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LA RED HOTELERA NACIONAL

Hotel Trujillo

Al que hoy se le conoce como “Hotel Country Trujillo”, es la instalación de menos renombre de cuantas formaron parte del grupo emprendido por el Ministerio de Fomento y administrado por la CONAHOTU durante la década de los 50 del siglo XX, entre otras cosas por su localización en la capital del estado menos próspero de los andes venezolanos, por lo limitado de sus servicios y por no haber sido diseñado por un arquitecto de los que para la época ya empezaban a destacar dentro del ejercicio de la profesión, cuya selección mayoritariamente pasó por las manos de Daniel Camejo Octavio.

Conocido como “Hotel Carmona” cuando se daban los primeros pasos dentro de su incorporación al plan hotelero nacional (nombre que se le asignó asociándolo a la calle y sector donde se ubica), se planificó asumiendo los estándares de diseño internacionales de acuerdo a su escala y magnitud y, por su localización estratégica, para formar parte, junto a los hoteles Llano Alto (Barinas), Moruco y Prado del Río (Mérida) y El Tamá y Aguas Calientes (Táchira), del circuito sub-regional andino que ya contaba para aquel entonces con una red de carreteras bastante completa.

Según consta en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1953, como resultado de la política emprendida por dicho despacho, “se dio comienzo a la construcción del ‘Hotel Carmona’, de Trujillo, para lo cual el Gobierno Nacional suscribió acciones por un valor de setecientos mil bolívares (Bs. 700.000,00), que junto con lo aportado por el Gobierno del Estado, permitirá que en esta ciudad se construya un hotel digno de ella”.

Su proyecto original estuvo a cargo del arquitecto Oscar Lupi quien lo hace a instancias de la Dirección de Edificios, Departamento de Arquitectura, del Ministerio de Obras Públicas (MOP). Por los problemas resultantes de “las deficiencias arquitectónicas en el sentido hotelero” de la propuesta original y a raíz de la celebración de una reunión con el arquitecto Lupi “para subsanar esas deficiencias, no llegándose a ningún acuerdo pues el mencionado arquitecto pide le sean remunerados sus servicios, y se opondrá dentro del M.O.P. a que sean realizadas allí” (según se recoge en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1954), será directamente Fomento, a través de la Asesoría Técnica de Ingeniería, quien encargará al arquitecto del departamento Alberto Chávez, conjuntamente con el ingeniero inspector de la obra, la responsabilidad de hacer las modificaciones necesarias y completar las especificaciones de arquitectura y materiales de construcción en los acabados. Chávez, colombiano graduado en los Estados Unidos, radicado en el país desde inicios de la década de 1950, se dedicará a la docencia del diseño en la Escuela de Arquitectura de la UCV y al ejercicio profesional privado, proyectando un buen grupo de viviendas unifamiliares.

La misma Memoria y Cuenta citada apuntará: “Se da el contrato de la piscina a Inveco. Por atraso de la obra se hacen recomendaciones al Contratista y se elabora un programa de trabajo para que la misma fuese concluida para fines de noviembre de 1954, habiéndose inaugurado en diciembre del mismo año y puesto en servicio en la 2a. quincena de enero del año en curso. Se convoca a una Asamblea para aumentar el capital social de la Compañía en Bs. 700.000,00 y las acciones correspondientes a este aumento son tomadas por el Ministerio de Fomento. (…) En esta misma Asamblea se acordó cambiarle el nombre de Hotel Carmona por el de Trujillo.”

Finalmente el hotel Trujillo es inaugurado el 22 de enero de 1955 formando parte de la primera etapa del plan de establecimiento de la Red Hotelera Nacional impulsada desde la Dirección de Turismo del Ministerio de Fomento. Al momento de su apertura contaba con un área de construcción de 2.950 M2 distribuidos entre un volumen de dos pisos (que contiene las habitaciones) y una planta baja (donde se localizan las áreas sociales y los servicios comunes). Estaba compuesto por 32 habitaciones, 28 dobles (de 44,88 M2 cada una) y 4 suites (de 64,86 M2 ubicadas en los extremos de cada una de las dos plantas); salón de usos múltiples, restaurante, piscina (de aproximadamente treinta metros de largo por quince de ancho), parque infantil, cancha de bolas criollas y jardines, entre otros servicios, y se incluiría en la categoría de “hotel de turismo”. Se encuentra ubicado (como ya se asomó) en la avenida Carmona frente al parque Los Ilustres sobre un terreno de 10.000 M2, de los cuales una parte es en pendiente pudiendo permitir una posible ampliación.

Desde su inauguración sus sencillas áreas lo convertirán en punto de “descanso familiar y de disfrute ambiental…” de la sociedad trujillana. Ello permite detectar, a su escala, un aspecto común a todos los hoteles de la CONAHOTU: la integración a la comunidad donde se encuentra y el ofrecer sus servicios para su amplio disfrute.

Podría decirse que el Trujillo pertenece al grupo de hoteles que se caracterizan por ser edificaciones “en altura”: cuerpo conformado por un paralelepípedo rectangular destinado a las habitaciones, con volúmenes de menores dimensiones de baja altura y variantes de pasillos techados como elementos conectores de dichos volúmenes. Su sencillo esquema organizativo presenta para la resolución de las habitaciones lo que se denomina como “crujía simple” (pasillo de circulación que sirve a las habitaciones dispuestas en un solo lado), el cual permite aprovechar para todas ellas las vistas hacia la ciudad. Su concepción estructural está basada en pórticos y placas de concreto armado con tabiquería de bloques. Contaba con materiales y acabados resistentes y duraderos (pisos de granito en las habitaciones, oficinas y áreas de servicio, baños con cerámica, fuente de soda y su área circundante en cerámica tipo terracota y, en el área de la piscina, cerámica antiresbalante), adaptados a la categoría que le corresponde (tres estrellas) y un nivel de lujo relativamente modesto.

Su ubicación en una zona de clima intermedio (temperado) permite reconocer cómo dicha variable es considerada dentro del diseño. Su orientación franca al norte, hacia donde se ubican los balcones de las habitaciones a modo de retícula horadada en su fachada, responde al acceso y a las visuales largas. La ventilación cruzada se incorpora gracias a su organización en crujía simple y los pasillos de acceso ubicados al sur, relacionados con la piscina, actúan como filtros ante el ruido proveniente de dicho uso.

Junto a los hoteles El Tamá, Cumanagoto y Miranda, el Trujillo fue en su momento incorporado al plan de privatización emprendido por el Fondo de Inversiones de Venezuela a inicios de la década de los años 90 con el objeto de rescatar su antiguo esplendor y ser repotenciado, para lo cual en 1991 se inventarió y elaboró un informe que valoraba su excelente ubicación, buen estado de mantenimiento, funcionalidad y “amplitud de las habitaciones en comparación con instalaciones turísticas afines”.

Hoy, bajo la denominación (como ya señaláramos) de hotel Country Trujillo, tras ser objeto de sucesivas remodelaciones y ampliaciones (se le aumentó un piso al edificio, se le agregó un ascensor y se ampliaron los servicios), hechas sin el debido cuidado, padece de serios problemas de mantenimiento. Cuenta, según consta en páginas dedicadas a promocionarlo, con “52 habitaciones distribuidas en 16 con cama matrimonial, 33 con dos camas y 3 suites. Las habitaciones cuentan con aire acondicionado integral, agua caliente, tv cable, teléfono, nevera ejecutiva, room service. Servicio de restaurant y bar, piscina, áreas verdes, salón ejecutivo (para 120 personas), servicio de tintorería, peluquería, servicio de taxi, parque infantil, ascensor, centro de navegación, mini tienda, salón recreacional, amplio estacionamiento con vigilancia, entre otros”. Además está ubicado a pocos kilómetros del Monumento de la Virgen de la Paz y del Aeropuerto Internacional Antonio Nicolás Briceño de Valera. Sin embargo, algunos de los que lo han visitado recientemente opinan que “debe cerrar para ser renovado”, cuenta con “buenas instalaciones pero deterioradas”, “es un lindo lugar, pero puede mejorar” o el consolador “excelente relación precio-calidad”, dándose siempre a entender que se trata de una muy buena instalación lamentablemente venida a menos.

Nota Esta aproximación al hotel Trujillo ha sido posible en buena medida gracias al apoyo que hemos conseguido en el Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura de la UCV de Juan Manuel De Ascencao De Jesús, titulado “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958” presentado el año 2005. De allí procede la foto que encabeza esta nota y los dibujos que la acompañan. Las otras imágenes fueron bajadas de internet.

ACA

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Vista general (c.1955)

Hotel Miranda

La Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1953, recoge lo siguiente: “El proyecto para la construcción del ‘Hotel Miranda’, en la ciudad de Coro, con capacidad para sesenta y seis (66) dormitorios dobles, fue concluido, adelantándose los preparativos para la iniciación de los trabajos de su construcción, cuyo costo se ha estimado, aproximadamente, en dos millones doscientos mil bolívares (Bs. 2.200.000,00)”.

Y en efecto, el mismo año la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) dedica la portada y 8 páginas del nº 212 (noviembre) a presentar el “Proyecto de un hotel de turismo en la ciudad de Coro” el cual había sido contratado a la Oficina Técnica Eduardo Arnal (OTEA) -encabezada por el ingeniero Eduardo Arnal- donde a una nota introductoria, en la que se señala por un lado la trascendencia de la concepción por parte dell Ministerio de Fomento de una red hotelera nacional que contará con su apoyo tanto en lo económico como en lo técnico para que se desarrollen “hoteles de turismo” y, por el otro, la largamente sentida necesidad en la ciudad de Coro por contar con una instalación de gran nivel, destinada a sus visitantes, más aún con el auge que se esperaba una vez abiertas “las carreteras pavimentadas a Puerto Cabello y Paraguaná y los desarrollos petroleros en las zonas cercanas a ella, incluyendo las refinerías de Punta Cardón y Punto Fijo”, sigue la descripción de toda una serie de aspectos que permiten su cabal comprensión.

2. Perspectiva del anteproyecto

Así, dentro de los completos «Estudios preliminares» realizados por OTEA, publicados en la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, se puede detectar en primer lugar “la definición del tipo de hotel planeado”; en segundo lugar “la elección del sitio para el hotel”; en tercer lugar “la investigación del movimiento de pasajeros en la ciudad de Coro”; en cuarto lugar “la formulación del programa arquitectónico”; en quinto lugar el “presupuesto aproximado y justificación económica de la inversión necesaria”; y, finalmente, una serie de “conclusiones y recomendaciones”.

Cierra la presentación del hotel Miranda en la publicación mostrando la “memoria descriptiva del proyecto” acompañada de los planos correspondientes a plantas, cortes y fachadas, a detalles de puertas y ventanas y al abastecimiento de agua (esquema de ramales), lo cual permite encontrarse con un valioso documento de gran utilidad para hacerse una buena idea de todo un proceso que permitió dar inicio a su construcción el 1-9-54, luego de que el Ministerio de Fomento otorgara, entre las dos firmas que se presentaron a la licitación, la buena pro a la empresa De León & Magdaleno por un monto de Bs. 2.500.475,67, quien tras más de un año de trabajos en los que tuvo que superar diversos problemas técnicos cumplió entregando la obra para su inauguración el 5 de diciembre de 1955 a un costo definitivo de Bs. 5.500.00,00 (como se verá, más del doble de lo originalmente presupuestado).

Podríamos resumir, por tanto, que el hotel Miranda se concibió como una instalación “de 1ª calidad” dotado de todos los servicios y comodidades necesarias para el alojamiento de viajantes de negocios, con suficientes atractivos de recreo para turistas o viajeros en vacaciones que además debía prestar servicios sociales, públicos u oficiales a los residentes de la ciudad de Coro y ofrecer locales comerciales tanto para huéspedes como para vecinos que generarían ingresos adicionales destinados a cubrir la inversión, colaborar en labores de mantenimiento y producir ganancias.

3. Plano de situación dentro de la ciudad
4. Planta baja del conjunto

Su céntrica localización, la cual pasó por un proceso de adquisición de las parcelas vecinas a la originalmente destinada, con el objeto de dar cabida en una manzana mayor al hotel-club que se buscaba hasta alcanzar los 14.300 m2 de terreno, da frente a la Avenida Francisco de Miranda (que conecta con el casco histórico de Coro, donde se ubican en un cuerpo bajo los 12 locales comerciales con estacionamiento al frente), la Avenida del Aeropuerto -hoy Josefa Camejo- (hacia donde se presenta el volumen de tres plantas a doble crujía con orientación norte-sur que contiene las 66 habitaciones -6 suites incluidas- y parte de sus instalaciones de apoyo, retirado suficientemente para lograr el aislamiento necesario que requiere su uso), y la calle Hernández (paralela a la Miranda que junto a la paralela a la del Aeropuerto funciona como calle de servicios). En definitiva el resultado es una edificación de varios cuerpos en “U” articulados que bordean las zonas verdes, recreacionales y deportivas del hotel.

El programa que dio como resultado un área de construcción de 4.220 m2, orientó el desarrollo de un hotel “en varias plantas, destinando la Planta Baja a los servicios comunes del mismo y a los locales comerciales y las plantas superiores a las habitaciones para los huéspedes, lográndose así una eficaz circulación vertical, una mayor intimidad y aislamiento de los dormitorios y utilizando al máximo la orientación más favorable y el aprovechamiento de los vientos dominantes para obtener una ventilación natural adecuada”. Las tres zonas que componen la planta baja (recepción, servicios y comercios) “tienen acceso diferente y son independientes unas de otras, pero están íntimamente ligadas por corredores de circulación que conectan los ambientes relacionados entre sí”.
Llama la atención la consideración de los proyectistas a las variables funcionales de las que destacan el cuidado por lograr el confort ambiental necesario para las zonas destinadas a las habitaciones y las de disfrute social. Así, la memoria descriptiva puntualiza cómo los “locales comerciales sirven a la vez de pantalla, para aislar las zonas de reposo y parque del tránsito intenso de la Avenida (Miranda) y de los rayos directos del sol poniente. La orientación de estos locales condujo a la elección de las paredes pantalla en diente de sierra y al empleo de un alero continuo apoyado en dichas pantallas, para evitar así que el sol penetre en las vidrieras de exhibición y en los locales. Para facilitar su uso por los huéspedes del hotel se proveyeron de entradas y vidrieras adicionales al fondo, conectadas con un pasillo cubierto”, a lo que se suma: “Todas las habitaciones con vista al Norte tienen terrazas individuales techadas defendidas del sol poniente con pantallas racionalmente orientadas. Las habitaciones con vista al Sur, que se pueden ratar (sic) a un precio más reducido para halagar a los viajantes de comercio, no tienen terrazas, pero sus ventanas están defendidas del sol con pantallas y aleros proporcionados especialmente a fin de no permitir a los rayos del sol penetrar por ellas”.

El hotel Miranda aunque quedó fuera del grupo de instalaciones diseñadas por arquitectos destacados o que se abrían paso dentro de la profesión (seleccionados en su mayoría por Daniel Camejo Octavio) y un tanto al margen del reconocimiento que ello implica se constituye, sin embargo, de mano de su ingeniero-proyectista, en una respuesta clara resuelta bajo criterios absolutamente racionales ajustada a un esquema funcionalmente correcto y a los patrones que privaban internacionalmente para el diseño hotelero. También cumplió con las expectativas que la ciudad albergó con su apertura y se constituyó, en uno de las edificaciones que dieron pie a la creación de la CONAHOTU en 1955, luego de que el Ministerio de Fomento detectara que la política hotelera seguida por ellos no daba los resultados que se esperaban. En tal sentido, de la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento de ese año se recoge: “…en base de la experiencia adquirida, se llegó a la conclusión de que era necesario crear una organización capaz de dirigir en forma centralizada y eficaz los hoteles en que tenía participación el Ministerio de Fomento estableciendo al mismo tiempo normas de operación. Por estos motivos, el Ciudadano Ministro resolvió la. creación de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo, empezando con la fusión de las siguientes compañías: Compañía Anónima Hotel Miranda (Coro); C.A. Hoteles y Turismo de Nueva Esparta, Hotel Bella Vista (Porlamar); y Compañía Anónima Hotel Barinas (Barinas). Para la fecha de la fusión, se encontraban estos tres hoteles en construcción.”

A pesar de las auspiciosas expectativas creadas, en fecha tan temprana como 1960, la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento precisa: Hotel Miranda. Las operaciones de este hotel se han reducido de manera notable como consecuencia del descenso de las actividades industriales en aquella región. Ha sido el único hotel de la red donde no fue posible rebajar las pérdidas finales, no obstante las rigurosas medidas de reajuste económico ejercidas en dicho establecimiento”.

Más adelante gracias a la inversión pública el Miranda amplió en 20 el número de habitaciones en una nueva ala y mejoró sus instalaciones y servicios lo cual aumentó su área de construcción a 7.196 m2. También fue modificada la forma original de la piscina.
No obstante los esfuerzos hechos, el hotel entra dentro de las instalaciones que en 1991, de manos del Fondo de Inversiones de Venezuela, se busca privatizar con la finalidad de detener el deterioro en el que de nuevo había caído. Lo acompañan el Tamá, el Cumanagoto y el Trujillo.

5. Vista actual desde el acceso
6. Vista actual desde la piscina

Hoy en día se le conoce como hotel Miranda-Coro Cumberland, posee calificación de tres estrellas y forma parte de una cadena que opera varias instalaciones a lo largo del país. Mantiene, por tanto, una actividad constante y a la vez modesta dadas las circunstancias económicas que atraviesa Venezuela pero su privilegiada ubicación, adecuada escala y completa infraestructura aún permiten presagiar tiempos mejores.

Nota Esta aproximación al hotel Miranda ha sido posible en buena medida gracias al apoyo que hemos conseguido en el Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura de la UCV de Juan Manuel De Ascencao De Jesús, titulado “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958” presentado el año 2005.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 3 y 4. De Ascencao De Jesús, “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958”, Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura, 2005

2. Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 212, noviembre 1953

5. https://us.pricetravel.com/hotel-miranda-cumberland/hotel-detail

6. https://www.hotelescumberland.com/contact_mir/

LA RED HOTELERA NACIONAL

Hotel Aguas Calientes

Formando parte de una de las instalaciones destinadas a promover el turismo en nuestro país, impulsadas tras la creación en 1955 de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU), el hotel “Aguas Calientes” ubicado en la fronteriza población de Ureña del estado Táchira, se sumará al grupo de edificaciones diseñadas en su gran mayoría, gracias a la insistencia del ingeniero Daniel Camejo Octavio, por reconocidas oficinas de arquitectura o arquitectos venezolanos. En este caso la contratación del proyecto recayó en la firma Ferris & Vegas conformada por Julián Ferris Betancourt (1921-2009) y Juan Andrés Vegas Pacheco (1921-1992) a la que se sumará Gustavo Ferrero Tamayo (1923-2015).

Ferris & Vegas ya venían de realizar con éxito edificios vinculados al tema recreacional como Laguna Beach (1952) en Caraballeda y Bahía del Mar (1952) en Tanaguarenas, además de la Comunidad Picure (1955) en Arrecife, todos ellas en el Litoral Central del Distrito Federal (hoy estado Vargas). Pertenecientes a la misma generación, se forman ambos en los Estados Unidos: Ferris obtiene su título de arquitecto en la Universidad de Syracuse (1947) -previa finalización de estudios de Ingeniería en Oklahoma (1945)-, el cual revalidará en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1949; Vegas por su parte se forma en el Massachussets Institute of Technology (MIT) revalidando su título también en la UCV a su regreso al país en 1945. Ambos se incorporan como docentes de “Composición Arquitectónica” en la Escuela de Arquitectura de la UCV en 1953 y ambos obtendrán individualmente el Premio Nacional de Arquitectura: Ferris en 1965 y Vegas en 1994. Ferrero Tamayo por su parte se forma en la Universidad Nacional de Colombia egresando en 1947 y a su retorno se incorpora a la Comisión Nacional de Urbanismo donde trabajaría entre 1947 y 1951, coincidiendo allí con Julián Ferris entre 1949 y 1951, pasando luego de 1951 a 1956 a ser Director Gneral de dicha Comisión. También coincidirá posteriormente con Juan Andrés Vegas en la Comisión para el Desarrollo de Guayana y en la realización de varios proyectos urbanísticos en la región. Ferris, tras la caída de la dictadura perezjimenista, es dedignado decano interino de la FAU UCV para luego convertirse en el primer decano electo democráticamente para el período 1959-62.

Gracias al apoyo que hemos conseguido en el Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura de la UCV de Juan Manuel De Ascencao De Jesús titulado “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958”, la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1953 ya se refiere la “próxima construcción del hotel de Aguas Calientes, en Ureña – estado Táchira…”, pero es en la de 1954 donde se precisa “…continuando la proyección y ejecución de hoteles modernos, amplios y adecuados a nuestro y clima tropical y al medio ambiente (…) se contrató el proyecto de un hotel para Aguas Calientes, Ureña estado Táchira con la Oficina Vegas y Ferris, a un costo de Bs. 122.000,00, con una capacidad de 34 habitaciones dobles y se contrató su construcción con la Empresa “Metrovial” a un costo de Bs. 1.720.440,30…”. También se añade más adelante: “Se contrata a Inaca para la ejecución de trabajos topográficos y de estudios y proyecto de abastecimiento de agua potable y aguas termales del hotel, a un costo de Bs. 27.000,00. Se da comienzo a la construcción el 1-10-54. Este hotel estará en funcionamiento a fines de noviembre del año 1955”.

Abierto finalmente el 28 de enero de 1956, en la “Memoria…” del año 1955, donde ya se da por concluido, se habla de “un costo total de Bs. 6.000.000,00” y que está, definitivamente, “compuesto de 29 habitaciones dobles y una suite presidencial, salón de recepción, estacionamiento con capacidad para 60 vehículos, piscinas, baños termales y extenso parque de 14.000 metros…”.

Tras estos datos se encierra una edificación que logró sumarse (junto a los hoteles Llano Alto, Prado Río y Moruco) a las que respondieron a una tipología que apostaba a la horizontalidad, se vinculaba sin mayores dificultades al paisaje circundante y se apelaba a su condición extraurbana para aprovechar al máximo las condiciones ambientales en la consecución del deseable confort climático. Sin renunciar al uso de los códigos modernos que imponían los estándares hoteleros internacionales, su sencillo planteamiento estructural en concreto armado, le abrió la puerta a la utilización de recursos que buscaban tender la mano a lo regional: corredores, pequeños patios-jardines de expansión para cada habitación, cubiertas inclinadas.

Juega sin duda un papel muy relevante en la escogencia del lugar (muy próximo a la frontera colombo-venezolana) en el que se edificó el hecho de verse beneficiado por la presencia de aguas termales (de allí el nombre que lo identifica), lo cual pasó a constituirse en una variable que permitió que se ofrecieran como servicios adicionales al hotel baños termales privados y públicos con instalaciones que permitían su disfrute en las mismas habitaciones. Compuestas por aguas del tipo: Sulfurosa, Pringue y San Roque, las mismas son aprovechadas con fines medicinales y terapéuticos, y por su misma condición, son utilizadas para la “balneoterapia” tanto de la población de Ureña como del turismo que alrededor de este tema ya se había iniciado con el Hotel Aguas Termales de San Juan de Los Morros (estado Guárico) inaugurado en 1920 por Juan Vicente Gómez.Como la gran mayoría de las instalaciones de aquel luminoso período, el “Aguas Calientes”, aunque aún sobrevive, con el pasar del tiempo por un lado sufrió una intervención que amplió a 48 el número de habitaciones y por el otro ha visto disminuir su potencialidad de impulsor del turismo (en este caso fronterizo y terapéutico) tras haberse descuidado el mantenimiento de su infraestructura y haber caído en manos de malos administradores. Como toda la red que se creó hace más 60 años espera por la llegada de tiempos mejores mientras sirve de lugar de disfrute y esparcimiento de los lugareños.

ACA

Procedencia de las imágenes

De Ascençao J.M. “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958”, Trabajo de Grado de la Maestría en Historia de la Arquitectura, FAU UCV, 2005

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Página 135 del nº 67-68 de L’architecture d’aujourd’hui (octubre de 1956) donde aparece reseñado el Hotel Cumboto de Don Hatch

Hotel Cumboto

Donald E. Hatch (1907-1977), arquitecto norteamericano egresado de la Universidad de Kansas (1930), quien luego de varios años de destacada experiencia profesional en su país llega a Venezuela en 1948 formando parte del equipo de trabajo de International Basic Economy Corporation (IBEC) Technical Services Corp, empresa del magnate Nelson Rockefeller, contó con el privilegio compartido con un selecto grupo de arquitectos y oficinas nacionales de haber sido elegido en 1955 por Daniel Camejo Octavio como proyectista de uno de los hoteles que la CONAHOTU decidió realizar como parte de la política oficial de impulsar el turismo en el país. Al igual que la mayoría de los casos de este ejemplar Plan Hotelero, Hatch logra una solución claramente identificada con el lugar que se le asignó: la localidad costera de Puerto Cabello en el estado Carabobo. Esta pieza, si se quiere menor y hasta excepcional dentro de los temas que Hatch usualmente solía afrontar, se convierte en una clara demostración de cómo un profesional “extranjero” se aproxima de forma racional y sensible a las variables del contexto convirtiéndose ello en toda una lección para quienes hemos sido formados en estas latitudes.

Recordemos a modo de paréntesis que Hatch, de quien se han contabilizado cerca de 30 participaciones entre proyectos y obras de diferente envergadura en el país entre 1948 y 1959, había trabajado como arquitecto diseñador en la firma Hood and Fouilhoux, Architects, New York, entre 1932 y 1934 participando en el proyecto del Rockefeller Center. También fundó con Carl Landefeld la oficina Landefeld & Hatch, Architects, New York (1935-1942) realizando varios edificios para la Feria Mundial de 1939 y, previa a su llegada a Venezuela, en 1942 había constituido la firma Donald E. Hatch, Architect, New York. Ya en nuestro país destacan, tanto desde su trabajo con el IBEC como desde su propia oficina ubicada de Veroes a Jesuitas Nº 28, en sociedad con el ingeniero Claudio Creamer, las siguientes realizaciones: la Quinta Macoroma, Caracas -con participación de Cramer- (1951); la Casa Club del Caraballeda Golf & Yatch Club, Litoral Central (1953); la Casa Penzini, Caracas -con participación de Creamer- (1953); el Centro Comercial Las Mercedes, Caracas -con participación de Creamer- (1955); la fábrica de Cauchos Good Year, Guacara -con participación de Creamer- (1956); el edificio NCR (National Cash Register) luego Summa Sistemas, Caracas -con participación de Creamer- (1956); el Centro Comercial (CADA) La Vega, Caracas (1958); la Embajada de los EE UU, Caracas -con participación de Creamer- (1959); el edificio Socony Mobil Oil Company (edificio Sucre), Caracas -con participación de Creamer- (1959); y, luego de varios años reinstalado de nuevo en los Estados Unidos, la Torre El Chorro, Caracas (1975).

2. Hotel Cumboto. Don Hatch. 1956. Vista desde la piscina

Volviendo al caso al que hoy hemos decidido dedicar esta nota, vale la pena destacar que el Cumboto se trata de un hotel de modestas dimensiones (50 habitaciones) con posibilidad de crecimiento futuro (25 más) que debía ajustarse a un presupuesto limitado. Las condiciones del sitio establecían el carácter predominante de los vientos del noreste coincidiendo esta orientación con las mejores vistas. De esta manera se propone un bloque ligeramente quebrado de tres plantas que otorga a las habitaciones (ubicadas en las dos superiores a una sola crujía) el privilegio de mirar al mar sin ser estorbadas por los volúmenes de servicios desplazados hacia la fachada posterior desde donde se accede. La planta baja del cuerpo de habitaciones, entendida en buena parte como planta libre, sirve para relacionar las diversas áreas recreacionales y de servicios que se extienden mediante un hábil juego geométrico de cubiertas planas entre el bloque y la calle.

3. Hotel Cumboto. Don Hatch. 1956. Fachada hacia el estacionamiento

Don Hatch logra tomar en consideración las variables económicas y ambientales utilizando materiales de mínimo mantenimiento y gran expresividad: bloques calados como cerramiento de escaleras y áreas comunes, concreto obra limpia tratado de manera bruta para la estructura y las separaciones entre habitaciones, y madera como piel al exterior de éstas a modo de puertas plegables de romanilla. En consecuencia: poco uso del vidrio y del metal. El aprovechamiento del balcón convencional como verdadera loggia cobra un papel estelar dentro del diseño de la unidad básica que repercute en la cónsona caracterización final del conjunto: protege de las inclemencias del clima (fachadas este y noreste), sirve de espacio de transición y contacto con el exterior, pero fundamentalmente es aprovechable como espacio interior gracias a la decisión de alterar el plano donde convencionalmente se coloca el cerramiento y de escoger el sistema y materiales adecuados. La prolongación generosa de las losas en busca de convertir a la sombra en el mejor acompañante que la volumetría puede tener en el trópico, y el aireamiento constante logrado por el aprovechamiento de las brisas marinas en el diseño, cierran el listado de consideraciones que permiten ver este edificio como otra demostración de cómo el tema de la identidad arquitectónica surge donde menos se espera dentro de una obra que expresamente no se propuso incorporarlo.

4. Hotel Cumboto. Don Hatch. 1956. Fachada hacia el mar. Detalle de la página 135 del nº 67-68 de L’architecture d’aujourd’hui (octubre de 1956) donde aparece reseñado el hotel.

El hotel Cumboto junto a otras tres obras de Hatch fue recogido en el nº 67-68 de L’architecture d’aujourd’hui de octubre de 1956, dirigido por André Bloc, dedicado a California, Venezuela y a “Construcciones en países calientes (México, Brasil, Islas Hawai e India)”. El capítulo dedicado a nuestro país contó con la colaboración de Carlos Raúl Villanueva quien redactó el texto introductorio “La evolución de la arquitectura en Venezuela” que sirvió junto al titulado “Caracas”, elaborado por la redacción de la revista, como preámbulo a 24 edificaciones presentadas en momentos en que nuestro país era foco de atención de toda la prensa especializada internacional por el auge de la construcción y la calidad de las obras que se realizaban. De allí hemos extraído la página dedicada al modesto pero significativo hotel construido en Puerto Cabello que encabeza esta nota el cual, como tantos otros de esa época, ha sufrido a lo largo de los años el rigor y las penurias asociadas a su pésima administración y mal mantenimiento, cosa que aún no denotan las imágenes de cierre, más bien cercanas a su época de mayor esplendor.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 4 . L’architecture d’aujourd’hui, nº 67-68, octubre 1956

2 y 3. Colección Crono Arquitectura Venezuela

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Hotel Cumanagoto. Vista desde el acceso. Circa 1960

Hotel Cumanagoto

El Cumanagoto forma parte de las instalaciones para las que ya en 1953 el Ministerio de Fomento inicia los estudios preliminares con miras a su realización. Un año más tarde, el mismo organismo gubernamental deja constancia en su Memoria y Cuenta que “se contrató con los Arquitectos José Tomás Sanabria y Julio Volante, un proyecto a un costo de Bs. 122.000, para la construcción de un hotel en la ciudad de Cumaná, y con la Oficina Técnica Bernardo Nouel los trabajos de campo y pruebas de terreno a un costo de Bs. 70.000, para la construcción de una isla artificial en el Golfo de Cariaco, para asiento del referido hotel.”

Curiosamente este edificio, a pesar de lo señalado, no se encuentra registrado dentro del catálogo de la obra proyectada o construida de Tomás José Sanabria por lo que asumimos que en la medida que se adelantaron los trabajos de diseño (por razones que habría que indagar) fue Julio César Volante quien asumió en solitario los mismos, razón por la cual hoy se le atribuye su autoría. Tampoco se ha podido averiguar en qué momento preciso se abandona la idea de ubicarlo en la “isla artificial” mencionada y se decide finalmente su localización en la Av. Universidad, Sector San Luis, Cumaná, estado Sucre. Sin embargo, en la Memoria y Cuenta de 1955 ya se habla más bien de “… estudios de selección de  terrenos para los Hoteles que se están planeando, que son, aparte de Barinas, los de San Cristóbal … Cumaná (Estado Sucre) y Santo Domingo…”.

Del repaso de las rendiciones de cuenta gubernamentales se desprende, también, que el Cumanagoto es uno de los últimos edificios construidos por el régimen perezjimenista perteneciente a la Red Hotelera Nacional cuya finalización, a cargo de la ya señalada Oficina Técnica Bernardo Nouel a un costo estimado de Bs. 6.550.280,48, data de 1958. Tardó, por tanto, al menos dos años en terminarse, tiempo si se quiere dilatado para la media que privaba en la época, en virtud de que ya en 1956 se afirmaba: “Para la próxima etapa está prevista la terminación del Hotel ‘Santo Domingo’, en el Estado Mérida; el ‘Hotel Guaicamacuto’, en el Departamento Vargas del Distrito Federal; el Hotel ‘Cumaná’, en la Capital del Estado Sucre, encontrándose igualmente en proyecto, hoteles para Puerto La Cruz, Maturín, Calabozo y Gran Sabana”.

2. Hotel Cumanagoto. Plano de ubicación
3. Hotel Cumanagoto. Perspectiva del proyecto

Como ya señaláramos en el Contacto FAC nº 71 del 08-04-2018, el finalmente bautizado como hotel Cumanagoto (a veces nombrado previamente como “hotel ‘Cumaná”), cuya administración es tomada por la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU), asume junto al Trujillo, al Miranda, al Maracay, al Guaicamacuto, a El Tamá, al Bella Vista e incluso al Humboldt, “… la tipología imperante a nivel internacional compuesta de un volumen prismático que destaca en altura conteniendo las habitaciones al que se articulan una serie de cuerpos bajos donde se congregan las actividades recreacionales y de servicio complementarias”. También, acompañado en este caso del Guaicamacuto (Litoral Central) y el Bella Vista (Isla de Margarita), forma parte de los únicos hoteles de playa levantados dentro de la política emprendida por el gobierno de dar impulso al turismo nacional.

4. Hotel Cumanagoto. Planta baja
5. Hotel Cumanagoto. Fachadas

El programa original del hotel estuvo conformado por 42 habitaciones y dos suites todas con vista al mar y amplios balcones, distribuidas dentro de un edificio de 4 pisos, acompañadas de los respectivos servicios de apoyo y áreas recreativas, cifra que empieza a quedarse corta debido a la alta demanda de usuarios que origina su excelente ubicación y ambientación. De tal manera, en fecha tan temprana como 1960 ya se registra en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento cómo “la Administración anterior acordó la construcción de un ala nueva en el Hotel Cumanagoto. En cumplimiento de dicho acuerdo, esta Corporación construyó, mediante licitación, un nuevo cuerpo de 4 pisos con 48 habitaciones, para dos y tres camas, con sala de baño y aire acondicionado, y también realizó otras reformas en varias dependencias de los servicios del hotel, tales como lavandería, cocina y depósitos”. Sin tener mayores detalles sobre el proyectista de esta primera ampliación (que presumimos pudo haber sido el propio Julio Volante y que consistió en convertir el proyecto original de una crujía en una de dos con habitaciones sin balcón), una segunda ampliación articulada a la primera por un pasillo, diseñada en este caso por Julián Ferris, termina de construirse en el año 1972, incorporando otro cuerpo de cuatro pisos, doble crujía y 73 habitaciones (7 suites, 33 que miran al mar y 33 que miran a la montaña), dotadas todas de balcones.

Para 1991 el informe elaborado por el FONDO DE INVERSIONES DE VENEZUELA titulado Privatización de los hoteles el Tamá, Cumanagoto, Trujillo y Miranda, recoge cómo para ese momento nos encontramos (con relación al Cumanagoto) en presencia de un conjunto clasificado como de cuatro estrellas, ubicado en un terreno de 8 hectáreas “con más del 40% del mismo aprovechable para expansiones mayores que le den una mayor capacidad y diversidad de servicios como para lograr una mayor categoría y una posible alta rentabilidad de la inversión”. Cuenta entonces con 9 locales comerciales, salones de conferencias (con capacidad para 400 personas), restaurant, tasca-bar con sus respectivos servicios de apoyo, a lo que se suma el área recreativa (piscinas, jardines, parque infantil y fuente de soda) y un amplio frente de playa. Se precisa que los dormitorios se encuentran en dos edificaciones de cuatro pisos: la primera con tres suites y 84 habitaciones (42 con vista al mar y 42 con vista a la montaña) y la segunda con 7 suites y 66 habitaciones (33 con vista al mar y 33 con vista a la montaña), dando un total de 160.

6. Hotel Cumanagoto hoy. Vista desde la piscina

La administración del Cumanagoto ha pasado por varias etapas destacando el momento en que, al caer en manos de la empresa Interpuente y ésta declararse en quiebra en abril de 1981, el hotel se vio en la necesidad de cerrar sus puertas por un lapso de 5 años. Más adelante, la privatización emprendida en 1991 arrojó como resultado que en 1992 lo adquiriera la empresa Cumantur Inversiones, quien decide suspender de nuevo el servicio para emprender durante aproximadamente seis años obras que implicarán trabajos de demolición y reconstrucción, hasta que en 1998 reabre sus puertas completamente remodelado de manos de la operadora multinacional española Hesperia alcanzando la categoría de cinco estrellas. En 2005 y hasta hoy pasa formar parte de la cadena Premier International Hotels.

7. Hotel Cumanagoto hoy. Piscina

Los avatares sufridos en el tiempo por la planta física del Cumanagoto dificultan manejar con precisión los datos relativos al crecimiento y conformación definitiva que en la actualidad presenta y saber en manos de quiénes ha estado el proyectar y construir el total de 205 habitaciones, suites y villas que los operadores hoteleros manejan hoy en día para promocionarlo como destino turístico.

8. Hotel Cumanagoto hoy. Vista aérea

Sólo hemos podido encontrar que en 1992 la oficina del arquitecto Fernando Lugo, a solicitud del arquitecto Julio Volante, registra el haber realizado un proyecto para la renovación completa del hotel de 180 habitaciones y una propuesta de conjunto que incluye un campo de golf de 18 hoyos (par 3) y posibles ampliaciones, lo que nos hace pensar que aquí se encuentra el punto de partida y la clave para entender el cierre que se produjo en 1992 y permitió su renovada apertura en 1998. También se registra en 2002 la presentación de parte de la empresa Bolívar y Rodríguez Ingenieros estructurales de un presupuesto por 15.000 m2 (3. 409.000 $) solicitado por Arquitectura Volante, Monaldi & Asoc. que desconocemos si dio como resultado una nueva intervención. Como se verá, la accidentada historia del hotel Cumanagoto, tal vez más compleja pero no muy diferente a la de muchas instalaciones de la Red Hotelera Nacional, deja la sensación de encontrarnos ante una nueva demostración de lo visionario que resultó aquel plan que entendió el turismo como una industria fundamental para el país y, a pesar de ello, lo corto que se quedó y la poca repercusión alcanzada por la forma ordenada en que se abordó.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2, 3, 4 y 5. De Ascençao J.M. “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958”, Trabajo de Grado de la Maestría en Historia de la Arquitectura, FAU UCV, 2005

6 y 7. https://venezuelatuya.com/hoteles/mostrarhotel.htm?Hotel+Paradise+Cumana&HOTCode=gG-y6qCnpWh

8. https://www.tripadvisor.com.mx/Hotel_Review-g316083-d482234-Reviews-Hotel_Cumanagoto_Premier_International_Hotel-Cumana_North_Eastern_Region.html

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Vista de la fachada norte desde las áreas recreacionales

Hotel El Tamá

El hotel El Tamá (nombre tomado de un conocido páramo tachirense), es una de las instalaciones que forma parte del grupo cuya planificación y administración asume la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) desde su creación en 1955.

Junto al Trujillo, al Miranda, al Maracay, al Guaicamacuto, al Cumanagoto, al Bella Vista e incluso al Humboldt, el Tamá asume la tipología imperante a nivel internacional compuesta de un volumen prismático que destaca en altura conteniendo las habitaciones al que se articulan una serie de cuerpos bajos donde se congregan las actividades recreacionales y de servicio complementarias.

Considerado durante un buen tiempo como una deuda del régimen para con la zona del país donde había nacido su cabeza visible, el diseño de El Tamá, cuyos estudios preliminares se inician en 1953 (según la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento), finalmente se le encarga en 1955 al arquitecto Julio César Volante quien ya había participado en los proyectos de los hoteles Cumanagoto (Cumaná) y Prado Río (Mérida), con la clara intención de que fuese inaugurado el 2 de diciembre de 1956. Sin embargo, no pudo abrir sus puertas como “hotel de turismo” de tres estrellas, debido a demoras en el equipamiento de la instalación, sino hasta el 12 de enero de 1957.

2. Vista de la fachada sur

Como en muchos otros de los casos de la red de la CONAHOTU, El Tamá se distingue por la generosidad de sus áreas de apoyo que lo convirtieron en el lugar de encuentro de la sociedad tachirense y de realización de eventos nacionales e internacionales. Su piscina, que terminó tomando dimensiones “olímpicas” por orden de Pérez Jiménez ante las “pequeñas” dimensiones de la del proyecto original, hace de su localización y del esparcimiento alrededor de ella su centro de atención.

Tiene El Tamá un área total de construcción de 12.012,74 m2 y está constituido por 129 habitaciones, de las cuales 112 son dobles y 16 suites (ubicadas en un cuerpo de 9 pisos) y una suite presidencial localizada en el pent-house (con la que se remata el décimo nivel). Cuenta, además, con locales comerciales, comedor, fuente de soda, tasca bar, sala de fiestas, cuatro salones de usos múltiples, cocina principal, salón de juego, talleres, depósito, lavandería y otros servicios que se suman a la mencionada piscina, la piscina para niños y las áreas de jardines. Posee un estacionamiento para 150 vehículos.

3. Planta tipo

La planta tipo de las habitaciones obedece al esquema de una sola crujía lo cual, gracias al clima fresco de montaña que se disfruta todo el año en el área y la ventilación cruzada lograda, no hizo necesario la instalación de un sistema de aire acondicionado. Todas las habitaciones aprovechan desde sus generosos balcones que ven al norte, unificados a nivel de fachada por la continuidad de sus antepechos lo que le da al volumen una marcada horizontalidad, la vista a la ciudad y a las áreas de recreación. La fachada correspondiente a los pasillos de acceso se resuelve a través de un juego muy bien logrado de planos rectangulares que contrastan por su dinamismo con la sobria y elegante fachada principal.

4. Izquierda: El hotel en plena construcción. Derecha: Acto de inauguración el 2 de diciembre de 1956

En el artículo dedicado al hotel El Tamá que aparece en la página de Facebook “Cien años de historia” (https://www.facebook.com/cienanos.dehistoria.75/posts/1789649031296478/), donde se puede seguir todo el proceso que llevó a la construcción de la edificación, se recoge lo siguiente: “Desde la década de los cincuenta se consideró la necesidad de dotar al Táchira de un confortable hotel comparado con los mejores de Caracas. Los notables para entonces eran el Royal, inaugurado en 1932 y el Bella Vista de 1943. Los comerciantes Rodolfo Isea Luzardo, Cayetano Grimaldos Ruiz y José Gabriel Benedetti, se reunieron en diciembre de 1950 ‘para formar una Junta Promotora del Hotel de Turistas de San Cristóbal’. Nada surgió de allí, pues no se contaba con el suficiente capital para realizar semejante pretensión. Una crónica de Vanguardia, reflejaba en enero de 1955 semejante falta, diciendo que ‘cuanto viajero llega por estos contornos se queda asombrado al no hallar un hotel de primera categoría en nuestra capital… debe ser un hotel tipo internacional, nada de ‘taguaras’ a la usanza antigua’, haciendo el llamado a los inversionistas privados que nada hicieron en ese sentido. Sólo el ministro de Fomento, Silvio Gutiérrez, se interesó en el proyecto asomando la participación del 50% de capital oficial, a la vez que reservó a la familia Georgi Cárdenas 40 mil metros cuadrados ‘en la parte alta, allá por Pirineos’, donde se iniciaba la Urbanización Los Pirineos S.A.”

5. El hotel y su entorno
6. Planos de ubicación

Así, El Tamá se terminó ubicando sobre la avenida España (hoy 19 de abril) de la mencionada urbanización ocupando aproximadamente el 30% de un lote prácticamente plano de 54.032 m2 con vista panorámica sobre la ciudad. Terminados de adquirir los terrenos en 1955 y entregado el proyecto, para dar inicio a su construcción se llevó a cabo un proceso de licitación. Los sobres entregados por los participantes se abrieron a finales de abril de 1956, resultando ganadora de dicho proceso, que concluyó el 29 de mayo, la empresa C. A. Constructora Esfega (de los ingenieros José Rafael Ferrero Tamayo, Edgar Asís Espejo y Pedro Emilio García), dándose de inmediato inicio a la obra, cuyo costo sería de 7 millones de bolívares los cuales ascenderían finalmente a Bs. 11.328.074,71 (según Memoria del Ministerio de Fomento) con la inclusión del equipamiento (muebles y accesorios). Debía ser entregada en seis meses o, en otras palabras, el 30 de noviembre. Los responsables de la empresa constructora declaran al diario Vanguardia a finales de mayo “que el movimiento de tierra será de unos veinticinco mil metros cúbicos y que ya la maquinaria entró en actividad”.

Para finales de julio se estaba construyendo el sexto piso del total de diez del cuerpo de habitaciones registrándose un avance “record” del 55%. Muy a tono con lo que fue la vorágine constructiva de la época y la presión por entregar a tiempo se señala que para ello se contaba con “250 hombres, que cumplen ejemplarmente sus tareas repartidos en tres turnos diarios, laborando 18 horas de las 24 del día.”

7. Izquierda: Vista de las áreas sociales del último piso. Derecha: Vista de la piscina desde el cuerpo de habitaciones

Una vez puesto en funcionamiento El Tamá cubrió todas las expectativas pasando a ser el más importante de toda la región, seguido del Aguas Calientes, también de la extinta CONAHOTU, ubicado en la población de Ureña. Su excelente localización y poderosa imagen moderna hicieron que se convirtiera en referencia para los habitantes de San Cristóbal, habiendo llegado a alcanzar la categoría de cuatro estrellas en 1974. El hotel pasó a manos de Corpoturismo a partir del año 1974 por traspaso de la Procuraduría General de la República y fue objeto de una remodelación integral en 1988. Tras el proceso de privatización emprendido por el Fondo de Inversiones de Venezuela en 1991 (quien reportaba para esa fecha el excelente estado de conservación del inmueble), en 1993 fue comprado por el Consorcio Integral Andino 92, C.A y funcionó con este consorcio hasta el año 2002. Entre 1992 y 2002, el hotel cae en una profunda crisis financiera debido a que se dejan de pagar los impuestos correspondientes, creando así una deuda de aproximadamente mil quinientos millones de bolívares de la época. A esto se le sumaría otra deuda de aproximadamente quinientos cincuenta millones de bolívares por motivos de liquidación de empleados en el año 2002, cuando decide cerrar y dejar de prestar sus servicios al publico. Desde ese momento hasta la fecha, el hotel El Tama pasó a una Depositaria Judicial hasta tanto la deuda fuera cancelada. Tras sucesivos intentos por rescatarlo y anuncios gubernamentales de que “volverá a brillar para seguir siendo el templete del turismo tachirense”, El Tamá sigue a la espera.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2, 3, 6 y 7. De Ascençao J.M. «Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958», Trabajo de Grado de la Maestría en Historia de la Arquitectura, FAU UCV, 2005

4. https://www.facebook.com/cienanos.dehistoria.75/posts/1789649031296478/

5. https://vymaps.com/VE/Hotel-El-Tama-110883/