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¿SABÍA USTED…

… que entre el 10 de septiembre y el 19 de noviembre de 1995 abrió en los espacios de la Galería de Arte Nacional (GAN) la exposición “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra”?

1. Exposición Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra, 10 de septiembre-19 de noviembre 1995. Izquierda: Guía de estudio. Derecha: Circuito museográfico

“Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” se constituyó, sin lugar a dudas, en el evento expositivo más importante de los realizados el año 1995 a nivel nacional y en uno de los más relevantes de cuantos históricamente se han registrado en nuestro país, en lo que a arquitectura se refiere.

La muestra, llevada a cabo gracias al patrocinio de Alberto Vollmer Foundation Inc., La Electricidad de Caracas, el Banco Central de Venezuela, la Fundación Sivensa, Henrique Machado Z. y Oscar A. Machado K., fue el resultado de una cuidadosa investigación y curaduría encabezada por William Niño Araque acompañado de Mónica Silva Contreras, Carmen Cecilia Araujo y Gipsy Venegas (Conservación y selección de documentos), quienes durante más de un año pudieron acceder al rico y muy bien ordenado archivo que atesoraba casi 50 años de trabajo del propio Tomás J. Sanabria, y revisar allí 12.000 planos, 300 proyectos, cuadernos de viaje, de construcción, apuntes, dibujos y maquetas, lo cual dio como resultado un impecable montaje logrado con el apoyo del equipo museográfico y museológico de la GAN, los integrantes de Sanabria Arquitectos & Asociados y un grupo de estudiantes de la Universidad José María Vargas (UJMV).

Asimismo, la exposición estuvo acompañada por un hermoso catálogo (diseñado por Juan Carlos Fernández e impreso por Gráficas Armitano C.A.), que recogió el estudio sobre el que se basaron los curadores, ilustrado con bocetos y croquis de Sanabria, excelentes fotografías de la obra construida a cargo de Gorka Dorronsoro, la presentación elaborada por Clementina Vaamonde de Roosen (Presidenta de la Fundación GAN), un texto central de William Niño Araque titulado “La arquitectura como ciudad”, otros correspondientes a las obras y proyectos a cargo del propio Niño, Mónica Silva y Carmen Araujo y una detallada cronología realizada por Silva y Araujo.
Adicionalmente, en torno a la exhibición se organizaron una serie de foros y conferencias y, además, buena parte de la actividad crítica desplegada se pudo seguir a través de las páginas del semanario Arquitectura HOY y otros medios de comunicación impresos.

2. Arquitectura HOY, nº 123, 9 de septiembre de 1995

En particular, Arquitectura HOY le abrió aquel año de 1995 generosamente sus puertas al evento de muy diversas maneras: el 9 de septiembre (nº 123) apareció la invitación a la inauguración y Mónica Silva publicó “El dibujo según Tomás José Sanabria”, texto en el que resume su trayectoria siguiendo la relación entre su forma de proyectar y una fundamental herramienta (el dibujo) que lo acompañó permanentemente tanto en “su interés por archivar la memoria de los lugares visitados alrededor del mundo”, como en “el apego a dejar constancia de los procesos constructivos proyectados en las edificaciones en las que trabajó a lo largo de toda su carrera”. Las impresiones expresadas a través de la tinta, el creyón, la acuarela, el pastel o cualquier otra técnica sirven para que Silva valore en Sanabria una inclinación permanente por registrar cuidadosa y metódicamente lo que visitaba, construía e incluso percibía en su faceta de aviador atento por el desarrollo de la ciudad y el comportamiento de su clima.

3. Arquitectura HOY, nº 128, 21 de octubre de 1995

Más adelante en el nº 128 del 21 de octubre, junto al ciclo de conferencias organizado por la GAN (6 en total) aparece el artículo “La corona de la ciudad” de María Fernanda Jaua quien, utilizado el mismo título de otro anteriormente escrito por Bruno Taut en el que “propuso una ciudad como una pirámide, coronada por un edificio sobresaliente, brillante, resplandeciente como un diamante”, desmitifica el “eficientismo” con que Sanabria ha sido etiquetado, utilizando como excusa la poderosa imagen del hotel Humboldt.

4. Arquitectura HOY, nº 129, 28 de octubre de 1995

Contestando a la pregunta que también se le hiciera a Jaua sobre lo que representan la trayectoria y la obra de Sanabria, Manuel Delgado Arteaga escribe en la entrega del 28 de octubre (nº 129), en tono no necesariamente complaciente, “SANABRIA amor y odio por la ciudad” donde, centrándose fundamentalmente en el desarrollo del Foro Libertador y su condición de isla dentro del casco de Caracas, devela la presencia de un arquitecto formado bajo los cánones del Movimiento Moderno que recurre a “la negación de la ciudad tradicional para dar paso al desarrollo”.

Para finalizar el seguimiento dado por Arquitectura HOY a la exposición, pero a su vez dando inicio a la columna titulada “En clave” que sostuvo durante más de dos años con periodicidad quincenal, Azier Calvo, el 11 de noviembre (nº 128), se refiere a la muestra en su escrito “Otra manera de leer los años 50”, década en la que Tomás Sanabria y su arquitectura jugaron, junto a otros protagonistas, un papel muy relevante.

5. Tomás José Sanabria. Hotel Humboldt, 1956. Perspectiva de la propuesta inicial

En definitiva, los textos, gráficos, maquetas, apuntes, bocetos, dibujos y fotografías que llenaron los espacios de la GAN durante poco más de dos meses, hicieron de “Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra” un evento memorable que mostró una historia de cómo hacer arquitectura y la relación de uno de nuestros más insignes maestros con la ciudad que tanto le apasionaba, plasmadas a través de una obra en la que su conceptualización, su representación, su materialización y la consideración del contexto en el que se inserta constituyen hechos inseparables. Tal y como señala William Niño Araque al final del ensayo central del catálogo de la exposición: “la arquitectura de Sanabria es una mezcla de realismo y utopía venezolana: es decididamente racional, a veces de una forma rígida, pero por todo ello, inclinada a gestos esculturales y a una intensa identificación. (…) Su arquitectura tiene un motivo profundo y su centro de desarrollo se ubica en el concepto de lugar: espacio entendido no como el resultado de una apropiación aritmética … sino como conclusión de un proceso de apropiación en el que la arquitectura adquiere el valor de escenario para el rito que signa habitar en comunidad, en esta asoleada y querida ciudad… en este asoleado y querido país”.

ACA

¿SABÍA USTED…

… que en 1968, hace ya 50 años, se concluye en Caracas la construcción del edificio sede del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE)?

1. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Vista general con el entorno

La edificación, diseñada en 1963 por los arquitectos Tomás José Sanabria y Eduardo Sanabria y calculada en hormigón armado por los ingenieros Roberto Smitter y Napoleón Gallango, se ubica en una parcela de forma irregular de 9.156 m2 que colinda con la Av. Nueva Granada por el sur-oeste, al nor-oeste con una calle privada, con la calle Leoncio Martínez por el nor-este y al sur-este con terrenos privados y la subestación El Rincón de la C.A. La Electricidad de Caracas, en la Urbanización Prado de María. Su dimensión mayor nor-este/sur-oeste es de unos 135 metros con un desnivel aproximado de 2 metros.

2. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda: Croquis. Derecha: Vista parcial de la maqueta

Tras 28 meses de iniciadas las obras de construcción se concluyeron los 35.000 m2 que la conforman distribuidos en dos cuerpos que dejan la planta baja libre a doble altura, prolongándose al exterior a través de una generosa plaza pública tratada paisajísticamente y destinada a exposición permanente de escultura al aire libre. En el cuerpo bajo de cuatro plantas funciona el centro de formación profesional para 600 estudiantes y 40 instructores (8.500 m2) y un auditorio con capacidad para 300 personas (2.300 m2). La torre de 14 pisos (15.500 m2) contiene las áreas administrativas y en la planta 12 la biblioteca. Además posee un sótano (8.700 m2) que alberga el estacionamiento de vehículos y zonas de instalaciones diversas.

Todas las superficies de hormigón se han dejado a la vista, las fachadas y paredes exteriores han sido recubiertas de mosaico vidriado de 2 cms x 2 cms y los cerramientos son de aluminio anodizado.

3. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Corte

Concebido bajo la premisa que la oficina de Sanabria Arquitectos siempre profesó: “arquitectura sin diseño urbano no existe”, destaca sobremanera en esta obra la clara intención de potenciar y dignificar la zona en la que se inserta, ofreciéndose como punto de partida para la recuperación urbanística de un sector de la ciudad con un acentuado deterioro conformado, salvo contadas excepciones, por construcciones inestables (industria ligera, talleres mecánicos, viviendas transformadas en locales comerciales, etc), ofreciéndole además al usuario y al ciudadano espacios de disfrute y expansión.

4. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda: vista de la plaza con la escultura «La libertad encadenada» de Aristide Maillol. Derecha: Intervenciones de Gego y Gerd Leufert en la planta baja del edificio

La plaza, sin lugar a dudas, asume ese rol tanto transformador como cívico y es vista como oportunidad para establecer el diálogo con el entorno asumiendo el compromiso de formar ciudadanía mediante la incorporación de obras de arte entre las que destaca “La Libertad encadenada” (interesante nombre que retumba de manera muy particular en nuestros agitados días), escultura de Aristide Maillol, cariñosamente llamada por los trabajadores y estudiantes del INCE como “La Negra”, que estuvo a préstamo durante muchos años en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y que por insistencia del propio Tomás Sanabria afortunadamente retornó a su sitio.

El rol pedagógico del edificio también apunta a darle la mayor estatura posible a la formación técnica como eslabón importante dentro del sistema educativo, traducido en fortaleza constructiva y perdurabilidad (lograda gracias a la nobleza de los materiales seleccionados), cuidado en los detalles, espacios amplios, confortables y bien equipados. El arte allí vuelve a hacer acto de presencia como fundamental acompañante a través de obras de Gerd Leuffert y Gego (Gertrude Goldschmidt) integradas a su arquitectura.

5. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda arriba: articulación de los dos cuerpos del conjunto. Izquierda abajo: Planta baja. Derecha: Vista de la torre

La composición de la obra denota cuidado en la articulación volumétrica y un correcto ensamblaje de los elementos que la constituyen, apareciendo en el tratamiento de las envolventes la muy precisa consideración de las variables climáticas: otro tema recurrente en la obra de Sanabria. Ello da pie a que aparezca un estudiado diseño de los elementos de protección solar que construyen las fachadas, permitiendo para las orientaciones más desfavorables incorporar una importante carga de abstracción y movimiento, asemejándose, según como se vea, a enormes obras cinéticas.

De la página http://tomasjosesanabria.com/en/2016/12/20/edificio-sede-ince/ que con esmero y perseverancia  ha ido construyendo Lolita, hija de Tomás J. Sanabria, extraemos lo siguiente a modo de complemento descriptivo: “Todos los elementos climáticos se tomaron en cuenta en la implantación de este complejo educativo. Las aguas de lluvias son captadas y canalizadas de manera sistematizada en cada fachada. Las columnas fueron moldeadas en concreto de manera que sean receptoras de las aguas de lluvia. Una combinación de aletas de concreto contienen  canales y bajantes de cobre, de forma que caigan a la vista del usuario, sobre bateas en el piso de la gran área publica”.

El edificio del INCE, quizás uno de los más sobresalientes en la trayectoria de grandes proyectos para edificaciones institucionales de la oficina de los arquitectos Sanabria, fue distinguido con el Premio Municipal de Arquitectura el año 1970. A pesar de su indudable impronta dentro de la avenida Nueva Granada la zona está todavía a la espera de nuevos tiempos en los que este ejemplo de urbanidad logre su objetivo primigenio de orientar las necesarias mejoras que requiere en su calidad ambiental. Se encuentra ampliamente desplegado en la revista PUNTO nº 47 (noviembre-diciembre 1972) y en el catálogo de la exposición «Tomás José Sanabria arquitecto. Aproximación a su obra» realizada en la Galería de Arte Nacional en 1995, y reseñado tanto en la Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1 de Mariano Goldberg (1980) como en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje de Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas (2015).

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 2. http://tomasjosesanabria.com/en/2016/12/20/edificio-sede-ince/

3. Revista PUNTO, nº 47, noviembre-diciembre 1972

4 izq. http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/238051

4 der. y 5. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

1962• Casa Sucre

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1962•  Se concluye la construcción de la Casa Sucre, ubicada el Urbanización Lomas del Mirador, proyectada por Tomás José Sanabria (1922-2008), para un familiar.
Esta residencia, que en palabras del arquitecto, se caracterizó por tener un «diáfano concepto y sencillez», tenía múltiples detalles constructivos producto de su reflexión en torno a nuestra arquitectura criolla.
Estructura de pórticos de concreto en obra limpia y madera para los techos de suave pendiente, recubiertos con tejas. Paredes frisadas pintadas de blanco, ventanas de madera, recedidas buscando controlar la insolación, protegidas por sencillas rejas fabricadas con cabillas redondas lisas, pisos de cerámica en el interior y de elementos prefabricados de concreto en el exterior o de canto rodado de pequeño diámetro.
Lamentablemente la casa fue demolida en 1976 para sustituirla por otra residencia de menor valor arquitectónico.

HVH

1955• Se establece la Central El Palmar, estado Aragua

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1955•  Se establece la Central El Palmar en la Hacienda El Palmar, ubicada en el Km. 96 de la Carretera Nacional San Mateo – La Encrucijada, estado Aragua, (inaugurado un año después con la primera zafra), el cual fue proyectado en 1954 por el arquitecto Tomás José Sanabria (1922-2008).
La capacidad de molienda original fue de 3.600 toneladas de caña por día.
La Central llegó a tener una capacidad de producción de más de 100.000 toneladas de azúcar por zafra para las cuales requería moler algo más de un millón cien mil toneladas de caña, a razón de 7.000 a 8.000 toneladas por día, desde noviembre a principios de mayo, la cual se comercializa bajo la marca «Montalbán».
La caña molida por este central es cultivada en más de 13.200 hectáreas por 386 productores independientes en los estados Aragua, Carabobo, Guárico, Cojedes, Miranda, Yaracuy y Aragua, de donde proviene el 47% del insumo del ingenio azucarero.

Apertura de la Central El Palmar 2.jpg

El maestro Tomás Sanabria explica a un grupo de colegas el funcionamiento de la Planta de El Palmar. Entre los presentes se encuentran: Garam Mattar, Mariluz Bascones, Alexis Tovar, Augusta Dunzelman, Mariano Goldberg, Marcos Miliani, Ralph Erminy, Gustavo Vollmer (en el fondo) y Tomás Sanabria. (fotografía Colección Mariano Goldberg)

HVH

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 83

El Hotel Prado del Río (o Prado Río) que Tomás José Sanabria proyecta en 1954 con la colaboración de Julio Volante a las afueras de la ciudad de Mérida, al igual que el Llano Alto (ver Contacto FAC 44, 10-09-2017), ofrece, dentro del grupo de 12 nuevas instalaciones de la “Red Hotelera Nacional” gestionadas directamente por la CONAHOTU, la oportunidad de detectar una clara proximidad entre lo regional y lo internacional o, en otras palabras, encontrar en las entrañas de lo local la presencia de lo universal.

Sanabria, quien completa su formación como arquitecto en Harvard University y regresa a Venezuela en 1947, realiza entre 1949 y 1953 en sociedad con Diego Carbonell (graduado en el MIT en 1944) una interesante y variada experiencia que marcará una importante etapa en su carrera, pues en ella se conjugarán los principios funcionalistas y racionalistas adquiridos en los Estados Unidos con las referencias a las formas, los materiales y los sistemas constructivos de la arquitectura tradicional venezolana. A esta etapa y como parte de esa conjunción pertenecen una serie de hasta doce viviendas unifamiliares (de las que se construirán siete), verdadero laboratorio en la que estos arquitectos pusieron además en práctica criterios de confort ambiental que se prolongarán (al menos en el caso de Sanabria) a lo largo de toda su carrera. La utilización de dispositivos de protección climática y la integración organicista entre arquitectura y paisaje se sumarán a la de cubiertas inclinadas, onduladas, grandes aleros, combinación de materiales texturados con frisos lisos y diseño de ventanas en las que se cumple el propósito por un lado de iluminar y ventilar y por el otro de protegerse del sol y la lluvia, todo lo cual dota de un particular carácter a esta experiencia. Ella, además, permitirá a Juan Pedro Posani introducir el capitulo titulado “La arquitectura populista” en Caracas a través de su arquitectura (1969).

Por su parte Julio César Volante, arquitecto argentino egresado de la Universidad de Buenos Aires, arriba a Venezuela en la década de los años 50 (Reválida FAU UCV promoción 16F/1967), realiza un Master of Science en la Universidad de Columbia y desarrolla en nuestro país una dilatada trayectoria docente y profesional, llegando a ser Jefe de Taller de Composición en la FAU UCV y profesor invitado en la USB. En 1954 se asocia puntualmente con Sanabria para la realización del diseño del hotel Prado del Río correspondiéndole redactar la breve nota que aparece en la revista Integral nº 6 como acompañamiento de la presentación del proyecto en toda su extensión. Cabe acotar que Volante, quien siempre se caracterizó por realizar una arquitectura donde lo funcional, traducido en corrección técnica y racional diseño estructural, cobró un claro protagonismo, justamente proyectó ese mismo año para la empresa C.A. Urbanizadora Colinas de Bello Monte, cuyo propietario fue el empresario venezolano Inocente Palacios, la Concha Acústica de dicha urbanización, llamada en su momento a ser sede artística de la Orquesta Sinfónica Venezuela.

1. Ubicación dentro de la ciudad

Así, cuando Sanabria se separa de Carbonell ya tiene, por tanto, labrado un importante surco dentro de sus prioridades a la hora de proyectar edificios, gobernado por la consideración de las variables que hemos mencionado que seguramente se complementó con los conocimientos aportados por Volante. De esta manera al contratársele en 1954 (al año siguiente de ser nombrado Director de la Escuela de Arquitectura de la recién creada Facultad de Arquitectura y Urbanismo) el diseño para el hotel Prado del Río, a localizarse en la entrada este de la ciudad de Mérida, no duda en hacer una proposición que toma en cuenta las condiciones topográficas del terreno, la vegetación, el clima templado de la zona y la tipología proveniente de los esquemas de las casas de hacienda tradicionales merideñas. Todos ellos cobran cuerpo a través de una solución extendida, formada por volúmenes separados de acuerdo a su función, organizados dentro de una estricta ortogonalidad e interconectados a través de pasillos techados, en la que la altura no sobrepasa nunca los dos pisos y donde contrasta la campestre quietud exterior con el dinamismo espacial de los bloques que albergan las actividades sociales. La idea de crear grandes «islas funcionales» que permitieran separar el área de motel (conformada por 15 viviendas o cabañas previamente construidas cuyo destino original era servir de residencias para una colonia vacacional obrera a ubicarse en el terreno) de las habitaciones del hotel (13 y dos suites), generando áreas comunes a ambas, se halla claramente expresada en la planta de conjunto.

2. Corte longitudinal del conjunto
3. Planta de conjunto

El Prado del Río, cuya perspectiva aérea protagoniza la postal del día de hoy, es un hotel para ser paseado y para que el paseante en el camino sea sorprendido. Su composición, en función de un eje que sigue la dirección de la pendiente del terreno hacia el río Milla, presenta en su extremo sur (inicial) el volumen que contiene en planta baja la recepción, administración y comercios y en planta alta las habitaciones en contacto directo con el acceso, y en el extremo norte (final) la piscina como remate. Otro eje perpendicular ubicado en plena zona recreacional une el cuerpo donde funcionan el bar, estar, fuente de soda, dancing y comedor, con el que alberga la sala de juegos.

4. Izquierda: Cuerpo sur con recepción y comercios en planta baja y habitaciones en la planta alta. Derecha: patio interior
5. Izquierda: interior de el salón de juegos. Derecha: pasillo cubierto que une el salón de estar con la recepción

Recorrer este hotel significa disfrutar por un lado del paisaje y por el otro de una arquitectura de rasgos tradicionales. También significa gozar del contacto con la vegetación y los materiales del lugar, de la transición, la sombra y la combinación de la estructura de madera de los techos con elementos metálicos para las vigas y columnas, de la pequeña escala de los pasillos, corredores o balcones y de las grandes luces de los locales sociales, del valor de la línea recta por su contraste con la inclinada. salón

6. Vista del volumen correspondiente a las áreas sociales desde la piscina con la Sierra Nevada al fondo
7. Cuerpo norte. En planta baja: estar, bar y fuente de soda. En planta alta: dancing y comedor

Son muchas, por tanto, las similitudes que ofrece el Prado del Río con el Llano Alto (Carpio & Suárez, 1954-56) en cuanto a la actitud asumida por los respectivos arquitectos, y de ambos con las experiencias que en Brasil realizó Lucio Costa en los hoteles de Ouro Preto (1940, junto a Oscar Niemeyer) y Friburgo (1944), tomadas también en cuenta por Fruto Vivas al proyectar el Moruco (1955-56), como parte de la “Red Hotelera Nacional”. En todos los casos se reafirma una clara vocación de reinterpretación del lenguaje local y adaptación a las condiciones del sitio de un programa resuelto dentro del espíritu de la modernidad.

El Prado del Río que abrió sus puertas en 1956, pasó un largo período de decadencia (similar al de muchos de los construidos durante la década de los años 50 del siglo XX), para luego ser convertido en 1988 en hotel-escuela destinado a la formación de jóvenes con vocación hacia la hotelería y el turismo que cursan sus estudios en el Colegio Universitario Hotel Escuela de los Andes Venezolanos, quienes bajo la premisa de «aprender haciendo» llevan a cabo actividades administrativas y de servicio dentro de la instalación. El número de cabañas se ha incrementado a 84 y recientemente ha sido remodelado, ampliados sus servicios y actualizadas algunas de sus instalaciones.

ACA

Procedencia de las imágenes

Revista Integral, nº6, 1957