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EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

La casa colonial venezolana

Graziano Gasparini

Centro de Estudiantes de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela (con la contribución de la Fundación John Boulton)

Talleres Gráficos Cromotip

1962

La casa colonial venezolana, libro “originado en una generosa petición del Centro de Estudiantes de Arquitectura”, no sólo se trata de la cuarta publicación del para entonces profesor de Historia de Arquitectura Precolombina y Colonial así como de Composición Básica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia, Graziano Gasparini (Gorizia -Italia- 1924), sino de una obra que le permitió abrir la puerta a “una visión sucinta de las razones que intervinieron en la formación y expresión de nuestra arquitectura civil colonial” a través de la que quizás se pudiera considerar una manifestación menor dentro de un legado signado mayoritariamente por el anonimato: la casa.

Tampoco deja de ser este texto, reseñado en la revista PUNTO nº 9 (septiembre 1962), una nueva oportunidad de sacar a la luz lo que para Gasparini significó recorrer el país de punta a punta desde su llegada desde Italia en 1948 luego de estudiar en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, tanto para ir consolidando una aproximación teórica a lo que se le fue presentando ante sus ojos, como en lo relativo al registro que, gracias a sus dotes de excelente fotógrafo, fue acumulando. Junto a Templos Coloniales de Venezuela (1959) -su opera prima-, La casa colonial venezolana -el primer libro surgido en el seno de la FAU UCV- le sirvió a Gasparini para sentar las bases conceptuales y metodológicas de lo que sería un eslabón fundamental dentro de su destacada labor como historiador: La Arquitectura Colonial en Venezuela (1965), comentada en el Contacto FAC nº 56 del 3-12-2017, donde el contenido del texto que hoy nos ocupa conforma la totalidad del primer apartado dedicado a “La arquitectura civil”.

Son varios los aspectos que conviene resaltar de esta pieza realizada sin grandes pretensiones editoriales pero lograda con base en una cuidadosa selección del valioso material gráfico que la acompaña (del cual el 80% de las fotografía son del propio autor) y una impecable impresión de parte de los Talleres Gráficos Cromotip. El primero de ellos tiene que ver con la dignificación de la arquitectura desarrollada en nuestro país durante el período colonial postura desde la cual Gasparini rechaza la actitud crítica asumida por algunos historiadores que acostumbraban a señalarla como “pobre”. Así, respaldado por su formación veneciana donde aprendió a valorar la “arquitectura menor” y apoyado en una clara actitud beauxartiana y “puro visualista”, Alfonso Arellano enHistoriografía de la arquitectura venezolana. Arquitectura como arte” (portafolio, nº 18, 2008), señala (adentrándose en la Introducción de La Arquitectura Colonial de Venezuela titulada “Tres siglos de arquitectura anónima”), cómo para Gasparini dicho rechazo se suma a una revisión “fundamentada en la valoración de la sensibilidad de quienes la erigieron, producto de un indudable, determinado y ‘anónimo’ talento artístico en medio de limitadas condiciones socioeconómicas, no tanto en su ‘creatividad intencional’. Para Gasparini, el valor fundamental de esta arquitectura consiste en la conformación de una notable continuidad histórica a través de ‘sus sencillas pero vigorosas soluciones volumétricas’. Efectúa así una compleja operación crítica mediante la cual neutraliza el papel del arquitecto como figura que aporta los valores al objeto arquitectónico, una vez que estos pueden determinarse a partir de una ‘actitud crítica objetiva’ (Ob. Cit., p. 13). Por lo demás, se trata de una objetivista valoración estética que puede ser reconocida como propia de considerar a la arquitectura como una de las bellas artes”. En otras palabras, por un lado para Gasparini “la historia de la arquitectura en Venezuela nace como una historia sin arquitectos, aunque en el fondo se clame por su presencia” y, por el otro, valora las “obras menores” objeto de selección y estudio cuan si fueran “monumentos” en una actitud aparentemente contradictoria anclada más en su actividad como restaurador que idealiza el pasado que en la de estudioso de la historia, como también acotará Arellano en “La primera época de la historia de la arquitectura en Venezuela, 1959-1980: cuestiones historiográficas”, ponencia presentada en la Trienal de Investigación FAU 2014 publicada en las Memorias del evento.

Otro aspecto a destacar lo constituye la estructura en sí misma del libro conformada por un “Prefacio” donde Gasparini destaca, como para reforzar lo dicho en el párrafo anterior, que “el tema no fue tratado con la intención de lograr un elenco completo de los monumentos que aún nos quedan, puesto que en nosotros prevaleció el propósito de apuntar los conceptos y destacar las características generales de las construcciones que por su significación arquitectónica contribuyeron a representar el período histórico en que fueron concebidas”.

Al “Prefacio” se suman cinco capítulos: “Orígenes”, dedicado a mostrar la arquitectura aborigen encontrada en nuestro territorio al momento de la conquista española vista como punto de partida de un proceso de transculturación que “con el aporte recíproco de ambas culturas fue plasmando poco a poco la actual estructura etnológica”; “La Formación”, donde se hace un repaso al período en el que se va fraguando la arquitectura objeto de estudio dentro del libro, a la transformación que se da entre una conquista inicialmente militar a otra de carácter cultural (en la que se resaltan los productos emanados del arte popular), y a la influencia que trajo tanto desde el punto de vista urbano como arquitectónico la aplicación de las Leyes de Indias; “Los Exteriores” está consagrado a mostrar la respuesta dada por la arquitectura analizada hacia el afuera, marcándose las diferencias existentes entre pertenecer a un contexto urbano, donde la fachada que da a la calle y sus aperturas pasan a ser fundamentales en su caracterización, o pertenecer a un medio suburbano o rural donde no existió el problema de la fachada y “la vida diaria en lugar de concentrarse alrededor de los patios interiores se desenvolvió en los corredores exteriores…”, las maneras como influyen los aspectos climáticos dependiendo de la zona del país en la que se realizan y cómo en las ciudades se ponen en evidencia diferentes niveles socio-económicos mediante el tratamiento muy particular de las portadas; “La Intimidad”, por su parte, permite valorar el zaguán, el patio y los corredores que lo acompañan como espacios intermedios, y su rol protagónico en la preservación de la vida interior sin perderse la oportunidad de detallar los elementos constructivos que los acompañan; y, finalmente, en “Continuidad”, Gasparini realiza un esfuerzo por cubrir el espacio que va desde la Independencia hasta nuestros días para subrayar las continuidades que se dieron al proceso iniciado en la colonia y sobre todo las rupturas que la modernización trajo sin que la preservación y el cuidado por un legado transformado en memoria hayan sido las guías en el desarrollo de las ciudades.

La aparición de La casa colonial venezolana se inscribe dentro de un período en el que se acentúa la preocupación en nuestros medios intelectuales por sentar las bases de una identidad nacional caracterizada por la heterogeneidad socio urbana en el que se construye, según palabras de Arellano,un frente ideológico unitario en torno a las raíces coloniales del arte y la arquitectura venezolana, al enmarcarse lo nacional-hispano como la fuente de identidad”. Sin embargo, Gasparini rápidamente marcará distancia de visiones nostálgicas o nacionalistas defendiendo la tesis de las múltiples influencias europeas en la arquitectura colonial latinoamericana, apuntando a una visión abiertamente cosmopolita. Su postura, en definitiva, puede resumirse en la cita premonitoria con que cierra el libro:

“Los pueblos que viven y se desarrollan en la comprensión histórica de sus tradiciones, valores y contenidos, tienen asegurada una trayectoria positiva, una cultura sólida, una visión abierta y una sociedad organizada.

Los pueblos que ignoran su historia por primitivos o por encontrarse en una incipiente fase de evolución, aún tienen la esperanza que les reserva el porvenir.Pero los pueblos que con actitud indiferente no cultivan ni respetan su historia, tienen -con seguridad- una vida sumida en el caos”.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 125

Nuestra postal del día de hoy recoge uno de los dibujos (en específico una axonométrica seccionada horizontalmente por una de las plantas tipo) del anteproyecto presentado por Pablo Lasala Ferrer (1940-2000) para el Concurso Nacional de Arquitectura “Sede de la Asociación de Ejecutivos del estado Carabobo” (1998), en el cual fue distinguido con el primer premio. Colaboraron en la participación las arquitectos Carolina Díaz, Isabel Guerrero e Isabel Lasala y los bachilleres Claudio Ruiz y Ana Lasala.

Su condición de excelente dibujante, que fue cultivando a lo largo de toda su vida y que lo convirtió en referencia dentro de este tipo de certámenes a nivel nacional, ofreció a Lasala en esta ocasión la oportunidad de constatar, sumado a su dominio de la técnica de la perspectiva y conocimientos de geometría descriptiva (que plasmará en su trabajo de ascenso a la categoría de Agregado -1990- dentro del escalafón universitario en la UCV), lo que su hija Isabel denomina como “la llegada de la computadora” en Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto arquitectónico en la obra de Pablo Lasala (2014). De allí recogemos cómo, a diferencia de la dificultad que han tenido muchos arquitectos en asimilar su encuentro con lo virtual por el extrañamiento que implica “el despegue de lo sensorial y de la mano en contacto con el papel (…), Pablo Lasala más bien se mostró atraído por las posibilidades de los medios digitales, que rápidamente absorbió e hizo suyos, manteniéndose actualizado hasta el final. Tal vez su conocimiento de la geometría y la precisión con que siempre proyectó generaron su nueva pasión por este medio de representación. Su búsqueda incesante y entusiasta aceptación de los nuevos medios de comunicación, además, es una clara muestra de la necesidad de aprovechar al máximo, y hasta el último momento, las técnicas que mejor le permitieran expresar sus ideas”.

También se inscribe este dibujo dentro de una de las modalidades que más utilizaba Lasala a la hora de expresar los contenidos que le interesaban. En este caso da cuenta de la implantación a través de una vista axonométrica a vuelo de pájaro que a su vez permite apreciar y explicar la naturaleza del edificio proyectado, el manejo de la topografía y la manera como se materializa la doble piel que lo envuelve.

En lo que concierne al concurso en sí, el mismo permitió en su momento confrontar la veteranía y a la vez actualizada técnica representativa de Lasala con las propuestas enviadas por equipos conformados por jóvenes profesionales dos de los cuales obtuvieron el segundo y el tercer premio: Luis Miguel Ferreira, Luis A. Hoenicka y Gabriela Ríos por un lado y Ángel Rafael Sifuentes por el otro.

1. Arquitectura HOY, nº 252, 12 de junio de 1998.

La memoria descriptiva del proyecto ganador (recogida en el nº 252 de Arquitectura HOY del 12 de junio de 1998), señala lo siguiente: “Desde el punto de vista formal la edificación consta de dos elementos claramente identificables: un basamento tratado con una moderada elaboración formal y un volumen prismático que parece emerger del basamento ubicado en la zona sur de éste. (…) El basamento a su vez consta de dos partes. La primera tiene forma piramidal y se encuentra ubicada en la zona sur del terreno. La segunda está constituida básicamente por un prisma de base rectangular de 39M x 26M x 9M de altura, tres de cuyos bordes están tratados utilizando volúmenes adosados al prisma (…) El volumen prismático, que parece surgir del basamento está descompuesto en dos componentes separados por una estrecha brecha. El menor de ellos tiene planta triangular y nace claramente del suelo. El segundo, mucho mayor que el primero, tiene planta trapezoidal, y parece flotar a poca distancia de la superficie del basamento piramidal pues no hace contacto con él. Ambos componentes conforman un volumen total virtual de planta rectangular y de la misma altura”. A esta descripción detallada de las características formales del edificio seguirá la correspondiente a la manera como se maneja el programa (destinado a oficinas con una pequeña área comercial y sus respectivos servicios de apoyo) y su distribución en los diferentes cuerpos prefigurados.

Así, la “Sede de la Asociación de Ejecutivos del estado Carabobo” significará para Isabel Lasala la culminación en el tratamiento de un tema que en la trayectoria de su padre ya había aparecido diecisiete años antes en la primera propuesta para el Concurso de la Catedral de Ciudad Guayana y en el Concurso para la Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal: la caja en el paisaje. Ello le permite clasificar la propuesta dentro del capítulo 3 de su libro dedicado a “El basamento y la caja flotante” bajo el subtítulo “El logro de una búsqueda” y afirmar: “Desde el exterior se recupera el espíritu de la primera propuesta: las dos piezas  recobran su independencia y pureza formal pero con algunos cambios sustanciales, pues la caja está dividida y al basamento se le suma un nuevo elemento”.

En cuanto a la “creación de lugares”, este proyecto, que como tantos otros procedentes de un Concurso nunca fue construido, se suma a la aspiración de Pablo Lasala de ir siempre más allá del cumplimiento del programa estableciendo un compromiso silente con el lugar donde le ha tocado insertarse, “que lo conduce -según Isabel- a trascender lo meramente arquitectónico y ubicarse en los ámbitos de lo atmosférico, de lo intangible” formando parte de aquellos volúmenes diseñados “para ser mirados desde lejos y para mirar a lo lejos desde ellos”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Isabel Lasala, Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto arquitectónico en la obra de Pablo Lasala (2014)

  1. Arquitectura HOY, nº 252, 12 de junio de 1998

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Apariencia, naturaleza y escala en arquitectura.

Juan Borchers viaje y obra

Sandro Maino Ansaldo

Editorial USM

2018

Tomado de Plataforma arquitectura

17 de julio 2018

El libro escrito por Sandro Maino Ansaldo y prologado por Fernando Álvarez Prozorovich (UPC) y Fernando Pérez Oyarzún (PUCCh), trata acerca del viaje por Europa y el Mediterráneo del arquitecto chileno Juan Borchers Fernández entre los años 1948 y 1950, período en el cual se asientan los fundamentos de su pensamiento a través de la observación de los grandes monumentos de la arquitectura occidental y el estudio de libros fundamentales de la tradición occidental.

Apariencia, naturaleza y escala en arquitectura traza mediante correspondencia, libretas y cuadernos de viaje un recorrido por tres temas centrales del ideario de Borchers. La representación fue la herramienta de aprehensión y estudio del mundo que le rodeaba, cuestionándola en su capacidad para expresar e interpretar la experiencia desde las primeras impresiones hasta el trabajo concienzudo de descomposición.

Los estudios acerca de la Naturaleza enuncian el interés de Borchers por comprender y desentrañar sus reglas generativas, pudiendo finalmente describir los orígenes de los procesos históricos de la obra arquitectónica desde una perspectiva morfológica. Por último, la concepción borchiana de escala en arquitectura, formalizada al final de su vida en la Serie Cúbica, integra los objetos y la perspectiva en un mundo intermediario, donde el fenómeno arquitectónico se evidencia.

Indice

Capitulo 1

Introducción

Antecedentes de Juan Borchers.

Derrotero Intelectual y Vital.

La Obra Construida por el Taller, 1960-1970.

Capitulo 2

Apariencia y Aparición.

Experiencias Respecto a las Formas de darse el Objeto Arquitectónico en el Tiempo.

Capitulo 3

Tratar todo como Naturaleza.

El Objeto, el Método y la Historia.

Capitulo 4

El «Mundo Intermediario» o Escala en Arquitectura.

Entre la Escala Humana y los Fenómenos Perspectivos.

Capitulo 5

Conclusiones

Bibliografía

Nota

El viernes 15 de junio de 2018 se realizó el lanzamiento del libro el cual es el producto de doce años investigación cruzando las consultas en el archivo de Borchers con la búsqueda y lectura de sus fuentes, a las que se suman viajes y visitas a obras analizadas por él, con el objetivo, en primera instancia, de reconstruir su derrotero.

El lanzamiento contó con la presentación de Fernando Pérez Oyarzún, Profesor Titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUCCh), formado como arquitecto en esa misma universidad, Doctor arquitecto de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), y Miguel Ángel Galvez Huerta, Director del Departamento de Arquitectura de la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM), arquitecto y Doctor arquitecto de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). La publicación es un proyecto financiado por el Fondo del Libro y la Lectura, Convocatoria 2017 de la Región de Valparaíso y la Editorial USM. Además, cuenta con el apoyo del Archivo de Originales del Centro de Información y Documentación Sergio Larraín García-Moreno de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 124

La “sucursal del este” del Banco Unión (hoy Banesco) en Sabana Grande es, por su expresividad, buenas proporciones y correcta solución al difícil compromiso urbano que le tocó enfrentar, un notable ejemplo dentro de la arquitectura moderna venezolana. También se trata de una de las obras mejor logradas por Emile Vestuti (1927-1998), arquitecto norteamericano que vino a Venezuela recién graduado en Yale (1948), invitado por su compañero de estudios Moisés Benacerraf para formar parte de la oficina que éste y Carlos Guinand Baldó habían constituido en 1948, donde trabajó desde 1949 hasta 1958 primero como director de proyectos y luego como socio. Cabe señalar que Guinand & Benacerraf  conformaron una de las primeras firmas profesionales de arquitectura en Caracas siendo pionera en difundir la arquitectura moderna en el país.

La participación protagónica de Vestuti en Guinand & Benacerraf queda registrada a través de los siguientes proyectos: Hotel-residencias Montserrat (Altamira, 1950-53); Centro Comercial Gran Avenida (Plaza Venezuela, 1950-54, demolido); Edificio Gran Avenida (Plaza Venezuela, 1952-54, demolido); Edificio de oficinas Cauchos General (Chacao, 1952-56, demolido); Quinta L y M (Colinas de Bello Monte, 1956); Quinta El Casquillo (Colinas de Bello Monte, 1956); Quinta Laurel (1956); y Quinta Ramo Verde (Valle Arriba Golf Club, 1956), ubicándose el Banco Unión dentro de una secuencia en la que Vestuti demuestra cómo logró aclimatarse perfectamente a las condiciones del país donde vino a trabajar, actitud asimilada en buena parte de su pasantía en la oficina de Edward Durrell Stone, Nueva York, entre 1946 y 1948.

1. “Sucursal del este” del Banco Unión (hoy Banesco). Emile Vestuti con Guinand & Benacerraf. 1953. Arriba: Planta. Abajo: Fachada este

El proyecto del edificio que nos ocupa (cuya imagen perteneciente a la colección de la Fundación Fotografía Urbana, tomada en momentos cercanos a su inauguración, ilustra nuestra postal del día de hoy), realizado entre 1952 y 1953, construido entre 1953 y 1955 según consta en el Archivo de la Ingeniería Municipal del Municipio Libertador, Permiso de construcción N° 9397-D, 30 de julio de 1953 (de acuerdo a la indagación hecha por CCScity450, www.ccscity450.com.ve/), fue contratado a Guinand & Benacerraf por el Banco Unión, entidad fundada en 1946 por Salvador Salvatierra que paulatinamente logró posicionarse en la década de los 50 como uno de los bancos más importantes de Suramérica. Como dato adicional valdría la pena señalar que la familia Benacerraf formaba parte de los principales accionistas del banco y que, aunque éste le encargó su primera sede en el centro de la ciudad (1947-48) a Velutini & Bergamín, una vez graduado Moisés de arquitecto es la oficina que forma junto a Guinand Sandoz la que asume en adelante el diseño de las diferentes sucursales de la entidad bancaria. La ficha técnica de la construida en Sabana Grande se completa con la participación en el cálculo estructural de la firma “Ingenieros Scannnone & García Galindo, S.A.”, conformada por los doctores en ingeniería civil egresados de la UCV en 1944 Armando Scannone y Enrique García Galindo.

Se encuentra ubicada “la sucursal del este” sobre la que se denominó por mucho tiempo como la Calle Real de Sabana Grande y luego avenida Abraham Lincoln (importante segmento de la que se conoció antes como la Carretera del Este, antigua vía de comunicación de la ciudad de Caracas con las tierras al oriente del valle), que se constituyó en el nuevo corazón comercial de la ciudad a partir de los años 50 del siglo XX. Peatonalizada a raíz de la construcción del “sistema Metro” a finales de los años 80, y recientemente recuperada luego de años de desidia e invasión inclemente por parte del comercio informal, la antigua Calle Real brinda hoy como Boulevard de Sabana Grande un espacio adecuado e íntegro de disfrute para la ciudadanía, lo que ha permitido consolidar la condición de hito urbano que este inmueble posee.

2. “Sucursal del este” del Banco Unión (hoy Banesco). Emile Vestuti con Guinand & Benacerraf. 1953. Imágenes recientes

Así, la edificación, insertada en la esquina suroeste del encuentro entre el boulevard y la calle El Recreo, evidencia el hábil manejo de las variables contextuales asociadas a su aventajada localización y del programa a albergar alcanzado mediante la superposición de dos volúmenes. El más bajo, que contiene una espaciosa agencia bancaria, se ubica hacia el este respetando tanto el desnivel natural del terreno como la continuidad y altura de las edificaciones existentes en la calle El Recreo. La respuesta hacia el Boulevard de Sabana Grande la asume el cuerpo alto de oficinas igualmente alineado y revestido de travertino: laminar y liso cuando es usado sobre las superficies menores y en contacto con el público, fragmentado y variando la textura para no reflejar excesivamente la luz solar al ser utilizado sobre las superficies mayores. La lograda articulación de la esquina, en la que además se define con claridad un espacio público de acceso a ambos bloques, ayudada por la presencia de una columna cilíndrica exenta, denota manejo de la escala y sabiduría en el trato de la transición de lo abierto a lo cerrado. Sin embargo, es el compromiso institucional asumido, sin renunciar a su contemporaneidad y sin evadir la caracterización que las condiciones climáticas le pueden ofrecer, lo que convierte a este edificio en una importante referencia. norte y este vuelven a demostrar sus diferencias esta vez de la mano de brise-soleils de corte corbusiano con una rítmica que rinde honores y no desmerece para nada al gran maestro suizo.

Vestuti, quien deja Venezuela en 1960 para irse a Milan a trabajar en el diseño de mobiliario y de objetos de diseño interior contratado por la firma Knoll International S.P.A. como su director de proyectos, permaneció cinco años en Italia. En 1967 regresa a Estados Unidos para trabajar en Baltimore con Ghery, Walsh & O’Malley Inc., tomando rumbo de nuevo hacia Venezuela en 1975 donde se radicará definitivamente, dedicándose desde entonces a la docencia del diseño en la Universidad Simón Bolívar. También participará como asociado con Carlos Gómez de Llarena y su viejo colega Moisés Benacerraf entre 1975 y 1978 en el desarrollo de varios proyectos para la urbanización Los Canales de Río Chico. A partir de 1989 Vestuti retoma su pasión por el diseño industrial etapa en la quedarán plasmadas importantes piezas realizadas en maderas autóctonas que forman parte de la historia de esa disciplina en el país. El seguir la trayectoria de Vestuti en tierras venezolanas y en particular la serie de edificios diseñados dentro de la oficina de Guinand & Benacerraf en la década de los años 50 del siglo XX denota, por un lado, la atenta y sabia aproximación de un profesional venido de otras tierras a las variables imperantes en el particular lugar del planeta donde le correspondió trabajar y, por el otro, «esa particular emoción que dejaría impregnada en su retina de otras latitudes la tiranía de este sol», como bien diría Henry Vicente en el artículo «Mirando con desatención», aparecido en el nº 254 de  Arquitectura Hoy, el 26-6-98, a escasos días de su muerte de forma accidental en Amazonas al sur de Venezuela.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Fundación Fotografía Urbana

1 y 2. https://www.ccscity450.com/obra/edificio-banesco/

ES NOTICIA

Hacia una UTOPÍA concreta: ARQUITECTURA en Yugoslavia

En 2003 desaparecía oficialmente Yugoslavia, pero los años que unificó a diferentes culturas y religiones fueron de una riqueza arquitectónica que ahora recoge el MoMa en una exposición única.

Gala Mora

Torre de televisión
Uglješa Bogunović, Slobodan Janjić y Milan Krstić. Avala TV Tower. 1960–65 (destruida en 1999 y reconstruida en 2010). Mount Avala, cerca de Belgrado, Serbia.

Tomado de:AD. Architectural Digest
https://www.revistaad.es/arquitectura/articulos/hacia-una-utopia-concreta-arquitectura-en-yugoslavia/20926

16-07-2018

Desde 1918 que se reconoció como Reino hasta su total desintegración tras una cruenta guerra civil en 2003, Yugoslavia intentó producir un espacio cívico compartido y una historia común en una sociedad multiétnica muy diversa. Y eso es lo que ha querido mostrar el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa) con la exposición Toward a Concrete Utopia: Architecture in Yugoslavia, 1948–1980 (Hacia una utopía concreta: Arquitectura en Yugoslavia, 1948-1980). Encargada de construir una sociedad socialista basada en la autogestión, la arquitectura moderna fue un instrumento clave en la implementación de una visión utópica en perpetuo estado de emergencia. Dibujos, modelos, fotografías, rollos de películas de archivos e incluso colecciones familiares, muestran proyectos visionarios destacados y edificios ejecutados que hablan del ambicioso papel de la arquitectura en términos de diseño e impacto social.

Bloque de edificios en Croacia
Dinko Kovačić y Mihajlo Zorić. Bloque de edificios Braće Borozan en Split 3. 1970–79. Split, Croacia.

Organizada en cuatro secciones principales, la exposición explora temas de urbanización a gran escala, experimentación tecnológica y su aplicación en la vida cotidiana, el consumismo, los monumentos y la conmemoración, en definitiva el alcance global de la arquitectura yugoslava y su carácter distintivo pero polifacético. Según Martino Stierli, conservador jefe en el MoMa, «históricamente hablando, una investigación exhaustiva de la producción arquitectónica de la Yugoslavia socialista conducirá a una mejor comprensión de un capítulo importante pero poco estudiado de la historia de la arquitectura en el orden mundial bifurcado de la Guerra Fría.”

Biblioteca en Kosovo
Andrija Mutnjaković. Biblioteca Nacional y Universitaria de Kosovo, 1971–82. Prishtina, Kosovo.

Centrada en el período de intensa construcción entre la ruptura de Yugoslavia con el bloque soviético en 1948 y la muerte del líder del país Josip Broz Tito en 1980, abarca cuatro partes. Modernization (Modernización), la primera, explora la rápida transformación del país anteriormente subdesarrollado y rural en gran parte, a una nueva infraestructura de la vida social. Con Global Networks (Redes globales) se investiga la arquitectura que se desarrolló a partir de la política exterior independiente del país y su liderazgo en el Movimiento No Alineado poscolonial. Everyday Life (La vida cotidiana) se centra en las innovadoras formas que tomaron la vivienda masiva y la aparición del diseño moderno en el marco de una cultura de consumo socialista. Por último Identities (Identidades) aborda cómo la arquitectura y la escultura abstracta mediaron entre la diversidad de las regiones multiétnicas que conformaban Yugoslavia y su unidad.

Nota

Toward a Concrete Utopia: Architecture in Yugoslavia, 1948–1980 reúne cerca de 400 obras. Abrió al público el pasado 15 de julio de 2018 y cerrará sus puertas el 13 de enero de 2019. Para la ocasión el MoMa ha editado un estupendo catálogo a cargo de Martino Stierli (Comisario jefe de arquitectura y diseño, Philip Johnson, del Museum of Modern Art) y Vladimir Kulić (Profesor Asociado de la Universidad de Florida Atlantic) contando con Anna Kats (Departamento de arquitectura y diseño del Museum of Modern Art) como comisaria adjunta. En la publicación colaboraron escribiendo diferentes ensayos: Tamara Bjažić Klarin, Vladimir Deskov, Andrew Herscher, Sanja Horvatinčić, Theodossis Issaias, Ana Ivanovska Deskova, Jovan Ivanovski, Jelica Jovanović, Anna Kats, Juliet Kinchin, Martina Malešič, Maroje Mrduljaš, Arber Sadiki, Luka Skansi, Łukasz Stanek, Matthew Worsnick y Mejrema Zatrić. El portafolio fotográfico es responsabilidad de Valentin Jeck.

ACA

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Página 135 del nº 67-68 de L’architecture d’aujourd’hui (octubre de 1956) donde aparece reseñado el Hotel Cumboto de Don Hatch

Hotel Cumboto

Donald E. Hatch (1907-1977), arquitecto norteamericano egresado de la Universidad de Kansas (1930), quien luego de varios años de destacada experiencia profesional en su país llega a Venezuela en 1948 formando parte del equipo de trabajo de International Basic Economy Corporation (IBEC) Technical Services Corp, empresa del magnate Nelson Rockefeller, contó con el privilegio compartido con un selecto grupo de arquitectos y oficinas nacionales de haber sido elegido en 1955 por Daniel Camejo Octavio como proyectista de uno de los hoteles que la CONAHOTU decidió realizar como parte de la política oficial de impulsar el turismo en el país. Al igual que la mayoría de los casos de este ejemplar Plan Hotelero, Hatch logra una solución claramente identificada con el lugar que se le asignó: la localidad costera de Puerto Cabello en el estado Carabobo. Esta pieza, si se quiere menor y hasta excepcional dentro de los temas que Hatch usualmente solía afrontar, se convierte en una clara demostración de cómo un profesional “extranjero” se aproxima de forma racional y sensible a las variables del contexto convirtiéndose ello en toda una lección para quienes hemos sido formados en estas latitudes.

Recordemos a modo de paréntesis que Hatch, de quien se han contabilizado cerca de 30 participaciones entre proyectos y obras de diferente envergadura en el país entre 1948 y 1959, había trabajado como arquitecto diseñador en la firma Hood and Fouilhoux, Architects, New York, entre 1932 y 1934 participando en el proyecto del Rockefeller Center. También fundó con Carl Landefeld la oficina Landefeld & Hatch, Architects, New York (1935-1942) realizando varios edificios para la Feria Mundial de 1939 y, previa a su llegada a Venezuela, en 1942 había constituido la firma Donald E. Hatch, Architect, New York. Ya en nuestro país destacan, tanto desde su trabajo con el IBEC como desde su propia oficina ubicada de Veroes a Jesuitas Nº 28, en sociedad con el ingeniero Claudio Creamer, las siguientes realizaciones: la Quinta Macoroma, Caracas -con participación de Cramer- (1951); la Casa Club del Caraballeda Golf & Yatch Club, Litoral Central (1953); la Casa Penzini, Caracas -con participación de Creamer- (1953); el Centro Comercial Las Mercedes, Caracas -con participación de Creamer- (1955); la fábrica de Cauchos Good Year, Guacara -con participación de Creamer- (1956); el edificio NCR (National Cash Register) luego Summa Sistemas, Caracas -con participación de Creamer- (1956); el Centro Comercial (CADA) La Vega, Caracas (1958); la Embajada de los EE UU, Caracas -con participación de Creamer- (1959); el edificio Socony Mobil Oil Company (edificio Sucre), Caracas -con participación de Creamer- (1959); y, luego de varios años reinstalado de nuevo en los Estados Unidos, la Torre El Chorro, Caracas (1975).

2. Hotel Cumboto. Don Hatch. 1956. Vista desde la piscina

Volviendo al caso al que hoy hemos decidido dedicar esta nota, vale la pena destacar que el Cumboto se trata de un hotel de modestas dimensiones (50 habitaciones) con posibilidad de crecimiento futuro (25 más) que debía ajustarse a un presupuesto limitado. Las condiciones del sitio establecían el carácter predominante de los vientos del noreste coincidiendo esta orientación con las mejores vistas. De esta manera se propone un bloque ligeramente quebrado de tres plantas que otorga a las habitaciones (ubicadas en las dos superiores a una sola crujía) el privilegio de mirar al mar sin ser estorbadas por los volúmenes de servicios desplazados hacia la fachada posterior desde donde se accede. La planta baja del cuerpo de habitaciones, entendida en buena parte como planta libre, sirve para relacionar las diversas áreas recreacionales y de servicios que se extienden mediante un hábil juego geométrico de cubiertas planas entre el bloque y la calle.

3. Hotel Cumboto. Don Hatch. 1956. Fachada hacia el estacionamiento

Don Hatch logra tomar en consideración las variables económicas y ambientales utilizando materiales de mínimo mantenimiento y gran expresividad: bloques calados como cerramiento de escaleras y áreas comunes, concreto obra limpia tratado de manera bruta para la estructura y las separaciones entre habitaciones, y madera como piel al exterior de éstas a modo de puertas plegables de romanilla. En consecuencia: poco uso del vidrio y del metal. El aprovechamiento del balcón convencional como verdadera loggia cobra un papel estelar dentro del diseño de la unidad básica que repercute en la cónsona caracterización final del conjunto: protege de las inclemencias del clima (fachadas este y noreste), sirve de espacio de transición y contacto con el exterior, pero fundamentalmente es aprovechable como espacio interior gracias a la decisión de alterar el plano donde convencionalmente se coloca el cerramiento y de escoger el sistema y materiales adecuados. La prolongación generosa de las losas en busca de convertir a la sombra en el mejor acompañante que la volumetría puede tener en el trópico, y el aireamiento constante logrado por el aprovechamiento de las brisas marinas en el diseño, cierran el listado de consideraciones que permiten ver este edificio como otra demostración de cómo el tema de la identidad arquitectónica surge donde menos se espera dentro de una obra que expresamente no se propuso incorporarlo.

4. Hotel Cumboto. Don Hatch. 1956. Fachada hacia el mar. Detalle de la página 135 del nº 67-68 de L’architecture d’aujourd’hui (octubre de 1956) donde aparece reseñado el hotel.

El hotel Cumboto junto a otras tres obras de Hatch fue recogido en el nº 67-68 de L’architecture d’aujourd’hui de octubre de 1956, dirigido por André Bloc, dedicado a California, Venezuela y a “Construcciones en países calientes (México, Brasil, Islas Hawai e India)”. El capítulo dedicado a nuestro país contó con la colaboración de Carlos Raúl Villanueva quien redactó el texto introductorio “La evolución de la arquitectura en Venezuela” que sirvió junto al titulado “Caracas”, elaborado por la redacción de la revista, como preámbulo a 24 edificaciones presentadas en momentos en que nuestro país era foco de atención de toda la prensa especializada internacional por el auge de la construcción y la calidad de las obras que se realizaban. De allí hemos extraído la página dedicada al modesto pero significativo hotel construido en Puerto Cabello que encabeza esta nota el cual, como tantos otros de esa época, ha sufrido a lo largo de los años el rigor y las penurias asociadas a su pésima administración y mal mantenimiento, cosa que aún no denotan las imágenes de cierre, más bien cercanas a su época de mayor esplendor.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 4 . L’architecture d’aujourd’hui, nº 67-68, octubre 1956

2 y 3. Colección Crono Arquitectura Venezuela