Archivo de la categoría: Contactos FAC

VALE LA PENA LEER

Modernidad y meritocracia

In Defense of Talent

Luis Fernández-Galiano

27/10/2021

Tomado de arquitecturaviva.com

El término ‘meritocracia’ fue acuñado en 1958 por el sociólogo británico Michael Young, en un libro que ya entonces presentaba el concepto bajo una luz oscura, The Rise of Meritocracy, donde advertía del riesgo de la creación de una nueva casta basada en la educación y el talento. Este debate se ha avivado en fechas recientes con dos obras de eminentes profesores, Daniel Markovits de Yale (The Meritocracy Trap, 2019) y Michael Sandel de Harvard (The Tyranny of Merit, 2020). El primero de ellos resumía su tesis en portada —‘Cómo el mito fundacional americano alimenta la desigualdad, desmantela la clase media y devora a la élite’—, argumentaba que «el mérito no es sino una impostura» y censuraba la transmisión hereditaria del privilegio a través de la educación elitista; y para el segundo —Premio Princesa de Asturias, y traducido ya al castellano— la meritocracia es tóxica, divide la sociedad en ganadores y perdedores, generando tanta altanería como resentimiento, y debe combatirse poniendo énfasis en lo comunitario. Frente a esta demolición intelectual de la movilidad social a través de la formación y el esfuerzo —sobre la que esta revista se pronunció en marzo con ‘Menosprecio del mérito’— se ha alzado en 2021 Adrian Wooldridge con The Aristocracy of Talent, una sólidamente argumentada defensa de la meritocracia, «lo más próximo que tenemos a una ideología universal».

Doctor en Historia por Oxford y ‘political editor’ del Economist, Wooldridge aborda aquí «la idea revolucionaria de la meritocracia», inseparable de una modernidad que pone en cuestión la hermética estratificación social del Antiguo Régimen, donde cada cargo o trabajo estaba asociado a la posición que otorga el nacimiento. Cuando muchas de las ideas que han modelado las sociedades occidentales durante los últimos siglos están en crisis —«la democracia retrocede, el liberalismo pugna por mantenerse, y el capitalismo ha perdido el brillo»—, la meritocracia es popular en todo el mundo porque afirma la capacidad de llegar tan lejos como permita el talento de cada uno, asegura la igualdad de oportunidades a través de la educación, prohíbe la discriminación por raza o sexo, y selecciona evitando el patronazgo o el clientelismo. El tránsito de la ética aristocrática a la ética meritocrática supone una auténtica revolución moral, y este es un argumento en defensa del mérito más poderoso aun que su evidente vinculación con el crecimiento económico y la prosperidad. En su desarrollo histórico, los socialistas del siglo XIX apoyaron la idea como un vehículo hacia una sociedad mejor, mientras los conservadores la veían como una amenaza al orden social, pero tras la II Guerra Mundial la meritocracia alcanzó en Occidente una aceptación unánime, solo agrietada en las últimas décadas por la censura de la izquierda radical, que le reprocha haberse convertido en una plutocracia, y de la derecha populista, que rechaza el cosmopolitismo displicente de las ‘élites cognitivas’.

La aristocracia del talento es desde luego un oxímoron, y al autor no se le escapa que la meritocracia está hoy en el taller de reparaciones, porque se ha hecho hereditaria y el ascensor social está averiado. Wooldridge propone regenerarla volviendo a dar una dimensión moral a la educación de las élites y otorgando estatus a la formación profesional, para evitar el egoísmo arrogante de los unos y el rencor iracundo de los otros. Acepta el fundamento sociológico de las críticas de Markovits o Sandel, pero también polemiza con John Rawls cuando el filósofo asegura que es injusto recompensar a los que tuvieron la fortuna de nacer mejor dotados, porque «hasta el joven Mozart tenía que practicar». Es esa ética del esfuerzo la que ve afianzarse en Asia, y muy especialmente en China, fiel a su tradición confuciana, y que ha extendido la meritocracia del ámbito de la educación al de la política. Y aunque muestra distancia frente a la modernidad autoritaria de la superpotencia asiática, también expresa preocupación porque en Occidente avance la democracia refrendaria, que adopta decisiones de gran calado con mayorías escuetas y sin suficiente debate informado. Ante el desafío de China por el liderazgo global, Wooldridge cree que Occidente solo puede competir con ella templando la democracia con el conocimiento de los expertos, y regenerando una meritocracia genuinamente liberal que conjure el peligro detectado por Young hace seis décadas.

The Aristocracy of Talent

How Meritocracy Made the Modern World

Adrian Wooldridge

Editorial Allen Lane 

2021

Idioma: inglés

Nota de los editores

En The Aristocracy of Talent, el estimado periodista e historiador Adrian Wooldridge traza la historia de la meritocracia forjada por los políticos y funcionarios que introdujeron el principio revolucionario de la competencia abierta, los psicólogos que idearon métodos para medir las habilidades mentales naturales y los educadores que construyeron escaleras de oportunidad educativa. Mira más allá de las culturas occidentales y muestra los efectos transformadores que ha tenido en todos los lugares donde se ha adoptado, especialmente una vez que las mujeres ingresaron al sistema meritocrático.

Wooldridge también muestra cómo la meritocracia ahora se ha corrompido y argumenta que el reciente estancamiento de la movilidad social es el resultado del fracaso para completar la revolución meritocrática. En lugar de abandonar la meritocracia, dice, deberíamos pedir su renovación.

ACA

HA SIDO NOTICIA

La Fundación Arquitectura y Ciudad se complace en hacerles llegar este número 250 de nuestro Contacto semanal.

Es para nosotros una enorme satisfacción poder comunicarnos con ustedes a través de esta vía. Largo camino se ha transitado desde aquel domingo 30 de octubre de 2016 donde se compartió esta publicación por primer vez, hasta la fecha de hoy.

El apoyo favorable recibido de ustedes, el intercambio de información producido y sus comentarios, constituyen los motivos que nos llevan a continuar en este muy satisfactorio proyecto para nosotros.

Esperamos poder seguir poniendo en sus manos nuestra información por mucho tiempo más.

Gracias, muchas gracias.

Henrique Vera Hernández

Presidente de la Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 284

La quinta “Las Hormigas”, casa de habitación del arquitecto colombiano radicado en nuestro país desde 1950, Carlos Celis Cepero (1925) y de su esposa la también arquitecta Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis, ubicada en la avenida Mérida, urbanización Las Palmas, Municipio Libertador, puede ser considerada sin mayores inconvenientes una de las obras icónicas dentro de su tipología que existen en la ciudad de Caracas.

En el catálogo de la exposición “La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa venezolana” realizada en el Museo de Bellas Artes de Caracas en 1989, tras ser clasificada dentro del grupo representativo del capítulo “Casa y contemporaneidad”, se recoge lo siguiente: “Las Hormigas responde a un temprano caso de Arquitectura Moderna plena aplicada al tema de la casa; ella conjuga la síntesis de la visión ‘racional’ y ‘funcionalista’ de la Arquitectura adaptada a condiciones ambientales y culturales, vinculadas al desarrollo del tema del patio proveniente de la Arquitectura Tradicional”.

Y es que si vemos el año de realización del edificio (1950) el comentario tiene pleno sentido. Proyectada y ejecutada al año siguiente de graduarse, casi al unísono con Caoma, en momentos en que Celis recién había llegado a Venezuela y trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas junto a Carlos Raúl Villanueva, muchas son las cosas que ya había podido asimilar de la obra realizada por el Maestro, con quien participó en 1952 en la reorganización de la Sala Técnica del Banco Obrero (BO) que derivó en la creación del Taller de Arquitectura de dicho organismo (TABO) el cual, como se sabe, contó con el propio Villanueva como Arquitecto Consultor y con Celis como su jefe de sala.

La participación de Celis en el TABO da como resultado los proyectos de la Unidad de Vivienda Pedro Camejo, en Sarría (inaugurada en 1952), la Urbanización Ciudad Tablitas, Catia (1953) y la Unidad Residencial El Paraíso (1954), todos dentro del Plan Nacional de Vivienda (1951-1955). Por otro lado, Celis se atribuye el haber realizado en 1951 el proyecto, con la asesoría de Villanueva en la arquitectura y de Willy Ossott en el cálculo estructural, del Edificio Shell Caribbean Petroleum Corporation, Maracaibo concluido en 1952 (cuya autoría se disputa con Juan Andrés Vegas) y en 1959, sin ninguna discusión, el diseño y construcción del Centro de Ingenieros de Mérida, ambas edificaciones dentro de una clara línea moderna.

En “Las Hormigas” así como en el Edificio Shell marabino y el Centro de Ingenieros merideño, también aparecen reminiscencias del impacto que causara en su arquitecto el haber encabezado la comitiva (en la que también se encontraba Augusto Tobito) de la Sociedad Colombiana de Arquitectos y del gobierno nacional que guía la visita de Le Corbusier a Bogotá entre el 16 y el 24 de junio de 1947.

De ello sigue dando cuenta el resto de la cita aparecida en el ya mencionado catálogo: “La insistencia en el confort psicológico, la ventilación cruzada, los espacios con amplia iluminación, los cambios de escala y niveles, la presencia del bloque calado, la insistencia en el corredor íntimo y la presencia constante de vegetación del pequeño patio central son algunos de los aspectos que enriquecen y convierten el espacio en una fuente inagotable de situaciones perceptibles”.

1. Carlos Celis Cepero. Izquierda: residencia familiar ubicada en el cruce de la avenida El Samán con la calle Los Cedros, Caracas Country Club (1956). Derecha: quinta Silenia, La Floresta (1957)

“Las Hormigas”, de la que sus habitantes y propietarios se enorgullecen y comparten hasta el punto de haberla convertido en lugar donde han llevado a cabo durante años numerosos encuentros sociales, y su sintonía con lo que acaecía por aquel entonces dentro de nuestra arquitectura le permitió a Celis, también, sentar las bases sobre las que realizará posteriormente, por un lado, la residencia familiar ubicada en el cruce de la avenida El Samán con la calle Los Cedros (1956), urbanización Caracas Country Club de corte más bien “populista”: estructura construida con un sistema tradicional de concreto armado, cubierta con un sistema compuesto por cerchas, pares y machihembrado de madera, rematado con teja criolla; muros de adobe y friso rústico; marcos de ventanas y puertas de madera; y pisos de mármol, cerámica y madera. Y, por el otro, la quinta “Silenia” (1957) en La Floresta, de carácter claramente contemporáneo, realizada con la colaboración de los ingenieros Federico G. Cortés y Armando Fernández Esté, que comentáramos en estas páginas en el Contacto FAC nº 80 del 10 de junio de 2018.

2. Casa Las Hormigas. Planta baja y fachada
3. Diversas tomas del exterior e interior de la casa Las Hormigas

Digna representante de lo que William Niño Araque en “La casa como tema” define como “un objeto de expresión plástica, ecológica y de la identidad que sustancia y da sentido al vivir y habitar el trópico”, “Las Hormigas” cumple a cabalidad con las tres condiciones que acompañan la definición: “el rito de habitar en la intimidad; la luz y la penumbra como materia de arquitectura; y la geografía y el paisaje como recursos del espacio”.

Celis, quien siempre ha reconocido la deuda que tiene contraída como seguidor de Villanueva, valida su título de arquitecto en la FAU UCV formando parte de la promoción nº 10 en 1960 y se jubila como docente de esa institución en 1984. También ha desarrollado una dilatada labor gremial y fue galardonado con la Orden Carlos Raúl Villanueva por parte del Colegio de Arquitectos de Venezuela.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. http://guiaccs.com/obras/casa-las-hormigas/

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. http://guiaccs.com/obras/casa-las-hormigas/ y La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa en Venezuela, Museo de Bellas Artes, 1989

3. http://guiaccs.com/obras/casa-las-hormigas/ y La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa en Venezuela, Museo de Bellas Artes, 1989

¿SABÍA USTED…

… que en 1949 se inaugura en San Bernardino, Caracas, el hotel Potomac?

1. Hotel Potomac. Cruce de las avenidas Vollmer y Caracas, San Bernardino

La urbanización San Bernardino tiene la peculiaridad de haber sido la primera señal del crecimiento decidido de Caracas hacia el noreste, y de la ruptura clara con el tradicional patrón de retícula característico de su casco histórico, del cual se desprende e independiza. Henry Vicente en el texto “Distritos Petroleros en CCS”, aparecido en el portal Prodavinci el 8 de agosto de 2017, afirmará que se trata de “la primera urbanización yuxtapuesta al centro de la ciudad con un esquema de ocupación territorial diametralmente opuesto a éste, de ejes y nodos estrellados, pero contando también con modelos de habitación aislada, suburbanos”. Ubicada a las faldas de El Ávila, su trazado libre y sinuoso con paseos arbolados centrales, aunque se atribuye a Maurice Rotival, tiene en el proyecto de Gustavo Vollmer (1897) un claro precedente y en la mano del ingeniero Gustavo A. Marturet su ejecutor material.

Ya en 1901, en la parte sur de la hacienda cafetalera “San Bernardino” perteneciente a la familia Vollmer, se había abierto el Club Atlético del mismo nombre, del cual se afirma fue el primer centro deportivo que existió en Venezuela, claro síntoma de que la propiedad se había convertido en una “isla” agrícola improductiva. Así, siguiendo el ejemplo de casos similares como La Florida, Campo Alegre o Los Chorros, cuando a finales de los años 1930 Alberto F. Vollmer se asocia con su hermano Alfredo y a otros empresarios (Julio Blanco Ustáriz y Alfredo y Oscar Augusto Machado) para cambiar el uso de la tierra y llevar a cabo el proyecto de urbanización planeado por su padre Gustavo, vieron la oportunidad de acobijar a una clase media profesional y moderna que huía de las casas coloniales y no podía optar a las lujosas mansiones de El Paraíso, el Country Club, Los Chorros o La Florida.

2. Urbanización San Bernardino al noreste del casco central. Izquierda. Arriba: Plano de Caracas de 1941. Abajo. Plano de Caracas de 1946. Derecha: Plano reciente con señalamiento de algunas obras de interés.

Pensada como un suburbio norteamericano dirigido a un estrato que posee automóvil, pero sin el problema de las largas distancias que le separan del centro de la capital, los capitales norteamericanos ligados a los hidrocarburos ven en San Bernardino una buena oportunidad para invertir.

Ello daría pie, una vez hecho en 1939 el trazado de largas avenidas con una vialidad en dos sentidos que preservó en gran medida la frondosa vegetación existente, a que en los años cuarenta comenzara la venta de parcelas y la construcción de viviendas. Al mismo tiempo se construyeron los más importantes edificios de servicios y los mejores hoteles de la época encabezados por el Ávila (1942), el de mayor estatus y más amplias comodidades y servicios de todos ellos, seguido por el Waldorf (1944), Potomac (1949) y Astor (1950). También se terminará de construir en San Bernardino el Centro Médico (1947), obra de Stelling, Tani & Cía., con asesoría de Edgar D. Martin, de Chicago; y luego la Shell contratará a Badgeley & Bradbury, una compañía de arquitectura de Nueva York, para la elaboración del proyecto de su edificio sede que terminará de levantarse en 1950.

Estas iniciativas, junto a la ejecución en 1944 de la primera edificación sede en Venezuela de la Creole Petroleum Corporation en la Plaza Mohedano; la instalación de la Embajada de los Estados Unidos en el edificio Valderrey (1948) en San Bernardino, obra del ingeniero Emilio Solórzano Yánez; la ocupación por parte de la Mene Grande Oil Company (tercera en producción tras la Creole y la Shell) del edificio Vulcania, también en San Bernardino; y de cinco pisos del recién construido Edificio Phelps (1946), obra del arquitecto estadounidense Clifford C. Wendehack, ubicado entre las esquinas de Veroes a Ibarras, por la Sinclair Venezuelan Oil Company, han llevado a Henry Vicente en el texto citado, a considerar a la zona de San Bernardino-La Candelaria justamente como el primer “Distrito Petrolero” que se detecta en Caracas.

3. Cuatro importantes hoteles ubicados en San Bernardino: Ávila (1942), Waldorf (1944), Astor (1950) y Potomac (1949)

Por tanto, la actividad hotelera se convirtió en apoyo de primer orden al movimiento que en torno al negocio de los hidrocarburos se dio en el mencionado “distrito” y la influencia norteamericana se ve claramente reflejada en los nombres que las instalaciones asumen: Waldorf, Potomac o Astor.

Sin estar del todo esclarecido, el Potomac, al que nos dedicamos el día de hoy, fue una de las primeras participaciones como arquitecto de Graziano Gasparini tras su llegada a Venezuela en agosto de 1948 con 24 años. Lo que si parece documentado es la realización por su parte de los murales, tanto del hall como los del salón “Joropo”. Por entonces Gasparini se encontraba alojado en un hotel en el centro de la capital, al norte de Altagracia y ya había conocido a los ingenieros Rodríguez Delfino y Enrique Pardo –fundadores de la compañía Técnica Constructora- para quienes realizaba pequeños trabajos, tal y como revela en la entrevista publicada en https://prodavinci.com/graziano-gasparini-1924-2019-el-historiador-de-la-arquitectura-colonial-venezolana-1/.

4. Avenida Vollmer de San Bernardino
5. El hotel Potomac en los años 1950

Por otro lado, de lo que recogemos en https://es.wikipedia.org/wiki/Hotel_Potomac, “la construcción del hotel fue iniciativa de Heraclio Atencio Bozo, y respondía a la necesidad de albergar a los inversionistas extranjeros que se hicieron habituales en Caracas durante los años 1940 a raíz del boom petrolero. (…) El hotel fue inaugurado el 31 de octubre de 1949. Poseía un estilo art déco, con sus pisos hechos con mármol de Carrara. … introdujo el concepto de ‘bar americano’, e incluso contaba con un chef traído de Francia, dándole prestigio al establecimiento. Durante los años 1950 se había convertido en una buena opción de alojamiento para los inversionistas y empresarios petroleros”.

Atencio Bozo era un empresario quien llego a ser contratista de la compañía petrolera Shell vendiéndole y suministrándole madera para las construcciones de la transnacional en las Antillas. Del blog “Crónicas de San Bernardino (Caracas)” https://sanbernardinoccs.blogspot.com/2009/02/por-que-tumbaron-el-potomac.html extraemos: “Don Heraclio era dueño del aserradero mayorista importador en Maracaibo” y estaba atento a las necesidades que se iban a crear con la construcción del edificio donde se ubicaría la Shell (hoy Comandancia General de la Marina). “Dichas necesidades principalmente eran tener cerca un Hotel … con todo el confort americano y el lujo de un … cinco estrellas de Europa”. Atencio Bozo, férreo opositor a Pérez Jiménez, tuvo que salir al exilio dejando la administración del hotel en manos de Albino Leal. A su regresó en 1960 lo mantuvo operativo hasta que decidió venderlo en los 70’.

En cuanto a la obtención de información más detallada sobre el número de habitaciones o las características constructivas del hotel no hemos podido ir muy lejos. Tampoco con relación a imágenes que nos hayan recrearan su ambientación interior. No obstante, se presume que la estructura del edificio era en concreto armado y resistió muy bien el terremoto de Caracas de 1967.

6. Un evento y dos obras por los que es recordado el hotel Potomac.

En todo caso, el Potomac por lo que es más recordado es por el secuestro el 24 de agosto de 1963 de la estrella de fútbol del Real Madrid, el argentino Alfredo Di Stéfano, a las puertas de su habitación, cuando la plantilla del club se alojaba en el hotel ya que participaban en un torneo triangular (la “Pequeña Copa del Mundo”) con los equipos Sao Paulo (Brasil) y FC Porto (Portugal), entre 18 y el 30 de ese mes. Di Stéfano estuvo en manos del grupo guerrillero Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) durante casi 80 horas luego de las cuales fue liberando, logrando obtener el suceso la resonancia internacional que el grupo buscaba. “Se cuenta, también, que en el mismo (Potomac) vivió Gabriel García Márquez; y fue allí donde escribió ‘Cuando era feliz e indocumentado’” diversas crónicas, artículos y reportajes periodísticos realizados entre los años 1957 y 1959 en Caracas; y que fue residencia de la Gran Compañía Italiana de Opera de Pietro Milana en 1961.

Ubicado en la confluencia de las avenidas Vollmer y Caracas (frente al Hospital de Niños J. M. de los Ríos), el hotel a finales de los 70’ “fue adquirido por el empresario Franco Luciano por 13 millones de bolívares. Más de una década después, fue vendido por el empresario a la Electricidad de Caracas por 360 millones, en una puja con el Gobierno nacional, quien ofreció 180 millones”.

7. Lo que hoy ocupa el terreno donde se levantó el hotel Potomac

A principios de los noventa, el edificio ya lucía abandonado y se iba deteriorando rápidamente. Pasó el tiempo y luego fue derribado dejando un terreno vacío, que a finales de la década fue ocupado por un «Wendys», y en la actualidad por un “Gama Express”. “Triste final para un edificio que formaba parte de la identidad de San Bernardino” se recogerá del blog que hemos venido citando.

El espejo siamés novela publicada por Ben Amí Fihman en 2017, reseñada por Sebastián de la Nuez en https://www.hableconmigo.com/2018/08/31/del-hotel-potomac-a-el-espejo-siames/ el 31 de agosto de 2018, “coloca a manera de telón de fondo calles, hoteles, bares y sedes diplomáticas de París, Caracas, San Petersburgo o Varsovia. Entre las menciones caraqueñas, el Hotel Potomac, en la urbanización San Bernardino”. Allí, “para testificar el auge de la vida nocturna en la capital de Venezuela, Fihman hace referencia al Hotel Potomac, donde recaló alguna vez la legendaria cantante de origen judío Wiera Gran para interpretar temas de Edith Piaf. Fihman adorna cada frase, no se conforma con escribirla”. Para finalizar ( y con él nosotros), De la Nuez manifestará: “Del Hotel Potomac en la avenida Vollmer no queda nada tangible. En algún momento fue arrasado. Hay cosas que no son de concreto y vidrio y es imposible arrasarlas: perviven en el intelecto de quienes han vivido una ciudad y sus avatares. Aquellos que asistieron a una o varias metamorfosis en planos diversos. Todo eso es masa que no se diluye fácilmente”.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://caracascuentame.wordpress.com/2017/02/01/un-breve-paseo-por-aquella-caracas-de-5-estrellas/

2. http://guiaccs.com/planos/caracas-mitad-del-siglo/, https://www.researchgate.net/figure/Figura-29-Plano-de-Caracas-basado-en-restitucion-de-fotografias-aereas-del-ano-1946_fig6_260017256 y https://www.ccscity450.com

3. https://www.pinterest.es/pin/301530137525991289/, https://www.pinterest.com/pin/462604192952677067/ y Colección Crono Arquitectura Venezuela

4. Colección Crono Arquitectura Venezuela

5. https://www.pinterest.es/pin/462604192947795598/

6. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/846674577883348993 y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

7. https://excelsiorgama.com/project/gamaexpress-san-bernardino/