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VALE LA PENA LEER

Mapa del mundo subterráneo

Varios libros, entre los que destaca el extraordinario ‘Bajotierra’, de Robert Macfarlane, exploran los misterios, terrores y maravillas del mundo subterráneo

Jacinto Antón

Tomado de El País/Babelia

25 de julio 2020.

En lo alto, en el cielo y las montañas, residen los dioses. Debajo de nuestros pies, reino de simas, pozos, madrigueras y tumbas, viven los demonios y las criaturas infernales. Las alturas, donde brilla la luz, son el reino de los bienaventurados, el oscuro y tenebroso mundo subterráneo es el de los que sufren eterna condena. El eje arriba-abajo domina nuestras creencias tradicionales, nuestra psicología profunda, nuestra moral y hasta nuestro lenguaje. Lo que hay por encima de nosotros es positivo; por debajo, negativo. Tenemos sentimientos elevados y bajas pasiones; cuando van mal las cosas nos hundimos mientras que la felicidad posee una calidad aérea; ascendemos profesional y socialmente, caemos en la tentación. En el propio reino animal consideramos que lo que vive bajo tierra es repulsivo, siniestro, amenazador o cuando menos feo y sucio.

Una serie de libros recientes nos invitan a reconsiderar nuestras ideas y opiniones —esencialmente prejuicios— sobre el mundo subterráneo. Allá abajo, nos dicen los autores de esas obras, hay tinieblas y misterio, sí, cosas extrañas y peligrosas, y personajes temidos (incluyendo a Hades, Pedro Botero y el indio Joe), y amenazas que conjurar, y cantidad de terrores y tragedias, y mucha claustrofobia. Pero también cosas fascinantes y maravillas que conocer, espacios que descubrir y explorar, historias que contar y una inesperada belleza. La belleza de ríos sin estrellas, de profundos remolinos azules en el corazón de los glaciares, agujeros por los que desciende cientos de metros el agua del deshielo; la belleza asimismo de las pinturas de nuestros ancestros en lo hondo de las cuevas. De las cuevas, precisamente, nos explica en Subterráneo (Crítica, 2020) Will Hunt, un autor obsesionado con los túneles, las viejas estaciones de metro, las cloacas, los búnkeres y las sepulturas, que descubrió su fascinación a los 16 años al hallar un pasadizo abandonado de aire lovecraftiano bajo su casa de Providence, ha brotado buena parte de nuestro mundo espiritual. No solo se contacta con los dioses mirando al cielo y el descensus no siempre es ad inferos.

Leones, rinocerontes, osos, hienas… la cueva de Chauvet (al sur de Francia), descubierta en 1994, alberga algunas de las pinturas rupestres más antiguas de la historia del ser humano.

En este viaje descendente encontraremos imágenes de una oscuridad deslumbrante (y valga el oxímoron), criaturas inesperadamente apasionantes como los topos, a los que ha dedicado todo un sorprendente libro, Cómo cazar un topo, Marc Hamer, cazador arrepentido de esos animales (Ariel, 2019); las lombrices, que hechizaron al mismísimo Darwin —su vida sexual, la de las lombrices, es muy intensa: ¡sigan leyendo!—, o los perritos de las praderas, capaces de perforar túneles de 160 kilómetros de largo en el subsuelo de Wyoming, y que interesaban tanto al general Custer, nada menos, que escribió de ellos en su diario, como si no tuviera nada mejor en qué pensar, mientras se dirigía a un lugar llamado Little Bighorne. Sin olvidar a las arqueas, organismos extremófilos que viven tan abajo que se calientan con el calor del magma de la Tierra, sobreviven y hasta prosperan a 120 grados y mueren de frío por debajo de los 90.

Lo de las lombrices, perritos y frioleras arqueas lo cuenta, entre otras muchas cosas sensacionales, el científico David W. Wolfe en El subsuelo, una historia natural de la vida subterránea (Seix Barral, 2019), un libro emocionante (habla de la espeluznante mina de oro sudafricana de East Driefontein que se extiende hasta tres kilómetros bajo la superficie y en cuyo fondo las rocas están a 50º) y lleno de datos sorprendentes. Veneradas por jardineros y agricultores como iconos de un suelo saludable y productivo (y por los pescadores por razones distintas), las lombrices tienen una vida sexual formidable a lo que coadyuvan sin duda las grandes posibilidades de ser hermafrodita. Un “abrazo sexual típico de lombriz”, un polvo, vamos, que se realiza en posición de 69, con los bichos yaciendo en paralelo con las cabezas orientadas en sentidos opuestos, nos dice Wolfe, profesor asociado de Ecología Vegetal en la Universidad de Cornell y colaborador del departamento de Agricultura de Estados Unidos, puede durar una hora. “Teniendo en cuenta que las lombrices disfrutan plena y simultáneamente de la experiencia sexual tanto masculina como femenina durante el encuentro (¡imaginen!), no es de extrañar que no tengan prisa por terminar”, recalca con tan simpático como insólito entusiasmo el estudioso, que lidera la iniciativa Salud del Suelo patrocinada por el Estado de Nueva York. “En un puñado de tierra”, sorprende Wolfe, “hay más criaturas que humanos en el planeta entero”, y ningún otro hábitat de la tierra sobrepasa el potencial de descubrimientos del subsuelo”. Lo que pasa es que somos unos ignorantes de lo que hay bajo nuestros pies, y unos “chauvinistas de la superficie”.

Por su parte, el excazador de topos Hamer, aborda con ánimo sombríamente existencial, comparándolas con la suya, las vidas de esos animales, campeones de la perforación, a los que ha dedicado toda su vida, persiguiéndolos por jardines y campos de golf. Viven cuatro años —eso si no se encontraban con Hamer— y son solitarios. Habitan una atmósfera oscura y húmeda con muy poco oxígeno. Dado su fatigoso trabajo de cavar y cavar, los topos requieren precisamente mucho oxígeno y lo logran siendo capaces de respirar su propio aliento. En cambio, a su sangre le cuesta mucho coagular y es fácil que un topo muera desangrado. Ahí queda el dato. Explica el autor, que cultiva una melancolía digna de mejor oficio, que hay ocasionalmente topos blancos y dorados pero que si matas uno de esos morirás en el plazo de un mes. Hay un topo al que se atribuye haber matado a un rey: el que cavó el agujero que hizo tropezar al caballo de Guillermo III de Orange, con fatales consecuencias para su real jinete. A los topos se los mata con trampas o introduciendo veneno (generalmente pastillas que desprenden fosfina) en sus toperas. “El sufrimiento es inevitable”, anota Hamer. “La exterminación se resuelve discretamente”. El golfista no sabe de la agonía que se produce bajo sus pies mientras enfila feliz el green.

También brotan de allá abajo historias humanas dramáticas terribles como la de la vida de la niña Alicia Quispe, que trabaja gratis en las minas bolivianas de Cerro Rico de Potosí, en el turno de noche (!), para saldar una deuda de su madre y que cuenta Ander Izagirre en Potosí (Libros del K. O., 2017). Izagirre es autor de otro libro relacionado con el tema, Los sótanos del mundo, reeditado ahora por Libros del K.O., una crónica de viajes a los puntos más bajos del planeta, las depresiones más profundas de cada continente, como el Valle de la Muerte, 86 metros bajo el nivel del mar, el Mar Muerto (-411 metros) o el lago Assal de Djibuti (-157). El empeño recuerda al de Alain Nadaud y su búsqueda geográfica y literaria de las legendarias entradas al infierno (Aux ports des enfers, Actes Sud, 2004). Entre los episodios más espeluznantes ocurridos bajo tierra figura sin duda la muerte del joven Neil Moss, el caso más escalofriante de la espeleología británica, atrapado en un pozo en el sistema de cuevas de Peak Cavern en 1959, y que ahí sigue: no lo pudieron sacar ni muerto y decidieron tirar cemento en la sima. Falleció ahogado por el dióxido de carbono que produjo en su última hora de respirar. Probablemente si hubiera sido un topo habría sobrevivido.

El depósito de residuos nucleares de Onkalo (costa oeste de Finlandia) almacenará los desperdicios radiactivos que produzca el país escandinavo los próximos cien años.

El impulso de bajar es más viejo y primario que el de ascender, afirma Robert Macfarlane, autor de la hermosísima, conmovedora y emocionante Bajotierra (originalmente Underland, que tiene un conveniente eco como a Alicia en el país de las maravillas), que ha publicado este año Literatura Random House, y del que procede la historia del desgraciado Moss. Bajotierra es un estudio del papel del mundo subterráneo en la cultura y la imaginación, a lo largo del tiempo hasta la actualidad misma. “El impulso, la urgencia de descender a las tinieblas es más antiguo y más misterioso que el de ascender a la luz y la altura de las cimas”, dice el reputado autor de Las montañas de la mente, uno de los libros más reveladores y evocadores que se han escrito sobre la pasión de las cumbres, cuando se le pregunta por qué ha cambiado tan radicalmente de sujeto. “Las montañas siempre estarán en mi corazón. Aunque vivo en una las partes más planas del mundo, en Cambridgeshire, tengo que ir a menudo a las montañas. Son lo que más he echado a faltar durante el confinamiento, junto con mis padres. Así que el primer libro que escribí, hace casi 20 años, buscaba explicar por qué yo, como muchas otras personas, era capaz de arriesgarme a morir como montañero, cuando solo trescientos años atrás en Europa se consideraba algo cercano a la locura el deseo de escalar una montaña”.

“Pero en Bajotierra”, continúa Macfarlane, “quería explorar una práctica mucho más antigua. Porque hemos ido a la oscuridad del mundo subterráneo en busca de visiones, refugio y poder desde incluso antes de ser anatómicamente humanos modernos”. El escritor recuerda que la evidencia más antigua indisputada de enterramientos intencionados se remonta a los neandertales, hace 130.000 años. “Todavía hoy, como especie, vamos al mundo bajo tierra por tres grandes razones: para guardar lo que es precioso, para obtener lo que es valioso, y para deshacernos de lo que es nocivo o peligroso”. La idea de Bajotierra se le ocurrió a Macfarlane en 2010, un año de catástrofes emergentes: el terremoto de Haití, el derrame de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, la explosión del volcán Ejafjallajökull y el drama de los 33 mineros chilenos atrapados bajo el desierto de Atacama. “Me era imposible no pensar en lo que yace bajo la superficie, y en los traumas, disrupciones y revelaciones que ocurren cuando las fronteras entre arriba y abajo sufren una brecha”. La casualidad quiso que empezara a escribir su libro en junio de 2018 con millones de personas pendientes de la suerte de los 13 jóvenes jugadores tailandeses de fútbol atrapados con su entrenador en el complejo de cuevas de Tham Luang Nang Non …

En Bajotierra, Macfarlane, que escribe habitualmente sobre las relaciones entre el paisaje y el corazón humano, viaja físicamente a puntos del planeta en los que se puede penetrar en el mundo subterráneo. Su selección es muy especial. Un intrincado y laberíntico sistema cavernario en los montes británicos Mendips en el que se adentra con un espeleólogo, y en donde se encuentra Aveline’s Hole, que no es un bar de mala fama, sino una necrópolis; una mina de potasa en Yorkshire en la que un joven físico rastrea la materia oscura del universo; los túneles bajo la ciudad de París, donde medra toda una asombrosa subcultura de las profundidades y se despliega la catacumbafilia (estuvo en lugares que no puede revelar); un río en Italia que discurre en algunos tramos a más de trescientos metros bajo tierra; unas simas en los hayedos eslovenos y los Alpes Julianos que guardan secretos y horrores de varias guerras; una cueva con pinturas prehistóricas en las islas Lofoten denominada “agujero del infierno”; el almacén subterráneo finés de residuos nucleares llamado el Escondite… En el trayecto, el autor echa mano de compañeros como Poe, Julio Verne, Lewis Carroll, Fitzroy Maclean o el Kalevala, el poema épico finés.

Los huesos de seis millones de personas se acumulan en el osario de las catacumbas ubicadas en el distrito XIV de París, en la orilla izquierda del Sena.

“El itinerario lo concebí como un descenso, seguido por un período bajo la superficie y por un retorno a la luz”, explica Macfarlane. “Quiero que el lector me siga en esa katábasis; que sienta claustrofobia, que entienda qué y cómo es posible ver en la oscuridad, y eventualmente celebre conmigo el retorno al mundo de arriba llevando el conocimiento de las profundidades”. Habla de claustrofobia, esa es una palabra esencial cuando bajamos a ese mundo subterráneo. Obviamente él no la sufre. “Jajaja, bueno, antes de escribirlo le pedí a un amigo que me llevara a una expedición espeleológica para hacerme un test de claustrofobia. Y aunque pasamos por algún punto muy complicado, emergí exultante con la experiencia, y confiado en que, en general, podía tolerar el encierro. Claro que aún no sabía lo que me iba a encontrar bajo los Mendips o en el laberinto de catacumbas bajo el sur de París…”. Precisamente ahí, los lectores lo pasamos pero que muy mal a su lado. ¿No tenía miedo de perderse? “Es un halago que se sufra con mi libro. Me parece fantástico que haya que dejar Bajotierra y no se pueda seguir leyendo. Eso es que la escritura funciona. El capítulo de París parece ser el pasaje que provoca claustrofobia más intensa en muchos lectores. La claustrofobia me interesa mucho como escritor, por su poder para afectar intensamente a los lectores de manera vicaria, por cuenta ajena. Más que del vértigo, leer sobre claustrofobia es impactante. Se relaciona con lo que William Golding denominó kinestesia solidaria o simpática: las extremidades empiezan a temblar, el ritmo cardiaco aumenta, la respiración es más rápida. Todos los escritores quieren conmover al lector, de una manera u otra; escribir sobre claustrofobia permite eso de una manera que puede aproximarse a lo siniestro”.

¿Son los fans de las profundidades gente más extraña que los de las cimas? “Buena pregunta. Creo que los verdaderos obsesos de la profundidad, los buceadores de las cuevas en particular, son incluso más extremos que los verdaderos obsesos de las alturas, alpinistas de las cumbres más altas y amantes de la escalada libre, pero justito. Me encanta hablar de todos ellos. Siempre me ha gustado escribir sobre gente, tanto como de lugares”.

Es inevitable preguntarle por cuál le ha parecido el peor lugar allá abajo. “Las regiones de Italia y Eslovenia de las que hablo en el libro, donde los agujeros, los abismos de piedra caliza, se usaron como lugares de ejecución y masacre en la II Guerra Mundial, y donde las propias montañas fueron convertidas, llenándolas de túneles militares subterráneos como un gruyere alpino, en máquinas de guerra durante la Primera”. Curiosamente la historia del subsuelo que más ha impactado a Macfarlane es también la que más emociona a David Wolfe: la red de conexiones de micorrizas, asociación de hongos y raíces, que une a los árboles bajo tierra y los convierte en una entidad mayor colectiva, el bosque interconectado. “Esa idea cambió para siempre mi sentido de la tierra sobre la que camino”, señala Macfarlane. El pueblo saami, recuerda, cree que los muertos viven cabeza abajo en el subsuelo, de manera que caminamos sobre sus pies, como sobre un espejo. La ciencia y la exploración nos demuestran que la realidad de lo que hay allá abajo es aún más asombrosa…

BAJOTIERRA

Robert Macfarlane.

Literatura Random House

2020.

512 páginas

EL SUBSUELO

David W. Wolfe

Seix Barral

2019.

352 páginas

CÓMO CAZAR UN TOPO

Marc Hamer.

Ariel

2020.

208 páginas

POTOSÍ

Ander Izagirre.

Libros del K. O.

2017.

204 páginas

LOS SÓTANOS DEL MUNDO

Ander Izagirre.

Libros del K. O.

2020.

404 páginas

SUBTERRÁNEO

Will Hunt.

Crítica

2020.

288 páginas

AUX PORTES DES ENFERS

Alain Nadaud.

Actes Sud

2004

304 páginas (en francés)

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HA SIDO NOTICIA

La torre de cápsulas Nakagin será demolida a mediados de abril

Escrito por Dima Stouhi

Traducido por Vania Masalías

Tomado de Plataforma Arquitectura

5 de abril 2022

Luego de meses de incertidumbre e intentos de conservación, la emblemática Torre de Cápsulas Nakagin de Kisho Kurokawa será demolida el 12 de abril de este año. Tatsuyuki Maeda, uno de los actuales propietarios de la torre, explicó que un equipo intentará preservar algunas de las cápsulas y regenerarlas como unidades de alojamiento e instalaciones museísticas en todo el mundo.

El año pasado, Kisho Kurokawa Architects y Urban Design Office Chiyoda-ku anunciaron que pretendían desmantelar la icónica arquitectura y reutilizar sus cápsulas como unidades de alojamiento e instalaciones de museo. El plan de regeneración sigue el concepto inicial de «Metabolismo», reconfigurando los elementos en lugar de la demolición completa, todo ello a través de campañas de crowdfunding, que ya han comenzado en el sitio de la Motion Gallery desde el 2 de julio para financiar las reparaciones de las cápsulas que se donarán a los museos.

Desde el 2018, los edificios funcionan como «Cápsulas Mensuales», que ofrecen a las personas la posibilidad de alojarse en la torre durante un mes. En los últimos dos años y medio, las cápsulas tuvieron una acogida positiva por parte de más de 200 ocupantes, lo que inspiró al equipo a desarrollar «cápsulas de alojamiento» a nivel nacional.

Inaugurada en 1972, la estructura propia del metabolismo está conformada por 140 cápsulas repartidas en dos torres contiguas de 11 y 13 plantas cada una. Las cápsulas estan compuesta por habitaciones de 10 metros cuadrados con grandes ventanas, distribuidas alrededor de un pilar central. La torre se diseñó en torno a la visión de una «arquitectura adaptable, dinámica y siempre cambiante», en la que los módulos pueden enchufarse, intercambiarse o sustituirse en el núcleo central cada 25 años. Sin embargo, se fueron deteriorando poco a poco, ya que nunca se hicieron obras de reparación.

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NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

La mano que piensa

Sabiduría existencial y corporal en la arquitectura

Juhani Pallasmaa

Editorial Gustavo Gili

2022

Nota de los editores

La mano que piensa analiza la esencia de la mano y su papel crucial en la evolución de las destrezas, la inteligencia y las capacidades conceptuales del hombre. La mano no es solo un ejecutor fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que tiene intencionalidad y habilidades propias. Su autor, Juhani Pallasmaa, hace hincapié en los procesos relativamente autónomos e inconscientes del pensamiento y el obrar en la escritura, la artesanía o en la producción de arte y arquitectura.

Organizado en ocho capítulos, este estudio explora el entendimiento silencioso que yace oculto en la parte existencial de la condición humana y sus modos de ser y experimentar específicos. En último término, su objetivo es ayudar a sacudir los cimientos del paradigma de conocimiento conceptual, intelectual y verbal, hegemónico en la esfera de la arquitectura, en aras de otro conocimiento: el tácito y no conceptual de nuestros procesos corporales.

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NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Ideología Construída

Cinco mil años de arquitecturas del poder

Fernando Grasa

Actar Publishers

2022

Idioma: inglés/español

Nota de los editores

A lo largo de 5.000 años la trama visual se ha mostrado como el alfabeto sistemático que las culturas mediterráneas han utilizado para redactar múltiples relatos arquitectónicos de carácter sagrado y ceremonial. Comenzaremos esta memoria –un verdadero cuaderno de viaje– presentando lo que nos han enseñado los templos cristianos de la disciplina. Luego viajamos a Egipto, Roma y finalmente a Malta y Gozo. La sistematicidad y similitudes en la cristalización del discurso ideológico fueron increíbles e invitamos al lector a verificar esas enseñanzas. Para facilitarlo, el texto incluye más de 360 ​​bocetos y 300 imágenes de más de 200 edificios pertenecientes a 17 países.

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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 301

La realización durante los años 2008 y 2009 del concurso nacional de arquitectura de anteproyectos para un hotel de 4 y 5 estrellas, a desarrollarse en la Zona Rental Norte (Plaza Venezuela) por parte de la Fundación Fondo Andrés Bello (FFAB) para el Desarrollo Científico de la Universidad Central de Venezuela, con el acompañamiento de Inversiones y Promociones ZRPV, C. A. y Promociones 5ZR C. A., significó una nueva oportunidad y trajo un nuevo halo de esperanza para un gremio que ya empezaba a sufrir los rigores de la prolongada crisis en la que se encuentra sumido el país.

1. Ubicación de la Zona Rental Plaza Venezuela y dentro de ella del lugar previsto dentro del Plan Maestro donde se desarrollaría el hotel objeto del concurso.

El edificio objeto del concurso se encontraba incorporado dentro del complejo hotelero o “isla hotelera” previsto dentro del Plan Maestro de Desarrollo y Diseño Urbano de la Zona Rental de Plaza Venezuela a ubicarse hacia el sur, en el borde limitado por la calle Olimpo, particularmente en las parcelas identificadas como E4, E5 y E6. La superficie total del terreno a ser desarrollado alcanzaba los 4.654 metros cuadrados.

Con la convocatoria, la FFAB buscaba reafirmar su compromiso con el desarrollo sostenible y continuar impulsando proyectos de renovación urbana para la transformación creativa de las Zonas Rentales y otras propiedades de la UCV, así como mejorar la calidad de vida de la comunidad universitaria y los habitantes de la Caracas Metropolitana y sus áreas periféricas. Revalorizar el entorno, diversificar el uso de la zona, y potenciar la cultura y la tecnología como detonante para la transformación espacial y social sería otros de los retos que la institución ponía en manos de los concursantes.

2. Imágenes de las otras dos propuestas finalistas del concurso. Izquierda: Dietrich y Bela Kunckel. Derecha: Helene de Garay

Organizado en dos etapas, culminada la primera, se seleccionaron a tres arquitectos o equipos de profesionales para llevar las ideas iniciales a un mayor nivel de desarrollo. Los finalistas fueron los arquitectos Dietrich y Bela Kunckel, la arquitecta Helene de Garay, y los arquitectos Francisco Pimentel y Oscar Capiello. Finalmente, el 30 de octubre de 2009 a las 6:00 p.m., se convocó asistir a los espacios del Hotel Ávila (lugar con el que buscaba dotar de significado al evento), para dar lectura al Acta elaborada por el jurado evaluador, resultando ganadores los arquitectos Francisco Pimentel y Oscar Capiello.

El equipo formado entre Pimentel y Capiello para el momento del concurso ya había realizado, entre otros: el Centro Comercial Plaza Las Américas II Etapa (1999); el Conjunto Residencial Solano (1998); el nuevo Plan Maestro y el Edificio Cincuentenario en la Universidad Católica Andrés Bello (2002-2003); el Complejo Plaza Miranda – Centro Comercial Millenium en la Av. Francisco de Miranda, Los Dos Caminos (2004-2009); y participado en 2008 en el concurso para el edificio sede de la CAF. Por su parte Pimentel, con una trayectoria de más de 50 años en el ejercicio profesional, había sido distinguido junto a Bernardo Borges y George Wilkie con el Premio Nacional de Arquitectura 1971 por el edificio El Universal (1969) y llevado adelante numerosos proyectos individualmente o asociado con notables profesionales tales como Klaus Heufer, Bernardo Borges, Beltrán Alfaro. George Wilkie, Pablo Lasala, Jacobo Koifman, Edwing Otero, Carlos Teodoro Itriago y María Inmaculada de León.

3. Croquis que presenta la propuesta ganadora del concurso y su relación con la Ciudad Iniversitaria de Caracas.
4. Francisco Pimentel y Oscar Capiello. Dos renders de la propuesta ganadora del concurso.
5. Francisco Pimentel y Oscar Capiello. Propuesta ganadora del concurso. Implantación y corte.

Así, el programa del concurso ganado por Pimentel y Capiello exigía resolver en una misma edificación un hotel con 269 habitaciones tipo 4 estrellas y 135 habitaciones tipo 5 estrellas, centro de negocios, oficinas, salones de banquetes, espacios comerciales y de recreación. Ello dio pie a  una respuesta conformada por dos edificios muy bien articulados y adaptados a los requerimientos urbanos exigidos en el certamen, destacando fundamentalmente su integración peatonal al contexto y la aspiración de convertirse en pieza representativa de la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC) en el sector de Plaza Venezuela, para lo cual se buscó en todo momento tomar como elemento referencial la arquitectura de la CUC y a partir de allí llevar a cabo una reinterpretación más acorde a los tiempos presentes.

6. Tratamiento cromático y de protección de las fachadas oeste (izquierda) y este (derecha) del hotel.
7. Una planta tipo de habitaciones y la propuesta del Bulevar Olimpo.

Para otorgarle a la edificación un carácter que cumpliese con todas las expectativas planteadas, cobró prioridad el diseño de una envolvente adaptada a las variables climáticas. En tal sentido, los problemas de orientación e insolación fueron resueltos mediante el diseño de un sistema de protección que habla directamente de su condición tropical. Así, las fachadas de ambas torres cuentan con una piel que a través del juego cromático permite su identificación: el cuerpo este destinado a ser el hotel cuatro estrellas, fue dotado de una fachada con tonos cálidos que van del rojo al amarillo, respondiendo a los tonos de la ciudad, mientras que el cuerpo oeste que sería el hotel cinco estrellas fue revestido de tonos verdes respondiendo al Ávila que funge de telón de fondo.

8. Renders que recogen la espacialidad de la planta baja y su integración con los primeros tres niveles.

El proyecto del conjunto alcanzó un total de 68.417 metros cuadrados de construcción, distribuidos en 16 pisos ocupados mayoritariamente por las habitaciones. Adicionalmente se incluyeron en los primeros tres niveles el resto de los elementos del programa, a los cuales se accede desde lo que se denomina como bulevar Olimpo, un eje peatonal desarrollado para unir al complejo hotelero con las edificaciones vecinas que integran los planes de desarrollo de la Zona Rental. Cabe destacar que en el último piso se ubicó un “sky bar” con una piscina y más áreas de esparcimiento para los huéspedes.

Para el momento en que se da el veredicto del concurso ya habían sido construidos, como integrantes del Plan Maestro de la Zona Rental Plaza Venezuela: la etapa I del Centro Comercial, ganado por concurso por Carlos Gómez De Llarena, Hugo Dávila y Pedro Mendoza (con 62.533 m2 de construcción que serían inaugurados en agosto de 2012) y la Torre Corporativa (19.946 m2 de construcción), destinada inicialmente para ser la sede de la C. A. Metro de Caracas según proyecto de Héctor Giménez, inaugurada en 2008 y hoy tristemente célebre por albergar al Servicio Nacional de Inteligencia (SEBIN).

De acuerdo a lo que hemos recogido de la página https://www.facebook.com/Arquitecturavzl del 25 de marzo de 2021, “Al poco tiempo de haberse dado el veredicto del proyecto ganador, una cadena hotelera internacional junto con un consorcio venezolano mostraron un gran interés en invertir en el proyecto y llevar a cabo su construcción. Sin embargo, el interés y las posibilidades de llevar a cabo el proyecto se fueron desvaneciendo a medida que la situación política y económica de Venezuela se iba deteriorando con el pasar de los años. Esto terminó acabando con cualquier posibilidad de realizar la construcción del complejo, al menos mientras la situación del país no ofrezca mejores condiciones para los inversionistas”.

El compromiso de la FFAB sería firmar con los ganadores el contrato para desarrollar el proyecto, cosa que nunca ocurrió. El hotel se sumaría así, no sólo a la serie de propuestas que aún se encuentran por construir en la Zona Rental Plaza Venezuela, sino al inexorable destino de la mayoría de los concursos de arquitectura convocados en el país.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. https://m.facebook.com/photo.php?fbid=2849519085263418&id=1635824313299574&set=a.1761785604036777

  1. https://www.youtube.com/watch?v=6kgoAf1t9RI y https://ffabucv.org/zona-rental-plaza-venezuela/

2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8. https://www.youtube.com/watch?v=6kgoAf1t9RI