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EL ANIVERSARIO DE DOS IMPORTANTES OBRAS

Para finalizar el año hemos querido recordar que también en este 2023, dos libros fundamentales han celebrado aniversarios redondos contados desde su aparición.

Se trata de obras contrapuestas que dan cuenta de manera nítida las diferencias existentes entre dos maneras de entender la estética.

De lo recopilado desde diferentes fuentes hemos elaborado dos notas que retrotraen el interés y la vigencia que cada texto mantiene invitando con ello a revisarlos de nuevo.

1. Portada de la edición japonesa de 1939 de In’ei raisan (El elogio de la sombra) impresa por Sogensha.

El primero es EL ELOGIO DE LA SOMBRA de Junichirō Tanizaki (1886-1965), que ha llegado a los 90 años.

Publicado en 1933 en japonés como In’ei raisan (陰翳礼讃) por Chaukoron-Sha, Inc., El elogio de la sombra es un manifiesto sobre la estética japonesa. En él se argumenta que en Occidente la belleza siempre ha estado ligada a la luz, a lo brillante y a lo blanco, y que lo oscuro, lo opaco y lo negro siempre han tenido una connotación negativa. Sin embargo, Tanizaki argumenta que en Japón la sombra no tiene una connotación negativa y es considerada como parte de la belleza.

A lo largo del libro su autor explora la relación entre la sombra, lo tenue, el contraluz, en la cerámica japonesa, los tokonomas, la construcción de las viviendas, de las lámparas, de la tinta china y del vestuario del Nō, entre otros aspectos, y cómo la semipenumbra enaltece la belleza de los diseños japoneses.

2. Junichirō Tanizaki (1886-1965) y las portadas de las primeras ediciones en inglés
(1977) y en español (1994) de El elogio de la sombra.

La obra, un libro de apenas 96 páginas en pequeño formato sin ilustraciones, fue traducida al inglés por vez primera en 1977 como Praise of shadows y editada por Leete’s Island Books. En 1994 sería lanzada como primicia en español por la editorial Siruela como número 1 de la serie menor (105 x 150 mm) de la Biblioteca de Ensayo con base en la traducción hecha por Julia Escobar del francés (Éloge de l’ombre, René Sieffert, 1977). Este año que termina se ha reeditado por vez numero 45 lo cual habla por sí solo del interés que para los lectores de habla hispana ha generado desde su primera aparición.

3. Templos Nishi Hongan-ji (本願寺), Kyoto (Japón), 1234.
4. Sección de un edificio tradicional japonés con algunos de sus componentes.

Una interesante reseña del libro titulada “Tanizaki, el hombre y la sombra” de Luis Caldeiro, publicada en 2017 en https://akimonogatari.es/tanizaki-el-hombre-y-la-sombra, que recomendamos leer, recoge lo siguiente: “Nacido en 1886, cuando aparece El elogio de la sombra su autor tiene ya, por tanto, casi cincuenta años. Desde la atalaya que le proporciona la edad, y tras haber abrazado en su juventud, no sólo la literatura, sino también la moda y los modos occidentales, Tanizaki se ve en una posición inmejorable para volverse hacia su propio país y acometer la tarea de analizar su cultura, identidad y estética. Como dice Luis Antonio De Villena, ‘con la modernidad -o esa modernidad- aprendida’, se sintió tentado ‘por la propia y rica tradición nipona’, que supo ‘renovar de modo muy singular y significativo’, junto a los dos escritores que, según suele afirmarse -‘pero los tópicos salen de una verdad’, señala el poeta- forman la tríada más importante de la literatura japonesa del siglo XX: Yasunari Kawabata y el siempre controvertido Yukio Mishima”.

5. Aleros y galería de una vivienda japonesa.
6. Shoji y tatami en una vivienda japonesa.

Y añade Caldeiro: “Que Occidente ha forjado un constructo llamado Oriente –un conjunto tan enorme y dispar que abarca desde el Canal de Suez hasta el remoto Japón– y que en él ha depositado todo lo que identifica como ‘El Otro’ o ‘la Alteridad’, es cosa bien sabida. Que al reflejarse en ese espejo obtiene, por contraposición, su propia imagen, es algo que se palpa en cada página de este delicioso libro. Conforme avanza la lectura, saboreamos las cualidades que siempre hemos adjudicado a nuestro reverso oriental y de las que, por contra, carecemos. Una de ellas es el extremo refinamiento -síntoma de una sensibilidad fuera de lo común-, aplicado, además, a aquellos aspectos de la vida que nuestra mirada considera ‘más modestos’ o incluso ‘sórdidos’».

7. Tokonoma en una vivienda japonesa.

Y para cerrar: “En Occidente, la belleza no se entiende sin la luz, su más poderosa aliada. La luz revela lo que es bello, lo muestra y lo exalta. De la mano de la luz, la belleza es en nuestra cultura siempre pública, evidente, ostensible. ¡Cuán distinta es la estética japonesa! En el Japón tradicional, lo bello va indisolublemente unido al juego de la penumbra, el claroscuro, la sombra. ‘La vista de un objeto brillante nos produce cierto malestar’, señala en cierto momento el autor”.

Nota

Del trabajo titulado “La arquitectura de ‘El Elogio de la Sombra’. Un acercamiento a la sombra en la arquitectura y cultura japonesa” presentado por Pablo Quiles Moreno como Trabajo Final de Grado en el ámbito de Teoría y Proyecto en la ETSAB, hemos recogido la serie de imágenes de las cuales nos hemos valido para ilustrar esta reseña.

8. Primera (1948) y quinta (1956) ediciones italianas de Saper vedere l’architettura
impresas por Einaudi.

El segundo libro, más conocido dentro del mundo académico, es SABER VER LA ARQUITECTURA de Bruno Zevi (1918-2000), cuya primera edición en italiano titulada Saper vedere l’architettura fue lanzada por Einaudi en 1948, por lo que este 2023 ha cumplido 75 años.

La primera versión en castellano será de 1951 gracias a traducción hecha por Cino Calcaprina y Jesús Bermejo Goday para la editorial argentina Poseidon. Al sol de hoy se ha reeditado en nuestro idioma, que sepamos, hasta en 12 ocasiones: desde 1951 a 1991 por Poseidon, Buenos Aires; y desde 1991 hasta 2019 por Apóstrofe-Poseidon, Barcelona. En italiano se ha reimpreso al menos 21 veces hasta 2009.

9. Izquierda: Frank Lloyd Wright y Bruno Zevi en 1951, año en que aparece la primera edición en castellano de Saber ver la arquitectura (derecha)
10. Ediciones de 1971 (izquierda) y 2019 (derecha) del libro de Zevi.

Saber ver la arquitectura, cuyo subtítulo Ensayo sobre la interpretación espacial de la arquitectura resume la esencia de la publicación, pretende acercar al ciudadano común a la contemplación de la arquitectura desde sus propias características y no desde otras en principio ajenas a ella, como la escultura o la historia, partiendo del hecho de que para Zevi la característica fundamental de la arquitectura es que posea espacialidad interior.

Así, el libro gira en torno al concepto de espacio como elemento sin el cual no existe la arquitectura. El ejemplo emblemático que Zevi esgrime para diferenciar aquello que es de lo que no es arquitectura lo constituye el Partenón, del que afirma que al no poseer espacio interno, ya que sólo se pensó en la envolvente, se convierte en un elemento con valor escultural y urbanístico, pero no propiamente arquitectónico.

11. Las dos primeras ediciones de Verso un’architettura organica (1945) libro fundacional del pensamiento de Bruno Zevi.

Cuando Zevi escribe en 1948 Saber ver la arquitectura contaba con treinta años, ya impartía docencia en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia y había publicado buena parte de su corpus teórico del cual destaca el libro fundacional de su pensamiento: Verso un’architettura organica: saggio sullo sviluppo del pensiero architettonico degli ultimi cinquant’anni (1945), el cual únicamente será traducido al inglés. En realidad, su contenido se verá ampliado en Storia dell’architettura moderna, cuya versión en castellano llegará a Latinoamérica, a través de Emecé, pocos años más tarde (1954).

Sin duda, la formación de la línea de trabajo y pensamiento de Zevi, desde la cual emprende Saber ver la arquitectura, está absolutamente ligada al hecho de que, como resaltan sus biógrafos, en 1938 a la edad de 20 años, tuvo que abandonar Italia, viajando a Londres donde se matriculó en la Architectural Association School of Architecture y después a los Estados Unidos donde se doctora en la escuela superior de diseño de la Universidad de Harvard con Walter Gropius. Allí dirige la publicación Quaderni Italiani del movimiento «Giustizia e Libertà». En ese periodo descubre la obra de Frank Lloyd Wright, la cual estudia constituyéndose desde entonces como un firme partidario de la arquitectura orgánica el resto de su vida.

De vuelta en Europa en 1943, toma parte en la lucha anti-fascista en las filas del Partido Acción. En 1944 promueve la Asociación de Arquitectura Orgánica (APAO) y al año siguiente funda la revista Metron, convirtiéndose en una de las mentes teóricas más importantes del Racionalismo italiano de la posguerra.

12. Páginas interiores de la edición castellana de 1971 de Saber ver la arquitectura.

Saber ver la arquitectura se estructura con base en seis capítulos.

  • En el primero, “La ignorancia de la arquitectura”, el autor habla de cómo la arquitectura es maltratada tanto por la historia del arte, que elabora historias de la arquitectura donde las características propias arquitectónicas son anacrónicas, como por parte del público, que no se interesa por ella como por otras artes.
  • En el segundo, “El espacio, protagonista de la arquitectura”, propone el estudio espacial de los edificios como método válido para escribir una historia de la arquitectura.
  • En el tercero, “La representación del espacio”, analiza diversas maneras históricas de trazado simple de planos y explica en qué circunstancias son útiles, añadiendo que casi nunca se utilizan los dibujos adecuados para ilustrar los textos de los edificios que se tratan en la mayoría de los libros sobre historia de la arquitectura.
13. Páginas interiores de la edición castellana de 1971 de Saber ver la arquitectura.
  • En el cuarto, “Las diversas edades del espacio”, desarrolla un resumido análisis histórico de la arquitectura en función de la variable espacio, que engloba todas las demás (sociales, económicas, políticas, etc).
  • En el quinto, “Las interpretaciones de la arquitectura”, analiza cómo la arquitectura ha sido vista desde diversos puntos de vista, y de qué modo éstos fallan y se acercan más o menos a un conocimiento profundo de los edificios.
  • En el sexto y último, “Para una historia moderna de la arquitectura”, vuelve a criticar la historiografía de su tiempo y habla sobre los profundos cambios arquitectónicos de su contemporaneidad, enmarcados en el Movimiento Moderno.

El valor de la obra, consiste no sólo en haber formulado de una manera radical la idea de la arquitectura como espacio, sino el haberlo hecho en un lenguaje directo y siempre con la vista puesta en las obras ejemplares de la historia de la arquitectura.

Lejos del impacto inicial, el texto forma parte de las referencias obligatorias en los estudios de la Teoría de la Arquitectura para comprender la etapa de formación y consolidación de la Arquitectura Moderna.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://artscape.jp/artscape/eng/focus/2006_02.html

2. https://artscape.jp/artscape/eng/focus/2006_02.html y https://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=11

3, 4, 5, 6 y 7. file:///C:/Users/USER/Downloads/TFG%20ETSAB%202020%20-%20Pablo%20Quiles%20Moreno-1.pdf

8, 10 y 11. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

9. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Frank_Lloyd_Wright,_Bruno_Zevi_1951.jpg y Colección Crono Arquitectura Venezuela

12 y 13. Bruno Zevi. Saber ver la arquitectura, Poseidon, Buenos Aires, 1971.

VALE LA PENA LEER

La inútil y monstruosa torre

por Alejandro Hernández Gálvez

6 mayo, 2015

Tomado de https://arquine.com

Roland Barthes inicia su texto «La Torre Eiffe», publicado en 1964, con un extracto de la «Protesta de los artistas» que apareció en el periódico Le Temps el 14 de febrero de 1887: “escritores, escultores, arquitectos, pintores y aficionados apasionados por la belleza hasta aquí intacta de París, queremos protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en nombre del gusto francés mal apreciado, en nombre del arte y de la historia franceses amenazados, contra la erección, en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil y monstruosa Torre Eiffel”.

No resulta extraño que muchos encontraran los más de 300 metros y 7000 toneladas de hierro de la Torre inútiles y monstruosos. Lo curioso es que en 1887, diecisiete años después de que Georges-Eugène Haussmann, terminara su radical transformación de París -su “obra de destrucción”, en palabras de Walter Benjamin- se hablara de “la belleza hasta aquí intacta de París”, como si todas las demoliciones del Barón hubieran pasado desapercibidas para aquellos escritores, escultores, arquitectos, pintores y aficionados apasionados de esa ciudad. Acaso la planeación urbana ideal de Haussmann -descrita por Benjamin como largas calles rectas que abrían hacia amplias perspectivas, correspondiendo a la tendencia (común en el siglo XIX) de ennoblecer necesidades tecnológicas mediante medios artísticos espurios-, no les parecía tan reprochable, o el verdadero objetivo de Haussmann -de nuevo según Benjamin “asegurar la ciudad contra la guerra civil”-, aceptable. ¿Qué debieron haber pensado, de conocerlas, de las propuestas presentadas a finales de 1889 en el concurso para la torre que Sir Edward Watkins y Benjamin Baker querían construir en Londres? Comparadas con la de Eiffel, todas parecían excéntricas variaciones que buscaban “ennoblecer necesidades tecnológicas mediante medios artísticos espurios”.

Proyectos presentados a finales de 1889 para el concurso de una torre monumental para Londres.

La torre parisina la empezaron a diseñar un par de ingenieros que trabajaban en la compañía de Eiffel, Maurice Koechlin, suizo, y Émile Nouguier, en 1884. En 1886, cuando ya Eiffel había presentado el proyecto en la Sociedad de Ingenieros Civiles, se convocó a un concurso a la medida para que éste lo ganara: se pedía una torre metálica de 300 metros y cuatro lados. El 12 de mayo de ese mismo año una comisión evaluó distintos proyectos y un mes después eligió al evidente triunfador. Tras las críticas, de las que Eiffel se defendió apelando a la grandiosidad de la propuesta, la torre se empezó construir el 28 de enero de 1887 y se terminó poco más de dos años después, a finales de marzo de 1889, aunque se abrió al público junto con la Exposición Universal el 6 de mayo del mismo año. Los elevadores no entraron en funcionamiento sino hasta veinte días después, por lo que los primeros 30 mil visitantes debieron subir a pie los 1710 escalones.

Registro fotográfico de la evolución del proceso constructivo de la Torre Eiffel.

En el número 329 de la revista Science, del 24 de mayo de 1889, se puede leer que, “naturalmente, el principio que se siguió fue el que adopta M. Eiffel en todas sus estructuras elevadas, es decir, darle a los ángulos de la torre tal curva que sean capaces de resistir los efectos transversales de la presión del viento sin necesidad de conexiones entre los miembros que forman estos ángulos mediante refuerzos diagonales. La Torre Eiffel, por tanto, consiste esencialmente en una pirámide compuesta por cuatro grandes columnas curveadas, independientes entre sí, que sólo se conectan por cinturones de vigas en distintos niveles hasta unirse en la cima de la torre”. Eiffel, en efecto, había comparado su torre a las pirámides de Egipto.

Una de las paradojas de la Torre, según Barthes, es que a su innegable racionalidad sumaba una inevitable inutilidad: “el sentido gratuito de la obra no se declara nunca directamente: se racionaliza con el uso” -afirma. Pero ese uso es una “función imaginaria”, una ficción- ¿acaso toda función lo es, y de ahí la monstruosidad? La arquitectura, continúa Barthes, es siempre sueño y función: expresión de una utopía e instrumento de una comodidad. Por otro lado, la Torre, agrega, “es el único punto ciego del sistema óptico total del cual es el centro y París la circunferencia. Pero, en este movimiento que parece limitarla, adquiere un nuevo poder: objeto cuando la miramos, se convierte a su vez en mirada cuando la visitamos”. La Torre, agrega, “es un objeto que ve, una mirada que es vista.”

Izquierda: Propuesta ganadora del concurso presentada por Stewart, MacLaren y Dunn de Londres. 366 metros de altura (45,8 metros más alta que la Torre Eiffel -derecha-), ocho patas y dos plataformas de observación.

“El ojo que ves no es ojo porque lo veas; es ojo porque te ve”, escribió Machado. Y al trazar la historia de una metáfora que va de Platón a Donne pasando por Lucrecio y por Bruno, Borges dice que Pascal escribió: “Una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”. La inútil Torre, acaso transforme a la ciudad entera en una gran prisión panóptica y quizá por eso, por su omnipresencia central y única, haya resultado más monstruosa que las múltiples vistas perspectivas de los bulevares abiertos a pico y pala por Haussmann.

ACA

VALE LA PENA LEER

La Comisión Editora de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat (ANIH), siguiendo con la edición de publicaciones, nos hizo llegar el link donde se encuentra el libro Cómo Construir una NO Ciudad, escrito por el Acad. Víctor Artís, el cual nos ha autorizado compartir.

Haz clic para acceder a Como_Construir_una_NO_Ciudad_Libro_de_Victor_Artis.pdf

Esperamos sea de aprovecho.

ACA

OTRO LIBRO CENTENARIO

Enseñanza de la Arquitectura

Cultura moderna técnico artística.

Teodoro de Anasagasti.

Sucesores de Rivadeneyra, Madrid

1923

El libro, un fácsimil de la edición original de 1923, recoge las reflexiones sobre la enseñanza de la Arquitectura (planes de estudio, métodos de enseñanza, etc) de Teodoro Anasagasti (1880-1938). A pesar del tiempo transcurrido conserva actualidad y frescura. Anasagasti pasa revista de forma sistemática a todos los aspectos que inciden en la formación del arquitecto. La obra no sólo tiene un interés histórico -conocer la situación en los años veinte-, sino que en muchos casos, los acertados comentarios y observaciones de Anasagasti tienen todavía hoy plena vigencia.

De acuerdo a lo que publicara Carlos Flores en el nº240 de la revista Arquitectura del COAM, Madrid, enero-febrero de 1983, en conmemoración de los 60 años de la publicación del libro que nos ocupa, Anasagasti, Premio de Roma en 1910, Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Madrid del mismo año, Medalla de Oro (junto con Otto Wagner) en la Exposición Internacional de Roma (1911), Catedrático de Proyectos, Académico de Bellas Artes, Presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, hábil dibujante, combativo polemista, incansable viajero, arquetipo del profesional inquieto, abierto a todas las corrientes renovadoras, luchador esforzado en causas perdidas de antemano como ésta de la reforma de las enseñanzas de Arquitectura, tras la obtención del Premio de Roma y la realización de los viajes y permanencias en diversos países, inherentes al mismo (Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Austria y Alemania), se verá profundamente influido dada su personalidad de talante fundamentalmente abierto y libre.

Así, Anasagasti “se interesará por conocer las obras más destacadas de las vanguardias arquitectónicas, pero asímismo, por bucear en los planes de estudios de unos centros de enseñanza que, a su juicio, eran capaces de proporcionar al alumnado una formación acorde con los nuevos tiempos. (…) Enseñanza de la Arquitectura. Cultura Moderna Técnico-Artística, será la obra que resuma las experiencias y conocimientos obtenidos durante aquellos años de estudio en Europa, reflejando al propio tiempo sus propias ideas y las teorías elaboradas posteriormente sobre el particular. Anasagasti pretenderá una transformación drástica de los programas de enseñanza, eliminando materias y procedimientos anacrónicos mantenidos sólo como consecuencia de apatías y rutinas; también, un nuevo enfoque en las relaciones alumno-profesor, suprimiendo ‘las doctrinas dogmáticas y el apriorismo’ y rechazando la ‘absurda disciplina que obliga a la quietud y al silencio’. Acusadamente posibilista juzgará como lujo inútil la ciencia no necesaria, considerando el plan de estudios de 1914, entonces vigente, como ‘atiborrado de alta ciencia teórica que no encuentra empleo en las funciones ulteriores de la profesión’ (‘Cuando nos encontramos ante la vida se nos pregunta que sabemos hacer’). Los pilares sobre los que basa su ideario reformista serán: Obtención de conocimientos ligados directamente a la realidad (‘Al alumno le atraen las realidades; éstas deberán ser tocadas por él antes de dedicarse a la teoría’). La teoría como una continuación de la práctica o emparedada con ella (‘Para Kant el mejor modo de comprender es el hacer’). Materias, pocas y fundamentales, eliminando todo aquello que no sea absolutamente indispensable (‘Hay que redimir al alumno para que en sus horas libres sea capaz de desarrollar sus propias observaciones. Hay que redimir, también, al profesor’). Educación de la sensibilidad, capacitando al alumno para que descubra por sí mismo la realidad (‘La realidad ha de presentarse siempre ante nosotros como una revelación»). Supresión de toda retórica y engolamiento en los sistemas de enseñanza (‘El saber se ha hecho verbalista y ha llegado a ser opresor»).

Anasagasti sostenía que el arquitecto debería ser un dibujante ‘hábil y exquisito’, puesto que ‘nuestro lenguaje es el dibujo’, y acusaba de ociosos los estudios vigentes en tales materias. (Tiene al lavado por inútil nadería y piensa que ‘proyectando se aprende a dibujar’). Insistirá repetidamente en la necesaria ‘educación del sentimiento’ que, a su juicio, se encuentra por encima de la razón, (‘sin sentimiento no es posible crear obras de arte’) enfoque romántico que no le impedirá, sin embargo, valorar las obras de ingeniería más destacadas a las que otorga una indiscutible potencialidad plástica considerándolas ‘tan bellas como los productos más refinados de la imaginación artística’. Juzga condición esencial que los proyectos dejen de ser escenográficos, ‘como fantasmas arquitectónicos’, deficiencia que será superada una vez que el control de cada proyecto, a lo largo de su desarrollo, sea compartido por profesores de disciplinas técnicas -construcción, resistencia de materiales, salubridad, etc.- en lugar de abandonarse en exclusiva al profesor de composición. El alumno deberá conocer cuanto antes lo que, en términos reales, representa el ejercicio cotidiano y normal de la profesión (‘No al final de los estudios sino desde el primer día de la primera asignatura deben abrirse las puertas de las clases, llevando a los alumnos a los laboratorios, a los talleres y a las obras’).

Tampoco dejará de insistir Anasagasti en la necesidad de una íntima e ineludible colaboración entre arquitectos, pintores y escultores -lo que resulta lógico en un seguidor entusiasta de la Secesión vienesa- colaboración que debería ser iniciada desde los años escolares abogando por una localización de tales enseñanzas dentro del mismo edificio. Los viajes, como medio idóneo de ampliar el horizonte vital y artístico del alumno, constituyen otro de los temas favoritos en los que el autor insistirá una y otra vez a lo largo de su ensayo.

El capítulo final incluye una serie de recomendaciones, agrupadas por temas, entre las que no faltan las referentes a las personas que deberían ser elegidas para las comisiones que estudien y redacten los nuevos planes, comisiones que según Anasagasti estarían integradas por el director, tres profesores y dos estudiantes de cada una de las escuelas de Madrid y Barcelona, dos profesores de academias de preparación de arquitectura y un arquitecto del máximo prestigio. En 42 puntos, divididos en secciones como principios generales, prácticas, laboratorios y talleres, viajes, pensiones y ampliación de estudios, preparación, matemáticas, construcción, dibujo, proyectos, etc., se va exponiendo un cuerpo de doctrina de validez general muchos de cuyos apartados encontrarían plena vigencia aún en nuestros días. Este libro, de propaganda y combate, como su autor lo califica, insólito en el panorama español de su época -y de muchas épocas- no hallaría la respuesta que su importancia e interés exigían; considerado hoy, se nos ofrece como un conjunto de sugerencias e ideas, libres de cualquier dogmatismo, aprovechables en buena parte y siempre estimulantes y vivas. El libro constituye también el mejor documento a nuestro alcance para descubrir la mentalidad del arquitecto, no siempre reconocible a través de una obra sobre la que gravitan influencias y contingencias de cada momento y en la que se superponen o suceden alternativas tan distintas como las procedentes de las influencias secessionistas y el Art Deco francés, de las tendencias casticistas e historicistas, de la ‘sinceridad estructuralista’ próxima a la estética del ingeniero, o de los planteamientos de L’Ecole de Beaux Arts, cuando no aparece teñida por el romanticismo más melancólico como ocurre en aquellos proyectos de Ciudad del Silencio o de Cementerio Ideal que le otorgarían amplia fama en plena juventud”.

ACA

VALE LA PENA LEER

La casa del silencio / Natura Futura Arquitectura

Enfriamiento y eficiencia energética: una nueva era en el diseño de edificios

Escrito por Fabian Dejtiar

Publicado el 31 de octubre, 2023

Tomado de https://www.archdaily.cl

El mundo acaba de presenciar los meses más calurosos de la historia registrada, y las perspectivas están lejos de ser optimistas. Las temperaturas en aumento están generando una mayor demanda de refrigeración, lo que amenaza con desencadenar un ciclo vicioso de mayor consumo de electricidad y emisiones de carbono. En un planeta que enfrenta simultáneamente una urbanización sin precedentes y una crisis climática, la intersección entre la eficiencia energética de los edificios y las tecnologías de refrigeración nunca ha sido más crucial.

«Los edificios, tradicionalmente importantes consumidores de energía, ahora se enfrentan al desafío dual de proporcionar ambientes interiores confortables al tiempo que minimizan su huella ambiental», dijo Clara Camarasa, analista de política de eficiencia energética de la Agencia Internacional de Energía (AIE). «La demanda cada vez mayor de refrigeración ha llevado al uso generalizado de sistemas de aire acondicionado que consumen mucha energía, lo que contribuye significativamente tanto a la demanda máxima de electricidad como a las emisiones de gases de efecto invernadero. Lograr un equilibrio entre el confort interior y la conservación de energía se ha convertido en una misión urgente».

Los esfuerzos para crear edificios y sistemas de refrigeración eficientes desde el punto de vista energético requieren una estrategia integral. El diseño integrado de edificios tiene en cuenta factores esenciales como la orientación del edificio, el sombreado, el aislamiento y la ventilación natural para minimizar la necesidad de refrigeración mecánica. Priorizar los métodos de diseño pasivo permite a los edificios aprovechar los elementos naturales para mantener ambientes interiores confortables.

Técnicas de enfriamiento pasivo

En áreas caracterizadas por climas templados, las estrategias de refrigeración pasiva ofrecen alternativas ecológicas a los enfoques tradicionales. Estrategias como la purga nocturna, la ventilación cruzada y la refrigeración evaporativa aprovechan el flujo de aire natural y las variaciones de temperatura, ofreciendo condiciones interiores óptimas sin necesidad de equipos de refrigeración intensivos en energía. Por ejemplo, la ventilación cruzada optimiza el flujo de aire para reemplazar el aire caliente con brisas frescas del exterior. La refrigeración evaporativa aprovecha el efecto de enfriamiento del agua, ofreciendo un método eficiente y de bajo consumo energético para mantener el confort.

La casa del silencio / Natura Futura Arquitectura

Combinar el diseño de edificios eficientes desde el punto de vista energético con fuentes de energía renovable crea una sinergia poderosa. Los paneles fotovoltaicos, los aerogeneradores y los sistemas solares térmicos producen energía limpia para alimentar los sistemas de refrigeración, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles y acelerando la transición hacia la neutralidad de carbono.

Casa de Verano / DDAANN

Tecnología e innovaciones en materiales

Los desafíos para lograr una demanda de refrigeración eficiente desde el punto de vista energético requieren soluciones innovadoras. La renovación de estructuras existentes es un desafío común, pero los avances en materiales y tecnologías están facilitando esta tarea. Los materiales de construcción de alto rendimiento con propiedades de aislamiento superiores y el control térmico permiten que los edificios antiguos adopten diseños eficientes desde el punto de vista energético, reduciendo la necesidad de extensas modificaciones estructurales.

Casa CB / Alventosa Morell Arquitectes

Cambiar los comportamientos de los usuarios es otro desafío, ya que los hábitos de los ocupantes pueden afectar la eficiencia de refrigeración. Las tecnologías innovadoras, como termostatos inteligentes y sensores de ocupación, ayudan a los usuarios a adoptar prácticas sostenibles sin esfuerzo. Estos dispositivos permiten ajustes automatizados, aprendiendo de las preferencias de los usuarios y los patrones de ocupación para optimizar el confort mientras se conserva energía. Al abordar estos desafíos con enfoques creativos, podemos garantizar que la refrigeración eficiente desde el punto de vista energético se convierta en la norma, fomentando un entorno construido sostenible y confortable.

Casa CB / Alventosa Morell Arquitectes

Sistemas HVAC inteligentes y eficientes

Los sistemas eficientes de calefacción, ventilación y aire acondicionado inteligentes (HVAC) están revolucionando la refrigeración en los edificios. Estos sistemas utilizan sensores avanzados, análisis de datos y automatización para optimizar la refrigeración en función de la ocupación, el clima y las cargas térmicas. Este ajuste dinámico no solo conserva energía, sino que también garantiza el confort de los ocupantes. Se adaptan a los patrones de ocupación, reduciendo la refrigeración innecesaria cuando los espacios están vacíos, y responden a las condiciones climáticas cambiantes para mantener el confort sin un uso excesivo de energía.

Paul Chávez, asociado de Experiencia del Usuario y Tecnología en ARUP, sugiere que los edificios podrían volverse significativamente más inteligentes aprovechando el conocimiento y las acciones colectivas de sus ocupantes. Encabezando el proyecto BREO (Building Resource Expression and Optimization), Chávez destaca el potencial sin explotar de involucrar a los ocupantes en la conservación activa de energía en los edificios. El proyecto crea un sistema receptivo que comunica el uso de recursos en tiempo real. El sistema dota a los edificios de datos «expresivos» de sistemas eléctricos, confort térmico, calidad del aire, agua, gas natural, iluminación y audiovisuales a través de salidas sensoriales.

BREO – Pantallas de luz

Políticas y compromisos

Las regulaciones gubernamentales e incentivos desempeñan un papel crucial en la promoción de esta refrigeración eficiente desde el punto de vista energético, y muchas naciones ya han establecido objetivos ambiciosos de neutralidad de carbono y eficiencia energética, incluido el objetivo de emisiones netas cero. Los responsables de la formulación de políticas en todo el mundo están comprendiendo que lograr estos objetivos requiere un cambio de paradigma en las prácticas de refrigeración, enfatizando la sostenibilidad y la conservación de energía. Además, estas iniciativas están en plena sintonía con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

«Objetivos como el ODS 7, que busca garantizar una energía asequible y no contaminante, y el ODS 13, centrado en la acción climática, subrayan la urgencia de la transición hacia tecnologías de refrigeración ecológicas. Al priorizar la refrigeración eficiente desde el punto de vista energético y fomentar la colaboración entre las partes interesadas, creamos una oportunidad para cumplir con estos objetivos internacionales al tiempo que garantizamos un futuro en el que la refrigeración sea sostenible y confortable», señala Clara Camarasa.

Barcelona prepara refugios climáticos para mantener frescos a los residentes durante los meses de verano (2022).
Mobiliario efímero en la Plaza de Les Glòries

En resumen, la clave para crear un entorno construido sostenible radica en combinar técnicas de refrigeración eficientes desde el punto de vista energético, tecnología de vanguardia y fuentes de energía renovable. Mediante la implementación de políticas creativas y trabajando juntos, podemos acelerar nuestro camino hacia los objetivos de emisiones netas cero, lo que supone una contribución significativa a un mundo más consciente del medio ambiente y resiliente al clima.

ACA

VALE LA PENA VOLVER A LEER

1. Portada de la primera edición en inglés de El Manantial.

A propósito de los 80 años de El Manantial de Ayn Rand.

The Fountainhead (El Manantial en su traducción al español), desde su aparición en 1943, se convirtió en un libro que, proveniente de la literatura, por la trama que sigue y los temas que toca fue leído con avidez por los arquitectos de la época produciendo un importante impacto en el pensamiento y quehacer profesional durante años.

Mucho se ha escrito a partir del momento en que Ayn Rand, seudónimo de la escritora Alisa Zinóvievna Rosenbaum (San Petersburgo, 2 de febrero de 1905-Nueva York, 6 de marzo de 1982), se valió de la obra para plasmar buena parte de su postura filosófica: el objetivismo, corriente que no admite coerciones que menoscaben la libertad individual, más allá del respeto a la libertad de los demás, y que la propia Rand expondrá como una filosofía formulada “para vivir en la tierra” y que “es, en esencia, el concepto del hombre como un ser heroico, con su propia felicidad como propósito moral de su vida, con el logro productivo como su actividad más noble y con la razón como su único absoluto”.

2. Ayn Rand y dos de sus libros de corte ensayístico traducidos al castellano. La virtud del egoísmo (1961) e Introducción a la epistemología objetivista (1979)

De manera concisa, tal y como recogemos de Wikipedia, Rand construye una metafísica basada en la realidad objetiva (“los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres”); propugna una epistemología sustentada en la razón (“la facultad que identifica e integra las percepciones provistas por los sentidos de los hombres”), entendida “como único medio de percepción de la realidad del hombre, su única fuente de conocimiento, su única guía para la acción, y su medio básico de supervivencia”; defiende el concepto de “egoísmo racional” donde “el hombre -cada hombre- es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros. Debe existir por sí mismo y para sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a otros. La búsqueda de su propio interés racional y de su propia felicidad es el más alto propósito moral de su vida”; y entenderá al capitalismo laissez-faire como sistema político ideal: “un sistema en el cual los hombres tratan unos con otros no como amos y esclavos, sino como comerciantes, mediante intercambio libre y voluntario, en beneficio mutuo. Es un sistema en el cual ningún hombre puede obtener ningún valor de otro mediante el uso de la fuerza física, y ningún hombre debe iniciar el uso de la fuerza física contra otros”.

3. Ediciones recientes en castellano de las tres novelas más importantes de Ayn Rand. Los que vivimos (1936), El Manantial (1943) y La rebelión de Atlas (1957)

Por tanto, El Manantial, su trama, sus personajes y los diferentes roles que asumen no puede entenderse sin conocer la manera como Ayn Rand construye su polémico y radical andamiaje filosófico. De tal manera, la novela se revela como “una oda al individuo frente a la masa,…una defensa del individualismo frente al colectivismo, del egoísmo racional frente al altruismo, de la integridad frente a la inexistencia de dignidad, de la autorrealización personal frente al sacrificio por los demás, de la razón frente al misticismo, del desarrollo del ingenio frente a la mediocridad, de la expresión del amor a través de la aportación de valor y la mutua admiración frente a las historias de amor basadas en la necesidad”, como se expone en el blog Desde fuera de la pecera en su entrega del 2 de mayo de 2014 titulada “El Manantial de Ayn Rand o de la historia de un hombre libre enfrentándose a la masa”.

La elección por parte de Rand de la arquitectura como universo en torno al cual aglutinar el argumento de la obra, debido a su indudable potencia como símbolo de progreso, su cruce de expresión artística y función práctica y su dialéctica indudable de arte por encargo, hicieron de ella el vehículo ideal para el conflicto ideológico que su autora deseaba construir a partir de sus postulados objetivistas.

4. Gary Cooper interpretando a Howard Roark en la película El Manantial (1949) de King Vidor basada en el libro de Ayn Rand.

Howard Roark, arquitecto que no terminó la carrera por no compartir los criterios que esgrimían sus profesores y que reivindica al hombre creador que razona por sí mismo, es el protagonista del libro. Desde su profesión, a la que ama, encarnará los valores propugnados por Rand (traducidos en independencia, integridad, honestidad, justicia, productividad y orgullo), y luchará indoblegable contra una sociedad en la que el ego -en el sentido de la autorrealización- se anula a favor del grupo. Roark, hombre de gran fortaleza -física y mental-, que toda su vida estuvo relacionado de alguna manera con la construcción, ya sea ejerciendo de albañil hasta llegar a hacerlo de arquitecto, que sigue su camino, que no es políticamente correcto, simplemente quiere edificar sus ideas. “No quiere construir para satisfacer el deseo de los clientes, sino que quiere tener clientes para poder construir. Tiene su propio criterio y no está dispuesto a mostrar en sus construcciones copias del pasado. Concibe la arquitectura como una disciplina que debe cumplir la función de generar calidad de vida en los clientes -una función útil- y que debe, a su vez, ser una continuación coherente de la personalidad del que habita el espacio. Sus construcciones son producto del uso que hace de la razón para lograr esos objetivos, y por tanto, no van recargadas de adornos inútiles que no cumplen ninguna función como puedan ser columnas dóricas de adorno, cornisas, o algún resto del pasado griego. Si alguien intenta incluir en sus proyectos este tipo de cuestiones, Howard es implacable y se niega a realizarlo. No gasta ninguna energía en dar sus explicaciones o convencer al cliente; ‘sólo’ rechaza el proyecto y sigue su camino”, acotan en Desde fuera de la pecera.

5. Howard Roark (Gary Cooper) y Peter Keating (Kent Smith) en una escena de la película El Manantial.
6. Fotograma de la película intervenido señalando el tipo de arquitectura que planteaban Howard Roark y Peter Keating.

Su contraparte dentro de la trama de la novela la constituirá Peter Keating, estrella del mundo de la arquitectura de Nueva York, rico y famoso. Graduado con honores complaciendo a sus profesores, al contrario que Roark, no quiere tener clientes para construir sino para lograr el reconocimiento público, pasando la arquitectura a un segundo plano. Si Roark encarna de manera ejemplar, íntegra y no espectacular a través de su individualismo los ideales de la modernidad, construyendo un estilo relacionado con un modo de hacer y no con una herencia de lenguajes y formas, Keating se vende al mejor postor y acepta realizar mediocres edificios eclécticos y espectaculares llenos de concesiones al pasado. Se beneficia del trabajo de Roark quien desarrolla proyectos a su nombre con tal de verlos finalizados siempre que se siga al pie de la letra sus planteamientos que sólo busca verlos hechos realidad. Un punto culminante dentro de la trama lo constituye el momento en que Roark diseña un proyecto de viviendas encargado por Keating que sufre numerosas modificaciones sin que éste haga nada por detener a quienes las incorporan. Finalmente, una vez construido el conjunto en tales condiciones, Roark lo dinamitará asumiendo todas las consecuencias.

7. Los personajes de la novela y sus intérpretes dentro del reparto de la película.

Otros personajes que complementan el elenco de la novela son: Ellsworth Toohey, influyente crítico de arquitectura, encarnación del altruismo (en el que Roark no cree) y quien desde su tribuna elabora estrategias que van a favor de la masa y en contra del individuo e impone sigilosamente pensamientos, modas, valores y todo aquello que fomenta la uniformidad y la mediocridad en lugar del mérito y la excelencia. Considerado el villano de la obra, Toohey tendrá siempre a Roark en la mira de sus malintencionadas intervenciones. Gail Wynard, magnate dueño del periódico Banner y de otras muchas empresas, rico y muy inteligente. Pasó de condiciones de vida miserables, casi indigentes, en los suburbios de Nueva York, a controlar gran parte de los medios impresos de la ciudad. Mientras Wynand comparte muchas de las cualidades de Roark, su éxito depende de su habilidad para complacer a la opinión pública, un defecto que finalmente lo lleva a su caída. Dominique Françon, eje de la trama amorosa, considerada por Rand como «la mujer para un hombre como Howard Roark”, aunque lo admira y se entrega a él terminará casándose con Keating. Es la hija de Guy Françon, un arquitecto exitoso pero poco creativo. Ha sido testigo de cómo grandes creadores o grandes hombres y mujeres han sido hundidos por la masa, han sido perseguidos por ser excelentes en su trabajo, han sido comprados o chantajeados por gente como Gail Wynard.

El libro, que Ayn Rand dedicó a su esposo Frank O’Connor, gran apoyo afectivo y moral a lo largo de su exitosa y a veces difícil carrera de escritora, se estructura en cuatro partes que llevan los nombres de los personajes principales. La primera de 15 capítulos se denomina Peter Keating; la segunda, también de 15 apartados lleva por nombre Ellsworth M. Toohey; la tercera con 9 episodios se llama Gail Wynard; y la cuarta y última se dedica al protagonista principal Howard Roark con 20 secciones. La obra verá su primera edición en español en 1958.

8. Posters promocionales de la película en castellano y en inglés.

El Manantial amplió en 1949 su influencia aún más gracias a la producción de Warner Bros Pictures en blanco y negro de la película del mismo título, protagonizada por Gary Cooper acompañado por Patricia Neal, Raymond Massey, Kent Smith, Robert Douglas, Henry Hull, Ray Collins, Moroni Olsen, Jerome Cowan y dirigida por King Vidor, con guion de la propia Rand quien logró controlarlo minuciosamente de una forma completamente desacostumbrada en Hollywood, donde los estudios se toman todo tipo de libertades con los guiones originales. Bien realizada, fiel a lo esencial de la trama argumental de la novela y con énfasis en elementos que acentuaban las tesis objetivistas de su autora, el filme, que no cubrió del todo sus expectativas, sin embargo, apuntaló una obra de referencia para liberales y conservadores, que compartían sus profundas lecciones filosóficas sobre el poder del individuo frente al conformismo de las masas.

9. Diseños de Edward Carrere presentes en la película de la mano de Howard Roark. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Tienda, granja, fábrica y residencia.

Rand intentó incorporar la participación de Frank Lloyd Wright (de quien se dice existen muchas similitudes con el protagonista) para la creación de las propuestas de los edificios que saldrían en el largometraje. Los elevados honorarios que Wright exigió hicieron imposible su inclusión, lo cual provocó que recayera la responsabilidad de elaborar los diseños que vemos en el film en el director artístico Edward Carrer, quien logró dotarlos de características y elementos de la arquitectura racionalista como son los voladizos, los muros cortina, los materiales industriales, así como la escasa ornamentación, la asimetría o la planta libre.

Después de 80 años y ya en pleno siglo XXI no sería descabellado rescatar de El Manantial buena parte de los principios que a partir de sus personajes y sus actuaciones mantienen plena vigencia y son susceptibles de formar parte de cualquier discusión que involucre tanto la enseñanza con el ejercicio de la arquitectura. Preguntas como ¿qué significa la integridad?, ¿qué es ser coherente?, ¿qué implica tener una práctica profesional ética? o disquisiciones sobre el peso de la libertad individual y su sumisión a lo que se impone desde lo colectivo, del papel que juegan la creación y la innovación o el impacto que en todo ello pueda tener la globalización y la preocupación por el cambio climático, quedan en el aire para quienes se aventuren a leer las más de 750 páginas de un libro que, luego del rechazo recibido por una docena de editoriales antes de ser finalmente publicado, se convirtió rápidamente en un best-seller habiéndose vendido más de 6,5 millones de copias en todo el mundo.

Ayn Rand todo un personaje público y “la pensadora liberal más influyente de todos los tiempos”, a pesar de su éxito como escritora (su obra La rebelión de Atlas -1957- es el segundo libro más vendido en los Estados Unidos después de la Biblia), siempre fue poco valorada por los amantes de la gran literatura.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/The_Fountainhead

2. https://es.wikipedia.org/wiki/Ayn_Rand y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

3 y 8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

4. https://arqa.com/destacados-uruguay/el-manantial-1949.html, https://www.elespectadorimaginario.com/el-manantial/ y https://www.carrilloarquitectos.com/el-manantial-fountainhead/

5. https://www.elespectadorimaginario.com/el-manantial/

6. https://elpezvolador.wordpress.com/2009/08/10/el-manantial-de-ayn-rand-i/

7. https://www.lavanguardia.com/peliculas-series/peliculas/el-manantial-24650

9. https://cinefagosmuertos.wordpress.com/2019/06/11/el-manantial-la-forma-sigue-a-la-funcion/