La Comisión Editora de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat (ANIH), siguiendo con la edición de publicaciones, nos hizo llegar el link donde se encuentra el libro Cómo Construir una NO Ciudad, escrito por el Acad. Víctor Artís, el cual nos ha autorizado compartir.
El libro, un fácsimil de la edición original de 1923, recoge las reflexiones sobre la enseñanza de la Arquitectura (planes de estudio, métodos de enseñanza, etc) de Teodoro Anasagasti (1880-1938). A pesar del tiempo transcurrido conserva actualidad y frescura. Anasagasti pasa revista de forma sistemática a todos los aspectos que inciden en la formación del arquitecto. La obra no sólo tiene un interés histórico -conocer la situación en los años veinte-, sino que en muchos casos, los acertados comentarios y observaciones de Anasagasti tienen todavía hoy plena vigencia.
De acuerdo a lo que publicara Carlos Flores en el nº240 de la revista Arquitectura del COAM, Madrid, enero-febrero de 1983, en conmemoración de los 60 años de la publicación del libro que nos ocupa, Anasagasti, Premio de Roma en 1910, Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Madrid del mismo año, Medalla de Oro (junto con Otto Wagner) en la Exposición Internacional de Roma (1911), Catedrático de Proyectos, Académico de Bellas Artes, Presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, hábil dibujante, combativo polemista, incansable viajero, arquetipo del profesional inquieto, abierto a todas las corrientes renovadoras, luchador esforzado en causas perdidas de antemano como ésta de la reforma de las enseñanzas de Arquitectura, tras la obtención del Premio de Roma y la realización de los viajes y permanencias en diversos países, inherentes al mismo (Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Austria y Alemania), se verá profundamente influido dada su personalidad de talante fundamentalmente abierto y libre.
Así, Anasagasti “se interesará por conocer las obras más destacadas de las vanguardias arquitectónicas, pero asímismo, por bucear en los planes de estudios de unos centros de enseñanza que, a su juicio, eran capaces de proporcionar al alumnado una formación acorde con los nuevos tiempos. (…) Enseñanza de la Arquitectura. Cultura Moderna Técnico-Artística, será la obra que resuma las experiencias y conocimientos obtenidos durante aquellos años de estudio en Europa, reflejando al propio tiempo sus propias ideas y las teorías elaboradas posteriormente sobre el particular. Anasagasti pretenderá una transformación drástica de los programas de enseñanza, eliminando materias y procedimientos anacrónicos mantenidos sólo como consecuencia de apatías y rutinas; también, un nuevo enfoque en las relaciones alumno-profesor, suprimiendo ‘las doctrinas dogmáticas y el apriorismo’ y rechazando la ‘absurda disciplina que obliga a la quietud y al silencio’. Acusadamente posibilista juzgará como lujo inútil la ciencia no necesaria, considerando el plan de estudios de 1914, entonces vigente, como ‘atiborrado de alta ciencia teórica que no encuentra empleo en las funciones ulteriores de la profesión’ (‘Cuando nos encontramos ante la vida se nos pregunta que sabemos hacer’). Los pilares sobre los que basa su ideario reformista serán: Obtención de conocimientos ligados directamente a la realidad (‘Al alumno le atraen las realidades; éstas deberán ser tocadas por él antes de dedicarse a la teoría’). La teoría como una continuación de la práctica o emparedada con ella (‘Para Kant el mejor modo de comprender es el hacer’). Materias, pocas y fundamentales, eliminando todo aquello que no sea absolutamente indispensable (‘Hay que redimir al alumno para que en sus horas libres sea capaz de desarrollar sus propias observaciones. Hay que redimir, también, al profesor’). Educación de la sensibilidad, capacitando al alumno para que descubra por sí mismo la realidad (‘La realidad ha de presentarse siempre ante nosotros como una revelación»). Supresión de toda retórica y engolamiento en los sistemas de enseñanza (‘El saber se ha hecho verbalista y ha llegado a ser opresor»).
Anasagasti sostenía que el arquitecto debería ser un dibujante ‘hábil y exquisito’, puesto que ‘nuestro lenguaje es el dibujo’, y acusaba de ociosos los estudios vigentes en tales materias. (Tiene al lavado por inútil nadería y piensa que ‘proyectando se aprende a dibujar’). Insistirá repetidamente en la necesaria ‘educación del sentimiento’ que, a su juicio, se encuentra por encima de la razón, (‘sin sentimiento no es posible crear obras de arte’) enfoque romántico que no le impedirá, sin embargo, valorar las obras de ingeniería más destacadas a las que otorga una indiscutible potencialidad plástica considerándolas ‘tan bellas como los productos más refinados de la imaginación artística’. Juzga condición esencial que los proyectos dejen de ser escenográficos, ‘como fantasmas arquitectónicos’, deficiencia que será superada una vez que el control de cada proyecto, a lo largo de su desarrollo, sea compartido por profesores de disciplinas técnicas -construcción, resistencia de materiales, salubridad, etc.- en lugar de abandonarse en exclusiva al profesor de composición. El alumno deberá conocer cuanto antes lo que, en términos reales, representa el ejercicio cotidiano y normal de la profesión (‘No al final de los estudios sino desde el primer día de la primera asignatura deben abrirse las puertas de las clases, llevando a los alumnos a los laboratorios, a los talleres y a las obras’).
Tampoco dejará de insistir Anasagasti en la necesidad de una íntima e ineludible colaboración entre arquitectos, pintores y escultores -lo que resulta lógico en un seguidor entusiasta de la Secesión vienesa- colaboración que debería ser iniciada desde los años escolares abogando por una localización de tales enseñanzas dentro del mismo edificio. Los viajes, como medio idóneo de ampliar el horizonte vital y artístico del alumno, constituyen otro de los temas favoritos en los que el autor insistirá una y otra vez a lo largo de su ensayo.
El capítulo final incluye una serie de recomendaciones, agrupadas por temas, entre las que no faltan las referentes a las personas que deberían ser elegidas para las comisiones que estudien y redacten los nuevos planes, comisiones que según Anasagasti estarían integradas por el director, tres profesores y dos estudiantes de cada una de las escuelas de Madrid y Barcelona, dos profesores de academias de preparación de arquitectura y un arquitecto del máximo prestigio. En 42 puntos, divididos en secciones como principios generales, prácticas, laboratorios y talleres, viajes, pensiones y ampliación de estudios, preparación, matemáticas, construcción, dibujo, proyectos, etc., se va exponiendo un cuerpo de doctrina de validez general muchos de cuyos apartados encontrarían plena vigencia aún en nuestros días. Este libro, de propaganda y combate, como su autor lo califica, insólito en el panorama español de su época -y de muchas épocas- no hallaría la respuesta que su importancia e interés exigían; considerado hoy, se nos ofrece como un conjunto de sugerencias e ideas, libres de cualquier dogmatismo, aprovechables en buena parte y siempre estimulantes y vivas. El libro constituye también el mejor documento a nuestro alcance para descubrir la mentalidad del arquitecto, no siempre reconocible a través de una obra sobre la que gravitan influencias y contingencias de cada momento y en la que se superponen o suceden alternativas tan distintas como las procedentes de las influencias secessionistas y el Art Deco francés, de las tendencias casticistas e historicistas, de la ‘sinceridad estructuralista’ próxima ala estética del ingeniero, o de los planteamientos de L’Ecole de Beaux Arts, cuando no aparece teñida por el romanticismo más melancólico como ocurre en aquellos proyectos de Ciudad del Silencio o de Cementerio Ideal que le otorgarían amplia fama en plena juventud”.
El mundo acaba de presenciar los meses más calurosos de la historia registrada, y las perspectivas están lejos de ser optimistas. Las temperaturas en aumento están generando una mayor demanda de refrigeración, lo que amenaza con desencadenar un ciclo vicioso de mayor consumo de electricidad y emisiones de carbono. En un planeta que enfrenta simultáneamente una urbanización sin precedentes y una crisis climática, la intersección entre la eficiencia energética de los edificios y las tecnologías de refrigeración nunca ha sido más crucial.
«Los edificios, tradicionalmente importantes consumidores de energía, ahora se enfrentan al desafío dual de proporcionar ambientes interiores confortables al tiempo que minimizan su huella ambiental», dijo Clara Camarasa, analista de política de eficiencia energética de la Agencia Internacional de Energía (AIE). «La demanda cada vez mayor de refrigeración ha llevado al uso generalizado de sistemas de aire acondicionado que consumen mucha energía, lo que contribuye significativamente tanto a la demanda máxima de electricidad como a las emisiones de gases de efecto invernadero. Lograr un equilibrio entre el confort interior y la conservación de energía se ha convertido en una misión urgente».
Los esfuerzos para crear edificios y sistemas de refrigeración eficientes desde el punto de vista energético requieren una estrategia integral. El diseño integrado de edificios tiene en cuenta factores esenciales como la orientación del edificio, el sombreado, el aislamiento y la ventilación natural para minimizar la necesidad de refrigeración mecánica. Priorizar los métodos de diseño pasivo permite a los edificios aprovechar los elementos naturales para mantener ambientes interiores confortables.
Técnicas de enfriamiento pasivo
En áreas caracterizadas por climas templados, las estrategias de refrigeración pasiva ofrecen alternativas ecológicas a los enfoques tradicionales. Estrategias como la purga nocturna, la ventilación cruzada y la refrigeración evaporativa aprovechan el flujo de aire natural y las variaciones de temperatura, ofreciendo condiciones interiores óptimas sin necesidad de equipos de refrigeración intensivos en energía. Por ejemplo, la ventilación cruzada optimiza el flujo de aire para reemplazar el aire caliente con brisas frescas del exterior. La refrigeración evaporativa aprovecha el efecto de enfriamiento del agua, ofreciendo un método eficiente y de bajo consumo energético para mantener el confort.
La casa del silencio / Natura Futura Arquitectura
Combinar el diseño de edificios eficientes desde el punto de vista energético con fuentes de energía renovable crea una sinergia poderosa. Los paneles fotovoltaicos, los aerogeneradores y los sistemas solares térmicos producen energía limpia para alimentar los sistemas de refrigeración, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles y acelerando la transición hacia la neutralidad de carbono.
Casa de Verano / DDAANN
Tecnología e innovaciones en materiales
Los desafíos para lograr una demanda de refrigeración eficiente desde el punto de vista energético requieren soluciones innovadoras. La renovación de estructuras existentes es un desafío común, pero los avances en materiales y tecnologías están facilitando esta tarea. Los materiales de construcción de alto rendimiento con propiedades de aislamiento superiores y el control térmico permiten que los edificios antiguos adopten diseños eficientes desde el punto de vista energético, reduciendo la necesidad de extensas modificaciones estructurales.
Casa CB / Alventosa Morell Arquitectes
Cambiar los comportamientos de los usuarios es otro desafío, ya que los hábitos de los ocupantes pueden afectar la eficiencia de refrigeración. Las tecnologías innovadoras, como termostatos inteligentes y sensores de ocupación, ayudan a los usuarios a adoptar prácticas sostenibles sin esfuerzo. Estos dispositivos permiten ajustes automatizados, aprendiendo de las preferencias de los usuarios y los patrones de ocupación para optimizar el confort mientras se conserva energía. Al abordar estos desafíos con enfoques creativos, podemos garantizar que la refrigeración eficiente desde el punto de vista energético se convierta en la norma, fomentando un entorno construido sostenible y confortable.
Casa CB / Alventosa Morell Arquitectes
Sistemas HVAC inteligentes y eficientes
Los sistemas eficientes de calefacción, ventilación y aire acondicionado inteligentes (HVAC) están revolucionando la refrigeración en los edificios. Estos sistemas utilizan sensores avanzados, análisis de datos y automatización para optimizar la refrigeración en función de la ocupación, el clima y las cargas térmicas. Este ajuste dinámico no solo conserva energía, sino que también garantiza el confort de los ocupantes. Se adaptan a los patrones de ocupación, reduciendo la refrigeración innecesaria cuando los espacios están vacíos, y responden a las condiciones climáticas cambiantes para mantener el confort sin un uso excesivo de energía.
Paul Chávez, asociado de Experiencia del Usuario y Tecnología en ARUP, sugiere que los edificios podrían volverse significativamente más inteligentes aprovechando el conocimiento y las acciones colectivas de sus ocupantes. Encabezando el proyecto BREO (Building Resource Expression and Optimization), Chávez destaca el potencial sin explotar de involucrar a los ocupantes en la conservación activa de energía en los edificios. El proyecto crea un sistema receptivo que comunica el uso de recursos en tiempo real. El sistema dota a los edificios de datos «expresivos» de sistemas eléctricos, confort térmico, calidad del aire, agua, gas natural, iluminación y audiovisuales a través de salidas sensoriales.
BREO – Pantallas de luz
Políticas y compromisos
Las regulaciones gubernamentales e incentivos desempeñan un papel crucial en la promoción de esta refrigeración eficiente desde el punto de vista energético, y muchas naciones ya han establecido objetivos ambiciosos de neutralidad de carbono y eficiencia energética, incluido el objetivo de emisiones netas cero. Los responsables de la formulación de políticas en todo el mundo están comprendiendo que lograr estos objetivos requiere un cambio de paradigma en las prácticas de refrigeración, enfatizando la sostenibilidad y la conservación de energía. Además, estas iniciativas están en plena sintonía con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
«Objetivos como el ODS 7, que busca garantizar una energía asequible y no contaminante, y el ODS 13, centrado en la acción climática, subrayan la urgencia de la transición hacia tecnologías de refrigeración ecológicas. Al priorizar la refrigeración eficiente desde el punto de vista energético y fomentar la colaboración entre las partes interesadas, creamos una oportunidad para cumplir con estos objetivos internacionales al tiempo que garantizamos un futuro en el que la refrigeración sea sostenible y confortable», señala Clara Camarasa.
Barcelona prepara refugios climáticos para mantener frescos a los residentes durante los meses de verano (2022). Mobiliario efímero en la Plaza de Les Glòries
En resumen, la clave para crear un entorno construido sostenible radica en combinar técnicas de refrigeración eficientes desde el punto de vista energético, tecnología de vanguardia y fuentes de energía renovable. Mediante la implementación de políticas creativas y trabajando juntos, podemos acelerar nuestro camino hacia los objetivos de emisiones netas cero, lo que supone una contribución significativa a un mundo más consciente del medio ambiente y resiliente al clima.
1. Portada de la primera edición en inglés de El Manantial.
A propósito de los 80 años de El Manantial de Ayn Rand.
The Fountainhead (El Manantial en su traducción al español), desde su aparición en 1943, se convirtió en un libro que, proveniente de la literatura, por la trama que sigue y los temas que toca fue leído con avidez por los arquitectos de la época produciendo un importante impacto en el pensamiento y quehacer profesional durante años.
Mucho se ha escrito a partir del momento en que Ayn Rand, seudónimo de la escritora Alisa Zinóvievna Rosenbaum (San Petersburgo, 2 de febrero de 1905-Nueva York, 6 de marzo de 1982), se valió de la obra para plasmar buena parte de su postura filosófica: el objetivismo, corriente que no admite coerciones que menoscaben la libertad individual, más allá del respeto a la libertad de los demás, y que la propia Rand expondrá como una filosofía formulada “para vivir en la tierra” y que “es, en esencia, el concepto del hombre como un ser heroico, con su propia felicidad como propósito moral de su vida, con el logro productivo como su actividad más noble y con la razón como su único absoluto”.
2. Ayn Rand y dos de sus libros de corte ensayístico traducidos al castellano. La virtud del egoísmo (1961) e Introducción a la epistemología objetivista (1979)
De manera concisa, tal y como recogemos de Wikipedia, Rand construye una metafísica basada en la realidad objetiva (“los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres”); propugna una epistemología sustentada en la razón (“la facultad que identifica e integra las percepciones provistas por los sentidos de los hombres”), entendida “como único medio de percepción de la realidad del hombre, su única fuente de conocimiento, su única guía para la acción, y su medio básico de supervivencia”; defiende el concepto de “egoísmo racional” donde “el hombre -cada hombre- es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros. Debe existir por sí mismo y para sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a otros. La búsqueda de su propio interés racional y de su propia felicidad es el más alto propósito moral de su vida”; y entenderá al capitalismo laissez-faire como sistema político ideal: “un sistema en el cual los hombres tratan unos con otros no como amos y esclavos, sino como comerciantes, mediante intercambio libre y voluntario, en beneficio mutuo. Es un sistema en el cual ningún hombre puede obtener ningún valor de otro mediante el uso de la fuerza física, y ningún hombre debe iniciar el uso de la fuerza física contra otros”.
3. Ediciones recientes en castellano de las tres novelas más importantes de Ayn Rand. Los que vivimos (1936), El Manantial (1943) y La rebelión de Atlas (1957)
Por tanto, El Manantial, su trama, sus personajes y los diferentes roles que asumen no puede entenderse sin conocer la manera como Ayn Rand construye su polémico y radical andamiaje filosófico. De tal manera, la novela se revela como “una oda al individuo frente a la masa,…una defensa del individualismo frente al colectivismo, del egoísmo racional frente al altruismo, de la integridad frente a la inexistencia de dignidad, de la autorrealización personal frente al sacrificio por los demás, de la razón frente al misticismo, del desarrollo del ingenio frente a la mediocridad, de la expresión del amor a través de la aportación de valor y la mutua admiración frente a las historias de amor basadas en la necesidad”, como se expone en el blog Desde fuera de la pecera en su entrega del 2 de mayo de 2014 titulada “El Manantial de Ayn Rand o de la historia de un hombre libre enfrentándose a la masa”.
La elección por parte de Rand de la arquitectura como universo en torno al cual aglutinar el argumento de la obra, debido a su indudable potencia como símbolo de progreso, su cruce de expresión artística y función práctica y su dialéctica indudable de arte por encargo, hicieron de ella el vehículo ideal para el conflicto ideológico que su autora deseaba construir a partir de sus postulados objetivistas.
4. Gary Cooper interpretando a Howard Roark en la película El Manantial (1949) de King Vidor basada en el libro de Ayn Rand.
Howard Roark, arquitecto que no terminó la carrera por no compartir los criterios que esgrimían sus profesores y que reivindica al hombre creador que razona por sí mismo, es el protagonista del libro. Desde su profesión, a la que ama, encarnará los valores propugnados por Rand (traducidos en independencia, integridad, honestidad, justicia, productividad y orgullo), y luchará indoblegable contra una sociedad en la que el ego -en el sentido de la autorrealización- se anula a favor del grupo. Roark, hombre de gran fortaleza -física y mental-, que toda su vida estuvo relacionado de alguna manera con la construcción, ya sea ejerciendo de albañil hasta llegar a hacerlo de arquitecto, que sigue su camino, que no es políticamente correcto, simplemente quiere edificar sus ideas. “No quiere construir para satisfacer el deseo de los clientes, sino que quiere tener clientes para poder construir. Tiene su propio criterio y no está dispuesto a mostrar en sus construcciones copias del pasado. Concibe la arquitectura como una disciplina que debe cumplir la función de generar calidad de vida en los clientes -una función útil- y que debe, a su vez, ser una continuación coherente de la personalidad del que habita el espacio. Sus construcciones son producto del uso que hace de la razón para lograr esos objetivos, y por tanto, no van recargadas de adornos inútiles que no cumplen ninguna función como puedan ser columnas dóricas de adorno, cornisas, o algún resto del pasado griego. Si alguien intenta incluir en sus proyectos este tipo de cuestiones, Howard es implacable y se niega a realizarlo. No gasta ninguna energía en dar sus explicaciones o convencer al cliente; ‘sólo’ rechaza el proyecto y sigue su camino”, acotan en Desde fuera de la pecera.
5. Howard Roark (Gary Cooper) y Peter Keating (Kent Smith) en una escena de la película El Manantial.6. Fotograma de la película intervenido señalando el tipo de arquitectura que planteaban Howard Roark y Peter Keating.
Su contraparte dentro de la trama de la novela la constituirá Peter Keating, estrella del mundo de la arquitectura de Nueva York, rico y famoso. Graduado con honores complaciendo a sus profesores, al contrario que Roark, no quiere tener clientes para construir sino para lograr el reconocimiento público, pasando la arquitectura a un segundo plano. Si Roark encarna de manera ejemplar, íntegra y no espectacular a través de su individualismo los ideales de la modernidad, construyendo un estilo relacionado con un modo de hacer y no con una herencia de lenguajes y formas, Keating se vende al mejor postor y acepta realizar mediocres edificios eclécticos y espectaculares llenos de concesiones al pasado. Se beneficia del trabajo de Roark quien desarrolla proyectos a su nombre con tal de verlos finalizados siempre que se siga al pie de la letra sus planteamientos que sólo busca verlos hechos realidad. Un punto culminante dentro de la trama lo constituye el momento en que Roark diseña un proyecto de viviendas encargado por Keating que sufre numerosas modificaciones sin que éste haga nada por detener a quienes las incorporan. Finalmente, una vez construido el conjunto en tales condiciones, Roark lo dinamitará asumiendo todas las consecuencias.
7. Los personajes de la novela y sus intérpretes dentro del reparto de la película.
Otros personajes que complementan el elenco de la novela son: Ellsworth Toohey, influyente crítico de arquitectura, encarnación del altruismo (en el que Roark no cree) y quien desde su tribuna elabora estrategias que van a favor de la masa y en contra del individuo e impone sigilosamente pensamientos, modas, valores y todo aquello que fomenta la uniformidad y la mediocridad en lugar del mérito y la excelencia. Considerado el villano de la obra, Toohey tendrá siempre a Roark en la mira de sus malintencionadas intervenciones. Gail Wynard, magnate dueño del periódico Banner y de otras muchas empresas, rico y muy inteligente. Pasó de condiciones de vida miserables, casi indigentes, en los suburbios de Nueva York, a controlar gran parte de los medios impresos de la ciudad. Mientras Wynand comparte muchas de las cualidades de Roark, su éxito depende de su habilidad para complacer a la opinión pública, un defecto que finalmente lo lleva a su caída. Dominique Françon, eje de la trama amorosa, considerada por Rand como «la mujer para un hombre como Howard Roark”, aunque lo admira y se entrega a él terminará casándose con Keating. Es la hija de Guy Françon, un arquitecto exitoso pero poco creativo. Ha sido testigo de cómo grandes creadores o grandes hombres y mujeres han sido hundidos por la masa, han sido perseguidos por ser excelentes en su trabajo, han sido comprados o chantajeados por gente como Gail Wynard.
El libro, que Ayn Rand dedicó a su esposo Frank O’Connor, gran apoyo afectivo y moral a lo largo de su exitosa y a veces difícil carrera de escritora, se estructura en cuatro partes que llevan los nombres de los personajes principales. La primera de 15 capítulos se denomina Peter Keating; la segunda, también de 15 apartados lleva por nombre Ellsworth M. Toohey; la tercera con 9 episodios se llama Gail Wynard; y la cuarta y última se dedica al protagonista principal Howard Roark con 20 secciones. La obra verá su primera edición en español en 1958.
8. Posters promocionales de la película en castellano y en inglés.
El Manantial amplió en 1949 su influencia aún más gracias a la producción de Warner Bros Pictures en blanco y negro de la película del mismo título, protagonizada por Gary Cooper acompañado por Patricia Neal, Raymond Massey, Kent Smith, Robert Douglas, Henry Hull, Ray Collins, Moroni Olsen, Jerome Cowan y dirigida por King Vidor, con guion de la propia Rand quien logró controlarlo minuciosamente de una forma completamente desacostumbrada en Hollywood, donde los estudios se toman todo tipo de libertades con los guiones originales. Bien realizada, fiel a lo esencial de la trama argumental de la novela y con énfasis en elementos que acentuaban las tesis objetivistas de su autora, el filme, que no cubrió del todo sus expectativas, sin embargo, apuntaló una obra de referencia para liberales y conservadores, que compartían sus profundas lecciones filosóficas sobre el poder del individuo frente al conformismo de las masas.
9. Diseños de Edward Carrere presentes en la película de la mano de Howard Roark. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Tienda, granja, fábrica y residencia.
Rand intentó incorporar la participación de Frank Lloyd Wright (de quien se dice existen muchas similitudes con el protagonista) para la creación de las propuestas de los edificios que saldrían en el largometraje. Los elevados honorarios que Wright exigió hicieron imposible su inclusión, lo cual provocó que recayera la responsabilidad de elaborar los diseños que vemos en el film en el director artístico Edward Carrer, quien logró dotarlos de características y elementos de la arquitectura racionalista como son los voladizos, los muros cortina, los materiales industriales, así como la escasa ornamentación, la asimetría o la planta libre.
Después de 80 años y ya en pleno siglo XXI no sería descabellado rescatar de El Manantial buena parte de los principios que a partir de sus personajes y sus actuaciones mantienen plena vigencia y son susceptibles de formar parte de cualquier discusión que involucre tanto la enseñanza con el ejercicio de la arquitectura. Preguntas como ¿qué significa la integridad?, ¿qué es ser coherente?, ¿qué implica tener una práctica profesional ética? o disquisiciones sobre el peso de la libertad individual y su sumisión a lo que se impone desde lo colectivo, del papel que juegan la creación y la innovación o el impacto que en todo ello pueda tener la globalización y la preocupación por el cambio climático, quedan en el aire para quienes se aventuren a leer las más de 750 páginas de un libro que, luego del rechazo recibido por una docena de editoriales antes de ser finalmente publicado, se convirtió rápidamente en un best-seller habiéndose vendido más de 6,5 millones de copias en todo el mundo.
Ayn Rand todo un personaje público y “la pensadora liberal más influyente de todos los tiempos”, a pesar de su éxito como escritora (su obra La rebelión de Atlas -1957- es el segundo libro más vendido en los Estados Unidos después de la Biblia), siempre fue poco valorada por los amantes de la gran literatura.
Al inicio de 2022, la curadora Lesley Lokko anunció el título de la 18ª Exposición Internacional de Arquitectura – La Biennale di Venezia: «El Laboratorio del Futuro». La intención del tema es destacar al continente africano como protagonista del futuro, un lugar «donde convergen y se fusionan todas estas cuestiones de equidad, raza, esperanza y miedo», en palabras de la curadora. Como el continente de más rápido crecimiento urbano, África se ve como una tierra de potencial, pero también de desafíos, donde las cuestiones de equidad racial y justicia climática se juegan con un impacto significativo en el mundo en general.
Sin embargo, a fines de la década de 1950, otro laboratorio del futuro estaba tomando forma, uno donde las nuevas ideas del modernismo producían grandes diseños monumentales y estructuras urbanas completas a una escala sin precedentes: India. En busca de una imagen moderna y democrática, el país recién independizado dio la bienvenida a maestros de la arquitectura occidental como Le Corbusier y Louis I. Kahn y les confió una amplia gama de comisiones, desde el diseño urbano de Chandigarh y sus principales edificios gubernamentales hasta universidades, museos y proyectos residenciales de menor escala. El resultado es una mezcla de culturas, influenciándose mutuamente para obtener resultados inesperados.
Le Corbusier. El Palacio de la Asamblea de Chandigarh, en primer plano, frente al Tribunal Superior, al fondo.Le Corbusier. Tribunal Superior, Chandigarh.
El estatus de India después de 1947 y la búsqueda de una nueva imagen establecieron las premisas para la construcción de una de las mayores asambleas modernistas y experimentos urbanos. Nombrada en honor a la diosa hindú del poder, Chandigarh fue elegida como sede de la nueva capital estatal de Punjab, creada para encarnar la agenda de modernización y los valores seculares de la recién fundada república. Desde el principio, el ingeniero jefe de Punjab, P. L. Varma, y el administrador estatal de obras públicas, P. N. Thapar, se propusieron traer a profesionales occidentales, en parte debido al deseo de crear una ciudad moderna y eficiente y debido a la capacitación profesional limitada. Previamente Albert Meyer, un urbanista estadounidense, fue invitado a diseñar la nueva ciudad, y Matthew Nowicki, un joven arquitecto que trabajó con Le Corbusier, fue seleccionado para crear la arquitectura de las nuevas instituciones democráticas. Después de la inesperada muerte de Nowicki en 1950 en un accidente de avión, Thapar y Varma se pusieron en contacto e invitaron a Jane Drew y Maxwell Fry, quienes recomendaron una colaboración con Le Corbusier, como se explica en el libro de William J R Curtis Le Corbusier: Ideas and Forms.
Al principio, Le Corbusier dudó, pero aceptó la comisión y se convirtió en el exclusivo diseñador de los edificios del Capitolio y consultor para la disposición de la ciudad, aún liderado oficialmente por Mayer, pero eclipsado por la fuerte visión de Le Corbusier. Jane Drew y Maxwell Fry también fueron empleados, concentrando su atención en las áreas residenciales, desarrolladas con equipos de jóvenes arquitectos indios. El sector de la vivienda se informó con prototipos vernáculos indios y contenía elementos como logias y terrazas para dormir. En 1951, Le Corbusier también invitó al joven arquitecto indio Balkrishna Doshi a unirse a su estudio en París, quien aportó una comprensión más profunda de la cultura y el clima indios al equipo, teniendo una influencia significativa en la planificación de la nueva ciudad, las áreas residenciales y la creación de espacios abiertos. Más tarde, en 2018, Balkrishna Doshi se convirtió en el primer arquitecto de India en recibir el Premio Pritzker, el mayor honor en arquitectura.
Le Corbusier. Palacio de la Asamblea, Chandigarh.
A escala urbana, la planificación de Chandigarh retuvo algunos de los principios de Le Corbusier, como la separación de áreas para vivir, trabajar y disfrutar del tiempo libre, y los grandes ejes monumentales, pero dejó de lado los rascacielos, optando en su lugar por edificios de baja y media altura, en una adaptación a los estilos de vida y las costumbres locales. En su libro, Curtis señala que en la búsqueda de una gramática india moderna, Le Corbusier cambió su enfoque para ver a India como «un país que debe evitar el voraz industrialismo de la primera era de la máquina, forjando una nueva cultura sobre la base moral de un equilibrio entre lo mecanizado y lo rústico, lo secular y lo sagrado, lo local y lo universal».
En el diseño de los cuatro principales edificios gubernamentales, las investigaciones de Le Corbusier sobre cosmología y tradiciones se combinaron con adaptaciones a las condiciones específicas del clima local para producir elementos arquitectónicos escultóricos y simbólicos. Se emplean variantes de celosías para proporcionar la sombra necesaria, mientras que los pórticos y los muros perforados permiten que el aire circule y ventile las estructuras. El hormigón era el material preferido. Aunque almacena e irradia calor, su bajo coste y fácil disponibilidad lo convirtieron en una elección fácil. Las herramientas rudimentarias de que disponían los trabajadores en la obra dieron lugar a formas potentes y superficies rugosas, lo que hizo que la arquitectura fuera «intemporal pero de su tiempo».
Le Corbusier. Edificio de la Secretaría como parte del complejo del Capitolio, Chandigarh.
La influencia de Le Corbusier no se limita a Chandigarh. Tras su primera visita a la India en 1951, fue invitado a Ahmedabad, importante centro comercial del noroeste del país. Con su potente industria textil, la ciudad se consideraba un modelo potencial para una «Nueva India», ya que desempeñó un papel importante en la lucha por la independencia. La nueva élite urbana, formada por comerciantes y propietarios de fábricas, deseaba afianzar su posición alineándose con los ideales modernos representados en la obra del arquitecto. Aunque no todos los encargos tuvieron éxito, Le Corbusier construyó cuatro edificios en Ahmedabad: el Museo, el edificio de la Asociación de Propietarios de Molinos, las residencias Shodhan y una casa privada para Manorama Sarabhai.
Le Corbusier. Edificio de la Asociación de Propietarios de Molinos, Ahmedabad.
El edificio de la Asociación de Propietarios de Molinos es un pequeño palacio, auténtico testimonio de una arquitectura para los tiempos modernos ajustada al clima de la India. Con los demás edificios de Ahmedabad… será un verdadero mensaje hacia una arquitectura india.
Le Corbusier, 1953 (citado en Le Corbusier: Ideas and Forms de William J R Curtis)
Le Corbusier. The Open Hand Monument, Chandigarh.
A principios de la década de 1960, cuando se elaboraron los planes para crear el Indian Institute of Management (IIM), una escuela de negocios de posgrado en Ahmedabad, se consultó a Balkrishna Doshi recomendando al arquitecto estadounidense Louis Kahn, a quien había conocido gracias a su puesto de profesor en Filadelfia. Kahn aceptó el encargo por la oportunidad de trabajar en un campo influido por Le Corbusier con la condición de que Doshi se uniera a él como asociado, según explicó Doshi en una entrevista en vídeo.
Louis Kahn. Instituto Indio de Gestión de Ahmedabad (IIMA).
El campus universitario supuso para Kahn la oportunidad de diseñar un entorno completo para el aprendizaje, un ideal que sólo se había hecho realidad parcialmente con su trabajo en Estados Unidos en Erman Hall y el Instituto Salk. El subcontinente demostró ser un campo de pruebas receptivo para los esfuerzos arquitectónicos de Kahn. Poco después de que comenzara la construcción en Ahmedabad, recibió otro encargo para un proyecto aún mayor en la nueva capital de Dhaka, Bangladesh. El edificio de la Asamblea Nacional de Bangladesh se terminó en 1982, convirtiéndose en una de sus obras más reconocidas y apreciadas.
Louis Kahn. Instituto Indio de Gestión de Ahmedabad (IIMA).
El campus de Ahmedabad fue una oportunidad para que Kahn explorara las propiedades del ladrillo, un material local que le prescribió el cliente debido a las limitaciones económicas. En el ladrillo, Kahn descubrió un sistema de construcción robusto, atractivo por su honestidad estructural directa. En conversaciones con sus alumnos en Estados Unidos, a menudo escenificaba este diálogo mantenido con el material, como se cita en el libro de David B. Brownlee y David G. De Long, Louis I. Kahn: In the Realm of Architecture:
Le dices al ladrillo: «¿Qué quieres, ladrillo?» Y el ladrillo te dice: «Me gusta un arco». Y tú le dices al ladrillo: ‘Mira, yo también quiero uno, pero los arcos son caros, y puedo usar un dintel de hormigón sobre ti, sobre una abertura’. Y tú le dices: «¿Qué te parece, ladrillo?» Y el ladrillo responde: «Me gusta un arco».
Louis Kahn
Louis Kahn. Instituto Indio de Gestión de Ahmedabad (IIMA).
En su búsqueda de una imagen moderna y democrática, la India se convirtió en una tierra de posibilidades donde el lenguaje, los ideales y los principios abstractos modernistas podían ponerse a prueba a una escala sin precedentes, pero no en el vacío. Aquí, dos de los pioneros del Modernismo encontraron una nueva expresividad a través de la influencia de una cultura en principio distante de ellos. La cultura, las costumbres, el modo de vida y la relación con los materiales y la tierra de la India influyeron no sólo en la obra de Le Corbusier y Louis Kahn, sino también en la imagen del Modernismo y de la arquitectura del siglo XX en general.
1. De izquierda a derecha: Josep Lluis Sert, Fernand Léger y Sigfried Giedion.
80 años de la publicación de “Nueve puntos sobre monumentalidad”.
A finales de la Segunda Guerra Mundial (1943) un arquitecto catalán, un pintor francés y un crítico e historiador suizo, coinciden en Nueva York para dar cuerpo a un breve escrito, redactado a modo de manifiesto, que recogió un sentir y propuso la manera de canalizar una inquietud latente durante mucho tiempo dentro del desarrollo de la arquitectura del Movimiento Moderno: la capacidad de incorporar la monumentalidad como categoría a ser considerada por los edificios o conjuntos urbanos desde allí gestados.
2. Izquierda: Portada de Memorials that Live, publicado por la American Commission for Living War Memorials en 1944. Derecha: Paul Ludwig Troost. Haus der Deutschen Kunst (Casa del Arte Alemán) en Münich (1933-37)
En momentos en que los postulados canónicos de la modernidad ya estaban dando síntomas de agotamiento, en que se había impuesto como una clara deformación el Estilo Internacional, en que los Estados Unidos habían asumido el liderazgo del debate en cuanto a la relación que podría establecerse entre arquitectura y conmemoración, y en el que se empiezan a formular preguntas acerca de ¿por qué a la gente no le gustan y qué está mal en las ciudades?, Josep Lluis Sert (Barcelona 1902, Barcelona 1983), Fernand Léger (Argentan 1881, Gif-sur-Yvette 1955) y Sigfried Giedion (Praga 1888, Zurich 1968) postulan 9 puntos que le abren la puerta a una nueva manera de entender lo monumental donde los objetos arquitectónicos y los espacios públicos pudiesen colaborar a desarrollar sentimientos de arraigo a las comunidades para las que estuviesen dirigidos.
3. Vista y carátula del libro The culture of cities de Lewis Mumford (1938) y primera página del texto “The death of the monument” (1937) allí incorporado.
Ubicándose desde otra perspectiva con respecto a lo señalado en 1937 con relación al tema por el historiador y urbanista estadounidense Lewis Mumford (1895-1990), quien a través del artículo “The death of the monument” (“La muerte del monumento”), incorporado al año siguiente (1938) dentro de su influyente libro The Culture of Cities, había sentenciado que “La misma noción de monumento moderno es una contradicción en sus términos: si es un monumento, no puede ser moderno, y si es moderno, no puede ser un monumento”, Sert, Léger y Giedion apelando a la misma autoridad con que Mumford consideraba incompatible modernidad y monumentalidad, encontrarán un resquicio para afirmar: “Los monumentos son expresión de las más altas necesidades culturales del hombre. Están destinados a satisfacer el ansia eterna del pueblo por traducir en símbolos su fuerza colectiva. Los monumentos realmente vivientes son los que dan expresión a esa fuerza colectiva”.
4. Ilustraciones de Osbert Lancaster del concepto de monumentalidad en la Alemania nazi y en la URSS estalinista, 1938. Incluidas en Sigfried Giedion, “The Need for a New Monumentality”, tal y como fue publicado en Architecture you and me: The diary of a development (1958).
La declaración, muy alejada de la asociación que Mumford hacía de monumento con estatismo y muerte, como un elemento opuesto a la vitalidad, flexibilidad y renovación propios de la dinámica urbana, reclamaba para la arquitectura moderna la posibilidad de transmitir aspectos simbólicos, en lugar de limitarse a resolver problemas funcionales y exponía que el academicismo del siglo XIX se había apropiado de las formas de la arquitectura clásica para recrear una monumentalidad carente de significado que sólo podía ser calificada de “pseudo-monumentalidad”. Así, la “nueva monumentalidad” se podía asumir como un paso más en la evolución lógica del lenguaje de la modernidad, que permitiría abordar la realización de nuevos programas como museos, teatros, universidades, iglesias o salas de conciertos, programas que había que rescatar definitivamente de las soluciones academicistas por las que el habitante común había desarrollado una falsa preferencia, con la clara intención de despertar su gusto por la estética moderna.
5. Josep Lluis Sert. Diagrama incluido en “The Human Scale in City Planning” (dentro de la publiacación New Architecture and City Planning), en el que la banda central se define como centro cívico.
Convertidos en el escenario de la vida colectiva de la gente, donde se desarrollarían los episodios lúdicos de la comunidad, aunque no se dijera de manera explícita, los centros cívicos, considerados como los recintos donde se podía desarrollar la “nueva monumentalidad” eran, además, el espacio natural para las instituciones democráticas, y en ellos se debía producir la formación del individuo en los valores que la democracia implica. Ámbitos y no objetos reclama en particular Sert siendo siempre muy cuidadoso en no promover la réplica de aquello a lo cual se enfrentaba o, en otras palabras, un nuevo academicismo.
6. De izquierda a derecha, ediciones alemana (1956), inglesa (1958) y castellana (1957) de Arquitectura y comunidad.
El texto “Nueve puntos sobre monumentalidad” demoró 13 años en aparecer publicado de manera masiva. Es sólo en 1956 cuando verá la luz al ser incorporado como parte del capítulo 2 del libro de Sigfried Giedion Architektur und gemeinschaft (traducido en 1958 al inglés como Architecture you and me y al español como Arquitectura y comunidad en 1957).
7. Izquierda: Carátula del libro producto del simposio New architecture and city planning organizado en 1944. Derecha: Ilustración del artículo de Louis Kahn “Monumentality”, tal y como fue publicada en el libro.
Sin embargo, en ese intervalo, Giedion quien asumió con ahínco la responsabilidad de dar difusión a las ideas allí contenidas, no perdió tiempo en hacerlo por otras vías. En tal sentido, se registra como primer paso su participación en el simposio New architecture and city planning organizado en 1944 bajo la coordinación de Paul Zucker en Nueva York, donde presentó la muy difundida ponencia titulada “The need for a new monumentality” (“La necesidad de una nueva monumentalidad”), que luego será también incorporada a Arquitectura y comunidad como preámbulo al manifiesto. Otros participantes en el evento, en el que se buscaba responder preguntas como ¿tenemos una nueva concepción de las ciudades? o ¿hay formas de hacer que las ciudades sean lugares mejores y más saludables para vivir?, que dio pie a una publicación de 694 páginas, serían George Nelson (“Stylistic trends in contemporary architecture”), Louis Kahn (“Monumentality”) o José Luis Sert (“The Human Scale in City Planning”). Cabe añadir que, más allá de la de Sert, la coincidencia de Kahn (a su manera) con los planteamientos expresados en el manifiesto era plena.
8. Anuncio del simposio In Search of a New Monumentality e índice del nº 104 de The Architectural Rewiew.
“The need for a new monumentality” le servirá a Giedion, también, para dictar una conferencia magistral en el Royal Institute of British Architects en 1946. Dos años más tarde, su insistencia en la necesidad de ventilar el tema dará pie a otro simposio titulado In Search of a New Monumentality (1948) organizado por los editores de The Architectural Review -recogido como un capítulo completo del nº 104, agosto de 1948, de la revista- donde además de Giedion, participaron ponentes de la talla de Gregor Paulsson, Henry-Russell Hitchcock, William Holford, Walter Gropius, Lucio Costa y Alfred Roth. Allí cada uno expuso su particular visión sobre el significado de “nueva monumentalidad” y su posible encaje dentro del panorama internacional de la disciplina en aquel instante. Solo Paulsson se colocará, como ya lo había anticipado Mumford, en la acera opuesta con respecto a su aceptación del término
9. Izquierda: Axonometría del proyecto presentado al concurso del Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra por Le Corbusier y Pierre Jeanneret (1927). Derecha: Ministerio de Educación y Salud de Rio de Janeiro (1936-1943) de Lúcio Costa en colaboración con Oscar Niemeyer, Affonso Reidy, Carlos Leão, Ernani Vasconcelos y Jorge Machado Moreira que contó con la asesoría de Le Corbusier.
El intervalo entre 1943 y 1956 también le permitió a Giedion ampliar la mirada y encontrar apoyo a sus argumentos en proyectos como el presentado por Le Corbusier y Pierre Jeanneret para el concurso del Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra (1927) u obras como el Ministerio de Educación y Salud de Rio de Janeiro (1936-1943) de Lúcio Costa en colaboración con Oscar Niemeyer, Affonso Reidy, Carlos Leão, Ernani Vasconcelos y Jorge Machado Moreira que contó con la asesoría de Le Corbusier (incluidos ya en 1944 en la publicación de “The need for a new monumentality”), o la Ciudad Universitaria de Caracas de Carlos Raúl Villanueva donde para 1953 se había construido el Conjunto Central y había cristalizado otro ideal planteado en el manifiesto: la integración de las artes.
10. Carátulas de dos libros publicados por Sigfried Giedion (izquierda) y Josep Lluis Sert (derecha) en 1941.
Giedion, curiosamente, había publicado dos años antes de la redacción de “Nueve puntos sobre monumentalidad” su célebre libro Espacio, tiempo y arquitectura (1941), exaltación del período heroico del Movimiento Moderno y, por ende, del “maquinismo” impulsado por algunas de sus figuras, postura que a partir de 1943 y en futuras reediciones tenderá a matizar en busca de mostrar un mínimo de coherencia con la nueva mirada de la modernidad que estaba propiciando.
También de 1941 será el libro Can our Cities Survive? de Josep Lluis Sert, un resumen documentado de las propuestas urbanas fundamentales de los CIAM que introdujo en América los postulados de la organización europea y sirvió de punto de partida para otras obras similares. De allí que Sert, Léger y Giedion, formularan sus “Nueve puntos sobre monumentalidad”, predestinados a convertirse en sumario del octavo CIAM, finalmente dedicado a The heart of the city. (subtituladoTowards the Humanisation of Urban Life), que se celebraría en 1951 en la ciudad inglesa de Hoddesdon y con ello, sin necesariamente proponérselo, acelerar el desmoronamiento de la línea dura que desde un principio controló dichos encuentros. En resumen, la “nueva monumentalidad”, desmontando los conceptos básicos y recursos formales de la arquitectura moderna -expresividad por negación, ausencia de carácter, búsqueda de prototipos, ahistoricismo, voluntad de ruptura de las convenciones, defensa de la cubierta plana- comprobará que yendo más allá de la precisión técnica y funcional del objeto el mismo podía ser instrumento de intenciones estéticas.
Abrirá también la oportunidad para que aparezcan posturas como la de Ernesto N. Rogers quien incluirá en su discurso teórico temas como la tradición y las preexistencias ambientales, exponiendo sin inhibiciones la posibilidad de que lo moderno se exprese ya no por negación sino por voluntad propia y de que la arquitectura que de allí se derive posea carácter.
11. Arriba: Plano de conjunto del Centro Gubernamental e imagen de la Asamblea de Chandigarh. Centro izquierda: Asamblea Nacional de Bangladesh. Centro derecha: Plaza de los tres poderes de Brasilia. Abajo izquierda: Conjunto central de la Ciudad Universitaria de Caracas. Abajo derecha: Ópera de Sydney.
Llegado el momento y por sólo mencionar algunos ejemplos relevantes, Le Corbusier proyectará Chandigarh (1951-1963), Louis Kahn hará acto de presencia en Daka diseñando la Asamblea Nacional de Bangladesh (1961-1981), Lucio Costa y Oscar Niemayer serán protagonistas de la construcción de Brasilia (1956-1960) y Jørn Utzon verá levantarse la Ópera de Sydney (1959-1973), demostraciones fehacientes de que la “nueva monumentalidad” había llegado para quedarse.
“Nueve puntos sobre monumentalidad”, importante texto que brevemente hemos intentado contextualizar, nos ha parecido pertinente publicarlo a continuación a 80 años de su aparición con la finalidad de que nuestros lectores lo aprovechen al máximo. Contamos con que así sea.
Referencias
Cachorro Fernández, Emilio, » ‘Nine points on monumentality’: un manifiesto para la reactivación urbana Contemporánea», en URBS. Revista de Estudios Urbanos y Ciencias Sociales. Volumen 5, número 2, 2015.
Cachorro Fernández, Emilio, “Hacia una nueva monumentalidad. Revisión moderna de su simbolismo arquitectónico”, en Quintana. Revista de Estudos do Departamento de Historia da Arte, núm. 16, enero-diciembre, 2017.
Molina Iniesta, Mariano, “El debate sobre la monumentalidad en las postrimerías Segunda Guerra Mundial” (capítulo 3, subcapítulo 3.1), en La idea de Monumentalidad en la Segunda Posguerra: Debates y Propuestas, Tesis doctoral, UPM, 2015.
Montaner, Josep María, “La expresión en la arquitectura después del Movimiento Moderno”, en La modernidad superada. Ensayos sobre arquitectura contemporánea, Barcelona, Gustavo Gili, 1997.
12. Izquierda: Frank Lloyd Wright. Edificio Johnson Wax, Wisconsin (1936-1939). Derecha: Eero Saarinen. Arco Gateway, St. Louis (1947-1968)
Nueve puntos sobre monumentalidad
Josep Lluís Sert, Fernand Léger y Sigfried Giedion
“…Je donnerai Versailles,
Paris et Saint-Denis,
Les tours de Notre Dame,
Le clocher de mon pays…”
Según la antigua canción francesa
Auprès de ma blonde.
1. Los monumentos constituyen piedras miliares, en las que los hombres crearon símbolos para sus ideales, sus objetivos y sus actividades. Están destinados a sobrevivir a la época en que surgieron, son un legado para las futuras generaciones. Forman un vínculo entre el pasado y el porvenir.
2. Los monumentos son expresión de las más altas necesidades culturales del hombre. Están destinados a satisfacer el ansia eterna del pueblo por traducir en símbolos su fuerza colectiva. Los monumentos realmente vivientes son los que dan expresión a esa fuerza colectiva.
3. Toda época pretérita señalada por una verdadera vida cultural poseyó la fuerza y la capacidad para crear tales símbolos. Por consiguiente, los monumentos sólo son posibles en épocas en las que hayan surgido una conciencia y una cultura unificadoras. Las épocas que se agotaron en la vida y el afán de cada día no fueron capaces de erigir monumentos realmente perdurables.
4. Los últimos cien años fueron testigos de la desvalorización de la monumentalidad. No quiere decirse con ello que faltaran monumentos, menos todavía ejemplos arquitectónicos que pretendieran servir dicha finalidad. Pero los así llamados monumentos de un pasado reciente se revelan –salvo escasas excepciones– como cáscaras vacías. En manera alguna contienen el espíritu o el sentir colectivo de la época moderna.
5. La decadencia y el empleo indebido de la monumentalidad es el motivo principal por el cual los arquitectos de hoy desconfían de los monumentos.
Fue necesario que, como la pintura y la escultura modernas, también la arquitectura de hoy recorriera un camino difícil. Comenzó por solucionar los problemas más simples, por edificios de utilidad práctica, como habitaciones para el mínimo existencial, escuelas, oficinas u hospitales. Pero los arquitectos actuales han llegado al convencimiento de que los edificios no pueden concebirse como unidades aisladas: por el contrario, deben ordenarse dentro de una planificación edilicia más amplia. Entre la arquitectura y la planificación de ciudades no existen fronteras, como tampoco las hay entre la ciudad y la región que la rodea. Entre ambas debe existir una recíproca relación. En tales planes más amplios, son los monumentos los que proveen los acentos peculiares.
6. Nos hallamos ante una nueva etapa de la evolución. Las transformaciones de posguerra en la estructura económica total de los países habrán de entrañar la reorganización de la vida comunal dentro de la ciudad, un aspecto que hasta hoy fue descuidado.
7. De los edificios destinados a su sensibilidad social y a su vida comunal, el pueblo anhela algo más que una mera satisfacción funcional. Desea que en ellos se tenga en cuenta su ansia de monumentalidad, de alegría y de íntima exaltación. Puede llegarse a dar cumplimiento a estas exigencias merced a los nuevos medios de expresión que tenemos a nuestro alcance, pero el problema está lejos de ser fácil.
Antes deben tomarse en cuenta los puntos siguientes: Un monumento en el que se aúnan los esfuerzos del arquitecto, el pintor, el escultor y el planeador regional, exige la estrecha colaboración de todos los que intervienen. Es esta colaboración la que se echa de menos desde hace más de cien años. La inmensa mayoría de los arquitectos modernos no ha sido preparada aún para esta especie de creación integral. Jamás se les confió el problema de una construcción monumental. Los que gobiernan al pueblo y representan sus intereses, sin desconocerles a muchos de ellos brillantes dotes dentro de su esfera, son desde el punto de vista artístico representantes del gusto dominante. Tal como el hombre de la calle, también ellos padecen de la frecuente escisión entre los métodos del pensamiento y los métodos del sentir. Por desgracia, en la mayoría de los políticos y funcionarios el sentimiento está sin educar, y sigue empapado de los seudoidilios del siglo XIX. Por esa razón son incapaces de reconocer las fuerzas creadoras de nuestra época, las únicas que podrían proyectar monumentos y edificios públicos en los que, en nuestros centros comunales, se reflejara la expresión creadora de nuestra época.
8. La situación de los monumentos debe ser planificada. Ello será posible cuando se emprenda con energía una nueva planificación de los puntos centrales de nuestras ciudades, para permitir la aparición de espacios abiertos en el caos que son hoy nuestros centros. En tales espacios abiertos hallará la arquitectura monumental el lugar que le corresponde. Entonces podrán expandirse los edificios monumentales: porque así como los árboles y las plantas, tampoco ellos pueden apiñarse en un mismo lugar. Sólo entonces podrán levantarse nuevos centros comunales.
9. Tenemos a nuestra disposición materiales modernos y nuevas posibilidades técnicas. Nuevas construcciones y materiales de diversos tipos esperan el momento de ser empleados.
Los elementos móviles pueden modificar substancialmente el aspecto de los edificios. Tales elementos móviles arrojan sombras siempre renovadas, apenas los pone en movimiento el viento o algún dispositivo mecánico y pueden convertirse en fuente de novedosos efectos arquitectónicos.
Durante la noche, es posible proyectar formas y colores sobre superficies extensas. Estas proyecciones sirven como medios de publicidad o de propaganda. En los edificios han de preverse y ordenarse arquitectónicamente las superficies aptas para tales fines. Hoy sólo existen anuncios de tipo caótico.
Con estas enormes superficies reavivadas y con semejante empleo del color y del movimiento dentro de un espíritu nuevo, se revelarán a pintores murales ya escultores zonas todavía inexploradas.
El cuadro se completará con elementos de la naturaleza, tales como árboles, plantas, agua, etc. Será posible agrupar todos estos elementos, las piedras, que siempre se han empleado, los nuevos materiales que son propios de nuestro tiempo, y los colores en toda su intensidad, esos colores por tanto tiempo descuidados como elemento arquitectónico.
El paisaje formado por la mano del hombre se confundiría con la naturaleza. Surgiría así un nuevo y amplio cuadro total, como el que nos ha revelado el avión. Un helicóptero, que flota apaciblemente en el espacio, podría ponerlo ante nuestros ojos.
Cumpliendo con estas condiciones, la arquitectura monumental cumpliría otra vez con su primer objetivo y recobraría su contenido lírico.
Estas realizaciones permitirían que la arquitectura y el urbanismo lograsen ese grado de fuerza creadora y de libertad que, en los últimos decenios, se ha puesto de relieve en el ámbito de la pintura, de la plástica, de la música y de la poesía.
2. Molina Iniesta, Mariano, “El debate sobre la monumentalidad en las postrimerías Segunda Guerra Mundial” (capítulo 3, subcapítulo 3.1), en La idea de Monumentalidad en la Segunda Posguerra: Debates y Propuestas, Tesis doctoral, UPM, 2015 y https://www.pinterest.com/pin/293156256994170427/
3, 6 y 10. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.
4 y 5. Molina Iniesta, Mariano, “El debate sobre la monumentalidad en las postrimerías Segunda Guerra Mundial” (capítulo 3, subcapítulo 3.1), en La idea de Monumentalidad en la Segunda Posguerra: Debates y Propuestas, Tesis doctoral, UPM, 2015.