En algunas obras de Shakespeare los fantasmas intervienen decisivamente en el relato, y así ocurre en Hamlet, Macbeth, Julio César, Ricardo III o Cimbelino. En la obra de Norman Foster, los espectros de algunos proyectos no construidos definen puntos de inflexión en su trayectoria, y de ello son buenos ejemplos el concurso de Newport en 1967, el Climatroffice con Buckminster Fuller en 1971 o la sede de la BBC en Portland Place entre 1982 y 1985. La casa familiar de Hampstead, proyectada en 1978-79, es uno de esos fantasmas cuya existencia inmaterial se extiende sobre muchas otras obras materiales, y sin cuya intervención en el desarrollo de la trama es imposible explicar el itinerario de exploración de Norman Foster.
Localizada cronológicamente en el periodo de charnela entre la terminación del Sainsbury Centre y el comienzo del proyecto de la sede del banco de Hong Kong y Shanghái, Hamstead se ha interpretado convencionalmente como una extensión de la doble piel del Sainsbury y como una anticipación del expresionismo estructural del rascacielos de Hong Kong, del Renault Distribution Centre en Swindon o de los prototipos de mobiliario que darían lugar al sistema Nomos, pero la investigación exhaustiva de Carlos Solé Bravo multiplica por ocho las presencias fantasmagóricas de esta casa soñada, y exponencialmente su influencia en los trabajos de Foster durante los años siguientes.
La difícil relación entre la técnica y lo doméstico —que manifiesta igualmente otro proyecto no realizado, la casa autónoma y geodésica que el británico imaginó con Fuller en 1982— impregna de diferente forma las ocho versiones que Solé ha extraído de su inmersión en los archivos de Foster + Partners en Londres y de la Norman Foster Foundation en Madrid, así como de sus conversaciones con algunos de los que intervinieron en aquellos doce meses —entre el verano de 1978 y el de 1979— de exigente esfuerzo experimental: el propio Foster, los arquitectos Peter Busby y Richard Horden, y el ingeniero Tony Hunt, recogidas todas ellas en un apéndice del volumen. Actuando con la libertad del que es su propio cliente, y con el riesgo del médico que usa su propio cuerpo como campo de pruebas, Foster alumbró ocho propuestas, fantasmagóricamente materiales en sus maquetas y fragmentos, que dialogan entre sí y con la obra posterior del arquitecto.
Ninguna de ellas llegó a adquirir cuerpo en el solar de Hampstead, pero la búsqueda que las fue dando a luz les otorgaría también su propia voz, y sus acentos se oirían alto y claro en multitud de obras que entrarían más tarde en el escenario, de igual manera que en sus palabras hay ecos de las ideas y las formas de Charles y Ray Eames o de Ezra Ehrenkrantz, personajes del drama en su acto americano. Philip Roth utilizó una acotación de Macbeth —Exit Ghost, que aquí se tradujo como Sale el espectro— para cerrar su saga de Nathan Zuckerman, y Carlos Solé ha enriquecido la saga del arquitecto con ocho nuevos figurantes fantasmáticos que hacen más complejo el argumento de la historia, multiplicando las sombras soñadas del matrimonio entre tecnología y vida cotidiana en la casa non nata de Norman y Wendy Foster: entran los espectros.
Carlos Solé Bravo
Norman y Wendy Foster en Hampstead. El sueño de la casa tecnológica
La factoría Wright produce publicaciones sin pausa, la mayoría prescindibles. No es el caso de los dos libros de Yale University Press que exploran la ambivalente relación del arquitecto con la ciudad de Nueva York. Redactados por dos excelentes historiadores, se ocupan del inicio y del final de un vínculo que se extendió a lo largo de medio siglo. Anthony Alofsin, un especialista en el arquitecto que ya trató sus ‘años perdidos’ en Frank Lloyd Wright.The Lost Years, 1910-1922: A Study of Influence (University of Chicago Press, 1993), evoca su primera visita documentada a Nueva York en 1909, pero se concentra en el periodo comprendido entre 1925 y 1932, durante el cual la ciudad «le dio la vuelta, sacándolo de la crisis personal y profesional para crear el escenario de sus décadas finales como el campeón americano de la arquitectura moderna», y todo ello a través de dos proyectos que no llegarían a construirse, una catedral colosal y un nuevo prototipo de rascacielos. Francesco Dal Co, por su parte, narra con rigor y convicción, poniendo al día la versión italiana de 2004, el prolongado proceso de proyecto y construcción del Museo Guggenheim, ‘la obra maestra iconoclasta’ de Wright (como ya hiciese en su monografía del Centro Pompidou, también publicada por Yale University Press y reseñada en Arquitectura Viva 193), desde su encargo en junio de 1943 hasta su culminación en octubre de 1959, seis meses después de la muerte del arquitecto.
Aunque asociamos Wright a la pradera y a Chicago, Nueva York desempeñó un papel esencial en su biografía, como desveló persuasivamente Herbert Muschamp (Man About Town. Frank Lloyd Wright in New York City, MIT Press, 1983), que antes de convertirse en el influyente y polémico crítico de arquitectura del New York Times —una función que desempeñó entre 1992 y 2004— produjo un relato brillante y erudito de la relación entre el genio que estableció ‘Taliesin East’en una suite doble del Hotel Plaza y la ciudad que amaba odiar, y donde dejó su obra más popular y visitada. Tanto Alofsin como Dal Co mencionan el trabajo primero de Muschamp en sus muy útiles y extensos apéndices sobre fuentes y bibliografía, en el primer caso elogiando su agudeza interpretativa, y en el segundo valorando su utilidad para entender los denodados esfuerzos de
Wright para obtener el apoyo de la opinión pública y las élites de la ciudad. En la investigación minuciosa de Alofsin aparece un protagonista insólito, el reverendo William Norman Guthrie, un escocés excéntrico y visionario que encargó a Wright la Catedral Moderna y la torre de apartamentos en los terrenos de su iglesia, St. Mark’s Church in-the-Bowery, extendiendo su papel de cliente al de amigo, confidente y guía espiritual del arquitecto. Quizá de forma menos inesperada, en la magistral historia de Dal Co toma un relieve singular el polígrafo Lewis Mumford, sociólogo, filósofo y urbanista que el profesor veneciano equipara a Wright como los dos protagonistas intelectuales de la arquitectura americana del siglo XX, la complejidad de cuya relación se refleja a través de los libros, los artículos y la correspondencia entre ambos, y que tuvo a Nueva York como escenario privilegiado. La ciudad que Frank Lloyd Wright llegara a describir como una ‘cárcel inhabitable’ rescató al arquitecto en diferentes etapas de su biografía, alimentó en cada ocasión su energía creativa, y le permitió levantar frente a Central Park su más elocuente testamento.
Anthony Alofsin Wright and New York. The Making of America’s Architect
Yale, New Haven y Londres
2019
343 páginas
Francesco Dal Co
The Guggenheim. Frank Lloyd Wright’s Iconoclastic Masterpiece
La arquitectura permite al ser humano habitar un espacio acorde a su propia dimensión y, al mismo tiempo, dotarlo de una referencia a la dimensión del universo. Encarna la construcción ordenada del encuentro entre el hombre y el mundo, dando la medida de ambos de forma simultánea. La escala es el parámetro que regula y registra esta interacción inevitable, expresando su condición dimensional en presencia de un contexto y codificada por el filtro de la percepción. Su capacidad operativa permite orientar la lectura de la obra arquitectónica y construir efectos significantes.Estrategias y efectos de escala aborda el estudio de la escala como concepto específicamente arquitectónico y certifica su valor instrumental dentro del proceso generador de la arquitectura. La progresiva recuperación de su cometido significante, impulsada por el debate sobre la nueva monumentalidad iniciado en Estados Unidos en 1943, supuso la reparación del vector contextual, dañado por la autosuficiencia funcionalista moderna, y la reactivación de la escala como instrumento regulador de tal relación. En este marco operativo temporal y geográfico, seis obras son estudiadas en detalle: Lever House (1950-1952), Albright-Knox Art Gallery (1958-1962) y Beinecke Rare Book Library (1960-1963) de Gordon Bunshaft; Begrisch Hall (1959-1961), Whitney Museum (1963-1966) y Becton Center (1966-1970) de Marcel Breuer. El recorrido analítico a través de las obras arquitectónicas seleccionadas permite identificar un amplio espectro de operaciones contextuales, estrategias y efectos escalares que conforman un catálogo operativo de la escala arquitectónica que trasciende lo contingente y reivindica su valor didáctico y disciplinar.
Enlace Fundación, Ciudad Laboratorio, Fundación Bigott, Alcaldía de Baruta y Hacienda La Trinidad Parque Cultural invitan a la exposición “CIUDAD COMPLETA. La Palomera. Reconocimiento y celebración” a inaugurarse el próximo 15 de febrero a las 11:00 a.m. en la Casa de la Hacienda La Trinidad Parque Cultural.
La muestra recoge el trabajo, las experiencias y aprendizajes del programa Integración en Proceso Caracas, que se han venido realizano en el barrio La Palomera desde noviembre 2018 y cuyo objetivo ha sido invitar a todos los ciudadanos a conocer La Palomera a través de su cultura, sus sancochos, sus espacios y su gente.
La invitación es también a cuestionar el estigma negativo que se conserva con respecto al barrio y abrirnos a descubrir parte de nuestra ciudad. La exposición está acompañada de una completa programación que abarcará los meses de febrero, marzo y abril la cual puede consultarse a través de http://www.enlacearquitectura.net.
Expo Milán 2015, ultima exposición de gran envergadura con categoría de “universal” realizada hasta los momentosde entre las organizadas por la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE), estuvo precedida por Expo Shanghái 2010 y la sucederá la Expo 2020 a realizarse en Dubai. Milán, que se promocionó con el lema “Alimentar el planeta, energía para la vida”, se ganó en la 143ª Asamblea General de la BIE realizada en 2008 en París, obteniendo 86 votos de los 151 delegados presentes, el derecho a organizar el evento por sobre la ciudad turca de Izmir (o Esmirna), que compitió proponiendo como temática “Nuevas vías hacia un mundo mejor/Salud para todos”.
1. Diversos esquemas, planos e imágenes de la innovadora propuesta o master plan conceptual presentada por Jacques Herzog, Mark Rylander, Ricky Burdett, Stefano Boeri y William McDonough (2009)
El interesante tema adoptado por los organizadores de la feria permitió la conformación de un equipo integrado por Jacques Herzog, Mark Rylander, Ricky Burdett, Stefano Boeri y William McDonough quienes, abocados de manera entusiasta a proponer una visión radicalmente nueva de lo que tradicionalmente han sido este tipo de eventos, ya para septiembre de 2009 ofrecieron las imágenes de un Master Plan que recogía un “concepto intelectual” alejado del convencional patrón formal y urbanístico que ha caracterizado a las Exposiciones Universales desde el siglo XIX. De lo que se recoge en la reseña “Milan Expo 2015” elaborada por ArchDaily (https://www.archdaily.com/34772/milan-expo-2015) nos encontramos con que los proyectistas planteaban, trabajando con el tema “Alimentar el planeta, energía para la vida», que la exposición fuese “un jardín botánico planetario que ‘alimentará a Milán literal, espiritual e intelectualmente’ ”. Así, “los arquitectos crearon el marco para la exposición y organizaron un puente ortogonal que contiene un Parque agroalimentario y está rodeado de vías fluviales. (…) La idea de este jardín botánico planetario se basa en los planes urbanos romanos antiguos que incluían ejes gemelos (el cardo y el decumanus) con un foro central. Los dos ejes crean una cuadrícula de espacios donde algunos serán desarrollados por la exposición y otros espacios se darán a países individuales para que los diseñen. (…) En el nuevo plan, el primer eje incluye un bulevar de 1,4 kilómetros de largo donde los visitantes pueden caminar o andar en bicicleta, y un segundo eje que reflejará las geometrías de las tierras de cultivo circundantes. En lugar de un foro, una gran mesa planetaria permitirá que las personas descansen mientras miran cada pabellón y prueban los alimentos producidos y ofrecidos por los diferentes países representados. (…) Los cinco arquitectos también repensaron las formas del agua ‘para centrar la atención y los recursos en la recuperación y la reurbanización de las granjas públicas y municipales’. La red de canales que atraviesan el campo extenderá la energía viva del sitio de la exposición a áreas más allá de sus límites inmediatos”.
2. Expo Milan 2015. Mapa guía del conjunto de la exposición
Una vez inaugurada el 1 de mayo de 2015, durante los 184 días que estuvo abierta hasta el 31 de octubre, se contó con la participación de 145 países, se incorporaron 23 mil trabajadores y la visitaron 21 millones de personas superando todas las expectativas inicialmente previstas.
3. Cluster de los cereales y los tubérculos en el que se integraron Bolivia, Congo, Haiti, Mozambique, Togo, Venezuela y Zimbabwe4. Venezuela formando parte del cluster de los cereales y los tubérculos
La participación de Venezuela en ExpoMilán 2015, tuvo la particularidad de que, a diferencia de la mayor parte de las veces en que el país lo ha hecho, en esta ocasión no se presentó con un pabellón propio. El espacio que ocupó se encontraba ubicado en la zona de los denominados “cluster”, una serie de pabellones de menor extensión compartidos entre los países con menos recursos y agrupados de acuerdo a una temática alimentaria sumando un total de nueve: arroz; cacao y chocolate; café; frutas y hortalizas; especias; biomediterráneo; islas, mar y alimentos; tierras áridas; y cereales y tubérculos. Venezuela, que tomó la decisión de participar en la Expo a última hora compartió el “cluster” de cereales y tubérculos con Bolivia, Congo, Haiti, Mozambique, Togo y Zimbabwe.
La incorporación tardía de Venezuela a la Expo llevó a ubicarla de manera un tanto forzada dentro de un sector dominado por temas que no constituyen su eje principal de producción, lo cual obligó a los comisarios y representantes nacionales a elaborar un discurso, cargado en buena parte de ideología, que lo justificara.
De hecho, tal y como aparece en un amplio reportaje realizado por La Voce d’Italia (https://voce.com.ve/2015/12/23/148907/venezuela-en-expo-milano-2015-mas-alla-de-una-simple-exposicion/) hemos sabido que “según la página oficial de Expo Milano 2015, http://www.expo2015.org, ‘Cinco granos – arroz, trigo, maíz, mijo y sorgo – proporcionan el 60% del aporte energético alimenticio mundial. Para aproximadamente 700 millones de personas pobres en África, Asia y América Latina las raíces y tubérculos son los alimentos básicos y la principal fuente de calorías. Es gracias a estos datos que también se puede comprender el protagonismo que tienen los granos y tubérculos en la seguridad alimentaria actual y, al mismo tiempo, la necesidad de proteger su conservación y la promoción de su uso sostenible’. (…) Esta es una de las razones por las que Venezuela fue ubicada en esta temática. Aunque más que por producir cereales y tubérculos, es el consumo lo que marcó su clasificación en este grupo, pues cereales como el maíz y tubérculos como la yuca, son parte fundamental de la dieta del venezolano”.
En cuanto al “cluster” compartido donde se ubicó Venezuela sabemos que el diseño y contenido estuvo bajo la responsabilidad del Politécnico de Milano en colaboración desde el punto de vista conceptual con el Instituto de Arquitectura de Moscú y la Escuela de Diseño Parsons de Nueva York. Contó con un área total de 3.820 m2, un área de exposición de 1.125 m2, un área común de 2.455 m2 y un área de eventos de 290 m2. La descripción que aparece en https://www.archilovers.com/projects/150117/cereals-and-tubers-cluster-old-and-new-crops.html#info refiere que “Los colores y las fragancias que recuerdan a los cultivos de cereales y tubérculos son la base conceptual de este sector, que rastrea el descubrimiento y el desarrollo de cultivos que han alimentado a muchos pueblos de todo el mundo” y, en cuanto a la estructura del “cluster”, que “los visitantes pueden moverse en el espacio entre los pabellones, dejándose llevar suavemente por los diferentes ejemplos de cultivo de la tierra. El dosel del proyecto arquitectónico conforma una gran chimenea que alberga un área para eventos y la distribución de platos culinarios temáticos. Al final de su visita a esta área de exhibición, los visitantes pueden participar en una serie de actividades sugeridas o simplemente sentarse y relajarse, disfrutando de los platos típicos de los países que exhiben en este grupo”.
5. Imágenes del interior del pabellón de Venezuela
El interior del espacio ocupado por nuestro país, atendido por un total de 80 trabajadores, de acuerdo a la información oficial suministrada por Gladys Urbaneja, exembajadora venezolana ante la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) -directora de la delegación venezolana-, Ramón Gordils comisario, Giancarlo Di Martino subcomisario y cónsul y Massimo Bracani director del “cluster”, recogida por los medios de comunicación en su momento, buscaba mostrar “Una nación que está progresando notablemente hacia la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria”. En tal sentido “presentó sus logros en el cumplimiento de los objetivos del ‘Desafío Hambre Cero’ de la FAO y su trabajo para eliminar la pobreza; exhibió las tradiciones culinarias de varias regiones; destacó su cultura gastronómica distintiva; y mostró cómo sus innovadores sistemas agrícolas pueden aplicarse internacionalmente. (…) Los aspectos de estos temas se comunicaron con una tridimensionalidad real en el teatro de hologramas del pabellón: un par de proyectores 3-Chip DLP ™ PT-DZ21K crearon representaciones vivas y respirables de la vida silvestre, el paisaje y la cultura venezolana gracias a su excepcionalmente alto nivel de 20,000 lúmenes brillo. Los visitantes pudieron interactuar con las imágenes holográficas, nadar con delfines y experimentar un paseo en uno de los teleféricos de fama mundial que unen los vecindarios montañosos alrededor de Caracas”.
El hecho es que de recibir dos mil visitantes al día durante los primeros meses el pabellón venezolano terminó recibiendo 12 mil, aproximadamente. Según La Voce d’Italia “La gente siempre preguntaba dónde podían comer arepas, pero el cluster venezolano era de los pocos que no tenía un restaurante. Sin embargo, se daba a conocer un poco de la cocina criolla a través de las degustaciones gratis que se hacían en la tarde, cada dos horas”.
Es importante destacar que Venezuela fue galardonada con la categoría plata por mejor exposición en cluster por parte la BIE en ExpoMilán 2015. El oro lo recibió Montenegro y el bronce fue para Gabón.
En cuanto a la Expo en general, pese a sus logros, no dejó particularmente entusiasmado a Jacques Herzog con la manera como fue gestionado y ejecutado finalmente el Plan Maestro al cual le fueron incorporadas importantes modificaciones. En una entrevista con Uncube Magazine, explicó por qué junto a Stefano Boeri, William McDonough y Ricky Burdett decidieron abandonar el proyecto en 2011. Las discrepancias con los organizadores empezaron a agudizarse desde el momento en que empezaron a chocar la visión radicalmente nueva que encerraba la propuesta inicial con el convencionalismo de quienes la materializaron dando como resultado “el mismo tipo de feria de las vanidades (vanity fair, en inglés) que hemos visto en el pasado». Y concluirá: «Estas Expos se han convertido en shows gigantescos diseñados con el único objetivo de atraer a millones de turistas. (…) Qué aburrimiento y pérdida de dinero y recursos!».