Archivo de la categoría: La Red Hotelera Nacional

HOTELES NACIONALES

1. Izquierda: SS Columbus, buque insignia de Norddeutscher Lloyd NDL, desde la rada del puerto de La Guaira en 1930. Derecha: Turistas alemanes del SS Columbus desembarcando en el puerto de La Guaira, 1930

A modo de preámbulo (y II)

En nuestro Contacto FAC nº 146 (06-10-2019) habíamos dejado pendiente, como etapa previa a abordar los Hoteles Nacionales creados durante la dictadura gomecista, el terminar de cubrir el tema correspondiente a la relación entre el turismo y la empresa privada, atendiendo dos instalaciones que fueron diseñadas por importantes arquitectos para tal fin en la década de 1920 del siglo XX venezolano: los hoteles “Palace” proyectado por Alejandro Chataing, inaugurado en 1921, ubicado de Veroes a Ibarras, y “Majestic”, producto de la adaptación de dos edificios destinados a oficinas y comercio realizada por Manuel Mujica Millán cerca de 1927, abierto en 1930.

Sin embargo, siguiendo la pauta que nos establece el libro Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista de Ciro Caraballo Perichi (1993), no estaría de más precisar que, tanto para entender la relación entre turismo y empresa privada como para contextualizar la aparición de hoteles como el “Palace” o el “Majestic”, Venezuela entra al siglo XX con varias asignaturas pendientes que debía aprobar si quería incorporarse al boom de la industria turística que ya empezaba a beneficiar a diversos países de la región. La primera era asimilar justamente la existencia de un individuo que, personificado en el “viajero por placer”, se denominaba “turista”, vocablo que poco a poco se fue insertando en las promociones de hoteles locales que empezaban a aparecer en la prensa. Para ello colaboró de forma importante el hecho de que el venezolano empezase a personificar al mencionado individuo al tener la oportunidad de viajar y vivir en carne propia la forma como era tratado en el extranjero y el tipo de facilidades que empezaban a crearse para hacer más confortable cualquier traslado o estadía.

De tal manera, el comprender al turismo como una red que implicaba la existencia de toda una serie de componentes que permitirían más adelante hablar de una “industria”, donde su comercialización ocupaba un lugar prominente generó la necesidad de incorporar al país al mercado internacional, pese a que ofrecía notables dificultades. Para que Venezuela fuese incluida como destino en los circuitos turísticos, no bastaba poseer innegables ventajas comparativas y tangibles atractivos tales como sus bellezas naturales, su tradición histórica, su clima, su ubicación geográfica, una población hospitalaria, una importante red de carreteras desarrollada por el régimen gomecista para interconectar y controlar el país, un frente marítimo con puertos importantes que lo atienden y hasta un incipiente desarrollo del transporte aéreo. El promotor turístico nacional empezaba a tener claro que para desarrollar todo ello “…necesitamos, como punto previo, amoldarnos al turismo, esto es, crear oficinas de información que le suministren a los viajeros toda clase de informes, hoteles y casas de albergues en el interior del país, apropiados a los diversos gustos. Y luego que hayamos establecido y organizado todo esto, ocurriremos (sic) a la publicidad en revistas y periódicos de aquí y del extranjero”, tal y como señalaba en 1920 Avelino Fuentes  en un artículo titulado “Intereses Venezolanos. El Turismo” aparecido en El Nuevo Diario de Caracas, citado por Caraballo.

2. Avisos aparecidos en la prensa promocionando el turismo en la década de los años 1930

Por tanto, la promoción que del turismo poco a poco se fue desarrollando hizo de Venezuela un país “emisor y receptor”. Su incorporación a la red turística internacional inicialmente se logró a través de la vía marítima, beneficiada por el impacto que causó la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y posteriormente el crash de la bolsa de los Estados Unidos de 1929 en el viajero promedio norteamericano, nuestro principal mercado, quien por razones de inestabilidad política, de costos e incluso climáticas empezó a ver en el Caribe un destino posible.

El toque de buques de turismo en La Guaira de manos de importantes empresas navieras extranjeras, comercializado por nacionales, empezó a hacerse frecuente pese a la limitación del poco calado que el puerto ofrecía y los inconvenientes a ello asociados. Ciro Caraballo hace un interesante recuento de compañías, nombres de buques, paseos que se organizaban y agencias de turismo local que no transcribiremos e invitamos a recorrer en su libro. También señala las razones de “seguridad” por las que el régimen gomecista limitó el turismo fronterizo y da fundamental importancia a la creación en 1932 del “Club de Turismo Venezolano” (junto al eslogan “Conozca Venezuela primero”), para el desarrollo e incremento del desplazamiento por carretera, inicialmente copado por la alta burguesía caraqueña.

3. Gran Hotel Caracas. Vista exterior y anuncio de promoción (circa 1925).

Llegados al punto relacionado con la respuesta que da la hotelería para aprovechar la apertura que se venía dando, Caraballo detecta “una tímida renovación de la planta hotelera”, producto de la desconfianza que en el sector privado aún producía dicha actividad dado su limitado desarrollo. La industria petrolera, que definitivamente convirtió a los Estados Unidos en principal aliado comercial del país sustituyendo a los europeos con quienes se intercambiaban los productos de exportación tradicionales (café, cacao, balatá y plumas de garza), empezaba a demandar para sus empleados y hombres de negocios vinculados a ella y también para el visitante medio, la construcción de un importante hotel en Caracas, asunto que ya tenía tiempo en el tapete. “Desde la construcción en 1895, frente a la Plaza Bolívar, del ‘Gran Hotel Venezuela’ -luego denominado ‘Gran Hotel Klindt’- hasta 1912, no se había realizado ninguna nueva edificación hotelera en la Capital. La recepción de excursionistas de cruceros que tomaban su lunch en el comedor del céntrico Hotel Klindt hacía sentir la demanda por un local más confortable, destinado no ya a los comerciantes, sino a los turistas y veraneantes, preferiblemente situado en las afueras de la ciudad. Todas las iniciativas hoteleras eran vistas aún entonces como un negocio de familia, no sólo en lo que competía al servicio sino además en cuanto a la inversión, lo cual impedía en la práctica la concreción de empresas mercantiles de capital accionario orientadas a satisfacer la demanda”, nos apuntará Caraballo.

4. Proyecto del Hotel Paraíso, El Paraíso, Caracas. Alejandro Chataing, 1913

Dentro del pausado giro que se empieza a dar, buscando atender los requerimientos del nuevo usuario es que se inscribirá la iniciativa frustrada del empresario Heriberto A. De Lima por proyectar y construir en 1912 un gran hotel en El Paraíso que se le encargó al reputado arquitecto Alejandro Chataing.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, al incrementarse el flujo de comerciantes y visitantes, se agudizará de nuevo la carencia de una planta hotelera a la altura más allá del ya mencionado Hotel Klindt, el “Gran Hotel” fundado por el Sr. Juan Rodríguez Cordero en 1909 (refundado en 1921 como “Gran Hotel Caracas” luego de ser objeto de una profunda renovación), ubicado en la calle Comercio de Bolsa a Mercaderes, en el mismo inmueble que durante mucho tiempo ocupó la afamada posada “El León de Oro” y, después de 1918, el “Hotel Middleton” localizado de Veroes a Ibarras propiedad del norteamericano Harry W. Middleton dedicado a albergar huéspedes básicamente de esa nacionalidad. “Tan caótica era la situación de alojamiento en la capital, que se recomendaba a los extranjeros el uso de pensiones en vez de los alojamientos llamados ‘hoteles’, dado que en aquellas al menos el servicio de comida era satisfactorio, a tiempo que la atención era más personal”.

5. Hotel Palace. Vista exterior y anuncios publicitarios (circa 1923)

En este contexto debe enmarcarse la segunda ocasión en que Alejandro Chataing participa en el diseño de una instalación hotelera de nueva planta cuando el Dr. Adriano Riera le encarga el proyecto, en un terreno largo y estrecho entre medianeras, de Veroes a Ibarras, del que se conoció como “Hotel Palace”, primero de su tipo que lograba construirse.

Para el diseño del “Palace”, cuya simétrica fachada con tres ventanas a cada lado del acceso responde al lenguaje con que Chataing ya en otras ocasiones había ido manifestando su particular eclecticismo (“molduras, balaustres y cornisas prefabricadas, combinadas con ladrillo visto en los dinteles y el entablamento”), se debió recurrir a la incorporación de una serie de patios necesarios para lograr la adecuada iluminación y ventilación de ambientes y habitaciones. “El edificio culminaba en el fondo en terrazas descubiertas, donde se ubicaban mesas para atender a los huéspedes, mientras que un pequeño kiosko para música, especie de tempietto con cúpula, cerraba axialmente la composición”, nos dirá Caraballo. Su modesto tamaño (40 habitaciones, 23 con baño propio y 17 atendidas por 6 baños generales, además de espacios públicos destinados a salones y comedores, más la cocina y demás servicios), no llegó a cubrir aún las expectativas del hotel que Caracas estaba demandando, pese a convertirse en el más importante establecimiento de este tipo durante la década de 1920 en la ciudad en virtud de su organización como empresa comercial de capital mixto, su buena administración (que compartió de manera conjunta con el “Hotel Victoria” de Maracaibo), la variedad de programas que ofrecía y su correspondiente conversión en lugar de encuentro social, y el menú dirigido fundamentalmente a su casi exclusiva clientela norteamericana.

6. Diversas imágenes del hotel Majestic. Arriba izquierda: primera etapa (circa 1927). Arriba derecha: hotel con la ampliación diseñada por Manuel Mujica Millán (circa 1930). Centro izquierda: vista desde la esquina del Teatro Municipal. Centro derecha: dibujos de detalles del proyecto de Mujica Millán. Abajo izquierda: vista interior del Gran Salón. Abajo derecha: imagen del hotel demolido (circa 1949).

La década de 1930 vio como el “Palace” sería desbancado por el hoy ya mítico “Hotel Majestic”, resultado de la adaptación para ese uso de dos edificaciones recién construidas entre la calle Sur 4 y la plaza José Gregorio Monagas (en diagonal con el Teatro Municipal) para albergar oficinas y comercio. Esta operación permitiría detectar la presencia de un arriesgado empresario-constructor en la figura del Sr. Eloy María Pérez Alfonso y la primera oportunidad en que Manuel Mujica Millán interviene como arquitecto en nuestro país, contratado en Barcelona por Pérez, en principio, para la realización del proyecto de conversión una vez que arriba en octubre de 1927. Así, Mujica “prepararía detallados planos de las edificaciones complementarias, destinadas a nuevas habitaciones y espacios de servicios, ubicadas en el interior del lote, al igual que se ocuparía de unificar las fachadas de los dos edificios (…) un collage de difícil definición…”, que alcanzaría los cuatro pisos y contaría como elemento que reconoce la esquina del lote donde se encontraba con una torre “de fuerte sabor decimonónico” el cual, además de ser el principal ornamento del edificio, se constituyó en su símbolo. Mujica “también realizaría toda la arquitectura interior del hotel, dibujando bocetos, planos y detalles de las decoraciones de los salones”, otorgándole a cada uno una ambientación particular.

Del “Majestic” hay abundantes reseñas y comentarios, muchos de ellos asociados al rol que jugó como verdadero hotel de lujo en la Caracas de entonces, a su condición de ser el edificio privado de mayor altura de la ciudad, a la diversidad de figuras que en él se alojaron (desde Carlos Gardel al torero Manolete) y a las vicisitudes que rodearon la compra del terreno (de 473 m2, con 33,96 m de frente hacia la plaza Monagas y 13,93 m sobre la calle Sur 4), el primer destino de lo que en principio se había construido en el terreno de la esquina según proyecto del arquitecto catalán Marcelino Mari (la sede de la Lotería de Beneficencia Pública y el debate que en torno a ello dividió a la opinión pública), su adaptación y su posterior supervivencia hasta ser demolido a causa de la realización del ala sur del Centro Simón Bolívar, construido siguiendo las pautas del Plan Rotival.

La capacidad del “Majestic” (menos de 100 habitaciones muchas orientadas hacia patios interiores  y otras sin sala de baño integrada al dormitorio, que buscó incrementarse con la aparición parcial de un quinto piso que lució siempre como un añadido), quedaba aún corta para la capital de un país que ya había virado de su condición agrícola a la minera. Sin embargo su fama, glamour, exquisita decoración y lujoso mobiliario, llegaron a opacar las numerosas deficiencias funcionales de las que adolecía colocándolo como la instalación más importante realizada en el país durante los primeros 30 años del siglo XX. Su corta vida entre la apertura el 30 de diciembre de 1930, coincidiendo con la perspectiva de que la ciudad recibiría un crecido número de delegados y visitantes extranjeros, con motivo de la Conmemoración del Centenario de la muerte del Libertador, y su pesarosa demolición el 8 de marzo de 1949, dejaron en la historia de la ciudad y en la vida de sus ciudadanos una leyenda que aún perdura. Con la mención y recuerdo del “Majestic” finalizamos el repaso de la intervención privada en el incipiente desarrollo turístico venezolano a través de la hotelería a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, para dedicarnos a partir de una próxima entrega del aporte oficial en cuanto a instalaciones de ese tipo auspiciado por el régimen de Juan Vicente Gómez.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://twitter.com/GFdeVenezuela/status/1356732790860087297

2, 3, 4 y 5. Ciro Caraballo Perichi, Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993)

6. https://www.pinterest.com/pin/453667362459155395/, https://iamvenezuela.com/2019/05/manuel-mujica-millan-el-espanol-que-modernizo-la-arquitectura-en-venezuela/, https://www.elimpulso.com/2020/05/05/opinion-cronicario-aquiles-nazoa-fue-aprendiz-de-carpinteria-botones-y-telefonista-del-hotel-majestic-5may/, Ciro Caraballo Perichi, Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993) y Colección Crono Arquitectura Venezuela.

HOTELES NACIONALES

1. Velorio de Cruz de Mayo. Anton Göering. 1892

A modo de preámbulo

Tal y como apuntásemos en nuestro Contacto FAC nº 143 al reseñar el libro Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista de Ciro Caraballo Perichi (1993), la Red Hotelera Nacional conformada por las 12 instalaciones que llegó a promover y administrar la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) desde mediados de la década de los años 1950, de la que fuimos dando cuenta por etapas a través de este espacio, tuvo un antes, un durante y ha tenido un después.

Empeñados en seguirle la pista al tema, tanto desde el punto de vista histórico como tipológico, el conocer los albores del turismo en Venezuela y las características de un proceso lento, dificultoso y modesto que estuvo acompañado de una infraestructura improvisada y precaria, manejada fundamentalmente por privados, muy alejada de los estándares que ya desde el siglo XIX privaban en Europa y los Estados Unidos, quizás permita contextualizar la aparición de una primera política estadal que como bien señala Caraballo surge o más bien se consolida a partir de 1930 cuando “…el Gobierno organizó una red de hoteles nacionales, la cual estuvo estructurada por el Gran Hotel Termal de San Juan de los Morros, el Hotel Miramar en Macuto y el Hotel Jardín en Maracay, además de iniciarse la construcción del Hotel Rancho Grande”.

Pero para llegar aquí, a modo de preámbulo, no estaría de más repasar, como lo hace Caraballo, el camino transitado, de un lado, por la actividad turística hasta convertirse en “industria” o “fenómeno” y, del otro, por las instalaciones que poco a poco le fueron permitiendo asentarse y consolidarse bajo la sempiterna premisa de que nuestro país, aún siendo un destino apetecible por la variedad de ofertas que presenta y por su accesibilidad dada su ubicación geográfica, siempre ha estado a la zaga menospreciando el verdadero desarrollo que su potencial ofrece.

Sin embargo, salvando todas las distancias posibles, si bien existe un proceso que en general permite entender o explicar el camino andado conjuntamente por actividad e infraestructura a nivel internacional, podría decirse que ello igualmente aconteció a nivel nacional.

El seguirle los pasos a la senda que conduce “del albergue para viajeros al gran Hotel”, punto de partida escogido por Caraballo, fija la necesidad de reconocer el papel fundamental que ha tenido históricamente la movilidad de los seres humanos sea por el motivo que fuere. Y dentro de ello no es menos importante el ir destacando el comportamiento de los albergues o posadas que estratégicamente se ubicaban en las rutas, los lugares de entrada y salida, los centros urbanos o los lugares de peregrinación e interés diverso que se constituyeron en destinos. Es justamente el desarrollo de las comunicaciones terrestres y la aparición de medios de transporte cada vez más cómodos y sofisticados lo que permitirá pasar de un compartimiento dominado por la lentitud, predominante desde tiempos remotos, a la reducción de las distancias que a partir de la Revolución Industrial con la máquina de vapor y el ferrocarril como puntales impulsará, como bien señala Caraballo, una verdadera “revolución de la hotelería” urbana puesta al servicio de los viajeros, cuya diversificación y estratificación también empezó a acentuarse.

2. Vista de Valencia. Anton Göering. 1892
3. Izquierda: Estación La Guaira del Ferrocarril Caracas-La Guaira (circa 1883). Derecha: Ferrocarril Caracas-La Guaira pasando por el Viaducto de Paria (circa 1883)

Si bien las ciudades y el atractivo que generaban las convirtió en imán para la llegada de visitantes de todo tipo que buscaban conocer sus encantos, asistir a eventos o consolidar actividades de negocios, cuya imagen más ilustrativa es la aparición del gran hotel (en sus versiones de “lujo” más propias de Europa o más “democráticas” característicos del confort norteamericano), no es menos cierto que las actividades que ellas propiciaban estuvieron en una buena parte compartidas por otros temas como la terapéutica, el esparcimiento y la aventura que no remiten necesariamente a la condición urbana sino que apuntan a un paisaje más rural.  De allí la importancia que se puede encontrar en “el viaje de salud” como un primer detonante de desarrollo del turismo y las instalaciones que la debían servir, pasando a tomar el testigo posteriormente “el viaje de aventura” como gran motor del traslado de personas a lo largo de todo el mundo: balnearios a orillas del mar o de los ríos, zonas con exuberantes o exóticos atractivos naturales, clima agradable que pudiera acompañar la temporada más propicia e incorporación de los países periféricos a una actividad dominada desde un comienzo por Europa, fueron configurando un fenómeno que se encuentra con el siglo XX como su momento de despegue definitivo, convirtiéndose para muchos países, si no en su principal, en una importante fuente de divisas que era necesario preservar, mimar y explotar al máximo a través de un entramado que tuvo en el “paquete turístico” conformado por transporte y hotel (del cual Thomas Coock fue pionero) un punto de apoyo fundamental que incorporó al usuario como necesario protagonista.

Ante este apretado resumen que busca ilustrar cómo durante el siglo XIX en plena Revolución Industrial el turismo en sus múltiples variantes cobra forma poco a poco, la incorporación de Latinoamérica a los circuitos más importantes y dentro de ella Venezuela, puede ser revisada a modo de un espejo que ofrece una imagen algo distorsionada pero que busca replicar lo que sucedía en los centros hegemónicos.

4. Izquierda: Plan del Ferrocarril de La Guaira a Caracas, siglo XIX. Derecha: Los Baños de Macuto, Luciano Landaeta, 1877.

Es dentro de este complejo panorama que entremezcla el desarrollo de vías y medios de transporte con la capacidad cada vez mayor de generar confort al visitante a través de instalaciones bien dotadas, que Caraballo va introduciendo las pistas que permiten vislumbrar el lento progreso de nuestro turismo y la aparición de los primeros hoteles comerciales que, en plena etapa republicana, buscaban superar las posadas y los albergues familiares improvisados en viviendas, apuntando a asemejarse a lo que acontecía en los países que se tenían como referencia. El Macuto Guzmancista con su balneario, la predilección del Ilustre Americano por Antímano o la presencia de aguas termales en Carabobo o el Táchira, se sumarán a la relación comercio-hotelería caracterizada por la precariedad inicial, la limitada oferta, el monopolio de los extranjeros en el negocio, el peso de los puertos de entrada como primeros contactos con el país y el duro inconveniente en el que se convertía contar con un personal incompetente y poco formado para una actividad en la que el buen trato, la educación y el esmerado y atento servicio eran fundamentales, para entender la aparición de los primeros hoteles caraqueños o de provincia proyectados para tal fin.

De esta manera y de la mano de Caraballo nos topamos con que son las vecindades de la Plaza Bolívar caraqueña las que propiciarán el surgimiento de las primeras instalaciones hoteleras planteadas como tales a finales del siglo XIX, destacando “ ‘El León de Oro’ por su carácter pionero en la ciudad; el ‘Saint Amand’, de clara elegancia francesa; y el ‘Hotel Venezuela’, posteriormente llamado ‘Gran Hotel Klindt’, ejemplo de finales de siglo que fijaría las pautas del moderno servicio de hotelería en Caracas.”

5. Mapa hotelero del centro de la ciudad de Caracas representado sobre el Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas de 1889 de Vicente Mestre
6. Izquierda: Hotel «El León de Oro», Plaza de San Jacinto. Derecha: Gran Hotel Klindt, Esquina de La Torre.

El mapa hotelero de la capital de 1887 de León Van Praag, en el que se señalan 8 hoteles y 15 pensiones ubicadas en pleno centro de la ciudad, permite detectar hacia el oeste de la Plaza Bolívar el eje mercantil de la ciudad donde estaba ubicado en el nº 50 de la avenida Sur 4 “El León de Oro”, “decano de la hotelería caraqueña” propiedad de los hermanos José y Manuel Delfino desde poco después de 1830, que luego se mudaría en 1890 hacia los alrededores de la Plaza de San Jacinto ocupando una nueva construcción de cuatro plantas, siendo para entonces “el hotel más grande de la ciudad con 50 habitaciones, 22 de ellas con balcones a la calle, comedor para 100 personas y servicio de teléfono”.

Por su parte el hotel Saint Armand, abre sus puertas en 1855 ubicado sobre el Boulevard Este del Capitolio, “fundado por un ciudadano francés recién llegado a la capital” siendo hasta finales del siglo XIX “el alojamiento más elegante de Caracas” y el primero que abrió (en 1880) una “sucursal” en la avenida Sur 4 nº 26 y lanzó una campaña permanente de promoción en los diarios manifestando sus ventajas competitivas todas ellas ligadas a su “chic europeo”, confort de sus instalaciones y buena comida.

Para finalizar esta primera etapa de un preámbulo que, repasando las primeras iniciativas privadas, nos permitirá llegar a la red de hoteles nacionales gomecista, cabría destacar la inauguración y puesta en funcionamiento en 1895 del “Hotel Venezuela”, promovido por el Sr. Pedro Salas, ubicado en la esquina La Torre en diagonal con la Catedral de Caracas, dando su frente de 48 metros hacia la Plaza Bolívar, el cual, diseñado para albergar hasta 100 habitaciones de diferentes características distribuidas en tres pisos, cambiaría de manos tres años después al ser adquirido por Luis Ravasso quien a comienzos del siglo XX lo arrienda al “ilustre hotelero Pedro Klindt, quien le cambiaría el nombre por el de ‘Gran Hotel Klindt’, con el que se conocería por casi dos décadas.” Estas primeras muestras de instalaciones destinadas específicamente al uso hotelero no ofrecen la oportunidad de conocer tras ellas (si los hubo) los arquitectos que las pudieron haber concebido. Ello ocurrirá por primera vez cuando se inaugure en 1921 el “Hotel Palace”, ubicado de Veroes a Ibarras diseñado y construido por Alejandro Chataing, pero tanto a él como al recordado “Hotel Majestic”, producto de la adaptación de dos edificios destinados a oficinas y comercio realizada por Manuel Mujica Millán en 1930, podrían servirnos para redactar otra nota complementaria más adelante.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Atlas de Tradiciones de Venezuela. Fundación Bigott, 1998

2. https://0212sketches.blogspot.com/2019/12/dibujo-urbano-en-venezuela-ii-viajeros.html

3. http://www.tramz.com/ve/lc/lcs.html

4. https://guiaccs.com/zona-10/

5. Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista, Ciro Caraballo Perichi, 1993

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Anuncio publicitario de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo C.A. (CONAHOTU), creada durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, promocionando las 12 instalaciones que conformaban la Red Hotelera Nacional distribuidas a todo lo largo y ancho del país. Circa 1955.

Hotel Humboldt (y III)

Como ya anunciáramos en nuestra entrega nº 130 del 16-06-2019, con la aproximación al hotel Humboldt en tres tiempos, hemos querido cerrar la elaboración de un total de 17 notas que han buscado constituirse en un repaso de lo que fue una importante y trascendental saga dentro de la historia de la arquitectura nacional, tanto por la calidad de lo realizado como por su constitución en escenario para permitir leer de qué manera se manejaron a través de la temática hotelera asuntos muy vinculados a la representatividad y el carácter nacional, enmarcados dentro de la relación entre tradición y modernidad.
Tal y como apunta Juan Manuel de Ascencao en “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958″ (trabajo de grado con el que obtuvo el título de Magíster Scientiarum en Historia de la Arquitectura el año 2005), quizás valga la pena recordar que, en rigor, “La Red Hotelera Nacional estará conformada por un conjunto de edificaciones: las estatales heredadas del período de Juan Vicente Gómez, denominadas como ‘Hoteles Nacionales’; las financiadas a través de participaciones accionarias por el Ministerio de Fomento y las realizadas directamente por la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) a mediados de la década de 1950, conjuntamente con las provenientes de las numerosas compañías hoteleras en ‘dificultades’, las cuales serán adjudicadas en función de su importancia, de inversión y ubicación a la cadena estatal”.

De esta manera, cabe aclarar que desde aquí nos hemos dedicado fundamentalmente (salvo una nota preparada en su momento para el hotel Miramar en Macuto, otra para el Tamanaco en Caracas y una tercera para el Cumboto en Puerto Cabello), a describir, comentar y analizar las doce instalaciones con las que la CONAHOTU comenzó a operar en 1955 de las cuales, según se desprende de la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento de 1956, tres ya se encontraban inauguradas (los hoteles Trujillo, Bella Vista y Miranda) y otra prácticamente terminada pero no registrada (el Aguas Calientes), correspondiéndole participar directamente desde la escogencia de los terrenos, asignación y revisión de los proyectos y fiscalización de las obras en las restantes 8, divididas a su vez en dos etapas integradas por los hoteles Maracay, Llano Alto, Prado Río y El Tamá y posteriormente por el Humboldt, Guaicamacuto, Cumanagoto y Moruco.

Hecha la acotación, que por un lado nos abre la oportunidad de dedicarnos más adelante a algunos de los “Hoteles Nacionales” u otros pertenecientes a la “red” cuya participación tuvo carácter mixto (por los cuales la Corporación también tuvo que responder en mayor o menor grado), esta tercera y última entrega dedicada al hotel Humboldt nos facilitará la tarea de cerrar un periplo que, habiendo arrancado con su concepción y realización, nos permitió pasar por sus “infortunios existenciales” para llegar hoy a repasar aunque sea someramente su indudable “fortuna crítica”.

2. Aviso publicitario anunciando la próxima apertura del hotel Humboldt en marzo de 1957.
3. Portada de la revista Integral 10-11. 1958

Así, consolidado como icono de la ciudad e incorporado a la identidad caraqueña, a pesar de sus crónicas dificultades para operar regularmente, el Humboldt, desde que aparece publicado como proyecto por primera vez en la revista Integral nº 10-11 (1958), atrapó la atención de todos los interesados en conocer la lógica que condujo a su implantación, su racional manera de concebirse, su impecable proceso constructivo y sus indudables cualidades arquitectónicas, de forma tal que para cuando más tarde empiezan a darse ocasiones en las que la obra de Tomás Sanabria pasa a ser objeto de aproximaciones críticas, ya este edificio, pese a ser una obra temprana, marca un lugar determinante, lo que añade consideraciones referidas al talento que afloraba su entonces joven arquitecto y los orígenes de su formación.

4. Carátulas de los catálogos de dos de las exposiciones montadas por la Galería de Arte Nacional vinculadas a la figura de Tomás José Sanabria. Izquierda: “Los signos habitables. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea” (1984-85). Derecha: “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (1995)

A la espera aún de la aparición dentro de la Colección Sanabria, que construye con encomiable empeño su hija Loly, de la clasificación y catalogación de 115 publicaciones de libros y revistas que presentan entrevistas, eventos participativos o proyectos de la vida profesional del arquitecto desde 1952 hasta 2015, que a su vez permitirán una revisión más exhaustiva, nos adelantaríamos a señalar, dentro de una posible cronología orientada a recoger la manera como el Humboldt es visto tanto como pieza única como dentro de la trayectoria y pensamiento de Sanabria, la muestra “Los signos habitables. Tendencias de la Arquitectura Venezolana Contemporánea” (1984-85), realizada en la Galería de Arte Nacional (GAN), como la primera vez donde se contextualizan ambos hechos. El que haya sido en fechas tan lejanas a la construcción del hotel que se dé esta circunstancia tiene que ver, sin duda, con el desarrollo a partir de los años 80 y muy particularmente de los 90 de un verdadero interés por documentar y exponer los valores fundamentales de nuestros más relevantes arquitectos pertenecientes a una generación posterior a la de Carlos Raúl Villanueva, de entre los cuales Sanabria ocupa un lugar prominente, William Niño Araque su divulgador más importante y el Humboldt la más clara manifestación de lo insuficientes que son los efectos de la naturaleza, la técnica y la sociedad, para determinar o explicar la obra arquitectónica si no entran en juego otras variables que pueden llevarla a ser considerada una obra de arte que trasciende el uso, la construcción o la adecuación al clima.

Diez años más tarde, con motivo del montaje también en la GAN y bajo el liderazgo de Niño Araque (acompañado de Mónica Silva, Carmen Araujo y Gipsy Venegas en la curaduría) de la muestra antológica “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (septiembre-noviembre 1995), se develará en toda su amplitud esa relación entre “romanticismo y funcionalidad” que el hotel Humboldt pone en evidencia a los ojos del crítico. Basado en un artículo previo publicado en El Nacional (09-01-1995) titulado “Con cierta ligereza (A propósito del Humboldt y de Marianella)”, luego de haber dedicado buena parte del año 1994 a la revisión de los escrupulosamente ordenados y bien conservados archivos de Sanabria, Niño Araque aboga por la restauración del hotel, y en el catálogo de la exposición repetirá: “En esta empresa, Sanabria supo aprovechar instintivamente las nuevas posibilidades técnicas de la época, en una suerte de visión poética del mundo que le permitió adelantarse a sus coetáneos. (…) A la distancia del tiempo, desde la óptica de la grandeza de su concepción como obra epistemológica, trágica y heroica a la vez, el Hotel Humboldt puede considerarse como una de las obras maestras del siglo XX en Venezuela. En esta arquitectura se expresa la crónica contada de un modo ecléctico y un compromiso con la naturaleza. Su significado puede interpretarse como un dato iconográfico de la ciudad de Caracas, una declaración crítica y caribeña de la modernidad”.

5. Tres artículos aparecidos en la El Nacional en 1995 dedicados a comentar la obra de Tomás José Sanabria y en particular el hotel Humboldt.

Luego de que Niño Araque agotara prácticamente los calificativos posibles donde no dejan de aparecer los de “empresa heroica”, “faro de luz” o “lucernario urbano”, la mencionada exposición también detonó una serie de textos que darían cuenta de otras tantas miradas y preocupaciones con respecto al edificio y arquitecto que tanto nos han ocupado. De tal manera, Federico Vegas en “La Geografía de Sanabria” (El Nacional, 30-10-95) recogerá la importancia que para el proyectista tuvo esa combinación entre arquitecto y piloto que personificaba y su influencia a la hora de observar la ciudad y prefigurar soluciones urbanas, amén de la perspectiva que dicha condición le abriera para visualizar y revisitar su tan amado hotel. Bajo la sombra de una frase por él atesorada dicha por su padre (el arquitecto Martín Vegas Pacheco) “Caracas es una ciudad atacada por sus habitantes y defendida por su topografía”, Vegas, precisará: “He aquí las características del buen piloto y del buen arquitecto: Debe ser clarividente e inconsolable, lúcido y a la vez expuesto a la inconsciencia de la fe. Capaz de reflexiones apasionadas, capaz de mantener estos goces desmesurados en el alma, capaz de enfrentar el drama de la omnipresencia del lugar, el continuo resplandor de lo evidente”, todo ello en clara referencia a Sanabria.

6. Artículo «La corona de la ciudad» de María Fernanda Jaua aparecido en el nº 128 de Arquitectura HOY el sábado 21 de octubre de 1995, en momentos en que se encontraba abierta la exposición “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” (septiembre-noviembre 1995)

También, en las fechas en que se encontraba montada la exposición, María Fernanda Jaua publica en Arquitectura HOY “La corona de la ciudad”, texto escrito dos años antes y que se ofrece como respuesta a la pregunta formulada por los editores del semanario: Tomando en cuenta la trayectoria e importancia de la obra de Sanabria ¿qué representa ésta para usted hoy?.

En el escrito, Jaua se enfoca fundamentalmente en la condición icónica del hotel aproximándose gracias al apoyo de autores como Joseph Addison, Burke o Kant a la noción “longiniana” de lo sublime, como fuente de emociones que no serían puramente estéticas sino más bien vinculadas a los sentidos. Se intentaba así darle peso a la idea “revolucionaria” de que “la belleza no estaba en lo tangible sino en lo que se percibía subjetivamente”, temas que fueron ampliamente trabajados por los artistas y arquitectos románticos: los unos pintando “las pasiones y las emociones que les inspiraba la naturaleza” y los otros imaginando “los edificios como los protagonistas de esa naturaleza, las formas puras creadas por el hombre contrastando con la exuberancia y la arbitrariedad de lo natural”, privilegiando (siguiendo a Addison) “la vista hacia la obra y no desde ella”. Herederos de Ledoux, Schinkel o Leo von Klenze, Bruno Taut, Mies van der Rohe o Le Cobusier no hacen otra cosa, al proponer obras como “La corona de la ciudad”, la casa Farnsworth o la Villa Saboya, que subrayar la preeminencia del objeto sobre el lugar, tradición que refleja con toda claridad el hotel Humboldt queriéndonos decir Jaua que Sanabria está muy lejos de ser considerado “un arquitecto interesado, sobre todo, en la eficiencia”.

Si a Federico Vegas, tal y como manifestaba en su artículo, no le hacen gracia los aviones a Hannia Gómez no le atrae para nada el tener que llegar al Humboldt en teleférico sensación entre incómoda y fascinante que describe con lujo de detalles en “Donde las águilas se atreven” (El Nacional, 13-11-95). Buscando maneras que permitan encauzar la recuperación del edificio tratando de explotar su condición de “monumento escénico”, ya duramente golpeado para la época, Gómez exclamará en tono tremendista y claramente premonitorio que nos retrotrae a su congelada situación actual que sigue topándose con dificultades para ponerlo a funcionar: “No discutíamos, pues, sobre los problemas complicadísimos de su restauración, ni de ‘la condición efímera de la materialidad de la obra moderna’ (…) ¡Discutíamos cómo hacer que venga el Aga Khan con la CIGA y haga las inspecciones de esta torre de marfil! ¡Cómo retar a Trump para que saque las cuentas de este resort aparentemente inalcanzable para el bolsillo! ¡Cómo lograr que apuesten a reponerla tan lujuriosamente afocante como fue imaginada y concebida!.”

7. Carátula del libro Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila de Joaquín Marta Sosa, Gregory Vertullo y Federico Prieto (2014)

Para finalizar, no se puede dejar pasar por debajo de la mesa la publicación que apareció paralelamente al último gran esfuerzo de restauración (2012-2018) que se le ha realizado al edificio y el aporte que ofrece para redondear una visión que, trastocada en mito, ha prevalecido en el tiempo. Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila de Joaquín Marta Sosa, Gregory Vertullo y Federico Prieto (Fundavag, 2014), ofrece según la completa reseña que realiza Juan José Pérez Rancel para entrerayas, la oportunidad de encontrarnos con tres visiones muy diferentes del objeto al que se dirige el texto. Por un lado valora su carácter documental lleno de material recopilado y puesto en escena por quien ideó el proyecto editorial, Federico Prieto; en segundo lugar el aporte más descriptivo y “técnico” pero no menos riguroso cargado de imágenes, láminas, fotografías , bocetos y planos que ofrece Gregory Vertullo (con el apoyo del archivo de la Colección Sanabria), a quien correspondió llevar a cabo la más reciente restauración del hotel; y por último el valor poético y “real-maraviloso” del texto preparado por Joaquín Marta Sosa titulado “EL TOTEM DE LA MONTAÑA (Mitos y Leyendas en el Humboldt… con algunas verdades)”, cargado de un “insaciable afán de conjurar símiles y metáforas” en el que Marta Sosa “juega con los documentos, con las entrevistas, con los testimonios y las crónicas, con los mitos y leyendas de los protagonistas que hicieron y vieron hacer el teleférico y el Hotel, cuyo nombre no termina de saberse por qué fue endilgado a aquel tótem”.

Según palabras del propio Pérez Rancel, la aparición del hotel “en la vida física y espiritual de Caracas, es narrada con este libro absolutamente transgenérico: ensayo, crónica, cuento, leyenda, ficción, prosa poética, crítica arquitectónica, historia arquitectónica y urbana, memoria descriptiva, documentación gráfica, fotográfica y cinematográfica, guión de cine, entrevista, testimonio, son algunos de los géneros amalgamados en este exhaustivo volumen, a fin de cuentas un gran poema multimedia. Tenía que ser así un libro que abarca holísticamente las múltiples visiones y disciplinas interconectadas e involucradas en aquella magia hecha realidad pues en El Ávila, la ingeniería se volvió expresión arquitectónica, como testimonia aquí el ingeniero Urreiztieta y el entorno natural se fundió con la arquitectura y el paisajismo artificial, como decidieron Sanabria, Larrazábal y Burle-Marx; el paisaje irrumpió en la arquitectura y ella en él y la ingeniería se volvió espectáculo en medio de riscos, vertientes, cultivos y aldeas. El libro y los dos DVD que lo acompañan, recogen tanta abundancia creativa”. El valor que Pérez Rancel le otorga a Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila como fuente de múltiples lecturas, dada la imagen “poliédrica” que ofrece asociada al “carácter holístico, multidisciplinar, integrador, transgenérico y polisémico” permite contar, tras casi 20 años de haberse abierto la exposición monográfica sobre Sanabria en la GAN, con un documento absolutamente complementario al catálogo entonces realizado y a las repercusiones que tuvo en la prensa, para darnos cuenta de la magnitud de la obra, su trascendencia y el valor que como pieza inigualable posee, conservada gracias a un halo de protección que ha hecho ver periódicamente que vale la pena hacerlo dada su relevancia.

ACA

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Vista exterior del hotel restaurado

Hotel Humboldt (II)

Una vez alcanzada la proeza de ser terminada su construcción en tan sólo 199 días, inaugurado el 29 de noviembre de 1956 y puesto en funcionamiento en enero de 1957, el hotel Humboldt operó tan sólo un año de manos de la dictadura que lo asumió como uno de sus grandes logros y como demostración de que no había impedimentos para alcanzar metas que, sin importar lo que las detonara (un capricho, una intuición), dieran cuenta de la magnitud del poder que las motorizaba y del empecinamiento por darles vida. Como tantas obras de importancia construidas en aquel período, el Humboldt le quedó como herencia incómoda a una democracia cuya dirigencia se debatía entre rechazarlo o tratar de borrarlo de la memoria colectiva pero se topaba con la enorme dificultad de que era admirado por todo el que lo visitaba y divisado a distancia por una ciudad que lo asumía como faro luminoso que remataba su montaña más importante y cierre de una empresa heroica para quienes tuvieron el privilegio de enfrentarla desde el diseño y la construcción.

Sin embargo, aquel portento del ingenio, de la tenacidad y de la capacidad de poner en marcha una compleja ejecución, tropezó muy pronto con problemas ya previstos por quien lo concibió, asociados a la importancia de contemplar una fuente de ingresos adicional a la simple operación como hotel de turismo, que garantizara su mantenimiento y viabilidad en el tiempo: los costos asociados a su difícil accesibilidad y a los efectos que causaba el agresivo entorno geográfico así lo presagiaban desde un principio. A su condición de lugar de disfrute y solaz esparcimiento para la colectividad caraqueña, así como de singular atractivo turístico, el Humboldt se enfrentó desde un principio al hecho irrefutable de que se trataba de una instalación costosa que para poder sobrevivir debía redireccionarse hacia un público muy distinto y con un poder adquisitivo muy diferente del que recorría sus alrededores o se admiraba al visitarlo los fines de semana.

La siguiente nota aparecida en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento de abril de 1960 habla por sí sola acerca del inicio de los infortunios que desde muy temprano empezó a padecer: “El Hotel Humboldt había sido cerrado en abril de 1959, por las reparaciones efectuadas en el teleférico Maripérez-Ávila. Durante su primera etapa de funcionamiento, produjo pérdidas netas por Bs. 2.928.152,44. (…) Terminadas las reparaciones del teleférico, el hotel fue reabierto al público, por decisión del Ejecutivo Nacional, el 12 de diciembre de 1959. Desde su reapertura hasta el 31 de agosto del presente año, las pérdidas netas llegaron a Bs. 878.337,16 y la tendencia es de aumentar el nivel de ocupación. (…) Se han realizado importantes cursos organizados por la Universidad Central de Venezuela y se han celebrado también numerosas conferencias y convenciones económicas, profesionales y culturales”.

La frase “es más económico cerrado que operativo” atribuida a Rómulo Betancourt, primer presidente de la era democrática, resume la creciente falta de interés gubernamental por mantener activa la instalación, lo cual, sumado a la asincronía entre su funcionamiento y el del teleférico del cual siempre ha dependido, han permitido constatar que, tras más de seis décadas transcurridas desde su apertura sólo se computen cuatro años funcionando como hotel y no más de nueve de servicio continuo, reapareciendo periódicamente, en medio de los intentos infructuosos de reabrirlo, propuestas de incorporar el casino que Sanabria había ideado originalmente como garante de su sostenimiento.

Así, sin lograrse resolver los problemas de fondo que lo aquejaban, el hotel pasó en los 60′ de estar en manos de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU), a la cadena Sheraton a modo de tabla de salvación. Sobre este episodio el historiador Juan Carlos Díaz Lorenzo en su blog Venezuela en la Memoria, relata cómo de escenario de famosas fiestas y eventos sociales propios de su etapa inicial, en la medida en que se empezaron a agravar los problemas económicos, de operatividad y mantenimiento, la gestión del Humboldt “fue encomendada a la cadena norteamericana Sheraton, que también se ocupaba del hotel de Macuto. El apoyo logístico se convirtió en un problema, pues todos los suministros había que subirlos en el teleférico, lo que elevaba los costes y tampoco disponía de actividades recreativas”. Para ilustrar la dramática situación, refiere Díaz Lorenzo cómo un atractivo paquete “de cuatro noches en la costa y tres noches en la montaña tampoco dio resultado, limitado a 18 habitaciones disponibles de las 70 existentes debido a fallos y averías. De las áreas públicas solo funcionaba la discoteca, de modo que así como la instalación del litoral alcanzó un sonado éxito y reputación, la del Ávila se tornó en fracaso, lo que provocó su cierre en 1969, resentido parcialmente en su estructura, además, por los efectos del terremoto que asoló a Caracas el 29 de julio de 1967”.

De lo que hemos podido leer en el portal del Institutional Assets and Monuments of Venezuela (IAM Venezuela), que a su vez cita a Díaz Lorenzo, encontramos que posteriormente, en 1974, se pretendió reconvertir al Humboldt “en escuela hotelera y utilizarlo para la celebración de congresos y convenciones. Un año después se reabrió como sede de entrenamiento del Convenio Unión Internacional de Organismos Oficiales de Turismo (UIOT), actualmente Organización Mundial de Turismo (OMT), y la Corporación de Turismo de Venezuela (CORPOTURISMO), que dieron origen al Instituto de Capacitación Turística (INCATUR), mediante convenio firmado el 11 de septiembre de 1976. Para colmo de males, un accidente en agosto de 1977 en el teleférico -debido, posiblemente, a falta de mantenimiento- complicó todavía más su posible recuperación y desde mediados de 1979 quedó sumido en el abandono. (…) ‘Transcurrieron varios años y a mediados de la década de los ochenta, en tiempos del gobierno del presidente Jaime Lusinchi, se procedió a la rehabilitación de una parte del hotel Humboldt y el sistema del teleférico en el tramo de la estación de Maripérez, siendo reinaugurado el 6 de febrero de 1986. El diseño original de las áreas sociales del complejo hotelero fue alterado y posteriormente sería utilizado como escuela de turismo. El proyecto no tuvo éxito. De nuevo llegó el cierre de las instalaciones, lo cual, ante la falta de mantenimiento y la acción de la meteorología de la zona, provocó su deterioro’. (…) … tras el abandono del hotel las transformaciones que desdibujaban el diseño original continuaron, como las que se sumaron bajo la administración del Consorcio Inversora Turística de Caracas, ITC. A esta firma el Fondo de Inversiones de Venezuela y Corpoturismo le había otorgado una concesión de 30 años a partir de 1998 para que administrara el teleférico, el Parque Ávila Mágica y el Hotel Humboldt. Así como para que hiciera mejoras y ampliara el viejo proyecto del paso al litoral.

Después de 9 años, en agosto de 2007, el Estado venezolano le revoca la concesión a la aludida firma alegando ‘incumplimiento del contrato’, que incluyó la afectación de la condición original del hotel, contraviniendo las disposiciones del Instituto del Patrimonio Cultural, IPC, ente rector del ámbito patrimonial del país”.

2. Detalle interior
3. Arriba: dos vistas de las áreas sociales. Izquierda abajo: la piscina temperada. Derecha abajo: Espacio que comunica el lobby del hotel con una de las entradas, la torre de habitaciones y el comedor

Transcurridos 5 años, en mayo de 2012, el Estado emprendió el “Proyecto de Intervención Restaurativa del Conjunto Arquitectónico y Paisajístico Warairarepano” cuya coordinación, con la venia del IPC, por tener el inmueble una declaratoria de bien de interés cultural, se encargó al arquitecto Gregory Vertullo y que en su primera etapa consistió en el rescate del hotel y su adecuación a los altos estándares actuales. Vertullo ya había conocido a Tomás Sanabria quien lo asesoró justamente el año 2012 en la elaboración de su Trabajo de Grado de Maestría en Conservación y Restauración de Monumentos de la UCV, que buscaba involucrar al poblado de Galipán en el desarrollo del Teleférico Caracas –como se conoció en sus inicios– y del Conjunto Humboldt.

Vertullo, quien junto a Loly, la hija de Sanabria se convierte en garante de un legado que el autor del edificio nunca abandonó, asume para la restauración del hotel una actitud cuidadosa y respetuosa que buscó en todo momento devolverlo en la medida de lo posible a su condición original, luego de detectar que las intervenciones perpetradas por la empresa que obtuvo la última concesión habían afectado aproximadamente el 60 % de la instalación, “sobre todo en las áreas sociales que representan los lugares con mayor importancia en cuanto a espacio y estética del conjunto en total”.

Tras un impecable trabajo, Loly Sanabria ha alabado el esmero de Vertullo en reparar los daños estructurales y restablecer el fausto del diseño original luego que décadas de negligencia y saqueo despojaron al edificio de su vajilla, mobiliario, lámparas y recubrimientos los cuales Vertullo ha tenido que (y podido) reconstruir a partir del archivo de la Colección Sanabria y, subsecuentemente, rastrearlos, comisionarlos, y, en algunos casos, importarlos.

4. Vista interior
5. Izquierda: vista exterior. Derecha: área de descanso
6. Áreas sociales

Como producto de este modélico trabajo de recuperación, inaugurado el 4 de mayo de 2018, han quedado numerosos registros fotográficos plasmados a través de diferentes portales digitales. También destaca de manera especial el libro (que viene acompañado de una película documental en DVD y programa multimedia en CD-ROM) Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila (Joaquín Marta Sosa, Gregory Vertullo y Federico Prieto, 2014), el cual permite repasar toda la historia atesorada detrás de este mítico edificio desde su gestación a su casi milagrosa recuperación, para la que en 2017 ya se habían invertido más de 30.000 millones de bolívares con la aspiración de alcanzar así la mayor calificación posible, calculándose que podría costar pasar una noche en él no menos de 1000 dólares. Transcurrido un año de su reinauguración el destino del Humboldt sigue siendo incierto quedando aún pendiente el rescate integral de las áreas exteriores con base en el proyecto original de Burle Marx y la accesibilidad directa desde la estación del teleférico al hotel, requisito necesario para los potenciales usuarios de una instalación de esa categoría. Cabe destacar, como parte de la incertidumbre señalada, que al día siguiente de su reapertura, el 5 de mayo de 2018, el teleférico sufrió desperfectos dejando al hotel incomunicado con la capital.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 2 y 3 arriba. https://traficovisual.com/2018/04/23/la-restauracion-del-hotel-humboldt-y-la-revelacion-de-un-enigma/

3 abajo. https://iamvenezuela.com/2018/02/el-hotel-humboldt-la-joya-que-corona-el-avila/

4, 5 y 6. https://www.arquitecturapanamericana.com/restauracion-y-rehabilitacion-integral-del-hotel-humboldt/

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Vista del hotel Humboldt desde la estación de llegada del teleférico (postal de finales de los años 1950)

Hotel Humboldt (I)

Sin lugar a dudas, el hotel Humboldt es el buque insignia, la joya de la corona o, en todo caso, la más emblemática de las edificaciones que forman parte de la red hotelera que la CONAHUTU (Corporación Nacional de Hoteles y Turismo, adscrita al Ministerio de Fomento) construyó y administró a partir de 1955. Con el Humboldt hemos querido cerrar nuestro recorrido por esa importante cadena de instalaciones que dejaron huella en la impronta arquitectónica del país, tanto por la calidad de los resultados como por la posibilidad de entenderla como oportunidad de mostrar un claro acercamiento a las condiciones de tiempo y lugar en las que se gestaron, desarrollaron y levantaron.

Para empezar, podemos dividir nuestra aproximación a este edificio en dos momentos: aquel que repasa las razones que lo originaron y el contexto que lo circundaba, selección del arquitecto, ideación, proyecto, desarrollo, construcción y puesta en funcionamiento; y otro que daría cuenta del desempeño a través del tiempo de la obra, las diversas lecturas que ha suscitado desde su inauguración hasta nuestros días, su conservación y sucesivas intervenciones y, fundamentalmente, su vigencia y significado dentro de la cronología de la arquitectura venezolana, a sabiendas que se trató de un trabajo polémico, sujeto a la contaminación de aspectos ideológico-políticos, pero enfrentado con el más absoluto profesionalismo, siguiéndose la máxima que tanto repetía Villanueva de que “los gobiernos pasan pero las obras quedan”.

Tal y como hemos ido destacando cada vez que nos hemos aproximado a alguna de sus manifestaciones, el observar el desarrollo del Plan Hotelero Nacional ofrece la ocasión de apreciar el estado de la arquitectura venezolana del momento en toda su amplitud, es decir, permite palpar la totalidad de los visos que ofrece su variada identidad. De aquí que las fuentes a ser interpretadas por los proyectistas encargados de materializarlo no provengan sólo de lo tradicional o lo popular sino también directamente de las corrientes dominantes en el ámbito internacional, produciéndose casi siempre una traducción más que un simple traslado de códigos, donde la oportunidad ofrecida por la temática, en lo que de recreo y ocio contiene, hace que la mitigación funcionalista de las condiciones de cada lugar se convierta en excusa para caracterizar la respectiva experiencia. Es por ello que el Humboldt, de entre aquellos hoteles que se nutren con mayor claridad de lo que se está haciendo más allá de las fronteras nacionales, se erige en caso paradigmático.

2. Izquierda: trayecto del teleférico entre Maripérez (Caracas) y El Cojo (Macuto, Litoral Central). Derecha: vista aérea del lugar escogido para implantar el hotel

También lo es por su características excepcionales: en primer lugar por el emplazamiento escogido (la cima del cerro El Avila -2.140 metros sobre el nivel del mar- uno de los puntos más altos de la Cordillera de la Costa a lo largo del Valle de Caracas); en segundo lugar por las implicaciones constructivas que ello conllevaba ya que se trataba de la primera incursión humana de magnitud en una zona de difícil acceso y poca superficie; y, en tercer lugar, por el compromiso político, social y estratégico asociado a su diseño, ya que se convertiría en el bastión del desarrollo de una serie de puntos de servicio turístico en el Parque Nacional El Ávila destinados a incrementar la actividad recreacional de la capital de la República. Es, pues, el proyecto para el hotel Humboldt un caso que viene de antemano cargado de toda una serie de implicaciones que no tuvieron que soportar en tal grado otros desarrollos hoteleros.

De esta forma, teniendo como precedente “la visionaria ocurrencia que un Ingeniero francés, el Conde Vladimir de Bertren, con experiencia en teleféricos en Suiza, presentó en 1954 al Ministro de Obras Públicas Julio Bacalao Lara”, apuntado por Juan José Pérez Rancel en la “Reseña” escrita en abril de 2015 para el portal entrerayas del libro Hotel Humboldt. Un milagro en el Ávila (Joaquín Marta Sosa, Gregory Vertullo y Federico Prieto, 2014), se toma la decisión entre política y caprichosa de emprender la obra sobre El Ávila sin tener los estudios que respaldaran su viabilidad económica ni su inserción dentro de un plan más global. Por tanto, se acomete empíricamente la empresa bajo el supuesto de que ella motorizará y determinará el resto de las intervenciones que un futuro plan establezca, y como demostración extrema del alcance de los planteamientos del Nuevo Ideal Nacional con relación a la «transformación racional del medio físico», que en este caso viene a ser sinónimo a dominio de la naturaleza e imposición de una señal que a la vez sirva de control visual sobre la geografía. La gran suerte ha sido el haber contado con los profesionales capaces de dar una respuesta si bien polémica desde un cierto punto de vista, absolutamente racional, seria y coherente desde otro.

Mientras a un grupo de expertos alemanes de la firma Ernst Heckel, se les encarga el estudio para el trazado y funcionamiento del Teleférico (que garantizaría en primer lugar la realización de las obras en la cima y posteriormente brindaría la posibilidad de comunicar la ciudad con el Litoral Central), a Alejandro Pietri se le asignan los proyectos de la estación terminal de Maripérez (en Caracas) y la de transbordo de El Cojo (en el Litoral) con toda una serie de servicios adicionales que significaban el preámbulo de un itinerario visto como opción clara para el esparcimiento de una masa importante de la población. «El Teleférico con un recorrido de 3.400 metros, salva un desnivel de 1.100 metros en un tiempo de 12 minutos ofreciendo a los viajeros hermosas vistas de la ciudad desde diferentes alturas», se señalará en la Memoria Descriptiva que junto a los planos del proyecto aparecen por vez primera desplegados en la revista Integral, nº 10-11, Caracas, abril 1958, bajo el título «Parque Nacional del Ávila. Estación de llegada y Hotel Humboldt, en la Cima del Ávila».

3. Croquis esquemático de Tomás J. Sanabria indicandola implantación del hotel y su contacto con el teleférico
4. Izquierda arriba: boceto de la estación de llega del teleférico. Derecha arriba: croquis de la primera proposición presentada por Tomás J. Sanabria. Izquierda centro: bocetos conceptuales y explicativos de la propuesta definitiva para el hotel. Derecha centro: foto de la maqueta del proyecto del hotel. Abajo: corte esquemático explicativo del programa.

Es a Tomás José Sanabria (1922-2008), graduado de arquitecto en la Universidad de Harvard (1947), a quien con sólo 32 años corresponderá la responsabilidad de planificar y diseñar toda la intervención en el tope del cerro. Para ello se asumió desde un principio la división del proyecto en dos zonas claramente diferenciadas e incluso separadas mediante un atractivo tratamiento paisajístico a cargo de Roberto Burle Marx. Estas dos zonas serían: el Área Pública (ubicada al oeste, contenida dentro de un volumen compacto, cubierto por un sistema de bóvedas y resuelta bajo el criterio de un espacio flexible que se adapta mediante terrazas a la topografía), donde además de la llegada del Teleférico se previó el funcionamiento para un máximo de 800 personas de los servicios de bar, restaurant, terrazas de estar con amplias vistas y el atractivo especial de una pista de patinaje sobre hielo, y el Hotel de Turismo Humboldt (ubicado al extremo este como remate de todo el trayecto), el cual se conectaría con el Área Pública únicamente a través de un pequeño teleférico de 600 metros de recorrido (cuya pequeña estación conforma otro volumen de similares características al de la Áreas Públicas), sistema que garantizaría el control del acceso al hotel además de proporcionar al turista otra interesante perspectiva. Aquí cabe destacar que lamentablemente el proyecto original de Burle Marx se vio severamente afectado al tomarse la decisión de conectar con una calzada permanente de forma directa el Área Pública con el Hotel.

Con todos los argumentos técnicos y funcionales a su favor Sanabria llega a la conclusión de hacer del hotel un conjunto que debería permitir aprovechar las excelentes visuales en 360º, adaptándose lo mejor posible a la topografía. La pequeña meseta con que se contaba y el incremento sustancial del programa, el cual en un principio se pensó modestamente para contar con un rango de 13 a 20 habitaciones, pasándose luego a 100 (siguiendo instrucciones directas del propio Pérez Jiménez, quien a su vez vetó la propuesta de Sanabria de considerar la incorporación de un casino como fuente segura de financiamiento para su mantenimiento), y quedando definitivamente en 70, no daba cabida a soluciones extendidas o en todo caso mimetizadas al paisaje como originalmente se pensó. Así, para Sanabria fue de trascendental importancia el giro que tomó el incremento del programa para jugar con la escala y así lograr con un edificio de medianas proporciones la sensación a la distancia de que se trataba de uno mayor basado en acrecentar la verticalidad. Para ello la elección del punto preciso de su localización, muy próximo a un precipicio de cerca de 500 metros de profundidad, es la clave utilizada para sumarle la máxima esbeltez en virtud de que la forma más común de apreciarlo es mirándolo desde abajo y desde lejos.

5. Vista del conjunto de la estación y el hotel en plena construcción
6. Arriba: fotos del hotel en plena construcción. Izquierda abajo: el hotel prácticamente concluido. Derecha abajo: perspectiva del proyecto del hotel
7. Izquierda arriba: vista del hotel desde la llegada desde el teleférico. Derecha arriba: vista de la piscina temperada. Izquierda abajo: planta fiestas y planta pent house. Derecha abajo: vista interna de las áreas sociales

La opción definitiva de hacer del edificio un faro iluminado de noche y brillante de día gracias su aluminizada coraza se resuelve ubicando las 70 habitaciones-suites (5 por nivel) en una torre de planta circular, de 14 pisos y 60 metros de altura en la que la circulación ocupa la menor superficie posible para no entorpecer el aprovechamiento de las vistas. Las áreas sociales sí se solucionarían explotando el terreno al máximo mediante la creación de terrazas, cubiertas por un interesante juego de bóvedas parabólicas intersectadas, cerradas mediante grandes ventanales, con las que se ha logrado crear la suficiente intimidad sin perder la oportunidad de disfrutar del majestuoso paisaje circundante, producir una gran riqueza espacial, dar la escala justa en la medida que el visitante se aproxima al edificio y ofrecer una visual agradable a los techos vistos desde la torre. La piscina climatizada, el sauna y el gimnasio, techados por un bóveda independiente, también gozan del mismo privilegio espacial que el resto de las áreas con orientación en este caso hacia el norte, hacia el mar.

El sistema estructural adoptado para la torre (columnas perimetrales amarradas a una pantalla cilíndrica central de gran resistencia al sismo), difiere evidentemente al adoptado para las áreas sociales (a base a costillas parabólicas de gran envergadura que soportan las cubiertas abovedadas), aunque en ambos se utilizó el concreto armado como material fundamental. El cálculo, a cargo del ingeniero Oscar Urreiztieta, acompaña con total precisión la preocupación de Sanabria por este importante tema que colabora decididamente en la caracterización de una obra que logra culminarse en 199 días de la mano de la compañía venezolana ENECA y el aporte del ingeniero Gustavo Larrazábal. A esta apreciación se sumarán otros aspectos que ligan el edificio al espíritu de la arquitectura internacional del momento: el criterio de composición básica (torre y cuerpo bajo) y la solución espacial que se decide adoptar para las zonas comunes, cuyas formas curvas remiten a la experiencia brasileña.

8. Vista del hotel desde el camino que conduce a Galipán

Sin embargo, es la voluntad que ha manifestado la arquitectura a lo largo de toda la historia de trascender a través de objetos vistos como monumentos, lo que creemos pesó mucho a la hora tomar la decisión definitiva. Sanabria, dotado de una gran capacidad profesional y una incuestionable sensibilidad, logra resolver magistralmente el problema que tenía entre manos usando los elementos que desde siempre han acompañado a la arquitectura (forma, escala, espacio y orden) y los recursos que la más moderna tecnología le podía aportar. De esta manera arquitecto y régimen demostraron en este caso estar en plena sintonía con el afán de crear un símbolo que representase la voluntad y posibilidad de una sociedad para alcanzar las metas que se propone por sobre cualquier dificultad. Con el Humboldt, obelisco impregnado de contemporaneidad, inaugurado el 29 de noviembre de 1956, se transformó de manera importante la silueta del cerro que siempre ha acompañado a la ciudad, por lo que se puede decir que a partir de entonces Caracas sí comenzó a ser otra y que este icono querámoslo o no ya forma parte de su más profunda identidad.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.puentedemando.com/hotel-humboldt-icono-de-venezuela/

2. Izquierda: Revista Integral, nº 10-11, abril 1958. Derecha: Colección Tomás José Sanabria. Fundación Privada de Compromiso Urbano, Fundación Alberto Vollmer.

3. Colección Tomás José Sanabria. Fundación Privada de Compromiso Urbano, Fundación Alberto Vollmer.

4. Izquierda y abajo: Revista Integral, nº 10-11, abril 1958. Derecha: Colección Tomás José Sanabria. Fundación Privada de Compromiso Urbano, Fundación Alberto Vollmer.

5, 6 y 7. Colección Tomás José Sanabria. Fundación Privada de Compromiso Urbano, Fundación Alberto Vollmer.

8. https://conocedores.com/reinaugura-el-hotel-humboldt-con-la-mejor-vista-de-caracas-14906

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Vista general de las instalaciones del hotel Guaicamacuto, Litoral Central

Hotel Guaicamacuto

El Guaicamacuto se distingue entre las instalaciones hoteleras impulsadas por la CONAHOTU, por ser el hotel de mayor capacidad encargado por la Corporación de entre todos los ejecutados, por constituirse en un giro dentro de la producción arquitectónica de su proyectista, Luis Malaussena (1900-1963) y por haber sido el único que no fue inaugurado a tiempo a pesar de haber sido anunciada su terminación para 1957, cosa muy extraña dentro de las obras programadas por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Ubicado en un enclave de excepcional condición paisajística y ambiental, una pequeña península frente al mar Caribe en el sector de Caraballeda, Litoral Central, actual estado Vargas (anteriormente Departamento Vargas del Distrito Federal), su gestación y primeros estudios, según consta en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento (MF) del año 1953, comienzan a raíz de la inauguración aquel año de la Autopista Caracas-La Guaira, buscándose con urgencia “la construcción de un nuevo hotel que sustituya las funciones que hasta el presente cumplía el ‘Hotel Miramar’, de Macuto, hoy insuficiente, debido al incremento de la población flotante que se desborda hacia el litoral”.

Para 1954, como reza en la correspondiente Memoria y Cuenta del MF, se concluye el anteproyecto de parte del arquitecto Luis Malaussena y “se iniciaron conversaciones con la Oficina Técnica Bernardo Nouel, para el estudio y proyecto de una dársena para embarcaciones deportivas”. También se estima su próxima construcción en la «Urbanización Caribe», y se precisa que “constará, según lo hasta ahora proyectado, de ciento cuarenta (140) habitaciones, previéndose una ampliación de ochenta (80) más; una suite especial, diez (10) apartamientos residenciales; hall de recepción, salas de espera y de estar; locales para agencias de viaje, tiendas, librería, barbería y salón de belleza; bar, fuente de soda, salones especiales, salón de juegos, terrazas cubiertas, piscina y bar anexo y vestuarios; dormitorios para la servidumbre de huéspedes y demás dependencias indispensables a los servicios del hotel, como recepción, gerencia, contabilidad y salones y dormitorios de empleados”. Ese mismo año, destinados para el entonces denominado “Hotel Naiguatá”, se le contratan definitivamente a la Oficina Técnica Bernardo Nouel Ingenieros C.A. “el estudio y proyecto de  las obras de acondicionamiento de una dársena que sirva de abrigo  a embarcaciones deportivas y acondicionamiento de la playa  frente a los terrenos del establecimiento, a un costo de Bs. 73.560,00; se firmaron los contratos de proyecto y supervisión del referido hotel con el doctor Luis Malaussena y la firma ‘Simca’  respectivamente, y la construcción, de las fundaciones del edificio principal y sus anexos lo realiza la Empresa Venezolana de Ingenieros y Construcción S. A. a un costo de Bs. 3.351.050,00”.

2.Versión el plano de conjunto del hotel Guaicamacuto
3. Versión de la planta principal del hotel Guaicamacuto, tomada de los planos originales del proyecto
4. Dibujo isométrico del hotel Guaicamacuto, tomado de los planos originales del proyecto y de fotografías de la obra
5. Versión de la fachada sur-oeste del hotel Guaicamacuto, tomada de los planos originales

El proyecto que adelanta Malaussena permite detectar, sumado al del hotel Maracay y al del Círculo de las Fuerzas Armadas, según resalta Silvia Hernández de Lasala en Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela moderna (1990), “la actitud más alejada de la arquitectura académica de toda su obra, y su lenguaje está más bien ligado a lo que se conoce como estilo internacional”. Dicha actitud, que pudiera asociarse a la ya manifiesta voluntad de asumir el estilo más adecuado al uso de la edificación que se enfrenta, sus características funcionales o los rasgos propios del contexto en que se ubica, debe atribuirse finalmente a “la presencia en el equipo de Luis Malaussena de los tres jóvenes arquitectos alemanes contratados por él para la época en que fueron desarrollados esos proyectos”. Se trata de: Federico Beckoff, Klaus Heufer y Karl Peter Jebens de los cuales los dos primeros posteriormente desarrollarán en Venezuela una prolífica obra.

Otro punto a considerar dentro del carácter y desarrollo final del proyecto del hotel, adelantado dentro de la oficina de Malaussena entre 1953 y 1955, es “la espectacular expansión desarrollada en la época por las grandes cadenas hoteleras internacionales … particularmente… la Hilton, cuyo hotel en Estambul, proyectado por Skidmore, Owings & Merril y Sedad H. Elden, muestra un asombroso parecido en su aspecto al hotel Guaicamacuto”, siendo sus fechas de construcción casi simultáneas.

De lo que se recoge en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas, 2015), “el edificio de siete pisos (…) es resultado de la articulación de tres categorías de volúmenes. La primera, un paralelepípedo rectangular destinado a apartamentos y habitaciones con dos núcleos de circulación ubicados al sur, el cual parece flotar sobre el terreno; la segunda, volúmenes de menor tamaño y altura destinados a servicios, usos sociales o recreacionales, con formas singulares que les otorgan un carácter propio; y la tercera, los corredores cubiertos con losas de concreto y columnas metálicas, que conectan elementos del conjunto y enmarcan visuales del paisaje tropical y del paisajismo interior. Las fachadas, concebidas como una retícula, permiten balcones profundos, protegen la fachada y proporcionan la imagen de un hotel de playa…”

6. Diversas vistas del hotel Macuto Sheraton (antes Guaicamacuto)

Como ya dijésemos, aunque la obra ofrece ser entregada de acuerdo a la Memoria y Cuenta del MF de 1956 “para la próxima etapa”, por problemas surgidos durante el año 1957 que derivaron en la caída de la dictadura en 1958, el hotel todavía en 1960, aunque “sus construcciones e instalaciones principales se encuentran prácticamente terminadas” tiene pendiente la conclusión de sus obras finales las cuales están a cargo del Ministerio de Obras Públicas. Su programa inicial ha sido significativamente incrementado. De la Memoria y Cuenta de 1960 rescatamos que finalmente se construyó sobre un terreno de 85.000 metros cuadrados y cuenta con un área de construcción de 40.000 metros cuadrados siendo considerado como “uno de los más lujosos de la cuenca del Caribe. Sus instalaciones son de primera clase. Tiene 279 habitaciones y 79 apartamientos, una playa artificial de 60.000 metros cuadrados y un puerto propio para ya­tes de gran calado, con capacidad para 50 embarcaciones”. Oficialmente, al ser abierto, la instalación registra un total de 306 habitaciones.

En vista de la cuantiosa inversión que el hotel ya había demandado y tras la búsqueda de su puesta en funcionamiento lo antes posible, en 1960 el Ejecutivo Nacional autorizó a la CONAHOTU “para negociar, con diversas empresas especializadas en hotelería de turismo internacionales, la celebración de un contrato para la administración y operación de dicho establecimiento.  Esta Corporación consideró las proposiciones de 17 firmas internacionales”. Tras el nombramiento de una Comisión evaluadora “integrada por representantes de los Ministerios de Fomento, Hacienda y Obras Públicas y de la Oficina de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República, para que, conjuntamente con el Presidente de la CONAHOTU, estudiara las proposiciones recibidas, a fin de recomendar la firma a la cual habría de adjudicarse el contrato de administración… (se) recomendó celebrar el contrato, para la operación del Hotel Guaicamacuto, con la Sheraton Corporation of America”, quedando establecido entre sus cláusulas que “el hotel tendrá el rango ‘De Luxe’ y la Sheraton deberá mantenerlo y operarlo en ese nivel” y, además, que “con el fin de obtener una mayor eficiencia publicitaria en el exterior, se ha considerado conveniente cambiar el nombre del hotel por uno que tenga más expresión como incentivo turístico en el ambiente internacional. El nuevo nombre incluirá el de la empresa operadora”.

El Guaicamacuto es inaugurado en 1963 y fue conocido entre esa fecha y finales de 1999 (cuando el estado Vargas sufre una inmensa catástrofe natural) como hotel «Macuto Sheraton», viviendo desde su apertura hasta finales de los años 80 su período de mayor esplendor, convirtiéndose en referencia internacional y lugar de disfrute de la ciudadanía, a la que se le permitía el acceso de sus generosas áreas públicas.

7. The Harman Group. Proyecto de rehabilitación, renovación y ampliación del hotel. 2015

Sumido desde 1999, junto al hotel Meliá Caribe (ubicado en el mismo sector), en el más absoluto abandono, empieza a ser objeto de atención por parte del gobierno en 2015, momento en que se le ofrece la oportunidad a The Harman Group (consorcio norteamericano con sede en Filadelfia y Nueva York dedicado a la ingeniería estructural y la planificación de estacionamientos) de realizar un proyecto que contemple la rehabilitación, renovación y ampliación de ambos hoteles. Dicho proyecto propone la incorporación de un centro de convenciones  a tres niveles (que incluye un salón de baile de 1300 m2, un salón de baile junior de 750 m2, cocinas y escaleras), un gran lobby cúbico de vidrio (3800 m2) y una nueva estructura para un estacionamiento. Así, ambas instalaciones sumarían una oferta de 400 habitaciones y recuperarían de nuevo el importante rol que jugaban como promotores de un turismo de alto nivel.

8. Estado de avance de las obras de rehabilitación, renovación y ampliación del hotel a cargo de ABU Project, SL. 2016

Las obras, cuya gerencia de construcción se contrata a la empresa ABU Project, SL (radicada en Palma de Mayorca, España), se inician en noviembre de 2015 y ofrecen un importante empuje hasta diciembre de 2016, cuando, por razones ligadas a falta de continuidad en los pagos y oscuridad en el manejo de los recursos asignados (registradas con lujo de detalles por la prensa local), se paralizan los trabajos ofrecidos a ser terminados para el presente año de 2019 cosa que no ocurrirá. La comunidad de Vargas que tiene cifradas esperanzas en que se reactiven las obras y se genere un importante número de empleos como apoyo al sector turismo, sigue a la espera a que este importante hotel, sembrado en la memoria colectiva sea definitivamente recuperado como símbolo y referencia de la arquitectura del litoral caraqueño.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2, 3, 4 y 5. Silvia Hernánez de Lasala, MALAUSSENA. Arquitectura académica en la Venezuela moderna, 1990

6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

7. https://harmangroup.com/projects/hotel-guaicamacuto/

8. https://talcualdigital.com/hoteles-en-el-olvido-dos-decadas-de-promesas-y-dineros-perdidos/ y https://www.eluniversal.com/caracas/20315/para-el-2020-prometen-culminar-restauracion-de-los-hoteles-melia-y-sheraton