Todas las entradas por Fundación Arquitectura y Ciudad

VALE LA PENA LEER

Animales arquitectos. Learning from Nature

Luis Fernández-Galiano

24/08/2020

Tomado de www.arquitecturaviva.com

El arquitecto y autor finlandés Juhani Pallasmaa organizó en 1995 en Helsinki una exposición sobre las construcciones realizadas por animales, desde las colmenas hasta los nidos de las aves o las presas de los castores, un asunto que ha suscitado siempre el interés o el asombro de profesionales y profanos. Su artículo del catálogo fue publicado en versión trilingüe por la Fundación César Manrique en 2001, y la traducción al castellano que realizó entonces Pilar Vázquez vuelve a editarse ahora por Gustavo Gili, añadiendo numerosas portadillas y 40 ilustraciones a página completa extraídas de una publicación británica de 1889 para alcanzar la condición de libro. El volumen está orientado al público general, pero su aparición sirve de excusa para recordar los dos libros que inspiraron a Pallasmaa entonces, y que todavía hoy siguen siendo referencias fundamentales para quien desee aproximarse a este tema.

Animal Architecture, escrito por el etólogo galardonado con el Nobel Karl von Frisch con la colaboración de su hijo Otto, es un libro maravilloso, estupendamente traducido del alemán por Lisbeth Gombrich, admirablemente ilustrado con numerosas fotografías y los eficaces dibujos de Turid Hölldobler, y editado con exquisita atención por Helen y Kurt Wolff, amigos del naturalista e impulsores de la publicación que apareció en 1974. Especialista en el comportamiento animal como su hijo, Von Frisch transita desde las estructuras generadas por amebas, foraminíferos o radiolarios —con el debido homenaje al gran biólogo Ernst Haeckel, que usó a estos últimos para ilustrarnos sobre las Kunstformen der Natur— hasta los nidos de las aves y las construcciones de los mamíferos, y deteniéndose minuciosamente en las arquitecturas de los insectos sociales, de las colmenas a los termiteros: una atención que cabía esperar de quien dedicó su vida al estudio de las abejas, pero que también corresponde a la fascinación que estas comunidades de insectos han suscitado, desde Maurice Maeterlinck hasta nuestro Juan Antonio Ramírez.

Animal Architecture & Building Behaviour, publicado diez años después por el zoólogo Michael Hansell, es un volumen muy diferente, sólido y riguroso, pero de más ardua lectura, organizado temáticamente en secciones —funciones, materiales, construcción, estructuras— que puede ayudar a quienes buscan inspiración en la naturaleza para diseñar obras contemporáneas, y con una segunda parte sobre la relación entre el comportamiento constructor y el cambio evolutivo que amplía la exploración en territorios especializados; su posterior Built by Animals es más asequible, y refrescante en su escepticismo ante el entusiasmo lego por las proezas arquitectónicas del reino animal, que reduce a meros comportamientos instintivos. Parece extravagante recomendar títulos aparecidos hace décadas, pero —pese a las aportaciones de autores más recientes como el fotógrafo Ingo Arndt— no conozco mejores guías en el extraordinario mundo de la arquitectura animal que los que iluminaron la exposición finlandesa de hace un cuarto de siglo.

Karl von Frisch

Animal Architecture

Harcourt, NY & Londres, 1974

Michael H. Hansell

Animal Architecture and Building Behaviour

Longman, Londres, 1984

Museum of Finnish Architecture

Animal Architecture

Helsinki, 1995

Juhani Pallasmaa

Animales arquitectos

Gustavo Gili, Barcelona, 2020

144 páginas

ACA

VALE LA PENA LEER

Itinerarios filosóficos. From Cassirer to Sloterdijk

Luis Fernández-Galiano

19/08/2020

Tomado de www.arquitecturaviva.com

«Metafísico estáis. Es que no como». El diálogo entre Babieca y Rocinante que recoge El Quijote refleja bien el escepticismo ante las elucubraciones filosóficas. Pero dos libros recientes pueden hacer cambiar de opinión a los que descreen en las abstracciones del pensamiento. Tiempo de magos trenza las vidas y las obras de cuatro figuras míticas —Ernst Cassirer, Ludwig Wittgenstein, Martin Heidegger y Walter Benjamin— durante la década posterior a la I Guerra Mundial; y La herencia del Dios perdido reúne los textos de Peter Sloterdijk sobre el terreno donde filosofía y teología se encuentran, y explora la relación de las creencias religiosas con la ciencia, la cultura y la política. Productos ambos vigorosos de la tradición filosófica germana, su lectura ilumina a la vez la historia y el presente.

Erudito y ameno, el libro de Wolfram Eilenberger recupera la figura hoy menos estudiada de Cassirer, el deslumbrante autor de Filosofía de las formas simbólicas, uno de los grandes referentes del idealismo kantiano en la universidad alemana hasta que sus orígenes judíos le obligaron a dejar el país; sigue atentamente las trayectorias de los dos colosos del pensamiento del siglo XX, Wittgenstein y Heidegger, exactamente coetáneos y sin embargo divergentes en casi todo, pese a lo cual compartían raíces teológicas e inclinaciones místicas; e incorpora al caótico e inconstante Benjamin, tan precario en lo intelectual como en lo personal, y siempre indeciso entre Moscú y Jerusalén. Alrededor de los cuatro, un cúmulo de personajes retratados con apenas unos pocos trazos exactos: Theodor Adorno, Hannah Arendt, Rudolf Carnap, Edmund Husserl, Karl Jaspers, Bertrand Russell o Gershom Scholem.

Los arquitectos disfrutarán con el relato de la construcción por Wittgenstein y Paul Engelman —que había sido alumno de Adolf Loos— de la casa en Viena que evidenció el carácter obsesivo del filósofo, quizá la traducción tridimensional del Tractatus en su lógica desornamentada, pero al cabo desproporcionada, rígida y hermética; con el Heidegger ‘constructor de casas’ que sin embargo delegó en su mujer Elfriede el proyecto, dirección de obra y arquitectura interior de la mítica cabaña de la Selva Negra, como después de la casa en las afueras de Friburgo —para más detalles sobre las construcciones de ambos pensadores, véase ‘Filosofía y arquitectura’ en Arquitectura Viva 111—; con la forma elíptica de la Biblioteca Warburg, por ser la determinación de las órbitas planetarias por Kepler símbolo del tránsito del pensamiento mítico-medieval al científico; y con la descripción por Benjamin del pasaje parisino, ‘mitad cueva y mitad casa, mitad pasillo y mitad habitación’, sin embargo menos interesante que su interpretación escenográfica de la ciudad de

Nápoles, tan deudora de su amante, la fascinante directora teatral Asia Lacis.

Más ardua es la obra de Sloterdijk, que reúne capítulos de libros anteriores —Esferas I y Los hijos terribles de la Edad Moderna, este último reseñado en Arquitectura Viva 194—, prólogos de publicaciones especializadas y manuscritos de conferencias. Antes de seguir, una recomendación: lean en primer lugar los textos de las conferencias, asequibles todos, y dejen para el final los pedregosos prólogos, que seguramente pueden incluso evitarse. En la media docena de intervenciones públicas, el filósofo se muestra como public intellectual, y deslumbra con su presentación cáustica de Lutero; con su defensa antropológica de la eugenesia; con su recorrido por la historia de la neurosis; con su interpretación de la vida como «la fase exitosa de un sistema inmunitario» y la propuesta —siguiendo a Hans Jonas— de un nuevo imperativo categórico de naturaleza ecológica; y en el recuerdo de la defensa por William James del derecho fundamental a creer.

El filósofo estadounidense es por cierto también protagonista del último capítulo, nacido como prólogo a la versión alemana de su obra The Varieties of Religious Experience, y en él Sloterdijk asocia la Modernidad a una nueva teología, que al privarnos de un dios trascendente hace el mundo monstruoso, y engendrador de monstruos como «el Tyrannosaurus rex, el Homo sapiens y el virus del ébola». Pero cuando la humanidad se enfrenta a un virus nuevo, quizá nuestro sistema inmunitario se beneficie más de la medicina moderna que del dios trascendente del filósofo germano.

Wolfram Eilenberger

Tiempo de magos

Taurus, Madrid, 2019

383 páginas

Peter Sloterdijk

La herencia del Dios perdido

Siruela, Madrid, 2020

276 páginas

ACA

se altera la fachada original del teatro municipal

1949• Se altera la fachada original del Teatro Municipal de Caracas para dar paso a la construcción de la Torre Sur del Centro Simón Bolívar, haciendo desaparecer el peristilo semicircular, el vestíbulo original y la escalera del palco presidencial.
El teatro había sido inaugurado el 7 de abril de 1885 con el nombre de Teatro Guzmán Blanco. Su construcción se había iniciado en 1876 estando a cargo de la obra el arquitecto francés Esteban Aricar, quien fue sustituido en 1879, hasta terminar su construcción, por el ingeniero venezolano Jesús Muñoz Tébar
Es una de las salas de opera más antiguas de Suramérica.
El Teatro Municipal fue reabierto diez años después, el 17 de febrero de 1959.

HVH

La fachada principal del Teatro Municipal vista a través de la Plaza San Pablo, desde el Hotel Majestic. Se puede observar que la entrada al teatro se encuentra a pocos centímetos por encima de la acera. (fotografía tomada de la Revista Élite, 1947)

HVH

Carretera Plazoleta de Las Tinajitas-Catia

1900• Se inicia la construcción de los 3.200 metros de la carretera para unir la Plazoleta de las Tinajitas, cerca del sitio donde se construye el Palacio de Miraflores, en Caracas, con una población aledaña llamada Catia.
No sería hasta el año 1952, durante el régimen de Marcos Pérez Jiménez, cuando se pone en servicio la moderna avenida Sucre.


(Foto tomada de Internet, identificada como Rujano).

HVH