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TAL DÍA COMO HOY…

… un 21 de junio nacen Heinrich Wölfflin (1864-1945) y Pier Luigi Nervi (1891-1979)

Heinrich Wölfflin y Pier Luigi Nervi

La coincidencia en la fecha de nacimiento, con 27 años de diferencia, entre Heinrich Wölfflin y Pier Luigi Nervi nos ha tentado a llevar adelante esta nota donde intentaremos exponer la importante influencia que ambos personajes, desde territorios muy distintos y distantes, ejercieron sobre la arquitectura así como la relación que pudiese establecerse entre ellos como referentes de primer orden en desarrollo de la disciplina a lo largo del siglo XX.

Si comenzamos por Wölfflin, quien nació en la población suiza de Winterthur proveniente de una familia acomodada, a poco que incursionamos en su biografía nos encontramos con que se trata quizá del más importante teórico con que contó la historia del arte a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su formación la lleva adelante primero en la Universidad de Basilea (1882) donde fue alumno de Jakob Burckhardt uno de los más reconocidos historiadores del arte y la cultura del siglo XIX, completándola en Berlín y Munich entre 1883 y 1886.

Es en la Universidad de Munich donde completa sus estudios doctorales en 1888 tras defender la tesis Prolegómenos a una psicología de la arquitectura donde, bajo una fuerte influencia de ideas neokantianas, ya planteaba como condición medular del hacer histórico, el proceso de percepción artística.

Entre 1886 y 1888, mientras realiza su doctorado, Wölfflin hace una estancia en Roma y viaja a Grecia. En 1889 ya con el título de doctor regresa de nuevo a Italia, donde se relaciona en 1889 con el teórico Konrad Fiedler y el escultor Adolf von Hildebrand quienes ejercerán en él una importante influencia en la manera de ver el arte que luego será el propio Wölfflin quien la sistematizará. Más tarde (1893) tras reencontrarse con Burckhardt lo sucede en la cátedra de historia de la cultura que éste ocupara en Basilea, manteniendo una estrecha amistad reflejada en la serie de correspondencias intercambiadas entre 1882 y 1897.

Cuatro obras fundamentales dentro de la trayectoria de Heinrich Wölfflin: Renacimiento y Barroco (1888), El arte clásico (1899), Conceptos fundamentales en la historia del arte (1915, revisada en 1933) y Reflexiones sobre la historia del arte (1941)

Wölfflin publica el mismo año en que se doctora, como disertación que lo habilitaría para iniciar su carrera académica universitaria, Renacimiento y Barroco (1888). Luego El arte clásico (1899) y más tarde la que se considera su obra cimera: Conceptos fundamentales en la historia del arte (1915, revisada en 1933), en la que ya ha madurado a plenitud sus más relevantes premisas metodológicas. Finalmente, en Reflexiones sobre la historia del arte (1941), revisa y aclara algunos aspectos de sus publicaciones anteriores y rinde homenaje a su admirado maestro Jakob Burckhardt.

Es curioso reseñar, según lo que hemos podido recoger del artículo de Simón Noriega titulado “Heinrich Wölfflin y la pura visualidad”, aparecido en Presente y Pasado. Revista de Historia (2006), el hecho de que Wölfflin se autodefinía como un profesor de pocos libros y que sus escritos eran más bien consecuencia de su magisterio llegando a ser famoso por la calidad de las clases que dictaba en Basilea y su estilo pedagógico, pudiéndose afirmar que “el verdadero Wölfflin sólo se llegaba a conocer en el aula”. Se reconoce en él como “el primero a quien se le ocurrió respaldar la palabra con imágenes de obras de arte proyectadas en una pantalla en un salón a oscuras. Esta modalidad le permitía analizar y comparar cómodamente las obras a las cuales hacía referencia en sus más mínimos detalles”. Alfred Neumeyer, quien fuera su alumno en la Universidad de Munich, deja constancia a través de Noriega de sus inolvidables clases y añade: “No era un profesor de muchos adjetivos, y, en lugar de despertar sentimientos, prefería más bien las revelaciones ópticas y las comparaciones visuales. Las formas artísticas eran el fundamento de sus palabras y, así, lo visto y lo dicho, fluían simultáneamente en la clase … siempre hacía referencia a las explicaciones de la gestalt y al fenómeno óptico.”

La visión e ideario de Wölfflin, ya esbozados en su manera de ejercer la docencia, no dejan de lado el haber convivido con la época en la que Hegel y el positivismo copaban la escena: su empeño de hacer una ciencia de la historia del arte no dejan de ser reflejo de ello. Sin embargo, será la estética kantiana sumada a la influencia primero de Burckhardt y de Dilthey, y luego de Wundt, Hildebrand, Riegl, Volkelt y Fiedler y su teoría de la “pura visibilidad”, las que le permitirán a Wölfflin darle mayor cuerpo a ésta y a lo que se conoce como “formalismo visual” (Sichtbarkeit) o en otras palabras en “enfocar su estudio hacia el desarrollo ‘interior’ del arte enfatizando la forma representativa (su visibilidad) por sobre el contenido de la obra, la intención del autor o demás factores y circunstancias externas”. En tal sentido, a diferencia de Fiedler, para Wölfflin “el Formalismo no es un fin en sí mismo, no se eliminan el contenido ni los sentimientos sino que se intenta derivarlos de la forma”, diríamos siguiendo el ensayo “Formalismo: H. Wölfflin”, publicado en el blog CAMUSISIFO el 21 de septiembre de 2012.
Rondando las tesis formalistas se encuentran los conceptos de Einfühlung (Teoría de la Empatía) y Kunstwollen (acuñado por Riegl como “voluntad artística” o voluntad de forma). Wölfflin, convencido de que la evolución de las formas, tanto es su aspecto interno como externo, se hallan íntimamente vinculados, predicaba la necesidad de una psicología del arte entendido como fenómeno absolutamente desvinculado de la “realidad existencial” y también “… opuesto a la interpretación positivista que sobreestima las condiciones del medio (Taine) o de la técnica (Semper), Wölfflin sostiene que no es la técnica la que crea estilo, sino el sentido de la forma, que en definitiva, expresa el sentido vital de la época”.

El método formalista de Wölfflin es expuesto con toda claridad en Conceptos fundamentales en la historia del arte cuyo objetivo es indagar en torno a la configuración del estilo dejando de lado la historia de los artistas particulares, conformando una “historia del arte sin nombres”. En esta obra “Wölfflin analiza la evolución de estilos del Renacimiento (clásico) al Barroco a través de cinco pares de conceptos contrapuestos que luego se convertirán en principios universales: la evolución de lo lineal a lo pictórico, de lo superficial a lo profundo, de la forma cerrada a la abierta, de lo múltiple a lo unitario, de la claridad absoluta a la relativa a los objetos. Inspirados en un interés histórico, esto es, aprehender a través de la evolución de los estilos, el pasaje de una época a otra en tanto cambio de sentimiento fundamental o disposición espiritual, Wölfflin renuncia a la documentación bibliográfica y formula verdaderas ‘categorías formales’ (Bildformen), maneras de ver”, se afirmará en el blog ya citado.

Las cinco duplas planteadas por Wölfflin (las cuales sugerimos revisar más a fondo desde las referencias bibliográficas que hemos señalado), mantienen su vigencia y eficacia aún hoy como modelo de análisis para la pintura considerándose algo forzadas para ser aplicadas a la arquitectura (a quien siempre tuvo presente), sin que por ello dejen de ejercer un sugerente atractivo. No en vano se han hecho intentos para que ello pueda acontecer particularmente cuando se incursiona en el par “forma cerrada-forma abierta”: Wölfflin define la forma cerrada como “la representación que, con medios más o menos tectónicos, hace de la imagen un producto limitado en sí mismo, que en todas sus partes a sí mismo se refiere” (presente en el clasicismo renacentista), en tanto que la forma abierta (propia del Barroco) es al contrario, el estilo que “constantemente alude a lo externo a él mismo y tiende a la apariencia desprovista de límites, aunque, claro está, siempre lleve en sí una tácita limitación…”.

Si bien en un principio debemos convenir en que todas las arquitecturas tienden a ser formas cerradas o tectónicas por estar ello en su propia naturaleza, se podría decir que la “arquitectura tectónica”, definida por formas cerradas, se caracteriza por la importancia dada a la estructura, por la imposibilidad absoluta de desplazamiento y por el uso de formas delimitadas. Todo ello produce una sensación de plenitud, de satisfacción. Sería propio de este tipo de arquitectura el elemento geométrico y proporcionado, al igual que las formas rígidas que les confieren impresión de quietud y reposo. Por el contrario la “arquitectura atectónica”, o de formas abiertas, es la que, sin prescindir totalmente del orden, quiere dar apariencia de libertad. Juega con la irregularidad y disfruta ocultando la regla que la rige y que la arquitectura tectónica, su opuesta, gozaba en comunicar. Usa formas abiertas, aparentemente inacabadas, desprovistas de límites y que, en consecuencia, transmiten la sensación de no estar colmadas, de no estar saciadas. Son formas fluidas que parecen tomadas del mundo orgánico, formas que parecen haberse ablandado súbitamente, henchidas por una nueva vida interior.

Ahora bien cuando en su tesis doctoral Wölfflin se formula preguntas como la siguiente: “¿Cómo es posible que las formas arquitectónicas puedan expresar una emoción o un estado de ánimo?”, ya manifestaba la posibilidad de tener en la arquitectura una aliada a la hora de exponer sus ideas, por lo que no deja de tenerla en la mira en la medida que desarrolla una “historia de los estilos” independiente del contexto social, económico y religioso. Su proximidad también es fácil de reconocer a través de la obra de dos importantes historiadores, Rudolf Wittkower y, particularmente, Sigfried Giedion quienes se cuentan entre sus alumnos así como Paul Frankl su asistente luego de terminar su tesis en 1910. Por tanto a través de Giedion, autor de la esencial obra Espacio, tiempo y arquitectura (1941), clásico de la historiografía de la arquitectura moderna (que al igual que hacía Wölfflin, se encargó de actualizar hasta 1966, dos años antes de su muerte), es mucho lo que se puede extraer de la influencia de su maestro en la manera cómo el discípulo entendió e interpretó nuestra disciplina, donde la figura de Pier Luigi Nervi pese a ser ingeniero de formación, ocupa un lugar importante.

Portada del libro de Sigfried Giedion Espacio, tiempo y arquitectura (1941)

En primer lugar rescataríamos el significativo reconocimiento a Wölfflin que hace Giedion en la “Introducción” de Espacio…  cuando señala: “Como historiador del arte, soy discípulo de Heinrich Wölfflin. En nuestros contactos personales con él, así como gracias a sus prestigiosas clases, … aprendimos a comprender el espíritu de una época. (…) Wölfflin nos deleitaba comparando un período con otro; empleaba este método con la máxima eficacia tanto en su actividad docente como en sus libros… (…) Muchos de sus alumnos han tratado de emular este método de comparar estilos, pero ninguno ha alcanzado la misma profundidad y exactitud. (…) En mi primer libro, Clasicismo, tardobarroco y romántico (1922; escrito como tesis doctoral), yo también traté de seguir el método de Wölfflin. Los períodos que se comparaban eran el final del siglo XVIII y el comienzo del XIX, ambos caracterizados por el clasicismo. (…) El problema que me fascinaba era cómo se había configurado nuestra época, dónde se hundían las raíces del pensamiento de nuestros días. Este problema me ha fascinado desde el momento en que por primera vez llegué a ser capaz de razonar sobre él.”

Más adelante, Giedion señala en clara alusión a lo aprendido con Wölfflin: “El historiador, en especial el historiador de arquitectura, debe estar en estrecho contacto con las concepciones coetáneas. (…) Sólo cuando está impregnado del espíritu de su propio tiempo es cuando el historiador está preparado para detectar esos rasgos del pasado que las generaciones anteriores han pasado por alto. (…) La historia no es simplemente la depositaria de unos hechos inmutables, sino un proceso, un patrón de actitudes e interpretaciones vivas y cambiantes. (…) La historia no puede tocarse sin cambiarla.”

Así, Giedion nos hace de puente y nos abre la puerta para poder dirigir la mirada hacia Pier Luigi Nervi, ingeniero civil de profesión, nacido en Sondrio al norte de Italia muy cerca de los Alpes suizos, quien hoy estaría cumpliendo 129 años. Se formó Nervi en la Escuela de ingeniería civil de la Universidad de Boloña graduándose en 1913.

Más conocido en el mundo de la arquitectura por la interesante condición que lo colocaba como tal en virtud de la gracilidad, precisión, audacia y sutileza con que desarrollaba el cálculo y la construcción de las obras que emprendía, a Nervi se le considera un innovador en el uso del hormigón armado que él denominaba como “ferrocemento”, caracterizado por la particular disposición y uso del acero y su proporción con el concreto, con el que lograba con menos material verdaderas proezas estructurales que derivaban además en sorprendentes disminuciones en el costo de obra.

Pier Luigi Nervi. Izquierda: estadio de fútbol Giovanni Berta de Florencia -hoy Artemio Franchi- (1929-32). Derecha: hangares de Orvieto (1936-40)
Pier Luigi Nervi. Izquierda: Pequeño Palacio de Deportes, Roma (1960). Derecha: Catedral de Santa María en San Francisco (Estados Unidos) en colaboración con Pietro Belluschi (1971)
Pier Luigi Nervi. Palacio de Exposiciones de Turín (1947-1949)

Desde muy temprano, tras fundar en 1920 su propio despacho con el nombre de Societàd’Ingenieria Nervi e Nebbiosi, Nervi destaca como el calculista del estadio de fútbol Giovanni Berta de Florencia -hoy Artemio Franchi- (1929-32); los hangares de Orvieto (1936-40) para el Ejército del Aire italiano (volados por los nazis al retirarse de Italia); el Palacio de Exposiciones de Turín (1947-1949); la Sala delle Feste de Chianciano (1952); la sede de la UNESCO (1958) en París, en colaboración con Marcel Breuer y Bernard Zehrfuss; la torre Pirelli (1955-1959) en Milán, en colaboración con Arturo Danusso y Gio Ponti; el depósito de agua de la planta Fiat Mirafiori (1962); o la Catedral de Santa María en San Francisco (Estados Unidos) en colaboración con Pietro Belluschi (1971), desarrollando en el área de las instalaciones deportivas buena parte de su extenso trabajo: el complejo Kursaal de Ostia (1950); las obras realizadas para las Olimpiadas de Roma de 1960; o el famoso trampolín en el Good Hope Center de Ciudad del Cabo (1964 -1980), que tenía la mayor cúpula de cemento del mundo en su época y que fue la primera instalación deportiva multirracial de una Sudáfrica aún en pleno apartheid.

Para Giedion, Nervi ocupa un lugar importante dentro del tema “La construcción y sus implicaciones espaciales” tratado también en la “Introducción” de Espacio, tiempo y arquitectura. Superada la experiencia conformada por la construcción basada en elementos lineales prefabricados haciendo uso fundamentalmente del acero, que se perfecciona hacia el último tercio del siglo XIX, al siglo XX le correspondía dar el salto hacia la activación de todas y cada una de las partes que conforman un sistema estructural contándose para ello con la ductilidad y flexibilidad el hormigón armado como su principal aliado. Los ejemplos de estructuras diseñadas por Robert Maillart y Eugene Freyssinet en torno a 1930 se convierten para Giedion en un claro ejemplo de lo que intentaba decir cuando se refería a la “distribución espacial de las fuerzas” que el nuevo siglo propició, y que también ofreció al acero la oportunidad de ampliar su espectro de uso. Tras la muerte de Maillart en 1941 las estructuras laminares y mallas espaciales siguieron desarrollándose pero curiosamente para Giedion, Pier Luigi Nervi representa más bien la evolución del uso de elementos estructurales lineales considerándolo prácticamente el punto final de esa línea de trabajo que tiene en el Palazzo del Lavoro del Turín (1961) su punto culminante. Si en cierta manera Nervi mira hacia el pasado, Félix Candela, Eduardo Torroja, Jorn Utzon y Kenzo Tange miran hacia el futuro.

Pier Luigi Nervi. Proyecto para un Centro de Exposiciones en Caracas, 1956
Pier Luigi Nervi y su presencia en la revista Punto nº 4, 1961
Pier Luigi Nervi y su presencia en la revista Punto nº 16, 1964

En nuestro país la obra de Nervi fue seguida de cerca por Carlos Raúl Villanueva, siempre interesado en la evolución de las técnicas constructivas que giraban en torno al uso del concreto armado y la industrialización y, en consecuencia, por la División de Extensión Cultural de la FAU UCV que le abrió sus puerta desde muy temprano desde las páginas de la revista PUNTO. De hecho Granados Valdés cada vez que pudo publicó un hermoso dibujo de Nervi de una cubierta para un Centro de Exposiciones para Caracas, fechado en 1956, del cual no tenemos mayores noticias acerca de quien lo encargó y hasta qué nivel de desarrollo llegó.

Lo cierto es que ya en el nº 4 de 1961 se publica un artículo titulado “Nervi”, resumen de la ponencia presentada por el ingeniero italiano en el 6º Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos celebrado en Londres en julio de aquel año, que originó otra de Villanueva titulada “Influencias del concreto y del progreso técnico y científico en la arquitectura de hoy y de mañana”, publicada en extenso. En su texto Villanueva expresa, como pocas veces se le ha conocido, una fuerte reacción contra las deducciones que elabora Nervi en su ponencia, consideradas por el Maestro venezolano como “inaceptables” y que lo “dejan perplejo” manifestando, además que “el razonamiento está viciado por un error de enfoque”. La discrepancia y contundente respuesta se origina en que “el profesor Nervi atribuye a la estructura un valor absolutamente determinante en la arquitectura, hasta hacer de ella el factor absorbente y exclusivo del quehacer arquitectónico. Una vez enunciada la ecuación Arquitectura igual a Estructura y una vez afirmado el principio de que la estructura está rígidamente determinada por la ciencia y por los procesos de la producción tecnológica, el profesor Nervi llega a la conclusión obligada de que la arquitectura del futuro coagulará en formas-tipos ideales y perfectas.” Villanueva, para redondear su discrepancia añade que “en primer lugar es imposible aceptar la identificación del concepto de arquitectura con el concepto de estructura. Ello representa ya no una reducción de valores sino un error de tipo crítico. En segundo lugar la reedición del concepto de forma-tipo perfecta e ideal constituye un regreso a concepciones platónicas con evidentes resabios académicos.”

En otro momento, a lo largo del año 1964, con ocasión de la llegada a los espacios de la FAU UCV de la ”Exposición de la obra de Pier Luigi Nervi”, abierta entre el 20 de febrero y el 12 de marzo, PUNTO en su nº 16 (febrero) publica el artículo firmado por el ingeniero italiano “La arquitectura actual y la formación del arquitecto”; registra en el nº 17 (abril) la realización de una Mesa Redonda “en torno a la obra del maestro italiano” llevada a cabo el 17 de marzo; y publica en el nº 18 (junio) la transcripción del polémico evento que contó como precedente con una conferencia dictada por el profesor Guido Guazzo (discípulo y colaborador de Nervi) en las fechas en que estuvo abierta la muestra. Conformaron la Mesa Redonda los profesores: Domingo Álvarez, Enrique Noriega, Guido Guazzo, Juan Pedro Posani, César Hernández Acosta y Carlos Añez.

Para observar el desarrollo del debate preferimos remitir a la consulta directa de la revista. Sin embargo, puede concluirse que, más allá de salvarse de toda duda la altísima calidad de la obra realizada por Nervi y sobre todo su alto nivel técnico, constructivo y su capacidad de ver un sistema estructural como todo un proceso que sobrepasa la concepción de un modelo, y como punto en el que se unifican teoría y práctica a favor de la optimización con su correspondiente dosis de ahorro de recursos, se deja sobre el tapete la discusión acerca de su consideración o no como arquitecto y las dudas que arroja su incursión en el territorio de la arquitectura a la hora de teorizar en torno a ella.

Nervi, a diferencia de Maillart o Torroja a quienes Giedion agrupa dentro de la misma estirpe, es un ingeniero que tiende a respetar ciertas concepciones tradicionales del espacio arquitectónico más próximas a la arquitectura clásica y por ende a la categoría de “forma cerrada” o “tectónica”, con un alto contenido estético asociado a su valor constructivo, temas todos  enunciados por Wölfflin. Sus insuperables cubiertas de filigrana, como ya adelantáramos, pertenecen a una visión conceptualmente conservadora, inmersa dentro de una poética personal que como bien concluye Villanueva en su ponencia “poseen condiciones en abundancia para aceptar profunda y favorablemente el desarrollo de la arquitectura. (…) Tan solo evitemos atribuir a sus teorías la paternidad de sus obras. Incurriríamos en un error. Y sobre todo arriesgaríamos de perder en la operación todo el gran valor cultural y estético que estas obras engloban”. Dejemos, por tanto, el teorizar en manos de Wölfflin y a Nervi la responsabilidad de edificar.

ACA

Procedencia de las imçagenes

Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

TAL DÍA COMO HOY…

… el domingo 12 de abril de 1992, Oscar Tenreiro publica en El Diario de Caracas el artículo “Llevamos los aleros en el alma”.

Página de Arquitectura y Diseño en la sección Ciudad de El Diario de Caracas del domingo 12 de abril de 1992

Tal y como anunciáramos el pasado 12 de abril (ver Contacto FAC nº 162), a lo largo de este año 2020 iremos refiriéndonos eventualmente a algunos temas tratados por Oscar Tenreiro en la página que como articulista desarrolló entre 1989 y 1993 en El Diario de Caracas junto a Farruco Sesto, la cual ocupó un importante espacio dentro del boom que por aquellos años permitió el feliz encuentro entre la crítica de arquitectura y la prensa escrita. Será en particular el convulso año 1992, por coincidir al calco con este 2020 en cuanto a su calendario, el que nos permitirá echar mano a la expresión “tal día como hoy” en más de una ocasión como excusa para repasar parte del ideario que acompaña la reconocida trayectoria de Tenreiro.

Así, la página de aquel Domingo de Resurrección del 12 de abril de 1992, estuvo dividida, como era costumbre, en tres partes: un artículo central desarrollado por Tenreiro y dos secciones, una titulada “Nave” también con su firma y otra que llevaba por nombre “La poesía de la ciudad” a cargo de Farruco Sesto.

Aunque centraremos nuestra atención hoy en el texto principal “Llevamos los aleros en el alma” no estaría de más recordar que Farruco Sesto se ocupó en su columna que tituló “Algunos arquitectos” a elevar su protesta contra la decisión tomada por parte del gobernador del Distrito Federal, apelando  a variables como el bajo costo y la rapidez de ejecución, de realizar una serie de módulos policiales de dudosa calidad y desconocida autoría que poblaron la ciudad, sin recurrir al llamado de buenos arquitectos (cuyos nombres menciona pidiendo excusas por las posibles omisiones) que según su opinión lo hubiesen hecho con mayor decoro. De aquella iniciativa como tantas otras de entonces y ahora realizadas sin la debida planificación quedan todavía algunos vestigios diseminados por Caracas, siendo el más notorio el que está ubicado en el distribuidor Altamira del cual dejamos en nuestros lectores la oportunidad de emitir opinión.

Por otra parte “Nave” está dedicada a abordar el inagotable debate sobre si es pertinente o no hablar de “arquitectura latinoamericana”, recordando parte de la polémica desatada por Gustavo Munizaga en el V Seminario de Arquitectura Latinoamericana (SAL), realizado en Santiago de Chile el año anterior, quien  de manera tremendista afirmaba: “No creo en Latinoamérica…” donde perseguía “destacar la diversidad que existe en esta parte del mundo y de qué manera este nombre propio lo ignora”. El artículo de Tenreiro titulado justamente “Latinoamérica” le permite a raíz de la excesiva y algo arbitraria expresión de Munizaga, plantear su visión ante el peligro de “tratar como unidad lo que es esencialmente multiplicidad” para preguntarse si, ante la evidencia, “¿no entra en crisis la idea unitaria que se desprende del término?”. Como todo reduccionismo “lo latinoamericano”, sin duda deja por fuera a todos aquellos que actúan bajo el amparo, muy auténtico por cierto, de la libertad creativa y de pensamiento que no mira a asuntos clasificatorios, por lo que según Tenreiro “parece llegado el momento de hablar menos de arquitectura ‘latinoamericana’, e ir a los arquitectos que interesen”. Y continúa: “Esto no desconoce contextos, circunstancias, limitaciones, posibilidades, del medio cultural en el que la obra se da, porque ello es requisito para toda crítica válida, sino que estos aspectos no se conviertan en excusa para evitar el difícil trabajo de conocer mejor”. Cierra el artículo señalando que si la duda es aplicable al termino “latinoamericano” también lo será al “venezolano”, aunque “siempre será legítimo y necesario referirse a cualquier actividad agrupando a la gente de una misma nacionalidad y del mismo ámbito geográfico, pero ello exige a continuación suficiente capacidad intelectual para discernir con inteligencia, para pasar el umbral generalizador tan poco útil más allá del introito, y saber valorar el aporte individual, que es donde se resuelve la cultura como pensamiento”.

“Llevamos los aleros en el alma”, como ya dijimos, escrito central de la página, le permite a Tenreiro preguntarse, no muy alejado de sus cavilaciones sobre “Latinoamérica” pero en un tono si se quiere más poético, “¿qué lo lleva a uno a ciertos sitios de la geografía?”, usando como pretexto el éxodo de Semana Santa para darse la oportunidad de viajar hacia la memoria.

En este texto, que creemos debería pertenecer al acerbo de los que nos hacen comprender lo que somos y dónde estamos sin aspiraciones prescriptivas, su autor nos introduce en un territorio poblado de sensaciones provenientes del análisis de lo que significa habitar, permanecer, percibir, asimilar el trópico y hacer de ello una lección de arquitectura. Un aquí en el que la sombra, la transición, la penumbra, el umbral, logrados mediante el uso y la reinterpretación de eternos dispositivos como el corredor, el patio, el zaguán y el alero, se aleja de la preconcepción de objetos o contenedores en los que prevalece su condición de lugar cerrado. En “Llevamos los aleros en el alma”, Tenreiro no hace otra cosa que recordarnos la benevolencia de nuestra condición geográfica y nuestro clima para lograr con ello un “juego sabio y magnífico de los volúmenes bajo la luz” (como apuntaba Le Corbusier) en los que la relación fluida y amable entre el interior y el exterior debe convertirse en requisito ineludible.

En el texto, Tenreiro nos recuerda “que llevamos en el alma la añoranza de un patio de café” y  también nos habla del bienestar que “en nuestro clima está íntimamente unido a la sombra, a la protección de los aleros, a la posibilidad de sentarse a observar lo de afuera desde un lugar en que la brisa nos alcance. (…) Y en ese umbral que siempre quisiéramos bordeado de árboles que nos permitan alejar el asedio solar, nos gustaría estar un buen rato, tal vez comer allí, y si la plaga lo permite y, si no es excesiva, también la hamaca se colgará en el mismo sitio. Y esto es así durante todo el año, la situación no cambia sino por las lluvias amenazantes y torrenciales en las que el mismo alero permite observar…”.

Del “contenedor” convertido en objeto en el paisaje que caracteriza la casa en tierras frías, Tenreiro pasa a hablarnos de la churuata, igualmente objeto en la medida que su impecable geometría contrasta con la selva circundante, pero a la vez “cobijo, alero, hogar (en el sentido de fuego) y dormitorio colectivo” y, comparando ambas actitudes, establece la diferencia entre un objeto que se comporta como una botella, “hermética o con aspiraciones de serlo, lugar donde debe transcurrir la vida observando a través de las ventanas”, y otro donde el “contenedor” se convierte en un “sostenedor” sin “límites precisos porque nuestro medio no los exige” cargado de “umbrales, transiciones, espacios donde podamos ‘escampar’ ”, aprendizaje que sin duda debe recoger todo espacio habitable y muy particularmente la casa.

“Esos umbrales -nos dirá Tenreiro- son en realidad muy diversos, no todas las casas tiene corredores. En la ciudad se hicieron imposibles y se llevaron entonces hacia adentro, hacia el patio interno, y el zaguán sirve de umbral que atraviesa lateralmente la sala para llevarnos hacia ese patio umbroso donde la brisa también se mete y donde hacemos la parada que la casa de hacienda permite hacer en el perímetro. La casa de aquí, y cuando decimos casa podemos referirnos a cualquier construcción, siempre pide preámbulos que permitan… que se seque el sudor de la caminata”.

Todo lo anteriormente planteado se ha visto sin duda mediatizado por actitudes acordes al momento y la moda que, plasmadas de manera numerosa en edificaciones que han poblado nuestro medio, le han quitado a la gente “herencias sabias sustituyéndolas por escenografías que siempre están como mal hechas, que exigen estar enchufadas a la corriente, que crearon un nuevo paisaje urbano transicional, despojado, antipático, que nos exige nuevas capacidades para superarlo y encontrar la nueva imagen análoga, válida, si es que la sociedad recupera la lucidez que pareció perder en la transición vacilante hacia lo que se ha llamado modernidad”.

El rescate de este texto quizás sea oportuno en momentos de pausa obligada como los actuales en los que la reflexión dirigida hacia diversos aspectos de nuestra vidas ha cobrado inusitada vigencia. Usar la memoria en busca de recuerdos sin ánimos nostálgicos sino más bien aleccionadores, recurrir a imágenes a ella asociadas donde la arquitectura puede ocupar un lugar importante podría ser un ejercicio para nada ocioso. En otras palabras ir “descubriendo la sombra, el silencio y el bienestar de antiguas memorias” para ponerlas en práctica en lo que hoy hacemos.

ACA

TAL DÍA COMO HOY…

… 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua.

El Día Mundial del Agua se propuso en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo efectuada en Río de Janeiro, Brasil, del 3 al 14 de junio de 1992. Dicha propuesta, sumada a la resolución A/RES/47/193 adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas del 22 de diciembre de ese mismo año, originó la declaración que instituye el 22 de marzo de cada año como Día Mundial del Agua siendo en 1993 su primera celebración.

A esta conmemoración del Día se añadirían posteriormente eventos anuales específicos en torno al agua (por ejemplo, el Año Internacional de Cooperación en la Esfera del Agua 2013) e incluso decenios de acción (como es el caso del actual Decenio «Agua para el Desarrollo Sostenible», 2018-2028). Todo ello, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “no hace sino reafirmar que las medidas hídricas y de saneamiento son clave en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental.”

El principal objetivo de esta celebración, es, por tanto, crear conciencia en el hombre de la importancia de cuidar el llamado oro líquido para la vida de los seres humanos y las especies en la Tierra. La ONU señala, además, que el 22 de marzo debe servir “para recordar la relevancia de este líquido esencial. A pesar de que todas las actividades sociales y económicas dependen en gran medida del abastecimiento de agua dulce y de su calidad, 2200 millones de personas viven sin acceso a agua potable. Esta celebración tiene por objetivo concienciar acerca de la crisis mundial del agua y la necesidad de buscar medidas para abordarla de manera que alcancemos el Objetivo de Desarrollo Sostenible No 6: Agua y saneamiento para todos antes de 2030.”

En un mundo que está cubierto en sus dos terceras partes por agua, puede parecer un contrasentido mencionar que el difícil acceso al agua potable sea la causa de enfermedades y miseria para 1.500 millones de personas. Sin embargo ésta es la realidad. El agua apta para uso humano (dulce, potable y de fácil acceso) es una parte muy pequeña del total y su escasez no se debe sólo a las condiciones naturales de determinadas regiones, sino que tiene mucho que ver con el aumento de la población, el despilfarro y la contaminación. La situación es preocupante y muchos expertos consideran la cuestión del agua como el desafío más importante que debe acometer la humanidad en el siglo XXI.

Este año 2020 el tema central del Día de hoy se centra en el binomio “Agua y cambio climático”, y cómo los dos están inextricablemente vinculados. La campaña desarrollada por la ONU “muestra cómo el uso que hagamos del agua puede ayudar a reducir las inundaciones, las sequías, la escasez y la contaminación, así como a combatir el cambio climático.

Al adaptarnos paulatinamente a los efectos que el cambio climático puede ocasionar sobre el agua, protegeremos la salud y salvaremos vidas. En sentido inverso, si nosotros usamos el agua de manera más eficiente, también reduciremos los gases de efecto invernadero.

De esta forma, nuestro mensaje clave para este día se resume en 3 puntos relevantes:

  • No podemos darnos el lujo de esperar. Los responsables de la política climática deben poner el agua en el centro de los planes de acción.
  • El agua puede ayudar a combatir el cambio climático. Existen soluciones de agua y saneamiento sostenibles, asequibles y escalables.
  • Todos tienen un papel que desempeñar. En nuestra vida diaria, hay pasos sorprendentemente fáciles que todos podemos tomar para abordar el cambio climático.»

Ahora bien, más allá del tono eminentemente ambientalista que rodea una celebración como la de hoy, no estaría de más resaltar el rol que el agua juega y ha jugado siempre en la arquitectura.

Las grandes infraestructuras y equipamientos tradicionalmente vinculados a la arquitectura e ingeniería, como las termas, los depósitos, los puentes y acueductos o las construcciones relacionadas con la producción de energía hidráulica son los que podrían copar la atención a la hora de llevar a cabo una primera aproximación entre el agua y la arquitectura. Sin embargo, existen dentro del numeroso repertorio que ofrece la arquitectura de los siglos XX y XXI una serie de obras que permiten visualizar de muy diversas maneras, desde lo conceptual a lo expresivo o de lo particular a lo general, con mayor o menor intensidad, dicha relación.

1. Diversas presencias del agua en la arquitectura. Arriba izquierda: Casa de la Cascada, Frank Lloyd Wright (1936-1938). Arriba derecha: Casa del Arroyo o Casa del Puente, Amancio Williams (1943-1946). Centro izquierda: Villa Malaparte, Curzio Malaparte (1938-1940). Centro derecha: Tanatorio Municipal de León, Jordi Badia y Joseph Val (2001). Abajo: Tumba Brion, Carlo Scarpa (1969-1978)

Así, de la mano de Miguel Ángel García-Pola Vallejo quien publicó el 7 de septiembre de 2008 el artículo “El agua en la arquitectura” para el diario La Nueva España, se podría construir (complementándolo con otras lecturas) un itinerario que iría desde la Casa de la Cascada (1936-1938) proyectada por Frank Lloyd Wright hasta la Casa del Arroyo o Casa del Puente (1943-1946) de Amancio Williams en las que artefacto y naturaleza coexisten respetuosamente dando como resultado en la primera una obra irrepetible y en la segunda una que trasciende lo particular para convertirse en una solución tipo extrapolable a otras situaciones. “Con planteamientos y recursos formales diferentes, la arquitectura resalta y amplifica las condiciones naturales de los dos arroyos, que a pesar de sus reducidas dimensiones desempeñan un importante papel en la génesis del proyecto.”

También se podría incluir en esta antología a la Villa Malaparte (1938-1940), que el escritor Curzio Malaparte se hizo construir en Capri, en la que la inmensidad del mar se enfrenta al edificio enclavado en un abrupto acantilado de la isla. O la respuesta que surge de considerar la dual relación simbólica que el agua establece en la mayoría de las culturas y religiones tanto entre vida y fertilidad como con la muerte, presente esta última tanto en el Taj Mahal (1631-1653) construido en India por el Sha Jahan para recordar a su esposa como en el Tanatorio Municipal de León (2001), proyectado por los catalanes Jordi Badia y Joseph Val donde “una lámina de agua, inmóvil y silente, reposa sobre la cubierta del edificio reflejando el cielo leonés. (…) El edificio se entierra íntegramente bajo esta gran lápida de agua, única fachada que representa alegóricamente el tránsito de la vida a la muerte. En el interior, unos patios sumergidos, desde los cuales se percibe únicamente el cielo, y un conjunto de tragaluces que sobresalen del agua, también orientados hacia el cielo, acentúan, junto a la pesada losa de hormigón del vestíbulo, dicho tránsito.”

Carlo Scarpa arquitecto que ha hecho del agua tema recurrente, la maneja en sentido alegórico en la tumba Brion (1969-1978), obra a la que dedicará los últimos años de su vida y lugar donde yacen sus restos. “El agua … impregna el conjunto de este complejo espacio funerario cuya forma en L abraza dos lados del cementerio municipal de San Vito d’Altivole en Treviso.”

2. Izquierda: Capilla de Ronchamp, Le Corbusier (1950-1955). Izquierda arriba: Estadio Municipal de Braga, Eduardo Souto de Moura (2000-2003). Izquierda abajo: Casa-estudio proyectada para Rémy Zaugg, Herzog & De Meuron (1995-1997)

Otro asunto que puede dar pie a incluir un sugerente y amplio repertorio de obras es el que tiene que ver con la recogida y evacuación de aguas pluviales, condición escrupulosamente oculta “en buena parte de la arquitectura clásica y también en el período más purista del Movimiento Moderno” y acentuado al máximo a lo largo del desarrollo de la arquitectura gótica. Así, la “vigorosa gárgola” que aparece en el tratamiento de la fachada oeste propuesta por Le Corbusier en la capilla de Ronchamp (1950-1955), la ingeniosa solución que adopta Souto de Moura para drenar la cubierta del Estadio Municipal de Braga (2000-2003) o la forma como Herzog & De Meuron hacen descender el líquido acumulado en la cubierta de la casa-estudio proyectada para Rémy Zaugg (1995-1997), son sólo tres ejemplos que ilustran lo que esta vertiente ofrece.

“El agua -nos dirá García-Pola Vallejo- es un complemento sustancial de la arquitectura islámica. Sabiamente incorporado en los patios y jardines de sus edificios, ofrece un rico y armonioso espectáculo sensitivo que mezcla el sonido y la visión del líquido que brota de los surtidores, con los aromas de la vegetación circundante, regulando además las condiciones térmicas ambientales. Uno de los más bellos exponentes de jardinería islámica lo constituye el conjunto granadino de la Alhambra y del Generalife. (…) La visita que el arquitecto mexicano Luis Barragán realizó a esta ciudad andaluza en 1924 dejará una profunda huella en su obra, uno de cuyos rasgos característicos será la incorporación del agua, presente en la mayoría de los edificios y espacios públicos que proyecta.”

3. Los Clubes (Fuente de los Amantes), Luis Barragán (1964)
4. Pabellón de Barcelona, Mies van der Rohe (1929)
5. Izquierda: Casa de Reposo Lovell, Richard Neutra (1927-1929). Derecha: Casa Modelo 22, Pierre Koening (1959-1960)
6. Izquierda: Villa Mairea, Alvar Aalto (1937-1938). Derecha: Villa Dall’Ava, Rem Koolhaas (1991)

Sin ser tema que hubiese utilizado con frecuencia en sus proyectos, Mies van der Rohe supo incorporar el vital elemento de forma magistral en el Pabellón de Barcelona (1929) donde “La función organizativa que asumen los dos abstractos planos rectangulares de agua recortados en la cuadrícula del pavimento, completa la distribución espacial del pabellón, potenciando la fluidez y continuidad espacial de sus paramentos.”

La Casa de Reposo Lovell (1927-1929), una de las primeras obras californianas de Richard Neutra (donde la piscina ocupa un lugar predominante en el edificio); la célebre fotografía tomada por Shulman desde la piscina de la Casa Modelo 22 de Pierre Koening aparecida en la revista Arts&Architecture en la que se publican las “Case Study Houses” (iniciativa que buscaba nuevas formas de habitar, incorporando en la construcción de viviendas las tecnologías desarrolladas durante la II Guerra Mundial); la aparente intrascendencia de la piscina ubicada en uno de los extremos de la Villa Mairea (1937-1938) de Alvar Aalto; o la imagen más difundida de la Villa Dall’Ava (1991), diseñada por Rem Koolhaas (“la contradictoria instantánea de Peter Aarón que muestra a una nadadora a punto de lanzarse sobre la piscina situada en la azotea del edificio”), emplazada en una colina a orillas del Sena en las afueras de París, permiten cerrar este recorrido.

7. Cuatro bras de Tadao Ando en las que hace acto de presencia el agua. Arriba izquierda: Templo Koyo-Ji Saijo (2000). Arriba derecha: Capilla sobre el Agua Agua (1985). Abajo izquierda: Templo del agua Hompuku-Ji (1989-1991). Abajo derecha: Museo de Arte Moderno, Texas (1997-2002)

Desde otro punto de vista, Tadao Ando en cuatro de sus obras: el Templo Koyo-Ji (2000), Saijo, Japón; el Templo de Agua Hompuku-Ji (1989-1991), Tsuna, Japón; la Capilla sobre el Agua (1985) Hokkaido, Japón; y el Museo de Arte Moderno, (1997-2002), Texas, EE.UU., personifica a un autor preocupado permanentemente por el tema utilizándolo como elemento de reflexión, como elemento configurante y estructurador del espacio y como interventor sensible al entorno.

8. Izquierda: Torre del Agua del Arq. Enrique de Teresa  y el Ing. Julio Martínez Calzón (2007), Zaragoza, España. Derecha arriba: Centro Nacional de deportes acuáticos “Water Cube” de CSCEC, Arup, PTW Architects (2007), Pekín, China. Derecha abajo: Plaza de la Sed de Eric Ruiz Geli/CLOUD9 (2007), Zaragoza, España
9. Centro Acuático (proyecto) de Zaha Hadid (2012). Londres, Inglaterra
10. Izquierda: Las Piscinas Das Marés, Alvaro Siza (1961-1966). Derecha: Hospital de Venecia de Le Corbusier (1962-1965)

Es el agua lo que “inspira” obras como el Centro Nacional de deportes acuáticos “Water Cube” de CSCEC, Arup, PTW Architects (2007), Pekín, China; La Sed de Eric Ruiz Geli/CLOUD9 (2007), Zaragoza, España; la Torre del Agua del Arq. Enrique de Teresa  y el Ing. Julio Martínez Calzón (2007), Zaragoza, España; Agua Extrema de Escria y Sánchez (2007), Zaragoza, España; o el Centro Acuático (proyecto) de Zaha Hadid (2012). Londres, Inglaterra. La “fluidez” del vital líquido lleva a Juan Navarro Baldeweg a proponer La Casa de la Lluvia en Cantabria (1978-1982) y su comportamiento horizontal se trastoca en cualidad que con gran sensibilidad es potenciada en Las Piscinas Das Marés de Alvaro Siza (1961-1966) o el proyecto para el Hospital de Venecia de Le Corbusier (1962-1965). Bien sea como elemento dinámico (o en movimiento), estático (quieto) o participativo el agua, también, se constituye en pieza vital en el diseño y disfrute de innumerables espacios urbanos y parques a lo largo y ancho del planeta que aquí sería muy difícil enumerar. Su condición muchas veces de configuradora de “límites difusos” ha permitido, además, llevar adelante con el agua experimentos como “Rain Room” (2013), obra del colectivo Random International, o la propuesta de Blur Building, en Yverdon-les-Bains (Suiza), obra efímera del estudio neoyorkino Diller, Scofidio & Renfro concebida con el propósito de desafiar al principio básico de la arquitectura: su materialidad.

11. “Rain Room” (2013), obra del colectivo Random International. Derecha: Propuesta de Blur Building, en Yverdon-les-Bains (Suiza), obra efímera del estudio neoyorkino Diller, Scofidio & Renfro

No quisiéramos dejar de recordar a las Exposiciones Especializadas de carácter Internacional realizadas en Lisboa (1998) y Zaragoza el año 2008 organizadas en torno a los ejes temáticos “Los océanos: un patrimonio para el futuro” y “Agua y desarrollo sostenible”, respectivamente, como ejemplos en los que el vital líquido sirvió de excusa para desarrollar tanto los recintos feriales como su arquitectura. En particular, la segunda de ellas (ver Contacto FAC nº 153 del 24-11-2019), más vinculada al día que hoy nos ocupa en esta nota, tuvo como subtemas que serían desarrollados de muy diversas formas los siguientes: “El agua, recurso escaso”; “el agua para la vida”; “los paisajes del agua” y “el agua como elemento de relación entre los pueblos”. El haber asumido Zaragoza el mencionado eje temático determinó todos los detalles de la Expo: la forma de gota de la mascota Fluvi, la forma de gota de la Torre del Agua, la relación simbólica con el Ebro por su ubicación en el meandro, la presencia de numerosos pabellones que incluyeron el agua como componente sensorial, la renovación de las riberas de los tres ríos de la ciudad o los debates de expertos que tuvieron lugar durante los meses de la muestra y que dieron lugar a la «Carta de Zaragoza».

12. Vista general de la Exposición Especializada de carácter Internacional de Zaragoza, 2008

Para finalizar, dejando para otra oportunidad la selección de obras recientes que se han caracterizado por un marcado énfasis en la sustentabilidad, no está de más reiterar la importancia de apuntar cada vez más hacia la búsqueda de soluciones sostenibles en lo que al acceso al agua potable y al saneamiento se refiere. Todos nosotros tenemos un papel en esta lucha, porque pequeñas acciones por nuestra parte se traducen en grandes cambios. Sin duda la arquitectura juega en todo ello un rol de primer orden.

ACA

Procedencia de las imágenes

Encabezado. http://www.gaceta.udg.mx/el-agua-y-su-impacto-en-los-derechos-humanos/

  1. https://decoracion.trendencias.com/casas/todo-lo-que-tienes-que-saber-sobre-la-casa-de-la-cascada-en-el-150-aniversario-del-nacimiento-de-frank-lloyd, https://hyperbole.es/2016/06/amancio-williams-y-la-casa-del-puente-1943-2/, http://www.c-bentocompany.es/152239183/3623207/posting/, http://www.peruarki.com/tanatorio-municipal-de-leon-baas/ y http://www.carloscarpa.es/OBRAS/Brion.html

2. Izquierda: https://www.pinterest.co.kr/pin/692850723902842828/. Derecha arriba: https://www.pinterest.co.u/pin/295196950561007561/. Derecha abajo: https://www.pinterest.com/architaekle/114_herzog-de-meuron/

3. https://www.pinterest.cl/pin/411375747211580521/

4. https://es.wikiarquitectura.com/edificio/pabellon-aleman-en-barcelona/

5. Izquierda: https://www.pinterest.com/gerardojrvil/richard-neutra/ Derecha: https://artchist.blogspot.com/2017/04/stahl-house-in-los-angeles-pierre.html

6. Izquierda: https://tecnne.com/biblioteca/alvar-aalto-villa-mairea/. Derecha: https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/909833/clasicos-de-arquitectura-villa-dallava-oma

7. https://www.pinterest.com/pin/515802963559323990/, https://www.urbipedia.org/hoja/Capilla_sobre_el_agua, https://www.epdlp.com/edificio.php?id=4632, https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_de_Arte_Moderno_de_Fort_Worth

8. Izquierda: http://ondiseno.com/proyecto.php?id=1427. Derecha: https://www.flickr.com/photos/arquitextonica/2741052640

9. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-143493/centro-acuatico-de-los-juegos-olimpicos-de-londres-2012-zaha-hadid-architects?ad_medium=gallery

10. Izquierda: https://www.pinterest.com/pin/453596993706581336/. Derecha: https://arquitextosblog.blogspot.com/2017/07/proyecto-para-el-hospital-de-venecia.html

11. Izquierda: https://www.digitalavmagazine.com/2012/10/24/en-londres-la-lluvia-no-moja/. Derecha: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:20020717_Expo_Yverdon_23.JPG

12. http://www.eptisa.com/es/experiencia/project-management-de-las-infraestructuras-y-edificios-de-la-expozaragoza-2008/813/