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TAL DÍA COMO HOY…

… el 20 de octubre de 1953 se crea la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.

Placa ubicada en la entrada del auditorio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo que da cuenta del Primer Consejo Consultivo y los Profesores Fundadores de la institución.

Con una semana de diferencia con respecto a la Escuela de Arquitectura (creada un 13 de octubre) y con una separación de 12 años (la Escuela nace en 1941), siempre será bueno recordar y llevar a cabo un somero repaso relacionado con una conmemoración que marca los 66 años de la Facultad de Arquitectura más antigua e importante del país.

Así, tomando como referencia un texto que elaborásemos para la “Cronología 1953-2003” ubicado al final del libro conmemorativo Facultad de Arquitectura y Urbanismo UCV 1953-2003. Aportes para una memoria y cuenta (Ediciones FAU UCV, 2005), tenemos que 1953 se inicia en medio de un clima incierto en lo político y con la Universidad Central de Venezuela intervenida desde el año anterior. En enero, una vez instalada la Asamblea Nacional Constituyente de la época, ésta ratifica al coronel Marcos Pérez Jiménez como presidente provisional, luego del fraudulento resultado derivado del proceso electoral realizado el 30 de noviembre de 1952. A raíz del desconocimiento de estos resultados renuncia por presiones la Junta de Gobierno, marcándose el inicio “formal” de la dictadura o, según otros analistas, el paso de la “dictablanda” a la “dictadura”, designándose posteriormente a Pérez Jiménez como “Presidente constitucional” el 17 de abril.

En medio de estas circunstancias, el 2 de agosto de 1953 se sanciona una nueva Ley de Universidades, y el 20 de octubre de ese mismo año la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas se divide en dos Facultades: Ingeniería  y Arquitectura y Urbanismo (FAU). El ingeniero Willy Ossott, hasta ese momento Director de la Escuela es nombrado Decano y como Director es designado el arquitecto Tomás José Sanabria (graduado de arquitecto -master incluido- en 1947 en Harvard University). Para esta fecha el Pensum, recién estrenado (modificación  del anterior de 1946), está conformado por 37 asignaturas a ser cursadas bajo un régimen semestral a lo largo de 5 años. La Escuela tiene 174 alumnos y 25 profesores, y ocupa el primero y segundo pisos del Taller de Electricidad de la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales, nombre que adoptó la escindida Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

La importancia que en el país ya había cobrado la necesidad de planificar y ordenar el crecimiento urbano de las ciudades se ve reflejado en el doble apelativo que se le da a la Facultad, que seguirá, no obstante, teniendo una sola Escuela: la de Arquitectura, ya que el Urbanismo siempre fue visto como formación de postgrado y es sólo a partir de 1968 que se empieza a organizar con la creación del correspondiente Instituto.

En 1953, aparte del Decano y el Director conforman el cuerpo consultivo de la Facultad: Carlos Raúl Villanueva, Carlos Guinand Sandoz, Diego Carbonell (graduado en el MIT en 1944), Luis Eduardo Chataing (ingeniero, primer director de la Escuela y Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas) y Ernesto Fuenmayor (graduado en 1948 dentro de la primera promoción de la Escuela). Se reconocen como fundadores de la FAU a los profesores: Jean Boistel, Oscar Carpio (profesor de composición, quien antes de graduarse en Caracas en 1948 realizaría estudios de arquitectura en Cornell), Diego Carbonell, Henry Castillo Pinto, Edoardo Crema, Luis Eduardo Chataing, Carlos Delgado Sarmiento, Ernesto Fuenmayor, José Miguel Galia (quien se inicia como profesor de paisajismo, graduado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, Montevideo, en 1944), Santiago Goiri (al igual que Carpio profesor de composición y egresado de la primera promoción del 48), Carlos Guinand Sandoz, Mauricio Iranzo, Roberto Henríquez, Tony Manrique de Lara (al igual que Carpio y Goiri profesor de composición y egresado de la primera promoción), Juan Marichal Linares, Carlos Möller, Willy Ossott, Álvaro Pérez Luciani, Julio Ripamonti, Alfonso Rísquez, Jorge Romero Gutiérrez, Tomás José Sanabria, Horacio Soriano, Arturo Valery Pinaud, Abel Vallmitjana, Charles Ventrillón y Carlos Raúl Villanueva. Se incorporan también como miembros del personal docente los arquitectos: Julián Ferris (encargado del área de construcción, graduado en Syracuse en 1947), Juan Andrés Vegas (encargado del área de urbanismo, graduado en el MIT en 1947) y Martín Vegas (profesor de composición, graduado en el Illinois Institute of Technology -Chicago- en 1949).

Una vez creada la FAU el artista plástico Abel Vallmitjana inicia allí las actividades de extensión, que marcan su inicio formal con la organización de un primer evento conmemorativo, realizado en mayo de 1954 (cercano al primer aniversario), consistente en una exposición dedicada a la obra de Leonardo Da Vinci.

Este sucinto repaso que apunta fundamentalmente a los orígenes no puede dejar de mencionar como hechos relevantes de esa primera etapa: el nombramiento como Director de la Escuela de Santiago Goiri en 1956 primer egresado que ocupa dicho cargo; el estreno en 1957 del edificio sede (sin duda el mejor de los proyectados por Villanueva para la impartición de docencia dentro de la Ciudad Universitaria), la aprobación ese mismo año de un nuevo Plan de Estudios para la Escuela (cuando contaba ya con 313 alumnos) aumentando a 39 las asignaturas y manteniendo el mismo régimen y duración, la obtención también en 1957 por parte de los alumnos de 5º año del Primer Premio de la IV Bienal de Sao Paulo y el nombramiento de Antonio Granados Valdés como encargado de llevar adelante las actividades de Extensión Cultural que inicia con la publicación del primer número de la colección Espacio y Forma (que vio aparecer 23 números hasta desaparecer en 1981); para llegar a 1958 cuando en febrero (una vez que cae la dictadura) son designados como Decano el arquitecto Julián Ferris y como Director de la Escuela Oscar Carpio, pasando a ser Ferris (quien sustituyó al ingeniero Willy Ossott) el primer profesional de la arquitectura que ejerce el cargo y quien al realizarse el año siguiente (1959) las primera elección de autoridades universitarias se convierte en el primer decano electo, designando posteriormente a Ralph Erminy como Director de la Escuela.

Los años 60 transcurren con la Facultad consolidándose en cuanto a su condición de primer centro de estudios a nivel nacional, lo cual la lleva a contar en 1960 con 793 estudiantes y 110 profesores, momento en que el Plan de Estudios se renueva y eleva el número de asignaturas a 42 bajo el mismo régimen semestral y a lo largo de 5 años de duración de la carrera. En 1961 aparece bajo la dirección de Antonio Granados Valdés el primer número de la revista PUNTO (desaparecida en 2001 luego de acumular 69 números) y se le otorga a Carlos Raúl Villanueva el Doctorado Honoris Causa. En 1963 por iniciativa de Graziano Gasparini se crea el Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas (CIHE), primer centro de investigación de la aún joven institución, y al año siguiente (1964) aparece el nº1 del Boletín de dicho Centro (descontinuado en 1994 tras 31 ediciones). La creación en 1967 (año de conmemoración del cuatricentenario de la ciudad de Caracas) del Instituto de Urbanismo marca otro momento importante que permite ir consolidando la actividad de investigación dentro de la FAU. Así, lo que empezaba a ser el transitar pausado de la institución, se ve impactado por los influjos del mayo francés que en toda la UCV dan inicio al proceso de Renovación Universitaria, de particular resonancia en la Escuela de Arquitectura a partir de 1969, y que duraría más de dos años en medio de los cuales se vive el 26 de octubre del 70 el allanamiento de la Universidad la cual permanecerá cerrada hasta el 25 de julio de 1972.

La década de los 70 se inicia con la aprobación de un nuevo Plan de Estudios para la Escuela de Arquitectura producto del impacto de la Renovación que conlleva a una reestructuración académica: se habla ahora de Unidades Crédito que en número de 170 (distribuidas entre obligatorios -115- y optativos) se deben aprobar para obtener el título y los cuales son impartidos entre Unidades Docentes y Sectores de Conocimiento. En 1975 nace el Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) y en 1976 el Consejo Universitario aprueba el Reglamento de Funcionamiento Interno de la Escuela de Arquitectura y se crean la Comisión de Estudios para graduados y el Centro de Información y Documentación de la FAU. En 1978 la Escuela alcanza su tope histórico de población estudiantil: 3500, incremento que ya había llevado a las autoridades a realizar importantes modificaciones en la planta física del edificio sede que derivaron en su desnaturalización.

Podría decirse que una vez finalizada la década de los años 70 ya la FAU presenta con claridad una estructura organizativa que con pocas modificaciones ha perdurado hasta nuestros días, apareciendo únicamente como novedad en 2005 el surgimiento de un nuevo esquema de gestión que contempló la creación de entes coordinadores de las actividades de docencia, investigación y extensión. Por otro lado, en 1980 el Instituto de Urbanismo lanza la revista Urbana (cuya continuidad se vio interrumpida en 2007 tras alcanzar el número 40), en 1985 el IDEC publicará el nº 1 de Tecnología y Construcción (que sobrevive en formato digital hasta nuestros días) y en 2006 se crea el sello Ediciones FAU UCV buscando, tras una política editorial coherente ya aprobada en 2003, unificar esfuerzos diversos e importantes que a través del tiempo la institución siempre llevó adelante en ese campo.

Desde su fundación, la FAU ha podido constatar como la mayoría de los Premios Nacionales de Arquitectura han sido otorgados a egresados de las aulas de su Escuela, y cómo ha sido objeto de múltiples reconocimientos. Ha impulsado la creación de otras instituciones, ha visto pasar por sus aulas miles de estudiantes, por sus espacios a importantes figuras del acontecer arquitectónico internacional y ha sido sede de memorables eventos.

También, es bueno decirlo, ha sido dirigida por un total de 13 Decanos que han colaborado cada uno de diferente forma en su crecimiento y a darle la robustez de la que ha podido vanagloriarse, encontrándose hoy al frente como encargado el arquitecto Gustavo Izaguirre, a quien le ha tocado lidiar con los difíciles momentos que transcurren, ensombrecidos por una terrible crisis presupuestaria que ha afectado de manera ostensible su operatividad y mantenimiento, una disminución dramática de la planta profesoral y estudiantil alcanzando cifras similares a las registradas a comienzos de los años 60, y la amenaza de un régimen que apunta a desconocer definitivamente por la vía judicial la autonomía consagrada en la Constitución, buscándose tergiversar mediante un sistema de elección de sus autoridades impuesto, su esencia como entidad eminentemente académica.

Si algo requiere la Facultad de Arquitectura de la UCV en los actuales momentos, más allá de las felicitaciones que le corresponden por su onomástico, es la solidaridad y unidad de todos quienes han tenido que ver con ella a lo largo de 63 años. Sólo de esa manera será posible enfrentar con entereza y firmeza, junto los que aún allí permanecen y el resto de la comunidad universitaria, los aciagos momentos que atraviesa y los aún peores que se avecinan que amenazan con remontarnos, como hemos visto, a episodios signados por las intervenciones ya vividas en 1952 y 1970.

ACA

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Colección Crono Arquitectura Venezuela

TAL DÍA COMO HOY…

… el 4 de agosto de 1909 nace, en São Paulo, Roberto Burle Marx.

Quien es considerado como “el jardinero de América”, fue hijo de padre judío alemán y de madre brasileña. El uno, próspero comerciante dedicado a la exportación de cueros, muy comprometido con su cultura de origen era amante de la música erudita. La otra, oriunda de Pernambuco, cuya familia tenía raíces locales y francesas, despertó en sus seis hijos una particular sensibilidad hacia la música destacándose el mayor de ellos, Walter, como pianista de talento excepcional.

La formación de Roberto estuvo marcada por la fluctuante condición económica que conllevaba el negocio de su padre lo cual hace expresar a Fernando Tábora en el libro Dos parques. Un equipo (2007), lo siguiente: “La actividad del padre…tuvo siempre altibajos que se resumen en una frase de Burle Marx a este respecto: ‘Toda mi infancia la pasé mudándonos de un palacio a un semisótano’. Pero el padre también brindaba como compensación, en los períodos prósperos, viajes a Europa  con largas estadías especialmente en Berlín. La educación de Burle Marx, por lo tanto, no pudo ser convencional.”

Desde muy joven Burle Marx ya había empezado a manifestar una clara vocación por el arte que poco a poco fue combinando con una temprana inclinación al trabajo y la creación de jardines. De esta manera, cuando una vez más visita Alemania en 1928, al entrar en contacto con las vanguardias artísticas, es mucha la influencia que recibe lo cual lo llevó a inscribirse a su regreso en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Federal de Rio de Janeiro para formarse en pintura. Pese a no concluir sus estudios, ellos propiciaron, debido al cambio de pensum introducido por Lucio Costa de los últimos años de carrera en los que Bellas Artes se agrupaba con Arquitectura, el encuentro de Burle Marx dentro de la institución con Oscar Niemeyer, Affonso Eduardo Reidy y Jorge Moreira, entre otros, relaciones que luego fueron muy bien aprovechadas por el personaje que nos ocupa.

1. Arriba: Diseño de Burle Marx para un jardín en la azotea, Ministerio de Educación y Salud, Río de Janeiro, Brasil, 1938. Abajo izquierda: Propuesta para la Plaza Salgado Filho, Flamengo, 1957. Abajo derecha: Roberto Burle Marx, jardín en el techo de la residencia de Alfredo Schwartz en Copacabana, Rio de Janeiro, 1932.

La pintura se constituyó inicialmente en el centro de la actividad de Burle Marx, la cual no abandonará nunca en el transcurso de su vida recibiendo particularmente la influencia de Cándido Portinari (con quien trabajó en su Atelier) siendo, sin embargo, su más importante referencia y mayor influencia la recibida del pintor alemán Leo Putz.

Según reza en su biografía, su primer trabajo como paisajista fue en 1932, colaborando en el proyecto de la residencia de la familia Schwartz en Copacabana, obra de quien ya había conocido en la Escuela de Bellas Artes y que más tarde se convertiría en uno de los arquitectos más importantes del país: su amigo -y vecino- Lucio Costa. Dos años después, el gobernador de Recife, que había visitado la casa de esta familia, le ofrece a Burle Marx el cargo de Director de Parques y Jardines de dicha ciudad, en la que realiza varias obras públicas y jardines particulares, como el del artista Francisco Brennand.

Al volver a Río, Burle Marx es cada vez más requerido. Proyecta en 1938 la Plaza Salgado Filho, su primera en la que por entonces era la capital de Brasil, usando solo plantas autóctonas. También realizó, entre otros, los jardines y terrazas del Ministerio de Educación y Sanidad (1945) y de la Asociación Brasilera de Prensa, en la Floresta de la Tijuca (1936), encargándosele en 1943, el jardín de la residencia particular de quien posteriormente sería presidente de la República: Juscelino Kubitschek.

Destaca desde muy temprano su permanente afán por incrementar su  aprendizaje botánico, su interés por llenar el gran vacío de conocimiento en este campo y en particular lo concerniente a la flora de su país, detonante principal para el trabajo de campo directamente relacionado a ello que siempre desarrolló. Así, durante toda su vida Burle Marx llevó a cabo una extensa investigación, descubriendo y clasificando muchas especies, estableciendo relación, como apunta Tábora, “con los botánicos más destacados de la época, entre ellos Graiala Barroso, Luis Emigdio de Mello filho y Henrique Lahmeyer de Mello Barreto. Este último precursor con sus ideas  de una visión global del ambiente, fue el que más contribuyó al gran cambio que Burle Marx daría a los conceptos de diseño, utilizados hasta ese momento en la arquitectura paisajista”.

Ahora bien, más allá de continuar repitiendo rasgos y datos que podamos extraer de las biografías generales ya elaboradas, Burle Marx también engrosa la lista de visitantes memorables que hemos venido reseñando desde estas páginas. De allí que, más allá de su importante producción tanto en su natal Brasil como internacionalmente, tal vez valga más la pena destacar lo intenso y fructífero que fue su contacto con nuestro país, el cual en muy buena medida está registrado en el libro de Tábora y en el artículo de su misma autoría titulado “El Roberto Burle Marx que me tocó conocer”, aparecido en el nº 68 de Arquitectura HOY el 2 de julio de 1994 a un mes de su fallecimiento.

2. Roberto Burle Marx. Jardín de la casa de Inocente Palacios en Colinas de Bello Monte, Caracas, 1957
3. Burle Marx con su equipo en la oficina de Río de Janeiro: los arquitectos Fernando Tábora, Julio César Pessolani y John Godfrey Stoddart con el Plano General del Parque Naciones Unidas en Chile, 1960

La llegada de Burle Marx a Venezuela se produce en septiembre de 1956 “debido a una circunstancia fortuita dada por la necesidad de la colaboración de un arquitecto paisajista, en el proyecto del club privado Puerto Azul. El promotor Daniel Camejo Octavio y sus arquitectos Oscar Carpio y Guillermo Suárez, enfrentaban un problema difícil con las áreas libres del proyecto. Uno de los gerentes de la promotora, cuyo sobrino estudiaba en la Universidad de Cornell, el hoy arquitecto y paisajista Oswaldo Lares, le insinuó a Camejo la importancia de hacer venir a Burle Marx como consultor”. El propio Tábora, quien para entonces ya trabajaba en el Atelier de Burle Marx en Río de Janeiro, será quien coordinará los detalles y luego lo acompañará en el viaje que realizaría a Venezuela.

Burle Marx llega a un país que se caracterizaba por su bonanza económica y acelerado ritmo en la construcción de su infraestructura, y a partir del mismo momento en que lo hace se ampliarán los contactos, colaboraciones y proyectos que el Atelier (por entonces conformado por Burle Marx, Tábora, Mauricio Monte y Julio César Pessolani) iría atendiendo y desarrollando. Casi de inmediato, a finales de 1956, Burle Marx es contactado por Carlos Guinand Sandoz para diseñar las áreas exteriores de la Exposición Internacional de Caracas a realizarse en 1960; es requerido por Jorge Romero Gutiérrez, Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger para colaborar con el tratamiento de los espacios abiertos de El Helicoide de la Roca Tarpeya; también para proyectar el paisajismo entre el hotel Humboldt y la Estación del Teleférico a instancias de Tomás Sanabria; y, más adelante, el rediseño del área central de la pista del Hipódromo La Rinconada, el Jardín Botánico, en Maracaibo (Edo. Zulia), los jardines de los clubes Playa Azul, Playa Grande, Morón y Balneario de Naiguatá, a los que se sumarán los paisajismos para las viviendas de Inocente Palacios y Diego Cisneros así como el de la casa de hacienda Monte Sacro de Nelson Rockefeller en Nirgua, estado Yaracuy, desarrollados casi todos en 1957 desde Rio de Janeiro. “No sería hasta mediados de 1957 cuando (John) Stoddart se incorporaría como socio a la nueva firma organizada para el desarrollo de proyectos de Arquitectura Paisajista y Planificación”, sumándose a Tábora, Pessolani y Monte, dejando atrás la denominación y estructura de Atelier. Posteriormente, en 1959 se registraría en Caracas la Oficina Técnica Roberto Burle Marx C.A., sociedad que acometería finalmente el proyecto para el Parque del Este.

4. Parque del Este, Caracas, 1961. Arriba izquierda: Patio de los Azuelejos. Arriba derecha: Aviario. Abajo izquierda: Restaurant del gran lago. Abajo derecha: Lago de las corocoras. Fotos tomadas en 1965.

Tábora relata en su libro cómo “las actividades del atelier Burle Marx incluían lo que para un arquitecto parecería insólito, puesto que podían ser el replanteo de un mural, expediciones de varios días a la selva en busca de plantas autóctonas, la escenografía de un gran baile de carnaval en el teatro Municipal de Río de Janeiro, el diseño y ejecución de una exposición de plantas, el desarrollo de un proyecto de paisajismo en La Habana, Asunción o Buenos Aires. (…) Burle Marx no tenía una formación de arquitecto, pero a través de su percepción del espacio en la naturaleza y la reorganización en el jardín, con base en sus conocimientos como artista plástico, le permitían un enlace inusual con las propuestas de la arquitectura moderna brasileña que no encontraba ninguna afinidad con la arquitectura paisajista del momento”. Sin embargo, “con el crecimiento de la complejidad de los proyectos que llegaban al Atelier, que rebasaban la capacidad técnica de Burle Marx, y poder de ser expresados en planos y detalles de obra, se hizo necesaria la inclusión de arquitectos en el taller”.

Luego de su intensa relación con Caracas, Burle Marx verá cómo Tábora y Stoddart se independizarían en 1964 para desarrollar a través de la firma Stoddart + Tábora Arquitectos un fructífera carrera que dejaría huella en el paisajismo venezolano en todas sus instancias. Él, por su parte, seguiría con su trabajo desde su otra empresa fundada en 1955 (Burle Marx e Cia. Ltda.) junto con el menor de sus hermanos, Siegfried, y con la colaboración de los arquitectos José W. Tabacow y Haruyoshi Ono, quienes, al igual que sus socios caraqueños, tiempo atrás habían ido a golpear su puerta para ofrecerse como pasantes. Cabe  resaltar que Haruyoshi Ono, a partir de los años 60 se asoció y siguió dando continuidad a la obra del Maestro.

Fue también su hermano menor quien encontró el sítio -chacra- Santo Antônio da Bica, en Barra de Guaratiba, a 60 kilómetros del centro carioca. 365.000 m2 que se trasformarían primero en un centro de experimentación, donde acomodaría sus colecciones de plantas, y luego en su hogar. De a poco Burle Marx va reformando la casa principal, a la que va agregando varios salones y la galería externa hasta que en 1973 se muda definitivamente para el sítio, dejando el barrio de Leme, donde vivía desde su infancia. En 1985 dona el sítio al Gobierno Federal, aunque continuó viviendo allí hasta 1994, el año de su muerte. A partir de 1996 comenzó un arduo proceso de identificación y clasificación del acervo, con supervisión y curaduría de la museóloga Iara Madeira, del Museu Histórico Nacional. A través de la Asociación de Amigos de Roberto Burle Marx se obtuvieron recursos financieros de varias entidades para la implementación del proyecto del museo en que hoy el sítio se ha transformado.

ACA

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  1. Arriba: https://agrowingobsession.com/?p=73506. Izquierda abajo: https://www.modernamuseet.se/stockholm/en/exhibitions/time-place-rio-de-janeiro/. Derecha abajo: https://coleccioncisneros.org/es/content/el-modernismo-de-roberto-burle-marx
  2. https://docplayer.es/92836645-El-jardin-damero-de-la-casa-de-inocente-palacios-en-caracas-1957.html

3 y 4. Fernando Tábora, Dos parques un equipo, 2007

TAL DÍA COMO HOY…

… el 19 de mayo de 1935, Pio XI canonizó a Tomás Moro (1478-1535)

Tomás Moro, quien, tal y como se recoge en su biografía, fue un pensador, teólogo, político, humanista y escritor inglés, y además poeta, traductor, lord canciller de Enrique VIII, profesor de leyes, juez de negocios civiles y abogado, fue enjuiciado en 1535 por orden del rey Enrique VIII, acusado de alta traición por no prestar el juramento antipapista frente al surgimiento de la Iglesia Anglicana, oponerse al divorcio con la reina Catalina de Aragón y no aceptar el Acta de Supremacía, que declaraba al rey como cabeza de esta nueva Iglesia. Fue declarado culpable y recibió condena de muerte. Permaneció en prisión en la Torre de Londres hasta ser decapitado el 6 de julio de ese mismo año.

En 1886 junto con otros 53 mártires, entre ellos su amigo y confidente el Obispo Juan Fisher, será beatificado por León XIII, y también junto con él canonizado el 19 de mayo de 1935, con ocasión del IV centenario de su martirio, por Pío XI. Posteriormente, será declarado patrón de los políticos por San Juan Pablo II el 31 de octubre del año 2000. Su festividad se celebra el 22 de junio para hacerla coincidir con la de John Fischer, ejecutado en día tal.

Moro, como se sabe, pasó a la posteridad por haber publicado en 1516 Utopía, cuyo título original en latín era Verdadero libro de oro, no menos saludable que festivo, sobre la óptima República y la nueva Isla de Utopía. Impresionado por las narraciones extraordinarias de Américo Vespucio sobre la isla de Fernando de Noronha, que fue avistada por los europeos en 1503, Moro consideró que en esa misma isla se podría construir una civilización perfecta.

Para Moro, la utopía era una sociedad comunal, racionalmente organizada, donde las casas y los bienes serían propiedad colectiva y no individual, y las personas pasarían su tiempo libre en la lectura y en el arte, pues no serían enviadas a la guerra, excepto en situaciones extremas; por lo tanto, esta sociedad viviría en paz, felicidad, justicia y en plena armonía de intereses.

En este sentido, la Utopía también guarda, dentro de su formulación idealista, un fuerte mensaje de contenido crítico hacia los regímenes que gobernaban en Europa durante su época.

Moro, por tanto, crea el término Utopía, de importantes repercusiones políticas y también arquitectónicas y urbanísticas a través del tiempo, a partir de los vocablos griegos οὐ (ou), que significa ‘no’, y τόπος (tópos), que traduce ‘lugar’, es decir: ‘lugar que no existe’.

Hoy en día Utopía se denomina a la idea, ideación o representación de una civilización ideal, fantástica, imaginaria e irrealizable, paralela o alternativa al mundo actual.

El término utopía también puede designar aquel proyecto o doctrina que se considera idóneo, pero inviable o de difícil puesta en práctica: “utopía comunista”, “utopía anarquista”.

En este sentido, como utopía también se puede considerar un modo optimista de concebir cómo nos gustaría que fuera el mundo y las cosas: “Sé que es una utopía la manera en que propongo que funcione el país”.

Debido a su importante carga idealista, la utopía ofrece el suelo para formular y diseñar sistemas de vida en sociedad alternativos, más justos, coherentes y éticos, por ello, se ha hecho extensiva a distintas áreas de la vida humana, y se habla de utopías económicas, políticas, sociales, religiosas, educativas, urbanísticas, arquitectónicas, tecnológicas, y ecologistas o ambientalistas.

El libro de filosofía más importante por su contenido utópico es La República de Platón, donde éste formula su pensamiento político y sus ideas en torno a cómo debería funcionar una sociedad para alcanzar la perfección.

Sin pretender para nada agotar las múltiples oportunidades que ofrece abrir un debate actual sobre la vigencia de Utopía y sus repercusiones, tema ampliamente documentado desde diferentes perspectivas en publicaciones que se editaron al cumplirse los 500 años de su aparición (2016), tomaremos, para cerrar esta remembranza de su autor el resumen del artículo escrito por Didier Souiller en 2008 para la Revista de Filología Románica, titulado “Ciudades ideales: de la Utopía de Tomás Moro a la Ciudad del Sol de Campanella”: “En el siglo XVI, en tanto que existe un pensamiento urbanístico, se manifiesta por medio de la imaginación artística y de la arquitectura de edificios urbanos y palaciegos. En el presente artículo se trata de cuatro libros que pertenecen a un largo siglo XVI: la Utopía de Tomás Moro, el Gargantua de Rabelais, la Città del Sole de Tomaso Campanella y The New Atlantis de Francis Bacon. Con Rabelais y Bacon tenemos dos ejemplos extremos de ciudades ideales cuando ambas se reducen, sea a un castillo feliz y autónomo, sea a una enciclopedia. Pero los rasgos fundamentales de la ciudad ideal aparecen en las cuatro obras: aislamiento respecto del resto del mundo, división entre la ciudad y el campo, simbolismo general de la arquitectura. La ciudad que ofrece una protección completa, con educación y sustento, aparece como una verdadera ciudad-madre. La geometría y el simbolismo de la construcción de la ciudad ideal demuestran a la vez el anhelo de apoderarse del mundo y la relación entre arquitectura e ideología. Por fin, la utopía anuncia la dictadura ideológica, los estados totalitarios del siglo XX y el gulag”.

ACA