NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Cuaderno de viajes

Revisitando a los maestros

Octavio Mestre

Ediciones Asimétricas

2021

Nota de los editores

Dicen que somos lo que comemos, pero fundamentalmente, somos lo que otros pensaron antes que nosotros y nosotros elegimos hacerlo propio o no… Sin saber qué hicieron quienes nos precedieron, difícilmente encontraremos nuestro sitio o serviremos de guía a quienes nos sucederán. De ahí el siempre renovado interés de revisitar a los maestros… Y, para eso, nada como el viaje, el contacto directo con sus obras. Porque las obras nos hablan… basta con saber escuchar, aunque fuera haya mucho ruido. Porque esas visitas serán la guía para cuando nosotros, a su vez, nos enfrentemos a la ardua y apasionante tarea de proyectar y construir el mundo. “Las piedras nos devuelven el cariño que les pones”, decía Coderch.

El siglo XX supuso una ruptura con los precedentes, por más que, como arquitectos, siempre estemos respondiendo a las mismas preguntas. Escribe que algo queda… Las palabras (y los tweets y los posts) se los lleva el viento y otras noticias de actualidad, en las que lo urgente pasa, a menudo, por encima de lo importante. Este libro pretende compartir cosas importantes. ¿Por qué un libro está por encima de tantas otras cosas? Para ayudarnos a ser algo más que una cosa… Leer es el viaje del pobre, solo que leer nos permite viajar a tiempos que ya no existen.

Octavio Mestre entiende el ejercicio de la profesión como un taburete de tres patas en el que construcción, docencia-investigación y edición-comunicación se entremezclan, creando sinergias entre ellas… Sus 150 obras en varios países (y muchos más estudios o concursos perdidos), una veintena de libros publicados, numerosos artículos y participaciones en workshops y congresos, la revista digital t18 —de la que salen buena parte de estos textos— y varios miles de alumnos, en una docena de países a ambos lados del Atlántico, dan cuenta de ello. Todo ello abordado con el espíritu del que siempre está empezando y entendiendo que todo nuevo libro, todo viaje, todo edificio son siempre el primer libro, viaje o edificio. Según sus propias palabras, es “consciente de que, tras 35 años de ejercicio profesional, queda menos de lo ya vivido, y uno debe de seleccionar muy bien lo que le queda por decir, hacer solo las obras que le permitan explicar cuanto se quiere, dentro de un recorrido que uno aspira a que sea coherente, bueno y si no, al menos, digno…”.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

La casa como jardín

Xavier Monteys

Editorial Gustavo Gili

2021

Nota de los editores

Este no es un libro sobre jardines ni tampoco sobre el paisaje, sino que es un libro sobre la casa observada desde la óptica del jardín. El texto es una invitación a considerar la casa a través del jardín, que, por otro lado, está tan próximo a ella desde su mismo origen. Tal vez el interés por acercar la casa al jardín pueda explicarse con la afirmación de Ian Hamilton Finlay, el autor del jardín Little Sparta: “Un jardín no es un objeto, sino un proceso”, algo que implica una acción, una tanto nuestra como de la casa.

Cuarto de la serie iniciada con Casa collage, La habitación y La calle y la casa, el libro explora distintas realidades, aísla algunos episodios próximos o aparentemente ajenos a la casa y señala otros que podríamos considerar como “comportamientos”, como la búsqueda de la fantasía, para con ellos tejer un acercamiento a la casa que invite a entenderla como algo de lo que formamos parte, que completamos y que es sensible a la contingencia que la hace crecer. Una casa más cercana a incorporar que a limpiar, a sembrar que a dibujar. El jardín es una casa, y la casa un jardín.

ACA

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Azules de otoño cerrado

Arquitectura en tiempos de oficio

Antonio Fernández Alba

Ediciones Asimétricas

2021

Nota de los editores

Este libro recoge diferentes textos de Antonio Fernández Alba —uno de los pocos arquitectos españoles que, de forma sistemática, ha simultaneado con dedicación, profundidad y compromiso las labores de arquitecto, docente y crítico—, seleccionados por su autor hasta constituir una suerte de autobiografía intelectual. Azules de otoño cerrado es una pequeña licencia literaria para referirse a una época en la que la arquitectura se desarrollaba todavía en “tiempos de oficio”, entre 1960-2000. Sin embargo, los temas que Fernández Alba propone al lector mantienen absolutamente toda su vigencia: la ciudad, el medio ambiente (tratado por él mucho antes de que este término fuera de uso común), la especulación, la despiadada influencia del mercado sobre los espacios colectivos, la responsabilidad del arquitecto en la definición del hábitat construido, social, visual y cultural, y su capacidad real, en ocasiones demasiado limitada y estéril, de transformar el mundo. El análisis, la objetividad, la lucidez, el valor pedagógico y la intención de profundizar en cada asunto tratado son comunes a todos ellos, así como una prosa excelente plena de sugerencias. Este libro permite al lector ahondar en las ideas más destacadas de un arquitecto siempre a la búsqueda de una ética de la forma, que trabajó y reflexionó con la esperanza de que la modernidad permitiera construir nuevos paradigmas para entender el mundo y abordarlo desde la arquitectura, pero también con la desconfianza en la razón instrumental, que a menudo se queda en un mero inventario de usos, funciones y aprovechamientos sin alcanzar a construir verdaderos espacios para la vida.

Antonio Fernández Alba (Salamanca, 1927) es arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, donde fue catedrático de Elementos de Composición. Es Doctor Honoris Causa por varias universidades (Valladolid, Alcalá de Henares y Politécnica de Cartagena), Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Académico de la Real Academia Española de la Lengua. De las muchas distinciones que ha recibido destacan el Premio Nacional de Arquitectura en dos ocasiones y el Premio Nacional de Restauración. Fue uno de los fundadores del grupo El Paso, iniciando así una trayectoria profundamente personal, alejada de cualquier moda, que sobrevuela los territorios de la arquitectura, el arte y la cultura. Fernández Alba fue un renovador del lenguaje arquitectónico e introdujo la sensibilidad doméstica y humana de la arquitectura nórdica frente al monumentalismo pomposo y el tradicionalismo insustancial de la arquitectura del franquismo. Entre sus diversos libros cabe señalar El diseño entre la teoría y la praxis, Domus Aurea. Diálogos en la casa de Virgilio, De varia restauratione: intervenciones en el patrimonio arquitectónico, Espacios de la norma. Lugares de invención o La ciudad herida.

ACA

¿SABÍA USTED…

… que el 19 de diciembre de 1925 se inaugura el Teatro Ayacucho, Caracas?

Cuando la semana pasada repasábamos la fructífera trayectoria del Alejandro Chataing (1873-1928) saltaba a la vista el hecho de haber desarrollado diferentes tipologías de edificaciones públicas, muchas de ellas ubicadas en el casco central de Caracas. Hay una en particular a la que prestaremos atención el día de hoy: la conformada por salas de entretenimiento (teatro, cine o ambas) con importantes aforos y diversas condiciones que van del Teatro Nacional (1905) al Ayacucho (1925) pasando por el Princesa (luego Rialto y hoy Bolívar) (1917) y el Capitol (1921).

1. Alejando Chataing. Izquierda: Teatro Nacional (1905). Derecha: Teatro Ayacucho (1925).
2. Alejando Chataing. Izquierda: Teatro Princesa (1917). Derecha: Teatro Capitol (1921).

Una revisión rápida permite detectar una interesante evolución, ubicándose en los extremos temporales los dos mejores ejemplos (el Nacional y el Ayacucho) que, sin embargo, se distancian el uno del otro en cuanto a expectativas, valor representativo y condiciones contextuales a las cuales se debía responder. Quizás valga la pena remarcar que el Teatro Nacional se trató de un encargo procedente del régimen de Cipriano Castro mientras el resto obedecieron a iniciativas particulares de diferente tenor. En otras palabras, el Nacional (terminado en 1905), ubicado en un terreno en esquina que le permitió a Chataing resolver un objeto autónomo, buscó emular las realizaciones llevadas a cabo por Guzmán Blanco el siglo anterior. Los otros tres ejemplos no tenían tan elevadas aspiraciones. Resueltos entre medianeras sólo la respuesta hacia la calle demandó la consideración del tratamiento en fachada donde una vez más Chataing despliega diversidad de opciones provenientes de su habilidad para manejar códigos de la más variada procedencia, con la única finalidad dar a entender que se trataba de edificios destinados para el uso en cuestión.

3. Plantas aproximadamente a la misma escala. Izquierda: Teatro Nacional. Derecha: Teatro Ayacucho

Los aforos, absolutamente ligados a las dimensiones de los solares, son otro dato interesante a considerar. En tal sentido llama la atención el hecho de que el Teatro Ayacucho (diseñado para 1300 espectadores) duplique la capacidad del Teatro Nacional (664 asientos) cifra que también fue superada por el Princesa (710). Sin duda el primero fue pensado para resolver un problema donde la funcionalidad y aprovechamiento al máximo del lote fue una variable impuesta por un propietario (V. Vallenilla Lecuna) que buscaba sacar el mayor provecho de la inversión hecha predominando la austeridad en el tratamiento de los espacios interiores (platea, balcón y gradería), mientras el segundo tenía aspiraciones de gran teatro “a la francesa”, lo que se evidencia en el diseño del vestíbulo (donde destacan las escaleras de acceso a los palcos) y de la espacialidad de la sala principal (en forma de herradura que determina la solución perimetral de las galerías de los dos pisos superiores) junto a detalles tales como el plafond del techo decorado por Antonio Herrera Toro, la lámpara central y el recargado tratamiento de los balcones.
Por el hecho de tratarse de espacios destinados a la presentación de espectáculos que albergaban numeroso público, las salas diseñadas por Chataing ofrecen la posibilidad de detectar el uso de sistemas estructurales mixtos donde la utilización del hierro empieza a tener claro protagonismo a la hora de salvar grandes luces. También permiten hacerle seguimiento el desarrollo que tuvo la aparición del cine en la capital en momentos en que la ciudad apenas sobrepasaba los 100 mil habitantes y descubría una nueva forma de entretenimiento que animaba la vida social.

Así, las crónicas señalan que el teatro Princesa (1917) fue “la primera sala para proyección cinematográfica de la capital” y que el Ayacucho (1925) se convirtió en “el primer teatro-cine de América del Sur” y “hacía alarde del más moderno sistema de proyección” en momentos en que el cine sonoro empezaba a desplazar al cine mudo. De hecho se conoce que entre 1925 y 1931 el teatro Ayacucho engalanaba las noches de estreno con su orquesta “aumentada a 40 profesores” para realizar la adaptación de muy variados programas musicales a los filmes exhibidos, y que en el Princesa hasta 1920, cuando aparecieron las máquinas que permitieron la sincronización del sonido con la imagen, era también una orquesta la que servía de telón de fondo a las proyecciones.

4. Posters de dos de las primeras películas sonoras proyectadas en el Teatro Ayacucho. Izquierda: «Ramona». Derecha: «La dama misteriosa»

De la página “Historia del cine en Venezuela” (https://historiadelcineucab.blogspot.com/2016/04/teatro-ayacucho-de-su-origen-y.html) rescatamos: “La premisa básica del Teatro Ayacucho era dar un espacio a los ciudadanos para su esparcimiento y consumo cultural, principalmente se buscaba ofrecer distintos eventos artísticos relacionados con las escenas. Y funcionaba perfectamente, su distribución permitía que todas las personas pudiesen acceder al lugar y presenciar lo que ahí sucedía. Tenía una platea, un balcón y una gradería, también había camerinos y una tramoya, pero estos espacios fueron eliminados y el espacio cambió un poco”. En 1929 mediante un sistema de cooperación comercial con el Almacén Americano (propiedad de William H. Phelps e importador de los nuevos sistemas de sonido), se proyectaron en las salas del Ayacucho las películas “Ramona” con Dolores del Río (1928, Artistas Unidos), “La dama misteriosa” con Greta Garbo (1928, Metro Goldwyn Mayer) y, posteriormente, “Canción de Amor” (1929, Art Cinema Corporation), película esta última que se promocionaba junto al disco de RCA Víctor en el que Lupe Vélez (la protagonista) interpretaba el tema central el cual podía adquirirse en el Almacén Americano.

5. Exterior del Teatro Ayacucho antes y después de su tranformación en mini-centro comercial en la década de 1990.

Por tanto, la inauguración del Ayacucho fue todo una evento dentro de la dinámica urbana de la capital y una clara demostración de la pujanza de una ciudad que empezaba a percibir el impacto de la aparición del petróleo. Como señala Iván González Viso en Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “Fue edificado sobre bases coloniales, en una parcela alargada, frente al Congreso Nacional (al oeste), en pleno casco colonial. Su fachada evidencia una composición simétrica y referencias al academicismo francés. Destaca un gran arco apoyado sobre dos cuerpos sobresalientes que enmarcan el acceso principal, que se ve magnificado por cuatro columnas y una escalinata que conducía al hall de acceso”.

Volviendo a la inevitable comparación entre el Nacional y el Ayacucho, los dos más importantes teatros de Chataing, Beatriz Meza Suinaga en “Notas sobre arquitectura de Rafael Seijas Cook”, ponencia presentada en la Trienal de Investigación de la FAU UCV (2011), al repasar los escritos del “arquitecto poeta”, destaca particularmente una entrevista que le realizara a Chataig la cual daría origen al ensayo “Intervius de Élite. Causerie a Chataing” (Élite, agosto de 1926) donde luego de una serie de disquisiciones preliminares es curiosamente el entrevistado (Chataing) quien interroga al entrevistador (Seijas Cook) acerca de cuál de sus obras le gusta más, “quien indica la Sala de Espectáculos del Teatro Nacional por considerar bello el conjunto y ‘…el plafond evocador; y la empolvadísima araña un calderón de luminosa musicalidad…’ pero a su vez aprovecha para preguntar en relación con la demolición del balcón apenas inaugurado el coso, mas ante la indecisión de Alejandro Chataing para responder añade ‘…¿los cantilivier que los soportaban estarían bien equilibrados?…’ (…) En relación con el Teatro Ayacucho dice ‘Demasiado americano, un afán de multiplicar en logias, una encima de las otras, sus asientos … Su ‘Nacional’ sublima el alma; su ‘Ayacucho’ con su red de vigas de dimensiones brutales, la aplasta. Hace pensar en cargas y resistencias y pesos. El primero, es concepción de un arquitecto completo… El segundo, de un Ingeniero, un calculador, un empresario’. Queda establecida la diferencia entre el ingeniero frío y calculador y el arquitecto, quien es un artista que trabaja en función del ‘alma’, concluyendo Seijas que Chataing es ‘…el colega a quien más le debe la Caracas urbana y la Caracas suntuaria’ ”

Declarado Monumento Histórico Nacional según Gaceta Oficial nº 35.441 del 15 de abril de 1994, el Ayacucho dejó de funcionar como teatro a raíz de una desafortunada intervención que se le hiciera en la década de 1990 con el fin de albergar locales comerciales y múltiples salas de cine. Aunque su fachada aún aguanta los embates del tiempo y ofrece una cierta dinámica urbana, ha perdido totalmente el encanto de la época en la que fue construido quedando su esplendor de antaño sólo en el recuerdo de los ciudadanos que lo conocieron.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela y http://guiaccs.com/obras/teatro-ayacucho/

2. https://twitter.com/CIVoficial/status/1494471372638244873 y Colección Crono Arquitectura Venezuela

3. http://guiaccs.com/obras/teatro-nacional/ y http://guiaccs.com/obras/teatro-ayacucho/

4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

5. https://www.pinterest.com/pin/285415695110787754/ y http://guiaccs.com/obras/teatro-ayacucho/