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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 228

Por mucho tiempo relegada a un segundo plano de entre las casas emblemáticas dentro de la década de los años 50 y milagrosamente preservada en virtud de la zona donde se ubica, la Casa Borges emerge como expresión de un momento en que Venezuela gozaba de una bonanza que hoy añoramos y del afán de desmesura de su propietario, el ingeniero René Borges Villegas, diputado al meramente decorativo Congreso de la República que aún se mantenía durante los años de gobierno militar.

Según se recoge entre las diferentes y muy variadas crónicas que dan cuenta de ella, el diseño de la casa (denominada a veces como quinta, otras como mansión y las más como villa o palacio), ubicada en la entrada a Filas de Mariches, sector La Florencia de Petare Norte, Municipio Sucre, fue encargada por Borges Villegas, al arquitecto italiano Athos Albertoni quien contó con la colaboración de Guido Guazzo (1930-2016), joven que había fijado su residencia en el país después de haber egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Florencia, institución de la que Albertoni fue decano y ciudad donde desarrollaba su actividad docente y profesional.

Según testimonio recogido el 22 de mayo 2011 en el blog Caracas en retrospectiva a cargo de María F. Sigillo procedente de una entrevista concedida por Guazzo a Gil Montaño, aparecida en el diario El Universal el 15 de febrero de 2009, la participación de quien luego revalidara su título en la FAU UCV en 1959 y fuese durante años profesor del área de tecnología de esa institución, se hace relevante gracias la elaboración de una maqueta que hiciera del proyecto de Albertoni, la cual entusiasmó finalmente a Borges Villegas a construir la casa en 1956 para ser terminada en 1958. Guazzo incorpora en esa entrevista como datos de interés: “Llegué al país en 1956 y conocí a la esposa e hijos de Athos Albertoni. Él me invitó al terreno y allí me presentó a René Borges Villegas, una persona genial, que supo comprar un espacio con vista extraordinaria y le encomendó a Albertoni la construcción de un gran reino residencial. Desde allí se visualizaban las montañas verdes de una ciudad con pocos edificios y ranchos. Se domina completamente el Valle de Caracas. (…) Es un sitio muy estratégico” que Borges Villegas, quien también era piloto, había avistado en un vuelo que hiciera en helicóptero en busca del lugar donde ubicar su residencia.

Guazzo, quien considera a Borges Villegas un filósofo y le atribuye la concepción de la urbanización El Marqués, también le otorga un crucial papel en la ideación de la que sería su casa: “Cuando lo conocí me di cuenta de que tenía una cultura universal impresionante, que la obtuvo de sus viajes a Europa. En esa época él era diputado del Congreso de Marcos Pérez Jiménez, y en el fondo lo que más vale es quién concibió las ideas y ordenó plasmarlas en un diseño hecho por arquitectos”. Y añade: “Era un hombre de buena posición social … y ganó mucho dinero”. Se encontraba casado con Nelly Zingg Aranguren dama proveniente de una familia de la alta sociedad caraqueña a quien se dice dedicó la villa como prueba de amor.

1. Dos encuadres que muestran las vistas que se disfrutan desde el interior de la Casa Borges
2. La casa vista desde el jardín

La casa de tres plantas, cuenta con tres habitaciones principales (con terrazas, salas de baño con acabados de lujo y extensos vestiers), cuatro habitaciones familiares y once para el servicio con pequeños sanitarios incluidos. De acuerdo a lo que aporta el artículo “Villa Los Borges: La Arquitectura en todo su esplendor” aparecido en el portal Hábitatplus (http://www.habitatplus.com.ve/venezuela/villa-los-borges-la-arquitectura-en-todo-su-esplendor/), también en ella destacan otros lujos “como ascensores para los inquilinos y visitantes, otro para la comida, cocinas y hornos que funcionaban con electricidad, gas y leña, ductos para la ropa sucia, un incinerador propio y una central telefónica. (…) La villa también posee un gran comedor, una biblioteca, una barbería, gimnasio y sauna; una fuente, espejo de agua, estacionamiento para unos 20 vehículos, un bar y una piscina de planta ameboidal, revestida en mosaicos vitrificados tipo veneciano, entre otras comodidades. (…) Peculiar singularidad es el sistema de seguridad de la villa… dotada también de una planta eléctrica capaz de abastecerse de luz y un tanque de agua que reposa en sus sótanos…”. La participación de Borges Villegas en el diseño de los grandes espacios, salas, balcones, closets, cocina y hasta el helipuerto con el que la vivienda cuenta fue intensa: “Siempre supo -apunta Guazzo- que cada una de las 17 habitaciones se construirían para que entrara el sol de la mañana y luz natural en la tarde. Hice una maqueta y se encantó cuando la vio, la ajustó y después se construyó un hogar con área musical que tenía un piano y un tocadiscos.”. Como elemento adicional, a escondidas de los arquitectos, el propietario incorporó “un búnker de seguridad … un pasaje secreto con baño, cuarto, cocina y salida oculta al exterior”.  En cuanto a la escogencia de los materiales y acabados de lujo (como mármol, madera, bronce y cerámicas), incorporación de una piscina, un observatorio astronómico y fuentes de agua en los cuales el propietario también jugó un papel determinante, Guazzo aporta lo siguiente: “Borges me dijo que en vez de gastar plata en el extranjero quería dejar un monumento en Venezuela para que sus ciudadanos conocieran una construcción de un hombre renacentista, con ideas de artistas como Miguel Ángel y Leonardo da Vinci.”

3. Dos fotos que dan cuenta de la maestría en el manejo del espacio exterior e interior de la casa Borges.
4. Izquierda: Vista del comedor. Derecha: Vitral con el escudo familiar de la casa Borges
5. «…generosos voladizos que denotan la presencia de marquesinas, techos y terrazas.»

El potente diseño arquitectónico, que definitivamente si corresponde a los profesionales contratados, ofrece claras influencias de la obra de Frank Lloyd Wright reflejadas en el predominio de la horizontalidad del volumen reforzada a través de la utilización de generosos voladizos que denotan la presencia de marquesinas, techos y terrazas. La fluidez espacial entre el interior y el exterior que se abre hacia la impresionante vista de Caracas y la monumentalidad en el manejo de ciertos espacios pasan a ser momentos en los que amplios ventanales, generosas escaleras y dobles alturas hacen acto de presencia.

Pensada y realizada como un palacio, sin escatimar esfuerzos, las cifras que arrojan las dimensiones que la acompañan hablan por sí solas: 6.137 m2 de construcción en más de 2 hectáreas de terreno (21.231 m2 para ser más exactos) de las cuales 1 y media están destinadas a áreas verdes.

Como también aporta Hannia Gómez en Las Italias de Caracas (2012), “uno de los valores extraordinarios de esta villa legendaria, es el conjunto de obras de arte integradas a la arquitectura. El gran salón a doble altura está flanqueado al este por una colección de apliques en vidrio de Murano, tipo ‘scavo’, del gran artista italiano de la Casa Cenedese Vetri, Napoleone Martinuzzi; el baño principal cuenta con dos hermosos plafones de vidrio atribuidos a la casa Verrieres Artistiques Barovier & Toso … y dos apliques murales tipo acuario de otro maestro de Cenedese Vetri, Alfredo Barbini. Finalmente, sobre los muros de la gran escalera, de la chimenea y del pabellón de la piscina se encuentran colocadas una serie de diecisiete extraordinarias esculturas cerámicas atribuidas al maestro argentino-italiano Lucio Fontana. Igualmente atribuido a Fontana es el rótulo ‘Casa Los Borges’ ”.

Prácticamente desconocida, oculta e inaccesible, invisible pese a su tamaño dentro del macizo formado por el crecimiento desenfrenado de la vivienda informal que ha cubierto los cerros de Petare, la casa se mantuvo como hogar de la familia Borges Villegas entre 1958 y 2006, habiendo sido declarada Bien de Interés Cultural, según la Resolución N° 003-5, de fecha 20 de febrero de 2005.
En 2006 la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Caracas compró la edificación, pero no se concretó ningún proyecto para ella por lo que fue presa de un incremento en su nivel de deterioro debido al abandono y la falta de mantenimiento.

Finalmente “en 2009, la Alcaldía Metropolitana de Caracas consiguió recuperarla no sólo con la finalidad de preservar su belleza y arquitectura, sino también para convertirla en un centro comunitario que vinculara el entorno urbano, las universidades, las industrias y los vecinos de Petare”, señala el artículo de Hábitatplus.

Convertida en el Centro Simón Díaz (CSD), proyecto orientado a la integración socio-cultural de las comunidades de escasos recursos a programas de capacitación, formación y recreación dirigidos a los habitantes de Petare, la Casa Borges en sus amplios espacios prestó una vez remodelada los siguientes servicios: Biblioteca Pública Popular Miguel Otero Silva, Centro de Aprendizaje de Tecnología de la Información y Comunicación y Proyecto Red-Com, Núcleo de Orquestas Julián Blanco, Charlas de Prevención (embarazo, violencia, drogas, salud bucal, fortalecimiento en valores), Escuela de Artes y Oficios, Taller de Autoconstrucción, Club de Abuelos, Escuela de Cocina, de Horticultura y Planes Vacacionales. Además, sus instalaciones han funcionado como Galería, Sala de Exposiciones y de Usos Múltiples, Centro Comunal y Casa del Voluntariado, y sus áreas verdes como parque y anfiteatro.

6. Parte de las imágenes que acompañaron la entrega de la propuesta ganadora del Concurso de Anteproyectos “Una Idea, Un Espacio, Una Luz” dirigido a la adecuación y restauración de la sede del Centro Simón Díaz (CSD), Alcaldía Metropolitana. AREPA Arquitectura, Ecología y Paisaje, C.A., coordinada por el arquitecto Ignacio Cardona

En 2010 la Alcaldía Metropolitana como parte del proceso de adecuación y restauración de la sede del Centro Simón Díaz (CSD) y de su necesaria integración urbana convocó el Concurso de Anteproyectos “Una Idea, Un Espacio, Una Luz”. El primer lugar fue otorgado a la propuesta presentada por AREPA Arquitectura, Ecología y Paisaje, C.A., coordinada por el arquitecto Ignacio Cardona, por considerar, de acuerdo a las palabras del jurado, que  “garantiza adecuadamente la conectividad y accesibilidad entre el Centro Simón Díaz (CSD) y su entorno urbano, al tiempo que genera una rica secuencia de espacios públicos para la ciudad, dotados de actividad, acompañados de una concepción arquitectónica de calidad. A ello se suma el adecuado manejo de las escalas que implica el proyecto, es decir, la urbana, la local y la particular, relacionada con las conexiones entre el CSD y los barrios circundantes”.

Planteada para ser desarrollada en 5 etapas, la propuesta de AREPA, se encuentra recogida ampliamente en https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-89329/primer-lugar-de-concurso-para-la-integracion-urbana-del-centro-simon-diaz-arepa-arquitectura y en https://www.arepa.info/proyectos/concurso-para-la-integracion-urbana-del-centro-simon-diaz-csd/, páginas que recomendamos consultar. Desde que en diciembre de 2017 fuese eliminada arbitrariamente la Alcaldía Metropolitana de Caracas no se conoce el estado en que puede encontrarse en Centro Simón Díaz y, en consecuencia, la edificación que lo alberga. Ojalá que los malos pensamientos que surgen del destino que ha tenido el país, su infraestructura y sus servicios en manos de quienes gobiernan desde hace 21 años, no nos haga lamentar dentro de poco que ello también haya ocurrido con una de las cinco más representativas casas construidas en los años cincuenta sobre las colinas de Caracas.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1-5. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

6. https://www.arepa.info/proyectos/concurso-para-la-integracion-urbana-del-centro-simon-diaz-csd/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 220

Toparse de nuevo ante el compromiso de elaborar una nota sobre una edificación que ha sido objeto de todos los elogios posibles y que, además, siendo quizás la más internacional de las casas realizadas en nuestro país, es reconocida por su propio autor como una de sus dos mejores piezas (junto a la Torre Pirelli -1958-), no deja de entrañar una enorme dificultad si lo que se busca es ofrecer una mirada que aporte interés, información y capacidad interpretativa. Por fortuna, la Villa Planchart o Quinta “El Cerrito” (1957) ubicada en la Calle La Colina, Colinas de San Román, Caracas, obra de Giovanni (Gio) Ponti (1891-1979), arquitecto, diseñador industrial, pintor, poeta, editor, profesor universitario y publicista milanés, se trata de una obra ampliamente documentada, profusamente analizada y muy bien fotografiada por lo que el lector puede, si el texto no le convence, deleitarse con las reproducciones que aquí se muestran yendo a las fuentes de donde proceden que no son otras que la extensa bibliografía existente sobre su autor.

1. Diversas vistas interiores de Villa Planchart o El Cerrito

Comencemos por acotar que cuando Ponti es contactado en 1953 por Ana Luisa –Anala– Braun de Planchart y Armando Planchart Franklin por vía epistolar y posterior visita a Milán, ya el importante creador italiano contaba con 62 años y una sólida trayectoria que podría haberle permitido rechazar el encargo: sólo la insistencia en reunirse, la fe en que era el arquitecto adecuado y la convicción en que se lograría un gran resultado, mostradas por quienes seguramente fueron los mejores clientes con que se haya topado jamás, permitieron que ello ocurriera. Tal fue la sinergia alcanzada, que tanto el proyecto como la construcción de la casa permitieron a Ponti exhibir todo el espectro de áreas en las cuales como diseñador ya había actuado con gran solvencia, interviniendo con absoluta libertad no sólo en las totalidad de los revestimientos, acabados y detalles arquitectónicos (pisos, techos, puertas, ventanas, picaportes), sino también en la decoración y selección del equipamiento que la conformaba, donde incorporó diseños propios de lámparas producidas para Arredoluce y Fontana Arte, y de muebles elaborados entonces para Altamira, Cassina y M. Singer & Sons, quedando para la posteridad la elegante butaca D.154.2 (ideada exclusivamente para “El Cerrito”) que produce hoy en día Molteni&C, así como la cubertería y la vajilla. Todo ello se sumó de manera complementaria a una muy bien seleccionada colección de obras de arte que incluía piezas de Armando Reverón, Jesús Soto, Alexander Calder y Alejandro Otero, por sólo citar unos cuantos.

No en vano Ponti llegó en un momento a afirmar: “Al diseño de la villa Planchart he dedicado todo mi ser, y en la misma he podido concretar completamente mi manera de pensar una arquitectura, tanto en el exterior como en el interior», amén de su condición de hombre que creía en la intervención de la totalidad cuan si fuera un ser del Renacimiento.

Por otro lado, de la importante e intensa participación de los Planchart en la toma de decisiones da fe un intenso carteo (se cuenta con más de 700 comunicaciones entre misivas y telegramas que corroboran esta afirmación) en la que se atendía y muchas veces se daba curso a la opinión de los propietarios dentro de una línea donde en ningún momento se perdió la coherencia.

2. Villa Arreaza, llamada La Diamantina, Caracas Country Club, circa 1955. Implantación
4. Otros dos proyectos de Gio Ponti en Caracas. Izquierda: transformación de la antigua Villa Mata Guzmán-Blanco, (1958), Lomas del Mirador. Derecha: remodelación de la Quinta “La Barraca (1958), Los Chorros.

También es bueno recordar que Ponti ya había incursionado en Venezuela proyectando previamente la Villa Arreaza o Quinta “Diamantina” (1955-demolida en 1994), localizada en el Caracas Country Club y había realizado los anteproyectos de la Villa González-Gorrondona (1956), Parque Nacional El Ávila y para un edificio de oficinas (1954), esquina de Mercaderes. Posteriores a “El Cerrito” serán la transformación de la antigua Villa Mata Guzmán-Blanco (1958), Lomas del Mirador y la remodelación de la Quinta “La Barraca” (1958), Los Chorros. En total serán cuatro las casas que se concluirán siendo obras, como bien señala Hannia Gómez en “Trópico de Ponti” texto aparecido en Las Italias de Caracas (2012), en las que se atiende y explota al máximo el espacio interior para lo cual recurre en todas ellas al uso del patio como tema utilizándolo en algún caso como la Villa Arreaza hasta siete veces. “En ellos -dirá Gómez- ‘el cielo cuenta su propia historia’, y prosigue: “Estas tropicales casas se caracterizan por sus ventanas ‘colocadas en el cielo’, sus ‘frentes perforados’, sus macro-celosías tropicales y por estar al resguardo de grades cubiertas, bajo los cuales Ponti construirá ‘un gran y único ambiente’ ”.

5. Villa Planchart o El Cerrito, 1957

Esa posibilidad de mirar “El Cerrito” como la variante mejor lograda de lo que fue una exploración de Ponti en torno al comportamiento en el trópico de temas por él explorados durante la década de los cincuenta del siglo XX, permite a Gómez expresar cómo dentro de la impureza formal que presentan sus casas “venezolanas” se logra “un interesante híbrido… Es como si Ponti buscase la versión que mejor se adaptara al clima y a las características del Caribe, mezclando con libertad el tipo del ‘gran techo-planta libre’, el tipo de la ‘forma finita’ y el tipo de la ‘fachada independiente’. En ellas, quebrará aún más el ángulo de las plantas, desplegándolas como abanicos ante el paisaje”. “El Cerrito” es de todas la solución más próxima a un prisma “puro” que, posado sobre un inigualable terreno de 2 hectáreas ubicado en el tope de una colina con 360º de visual sobre la ciudad, a modo de contenedor, concentra en el interior sus 1.500 m2 de construcción (planta baja, planta alta y semisotano), organizados en torno a un patio que no ocupa el centro geométrico y reinterpreta tanto la casa tradicional venezolana como la villa italiana.

Sus quintas caraqueñas (y “El Cerrito” la que más) aprovechan al máximo -según palabras de Gómez- “el verde lujurioso de la naturaleza, con el solaz de las grandes vistas sobre la cadena montañosa de El Ávila… son ligeras, aisladas como objetos en el paisaje, y profusamente coloridas al interior, contrastando con el siempre dominante blanco mediterráneo. En todas fluye libre el espacio de la misma manera como lo hace en su residencia personal en Via Dezza en Milán. En todas llama la atención la irrupción de multiformes y anti-estándar estancias tropicales ‘a la italiana’: jardines internos, pérgolas, comedores al aire libre. En todas, las marquesinas y los aleros de las cubiertas-mariposas ‘a farfalla’ y a la ‘mezza farfalla’ en concreto armado, emprenden un osadísimo vuelo”.

6. Dibujos de Gio Ponti durante el proceso de diseño de Villa Planchart (1953-1957)

Ponti llegó a decir en algún momento que la exuberancia tropical de Caracas lo abrumaba (“el trópico me atrapa”), razón por la cual viajó a Venezuela pocas veces en el lapso de cuatro años transcurridos entre el proyecto y la construcción de la casa. Prefirió el diseño a distancia el cual acompañó con una profusa, muy detallada y precisa documentación consistente en los planos y memorias que enviaba, amén de las cartas que con asiduidad escribía. No obstante, su traducción libre de lo que era estar en el Caribe le permitió jugar con lo abierto y lo cerrado de manera sabia logrando una luminosidad interior que permite unas veces mitigar y otras resaltar un “sobrediseño” que en ocasiones agobia.

7. Portada del libro El Cerrito: la obra maestra de Gio Ponti en Caracas (2009) de Hannia Gómez
8. Poster de la gran exposición retrospectiva “Gio Ponti. Amare lL’architettura” montada en el Museo Nazionale delle Arti del XXI secolo (MAXXI), realizada en conmemoración del 40 aniversario de su muerte, abierta entre el 27 de septiembre de 2019 y el 27 de septiembre de 2020.

La obra completa de Ponti, quien en 1928 creó la influyente  la revista Domus, que dirigió desde 1928 hasta su muerte, ha sido recogida en numerosas publicaciones muchas de ellas escritas de su puño y letra. En 1933 publicó The Italian House, en la que definió el hogar como una «vasija»: debería ser «tan bella como un cristal, pero perforada como una gruta llena de estalactitas […] que pudiera ser juzgada por el encanto que uno siente al mirarla tanto desde fuera como al vivirla desde dentro”. Posteriormente destaca también de su propia autoría Amate L’architettura. L’architettura é un cristallo (1957) y de entre las más recientes El Cerrito: la obra maestra de Gio Ponti en Caracas (2009) que Hannia Gómez dedica exclusivamente a esta inigualable casa.

Su enorme y variada producción que va “desde un rascacielos hasta una cucharilla de café” ha sido expuesta en diversas ocasiones siendo las muestras más recientes: “Tutto Ponti, Gio Ponti archi-designer” en el Museo de Artes Decorativas de París (19 de octubre 2018-5 de mayo 2019), la primera que expuso su trabajo fuera de Italia, y “Gio Ponti. Amare lL’architettura” en el Museo Nazionale delle Arti del XXI secolo (MAXXI), gran retrospectiva realizada en conmemoración del 40 aniversario de su muerte, abierta entre el 27 de septiembre de 2019 y el 27 de septiembre de 2020.

El legado de Ponti en Venezuela es atesorado con gran esmero y profesionalismo en los archivos de la Fundación Planchart entidad que, teniendo en la casa su epicentro, sigue a la espera de la construcción en sus predios de su propia sede, proyectada desde 2017 cuando se cumplieron los 50 años de la terminación de la villa, elemento fundamental para colaborar en su preservación.

Para finalizar nos quedamos con esta frase de este polifacético creador que promulgaba y profesaba el “diseño total”: «el material más resistente en un edificio no es la madera, ni la piedra, ni el acero, ni el vidrio: es el arte.»

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 5 y 6. https://www.villaplanchart.net/la-casa/

2. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

3 y 4. Las Italias de Caracas. Catálogo de la exposición del mismo nombre, Sala TAC, 2012

7. https://villaplanchart.blogspot.com/2009/11/blog-post.html

8. https://www.archiportale.com/eventi/2020/maxxi-roma/gio-ponti.-amare-l-architettura_13497.html

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 212

Intentar una aproximación que aporte algo adicional, interesante o hasta novedoso sobre una obra archiconocida y consagrada como pieza fundamental en la trayectoria de un arquitecto, no es tarea fácil. Más aún cuando lo que intentamos desde aquí es movernos dentro del terreno documental a objeto de ofrecer al lector la más variada gama posible de fuentes y algún que otro comentario cargado de sentido. Lo que intentamos decir es que se torna muy difícil mantener semana a semana un vivo interés tanto por lo divulgativo como por la construcción de soportes para la crítica a menos que se trate asuntos que coincidan con nuestros intereses indagatorios. Como claro ejemplo de lo que queremos decir, la publicación por parte de Jacqueline Goldberg de Las horas claras (2013), sin duda añadió un elemento adicional, sesgado en ese caso por una visión de género y una muy interesante técnica narrativa generada a partir del descubrimiento de una valiosa documentación, al trilladísimo registro y numerosos acercamientos que se han hecho de la Villa Savoye de Le Corbusier. Pero eso no ocurre todos los días.

Con la casa Caoma, desde que Paulina Villanueva y Paolo Gasparini publicaran en septiembre de 2000 Villanueva en tres casas, pareciera poco lo que falta por decir y prácticamente imposible develar algún secreto que haya quedado por fuera de lo que encierra esta obra, magistralmente contextualizada y expuesta desde múltiples ángulos por la hija, habitante y además colega del arquitecto que la proyectó y por quien fuera su fotógrafo “oficial” a través de los años. Habría que sumergirse en los archivos de la Fundación Villanueva teniendo en mente algún objetivo específico o tema en particular, o dentro de una laboriosa búsqueda toparse con algún documento inédito que permita extraer material suficiente como para darle una vuelta adicional a la casa de familia del Maestro, cosa que no tenemos pensado hacer. Será, sin embargo, el texto de Paulina el que tomaremos como guía para desarrollar nuestra nota de hoy.

El exponer el pensamiento, actitud, talento, quehacer y personalidad de Villanueva a través del proceso evolutivo que muestran las tres casas en torno a las cuales giró su estable vida familiar, coloca a Caoma como punto central que Paulina logra desarrollar muy bien. Tratadas como tres Epifanías, la primera, “Los Manolos: de la amistad”, permite el abordaje de tres temas: “La casa manifiesto”, “La casa naturaleza muerta” y “La Casa desnuda”. La segunda, “Caoma: el arte como vida”, se desarrolla con base en tres ideas: “Una casa verdadera”, “Una casa entre la calle y el jardín” y “Una casa, un universo”. Y la tercera, “Sotavento: la casa de la transparencia” permite disertar en torno a los conceptos de: “Casa y cuerpo”, “Casa sin rostro” y “Casa transparente”, permitiendo dejar sentado finalmente a través de las operaciones proyectuales llevadas a cabo en cada caso que se trata de tres diferentes paradigmas.

1. Caoma. Plano de ubicación, planta baja y dos secciones
2. Espacios internos de Caoma en la actualidad fotografiados por Julio César Mesa

Más allá de los datos objetivos que sitúan en 1951 la fecha de inicio del proyecto y en 1953 la de terminación de la construcción; que la ubican en la avenida Los Jabillos de la urbanización La Florida sobre una parcela rectangular de aproximadamente 1200 m2 (20 x 60 m) con el frente corto orientado al este, de la cual se ocupa un tercio del área dejando hacia el fondo el 60% libre, retirándose 6 metros de la calle; y que dan cuenta de la concentración de la casa en un prisma de planta casi cuadrada de aproximadamente 620 m2 de construcción distribuidos en dos niveles, no deja de ser curioso conocer que Caoma se construye luego de la demolición de una primera quinta con el mismo nombre (proveniente de “la vieja hacienda de la familia Caspers ubicada en San Felipe, Estado Yaracuy”), proyectada por Carlos Guinand Sandoz que, luego de ser habitada por una familia que crecía, se empezó a hacer pequeña. Villanueva (quien “tiene bien presente aún el fracaso de la primera casa -Los Manolos- frente a la vida familiar”), intentó inicialmente encargar el proyecto de la nueva vivienda a Rafael Bergamín quien se negó rotundamente a hacerlo y luego pensó en remodelar la “vieja” Caoma hasta que a instancias del constructor que emprendería los trabajos toma la decisión de construir la que en definitiva sería la casa que hoy conocemos.

De esta manera, acopiando recuerdos y datos que involucran la vida en La Florida (urbanizada por su abuelo Juan Bernardo Arismendi), las casas vecinas y amistades cultivadas dentro de la misma calle o las ventajas de la buena ubicación para desplazarse hacia las actividades cotidianas, va Paulina dando cuenta de todos aquellos aspectos que la marcaron desde niña al ocupar la casa, observar como se comportaba, notar la vida familiar que propiciaba y detallar cada uno de sus rincones tras un repaso que la lleva a describirla minuciosamente de afuera a adentro. Al referirse al comedor, por ejemplo, señala: “… no es otra cosa que una mesa antigua con seis sillas hechas según el diseño de Eames… cuando queda vacía, una escultura de Lobo toma su centro para marcar una pausa entre el desayuno, el almuerzo y la cena, verdadera institución familiar para mi papá que sólo en contadas ocasiones comía fuera, nunca íbamos a restaurantes, sólo salía cuando cenaba en casa de alguien y para la comida como para la arquitectura prefería siempre las cosas sencillas, sabrosas y sin sofisticaciones.”

3. Dos espacios de la planta alta de Caoma cuando aún vivía Carlos Raúl Villanueva

Para Paulina, Caoma es una casa diseñada por Villanueva con mesura, sin buscar convertirse en el manifiesto moderno que la primera quinta de Los Manolos intentó ser. Apacible, serena y acogedora tanto para la familia como para las amistades, se caracteriza por el hecho de haberse convertido con el tiempo en un pequeño museo donde se fueron atesorando piezas provenientes de grandes artistas que a su vez fueron sus amigos: Soto, Manaure, Otero, Calder, Leger, Max Bill, Moholy-Nagy, Vasarely, Tinguely, Reverón, Arp, Lam, conviviendo con cerámicas populares mexicanas y peruanas, tallas coloniales nuestras, esculturas de África. En algún momento, Paulina expresará: “El alma de Caoma tomará de Villanueva tres valores espirituales muy importantes: sencillez, humildad y naturalidad. (…) … en Caoma, no hay lugar para falsas armonías, el orden de los espacios y los espacios mismos están marcados por la esencia vital, que se traduce en un ritmo natural de existencia que transcurre entre el día y la noche y que encuentra en la casa un lugar apropiado en sus dos plantas”.

Ahora bien, esta casa íntima y tranquila, familiar y confortable, discreta y amable, “franca con la función que le es propia: la de habitar”, ni “demasiado grande  ni tampoco excesivamente pequeña”, no renuncia en ningún momento a convertirse en síntesis entre lo nuevo y lo tradicional, en traducción actualizada de los aprendizajes provenientes de la arquitectura colonial, en manifestación de la fluidez espacial propia de la modernidad, en juego de luces y sombras, equilibrio entre llenos y vacíos, manejo sabio de las relaciones entre el interior y el exterior y, también, del control de las perspectivas que se producen al entrar o desplazarse por ella.

4. Caoma hoy en día vista a través del lente de Julio César Mesa
5. Dos notas curiosas dentro de Caoma. Izquierda el baño de visitantes en la planta baja, un museo en miniatura. Derecha: «La silla del diablo» diseñada por Alexander Calder para Carlos Raúl Villanueva

En una clara demostración de síntesis escrita en otro momento, cuando prepara la ficha de la casa para Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), Paulina expresará: “Ella reúne atributos de las antiguas casas urbanas caraqueñas, con las bondades del espacio libre y fluido de la arquitectura moderna cuya medida es el hombre. Afuera, la casa se cierra con una volumetría blanca, sin otro artificio que los aleros, el volumen del garaje y servicios, puertas y ventanas, todas azules. Adentro, la transición entre exterior e interior se concreta con espacios tradicionales: el zaguán, el patio interior y el cuarto auxiliar, para luego dar paso a una planta libre que se abre íntegramente al exuberante jardín. La planta baja es única, alberga toda la vida social de la casa y en ella están presentes los amigos de Villanueva a través de sus obras de arte. El singular baño de visitas exhibe firmas, dedicatorias, dibujos y fotos, testimoniando la vida del hombre y de la propia casa. En la planta alta, solo buenas habitaciones para albergar y satisfacer la vida de sus ocupantes. En el omnipresente jardín se esconde el pequeño ‘taller’ de Villanueva, que le permitía retirarse para trabajar. Entre la vegetación destaca la Silla del Diablo, obra homenaje de Alexander Calder a Villanueva, reconociendo el coraje que le permitió hacer realidad las nubes que cubren el cielo del Aula Magna”.

Caoma aún hoy perdura gracias a que Villanueva tuvo la capacidad de concebirla para hacer ciudad alejándose de los modelos que en La Florida empezaban a aislar unas de otras las piezas que la conformaban, rodeándose de jardines y retirándose de forma de evitar al máximo su contacto con la calle. De allí la importancia con que es tratada su fachada más importante (quizás la única) la cual, además, debe enfrentar su problemática orientación. Del otro lado el Maestro trastoca el patio tradicional, colocado comúnmente en el centro de la edificación, por el jardín posterior hacia el cual toda Caoma se abre y hacia el cual fluye la espacialidad de su planta baja.

6. Caoma. Fachadas y organización funcional
7. Caoma hoy en día vista a través del lente de Julio César Mesa

Tomando partido por principios tan claros como el de ubicar lo social y lo privado en plantas bien diferenciadas permitiendo a los servicios inmiscuirse tangencialmente en ambas, Villanueva no recurre a la doble altura que a veces distrae tras la falsa creencia de que sólo verticalmente se integra. Caoma, gobernada por una división tripartita presente en lo espacial, en lo estructural y en lo funcional, se integra en horizontal echando mano de los recursos fundamentales: pisos, paredes y techos, ofreciéndole al espacio interior todo el protagonismo del que puede ser capaz.

Paulina en otro pasaje afirmará: “sus muros blancos no se afanan por alcanzar otra cosa que no sea una volumetría sencilla y robusta, que encuentre precisamente en estas cualidades su alto valor artístico, como lo hicieran en las edificaciones coloniales buscando para la casa una imagen de serenidad y nobleza como expresión última de la vida familiar que alberga en su interior”. En ella, “Los espacios domésticos existen sin ser violentados, los cuartos son cuartos, la cocina cocina, los baños baños, y así la sala, el comedor o el jardín, pues en la casa se duerme, se cocina y se come…, no existe artificialidad en la casa, las cosas toman en ella la medida de la vida…”.

El temor inicial manifestado por Villanueva a la hora de emprender el segundo proyecto para su vivienda familiar quedó a todas luces disipado: arquitecto y usuario superaron con creces la difícil relación que con frecuencia suele producirse. “Su interior es testimonio de vida de un hombre, un arquitecto; en ella se da cuerpo a ese universo infinito y recurrente de vida que la casa guarda celosamente; en ella Villanueva se acercó a las palabras de Magnelli y humildemente comprobó ‘que hay que conservar el espíritu de las cosas’ ”.

Nota

Ayer 30 de mayo se cumplieron 120 años del nacimiento de Carlos Raúl Villanueva. Valga esta visita que hoy hemos realizado a Caoma de la mano de Paulina como sencillo homenaje desde este espacio semanal a quien fuera el más importante arquitecto venezolano del siglo XX.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1 y 6. Paulina Villanueva y Paolo Gasparini, Villanueva en tres casas, 2000

3. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

2, 4 y 7. https://www.flickr.com/photos/juliocesarmesa/23945704276/in/photostream/

5. https://steemit.com/spanish/@atmoxphera/arquitours-1-visitando-la-casa-caoma-de-carlos-raul-villanueva-caracas