CAF y la Municipalidad de Córdoba, Argentina, invitan al evento “El camino hacia las biodiverciudades”, donde se intercambiarán experiencias y buenas prácticas que contribuyan a consolidar un modelo de gestión urbana en armonía con la naturaleza. Específicamente, el evento abordará el papel de la bioeconomía en los esquemas de planificación local, haciendo énfasis en aquellas políticas que permitan gestionar eficientemente las tensiones entre un desarrollo económico local y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.
Una biodiverciudad es aquella ciudad que incorpora de forma efectiva e integral la biodiversidad local y regional en su planificación y gestión urbana, como eje de su desarrollo socioeconómico.
De acuerdo al Foro Económico Mundial y al Instituto Humboldt, las BiodiverCiudades pueden restaurar el equilibrio entre la gestión urbana y la naturaleza, mediante el incremento de la infraestructura verde; la mejora de esquemas de gobernanza que promuevan soluciones basadas en la naturaleza; la generación de vínculos positivos entre lo rural y lo urbano, para una mejor conservación de la biodiversidad; la priorización de modelos de economía circular y acciones innovadoras para la competitividad económica; y el fomento de valores de bienestar y salud en la ciudadanía.
La Universidad de Indiana inaugura un edificio diseñado por Mies van der Rohe
Escrito por Andreea Cutieru
Traducido por Vania Masalías
18 de marzo 2022
Tomado de Plataforma Arquitectura
La Universidad de Indiana inauguró una nueva instalación compartida para la Eskenazi School of Art, Architecture + Design, que materializa un diseño recientemente redescubierto de Mies van der Rohe. El proyecto de 1952, destinado a una casa de fraternidad en el mismo campus de IU Bloomington, fue asignado a la firma con sede en Nueva York Thomas Phifer and Partners para que lo adaptara a los códigos de construcción contemporáneos y su función académica actual, preservando la estética arquitectónica prevista. El edificio de dos pisos y 930 metros cuadrados se inauguró oficialmente para el uso de estudiantes y profesores.
En 1950, Mies van der Rohe recibió el encargo de la casa de la fraternidad de la Universidad de Indiana, el cual se abandonó más tarde debido a la falta de fondos. Décadas más tarde, los planos se donaron al archivo de Mies en el Museo de Arte Moderno. El diseño, con un gran parecido a la casa Farnsworth y al Instituto de Tecnología de Illinois, presenta un marco de acero blanco y amplias ventanas de piso a techo. El nivel de la planta baja se encuentra mayormente abierto, mientras que un atrio cuadrado central esculpe el nivel superior.
Thomas Phifer and Partners recibió el encargo de entregar el proyecto y adaptar el diseño para un uso contemporáneo. El nuevo edificio cuenta con espacios para conferencias, talleres y oficinas. Se han elegido muebles diseñados por Mies y Florence Knoll para complementar el diseño del edificio. Las alteraciones al proyecto original de Mies van der Rohe incluyen la adición de una escalera en el extremo oeste y la modificación de la escalera original del extremo este para cumplir con los códigos de seguridad actuales, la adición de un ascensor hidráulico, así como el reemplazo del panel de vidrio transparente por un vidrio aislante de alto rendimiento.
El 8 de abril se llevará a cabo la apertura pública de la casa junto a una recepción. Thomas Phifer and Partners es también el diseñador del nuevo Centro Internacional Ferguson que se encuentra actualmente en construcción frente al Edificio Mies.
Espero cambiar el paradigma, empujar a la gente a soñar y arriesgarse. No es porque seas rico que debas desperdiciar material. No es porque seas pobre que no debes intentar crear calidad, […] Todos merecen calidad, todos merecen lujo y todos merecen comodidad. Estamos interrelacionados y las preocupaciones sobre el clima, la democracia y la escasez son preocupaciones para todos nosotros.
Francis Kéré
Desde el mismo momento en que el pasado 15 de marzo se conoció de boca de Tom Pritzker, presidente de la Fundación Hyatt, el nombre del arquitecto ganador del Premio Pritzker 2022, las agencias noticiosas se dieron a la tarea de divulgar a lo largo y ancho del planeta titulares de lo que, a su juicio, valía la pena destacar o más llamaba la atención: “Francis Keré, primer premio Pritzker africano”, “Arquitecto burkinés gana el premio Pritzker” o “Diébédo Francis Kéré, voz de la arquitectura social africana, gana el Premio Pritzker 2022”, fueron algunos de ellos. Otros como “El nuevo Premio Pritzker atiende los retos de África” o “Francis Kéré, un premio Pritzker entre la utopía y el pragmatismo” intentarán subrayar aspectos más precisos.
Pero lo que es un hecho irrefutable es que la escogencia de Francis Kéré, apunta en dirección contraria a la arquitectura por la que el jurado de estos galardones tradicionalmente se ha decantado. Hay quienes señalan, con gran tino, que cuando su primera obra, la Escuela Primara de Gando, comenzaba a construirse en 1999 ese año ganaba el premio Pritzker Norman Foster, autor del HSBC de Hong Kong, que fue el edificio más costoso de la historia cuando se concluyó en 1986. También señalan que entonces se transitaban tiempos de esplendor para la arquitectura espectáculo y los arquitectos estrella que perduraron mientras se construía la modesta escuela de Kéré en su pueblo natal, hecha con tierra y ladrillos bajo una estructura separada de la cubierta que sirve como sombrilla, sin sistemas mecánicos de ningún tipo y levantada por los vecinos que se terminará en 2001, correspondiéndole el Pritzker de entonces a Rem Koolhaas en 2000 y Herzog & de Meuron en 2001.
Ese sintomático viraje que ha venido experimentando el premio durante las últimas entregas marca un verdadero cambio de paradigma según el cual, al menos, ya no se distinguen aparatosos despilfarros arquitectónicos. Con Francis Kéré se da una nueva vuelta de tuerca en este caso hacia el reconocimiento de un nuevo tipo de profesional que trabaja con tierra y palos, en lugares de extrema pobreza, y hace obras con presupuestos microscópicos, pero mantiene puentes con Europa y Norteamérica, y da visibilidad a un trabajo riguroso y exigente, volando a menudo entre el Primer Mundo en el que tiene su estudio, y el Tercer mundo en el que realiza las obras.
Hoy hemos querido, de entre la cantidad enorme de notas de prensa que abordan la biografía del Kéré o artículos que se adentran algo más a desmenuzar las características fundamentales de su obra, transcribir dos textos que pensamos ilustran debidamente la dimensión del arquitecto. El primero es la «Declaración» emitida por el jurado del Premio Pritzker sustentando su decisión y el segundo es el artículo de Anatxu Zabalbeascoa publicado en El País, convencidos de que dan una visión panorámica y precisa de los aspectos que vale la pena conocer de la vida, obra y pensamiento de quien hoy ocupa los titulares de las páginas culturales de la prensa.
Clínica en Léo (Burkina Faso), 2014.
VALE LA PENA LEER
Kéré gana el Pritzker y se convierte en el primer africano en recibir el premio más importante de la arquitectura mundial
La elección del proyectista burkinés marca un cambio de paradigma en la historia del galardón al reconocer el papel del arquitecto como un guía capaz de cambiar la suerte de una comunidad y la ambición de su disciplina
Anatxu Zabalbeascoa
15 de marzo de 2022
Tomado de elpais.com
“No se trata de hacer, sino de enseñar a hacer”. El primer arquitecto africano en ganar el premio Pritzker marca un cambio de paradigma en la historia de este galardón al celebrar a un profesional que consigue actualizar la tradición y reunir dinero para construir por encima de reconocer al que mejor construye con medios menos limitados. Diébédo Francis Kéré (Gando, Burkina Faso, 56 años) representa al arquitecto como guía para el cambio hacia una construcción más sostenible ―con medios locales y más lógica que tecnología― colaborativa y compartida. También la esperanza de que la arquitectura ayude más a mejorar la suerte de mucha gente que la fortuna de unos pocos.
No es la primera vez que un proyectista se convierte en promotor ―muchos españoles lo hicieron durante décadas en el siglo XX―. Tampoco la autoconstrucción es extraña, sino más bien la norma en buena parte del mundo. En Europa, era habitual que las catedrales las levantaran entre ciudadanos. Y hasta mediados del siglo pasado fueron los propios habitantes quienes construyeron las viviendas españolas más pobres. Lo que sí se cuenta con los dedos de una mano son los promotores que no han sido inversores, es decir: que han querido cambiar la suerte de una población antes que la de su cuenta bancaria. Es el caso del Pritzker 2022. La historia de Kéré parece una mezcla entre un cuento de hadas y un lavado de conciencia del mundo occidental. Que resulte increíble da una idea de la dureza del mundo en el que ha conseguido construir, primero, y cambiar esquemas, después. Que el jurado no haya querido que quede como una anécdota pintoresca y excepcional denota que el Pritzker quiere volver a ser un referente.
Escuela primaria en Gando (Burkina Faso), 2001.
Hijo primogénito del jefe de un poblado en Gando (Burkina Faso), a Kéré le tocó estudiar y odió hacerlo. Tenía siete años. Pasó de ocuparse de llevar agua y jugar con sus 12 hermanos a caminar solo 20 kilómetros al día para aprender a leer y escribir en una escuela de Tenkodogo. Aquel colegio estaba construido con bloques de hormigón y muy mal ventilado. Kéré no olvidó el calor que pasó en ese edificio. Por eso, cuando, becado para convertirse en carpintero en Berlín, prolongó sus estudios hasta graduarse como arquitecto en 2004, tuvo una idea fija en la cabeza: que los hijos de sus amigos tuvieran sus oportunidades y que pasaran menos calor.
Fue entonces, estudiando arquitectura, cuando se convirtió en promotor. Reunió dinero para levantar la Escuela Primaria de Gando. Sabía cómo construirla: ventilada. Los hombres harían el barro y los ladrillos, mientras que las mujeres alisarían el suelo. La cubierta quedaría elevada sobre el muro para dejar pasar el aire y evitar parte del calor. Para 2001, Gando seguía sin electricidad y sin agua corriente, pero tenía escuela. “Con la gente implicada, los diseños prosperan. El mejor mantenimiento es el entusiasmo”, explicó a El País en 2015.
Hoy en Gando esa escuela ha crecido. Los 120 niños iniciales son ahora 700 alumnos. Hay una residencia para los profesores y, no lejos, una clínica equipada para poder operar. Todas las cubiertas dejan pasar el aire, el marco de las ventanas se extiende hasta la calle para frenar el soleamiento. Todo lo han construido Kéré y su equipo. A medio camino entre Berlín y Gando, ahora el burkinés tiene doble nacionalidad, el reconocimiento del planeta ―da clases en Harvard y en Yale y la AIA o el RIBA lo hicieron arquitecto honorífico― y, habiendo cambiado la escala de valores de la arquitectura, le queda por demostrar hasta dónde puede llegar como proyectista.
Campus del Lions Club (Kenia), 2021.
El año pasado, Keré culminó en Kenia el Campus del Lions Club, una residencia para estudiantes de tecnología de la información. El proyecto es clave en su trayectoria. Aunque ya había salido a construir una comunidad en Mozambique y aunque ya había mejorado el aislamiento de los edificios empleando una pantalla de lamas de madera (Escuela Secundaria Schorge en Koudougou), aquí la escala es otra. La protección de la calima es mejor. El entendimiento de la topografía es orgánico.
Serpentine Pavilion (Londres) 2017.
La historia de Kéré es tan valiosa como pintoresca. Tal vez por eso, el arquitecto corrió el riesgo de ahogarse en su propio éxito. Sucedió cuando comenzaron a pedirle intervenciones temporales en museos como la Royal Academy (2013) o el pabellón temporal de la Serpentine en Londres (2017). Kéré explicó entonces a El País que esas intervenciones aumentaban su fama, informaban de otra manera de construir y le permitían reunir fondos para seguir construyendo en África. La doble lista ―oculta en tantos arquitectos conocidos― o pública en Francis Ford Coppola ―que hacía Padrinos para producir películas más arriesgadas― había llegado a la arquitectura. Solo que, en el caso de Kéré, dejar de construir es un riesgo para mucha más gente que él. ¿Lo tiene todo hecho, entonces? ¿Qué premia el Pritzker?
Aunque acumule reconocimientos, que este galardón corona, y aunque ya haya hecho historia como arquitecto ―transformando la figura del proyectista en guía para la construcción de comunidades y edificios―, la escala metropolitana será el nuevo reto de Kéré. En Porto-Novo, la capital de Benín, construye un parlamento que se ha adelantado al que también ha proyectado para la capital de su país: Uagadugú. El tamaño y la ambición de estos edificios decidirán el futuro de este arquitecto que ya es histórico.
Proyecto del Parlamento de Benín (Porto-Novo), 2021.
No será la primera vez que el Pritzker tiene la oportunidad de redoblar la reputación del premio con quien ya ha recibido el galardón. Sucedió con los suizos Herzog & de Meuron. Tras hacerse con él en 2001, los autores del Caixaforum de Madrid reinventaron su propia arquitectura con el Estadio Olímpico de Pekín, el Rascacielos en Leonard Street de Nueva York, el Museo De Young en San Francisco o la Elbphilarmonie de Hamburgo. Los de Basilea se renovaron ampliando su registro y el de la arquitectura. Se hicieron, además, previsibles en calidad e imprevisibles en las formas, las soluciones y los materiales. Ese es ahora el paso que le queda por dar a Kéré, un proyectista de nueva generación que ha conseguido que su arquitectura “involucre a la gente y abandone el egocentrismo”. “Para mí la arquitectura es un reto. Una vía para solucionar problemas y aportar algo a la sociedad”, explicó en su conversación con El País en 2015. Eso lo tiene hecho. El siguiente paso lo anunció también en aquella entrevista: “Si empiezas bien, solo puedes continuar cambiando”.
Pabellón Fishtail (Estados Unidos), 2019.
«Dibujo sobre papel, pero prefiero diseñar sobre el suelo». «No es porque tengas recursos limitados por lo que debes aceptar la mediocridad». «La arquitectura es ensuciarse y empujar todos juntos”.
Francis Kéré, ganador del Premio Pritzker de Arquitectura 2022
Declaración del jurado
¿Cuál es el papel de la arquitectura en contextos de extrema escasez? ¿Cuál es el enfoque correcto para la práctica cuando se trabaja contra viento y marea? ¿Debe ser modesto y correr el riesgo de sucumbir a circunstancias adversas? ¿O es la modestia la única forma de ser pertinente y lograr resultados? ¿Debe ser ambicioso para inspirar el cambio? ¿O la ambición corre el riesgo de estar fuera de lugar y de resultar una arquitectura de mera ilusión?
Escuela Secundaria Schorge en Koudougou (Burkina Faso), 2016
Francis Kéré ha encontrado formas brillantes, inspiradoras y revolucionarias de responder a estas preguntas en las últimas décadas. Su sensibilidad cultural no solo entrega justicia social y ambiental sino que guía todo su proceso, en la conciencia de que es el camino hacia la legitimidad de un edificio en una comunidad. Sabe, desde dentro, que la arquitectura no se trata del objeto sino del objetivo; no el producto, sino el proceso. Todo el cuerpo de trabajo de Francis Kéré nos muestra el poder de la materialidad arraigada en el lugar. Sus edificios, para y con las comunidades, son directamente de esas comunidades, en su construcción, sus materiales, sus programas y sus caracteres únicos. Están atados al suelo sobre el que se sientan ya las personas que se sientan dentro de ellos. Tienen presencia sin pretensiones y un impacto moldeado por la gracia.
Vivienda para maestros en Gando (Burkina Faso), 2004.
Nacido en Burkina Faso de padres que insistieron en que su hijo fuera educado, Francis Kéré estudió arquitectura en Berlín. Una y otra vez, en cierto sentido, ha vuelto a sus raíces. Ha bebido de su formación y obra arquitectónica europea, combinándolas con las tradiciones, necesidades y costumbres de su país. Estaba decidido a traer recursos educativos de una de las principales universidades técnicas del mundo a su tierra natal y hacer que esos recursos elevaran el conocimiento, la cultura y la sociedad indígenas de su región.
Continuamente ha llevado a cabo esta tarea de manera muy respetuosa con el lugar y la tradición y, al mismo tiempo, transformadora en lo que se puede ofrecer, como en la escuela primaria de Gando, que sirvió de ejemplo para muchos, incluso más allá de las fronteras de Burkina Faso, y para al que más tarde añadió un complejo de viviendas para profesores y una biblioteca. Allí, Kéré entendió que un objetivo aparentemente simple, hacer posible que los niños asistieran cómodamente a la escuela, tenía que estar en el corazón de su proyecto arquitectónico. Para la gran mayoría del mundo, la sostenibilidad no consiste tanto en prevenir la pérdida de energía indeseable como en la ganancia de energía indeseable. Para demasiadas personas en los países en desarrollo, el problema es el calor extremo, en lugar del frío.
En respuesta, desarrolló un vocabulario arquitectónico ad-hoc, altamente performativo y expresivo: los techos dobles, la masa térmica, las torres eólicas, la iluminación indirecta, la ventilación cruzada y las cámaras de sombra (en lugar de las ventanas, puertas y columnas convencionales) no solo se han convertido en sus estrategias centrales, pero en realidad han adquirido el estatus de dignidad construida. Desde que completó la escuela en su pueblo natal, Kéré ha perseguido el espíritu y el método de trabajar con la artesanía y las habilidades locales para elevar no solo la vida cívica de los pueblos pequeños, sino también pronto las deliberaciones nacionales en los edificios legislativos. Es el caso de sus dos proyectos en marcha para la Asamblea Nacional de Benin, en construcción avanzada, y para la Asamblea Nacional de Burkina Faso, paralizada temporalmente por la actual situación política del país.
Parque Bamako (Malí), 2010.
La obra de Francis Kéré es, por su esencia y su presencia, fruto de sus circunstancias. En un mundo donde los arquitectos construyen proyectos en los contextos más diversos, no sin controversias, Kéré contribuye al debate incorporando dimensiones locales, nacionales, regionales y globales en un equilibrio muy personal de experiencia de base, calidad académica, baja tecnología, alta tecnología y un multiculturalismo verdaderamente sofisticado. En el pabellón Serpentine, por ejemplo, tradujo con éxito a un lenguaje visual universal y de una manera particularmente eficaz, un símbolo esencial olvidado hace mucho tiempo de la arquitectura primordial en todo el mundo: el árbol.
Ha desarrollado un enfoque sensible y de abajo hacia arriba en su aceptación de la participación comunitaria. Al mismo tiempo, no tiene ningún problema en incorporar el mejor tipo posible de proceso de arriba hacia abajo en su devoción por las soluciones arquitectónicas avanzadas. Su perspectiva a la vez local y global va mucho más allá de la estética y las buenas intenciones, permitiéndole integrar lo tradicional con lo contemporáneo.
El trabajo de Francis Kéré también nos recuerda la lucha necesaria para cambiar los patrones insostenibles de producción y consumo, mientras nos esforzamos por proporcionar edificios e infraestructura adecuados para miles de millones de personas necesitadas. Plantea cuestiones fundamentales sobre el significado de permanencia y durabilidad de la construcción en un contexto de constantes cambios tecnológicos y de uso y reutilización de estructuras. Al mismo tiempo, su desarrollo del humanismo contemporáneo fusiona un profundo respeto por la historia, la tradición, la precisión, las reglas escritas y no escritas.
Desde que el mundo comenzó a prestar atención al notable trabajo y la historia de vida de Francis Kéré, él ha servido como un faro singular en la arquitectura. Nos ha mostrado cómo la arquitectura actual puede reflejar y satisfacer las necesidades, incluidas las necesidades estéticas, de personas de todo el mundo. Nos ha mostrado cómo la localidad se convierte en una posibilidad universal. En un mundo en crisis, en medio de valores y generaciones cambiantes, nos recuerda lo que ha sido, y sin duda seguirá siendo, un pilar de la práctica arquitectónica: el sentido de comunidad y la calidad narrativa, que él mismo es tan capaz de contar con compasión y orgullo. En esto, proporciona una narrativa en la que la arquitectura puede convertirse en una fuente de felicidad y alegría continua y duradera.
Por los dones que ha creado a través de su trabajo, dones que van más allá del ámbito de la disciplina de la arquitectura, Francis Kéré es nombrado ganador del Premio Pritzker 2022.
Miembros del jurado del Premio Pritzker de Arquitectura 2022:
Manuela Lucá-Dazio, Directora Ejecutiva.
Alejandro Aravena (Presidente del Jurado), galardonado con el premio Pritzker 2016.
Barry Bergdoll, curador, autor y profesor.
Meyer Schapiro, profesor de Historia del Arte y Arqueología en la Universidad de Columbia.
Deborah Berke, arquitecta y decana de la Escuela de Arquitectura de Yale.
Stephen Breyer, juez de la Corte Suprema de EE. UU.
André Aranha Corrêa do Lago, crítico de arquitectura, curador y embajador de Brasil en India, Delhi.
Kazuyo Sejima, arquitecto, educador y ganador del premio Pritzker 2010.
Benedetta Tagliabue, arquitecta y directora de Miralles Tagliabue EMBT.
Wang Shu, arquitecto, educador y ganador del premio Pritzker 2012.
ACA
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