vieron en la necesidad de ampliar sus instalaciones aprovechando el terreno donde se ubica, la Casa Monagas, totalmente desfigurada, difícilmente puede ser reconocida luego de que en nuestra retina quedaran plasmadas las estupendas fotos realizadas por Paolo Gasparini en las fechas próximas a su apertura en 1954.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. LOS SIGNOS HABITABLES. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea, Catálogo de la exposición, 1984

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela, https://www.minube.com/rincon/centro-vasco-de-caracas-_-eusko-etxea-caracas-a3685452#gallery-modal y González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

2. Colección Crono Arquitectura Venezuela y https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Club_Tachira_Caracas.jpg

3 y 4. Alberto Sato, José Miguel Galia. Arquitecto (2002)

5. Architectural Design, Volumen XXVI, febrero 1956 y https://es.wikiarquitectura.com/edificio/iglesia-san-francisco-de-asis/388681064963b879ad4da92bed3274bd/

6. Capturas de Google Earth